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Apuntes de Sermones

Carlos H. Spurgeon

RUT SE DECIDE POR DIOS

«Respondió Rut: No me ruegues que te deje y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios» (Rut 1: 16).

Esta es una valiente y abierta confesión de fe hecha por una mujer; una mujer joven, pobre, viuda y extranjera.

I. EL AMOR A LOS SANTOS DEBERIA INFLUENCIARNOS PARA SERLO.

Muchas fuerzas se combinan a este efecto.

1.      Hay las influencias del compañerismo. Deberíamos ser influidos por la gente santa más de lo que lo somos por los impíos, puesto que deberíamos rendirnos nosotros mismos a su influencia.

2.      La influencia de la admiración. La imitación es la alabanza más sincera; lo que favorecemos lo seguimos. Por lo tanto, copiemos de los santos.

3.      La influencia del temor a la separación. Será una cosa terrible en la eternidad estar separados de los seres queridos que buscan nuestra salvación; es penoso aún tener que dejarles participar solos de la mesa del Señor cuando nosotros no podemos hacerlo.

II. LA RESOLUCIÓN Y LA PIEDAD SERÁN OBJETO DE PRUEBA.

1.      Por su coste. Muchas veces tendréis que salir de la compañía de vuestros amigos, como Rut lo hizo; tendréis que compartir la suerte del pueblo de Dios, como Rut tuvo que compartirlo con Noemí (Heb. 11:24-26).

2.      Por los deberes que implica la religión. Rut tenía que trabajar en los campos. Algunas personas orgullosas no quieren someterse a las reglas de la Casa del Señor ni a las reglas que gobiernan la vida diaria de los creyentes.

3.       Por la aparente frialdad de los creyentes. Noemí no trató de persuadir a su nuera a que la siguiese, sino todo lo contrario. Era una mujer prudente y no quería que Rut viniese con ella por persuasión, sino por convicción.

III. LA PIEDAD DEBE CONSISTIR PRINCIPALMENTE EN LA ELECCIÓN DE DIOS.

1.      Esta es la posesión más valiosa del creyente: «Tu Dios será mi Dios.»

2.      Su gran artículo de fe: «Yo creo en Dios.»

3.      Su confianza y permanencia. (Véase Rut 2:12.) «Porque este Dios es Dios nuestro eternalmente y para siempre: El nos capitaneará hasta la muerte» (Sal. 48:14).

IV. PERO DEBE IMPLICAR ASIMISMO LA ELECCIÓN DE SU PUEBLO.

Un pariente cercano está entre ellos. En nuestro caso el verdadero Booz quiere tomamos consigo y restaurar nuestra heredad.

Hagamos deliberadamente, humildemente, firmemente, gozosamente y de un modo inmediato la elección por Dios y sus santos, aceptando su parte en este mundo y yendo con ellos a donde van.

El poder del carácter cristiano brillando en el rostro y por el habla es hermosamente ilustrado en el siguiente incidente. Un nativo de Afganistán pasó una hora en compañía del Dr. William Marsh de Inglaterra. Cuando oyó que el Dr. Marsh habla muerto dijo: «Su religión será mi religión, su Dios será mi Dios, pues yo debo ir donde él está y ver su rostro otra vez.»

Yo sé que su saco y ceniza son mejores que la risa del necio. - Rutherford.

Si el pueblo de Dios no se avergüenza de nosotros, nosotros no debemos avergonzarnos de ellos. No me gustaría ir a una asamblea pública disfrazado de ladrón: prefiero mis propios vestidos; y no puedo entender por qué los cristianos pueden vestirse con el traje de los mundanos.

***

 

LA BATALLA ES DEL SEÑOR

«Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y El os entregará en nuestras manos» (1º Sam. 17:47).

Siempre hay dos maneras de tratar una misma doctrina. La verdad de este texto puede ser usada bien como narcótico o como estimulante. Algunos son tan malos que dicen: Si la batalla es del Señor no necesitamos pelearla-, si es del Señor podemos rehusarla.

Pero aquí vemos cómo David usó esta verdad; ella enalteció su alma y puso nervio en su brazo. Todos nosotros estamos peleando de un bando o de otro y lo peor de todo son aquellos que se vanaglorian de su neutralidad. Para el cristiano estas palabras son tan verdaderas que ha de cifrarlas en su bandera como lema y escribirlas en el «libro de las guerras del Señor».

