Doctrina del Pecado

El pecado es "cualquier transgresión de la ley de Dios" (1 Juan 3:4), ya sea en el estado y el hábito internos del alma, tan bien como en la conducta exterior de la vida, sea por la omisión o la comisión (Rom 6:12-17; 7:5-24; Stgo. 4:17). Es no una violación mera de la ley de nuestra constitución, ni del sistema de cosas, pero de una ofensa contra un legislador personal y del gobernador moral del universo que justifica su ley con penas.

No existe una palabra hebrea que por sí sola pueda exhibir el concepto pleno que el AT tiene del pecado. La palabra más común para pecado es hattát, que significa "extravío, falta, pecado" El uso secular de su forma verbal se ilustra por Jue. 20:16, donde se afirma que la tribu de Benjamín tenía un grupo de guerreros zurdos que "tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban." Otras palabras que se usan a menudo en el AT son, resa, "impiedad, confusión", awón, "iniquidad, perversión, culpa"; pesa, "transgresión, rebelión".

Las palabras principales del NT son, hamartia, "no dar en el blanco"; adikia, "injusticia"; anomía "ilegalidad"; asebeia, "impiedad"; parabasis "transgresión"; paraptóma, "una caída," indicando que se rompe la correcta relación para con Dios; ponéria, "depravación"; epithymia, "deseo, concupiscencia"; apeitheia, "desobediencia."

La enseñanza bíblica

Las Escrituras nos enseñan que todo miembro de la raza humana que haya llegado a la responsabilidad propia es pecador por naturaleza y un transgresor voluntario. Que el pecado es universal se prueba con las siguientes citas de las Sagradas Escrituras: 1. Reyes 8:46, "Porque no hay hombre que no peque" (Sal. 143:2), "No entres en juicio con tu siervo, porque no se justificará delante de ti ningún viviente" (Prov. 20:9), "Quién podrá decir: yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?". (Ecl, 7:20), "Ciertamente que no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien. Y nunca peque". (Rom. 3:10-12), "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno: No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se apartaron a una fueron hechos inútiles: no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno". (Rom. 3:19-20),  Empero ya sabemos, que todo lo que la ley dice, a los que están bajo la ley lo dice; para que toda boca se tape, y que todo el mundo se tenga por reo delante de Dios. Por lo tanto, por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado" (Rom. 3:23), "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" 1. Juan 1:8 "Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros".

Es claro que las Escrituras enseñan la universalidad del pecado. Por ser universal el pecado, se da la necesidad de un salvador quien también sea universal. La misma experiencia y la historia testifican de la universalidad del pecado. No encontramos en ninguna parte del mundo a un pueblo que no tenga ideas de pecado, y por lo tanto encontramos también entre todos los pueblos, ideas de sacrificio y de un sacerdote para aplacar la ira de la divinidad según su idea de él. El Historiador Plutarco habla de los ojos llenos de lágrimas, de las caras pálidas y tristes que él veía junto a los altares públicos, que veía también a los hombres revolcándose en el cieno y haciendo otras cosas semejantes en la confusión de sus pecados.

 Dice que veía también entre la gente evidencias de un sentimiento de culpabilidad que no fue posible quitar ni por burlas ni de otra manera. Un proverbio entre los chinos es; "Hay solamente dos hombres buenos; uno está muerto y el otro todavía no ha nacido". Un misionero de la India dice: Solamente una vez en toda mi experiencia he oído a un hombre negar que fuera pecador. Una vez un Bracmán me interrumpió, y dijo: Yo niego sus Principios. No soy pecador. No tengo necesidad de ser mejor. Por un momento estuve confundido. Entonces dije: "¿Pero qué dicen vuestros vecinos de ti? -Luego uno gritó "Él me defraudó en un trueque de caballos". Otro: "Él defraudó a una viuda de su herencia". El Bracmán salió de la casa y nunca lo vi otra vez. Entre todas las razas y pueblos hay refranes y dichos que implican creencia en la universalidad del pecado como los siguientes: "Todo hombre tiene su lado débil". "No hay ningún hombre que no reciba su paga". En las partes más civilizadas y cristianizadas de la tierra se ven evidencias de esta creencia. Los hombres mantienen su dinero bien encerrado en cajas fuertes, las puertas de sus casas cerradas con chapas, candados, etc. Por todos lados hay evidencias de la falta de confianza en nuestros semejantes. La evidencia de que no amamos al prójimo como a nosotros mismos se ve en la falta de confianza que tenemos en los demás, aun en los de la misma familia. Hay negocios y secretos en los cuales no participan no más de uno o dos de la familia. El testimonio universal es que hay defectos e imperfecciones en todos. Los mejores y más piadosos cristianos son los primeros para testificar que son pecadores. El anciano apóstol Pablo después de haber peleado una larga batalla en contra del pecado dijo que era el primero de los pecadores (1 Tim. 1:15).

