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Apuntes de
Sermones
Carlos H. Spurgeon
« ¿QUIÉN ESTÁ POR EL SEÑOR?»
«Se puso Moisés en la puerta del campamento,
y dijo: ¿Quién está por el Señor? Júntese conmigo. Y
se juntaron con él todos los hijos de Leví» (Ex. 32:26).
La decisión es lo que el Señor busca para sus
ministros, y cuando la ve en ellos, les recompensa.
Todos los hombres sinceros deben decidirse
para un terrible conflicto que está teniendo lugar en nuestros
días, y la maldición caerá sobre los neutrales.
I. QUIÉNES SON LOS AMIGOS DEL SEÑOR, Y LO QUE
DEBEN HACER.
·
Deben unirse a Dios abiertamente. «Consagraos
vosotros hoy al Señor» (vers. 29).
·
Debían venir y juntarse bajo el lema: «Quien
está del lado del Señor, que venga a mí.» Nosotros damos
abiertamente este testimonio uniéndonos con la iglesia,
rechazando el pecado, testificando la verdad, no conformándonos
al mundo y asemejándonos a Cristo nuestro Señor (2ª Cor. 8:5).
Los israelitas tenían que juntarse con una minoría: Una tribu
contra once si fuese necesario.
·
Tenían que ser agresivos: <Que cada uno cifia
su espada» (vers. 27).
III. EL SEÑOR DE LOS EJÉRCITOS Y SUS
ESTÍMULOS.
·
Su causa es la causa de la justicia y la
verdad. Una buena causa es un fundamento firme y poderoso para
estimularnos el valor. Se ha dicho «que el que sostiene una
causa justa, tiene una triple armadura: No temas. Sigue
luchando. La verdad prevalecerá». Cristo mismo es nuestro
capitán. ¿Quién puede titubear teniendo tal jefe? «Por jefe y
por maestro a las naciones», dice el profeta (Is. 55:4).
·
Es el lado de la conciencia y del corazón
puro.
·
Es la guerra que termina en el cielo y la
victoria sin fin (Apoc. 19:14).
III. SUGERENCIAS PARA EL ALISTAMIENTO.
·
Ponte bajo la bandera confesando a Cristo
abiertamente en el bautismo. Sométete a la disciplina queriendo
aprender. Ponte el uniforme, o sea el vestido de justicia; el
cinto del amor; toda la armadura de Dios (Ef. 6:13-18).
·
Entra primero en una guerra civil contigo
mismo. Lucha Con tu propia alma.
·
Hiere el pecado, conquístate a ti mismo,
abate los pensamientos altivos, etc.
·
Marcha al campo. Lucha contra la falsedad, la
superstición, la crueldad, la opresión, la borrachera, la
lascivia y los pecados de toda suerte, donde estén y por todas
partes.
Guizot, en su Vida de San Luis de Francia,
dice que este último tenía muchos vasallos que lo eran
también del rey de Inglaterra, y que se levantaban muchas
cuestiones difíciles referentes al servicio y tributo que tenían
que dar ambos reyes. Por fin, el rey francés mandó a todos los
nobles que poseían tierras en territorio inglés venir delante de
él, y les dijo: «Como es imposible para ninguna persona vivir en
mi reino y tener posesiones en Inglaterra, sirviendo a dos
señores, tenéis que uniros, o bien a mí, o de un modo definitivo
al rey de Inglaterra.» Diciendo esto les citó una fecha para
hacer su decisión.
Un querido amigo mío, cabeza de familia de
hijos e hijas mayores, murió repentinamente. El día antes de su
muerte todos los miembros de la familia estaban con él,
incluyendo uno que había experimentado, recientemente, lo mismo
que los demás, el poder de la gracia salvadora. La alegría del
padre fue grande cuando puso sus manos sobre cada uno de sus
descendientes diciéndoles con un corazón rebosante: «Este es del
lado del Señor. Este está también al lado del Señor.» ¿Qué
podría decirse de ti si estuvieras al lado del lecho de muerte
de un padre piadoso? ¿Podría ese padre regocijarse contigo
porque estás del lado del Señor?
