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ENSEÑANZAS PARA
JÓVENES
Nota del Webmaster: Agradecemos
a nuestro amado hermano
Alfredo Baca
Aguirre
por la aportación de todo el material que a continuación les
presentamos.
INTRODUCCIÓN
Puesto que la vida
espiritual del joven creyente necesita alimentarse y crecer
continuamente a través de la Palabra de Dios, es conveniente
conocer a fondo las escrituras para lograr dicho objetivo.
Debe por lo menos
estudiarse aquella enseñanza básica que sea útil para un sano
desarrollo espiritual.
Por esta razón,
desde hace algunos años atrás, sentí la necesidad de escribir un
manual de estudio para aplicarse en la escuela dominical de los
jóvenes, donde se viera un evangelio “práctico” y como “un
estilo de vida” que conviene llevar.
El estudio bíblico
es importante en todos sus aspectos, ya sea de tipo doctrinal,
teológico, histórico, profético, etc.; sin embargo, también debe
considerarse el público al cual esté dirigido dicho estudio, ya
que el interés del alumno por la Palabra de Dios, dependerá de
la utilidad que se le haga ver al alumno respecto a ella.
Los temas
presentados en este manual han sido preparados con el fin de que
el joven cristiano madure espiritual, emocional, y mentalmente;
de tal manera que, en todos los aspectos de su vida, “esté
enteramente preparado para toda buena obra”.
El Autor
TEMA I: EL
SIGNIFICADO DE SER CRISTIANO
¿Por qué soy
cristiano?
Siempre que se nos
hace esta pregunta respondemos una infinidad de razones; ya sea
que digamos: “soy cristiano porque si no me voy al infierno”, o
“es que el pastor me dijo que pasara al altar y yo pasé”, o
“porque voy a la iglesia todos los domingos y me gusta”.
No hay peores
razones que estas para responder a una pregunta tan importante,
dado que, de la respuesta que demos, dependerá nuestra
salvación.
La respuesta
acertada es que somos cristianos porque Cristo nuestro Señor
hizo un cambio tan radical en nuestra vida, y nos dio una manera
tan diferente de vivir que, lo que mas deseamos es seguirle,
servirle y obedecer su palabra, mostrándole al mundo el poder de
Dios y su misericordia a través de nuestra vida. Esta es la
razón por la cual soy cristiano, es decir, soy un
seguidor de Cristo.
¿Por qué Dios se
interesa en el humano?
La respuesta es
porque somos creación suya, hechos a su semejanza (Gen.
1:26-27), y aun cuando el hombre se apartó de él por voluntad
propia, Dios ha buscado siempre la manera de restaurar al hombre
en su comunión con él.
¿Cómo debe vivir un
cristiano?
Debemos vivir
santamente; lo cual significa dejar de hacer todo aquello que no
sea de alabanza para Dios, que no sea de bendición a otros y que
no nos edifique. (2ª Cor. 7:1)
¿Cómo puedo servir
a Dios y a los demás?
Siendo obedientes a
Dios y siendo bondadosos con el necesitado, es la mejor manera
de servir en todo tiempo, ya que si amamos a Dios, sentiremos
amor por nuestro prójimo, y si somos bondadosos con los demás,
estamos sirviendo a Dios.
¿QUÉ ENEMIGOS TIENE
EL CRISTIANO?
El principal
enemigo es el diablo.
La Biblia nos
alerta de este ser espiritual, y nos dice: “Sed sobrios y velad;
porque vuestro adversario el diablo como león rugiente, anda
buscando a quien devorar”. (1ª Pedro 5:8). Y en otro pasaje:
“Someteos pues a Dios; resistan al diablo y huirá de ustedes”.
(Santiago 4:7).
Los placeres que el
Mundo ofrece.
También la Palabra
habla al respecto: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la
amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera pues, que
quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”.
(Santiago 4:4).
También menciona:
“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta:
Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y
guardarse sin mancha del mundo”. (Santiago 1:26).
Las falsas
doctrinas.
El Señor Jesús
mencionó lo siguiente: “Guardaos de los falsos profetas, que se
visten con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos
rapaces”. (Mateo 7:15).
