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Apuntes de Sermones

Carlos H. Spurgeon

« ¿QUIÉN ESTÁ POR EL SEÑOR?»

«Se puso Moisés en la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por el Señor? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví» (Ex. 32:26).

La decisión es lo que el Señor busca para sus ministros, y cuando la ve en ellos, les recompensa.

Todos los hombres sinceros deben decidirse para un terrible conflicto que está teniendo lugar en nuestros días, y la maldición caerá sobre los neutrales.

I. QUIÉNES SON LOS AMIGOS DEL SEÑOR, Y LO QUE DEBEN HACER.

·         Deben unirse a Dios abiertamente. «Consagraos vosotros hoy al Señor» (vers. 29).

·         Debían venir y juntarse bajo el lema: «Quien está del lado del Señor, que venga a mí.» Nosotros damos abiertamente este testimonio uniéndonos con la iglesia, rechazando el pecado, testificando la verdad, no conformándonos al mundo y asemejándonos a Cristo nuestro Señor (2ª Cor. 8:5). Los israelitas tenían que juntarse con una minoría: Una tribu contra once si fuese necesario.

·         Tenían que ser agresivos: <Que cada uno cifia su espada» (vers. 27).

III. EL SEÑOR DE LOS EJÉRCITOS Y SUS ESTÍMULOS.

·         Su causa es la causa de la justicia y la verdad. Una buena causa es un fundamento firme y poderoso para estimularnos el valor. Se ha dicho «que el que sostiene una causa justa, tiene una triple armadura: No temas. Sigue luchando. La verdad prevalecerá». Cristo mismo es nuestro capitán. ¿Quién puede titubear teniendo tal jefe? «Por jefe y por maestro a las naciones», dice el profeta (Is. 55:4).

·         Es el lado de la conciencia y del corazón puro.

·         Es la guerra que termina en el cielo y la victoria sin fin (Apoc. 19:14).

III. SUGERENCIAS PARA EL ALISTAMIENTO.

·         Ponte bajo la bandera confesando a Cristo abiertamente en el bautismo. Sométete a la disciplina queriendo aprender. Ponte el uniforme, o sea el vestido de justicia; el cinto del amor; toda la armadura de Dios (Ef. 6:13-18).

·         Entra primero en una guerra civil contigo mismo. Lucha Con tu propia alma.

·         Hiere el pecado, conquístate a ti mismo, abate los pensamientos altivos, etc.

·         Marcha al campo. Lucha contra la falsedad, la superstición, la crueldad, la opresión, la borrachera, la lascivia y los pecados de toda suerte, donde estén y por todas partes.

Guizot, en su Vida de San Luis de Francia, dice que este último tenía muchos vasallos que lo eran también del rey de Inglaterra, y que se levantaban muchas cuestiones difíciles referentes al servicio y tributo que tenían que dar ambos reyes. Por fin, el rey francés mandó a todos los nobles que poseían tierras en territorio inglés venir delante de él, y les dijo: «Como es imposible para ninguna persona vivir en mi reino y tener posesiones en Inglaterra, sirviendo a dos señores, tenéis que uniros, o bien a mí, o de un modo definitivo al rey de Inglaterra.» Diciendo esto les citó una fecha para hacer su decisión.

Un querido amigo mío, cabeza de familia de hijos e hijas mayores, murió repentinamente. El día antes de su muerte todos los miembros de la familia estaban con él, incluyendo uno que había experimentado, recientemente, lo mismo que los demás, el poder de la gracia salvadora. La alegría del padre fue grande cuando puso sus manos sobre cada uno de sus descendientes diciéndoles con un corazón rebosante: «Este es del lado del Señor. Este está también al lado del Señor.» ¿Qué podría decirse de ti si estuvieras al lado del lecho de muerte de un padre piadoso? ¿Podría ese padre regocijarse contigo porque estás del lado del Señor?

***

PONIENDO LA MANO SOBRE EL SACRIFICIO

«Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación...» (Lev. 4:29).

La cuestión con muchas almas es cómo obtener de ellas interés suficiente para que puedan ser salvas por Cristo. Nunca se ha presentado una cuestión de más peso.

Lo cierto es que esto es absolutamente necesario; pero, ¡ay!, ha sido peligrosamente descuidado por muchos. Es en vano que Cristo muriera si no se pone la fe en El.

El texto nos da una respuesta gráfica a la pregunta: ¿Cómo puede serme aplicado el sacrificio de Cristo?