***
PONIENDO LA MANO
SOBRE EL SACRIFICIO
«Y pondrá su mano sobre la cabeza de la
ofrenda de la expiación...» (Lev.
4:29).
La cuestión con muchas almas es cómo obtener
de ellas interés suficiente para que puedan ser salvas por
Cristo. Nunca se ha presentado una cuestión de más peso.
Lo cierto es que esto es absolutamente
necesario; pero, ¡ay!, ha sido peligrosamente descuidado por
muchos. Es en vano que Cristo muriera si no se pone la fe en El.
El texto nos da una respuesta gráfica a la
pregunta: ¿Cómo puede serme aplicado el sacrificio de Cristo?
I. LA INTENCIÓN DEL SÍMBOLO.
1. Era una confesión de pecado: Nadie
había que no necesitara ofrenda por el pecado.
·
A esto tenía que añadirse una confesión de
merecer el castigo; de otra manera, ¿por qué tendría que morir
la víctima? Era también una renuncia a todos los otros métodos
de quitar el pecado. Las manos tenían que estar vacías para
ponerlas sobre la víctima.
·
Haz esto con la cruz, pues solamente allí
puede ser quitado el pecado.
2. Un consentimiento al plan de
sustitución.
·
Algunos objetan a la justicia y realidad de
este método de salvación; pero el que ha sido salvo por El no lo
hace, pues ve que Dios mismo es el mejor juez de su propia
justicia; y si El está satisfecho, nosotros podemos seguramente
estarlo también.
·
No hay otro plan que resuelva el caso, ni que
se le parezca de lejos. El sentimiento de culpabilidad del ser
humano no puede ser quitado por otros medios.
3. Expresa una dependencia: la mano del
pecador se apoya sobre la víctima.
·
¿Hay mejor apoyo que Jesucristo para el
corazón turbado? Considera la naturaleza del sufrimiento y de la
víctima por la cual fue hecha la expiación, y sentirás que es de
valor suficiente para reposar en ella.
·
Considera la dignidad y el sacrificio de
aquel que sufrió la muerte. La Gloria de la persona de Cristo
garantiza el valor de su expiación (Heb. 10:540).
·
Recordad que ninguno de los santos que están
en el cielo ha entrado allí mediante otro sacrificio. «Sólo
Jesús» es el lema de todos los justificados. «El ofreció un
sacrificio por los pecados para siempre» (Heb. 10:12).
·
Aquellos de nosotros que somos salvados
reposamos en El tan sólo. ¿Por qué no puede hacerlo usted y
cualquier otra alma ansiosa?
III. LA SIMPLICIDAD DEL SÍMBOLO.
1.
No había
ritos antecedentes. La víctima estaba allí y solamente se
requería que las manos fuesen puestas sobre ella. Nada más.
Nosotros no podemos añadir prefacio ni apéndice a la obra de
Cristo: El es el Alfa y Omega.
2.
El oferente
venía con todos sus pecados. «Tal como soy.> Era porque su
pecado fuese quitado que el oferente traía el sacrificio; no
porque se hubiese justificado a sí mismo.
3.
No había
nada en su mano de mérito o precio.
4.
Nada podía
excusarle. Ni anillo de oro, ni señal de poder, ni joya o rango.
El oferente venía como hombre, no como sabio, rico u honorable.
Cuando Christmas Evans estaba a punto de
morir, varios pastores rodeaban su cama; el moribundo les dijo:
«Predicad a Cristo al pueblo, hermanos. Miradme a mí en mi
propio valer, y no soy más que una ruina; pero miradme a mí a
través de Cristo, y soy el cielo y la salvación.»
No es la cantidad de tu fe lo que te salvará.
Una gota de agua es tan verdaderamente agua como todo el océano.
