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Israel
LA EDUCACIÓN EN
ISRAEL
Los israelitas proporcionaban una educación completa a sus hijos.
Esta incluía la instrucción religiosa y también el entrenamiento
en las destrezas prácticas que necesitaban para el mundo del
trabajo diario. Por ser ellos un pueblo agricultor solo se les
enseñaba a leer y a escribir a los líderes religiosos.
"Y Jesús crecía en sabiduría y... en gracia con Dios y los
hombres" (Lucas 2:52). Este versículo capta el objetivo del
sistema educativo de los judíos. No sólo se esforzaban en impartir
conocimiento, sino también sabiduría, la que giraba en torno a la
relación del individuo con Dios.
En el antiguo Israel, la educación era un proceso informal. Los
padres se encargaban de la mayor parte de la enseñanza. No había
ni aulas ni programa de estudio sistemático. Ya en tiempos del
Antiguo Testamento, los judíos habían adoptado un enfoque más
formal de la educación. habilitaban salones para clases y
capacitaban a maestros para que instruyeran a todos los niños de
la aldea.
El modelo de la enseñanza.
A
fin de entender la función del maestro judío, primero tenemos que
considerar al Maestro divino a quien el maestro tomaba como
modelo. La escritura se refiere a Dios, como el Maestro que dice a
sus alumnos: "Este es el camino, andad por él; y no echéis a la
mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda" (Isaías
30:20,21). Dios conoce y entiende las necesidades de sus alumnos;
El está plenamente versado en la materia; El es el ejemplo
perfecto e infalible de ellos. El maestro judío tenía su ejemplo
ante él al ir a su trabajo.
Sabemos que Dios utilizó a hombres para que enseñaran la ley a la
nación de Israel. Estos hombres no sólo eran maestros, sino
también ejemplos de santidad: hombres como Moisés; sacerdotes y
profetas como Elías. Sus discípulos eran los adultos de la nación
de Israel, quienes eran responsables de transmitir el conocimiento
a sus hijos.
B. La responsabilidad de los padres.
La educación religiosa de los hijos era responsabilidad de los
padres (Deuteronomio 11:19,;32:46). No se hacía excepción con los
padres que pensaran que estaban tan ocupados como para no poder
enseñar.
Aun cuando los hijos llegaran a ser mayores y contrajeren
matrimonio, la responsabilidad de los padres no terminaba; también
tendrían una parte importante en la educación de los nietos
(Deuteronomio 4:9). De hecho, con frecuencia vivían todos en la
misma casa.
El padre israelita era, en última instancia, el responsable de la
educación de sus hijos; aun cuando las madres también jugaran un
papel decisivo, especialmente hasta que el niño llegaba a la edad
de cinco años. Durante esos años de formación se esperaba que ella
modelara el futuro de sus hijos e hijas.
Cuando el varón llegaba a tener suficiente edad para ir a trabajar
con su padre, éste se convertía en su principal maestro, aunque la
madre continuaba participando en la responsabilidad de la
enseñanza (ver Proverbios 1:8,9;6:20). La madre asumía la
responsabilidad principal con respecto a la enseñanza de sus
hijas; les enseñaba las destrezas que necesitarían para llegar a
ser buenas esposas y madres.
Si alguna otra persona que no fuera el padre tenía que asumir la
responsabilidad de enseñar al muchacho, entonces era considerado
como su "padre". En generaciones posteriores, al individuo a quien
se le asignaba específicamente la tarea de enseñar lo llamaban
"padre" y él se refería a sus alumnos como "mis hijos".
La mayor preocupación de los padres judíos era la de que sus hijos
llegaran a conocer al Dios viviente. En hebreo, el verbo conocer
significa "estar íntimamente comprometido" con una persona. La
Escritura declaraba que la reverencia o "el temor de Jehová es el
principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la
inteligencia" (Proverbios 9:10). Los padres piadosos ayudaban a
sus hijos a que desarrollaran esta clase de conocimiento de Dios.