Pecado original

La revelación bíblica sobre la naturaleza del pecado se encuentra incrustada en la historia sagrada. En Génesis 3 se atribuye  la caída de Adán y Eva en Edén al pecado. Cinco cosas se pueden establecer de la narración: (1) que Dios no es el autor del pecado, sino que el pecado es propuesto, primero como sugerencia, después abiertamente por la serpiente, cosa que Eva abrazó libremente. Véase Stg. 1:13-15. (2) que el pecado de Eva empezó con la duda en cuanto a la justicia del mandamiento de Dios de no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y el mal; (3) que el acto pecaminoso que resultó de un deseo racionalizado fue uno de directa y voluntaria desobediencia a un mandamiento expreso de Dios; (4) que el primer acto pecaminoso efectuado tanto por Adán como: por Eva, resultó en un sentimiento inmediato de vergüenza de la desnudez y con el intento subsecuente de esconderse de Dios; y (5) que al pecado le sigue la maldición divina sobre la serpiente, la mujer y el hombre, y la expulsión de la comunión con Dios en el Jardín. La pena de la muerte se impone sobre la raza humana que desciende de Adán y Eva (Gn. 4-6).

Esta corrupción moral heredada consiste: (1) De la pérdida de la justicia original; y (2) la presencia de un deseo constante al mal, que es la raíz y el origen de todo el pecado real. Se llama "pecado" (Rom 6:12, 14, 17; 7:5-17), las "obras de la carne" (Gál. 5:17, 24), el "cuerpo del pecado" (Rom 6:6). El pecado influencia y deprava al hombre entero, y su tendencia sigue siendo hacia abajo a una corrupción más profunda y más profunda. Es una depravación total, y también es heredado universalmente por todos los descendientes naturales de Adán (Rom 3:10-23; 5:12-21).

 

El primer pecado sucedió en el cielo.

La gran mayoría de obras de estudios sobre el pecado se quedan satisfechas con trazar el origen del pecado a partir de la caída del hombre en el Edén. Es cierto que el pecado humano comenzó allí; pero, Adán sólo volvió a cometer el pecado que ya había cometido en el cielo un ángel principal, el carácter esencial del pecado debe determinarse, en gran medida, tomando en cuenta el pecado de ese ángel, y no sólo mediante la reproducción que de ese pecado hizo el primer hombre. Hay una prueba convincente de que la Biblia es un libro sobrenatural. Se halla en el hecho de que ella descubre sin vacilación e incertidumbre las condiciones anteriores a la historia humana. Descorre el velo de las edades venideras y penetra en ellas. Su mensaje no se restringe al campo que está comprendido dentro de las observaciones humanas, sino que también trata con respecto a otras partes del universo en la misma forma familiar en que trata lo relativo a la tierra. Entre sus relaciones con respecto a otras esferas y al insondable tiempo pasado, nos ofrece una revelación de lo que parece ser el primer pecado que se cometió en el universo. Nos dice que ese pecado lo cometió en el cielo uno de los ángeles de más elevado rango; y, después de haber causado las más trágicas consecuencias en el ambiente angelical, se le sugirió al hombre de la creación de Dios en el jardín del Edén que también lo llevara a la práctica, y él lo hizo.

En romanos 5:12 se afirma que el "pecado entró en el mundo por un hombre." Así nos revela la verdad de que el hombre no fue el primero que pecó, sino que más bien fue el medio por el cual logró entrada en la tierra aquella forma de pecado que ya había sucedido en el cielo. El enfoque razonable para la comprensión de la verdad con respecto al primer pecado que se cometió en el cielo debe incluir: (a) la primera persona que pecó, y (b) la naturaleza del primer pecado.