Así, una pequeña fe es fe verdadera, igual que la mayor. Un niño
de ocho años es tanto un hombre como uno de sesenta. La llama de
una cerilla es fuego igualmente que una grande llama; un hombre
enfermo es un ser vivo lo mismo que uno en buen estado de salud.
De modo que no es la medida de tu fe lo que te salva, es la
sangre a la que te acoges. De la misma manera que la débil mano
de un niño que lleva su cuchara a la boca le alimentará igual
como el brazo del hombre más fuerte, pues no es la mano la que
alimenta, sino el alimento que es llevado a la boca y entra en
el estómago; así si te adhieres a Cristo. Aunque sea del modo
más débil, El no te dejará perecer.
La mano más débil puede tomar un don lo mismo
que la más fuerte. Pues bien, Cristo es el don y la fe débil
puede asirse a El igual que la fe fuerte, y Cristo es tan
verdaderamente tuyo cuando tienes una fe débil como cuando has
venido con gozo triunfante por la fortaleza de la fe. - Welsh.
***
CONTRA LA MURMURACIÓN
«Aconteció que el pueblo se quejó a oídos
de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendid en
ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del
campamento»
(Núm.
11:1).
Observad cómo el mal empezó en las afueras
del campamento entre la multitud entremezclada, y cómo el fuego
del Señor ardió en las partes más extremas del campamento. El
gran peligro para la iglesia reside en los meros seguidores del
campamento, que se adhieren a las iglesias e infectan al
verdadero Israel de Dios.
I. UN ESPÍRITU INSATISFECHO DESAGRADA AL
SEÑOR.
1.
Esto podemos
inferir de nuestros propios sentimientos; cuando nuestros
empleados, nuestros hijos o receptores de nuestras limosnas
están quejándose, nos cansamos de ellos y nos enfadamos.
2.
En el caso
de los hombres respecto a Dios es mucho peor el murmurar, ya que
no merecemos nada de su mano, sino todo lo contrario. «¿Por qué
murmura el hombre viviente, el hombre en su pecado?» (Lam. 3:39;
Sal. 103: 10).
II. UN ESPÍRITU INSATISFECHO SE IMAGINA QUE
ENCONTRARÍA PLACER EN AQUELLAS COSAS QUE LE SON NEGADAS.
Israel tenía maná, pero deseaba carne,
legumbres, melones y cebollas, etc.
1.
Es
perjudicial a nosotros mismos, pues nos impide gozar de lo que
ya tenemos. Lleva a los hombres a quejarse de la comida de
ángeles llamándolo ceste pan tan liviano», Condujo a Amán a
arriesgar su prosperidad y su vida a causa de una sola persona
que rehusó hacerle reverencia (Ester 5:13).
2.
Es
calumnioso e ingrato acerca de Dios.
3.
Conduce a la
rebelión, la falsedad, la envidia y a toda suerte de pecados.
III. UN CORAZON INSATISFECHO MUESTRA QUE LA
MENTE NECESITA SER REGULADA.
La gracia pondrá todos los deseos en orden, y
guardará nuestros pensamientos y afectos en su propio lugar, del
modo siguiente:
1.
Contentamiento con las cosas que uno tiene (Heb. 13:5).
2.
Moderados
deseos en cuanto a otras cosas. «No me des pobreza ni riqueza»
(Prov. 30:8).
3.
Plena
resignación respecto a las cosas terrenas que nos faltan. «No
según m¡ voluntad, sino la tuy» (Mat. 26:39).
4.
Primero, y
ante todo, deseos de Dios. «Mi alma tiene sed de Dios», etc.
(Sal. 42:2).
5.
En segundo
lugar, desea ardientemente los mejores dones (1ª Cor. 12:31).
6.
