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Págs.
                        

El Parto: Fases
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El gran momento ha llegado. A menudo las
mujeres se enfrentan a él con una mezcla de sentimientos.
Por un lado, miedo al dolor a que algo no salga bien...
Por otro, el enorme deseo de abrazar por fin a su hijo. No
hay por qué temer. Cada caso es diferente, de nada sirve
lo que nos hayan contado. Las modernas técnicas permiten
garantizar, casi al cien por cien, que todo saldrá bien.
Además, la compañía del padre servirá de gran ayuda a la
mamá para recibir al nuevo miembro de la familia tal como
él se merece. |
Fases del parto
Conocer la
evolución de los acontecimientos contribuye a que el proceso
del parto se asuma con mayor naturalidad.
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Aunque cada mujer vive la experiencia
de forma diferente, todos los partos se desarrollan en
tres etapas: fase de dilatación, periodo expulsivo y
desprendimiento de placenta (o alumbramiento).
Se desconocen cuáles son los motivos que desencadenan el
parto. Según algunas teorías, se debe a la secreción de
ciertas hormonas que estimulan el útero. Otras
investigaciones lo relacionan más bien con sustancias
procedentes del propio feto.
En las horas previas a la dilatación se
pueden sentir pinchazos con presión en el recto, así como
necesidad de evacuar y de vaciar la vejiga. Al principio
las contracciones son suaves, pero poco a poco se van
intensificando. |
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Es el proceso en el que el cuello del
útero, que permanece bien cerrado durante el embarazo, se
abre (dilata) para permitir el paso del niño al exterior.
Para que esa dilatación sea posible, han de producirse
sucesivas contracciones de los músculos uterinos.
El cérvix está situado al final del
útero y separa a éste de la vagina. Poco antes del parto,
es grueso y está cerrado (1). Progresivamente, se va
flexibilizando y afinando (2). Una vez borrado, empieza a
ensancharse. Al término de la fase de dilatación (3), la
abertura del cuello mide unos 10 cm. |
Duración:
Las primíparas (mujeres que no han tenido
hijos anteriormente) suelen tardar entre cuatro y diez horas
en completar esta fase. Las multíparas (que ya han dado a luz)
emplean entre dos y ocho horas, más o menos.
Contracciones:
Según se va dilatando el cuello uterino,
las contracciones son más frecuentes y progresan en intensidad
y duración.
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En la etapa inicial duran alrededor de 45
segundos y aparecen a intervalos de 5 a 10 minutos,
aproximadamente. |
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Se debe salir hacia el hospital cuando las
contracciones son cada 5 minutos, (durante una hora como
mínimo), si se expulsa el tapón mucoso (sustancia pegajosa
y blanquecina que obtura el cuello uterino), cuando se
rompe la bolsa de aguas (aunque no haya contracciones) o
si aparecen pérdidas de sangre. |
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Cuando el cuello del útero esté casi
dilatado en su totalidad, las contracciones vendrán muy
seguidas y pueden durar algo más de un minuto. |
Rutina
hospitalaria:
En caso afirmativo será hospitalizada. Se
realizará una historia clínica de la paciente y se registrarán
los datos personales, antecedentes familiares, nacimientos
anteriores y otros aspectos relacionados con el parto en
curso.
A continuación, será instalada en una sala
de dilatación compartida o en una habitación individual, según
las características del centro. Poco después se le aplicará un
enema y, probablemente, será monitorizada. En caso de que las
contracciones no evolucionen correctamente se le administrará
goteo con oxitocina (hormona encargada de provocar las
contracciones) para mejorar su ritmo e intensidad.
Recomendaciones:
Pasear ayuda a acelerar las contracciones,
pero conviene hacerlo sin agotarse. Hay que procurar conservar
las fuerzas para afrontar con energía las últimas fases del
parto. Al sentir dolor es recomendable practicar los
ejercicios de respiración. Para evitar sorpresas
desagradables, se debe salir hacia la clínica con tiempo
suficiente y sin precipitaciones.
El expulsivo comienza en el momento en que
el cuello uterino alcanza su dilatación máxima (10 cm). El
feto desciende por el canal del parto (atraviesa el cuello del
útero y la vagina) y, finalmente, nace. En esta fase, es
importante que la mujer empuje al sentir las contracciones.
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La cabeza del feto asoma por la
abertura vaginal (1). El médico (o matrona) la sujeta con
una mano; con la otra, protege el periné (2). Al
principio, el niño mira hacia abajo; cuando los hombros
atraviesan la pelvis, se gira (3). Una vez que los brazos
están fuera, el cuerpo sale sin dificultad (4). |
Duración:
Se trata de una etapa relativamente corta.