Desde la primera parte de la niñez, el jovencito aprendía la
historia de Israel. En la primera niñez probablemente aprendía de
memoria una declaración de fe, y la recitaba por lo menos una vez
al año cuando se daba la ofrenda de las primicias. El credo
reducía las narración de la historia de Israel a una forma
sencilla que era fácil de aprender de memoria.
"Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a
Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a
ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos
maltrataron y nos afligieron y pusieron sobre nosotros dura
servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y
Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y
nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con
brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros;
y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye
leche y miel. Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto
de la tierra que me diste, oh Jehová" (Deuteronomio 26:5-10).
Así los hijos aprendían que la nación de Israel había entrado en
un pacto con Dios. Este pacto establecía ciertas restricciones
para ellos. Ellos no estaban libres para buscar lo que ellos
mismos desearan, sino que tenían una responsabilidad para con Dios
por cuanto El los había redimido. Se les enseñaba con diligencia
los principios que Dios les había dado.
Jesús resumió la esencia y la intención de esta leyes cuando
declaró: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda
tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande
mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a
ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los
profetas" (Mateo 22:37-40).
Probablemente no había escuelas formales en los tiempos del
Antiguo Testamento. La mayor parte del aprendizaje tenía lugar en
la vida diaria. En la medida en que se presentaran oportunidades a
través del día, los padres instruían a sus hijos.
Un hijo podía preguntar: "Papá; qué son esas piedras que están
amontonadas ahí? qué significan? (ver Josué 4:21). El padre
entonces tomaría tiempo para explicarle el trasfondo religioso y
lo que ese monumento significaba.
Se necesitaba toda la vida para completar la educación de un hijo.
La familia judía tomaba en serio las instrucciones del Señor: "Y
estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y
las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa,
y andando por el camino, y l acostarte, y cuando te levantes"
(Deuteronomio 6:6,7). [La declaración: "Las repetirás a tus
hijos", en la Versión Autorizada -inglés- se tradujo: "las
enseñarás diligentemente".] Las palabras "enseñar diligentemente",
vienen de un término hebreo que generalmente se refería a sacarle
punta a un instrumento, o afilar un cuchillo. Lo que la piedra de
afilar es para la hoja de cuchillo, eso es la enseñanza para el
niño. La educación preparaba a los hijos para llegar a ser
miembros útiles y productivos de la sociedad.
Las escuelas de las sinagogas.
No estamos seguros en cuanto al tiempo en que se establecieron por
primera vez las escuelas de las sinagogas. Algunos creen que esta
práctica data del tiempo del exilio en Babilonia.
Independientemente de cuándo haya comenzado, en los tiempos del
Nuevo Testamento la escuela de la sinagoga era una parte vital de
la vida judía.
Cada día de reposo, los judíos se reunían fielmente en la sinagoga
para oír a su rabino leer las Escrituras y explicar la ley. Esta
actividad inspiró a los musulmanes para que les dieran a los
judíos el apodo de "el pueblo del Libro". :a sinagoga patrocinaba
clases especiales fuera del tiempo regularmente dedicado a la
adoración. Durante la semana, los muchachos varones acudían a
estas clases para estudiar las Escrituras bajo la dirección de
maestros capacitados. Estas clases complementaban la educación
religiosa que los muchachos estaban recibiendo de sus padres.
Los padres judíos se interesaban mucho más por el carácter del
maestro que por su capacidad para enseñar. Naturalmente, exigían
que fuera competente en su profesión; pero se interesaban más en
que él fuera un ejemplo apropiado para sus hijos. Los escritos
judíos del Nuevo Testamento nos ofrecen una lista parcial de las
características de un maestro. No debía ser perezoso. Tenía que
ser de un temperamento equilibrado. Nunca debía mostrar
parcialidad. Jamás debía mostrarse impaciente. Nunca debía
comprometer su dignidad habiendo bromas. Nunca debía desanimar a
un niño. Tenía que demostrar que el pecado es repulsivo. Tenía que
castigar el mal comportamiento. Tenía que cumplir todas sus
promesas.