I. EL HECHO GRANDIOSO: «La batalla es del Señor.»

1.      Siempre que es por la verdad, la justicia, la santidad, el amor y todas las cosas que el Señor ama, la batalla es del Señor (Sal. 45:4)

2.      Su nombre y su gloria están envueltos en ella. Es su honor ver la justicia establecida sobre la tierra. El Evangelio glorifica grandemente a Dios. Los hombres hacen el boicot al honor divino cuando se oponen a El, y el Señor vindicará su propio nombre. Así que nuestro conflicto viene a ser la batalla del Señor (Is. 40:5).

3.      Nosotros peleamos tan sólo bajo su poder. El Espíritu Santo es nuestra fortaleza; no podemos hacer nada sin el Señor; de ahí que la batalla es suya en el más alto grado (2º Crón. 13:12; 20:12).

4.      El nos ha ordenado luchar. Es la orden de nuestro Rey ir adelante en esta guerra. No somos francotiradores a nuestra propia cuenta, sino guerreros bajo su mandato (1ª Tim. 6:12).

II. SU INFLUENCIA SOBRE NUESTRAS MENTES.

  1. Hace ligera la oposición, pues ¿quién puede estar contra el Señor? No somos acobardados por nuestra flaqueza. «Cuando soy flaco entonces soy poderoso.» El Señor nos hará poderosos en su propia batalla.

  2. Nos entregamos a la tarea de todo corazón. Debemos tanto al Señor Jesús que debemos luchar por El (1.1 Corintios 16:13).

  3. Escogemos las mejores armas. No nos atreveremos a poner en los cañones del Señor la pólvora del diablo. El amor, la verdad, el celo, la oración, la paciencia, deben ser usados de la mejor manera en la batalla de Dios (2ª Cor. 10:4).

  4. Estamos confiados de la victoria. ¿Puede el Señor ser derrotado? El venció a Faraón y hará lo mismo con Satanás a su debido tiempo (1ª Cor. 15:25).

III. LECCIONES RELACIONADAS CON ESTO.

Haced de vuestra lucha la causa de Dios. Nunca os envolváis en un asunto egoísta por motivos propios; aspirad tan sólo a Su gloria; apartaos de todos los designios siniestros.

Por su método. Contended por la fe como Jesús habría luchado, no por un camino que el Señor desaprobaría.

Por vuestra fe. ¿No podéis confiar que Dios peleara sus propias batallas?

Mr. Oncken me dijo que fue acusado ante el burgomaestre de Hamburgo, quien le ordenó cesar de tener reuniones religiosas. «¿Veis este dedo pequeño? --dijo el gobernador-; pues mientras yo pueda mover este dedo os combatiré a vosotros, bautistas.» «Sí --dijo el señor Oncken-, veo su dedo pequeño, pero veo también un brazo muy grande que usted no puede ver. Puesto que el poderoso brazo de Dios está levantado a nuestro favor, su dedo pequeño no nos aterrorizará.» - David Gracey en The Sword and the Trowel.

No es la voluntad de Dios que su pueblo sea un pueblo timorato. - Matthew Henry.

Se dice de los cuáqueros perseguidos que miraban firmemente a la fortaleza del Todopoderoso como declara el refrán:

«No digáis: ¿Y quién soy yo? Antes bien:

¿De quién soy yo, para que pueda temer?»

(Anales de los Primitivos Amigos)

La fortaleza de Lutero consistía en la forma en que traía a Dios el peso de la Reforma. Continuamente argumentaba en sus oraciones: «Señor, ésta es tu causa, no la mía; por lo tanto, haz tu propia obra; pues si este Evangelio no prospera no será tan sólo Lutero que tendrá la pérdida, sino Tu propio nombre que será deshonrado.»

La reina Elisabeth pidió a un comerciante que se fuera a la India en servicio real, y cuando él objetó que con ello arruinaría su negocio, ella replicó: «Usted ocúpese de mi negocio y yo me cuidaré del suyo.»

Si la batalla es del Señor, tenemos que estar seguros de que El se ocupará de ella.

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LOS DESPOJOS DE DAVID

«... Este es el botín de David» (1º Sam. 30:20).

Muchas veces hemos considerado a David como un tipo del Señor Jesús, en sus conflictos y victorias y en muchas otras cosas. También lo vemos aquí en el despojo. Al que es un guerrero contra el mal le pertenecen los despojos.