Desde que se consigue la dilatación completa hasta que
sobreviene el nacimiento del bebé suelen transcurrir entre 40
y 60 minutos en el caso de las mujeres primíparas (entre 15 y
30 si se es multípara).
Rutina
hospitalaria:
Al acabar la dilatación, la mujer es
trasladada al paritorio e instalada en la mesa de partos. El
monitor (un aparato que permite controlar los latidos fetales
y las contracciones) se mantiene conectado hasta el final.
En la sala de partos, la mujer recibirá
instrucciones para empezar a empujar. Cuando la cabeza del
feto sea visible, el especialista (médico o matrona) valorará
la necesidad de realizar una episiotomía. Consiste en un
pequeño corte que se efectúa en el periné (músculos que
sostienen la zona genital, urinaria y rectal) para evitar el
desgarro de los tejidos. Tras el nacimiento se suele colocar
al hijo sobre el pecho de la madre con la intención de que
recobre seguridad.
A continuación se corta el cordón
umbilical. Un neonatólogo realizará la reanimación y el
control del recién nacido. La matrona lo abrigará y procederá
a su identificación. Si es necesario, lo acostará en una «cuna
térmica» (camitas que irradian un ligero calor)..
Recomendaciones:
La presencia del padre durante el expulsivo
suele tranquilizar a la gestante..
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Cuando el bebé ya ha nacido, se produce
la expulsión de la placenta, junto con las membranas que
rodeaban al niño. Unos diez minutos después de dar a luz,
las contracciones se reanudan (son mucho menos dolorosas
que las del expulsivo). Eso posibilita que la placenta se
desprenda de la pared uterina y sea impulsada hacia el
exterior. Si este órgano no se elimina de forma natural,
el especialista procederá a sacarlo manualmente. Después,
el médico examinará detenidamente los tejidos expulsados
para asegurarse de que no ha quedado retenido ningún
resto. |
Duración:
El alumbramiento se realiza en pocos
minutos.
Rutina
hospitalaria:
Tras el nacimiento, el bebé es trasladado a
la habitación con sus padres. En algunos centros madre e hijo
pasan primero por una «sala de reanimación», donde se
controlan las constantes vitales de la mujer durante un par de
horas. La matrona animará a la mamá a iniciar la lactancia.
Recomendaciones:
Instar al bebé a que comience a mamar tras
la expulsión de la placenta facilita que el útero se recupere
antes.
Todas las anestesias posibles
Traer un hijo
al mundo no implica sufrir. La medicina actual cuenta con
medios adecuados para aliviar las molestias del parto.
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Una de las mayores preocupaciones de la
embarazada siempre ha sido el parto. El miedo a sufrir un
dolor insoportable hace que muchas mujeres sientan una
gran angustia, a veces ser difícil de superar. Sin
embargo, hoy en día las anestesias tradicionales, y sobre
todo la epidural, están haciendo que el temido «parirás a
tus hijos con dolor» sea sólo un mito. |
Relajada duele
menos
Las técnicas de
relajación que se imparten en las clases de preparación a
la maternidad pueden considerarse como un tipo de
anestesia no farmacológica. Aprender a relajarse y a
respirar en los distintos periodos del parto constituye un
método bastante efectivo para aliviar el dolor. Aunque no
lo elimina por completo, ayuda a sobrellevarlo y a no
dejarse vencer por él. El talante de la mujer también es
fundamental. Una actitud positiva y confiada, y una buena
disposición a colaborar, contribuyen a que el proceso
resulte más fácil y menos doloroso.
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Epidural
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Es una anestesia de tipo local que se
usa para aliviar el dolor del trabajo del parto y la
expulsión. Suele aplicarse cuando el útero ha
alcanzado una dilatación de dos a tres centímetros.
Sus efectos tardan en notarse entre 20 y 30 minutos, a
partir de los cuales el cuerpo queda insensibilizado
de cintura para abajo, aunque los músculos no pierden
su tono. Así, la mujer sigue sintiendo las
contracciones, pero no el dolor, y puede colaborar
empujando. |
Esta anestesia
se utiliza también en cesáreas. Gracias a ella, la
paciente puede asistir consciente al nacimiento de su
hijo, sin notar sensaciones desagradables.
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La epidural se aplica pinchando en la
zona lumbar de la columna vertebral, previamente
insensibilizada con un anestésico local. La aguja se
inserta entre la segunda y tercera vértebras y penetra
hasta el espacio epidural, situado entre las paredes
óseas del canal medular y la duramadre (envoltura de
la médula). Luego, se mete un catéter (que queda
insertado tras retirar la aguja) a través del cual se
van aplicando las dosis de analgésico mediante una
bomba de infusión. Se requiere la presencia de un
anestesista, que controla las constantes de la mujer y
cualquier incidencia que pueda ocurrir. |
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La epidural
está desbancando al resto de anestesias que
tradicionalmente se empleaban en el parto, debido a
sus múltiples ventajas. Es el caso de la intramuscular
(un calmante que se inyecta en un músculo,
generalmente el gúteo) y la paracervical (un
anestésico local que se aplica en el cuello del útero
con el fin de mitigar el dolor).