La desobediencia y
rebeldía a Dios.
Mateo 7:21 dice:
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de
los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en
los cielos”.
La religiosidad.
Jesús se indignó
con la gente religiosa de su época: “¡Ay de vosotros escribas y
fariseos hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos
delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis
entrar a los que están entrando”. (Mateo 23:13).
Nuestra propia
“carne” (atracción por el pecado).
Jesús también nos
dice: “Velad y orad para que no entréis en tentación; el
espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.
(Mateo 26:41).
Cualquier otra cosa
que pretenda apartarnos de Cristo se considera enemigo del
cristiano.
¿CUÁLES “ARMAS”
TIENE EL CRISTIANO?
En primer lugar,
contamos con la protección de aquel que nos puede dar la
victoria a diario en nuestra vida:
“Mas gracias sean
dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor
Jesucristo”. (1ª Cor. 15:57).
El Señor Jesús es
nuestro mejor y principal aliado, ya que a través de él, es como
nos mantenemos de pie cada día bajo el ataque del diablo.
Aparte de tener a
Cristo en nuestra vida, contamos con su Palabra, la Biblia:
“El cielo y la
tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. (Lc. 21:33).
“Porque la Palabra
de Dios es viva y eficaz, y mas cortante que toda espada de dos
filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las
coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las
intenciones del corazón”. (Heb. 4:12).
La obediencia a
Dios es algo ampliamente necesario en la vida del creyente, ya
que es la manera de alejar al diablo de nosotros:
“Someteos pues a
Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. (Stg. 4:7).
La oración, es un
arma muy poderosa para mantenernos de victoria en victoria, ya
que a través de ella, recibimos dirección, revelación y poder de
Dios:
“Velad y orad para
que no entréis en tentación…” (Mt. 26:41).
Finalmente, tenemos
la descripción de las armas que describe el apóstol Pablo en
Efesios 6:10-20 :
“Por lo demás
hermanos míos, fortaleceos en el Señor y en el poder de su
fuerza”. (Efe. 6:10).
Con esta
introducción comienza Pablo la descripción de lo que él
consideraba la armadura de Dios; donde se nos habla del
cinturón, simbolizando la verdad; la coraza, que significa
justicia; el calzado, que nos dice que debemos llevar el
evangelio a los demás; el escudo, que significa la fe; el yelmo
(casco), que es el que protege la cabeza, ya que representa la
salvación; y finalmente tenemos la espada del Espíritu, que
obviamente es la Palabra de Dios.
Todo lo anterior
nos ayuda a mantenernos firmes cuando los enemigos del cristiano
atacan, y nos ayuda a vencerlos en todo tiempo.
¿QUÉ SON LAS
PRUEBAS Y LAS LUCHAS?
El Señor Jesús nos
advierte en Juan 16:33 sobre la aflicción que tendríamos en el
mundo, pero también nos dice que confiemos en él, ya que Jesús
venció al mundo.
Las pruebas que a
veces padecemos, son enviadas por Dios a manera de “examen”, y
esto con el fin de hacernos ver dónde nos falta reforzar la
comunión con Dios para no apartarnos de él. Aun cuando padecemos
mucho en algunas ocasiones debido al periodo de prueba, esta nos
ayuda a acercarnos más a Dios cada día:
“..para que
sometida a prueba vuestra fe, mucho mas preciosa que el oro, el
cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en
alabanza, gloria y honra, cuando sea manifestado Jesucristo…”
(1ª Pedro 1:7).
Las luchas, por
otro lado, vienen de parte del diablo con el único fin de
destruir la obra de Dios:
“Porque no tenemos
lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este
siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones
celestes.
Por tanto, tomad
toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día
malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”. (Efe. 6:12,13).
TEMA II : EL PODER DE
LA ORACIÒN
¿CUÁL ES EL
ALIMENTO DIARIO PARA MANTENERNOS EN EL SEÑOR?
No cabe duda que la
respuesta es:
LA ORACIÓN.