I. LA INTENCIÓN DEL SÍMBOLO.

1. Era una confesión de pecado: Nadie había que no necesitara ofrenda por el pecado.

·         A esto tenía que añadirse una confesión de merecer el castigo; de otra manera, ¿por qué tendría que morir la víctima? Era también una renuncia a todos los otros métodos de quitar el pecado. Las manos tenían que estar vacías para ponerlas sobre la víctima.

·         Haz esto con la cruz, pues solamente allí puede ser quitado el pecado.

2. Un consentimiento al plan de sustitución.

·         Algunos objetan a la justicia y realidad de este método de salvación; pero el que ha sido salvo por El no lo hace, pues ve que Dios mismo es el mejor juez de su propia justicia; y si El está satisfecho, nosotros podemos seguramente estarlo también.

·         No hay otro plan que resuelva el caso, ni que se le parezca de lejos. El sentimiento de culpabilidad del ser humano no puede ser quitado por otros medios.

3. Expresa una dependencia: la mano del pecador se apoya sobre la víctima.

·         ¿Hay mejor apoyo que Jesucristo para el corazón turbado? Considera la naturaleza del sufrimiento y de la víctima por la cual fue hecha la expiación, y sentirás que es de valor suficiente para reposar en ella.

·         Considera la dignidad y el sacrificio de aquel que sufrió la muerte. La Gloria de la persona de Cristo garantiza el valor de su expiación (Heb. 10:540).

·         Recordad que ninguno de los santos que están en el cielo ha entrado allí mediante otro sacrificio. «Sólo Jesús» es el lema de todos los justificados. «El ofreció un sacrificio por los pecados para siempre» (Heb. 10:12).

·         Aquellos de nosotros que somos salvados reposamos en El tan sólo. ¿Por qué no puede hacerlo usted y cualquier otra alma ansiosa?

III. LA SIMPLICIDAD DEL SÍMBOLO.

1.      No había ritos antecedentes. La víctima estaba allí y solamente se requería que las manos fuesen puestas sobre ella. Nada más. Nosotros no podemos añadir prefacio ni apéndice a la obra de Cristo: El es el Alfa y Omega.

2.      El oferente venía con todos sus pecados. «Tal como soy.> Era porque su pecado fuese quitado que el oferente traía el sacrificio; no porque se hubiese justificado a sí mismo.

3.      No había nada en su mano de mérito o precio.

4.      Nada podía excusarle. Ni anillo de oro, ni señal de poder, ni joya o rango. El oferente venía como hombre, no como sabio, rico u honorable.

Cuando Christmas Evans estaba a punto de morir, varios pastores rodeaban su cama; el moribundo les dijo: «Predicad a Cristo al pueblo, hermanos. Miradme a mí en mi propio valer, y no soy más que una ruina; pero miradme a mí a través de Cristo, y soy el cielo y la salvación.»

No es la cantidad de tu fe lo que te salvará. Una gota de agua es tan verdaderamente agua como todo el océano. Así, una pequeña fe es fe verdadera, igual que la mayor. Un niño de ocho años es tanto un hombre como uno de sesenta. La llama de una cerilla es fuego igualmente que una grande llama; un hombre enfermo es un ser vivo lo mismo que uno en buen estado de salud. De modo que no es la medida de tu fe lo que te salva, es la sangre a la que te acoges. De la misma manera que la débil mano de un niño que lleva su cuchara a la boca le alimentará igual como el brazo del hombre más fuerte, pues no es la mano la que alimenta, sino el alimento que es llevado a la boca y entra en el estómago; así si te adhieres a Cristo. Aunque sea del modo más débil, El no te dejará perecer.

La mano más débil puede tomar un don lo mismo que la más fuerte. Pues bien, Cristo es el don y la fe débil puede asirse a El igual que la fe fuerte, y Cristo es tan verdaderamente tuyo cuando tienes una fe débil como cuando has venido con gozo triunfante por la fortaleza de la fe. - Welsh.

***

CONTRA LA MURMURACIÓN

«Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendid en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento»

 (Núm. 11:1).

Observad cómo el mal empezó en las afueras del campamento entre la multitud entremezclada, y cómo el fuego del Señor ardió en las partes más extremas del campamento. El gran peligro para la iglesia reside en los meros seguidores del campamento, que se adhieren a las iglesias e infectan al verdadero Israel de Dios.