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La epidural no ralentiza el parto,
aunque incrementa ligeramente el uso de oxitocina (el
popular goteo) para provocar más contracciones.
También son algo más numerosas las intervenciones con
fórceps, pues la sensación de empujar no es tan
potente como en un parto espontáneo.
Esta anestesia no perjudica al
feto. En la madre pueden presentarse efectos
secundarios (muy pocos), como retención urinaria,
hipotensión o dolores de cabeza (cuando,
accidentalmente, la punción ha traspasado la
duramadre, con la consiguiente salida de líquido
cefalorraquídeo). En casos muy excepcionales puede
paralizar las contracciones o no hacer efecto.
La epidural se utiliza en las
clínicas privadas de forma habitual (el precio ronda
las 100.000 pesetas) y la mayoría de las sociedades
médicas la incluyen, gratuitamente, entre sus
prestaciones. En los hospitales públicos se ofrece
también a todas las mujeres. |
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Intradural |
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Es una variante de la epidural, que
se utiliza cada vez con mayor frecuencia en algunos
tipos de cesáreas. También se emplea en partos que
requieren fórceps.
Se aplica en el mismo punto que la
epidural (entre dos vértebras), si bien la aguja sí
atraviesa la duramadre, llegando al líquido
cefalorraquídeo. El efecto analgésico es similar, pero
se nota antes (a los cinco minutos de su aplicación).
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Además, a diferencia de la epidural, la
paciente pierde totalmente la sensibilidad y el tono
muscular de cintura para abajo, razón por la cual no
se usa en partos normales (la mujer no podría
empujar).
Entre los inconvenientes están los
efectos secundarios que pueden aparecer, como
hipotensión y vómitos. La incidencia de cefaleas está
por debajo del 1 por ciento, gracias al uso de unas
agujas muy finas que evitan la salida de líquido
cefalorraquídeo al pinchar en la duramadre.
Antes de ser anestesiada (con
epidural o intradural), la gestante debe someterse a
un estudio que descarte contraindicaciones
(enfermedades cardiovasculares, problemas
neurológicos...)
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Locales |
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Hay dos tipos de anestesias locales
que se aplican, en ocasiones, en la última fase del
parto, el expulsivo.
l. Del
periné.
Se usa para insensibilizar la
región perineal (zona comprendida entre la vagina y el
ano), antes de practicar y/o suturar la episiotomía
(incisión que facilita la salida del bebé y evita
desgarros vaginales). Consiste en una inyección
subcutánea que duerme el periné. Es de efecto
inmediato y dura una hora. |
2. De los
nervios pudendos.
Se recurre a ella para anestesiar la
vagina y el periné, con el fin de aliviar la fase de
expulsión y también para coser la herida de la
episiotomía. Igualmente, está indicada en los partos en
los que hay que utilizar fórceps. Se aplica inyectando un
anestésico en el interior de la vagina, en los tejidos que
rodean los nervios pudendos. Actúa con gran rapidez, dura
entre una y dos horas y carece de efectos secundarios.
Tanto el bloqueo de los nervios
pudendos como la anestesia del periné se utilizan cada vez
menos debido al auge de la anestesia epidural. Los efectos
de ésta hacen innecesario recurrir a otros anestésicos.
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General |
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La anestesia total fue uno de los
primeros métodos que se utilizaron para eliminar el dolor
en el parto. Se aplicaba en nacimientos vaginales,
normalmente en el momento de la expulsión. Hoy en día sólo
se emplea cuando hay que practicar una cesárea o realizar
extracciones de placenta.
Se aplica inyectando un barbitúrico por
vía intravenosa para dormir totalmente a la paciente; a
continuación se la intuba para facilitarle la respiración.
La embarazada debe someterse a un examen previo para
conocer si es alérgica a alguno de los componentes o tiene
algún problema médico que lo desaconseje.
Aunque esta anestesia sí atraviesa la
barrera placentaria, la cantidad de barbitúrico que llega
al feto es muy pequeña y no le perjudica. En la mujer
puede tener efectos secundarios, como la aparición de
vómitos o mareos. El control posoperatorio es necesario,
sobre todo en la fase de reanimación, por si surgen
problemas respiratorios. Media hora después de la
intervención, la paciente ya está totalmente consciente. |

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