Sigue
siempre el amor, que es el camino más excelente (1ª Cor 12:32)
Leí acerca de César que, habiendo preparado
una gran fiesta para sus nobles y amigos, sucedió que el día
señalado fue tan tempestuoso que no pudo realizarse ninguno de
los actos al aire libre que estaban preparados en honor del
soberano. Este se enojó de tal manera que mandó a sus soldados
que arrojaran sus saetas contra Júpiter porque les había dado
aquel mal tiempo; los soldados lo hicieron, pero ocurrió que,
como las saetas no podían llegar al cielo, cayeron sobre las
cabezas de los que estaban reunidos, hiriendo a muchos de ellos.
Asi nuestras quejas y murmuraciones son como
saetas que arrojamos contra Dios pero vuelven contra nosotros
mismos e hieren corazones. No le alcanzan a El, pero nos dañan a
nosotros mismos; por lo tanto, es mejor callar que murmurar; es
peligroso contender con Aquel que es fuego consumidor (Heb.
12:29). – Thomas Brooks.
Los israelitas son llamados «murmuradores» y
«rebeldes> en este mismo texto (Núm. 17:10); y ¿no es la
rebelión como pecado de brujería? (1º Sam. 15:23). Si tú eres un
murmurador cuenta con que Dios te considera como un brujo, o sea
como uno que tiene pacto con el diablo. Este es un pecado de
primera magnitud. Murmurar termina a menudo en maldición. La
madre de Miqueas terminó blasfemando cuando le fueron robados
los talentos de plata (Jue. 17:2). Así hace el murmurador cuando
alguna parte de sus bienes le es quitada. Nuestras
murmuraciones son la música del diablo; éste es un pecado que
Dios no puede soportar. - T. Watson.
Temo tanto a la murmuración corno a los
juramentos y blasfemias. - Juan Wesley.
Un niño estaba llorando por vicio y oí a su
madre decir: «Si tú lloras por nada pronto te daré por qué
llorar.» Efectivamente, poco después los golpes que oí de su
mano me hicieron comprender que la amenaza había sido cumplida,
y aprendí la lección de que cuando nos quejamos por nada, la
vara del Señor está cerca de nuestras espaldas y nos hará,
probablemente, llorar con razón.
***
EXTREMA NECESIDAD DEL
HOMBRE:
LA OPORTUNIDAD DE DIOS
«Porque Jehová juzgará a su pueblo, y por
amor de sus siervos se arrepentirá, cuando viere que la fuerza
pereció y que no queda ni siervo ni libre»
(Deut. 32:36).
Para los hombres impíos el tiempo de su caída
es fatal; no hay levantamiento para ellos. Suben más y más
arriba en la escalera de sus riquezas, pero por fin no pueden
subir más arriba, se deslizan sus pies y todo ha pasado.
Pero no es así con tres caracteres de los
cuales vamos a ocuparnos hoy, los cuales son juzgados en este
mundo para que no tengan que ser condenados después (1ª Cor.
11:32).
I. LA PROPIA IGLESIA DEL SEÑOR.
1.
Una iglesia
puede ser severamente probada, de modo que puede decirse de ella
que «su poder se ha ido y nada ha quedado».
·
Por falta de un ministerio fiel puede no
haber crecimiento, y los que quedan, crecer con flaqueza y falta
de espíritu.
·
Por lo general, la falta de oyentes y de
miembros, etcétera, pone a una iglesia en gran tribulación.
Varias circunstancias pueden contribuir a esparcir la gente,
como disensiones internas, herejía pestilente o falta de vida
espiritual. Donde no hay alimento espiritual las almas
hambrientas se marchan (Job 15:23).
-
La prueba permitida:
·
Para descubrir a los verdaderos siervos de
Dios y apartar a los hipócritas (Is. 33:14).
·
Para probar la fe de los creyentes sinceros y
fortificarla.
·
Para manifestar al Señor su propia gracia
sosteniéndoles bajo tiempos de prueba con el fin de edificarles
con futuras bendiciones.
·
Para asegurar que la gloria será para El
cuando días más felices sobrevengan.
II. EL CREYENTE PROBADO.
1.