I. ToDo EL BIEN DE QUE GOZAMOS VIENE A TRAVÉS DEL SEÑOR JESúS.

·    Todo lo que nosotros tenemos lo poseemos bajo la ley del despojo.

·    Por nuestros propios esfuerzos no podemos jamás recobrar lo que hemos perdido.

·    Nuestro gran Capitán nos ha hecho participantes del despojo.

1.  Es por causa de David que Dios dio éxito a las huestes de Israel.

2.  Fue bajo la dirección de David que ganaron la batalla. Así es con Jesús, el Capitán de nuestra salvación (Hebreos 2:10). El obró dentro de nosotros mismos tina gran liberación. El ha vencido al hombre fuerte, arrebatándole toda su armadura y repartiendo sus despojos (Lucas 11:22). El puede decir con Job: «Yo arrebaté el despojo dentro de sus dientes» (Job 29:17).

·    Nuestra heredad eterna fue usurpada, pero El la redimió (Ef. 1:14).

     La presa es tomada del poderoso. «David lo recobró todo.»  

II. QUE MUCHO MÁS DE LO QUE PERDIMOS POR EL PECADO NOS ES DADO POR EL SEÑOR JESUS (vers. 20).

Así como Jesús nos ha hecho más seguros de lo que estábamos antes de la caída, del mismo modo nos ha hecho mucho más ricos.

1.  La exaltación por Dios de nuestra humanidad entera. Todo esto no era nuestro al principio, pero nos fue adquirido por el Señor Jesús: La elección, la filiación, la herencia, la vida espiritual, la comunión con Cristo, el ser esposa mística de Cristo, la comunión con Dios y la gloria de las bodas del Cordero en el futuro, todo esto son preciosos despojos.

2.  El hecho de que somos criaturas redimidas, por quien el Creador sufrió, es un honor que no pertenece sino a los hombres y nadie puede obtenerlo sino por Jesucristo (Heb. 2:16).

3.   Nuestra redención es una joya que no se encuentra en la corona de los serafines; nos viene tan sólo por medio de nuestro Señor resucitado (2ª Cor. 4:14).

4.  Nuestra manifestación de la plena gloria del Señor. Seremos testigos a todos los seres existentes del Universo, de la sabiduría más escogida, del más alto amor, poder y fidelidad de Dios (Ef. 3:10).  

III. Lo QUE NOSOTROS QUERAMOS DAR VOLUNTARIAMENTE A JESUS PUEDE SER LLAMADO TAMBIÉN SU DESPOJO.

1.  Nuestros corazones son suyos para siempre. He aquí todo lo que tenemos y somos pertenece a El. «Este es el despojo de David» --el amor y la gratitud de nuestras vidas (1ª Juan 4:19).

2.   Nuestros dones especiales: nuestros diezmos y ofrendas son dedicadas para El, demóselas con gratitud (Malaquías 3:10). Abraham dio a Melquisedec el diezmo de los despojos (Gén. 14:20).

3.  Rendíos a Jesús ahora y encontraréis en El vuestra seguridad aquí y el cielo allá.

·    ¿Qué responderéis? ¿Sois despojo de David?

·    Si no lo sois, el pecado y Satanás os están despojando cada día que  pasa.

El pecado no nos hace más culpables que lo que la gracia puede quitar.

El pecado no nos deforma más que lo que la gracia puede renovar.

El pecado no nos hace perder ninguna, bendición que la gracia no nos pueda restituir. - Bosquejo del sermón sobre Romanos 5:20 por el finado Carlos Vince.

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ORACIÓN HALLADA EN EL CORAZÓN

«Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de Ti esta súplica» (2º Sam. 7:27).

¡Cuán a menudo Dios hace para sus siervos lo que ellos desean hacer para El. David deseó edificar casa al Señor y el Señor le edificó casa!

I. ¿CóMO LlEGó DAVID A PEDIR ESTO?

·    Dice que «encontró esta oración en su corazón».

·    Nos dice que la encontró; esto significa que la había buscado. Los que oran al azar nunca serán aceptados. Debemos buscar cuidadosamente nuestras oraciones (Job 13:3).

·    En su corazón. No en un libro, no en su memoria, no en su cabeza, ni en su imaginación, ni tan solamente en su lengua (Sal. 84:2).