La oración es muy
importante porque es la comunicación del hombre con Dios. Por
medio de esta, el hombre expresa sus sentimientos, emociones,
necesidades y anhelos a Dios, siendo también un medio para
adorarle.
A través de ella se
intercede por los que no conocen a Dios (1ª Tim. 2:1-4).
Nos ayuda en medio
de la aflicción y enfermedad (Stg. 5:13-16).
Tenemos autoridad
sobre cualquier cosa (Stg. 5:17,18).
Obtenemos poder de
Dios (Hch. 4:23-31).
Reconocimiento por
parte de Dios (Hch. 10:1-4).
Obtenemos
revelación (Hch. 11:4-12).
Derramamos nuestro
espíritu a Dios (1º Sam. 1:1-17).
Alabamos a Dios
(1º Sam. 2:1-10).
Confesamos nuestro
pecado ante Dios (Dan. 9:3-5).
Ahora bien, ¿cómo
debo orar?
La Biblia habla de
una manera completa sobre este tema, y nos insta a orar a Dios
de las siguientes maneras:
En confianza (Mt.
7:7-8; Filp. 4:6)
Con sabiduría (Stg.
4:3)
Con temor a Dios (Jn.
9:31)
En el nombre de
Jesús (Jn. 16:24)
Conforme a la
voluntad de Dios (1ª Jn. 5:14)
Sin hipocresía (Mt.
6:5-8)
Con alabanza y
humildad (Mt. 6:9-13)
Con gratitud (Dan.
2:23; 6:10)
Con insistencia
(1ª Tes. 3:10; 5:17)
En santidad (1ª
Tim. 2:8)
Con un propósito
definido (2ª Tes. 3:1; Rom. 15:30,31; Col. 4:3)
Pidiendo bendición
para otros (Ef. 1:16,17; 3:14-19)
En todo tiempo
(Ef. 6:18; Sal. 55:17)
Como pudimos ver en
estas citas (le recomiendo que las busque si no lo hizo), la
oración es más que “palabrerías”, ya que está llena de poder, de
unción, revelación, y bendición para nosotros y para los demás,
incluso aquellos que no conocen a Dios.
EFECTOS DE LA
ORACIÓN.
Mueve el corazón de
Dios.
Mencionaré solo
cuatro casos de los muchos que hay en la palabra de Dios, ya que
son más que suficientes:
1º
Cuando el profeta Jonás desobedeció a Dios, tuvo que pagar la
consecuencia de su acción; esto lo llevó a parar al vientre de
un animal marino en el cual estuvo tres días, y en ese lugar y
en esa condición, Jonás consideró y elevó una oración a Dios de
la siguiente manera:
“Entonces oró Jonás
a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo:
Invoqué en mi
angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y
mi voz oíste.
Me echaste a lo
profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas
tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.
Entonces dije:
desechado soy de delante de tus ojos; mas aun veré tu santo
templo.
Las aguas me
rodearon hasta el alma, me rodeó el abismo; el alga se enredó a
mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; la tierra
echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida
de la sepultura, oh Jehová Dios mío.
Cuando mi alma
desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta
ti en tu santo templo.
Los que siguen
vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con voz
de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La
salvación es de Jehová.
Y mandó Jehová al
pez, y vomitó a Jonás en tierra”. (Jonás 2:1-10).
2º
El tercer rey de Israel, Salomón, hace también una oración con
motivo de la dedicación del templo que él le había construido a
Dios, mencionando lo siguiente:
“Con todo, tú
atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová
Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy
delante de ti; que estén tus ojos abiertos de noche y de día
sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre
estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este
lugar.
Oye, pues, la
oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este
lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los
cielos; escucha y perdona”. (1º Reyes 8:28-30).
3º
Este pasaje habla también de cómo la oración puede mover el
corazón de Dios:
“…si se humillare
mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y
buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos;
entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y
sanaré su tierra”. (2º Cròn. 7:14).
4º
El rey Ezequias experimentó en carne propia el efecto de la
oración que tuvo lugar cuando Dios había determinado quitarle la
vida:
“En aquellos días
Ezequias cayó enfermo de muerte.