 

I. UN ESPÍRITU INSATISFECHO DESAGRADA AL SEÑOR.

1.      Esto podemos inferir de nuestros propios sentimientos; cuando nuestros empleados, nuestros hijos o receptores de nuestras limosnas están quejándose, nos cansamos de ellos y nos enfadamos.

2.      En el caso de los hombres respecto a Dios es mucho peor el murmurar, ya que no merecemos nada de su mano, sino todo lo contrario. «¿Por qué murmura el hombre viviente, el hombre en su pecado?» (Lam. 3:39; Sal. 103: 10).

II. UN ESPÍRITU INSATISFECHO SE IMAGINA QUE ENCONTRARÍA PLACER EN AQUELLAS COSAS QUE LE SON NEGADAS.

Israel tenía maná, pero deseaba carne, legumbres, melones y cebollas, etc.

1.      Es perjudicial a nosotros mismos, pues nos impide gozar de lo que ya tenemos. Lleva a los hombres a quejarse de la comida de ángeles llamándolo ceste pan tan liviano», Condujo a Amán a arriesgar su prosperidad y su vida a causa de una sola persona que rehusó hacerle reverencia (Ester 5:13).

2.      Es calumnioso e ingrato acerca de Dios.

3.      Conduce a la rebelión, la falsedad, la envidia y a toda suerte de pecados.

III. UN CORAZON INSATISFECHO MUESTRA QUE LA MENTE NECESITA SER REGULADA.

La gracia pondrá todos los deseos en orden, y guardará nuestros pensamientos y afectos en su propio lugar, del modo siguiente:

1.      Contentamiento con las cosas que uno tiene (Heb. 13:5).

2.      Moderados deseos en cuanto a otras cosas. «No me des pobreza ni riqueza» (Prov. 30:8).

3.      Plena resignación respecto a las cosas terrenas que nos faltan. «No según m¡ voluntad, sino la tuy» (Mat. 26:39).

4.      Primero, y ante todo, deseos de Dios. «Mi alma tiene sed de Dios», etc. (Sal. 42:2).

5.      En segundo lugar, desea ardientemente los mejores dones (1ª Cor. 12:31).

6.      Sigue siempre el amor, que es el camino más excelente (1ª Cor 12:32)

Leí acerca de César que, habiendo preparado una gran fiesta para sus nobles y amigos, sucedió que el día señalado fue tan tempestuoso que no pudo realizarse ninguno de los actos al aire libre que estaban preparados en honor del soberano. Este se enojó de tal manera que mandó a sus soldados que arrojaran sus saetas contra Júpiter porque les había dado aquel mal tiempo; los soldados lo hicieron, pero ocurrió que, como las saetas no podían llegar al cielo, cayeron sobre las cabezas de los que estaban reunidos, hiriendo a muchos de ellos.

Asi nuestras quejas y murmuraciones son como saetas que arrojamos contra Dios pero vuelven contra nosotros mismos e hieren corazones. No le alcanzan a El, pero nos dañan a nosotros mismos; por lo tanto, es mejor callar que murmurar; es peligroso contender con Aquel que es fuego consumidor (Heb. 12:29). – Thomas Brooks.

Los israelitas son llamados «murmuradores» y «rebeldes> en este mismo texto (Núm. 17:10); y ¿no es la rebelión como pecado de brujería? (1º Sam. 15:23). Si tú eres un murmurador cuenta con que Dios te considera como un brujo, o sea como uno que tiene pacto con el diablo. Este es un pecado de primera magnitud. Murmurar termina a menudo en maldición. La madre de Miqueas terminó blasfemando cuando le fueron robados los talentos de plata (Jue. 17:2). Así hace el murmurador cuando alguna parte de sus bienes le es quitada. Nuestras murmuraciones son la música del diablo; éste es un pecado que Dios no puede soportar. - T. Watson.

Temo tanto a la murmuración corno a los juramentos y blasfemias. - Juan Wesley.

Un niño estaba llorando por vicio y oí a su madre decir: «Si tú lloras por nada pronto te daré por qué llorar.» Efectivamente, poco después los golpes que oí de su mano me hicieron comprender que la amenaza había sido cumplida, y aprendí la lección de que cuando nos quejamos por nada, la vara del Señor está cerca de nuestras espaldas y nos hará, probablemente, llorar con razón.