·    Esto demuestra que tenía un corazón para Dios, sabía dónde estaba, podía mirar a El y a veces lo escudriñaba (Salmo 66:18).

·    Debía tener un corazón vivo, de otro modo no habría encontrado una oración viva en él. Debía tener un corazón creyente, de otro modo no habría encontrado esta oración en su corazón.

·    Debía tener un corazón serio, no petulante, olvidadizo, frío, indiferente; de otro modo habría encontrado un millar de vanidades en él, pero no una oración. Preguntaos: ¿Qué clase de oración encontraríais en vuestro corazón en este momento? (Oseas 7:11).

II. ¿CóMO VINO A ESTAR ESTA ORACIóN EN SU CORAZóN?

  1. El mismo Espíritu del Señor le instruyó acerca de cómo orar. Dándole un sentimiento de la necesidad. Las grandes bendiciones nos enseñan nuestra necesidad tal como ocurrió con David.

  2. El Señor le inclinó a orar. Ha sido dicho que una promesa absoluta haría innecesaria la oración; mientras que la primera influencia de una tal promesa es sugerir oración. El Señor inclinó el corazón de David: Calentándolo. La oración no sale de un pozo helado.

 

III. ¿CÓMO PODÉIS ENCONTRAR ORACIÓN EN VUESTROS CORAZONES?

·         Mirad en el interior de vuestro corazón y escudriñadlo inteligentemente.

·         Pensad en vuestras necesidades, y esto os sugerirá peticiones.

·         Pensad en vuestras tentaciones, y esto os humillará a clamar al Señor.

·         Pensad en las promesas, los preceptos y las doctrinas de la verdad, y cada una de estas cosas os pondrán de rodillas. Tened a Cristo en vuestro corazón, y seguirá la oración (Hech. 9:11).

·         Vivid cerca de Dios, y le hablaréis a menudo.

·         ¿Encontráis oraciones y otras cosas santas en vuestro corazón? 0 ¿está lleno de vanidad, mundanalidad y ambición e impiedad?

·         Recordad que lo que es vuestro corazón sois vosotros (Proverbios 23:7).

«Una gran parte de mi tiempo --dice Me. Cheyne- es empleado en poner mi corazón a tono para la oración»

No es un membrete dorado y una letra impecable lo que hace que una petición prevalezca cerca de un rey, sino el sentido de ella. El rey a quien nosotros nos dirigimos discierne el corazón, y es el sentido lo que El mira tan sólo; El escucha para oír, y entiende lo que no decimos. Todas las otras excelencias de la oración no son sino la forma y lo externo de ella; esto es, su sustancia y su vida. - Leighton.

Pregunté a una amiga joven: «¿Oraba usted antes de ser convertida?» Ella me respondió que lo hacía de cierto modo. Entonces pregunté: «¿Cuál es la diferencia entre sus actuales oraciones y las que hacía antes de conocer al Señor?» Su respuesta fue: «Entonces yo recitaba mis oraciones, pero ahora las expreso. Entonces yo decía las oraciones que otras personas me habían enseñado, pero ahora las encuentro en mi corazón.»

Hay una buena razón para clamar «¡Eureka!» cuando encontramos una oración en nuestro corazón. El santo varón de Dios, Bradford, dice que nunca cesaba de orar y alabar hasta que su corazón estaba enteramente entregado a este santo ejercicio. Si no es mi corazón el que ora, tengo que orar hasta que lo sea, pero ¡oh qué delicia es lograr a Dios cuando el corazón lanza poderosos chorros de súplica, como un volcán en actividad! ¡Cuán poderosa es la súplica cuando toda el alma se hace un expectante deseo, vivo y poderoso!

Recordad que Dios no respeta la aritmética de nuestras oraciones, ni cuántas son; ni la retórica de ellas, o sea su extensión; ni la música de ellas, o sea su melifluidad, sino la divinidad de nuestras oraciones; si salen de nuestro corazón, inspiradas por el Espíritu Santo, no son los dones sino las gracias lo que prevalece en nuestra oración. – Tapp

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ASIÉNDOSE AL ALTAR

«... Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar... Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí moriré... » (1º Rey. 2:28-30).

Joab sabía muy poco de religión; sin embargo, huye al altar cuando la espada le persigue.

Muchos están corriendo al altar, por el uso de prácticas externas, cuando la muerte les amenaza; entonces suelen hacer más cosas que las que dice la Escritura; sin embargo, lo que necesitan es, no solamente ir al altar del Señor, sino asirse a él.