Y vino a él el
profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena
tu casa, porque morirás, y no vivirás.
Entonces él volvió
su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo:
Te ruego, oh
Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de
ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que
te agradan. Y lloró Ezequias con gran lloro.
Y antes que Isaías
saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a
Isaías, diciendo: Vuelve, y di a Ezequias, príncipe de mi
pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído
tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al
tercer día subirás a la casa de Jehová.
Y añadiré a tus
días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano
del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor de mi mismo,
y por amor a David mi siervo”. (2º Reyes 20:1-6).
¡Qué
grande es la misericordia de Dios! A través de estas oraciones
la bondad de Dios nuestro Señor y su amor por el hombre se hacen
presentes, no dejando al ser humano en su angustia, sino más
bien, le rescata en medio de la prueba y de la aflicción.
Tiene efectos en el
hombre.
Cuando hacemos una
petición a Dios, no dudando nada, Dios responde de una manera
sorprendente; tal es el caso de Nehemìas en el siguiente pasaje:
“Me dijo el rey:
¿qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al
rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante
de ti, envíame a Judà, a la ciudad de los sepulcros de mis
padres, y la reedificaré.
Además dije al rey:
Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores
al otro lado del rió, para que pueda pasar hasta llegar a Judà;
Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre
mí”.
(Nehemías 2:4-8).
Este pasaje nos
muestra cómo Nehemías puso en oración la petición que iba a
hacerle al rey, ya que pensaba que el rey no le iba a permitir
que fuera tan lejos, y menos a reedificar un templo que la misma
gente del rey había destruido.
Nehemías confiaba
en que la oración tendría efecto sobre el rey…y efectivamente lo
tuvo.
La oración no tan
solo actúa en situaciones presentes, sino también a futuro.
“Mas no ruego
solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí
por la palabra de ellos…” (Jn. 17:20).
En
el texto anterior, Jesús está orando por sus discípulos para que
tuvieran poder, dirección de Dios, y otras bendiciones más; sin
embargo, no tan solo oró por ellos, sino que también por los que
habríamos de creer en él en las siguientes generaciones.
¡Gracias Jesús por haber orado por mí!
¿Responde Dios
siempre a la oración?
En ocasiones Dios
responde “sí” o “no” a nuestras peticiones. A veces, queda en
silencio, y cuando esto último sucede es porque hay pecado en
nuestra vida y eso bloquea nuestra comunión con Dios.
A continuación
veremos algunos pasajes para aclarar lo anterior:
“Y consultó Saúl a
Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim,
ni por profetas”. (1º Sam. 28:6).
Mas adelante, en
este mismo pasaje se menciona:
“Como tú no
obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira
contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy”. (1º Sam.
28:18).
Cuando Saúl
desobedeció a Dios y empezó a apartarse de él, entonces Dios ya
no le siguió dando más instrucciones, por eso menciona la
escritura que Dios guardó silencio y ya no le habló más.
Otro ejemplo de
esto lo encontramos en los escritos de Salomón:
“Entonces me
llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me
hallarán.
Por cuanto
aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová,
ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía…”
(Proverbios
1:28-30).
Los ejemplos
anteriores hablan de cómo Dios en ocasiones permanece en
silencio a causa de nuestro pecado, pero a veces, la negativa es
por otra razón con otro propósito:
“..me fue dado un
aguijón en mi carne…respecto a lo cual tres veces he rogado al
Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia;
porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. (2ª Cor.
12:7-9).
“Y atravesando
Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el
Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a
Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo
permitió”. (Hch. 16:6,7).
A veces creemos que
estamos haciendo o pidiendo lo correcto, y de hecho puede ser
que así sea, sin embargo, aun cuando lo que pidamos sea bueno,
debemos recordar que Dios nos ofrece cosas mejores que
las que le pedimos.
Cuando Dios
responde a la oración, suceden cosas como las siguientes:
“Entonces Josué
habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante
de los hijos de Israel, y dijo: Sol, detente en Gabaòn; y tú,
luna, en el valle de Ajalòn. Y el sol se detuvo y la luna se
paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.