***

EXTREMA NECESIDAD DEL HOMBRE:

LA OPORTUNIDAD DE DIOS

«Porque Jehová juzgará a su pueblo, y por amor de sus siervos se arrepentirá, cuando viere que la fuerza pereció y que no queda ni siervo ni libre» (Deut. 32:36).

Para los hombres impíos el tiempo de su caída es fatal; no hay levantamiento para ellos. Suben más y más arriba en la escalera de sus riquezas, pero por fin no pueden subir más arriba, se deslizan sus pies y todo ha pasado.

Pero no es así con tres caracteres de los cuales vamos a ocuparnos hoy, los cuales son juzgados en este mundo para que no tengan que ser condenados después (1ª Cor. 11:32).

I. LA PROPIA IGLESIA DEL SEÑOR.

1.      Una iglesia puede ser severamente probada, de modo que puede decirse de ella que «su poder se ha ido y nada ha quedado».

·         Por falta de un ministerio fiel puede no haber crecimiento, y los que quedan, crecer con flaqueza y falta de espíritu.

·         Por lo general, la falta de oyentes y de miembros, etcétera, pone a una iglesia en gran tribulación. Varias circunstancias pueden contribuir a esparcir la gente, como disensiones internas, herejía pestilente o falta de vida espiritual. Donde no hay alimento espiritual las almas hambrientas se marchan (Job 15:23).

  1. La prueba permitida:

·         Para descubrir a los verdaderos siervos de Dios y apartar a los hipócritas (Is. 33:14).

·         Para probar la fe de los creyentes sinceros y fortificarla.

·         Para manifestar al Señor su propia gracia sosteniéndoles bajo tiempos de prueba con el fin de edificarles con futuras bendiciones.

·         Para asegurar que la gloria será para El cuando días más felices sobrevengan.

II. EL CREYENTE PROBADO.

1.      Su poder puede haberse desvanecido. Personalmente, viene a quedar impotente, falto de salud física, quizá debilitado de mente, de habilidad, de valor; aun sus fuerzas espirituales fallan (Lam. 3:17, 18).

2.      Su ayuda terrena puede fallar. No queda ni «siervo ni libre».

·         El que una persona quede sin amigos mueve la compasión de Dios.

  1. Puede ser asaltado por dudas y temores y no saber él mismo qué hacer (Job 3:23-26). En todo esto puede haber castigo por el pecado; así está escrito en el contexto.

III. EL PECADOR CONVICTO.

Es desposeído de todo aquello de que se enorgullecía.

1.      Su propia justicia (Job 9:30-31).

2.      Su habilidad para hacer buenas obras (Ef. 2:1).

3.      Sus sueños románticos y orgullosos han perecido (Isaías 29:8).

4.       Sus deleites mundanos, su arrogancia, su incredulidad, su vanagloria, sus descuidos, su vana confianza.

5.      Nada queda sino la compasión de Dios (Sal. 103:13). Pero cuando la marea ha llegado a su límite máximo, vuelve.

·         El hijo pródigo había gastado todo lo que tenía cuan volvió.

·         La extrema necesidad del hombre es la oportunidad de Dios.

·         Las situaciones extremas son un motivo para la importunidad en la oración.

 

Un hombre al cabo de sus recursos no es un hombre al cao de su fe. - Matthew Henry.

Es curioso el ejemplo de la anciana escocesa de quien nos cuenta Brown, en su Horae Subcesivae, que cuando el pastor preguntó respecto a la base de su fe, diciéndole: «Juana, ¿qué dirías si después de todo Dios quisiera arrojarte al infierno «No creo que quiera hacerlo ---respondió la creyente Juana--- pero si lo hiciera, El perdería más que yo.» Queriendo decir que perdería el honor de su bondad y su crédito, ya que no cumpliría sus promesas. Por tanto, el Señor no puede dejar a su pueblo en la hora de su necesidad.

Una persona que no sabía nadar cayó al agua. Un buen nadador se arrojó inmediatamente al agua para salvarle, pero en lugar de hacerlo de un modo inmediato se mantuvo a cierta distancia hasta que el que se ahogaba cesó de luchar; entonces lo cogió y lo sacó a la orilla. Cuando la gente le preguntó por qué no lo había rescatado inmediatamente, replicó: «Yo no puedo tratar de salvar a un hombre mientras él puede salvarse a sí mismo.» El Señor actúa de la misma manera con los pecadores éstos deben cesar de actuar por sí mismos y dejar a El que despliegue todo el poder de su gracia sobre ellos.