I. EL RECURRIR A LAS ORDENANZAS EXTERIORES NO SIRVE PARA LA SALVACIóN.

·  Si un hombre confía en ritos externos, morirá allí.

·   Los sacramentos, tanto en salud como en enfermedad, no sirven como medios de salvación; han sido puestos tan sólo para los que ya son salvos, y son más bien perjudiciales a los otros (1ª Cor. 11:29).

·   A los ministros. Estos son mirados por algunas personas moribundas con insensata reverencia. A la hora de la muerte recurren a ellos para que hagan oraciones al lado de su cama. Se concede excesiva importancia a los sermones funerarios y a las ceremonias, ¡todo ello es pura superstición!

·  A los sentimientos. El temor, la esperanza, el desaliento y el gozo se alternan en las personas moribundas como señales de salvación; pero todos ellos son fútiles.

·  ¡Qué cosa tan terrible es perecer con las manos puestas en el altar de Dios!

II. EL RECURSO ESPIRITUAL AL VERDADERO ALTAR ES EFICAZ PARA LA SALVACIóN.

Usaremos el caso de Joab como ilustración.

1.      Su acto: «se cogió a los cuernos del altar»

·   Nosotros hacemos esto espiritualmente huyendo de la espada de la justicia al unirnos a la persona de Cristo, y al aceptar su gran obra redentora, uniéndonos de este modo por la fe a su Redención.

2.      La fiera demanda de su adversario. As! dice el rey: «¡Sal fuera!» Esta es la demanda de los fariseos incrédulos que enseñan la salvación por las obras.

·   La conciencia acusadora dentro del propio hombre, Satanás, citando falsamente la Sagrada Escritura.

3.      La desesperada resolución de Joab: «No, sino que aquí moriré.»

·   Esta es una sabia resolución, pues nosotros: Tenemos que morir en alguna parte.

·   No podemos empeorar nuestro caso uniéndonos a Cristo. No hay otro recurso que asirnos a El. No hay otra justicia ni otro sacrificio redentor.

·   No podemos ser arrastrados fuera si nos asimos de Jesús.

·   Recibirnos esperanza ante el hecho de que nadie ha perecido allí.

4.      La segura promesa. «El que cree en el Hijo tiene vida eterna» (Juan 3:36). Si alguno pereciese confiando en Jesús su ruina significaría:

·   La derrota de Dios.

·   El deshonor de Cristo.

·   Desaliento para los pecadores que van a Jesús.

·   Desaliento para los santos, haciéndoles dudar de todas sus promesas.

·   Desengaño para los mismos glorificados que ya están en el cielo, de los cuales nos dice Jesús que se gozan por las almas arrepentidas, y en tal caso verían que estaban equivocados.

·   Venid, pues, en seguida al Señor Jesús y asíos de la vida eterna.

·   Podéis venir: El os invita.

·   Debéis venir; El os lo manda.

·   Debéis venir «ahora», pues «ahora» es el tiempo aceptable.

 

Cuando una persona sedienta va a un pozo, su sed no es apagada meramente por el hecho de ir; por el contrario, se acrecienta en cada paso que da; es tan sólo por lo que saca del pozo que su sed queda satisfecha. Del mismo modo, no es por el simple ejercicio corporal de esperar en las ordenanzas que tendrás la paz, sino probando a Jesús en las ordenan7as, cuya carne es verdadera comida y cuya sangre es verdadera bebida. - Mc Cheyne.

El piloto se acerca al puerto con satisfacción, con la gorra en su mano. Un médico se deleita en que le confíen casos difíciles. Un ahogado está contento cuando ha presentado su brillante discurso ante el tribunal y obtiene un veredicto favorable. Del mismo modo, Jesús está gozoso cuando se le utiliza. Jesús desea bendecir y, por lo tanto, dice a cada pecador, como lo dijo a la mujer samaritana: «Dame de beber.» ¡Oh, pensar que podemos satisfacer la sed del Redentor! ¡Pobre pecador, apresúrate a hacerlo!

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COMUNIÓN DE CORAZÓN

«Y vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias y oro en gran abundancia, y piedras preciosas; y cuando vino a Salomón le propuso todo lo que en corazón tenía» (1º Reyes 10:2).