Y no hubo día como
aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la
voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel”.
(Jos. 10:12-14).
Espero que el tema
de la oración haya sido suficientemente claro y de interés para
usted. Espero en Dios que ponga por obra lo que este estudio le
haya dejado.
Recuerde que la
oración es un arma poderosa en cualquier circunstancia.
TEMA III : HUMILDAD
¿Cuál es el
principio para no apartarnos de Dios?
La respuesta
es: La humildad ante Dios y los hombres.
Dentro de los
muchos principios de la Palabra de Dios, tales como de santidad,
amor al prójimo, obediencia, etc., existe también el de
humildad. Este último principio, no es más importante que los
demás, pero sí es ampliamente necesario en la vida de cada
creyente para poder seguir en comunión tanto con Dios, como con
el hombre.
Lo anterior está
probado una y otra vez en las narraciones bíblicas, mostrándonos
la importancia y la repercusión de tener la humildad o la falta
de ella en nuestra vida diaria.
Jesús mismo hace
mención en el siguiente pasaje acerca de este principio:
“Porque cualquiera
que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será
enaltecido”. (Lc. 14:11).
Esta aseveración
tal vez no sea comprensible del todo, por lo tanto, necesitamos
conocer algo más al respecto:
“Ser humilde
significa tener un concepto de sí mismo acorde a la realidad,
sin alterar la autoestima, teniendo en claro los límites que
tenemos como seres humanos y aun como hijos de Dios”.
Veamos lo que dice
el apóstol Pablo en el siguiente pasaje:
“Digo, pues, por la
gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que
no tenga mas alto concepto de sí que el que debe tener, sino que
piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios
repartió a cada uno”. (Rom. 12:3).
Conforme a lo que
acabamos de ver, nos damos cuenta de lo que significa ser
humilde y de la importancia que esto representa. A
continuación, veremos cómo ser humildes ante Dios.
Reconocer la
grandeza de Dios.
El salmo 8:3,4
menciona: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y
las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que
tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo
visites?”.
El salmista
reconoce la bajeza del humano y su insignificancia al comparar
las obras de Dios con él. Declara que el humano no es digno de
ser visitado por Dios, y se hace estas interrogantes mostrando
la humildad del humano ante su creador.
Buscar a Dios en
medio de la aflicción.
“Entonces Josué
rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro
delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los
ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas”. (Jos.
7:6).
No podemos salir
por nuestras propias fuerzas de los problemas que nos afectan,
por lo tanto debemos voltear siempre a Dios buscando su favor.
Venciendo el
orgullo.
“Pero David
respondió a Saúl: ¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia
de mi padre en Israel, para que yo sea yerno del rey?”. (1º Sam.
18:18).
David recibió una
oferta del rey Saúl, la cual era la mano de una de sus hijas y
así convertirse en un príncipe de Israel, sin embargo, David no
se llenó de orgullo ni de vanidad, por el contrario mostró una
humildad genuina y rechazó la oferta.
Siendo obediente.
“Él entonces
descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la
palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de
un niño, y quedó limpio”. (2º reyes 5:14).
Un general sirio
llamado Naamàn estaba enfermo de lepra, y acudió a un profeta de
Israel para ser sanado. El profeta le dijo que se zambullera en
un río el cual estaba “lamoso” y el general se rehusó, sin
embargo sus siervos lo hacen cambiar de parecer y él finalmente
accede. En esta actitud, el general dejó de lado su orgullo y
accedió a lo que el profeta de Dios le decía, practicando así la
humildad a través de la obediencia.
Reconociendo
limitaciones.
“Espera, oh Israel,
en Jehová, desde ahora y para siempre”. (Sal. 138:3).
Alejarse de la
soberbia.
“Ciertamente la
soberbia concebirá contienda...”. (Prov. 13:10).
Ser como niños ante
Dios.
El Señor Jesús en
repetidas ocasiones mencionó a los niños como modelos de vida a
seguir, y esto no significaba que debiéramos tener conductas
infantiles, sino más bien, que viviéramos como viven ellos, es
decir, de una manera inocente ante lo malo, ser totalmente
dependientes a sus padres (en este caso nosotros ante Dios como
nuestro Padre) y sin afanes ni conflictos de ninguna índole.