En tanto que un pecador tiene un mendrugo de pan nos alimentará del maná celestial. Dirán que vale más medio pan que nada, pero medio pan significa una existencia de medio hambre; en cambio, el que no tiene ninguna clase de pan corre a Jesús por el alimento que desciende del Cielo. Mientras que el alma tiene un penique para proveerse a si misma, rehusará neciamente el libre perdón de sus deudas; pero la miseria absoluta le fuerza a ir en busca de las verdaderas riquezas.

***

INCAPACIDAD MORAL

«Entonces Josué dijo al pueblo: No podéis servir al Señor...» (Josué 24:19).

En respuesta al desafío de Josué el pueblo había dicho: «Nosotros serviremos a Jehová, porque El es nuestro Dios.» Pero Josué les conocía demasiado para confiar en ellos y por esto les recordó que iban a emprender lo que no podían realizar. Ellos no le creyeron, sino que exclamaron: «No, al Señor serviremos»; pero su historia posterior prueba la verdad de la advertencia de Josué. La Palabra de Dios nos conoce mejor que nosotros a nosotros mismos. El Dios omnisciente ve cada parte de nuestro ser como un anatomista las variadas partes de nuestro cuerpo. Conoce, por lo tanto, nuestra naturaleza moral y espiritual de un modo perfecto. El relojero es el mejor juez para decir si un reloj marchará o no, y el que nos ha hecho tiene el mejor conocimiento de la condición y capacidad del ser humano. Aceptemos su veredicto en cuanto a la capacidad del hombre.

I. LA SEGURIDAD DE QUE EL HOMBRE IRREGENERADO NO PUEDE SERVIR A DIOS.

1.      No se trata de una inhabilidad física, sino moral; y no consiste en su naturaleza, sino en su naturaleza caída. No en Dios, sino en el pecado.

2.      La naturaleza de Dios hace que sea imposible al hombre depravado rendirle un servicio perfecto. (Véase el contexto del vers. 19.)

3.      A lo mejor que podría dar un hombre no regenerado le faltaría razón y motivo; por lo tanto, sería inaceptable (Is. 1: 15).

4.      La ley de Dios es perfecta. ¿Quién puede esperar cumplirla? Si una mirada significa cometer adulterio, ¿quién será capaz de guardar todos los puntos de la ley? (Mateo 5:28).

5.      La mente carnal está inclinada a la voluntad propia, al egoísmo, a la sensualidad, al odio, al orgullo y a todos los otros males (Rom. 8:7).  

II. EL DESALIENTO QUE SURGE DE ESTA VERDAD.

Se dice que esto arroja a los hombres al desespero, y nuestra respuesta es que precisamente esta clase de desespero es lo que trae a los hombres a la posición más deseable saludable.

1.      Disuade a los hombres de realizar una tarea imposible.

·         Las mismas probabilidades de éxito que tienen los hombres para inventar el movimiento continuo, son las que tienen para tratar de crear obediencia de su propia voluntad, siendo ya pecadores.

·         Si un hombre tratara de mantener una escalera en al y al mismo tiempo trepar en ella hasta la cima, tendrá menos dificultad que para hacer que su naturaleza mal consiga la santidad.

2.      Disuade de seguir un camino de ruina.

·         La propia justicia es una cosa muerta, es un repudio orgulloso a la misericordia de Dios, y una rebelión contra la gracia. La propia confianza, de cualquier clase que sea, es el peor enemigo del Salvador.

3.      Disuade de apoyarse sobre ceremonias, u otras expresiones externas, asegurando a los hombres que éstas no bastan.

4.      Disuade de buscar cualquier otro camino de salvación propia y circunscribe a los hombres a la fe en el Señor Jesús. Nada mejor pueden hacer (Gál. 3:22, 23).

III. LAS NECESIDADES QUE NOS RECUERDA ESA VERDAD.

El hombre irregenerado, antes de poder servir a Dios, necesita:

·         Una nueva naturaleza que sólo el Espíritu de Dios puede crear en usted.

·         Reconciliación. ¿Cómo podrá servir un enemigo a su rey? Aceptación. Hasta que hayas sido aceptado, tu servicio no puede agradar a Dios.

·         Ayuda continua. Esto es lo que te ayudará a mantenerte en el camino una vez estés dentro de él (1º Sam. 2:9; Judas 24, 25).