Además de leer las Escrituras, a los muchachos judíos se les
enseñaba etiqueta, música, arte militar, y otros conocimientos
prácticos. Leemos que se decía de David: "...sabe tocar, y es
valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras,
y hermoso, y Jehová está con él" (1 Samuel 16:18). Según este
informe, podemos decir que David tenia una educación completa,
como la tenía la mayoría de los muchachos judíos.
En los tiempos del Antiguo Testamento, las escuelas judías exigían
que cada alumno dominara varios pasajes claves de la Escritura. De
primordial importancia era el Shema, que era otra declaración de
fe de los judíos (Deuteronomio 6:4,5). Le seguían en importancia
Deuteronomio 11:13-21 y Números 15:37-41. Al alumno también se le
exigía que aprendiera el Hallel (alabanza), que era el contenido
de los Salmos 113-118, así como también la historia de la creación
(Génesis 1-5) y las leyes de los sacrificios (Levítico 1-8). Si
algún niño era excepcionalmente brillante, examinaría más del
libro de Levítico.
Sólo los varones recibían educación formal fuera del hogar.
Comenzaban reuniéndose en casa del maestro, donde leían rollos que
contenían pequeñas porciones de las Escrituras, como el Shema.
Esta era la escuela primaria de aquel tiempo.
Cuando los muchachos tenían suficiente edad para aprender las
lecciones sabáticas, se reunían en la "casa del Libro", es decir,
en la sinagoga. Allí entraban en la sala donde se guardaban los
rollos de la Torá y preparaban sus lecciones bajo la supervisión
del Hazzan, el custodio de los rollos.
Posteriormente se les permitía discutir con los maestros
farisaicos preguntas relacionadas con la ley. Estas discusiones
constituían el nivel secundario de la educación judía.
En los tiempos del Nuevo Testamento, la escuela tenía actividades
todo el año. Durante los meses calurosos del verano los muchachos
iban a la escuela sólo cuatro horas al día. Si era un día
excepcionalmente caluroso la escuela podía estar cerrada del todo.
Las horas de clases eran antes del 10:00 A.M. y después de las
3:00 P.M. Se tenía un receso de cinco horas correspondientes a la
porción más calurosa del día.
El aula tenía una parte levantada en forma de plataforma donde se
sentaba el maestro con las piernas cruzadas. Delante de él, en un
atril bajo, había rollos que contenían pasajes seleccionados del
Antiguo Testamento. No había libros de texto. Los alumnos se
sentaban en el suelo, a los pies del maestro (Hechos 22:3).
Las clases no estaban separadas por edades; todos los alumnos
estaban juntos en la misma aula. Por esta razón, la instrucción de
ellos tenía que ser muy individualizada. El maestro copiaba un
versículo para los alumnos más jóvenes, y ellos lo recitaban en
lata voz, hasta dominarlo. Mientras tanto, el maestro ayudaba a
los mayores a leer un pasaje de Levítico. El ruido probablemente
nos habría distraído mucho a nosotros, pero los muchachos
israelitas pronto se acostumbraban a él. Los sabios creían que si
el versículo no se repetía en alta voz pronto se olvidaría.
D. Preparación vocacional.
Los muchachos deben de haberse emocionado al acompañar a sus
padres a los campos a trabajar, o al mercado a comprar y vender.
Los muchachos observaban detenidamente la forma de proceder de sus
padres mientras estos plantaban, podaban y cosechaban. A veces se
les permitía que emprendieran una tarea difícil,, lo que haría que
aumentara su entusiasmo. Se le habría un nuevo mundo al muchacho
cuando tenía suficiente edad para acompañar a su padre.
Pero el trabajo era monótono y agotador. Al crecer el muchacho
también crecían sus responsabilidades. Se esperaba que el muchacho
al cabo de poco tiempo trabajara el día entero sin parar, a no ser
para un breve descanso.
Los hombres alentaban a sus hijos a que trabajaran arduamente. Los
amonestaban con la Escritura: Proverbios 6:9-11 decía: "Perezoso,
hasta cuándo has de dormir? Cuándo te levantarás de tu sueño? Un
poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar un poco las manos
para reposo; Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza
como hombre armado."