a. La primer persona que pecó. El carácter sumamente perverso del primer pecado que se cometió en el universo se determina en gran parte por el carácter y la posición del primer ser que pecó. En la consideración de este ser y de las circunstancias en que pecó no nos presta ninguna ayuda el discernimiento natural del hombre. Es un asunto que corresponde por entero a la revelación. Esta revelación hace diferencias importantes entre el estado del hombre y el estado de los ángeles. Ante estas diferencias notamos que el método divino para establecer una raza de seres sobre la tierra consistió en crear un hombre y una mujer a los cuales Dios les dio instrucciones de que se multiplicaran y llenaran la tierra. En cambio, el método divino para llegar a tener incontables huestes de ángeles consistió en dar un decreto poderoso y creador. Sobre estos seres celestiales que fueron creados mediante ese decreto, Cristo indicó que nunca aumentan mediante procreación, ni disminuyen en número por causa de la muerte. Aunque los ángeles fueron evidentemente creados antes que las cosas materiales, puesto que parece que ellos observaron la obra creadora de Dios, no hay ninguna indicación con respecto al tiempo cuando ocurrió el primer pecado según el orden de los eventos. Se nos revela, sin embargo, la personalidad y la posición del ángel que lo cometió, y también la naturaleza precisa del pecado. Esta revelación se halla en el siguiente pasaje bíblico: "Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad" (Ez. 28:11-15).

El personaje a quien este pasaje distingue con el título de "el rey de Tiro" es evidentemente de carácter angélico, o de un orden sobrenatural. Este hecho se nos revela completamente en el texto citado. Es posible que, en un sentido secundario, el pasaje se dirigió a cierto rey humano, el rey de Tiro; pero, puesto que casi todo lo que se le atribuye a este ser es sobrenatural, tiene que referirse primariamente a un ser de la creación angélica. Y entre los ángeles, esta peculiar descripción sólo puede referirse a uno: a aquel que por causa de este pecado, llegó a ser Satanás.

 De este ser se dice: que era el "sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura", y que él había estado en "Edén", y que se cubría con toda clase de piedras preciosas. Como Satanás realmente apareció en el huerto de Edén, según se nos narra en Génesis (lo cual no hizo nunca el rey de Tiro), si consideramos los detalles que se establecen en el pasaje de Ezequiel, llegamos a la conclusión de que es probable que se refiera a la gloria primitiva del Edén terrenal, antes que la tierra llegara a estar "desordenada y vacía". Continuando esta descripción, Jehová declara que dicho ser angelical fue creado con maravillosa capacidad, y que, según se puede imaginar por la descripción, era como una corona de pura alabanza para el Creador. También se nos dice que pertenecía al orden de los querubines, el cual parece estar encargado de la protección de la santa presencia de Dios (comp. Gn.3:24; Ex. 25:18-2121; 2 S. 6:2). Pero, con respecto a este ángel se nos dice que, como "querubín grande, protector", estaba colocado "en el santo monte de Dios", lo cual de acuerdo con el simbolismo del Antiguo Testamento, se refiere al asiento del gobierno del trono de Dios (comp. Is.6:1). El punto cumbre de este importante pasaje bíblico se ve cuando se hace la declaración de que este ser era perfecto en todos sus caminos, desde el día en que fue creado hasta el día en que se halló en él iniquidad. Así, este pasaje nos descubre el carácter exaltado de este ser celestial y nos indica el hecho de su pecado. El pasaje continúa agregando más luz con respecto al pecado en sí, y al juicio de Dios que tendría que venir sobre él.

La identificación de este ser se puede resumir así: El era el sello de la sabiduría, la perfección y la belleza. Había estado en Edén, el huerto de Dios. Se cubría con piedras preciosas. Los tamboriles y las flautas sonaron ante él desde el día de su creación. El pertenecía al orden de los querubines, y se le dio el cargo de guardián de Dios sobre el monte santo. Se paseaba en medio de las piedras de fuego. Había sido perfecto en todos sus caminos desde el día de su creación. Así se nos describe al más exaltado de todos los seres celestiales creados. Y del mismo modo se nos revela que llegó un día cuando se halló en él iniquidad. El hecho de que esta descripción, hasta donde llega la revelación, no se puede aplicar a ningún otro ser que no sea Satanás, es prueba de que este pasaje se refiere a él.

b. La naturaleza del primer pecado. El profeta Isaías, inspirado por el Espíritu de Dios, nos dice cuál fue la naturaleza de los detalles del pecado de Satanás. Así leemos: "¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré y seré semejante al Altísimo" (Is. 14:12-14).