Ningún zángano hará miel hasta que haya sido transformado en abeja. Ninguna cerda se sentará para lavar su rostro como lo hace el gato cerca del fuego. Ninguna persona depravada sentirá deleite en la santidad. Ningún diablo puede alabar a Dios como lo hacen los ángeles; y los hombres irregenerados no pueden ofrecer un culto aceptable a Dios como lo hacen los fieles. ---Jorge Bushen Notas sobre Josué.

La existencia del pecado dentro de nosotros mismos nos lleva a consecuencias ciertas, como la de que no tenemos más poder para evitar el mal que el idiota tiene para cambiar su mirada de idiotez, o la mano paralizada para devolverse a sí misma su habilidad. ---B. W. Newton.

El hombre no puede ser salvo por su obediencia perfecta, pues no puede cumplirla; ni puede ser salvo por su obediencia imperfecta, pues Dios no lo aceptaría. - British Evangelist.

«"Corre y labora", me ordena la ley,

Pero no me da pies ni manos para la tarea.

Más dulce sonido me trae el evangelio,

Me ordena volar y me presta alas.»

***

EL OLIVO FIEL

«Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honrará a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?» (Jueces 9: 9).

Los árboles, según esta parábola, estaban bajo el gobierno de Dios y no querían rey; pero se rebelaron y salieron de su verdadero lugar, buscando, al igual que los hombres caídos, hacer su propia voluntad y tener un rey. Al rebelarse buscaron ganar a su partido a aquellos árboles mejores que habían quedado fieles.

I. LAS VERDADERAS PROMOCIONES NO DEBEN SER ARREBATADAS.

La pregunta en tales casos es: ¿En qué consiste mi deber? El énfasis tiene que ser puesto en mi deber. Si Dios me ha dado peculiares dotes o alguna gracia especial, ¿tengo que jugar con estos dotes, tengo que abandonarlos para ganar honores en mi favor? (Neh. 6:11).

Una posición más alta siempre parece deseable, pero ¿es justo obtenerla a cualquier precio? (Jer. 45:5).

¿Puedo yo esperar la bendición divina sobre esta extrafía obra? Ponga la pregunta en los casos de riqueza, honor, poder que se nos presentan. ¿Tengo que arrebatarlos a riesgo de perder la paz, ser menos santo, tener menos oportunidad de orar o venir a ser menos útil?

II. LAS VENTAJAS ACTUALES NO TIENEN QUE SER DESDEÑADAS.

La mayor ventaja en esta vida es ser útiles, tanto a Dios como a los hombres. «Con el cual honro a Dios y a los hombres», dijo la oliva. Nosotros debemos apreciar de todo corazón este alto privilegio.

Debemos también hacer frente a las tentaciones con la reflexión siguiente:

·         ¿Que la propuesta es tentadora? «Sí; pero ¿debo por ello dejar mi grosura?» Para un olivo esto sería antinatural; para un creyente dejar la grosura de la vida santa sería mucho peor (Juan 6:68).

·         Que las consecuencias serían terribles. ¿Qué sería para nosotros dejar la gracia, la verdad, la santidad y a Cristo? Recordad a Judas.

·         Que terminaría todo en un desengaño, pues nada puede compensar el dejar el Señor. Todo lo demás es muerte (Jeremías 17:13).  

III. LA TENTACIÓN TIENE QUE SER SOPESADA.

Debemos arraigarnos más fuertemente. La mera proposición de dejar nuestra gordura espiritual debe hacernos aferrar más a ella.

Debemos mostramos tan contentos, y hablar con tanto entusiasmo de nuestro estado de gracia, que nadie se atreva a tentarnos. Cuando Satanás nos ve felizmente establecidos en nuestra fe, tendrá que dejar toda esperanza de derribarnos.

Muchos, para obtener un salario más alto, han dejado compañerismos santos y preciosas oportunidades de escuchar la Palabra de Dios y crecer en la gracia. Tales personas son tan insensatas como lo serían los indios que dieron su oro a los españoles a cambio de pedazos de espejo. Las riquezas obtenidas mediante empobrecimiento del alma son siempre una maldición. Aumentar vuestro negocio de modo que no podáis asistir a los cultos de entre semana es haceros más pobres; dar los tesoros del cielo y recibir cuidados terrenos es una mala permuta. – Jorge Herbert.


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Sermones

                     Sección 7

  ¿Quién está por el Señor?
  Poniendo la mano sobre el sacrificio
  contra la murmuración
 
Extrema necesidad del hombre
  Incapacidad moral
 
El olivo fiel

                     Nota

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