Para
sobrevivir, la familia tenía que trabajar duro.
Los israelitas creían que una vida indisciplinada no prepararía al
joven para arreglárselas con lo que tendría que enfrentarse. Les
enseñaban a sus hijos el significado de la responsabilidad al
comienzo de su vida, de tal modo que cuando los jóvenes llegaran a
la vida adulta pudieran con confianza hacer frente a sus demandas.
Si un hijo crecía de manera irresponsable, no sólo se avergonzaría
él mismo, sino que traería vergüenza a su familia. Uno de los
sabios señaló: "La vara y la corrección dan sabiduría; mas el
muchacho consentido avergonzará a su madre" (Proverbios 29:15).
Por se Israel una sociedad agrícola, gran parte de la sabiduría
práctica que transmitía el padre al hijo giraba en torno a la
labranza. Esto incluía lecciones sobre la preparación del suelo
para la siembra, y acerca del cultivo de las varias cosechas; y
también sobre la manera de recoger la cosecha y de almacenar la
abundancia. Los hijos aprendían estas cosas trabajando junto a sus
padres durante su juventud. Aun cuando el pueblo judío comenzara a
buscar ocupaciones aparte de la labranza, eran todavía un "pueblo
de la tierra".
Al padre también le correspondía la responsabilidad de enseñar a
sus hijos un arte u oficio. Por ejemplo, si el padre era alfarero,
enseñaba ese arte a sus hijos. Uno de los sabios judíos afirmo que
"el que no enseña a su hijo un oficio útil, lo está criando para
que sea un ladrón."
Mientras los chicos aprendían oficios, las chicas aprendían a
cocinar, a hilar y a tejer bajo los vigilantes ojos de sus madres
(Éxodo 35:25,26; 2 Samuel 13:18). Si no había varones en la
familia, se les podía exigir a las hijas que aprendieran el
trabajo del padre (Génesis 29:6; Éxodo 2:16).
LA POSICIÓN LA MUJER EN ISRAEL
La posición legal de la mujer en Israel era más débil que la del
hombre. Por ejemplo:
-
El marido podía divorciarse de su mujer si hallaba "en ella alguna
cosa indecente", pero a la esposa no le estaba permitido
divorciarse de su marido por ninguna razón (Deuteronomio 24:1-4).
-
La ley decía que aquella esposa de la que se sospechara que había
tenido relaciones íntimas con otro hombre tenía que someterse a
una prueba de celos (Números 5:11-31). Sin embargo, aquel hombre
del que se sospechara que había sido infiel con otra mujer, no
pasaba por prueba alguna.
-
La ley también decía que el hombre podía hacer un voto religioso,
y era obligatorio para él (Números 30:1-15); pero si una mujer
hacía un voto, su padre podía anular, o si era casada, su esposo.
-
El padre de una mujer podía venderla para pagar una deuda (Éxodo
21:7); y no se la podía liberar después de seis años, como el
hombre (Levítico 25:40). Encontramos en la Palabra al menos dos
casos de padres que ofrecieron sacar sus hijas para que una turba
abusara sexualmente de ellas (Génesis 19:8; Jueces 19:24).
No obstante, algunas leyes sugerían que los hombres y las mujeres
debían ser tratados como iguales.
Por ejemplo:
-
Los hijos debían tratar a ambos padres con igual respeto y
reverencia (Éxodo 20:12).
-
El hijo que desobedeciera o maldijera a cualquiera de sus padres,
debería recibir un castigo (Deuteronomio 21:18-21).
-
Si se atrapaba a un hombre y una mujer en el acto de adulterio,
los dos tenían que morir por lapidación (Deuteronomio 22:22). (Un
interesante aspecto a notar en este caso es que, cuando los
fariseos le llevaron a Jesús una mujer adúltera y querían
apedrearla, ya habían quebrantado la ley, pues habían permitido
que el hombre escapara Juan 8:3-11.)