No es prudente, por lo general, decir a otros todo lo que tenemos en nuestro corazón. Sansón llegó al clímax de su necedad cuando hizo esto con Dalila; sin embargo, si podemos encontrar a un Salomón capaz de solucionar todas nuestras dificultades, puede ser prudente hacer esto.

Nosotros tenemos a uno mayor que Salomón, el Señor Jesucristo, que es la sabiduría encarnada. La equivocación es que con El somos demasiado callados y con los amigos del mundo demasiado comunicativos. Este mal debería ser rectificado.

I. DEBEMOS COMUNICAR A DIOS TODO LO QUE ESTÁ EN NUESTRO CORAZÓN.

1.      Descuidar la comunión con Jesús es una falta de atención, ya que El mismo nos invita a hablar con El. ¿Haremos que nuestro esposo celestial se vea privado de la comunión de aquellas nuestras almas a quienes El ama?

2.      Ocultar cualquier cosa de un amigo tan verdadero, descubre el triste hecho de que tenemos algo malo que ocultarle.

3.      La reticencia en cuanto a Jesús es agradada grandemente por nuestra usual disposición a decir todas nuestras preocupaciones a otras personas. ¿Haremos al hombre nuestro confidente y ocultaremos el asunto de nuestro Dios?

II. NO NECESITAMOS DETENER NUESTRA COMUNIÓN POR FALTA DE ASUNTOS.

1.      Nuestras tristezas. El conoce lo que somos y nos confortará a pesar de ellas, ayudándonos a sacar provecho de ellas y quitándolas al tiempo debido.

2.      Nuestros gozos. El los hará sobrios sazonándolos. El gozo sin Jesús es sol sin luz, y perfume sin olor. El gozo sin Jesús sería tan malo como la fiesta del becerro de oro, que provocó el celo del Señor.

3.      Nuestros éxitos y fracasos deberían ser referidos al cuartel general de nuestras operaciones. Los discípulos de Juan, cuando éste fue martirizado, tomaron el cuerpo y lo enterraron, y luego fueron a decirlo a Jesús (Mateo 14:12). Los evangelistas de nuestro Señor, cuando vinieron, le refirieron todo lo que habían hecho (Lucas 9: 10).

4.      Nuestros temores. Temores de caída, de necesidad, de desfallecimiento o de muerte. Mencionar estos temores a Jesús es terminar con ellos.

III. NO DEBERÍAMOS CESAR DE COMUNICAR CON ÉL POR FALTA DE RAZONES.

1.      ¡Cuán noble y elevado es la comunión con el Hijo de Dios!

2.      ¡Cuán consolador y alentador es la comunión con Aquel que ha vencido al mundo!

3.      ¡Cuán seguro y provechoso es un andar diario con el Hijo del Hombre bendito para siempre!

4.      ¡Cuán propio y natural es para los discípulos hablar con su Maestro y los santos con su Salvador!

 

Un obrero en tiempo de necesidad se desprendería de todas las cosas menos de sus herramientas, pues perder éstas sería perderlo todo. La lectura de la Palabra de Dios y la oración son los instrumentos del cristiano; sin ellos estamos desahuciados. ¿Cómo es, pues, que cuando el tiempo apremia los olvidamos o los apartamos? ¿No es esto como vender nuestras herramientas?

Hay algo que tengo que hacer y algo que tengo que dejar de hacer: que sea yo, ante todo, perfecto en la oración. - Henry Martyn.

La falta de comunión santa es una cosa grave. El verdadero amor es comunicativo; no puede guardar su secreto al amado ni ser impedido de conversar con él. La fe más fuerte es la que más necesita decir, y más plenamente dice, lo que hay en su corazón. ¿Hay algo que no podáis decir a nuestro Señor? Ello demuestra que no hay necesidad o que hay poca fe (Ef. 3:12). «En quien tenemos confianza.» La palabra traducida «confianza» es, en el original, «decirlo todo». ---Thomas Boston.

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EL DESFALLECIMIENTO DE ELÍAS

«Y él se fue por el desierto un día de camino y vino y se sentó debajo de un enebro; y, deseando morirse, dijo: ¡Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy mejor que mis padres!» (1º Reyes 19:4).

Podemos aprender mucho de las vidas de otras personas. Elías mismo no es sólo un profeta sino una profecía. Su experiencia nos enseña mucho.