Su poder
puede haberse desvanecido. Personalmente, viene a quedar
impotente, falto de salud física, quizá debilitado de mente, de
habilidad, de valor; aun sus fuerzas espirituales fallan (Lam.
3:17, 18).
2.
Su ayuda
terrena puede fallar. No queda ni «siervo ni libre».
·
El que una persona quede sin amigos mueve la
compasión de Dios.
-
Puede ser asaltado por dudas y temores y
no saber él mismo qué hacer (Job 3:23-26). En todo esto
puede haber castigo por el pecado; así está escrito en el
contexto.
III. EL PECADOR CONVICTO.
Es desposeído de todo aquello de que se
enorgullecía.
1.
Su propia
justicia (Job 9:30-31).
2.
Su habilidad
para hacer buenas obras (Ef. 2:1).
3.
Sus sueños
románticos y orgullosos han perecido (Isaías 29:8).
4.
Sus
deleites mundanos, su arrogancia, su incredulidad, su
vanagloria, sus descuidos, su vana confianza.
5.
Nada queda
sino la compasión de Dios (Sal. 103:13). Pero cuando la marea ha
llegado a su límite máximo, vuelve.
·
El hijo pródigo había gastado todo lo que
tenía cuan volvió.
·
La extrema necesidad del hombre es la
oportunidad de Dios.
·
Las situaciones extremas son un motivo para
la importunidad en la oración.
Un hombre al cabo de sus recursos no es un
hombre al cao de su fe. - Matthew Henry.
Es curioso el ejemplo de la anciana escocesa
de quien nos cuenta Brown, en su Horae Subcesivae,
que cuando el pastor preguntó respecto a la base de su fe,
diciéndole: «Juana, ¿qué dirías si después de todo Dios quisiera
arrojarte al infierno «No creo que quiera hacerlo ---respondió
la creyente Juana--- pero si lo hiciera, El perdería más que
yo.» Queriendo decir que perdería el honor de su bondad y su
crédito, ya que no cumpliría sus promesas. Por tanto, el Señor
no puede dejar a su pueblo en la hora de su necesidad.
Una persona que no sabía nadar cayó al agua.
Un buen nadador se arrojó inmediatamente al agua para salvarle,
pero en lugar de hacerlo de un modo inmediato se mantuvo a
cierta distancia hasta que el que se ahogaba cesó de luchar;
entonces lo cogió y lo sacó a la orilla. Cuando la gente le
preguntó por qué no lo había rescatado inmediatamente, replicó:
«Yo no puedo tratar de salvar a un hombre mientras él puede
salvarse a sí mismo.» El Señor actúa de la misma manera con los
pecadores éstos deben cesar de actuar por sí mismos y dejar a El
que despliegue todo el poder de su gracia sobre ellos.
En tanto que un pecador tiene un mendrugo de
pan nos alimentará del maná celestial. Dirán que vale más medio
pan que nada, pero medio pan significa una existencia de medio
hambre; en cambio, el que no tiene ninguna clase de pan corre a
Jesús por el alimento que desciende del Cielo. Mientras que el
alma tiene un penique para proveerse a si misma, rehusará
neciamente el libre perdón de sus deudas; pero la miseria
absoluta le fuerza a ir en busca de las verdaderas riquezas.
***
INCAPACIDAD MORAL
«Entonces Josué dijo al pueblo: No podéis
servir al Señor...» (Josué 24:19).
En respuesta al desafío de Josué el pueblo
había dicho: «Nosotros serviremos a Jehová, porque El es nuestro
Dios.» Pero Josué les conocía demasiado para confiar en ellos y
por esto les recordó que iban a emprender lo que no podían
realizar. Ellos no le creyeron, sino que exclamaron: «No, al
Señor serviremos»; pero su historia posterior prueba la verdad
de la advertencia de Josué. La Palabra de Dios nos conoce mejor
que nosotros a nosotros mismos. El Dios omnisciente ve cada
parte de nuestro ser como un anatomista las variadas partes de
nuestro cuerpo. Conoce, por lo tanto, nuestra naturaleza moral y
espiritual de un modo perfecto. El relojero es el mejor juez
para decir si un reloj marchará o no, y el que nos ha hecho
tiene el mejor conocimiento de la condición y capacidad del ser
humano. Aceptemos su veredicto en cuanto a la capacidad del
hombre.