Aquí tampoco es difícil la identificación. Las palabras se dirigen a uno que lleva el nombre de Lucero, hijo de la mañana. Este título lo relaciona con la más alta jerarquía de ángeles, y su grandeza y poder se nos revelan en el contexto. Allí se nos dice que el "debilitaba a las naciones." Y en el versículo 17 leemos: "que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel" (comp. Is.61:1). El hecho de que este pasaje declara que Lucero ha caído del cielo y que fue cortado por tierra indica que Isaías está contemplando las estupendas realizaciones de este ser al final de su carrera, cuando ocurrirá la completa manifestación del mal que Dios permite. Entonces le vendrá a Satanás el juicio que está previsto y que el no ha experimentado todavía (comp. Lc. 10:18; Ap. 20:7-10).

El pecado que cometió Lucero tiene varios aspectos que se expresan mediante las declaraciones de independencia de Dios. El conjugó todos los verbos de una manera impía en cada una de sus declaraciones: en primera persona de singular y en tiempo futuro, lo cual indica a la vez su egoísmo y sus planes, es decir, sus planes egoístas. Esa afirmación representaba una independencia completamente impropia de las criaturas. En el momento en que una pequeña criatura tenga un pequeño propósito mediante el cual se oponga a Dios o trate de independizarse de El, en ese momento se manifiesta en él la base de toda clase de pecado. Las palabras de Lucero fueron:

"Subiré al cielo; junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono." Esta declaración de Lucero expresa el propósito que tenía de lograr el dominio sobre los ángeles. Es muy poco lo que podemos saber con respecto a todo lo que este propósito de Lucero envolvía o hasta dónde se extendía. Su ambición se ha cumplido hasta cierto punto, según la voluntad permisiva de Dios, pues Satanás es actualmente el jefe del reino de los espíritus malos (Mt. 12:26; 2 Cor. 4:4; Efe. 2:1-2).

"En el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte." algo oscura esta declaración de Lucero. La palabra monte es símbolo del trono de Dios; la palabra testimonio como que hace referencia a la verdad de Dios; la expresión los lados del norte, ha sido interpretada por algunos como la dirección del trono de Dios en el universo.

"Sobre las alturas de las nubes subiré." En esta declaración manifiesta la intención de conseguir algo de la gloria divina, pues nubes simbolizan constantemente esa gloria.

"Seré semejante al Altísimo." Era el supremo propósito de Lucero. Las declaraciones sólo sirvieron para preparar el camino de lo que iba a manifestar. En esta declaración se halla escondida toda la esencia pecado. En ella se descubre la acción separada de Dios y contra Él. De Satanás dijo Cristo que "no ha permanecido en la verdad" (Jn. 8:44), lo cual significa que apartarse de la voluntad de Dios es poner en práctica la mentira.

Lo que Lucero era y lo que pudo haber sido, si hacía la voluntad de Dios fue precisamente aquello en lo cual no permaneció. Lo que inventó Satanás fue la mentira: por tanto, se le reconoce como padre de ella. La mentira estaba oculta en su corazón desde el principio. Los juicios futuros que han de caer sobre el cosmos están predichos en las Escrituras, y también está predicho el fin trágico que le espera a Satanás y a todos sus ángeles. Su destino será el Lago de Fuego. Teniendo todas estas revelaciones en mente, es vano hablar de la posibilidad de que el cosmos se convierta. Sería como hablar de la conversión del diablo. Tanto el cosmos como el diablo tienen que llegar a su fin en la consumación de todas las cosas.

Nunca será exagerada la importancia que le concedamos al primer pecado de Lucero -esa voluntariosa ambición que se manifestó contra Dios y que se proponía lograr el dominio del sistema del cosmos- el cual es la norma de todo pecado. Todos los seres humanos que actúan independientemente y que no se preocupan de cumplir la voluntad de Dios están cometiendo el mismo pecado, y su destino ha de ser el mismo del diablo y de sus ángeles (Ap. 20:10-15). A menos que le echen mano a la gracia salvadora de Dios en Jesucristo.


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Doctrina del Pecado

                     Sección 1

 

Sección1  contiene:
Su significado
El pecado original
El primer pecado

Sección 2 contiene:
Especulaciones humanas
La naturaleza pecadora...
Consecuencias del pecado
El asiento del pecado
Un poco de historia

Sección 3 contiene:
El castigo del pecado
La solución del pecado
La muerte de Cristo...

                     Nota

  ¿Qué es el pecado? La existencia del pecado es un hecho innegable. Nadie puede examinar su propia naturaleza, ni observar la conducta de sus semejantes, sin verse llevado por fuerza a la convicción de que existe el mal del pecado.

La Biblia afirma categóricamente: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús" (Romanos 3:23-24).

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