Veamos lo que dice
Jesús en el siguiente pasaje:
“En aquel tiempo
los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿quién es el mayor en
el reino de los cielos?
Y llamando Jesús a
un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo,
que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el
reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como
este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”. (Mt.
18:1-4).
Queda claro en este
pasaje que la humildad está presente en los niños de una manera
natural, y como dijo Jesús, debemos ser como ellos.
Reconocer el poder
de Dios en nuestra vida.
El apóstol Pablo
reconoció que lo que él era y lo que había logrado, era porque
Dios lo había permitido, y no por sus propios medios.
Al igual que Pablo,
debemos reconocer a Dios como el autor material e intelectual de
todo lo que tenemos, somos y lleguemos a ser.
“Porque yo soy el
más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado
apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.
Pero por la gracia
de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para
conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo,
sino la gracia de Dios conmigo”. (1ª Cor. 15:9,10).
Sirviendo a los
demás desinteresadamente y sin egoísmo.
“Nada hagáis por
contienda o por vanagloria; antes bien con humildad,
estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no
mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por
lo de los otros.
Haya pues en
vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. (Fil.
2:3-5).
El salmo 138:6
menciona:
“Porque Jehová es
excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de
lejos”.
Queda claro
entonces que Dios demanda humildad en nuestro diario vivir, en
cualquier parte en que nos encontremos y bajo cualquier
circunstancia.
Si tú quieres que
Dios atienda tus peticiones, aprende a ser humilde.
¿Es lo mismo
humillarse y ser humillado?
No. Aunque parece
lo mismo existen grandes diferencias al respecto.
La Biblia nos habla
acerca del tema mostrando la respuesta a esta pregunta.
Presentaré algunos
ejemplos de personajes que fueron humillados de
una manera vergonzosa a consecuencia de sus actos, y que de
ningún modo practicaron la humildad. Estos personajes son:
Sansón.
“Y le dijo:
¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su
sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé.
Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él.
Mas los filisteos
le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y
le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel”. (Jue.
16:20,21).
El pueblo de
Israel.
“Traeré, por tanto,
los más perversos de las naciones, los cuales poseerán las casas
de ellos; y haré cesar la soberbia de los poderosos, y sus
santuarios serán profanados”. (Eze. 7:24).
El rey
Nabucodonosor.
“Habló el rey y
dijo: ¿no esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real
con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?
Aun estaba la
palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti
se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y
de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo
será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete
años pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo
tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él
quiere”. (Dan. 4:30-32).
Y los ejemplos
podrían seguir, sin embargo, considero que ha sido bastante
claro el mensaje.
Por otro lado, hubo
otros personajes que decidieron humillarse de una
manera totalmente diferente. Estos fueron enaltecidos cuando se
sometieron a Dios.
Abel.
“Y Abel trajo
también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de
ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y su ofrenda”. (Gen.
4:4).
Noe.
“Pero Noe halló
gracia ante los ojos de Jehová”. (Gen. 6:8).
Abraham.
“ Y dijo: Por mí
mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y
no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te
bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del
cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu
descendencia poseerá las puertas de sus enemigos”. (Gen.
22:16,17).
También aquí la
lista podría continuar, dado que hay muchos otros personajes que
se sometieron a Dios y disfrutaron de los beneficios que esto
traía.
Pues bien, hasta
aquí el tema de la humildad. Espero en Dios que tengamos la
sabiduría para vivir de una manera humilde siempre en nuestra
vida diaria.
No se le olvide los
ejemplos anteriores; usted decide si quiere “ser humillado” por
su pecado, o “humillarse ante Dios” para ser enaltecido por él.
Porque:
“Cualquiera que se
enaltece, será humillado; y el que se humilla, será
enaltecido”. ( Lc. 14:11).
Nota:
Si desea comunicarse con el hermano
Alfredo, hágalo a través de su
correo electrónico.
baca7321@yahoo.com.mx

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