I. LA SEGURIDAD DE QUE EL HOMBRE IRREGENERADO
NO PUEDE SERVIR A DIOS.
1.
No se trata
de una inhabilidad física, sino moral; y no consiste en su
naturaleza, sino en su naturaleza caída. No en Dios, sino en el
pecado.
2.
La
naturaleza de Dios hace que sea imposible al hombre depravado
rendirle un servicio perfecto. (Véase el contexto del vers. 19.)
3.
A lo mejor
que podría dar un hombre no regenerado le faltaría razón y
motivo; por lo tanto, sería inaceptable (Is. 1: 15).
4.
La ley de
Dios es perfecta. ¿Quién puede esperar cumplirla? Si una mirada
significa cometer adulterio, ¿quién será capaz de guardar todos
los puntos de la ley? (Mateo 5:28).
5.
La mente
carnal está inclinada a la voluntad propia, al egoísmo, a la
sensualidad, al odio, al orgullo y a todos los otros males (Rom.
8:7).
II. EL DESALIENTO QUE SURGE DE ESTA VERDAD.
Se dice que esto arroja a los hombres al
desespero, y nuestra respuesta es que precisamente esta clase de
desespero es lo que trae a los hombres a la posición más
deseable saludable.
1.
Disuade a
los hombres de realizar una tarea imposible.
·
Las mismas probabilidades de éxito que tienen
los hombres para inventar el movimiento continuo, son las que
tienen para tratar de crear obediencia de su propia voluntad,
siendo ya pecadores.
·
Si un hombre tratara de mantener una escalera
en al y al mismo tiempo trepar en ella hasta la cima, tendrá
menos dificultad que para hacer que su naturaleza mal consiga la
santidad.
2.
Disuade de
seguir un camino de ruina.
·
La propia justicia es una cosa muerta, es un
repudio orgulloso a la misericordia de Dios, y una rebelión
contra la gracia. La propia confianza, de cualquier clase que
sea, es el peor enemigo del Salvador.
3.
Disuade de
apoyarse sobre ceremonias, u otras expresiones externas,
asegurando a los hombres que éstas no bastan.
4.
Disuade de
buscar cualquier otro camino de salvación propia y circunscribe
a los hombres a la fe en el Señor Jesús. Nada mejor pueden hacer
(Gál. 3:22, 23).
III. LAS NECESIDADES QUE NOS RECUERDA ESA
VERDAD.
El hombre irregenerado, antes de poder servir
a Dios, necesita:
·
Una nueva naturaleza que sólo el Espíritu de
Dios puede crear en usted.
·
Reconciliación. ¿Cómo podrá servir un enemigo
a su rey? Aceptación. Hasta que hayas sido aceptado, tu servicio
no puede agradar a Dios.
·
Ayuda continua. Esto es lo que te ayudará a
mantenerte en el camino una vez estés dentro de él (1º Sam. 2:9;
Judas 24, 25).
Ningún zángano hará miel hasta que haya sido
transformado en abeja. Ninguna cerda se sentará para lavar su
rostro como lo hace el gato cerca del fuego. Ninguna persona
depravada sentirá deleite en la santidad. Ningún diablo puede
alabar a Dios como lo hacen los ángeles; y los hombres
irregenerados no pueden ofrecer un culto aceptable a Dios como
lo hacen los fieles. ---Jorge Bushen Notas sobre Josué.
La existencia del pecado dentro de nosotros
mismos nos lleva a consecuencias ciertas, como la de que no
tenemos más poder para evitar el mal que el idiota tiene para
cambiar su mirada de idiotez, o la mano paralizada para
devolverse a sí misma su habilidad. ---B. W. Newton.