Otras leyes hebreas protegían a la mujer:
-
Si un hombre tomaba una segunda esposa, aun estaba obligado por
ley a alimentar y vestir a la primera, y a continuar sus
relaciones sexuales con ella (Éxodo 21:10).
-
Aun la mujer extranjera capturada durante la guerra y tomada como
esposa tenía algunos derechos: si el marido se cansaba de ella,
debía dejarla en libertad (Deuteronomio 21:14).
-
Todo hombre a quien se le probara que era culpable del delito de
violación debía morir apedreado (Deuteronomio 22:23-27).
-
Por lo general, sólo los hombres tenían propiedades. No obstante,
cuando los padres no tenían hijos varones, sus hijas podían
recibir la herencia. Tenían que casarse dentro del clan para
retenerla (Números 27:8-11).
-
Puesto que Israel era una sociedad dominada por hombres, algunas
veces se pasaban por alto los derechos de las mujeres . Jesús
habló acerca de una viuda que tuvo que importunar a un juez porque
no quería apartar tiempo para oír la opinión de ella sobre un
caso. Como no quería que lo siguiera molestando, terminó por
concederle lo que ella deseaba (Lucas 18:1-8). Como ocurre con
muchos de los relatos de Jesús, esto fue algo que pudo haber
sucedido en realidad, y tal vez lo fue.
-
A pesar de esto, a las viudas también se les daba algunos
privilegios especiales. Por ejemplo, se les permitía espigar en
los campos después de la cosecha (Deuteronomio 24:19-22),
-
Participaban del diezmo del tercer año junto con los levitas
(Deuteronomio 26:12).
Así que, a pesar de que su marco jurídico era más débil, las
mujeres disfrutaban en realidad de algunos derechos especiales
dentro de la sociedad hebrea.
La mujer y su participación en la práctica religiosa.
A
las mujeres se las consideraba como miembros de la "familia de la
fe". Como tales, podían entrar en la mayoría de los lugares de
culto.
La ley ordenaba que todos los hombres comparecieran delante del
Señor tres veces al año. Es evidente que las mujeres iban con
ellos en algunas ocasiones (Deuteronomio 29:10; Nehemías 8:2; Joel
2:16), aunque no se les exigía que fueran. Tal vez no se les
exigía esto causa de los importantes deberes que ellas cumplían
como esposas y madres. Por ejemplo, Ana fue a Silo con su esposo,
y le pidió al Señor un hijo varón (1 Samuel 1:3-5). Más tarde,
cuando nació el hijo, ella le dijo a su esposo: "Yo no subiré
hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea
presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre"
(versículos 21,22).
Como cabeza de la familia, el marido o padre presentaba los
sacrificios y ofrendas a favor de toda la familia (Levítico 12),
pero la esposa también podía estar presente. Las mujeres asistían
a la fiesta de los tabernáculos (Deuteronomio 16:14), a la fiesta
anual solemne de Jehová (Jueces 21:19-21), y al festival de la
luna nueva (2 Reyes 4:23).
Había un sacrificio que sólo las mujeres le ofrecían al Señor,
después de dar a luz un hijo: "Cuando los días de su purificación
fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año
para holocausto, y un palomino o un tórtola para expiación, a la
puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote" (Levítico 126).
En los tiempos del Nuevo Testamento, las mujeres judías habían
abandonado sus actividades en el culto del templo y de la
sinagoga. Había un lugar especial junto al templo que se conocía
con el nombre de "atrio de las mujeres", y no se les permitía
penetrar en el patio interior. Ciertas fuentes extra bíblicas nos
dicen que a las mujeres no se les permitía leer ni hablar en la
sinagoga, pero podían sentarse a oír en la sección especial para
mujeres. Es posible que se les permitiera entrar sólo en las
sinagogas que funcionaban según principios helenistas.
En la iglesia cristiana primitiva se desarrolla una situación
diferente. Lucas 8:1-3 señala que Jesús aceptó a algunas mujeres
como acompañantes en sus viajes. También animó a Marta y María
para que se sentaran a sus pies como discípulas (Lc.10:38-42). El
respeto de Jesús hacia la mujer fue algo sorprendentemente nuevo.