A veces entramos en una especie de misterioso estado de depresión, y es bueno aprender de la Escritura lo que otros han experimentado al pasar por el Valle de Sombra de Muerte. Los cansados y enfermos de corazón, duramente probados, son propicios a desfallecer; se imaginan que en tal o cual tiempo les ha ocurrido esto o aquello tan extraño e incomprensible, pero no es así. Mirando atrás las pisadas sobre las arenas del tiempo, pueden ver tan sólo las huellas del pie del hombre; pero deben consolarse al saber que no era el hombre, sino los pasos del Señor. Estudiemos este caso:

I. LA DEBILIDAD DE ELÍAS.

  1. Era un hombre de iguales pasiones que nosotros (Santiago 5:17).

Desfalleció en el momento que debía ser más fuerte; como muchos otros santos lo han hecho, Abraham, Job, Moisés, Pedro, etc.

  1. Sufrió una terrible reacción. Los que suben mucho también están propensos a bajar. La profundidad de su depresión es igual a la altura de sus victorias.

  2. Estaba triste y cansado después de la excitación del Carmelo y la innecesaria carrera al lado del carro de Acab.

  3. Su deseo era insensato. «¡Señor, quítame la vida!>

·    Estaba huyendo para salvar su vida, y quería morirse; para ello no necesitaba salir al desierto.

·    Pero él era más necesario que nunca para mantener la buena causa.

·    Es bien raro que uno que huía para escapar de la muerte clamara: «¡Toma mi vida! ¡Quita mi vida!»

·    ¡Cuán insensatas son nuestras oraciones cuando nuestros espíritus desfallecen!

II. LA TERNURA DE DIOS HACIA ÉL.

1.      Le permitió dormir. Esto era mejor que una medicina o una reprensión interior.

2.      Lo alimentó con alimento conveniente.

3.      Le permitió contar sus penas (véase vers. 10). Esto es, a menudo, el mejor consuelo. Explicó su caso y así alivió su depresión.

4.      Dios se reveló a sí mismo en sus diversos caminos. El viento, el terremoto, el fuego y la voz suave eran voces de Dios. Cuando sabemos lo que Dios es, somos menos turbados por otros asuntos.

5.      Le dio buenas nuevas: «Sin embargo, yo haré que queden siete mil en Israel» (vers. 18). De este modo su sentimiento de soledad fue quitado.

6.      Le dio más trabajo para hacer: Ungir a otros, por medio de los cuales los propósitos del Señor de castigo e instrucción serían llevados a cabo.

Aprendemos de esto algunas lecciones útiles.

 

En muy pocos casos se justifica la oración pidiendo muerte. Es un asunto que debemos dejar a Dios. Ni podemos destruir nuestras vidas ni pedir a Dios que lo haga. Tres santos en la Sagrada Escritura pidieron la muerte: Ellas, Moisés y Jonás-, pero las tres fueron oraciones sin respuesta. Para el pecador nunca es bueno buscar la muerte, pues la muerte para él es el infierno; seña su propia y segura condenación. Pero no es menos equivocado tal deseo en un creyente. ¿Qué oímos en este caso? ¡Ellas desfalleciendo y abandonándolo todo! ¡Este heroico espíritu, desolado y postrado! ¡El que osó decir a la cara de Acab: «Eres tú y la casa de tu padre los que turbáis a Israel»; el que podía levantar un muerto, abrir y cerrar los cielos, manejar el fuego y el agua con sus oraciones; el que se atrevió a desafiar a todo el pueblo de Israel y matar a 250 profetas de Baal, le vemos aquí hundirse por el mal ceño y amenazas de una mujer! ¿Pedía que le quitara Dios la vida porque temía perderla? ¿Quién puede esperar una constancia sin mácula de la carne y la sangre cuando vemos a Ellas desfallecer?

El santo más fuerte y más valiente sobre la tierra está sujeto a algunos ataques de temor y debilidad. Ser siempre bueno e inmutable es propio tan sólo de los espíritus gloriosos que están en el cielo. Así el sabio y santo Dios tendrá su poder hecho perfecto en nuestra debilidad. Es en vano para nosotros, mientras llevamos esta carne, esperar una tal salud espiritual que no caigamos alguna vez en desajuste moral. No es una cosa nueva para los hombres santos desear la muerte; ¿quién puede, por tanto, censurar y extrañarse del deseo de tal ventaja?