El hombre no puede ser salvo por su
obediencia perfecta, pues no puede cumplirla; ni puede ser salvo
por su obediencia imperfecta, pues Dios no lo aceptaría. -
British Evangelist.
«"Corre y labora", me ordena la ley,
Pero no me da pies ni manos para la tarea.
Más dulce sonido me trae el evangelio,
Me ordena volar y me presta alas.»
***
EL OLIVO FIEL
«Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi
aceite, con el cual en mí se honrará a Dios y a los hombres,
para ir a ser grande sobre los árboles?»
(Jueces 9: 9).
Los árboles, según esta parábola, estaban
bajo el gobierno de Dios y no querían rey; pero se rebelaron y
salieron de su verdadero lugar, buscando, al igual que los
hombres caídos, hacer su propia voluntad y tener un rey. Al
rebelarse buscaron ganar a su partido a aquellos árboles mejores
que habían quedado fieles.
I. LAS VERDADERAS PROMOCIONES NO DEBEN SER
ARREBATADAS.
La pregunta en tales casos es: ¿En qué
consiste mi deber? El énfasis tiene que ser puesto en mi
deber. Si Dios me ha dado peculiares dotes o alguna gracia
especial, ¿tengo que jugar con estos dotes, tengo que
abandonarlos para ganar honores en mi favor? (Neh. 6:11).
Una posición más alta siempre parece
deseable, pero ¿es justo obtenerla a cualquier precio? (Jer.
45:5).
¿Puedo yo esperar la bendición divina sobre
esta extrafía obra? Ponga la pregunta en los casos de riqueza,
honor, poder que se nos presentan. ¿Tengo que arrebatarlos a
riesgo de perder la paz, ser menos santo, tener menos
oportunidad de orar o venir a ser menos útil?
II. LAS VENTAJAS ACTUALES NO TIENEN QUE SER
DESDEÑADAS.
La mayor ventaja en esta vida es ser útiles,
tanto a Dios como a los hombres. «Con el cual honro a Dios y a
los hombres», dijo la oliva. Nosotros debemos apreciar de todo
corazón este alto privilegio.
Debemos también hacer frente a las
tentaciones con la reflexión siguiente:
·
¿Que la propuesta es tentadora? «Sí; pero
¿debo por ello dejar mi grosura?» Para un olivo esto sería
antinatural; para un creyente dejar la grosura de la vida santa
sería mucho peor (Juan 6:68).
·
Que las consecuencias serían terribles. ¿Qué
sería para nosotros dejar la gracia, la verdad, la santidad y a
Cristo? Recordad a Judas.
·
Que terminaría todo en un desengaño, pues
nada puede compensar el dejar el Señor. Todo lo demás es muerte
(Jeremías 17:13).
III. LA TENTACIÓN TIENE QUE SER SOPESADA.
Debemos arraigarnos más fuertemente. La mera
proposición de dejar nuestra gordura espiritual debe hacernos
aferrar más a ella.
Debemos mostramos tan contentos, y hablar con
tanto entusiasmo de nuestro estado de gracia, que nadie se
atreva a tentarnos. Cuando Satanás nos ve felizmente
establecidos en nuestra fe, tendrá que dejar toda esperanza de
derribarnos.
Muchos, para obtener un salario más alto, han
dejado compañerismos santos y preciosas oportunidades de
escuchar la Palabra de Dios y crecer en la gracia. Tales
personas son tan insensatas como lo serían los indios que dieron
su oro a los españoles a cambio de pedazos de espejo. Las
riquezas obtenidas mediante empobrecimiento del alma son siempre
una maldición. Aumentar vuestro negocio de modo que no podáis
asistir a los cultos de entre semana es haceros más pobres; dar
los tesoros del cielo y recibir cuidados terrenos es una mala
permuta. – Jorge Herbert.

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