Para el peregrino cansado desear reposo, el prisionero libertad, el desterrado el hogar, es tan natural que la disposición contraria sería monstruosa. El beneficio del cambio es precisamente el motivo de nuestro deseo, pero pedir la muerte por estar hastiados de la vida, por la impaciencia del sufrimiento, es una debilidad inverosímil para un santo. No «basta y», ¡oh Ellas! Dios quiere más trabajo todavía para tí. Tu Dios te ha honrado a ti más que a tus padres, y tendrás que vivir para honrarle más a Él. - Obispo Hall.

Elías «levantóse y escapó por su vida», pero mejor habría hecho permaneciendo en su tarea como profeta y responder como Crisóstomo cuando Eudoxcia, la emperatriz, le amenazó: «Id y decidle -respondió---- que yo no temo nada sino el pecado.» 0 como Basilio cuando el emperador arriano dijo que aquella disputa significaría su muerte: «¡Ojalá que así sea! -respondió---. Esto me llevará al cielo más pronto.»

Gregorio no titubeó en decir que, porque Ellas había empezado a envanecerse con altos pensamientos acerca de sí mismo a causa de los grandes actos que había realizado en el Carmelo, ahora estaba sufriendo este ataque de temor, por la contrariedad que le producía su humillación. Algo semejante vemos en Pedro, asustado por una sencilla criada; nos muestra cuán débiles somos cuando somos dejados a nosotros mismos. - Juan Trapp.

¿Quién le había dicho a Ellas que ya ¡basta de vivir!? Dios, no; El sabía que no había bastante para Ellas ni de trabajo ni de sufrimiento. Dios tenía más que enseñarle, más que hacer; si el Señor hubiese cumplido su deseo, a la historia de Ellas le hubiese faltado su última página, la más gloriosa. - Kitto.

 

I. LA CAUSA DEL DESALIENTO DE ELÍAS.

1.      Relajación de la fuerza física.

2.      Falta de simpatía: «He quedado solo.» Tenía que quitar el solo; la soledad de su posición era molesta para Ellas.

3.      Falta de ocupación. Mientras Elías tuvo trabajo de profeta, duro como era, todo fue a las mil maravillas; pero ahora su trabajo había terminado, según le parecía. ¿Qué tenía que hacer mañana, y pasado mañana, día tras día? La desgracia de no tener nada que hacer proviene de causas voluntarias o involuntarias, según su naturaleza.

4.      Desengaño por no haberse cumplido sus esperanzas de éxito. En el Carmelo el gran objeto por el cual Ellas vivía pareció llegar a su punto de realización. Los profetas de Baal habían sido muertos, Jehová reconocido unánimemente, la adoración falsa derribada. El deseo que había llenado toda la vida de Ellas. La transformación de Israel en el Reino de Dios parecía cumplida. Pero en un solo día todas estas brillantes esperanzas se desvanecieron.

II. EL TRATAMIENTO DE DIOS.

1.      En primer lugar, en cuanto a su servidor exhausto de fortaleza. Leed la historia. Le da alimento milagroso: entonces Elías duerme, se despierta y come; con la fuerza de aquella comida anda cuarenta días.

2.      El Señor calma su mente turbulenta mediante las influencias de la naturaleza. Manda al huracán barrer el cielo y al terremoto sacudir la tierra. Enciende los cielos hasta parecer una masa de fuego. Todo esto expresa y refleja los sentimientos de Elías. La naturaleza nos hace sentir lo que con palabras no se puede expresar.

3.      Además de esto, Dios le hizo sentir la necesidad de la vida. ¿Qué haces aquí, Elías? La vida es para hacer algo. La vida de un profeta mucho más, y el profeta estaba sin hacer nada, sino lamentarse. Esta voz se repite en todos nosotros para levantarnos del letargo, o de nuestro desaliento, o de nuestra postración. «¿Qué haces tú aquí en esta vida tan corta?»

4.      Completó la cura asegurándole la victoria. Sin embargo, yo he dejado 7.000 en Israel que no han doblado sus rodillas a los baales; de modo que la vida de Elías no había sido un fracaso, después de todo. - F. W. Robertson.


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Sermones

                     Sección 8

  Rut se decide por Dios
  La batalla es del Señor
  Los despojos de David
 
Oración hallada en el corazón
  Asiéndose al altar
  Comunión de corazón
 
El desfallecimiento de Elías

                     Nota

En esta sección te presentamos apuntes de sermones de Spurgeon.

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