Después de la ascensión de Jesús, varias mujeres se reunieron con
los demás discípulos en el aposento alto para oras. Aunque las
Escrituras no lo dicen de manera específica es probable que estas
mujeres oraran en voz alta y en público. Había hombres y mujeres
reunidos en el hogar de la madre de Juan Marcos, para pedir en
oración que Pedro fuera libertado (Hch.12:1-17), y en la iglesia
de Corinto miraban hombres y mujeres (I Co.11:2-16). Esa fue la
razón por la cual el apóstol Pablo les indicó la manera de orar en
público, tanto a hombres como a mujeres.
Esta libertad para las mujeres era tan nueva, que causó alguno
problemas dentro de la iglesia. Por esto Pablo les señalo a las
congregaciones algunos principios que limitaban el papel de la
mujer: "vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no
les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también l
ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus
maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la
congregación"(I Co.14:34,35).
En otra epístola, Pablo escribió: "La mujer aprenda en silencio,
con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar ni ejercer
dominio sobre el hombre, sino estar en silencio"(I Ti. 2:11,12).
Varían las opiniones en cuanto a que fue lo que impulsó a Pablo a
escribir estas cosas, y hasta que punto constituyen una norma para
los cristianos de hoy. Sin embargo, hay algo seguro, y es que
estaba corrigiendo un tipo de conducta que se consideraba
desordenado en sus días.
En la Biblia aparecen varias mujeres que fueron famosas por su fe:
-
Sara y Rahab.
-
Ana es un piadoso ejemplo de la madre israelita: oró creyó que
Dios oía sus oraciones y cumplió la promesa que le había hecho.
-
María, la madre de Jesús, también fue una mujer tremenda, muy
valiente, buena y llena de Dios. En realidad, es muy probable que
haya recordado el ejemplo de Ana, pues su cántico de alabanza a
Dios (Lc.1:46-55) es muy parecido al de ell (1S. 2:1-10).
-
El apóstol Pablo le recuerda a Timoteo la fidelidad de la madre y
la abuela de este (2Tm.1:5).
Sin embargo, no todas las mujeres de los tiempos bíblicos fueron
leales a Dios. Según la colección de escritos judíos conocida con
el nombre de "Talmud", algunas mujeres eran "propensas a la
brujería" (Joma 83b) y al ocultismo. El Talmud también alega que:
"la mayoría de las mujeres están inclinadas a la brujería"
(Sanedrín 67a). Algunos rabinos creían que esta era la razón por
la cual Dios le dijo a Moisés: "A la hechicera no dejarás que
viva" (Ex. 22:18).
Para ser justos, hemos de reconocer que las escrituras no indican
que las mujeres estuvieran más interesadas en el ocultismo que los
hombres. Varias referencias bíblicas a mujeres metidas en el
ocultismo (por ejemplo, 2R. 23:7; Ez. 8:14, Os.4:13,14 señalan
claramente que había hombres involucrados también. De las cuatro
veces que se menciona la hechicería en el libro de Hechos, sólo en
una ocasión se vio implicada una mujer (Hch. 98:9-24; 13:4-12;
16:16-18; 19:13-16.
LA ESTRUCTURA DE LAS SINAGOGAS LOCALES EN
EL TIEMPO DE YESHÚA
Por Rabí Dan ben Avraham
"Siguiendo las fuentes históricas de que disponemos, la estructura
de las sinagogas locales consistió de los "principales de la
sinagoga" que podría definirse como Oficiales. Tres de éstos
líderes formaban un tribunal para atender los asuntos de la
sinagoga relacionados con la administración del dinero, casos de
robo, inmoralidad, admisión de prosélitos, imposición de manos y
otras muchas responsabilidades.
Estos hombres eran conocidos como los "oficiales de la sinagoga"
porque eran los responsables del cuidado de los asuntos internos
(Mr. 5:22; Luc. 8:41).
Esta práctica estuvo en uso incluso en la congregación de Corinto,
bajo la dirección de Pablo, donde él habló de la "corte" dentro de
la congregación (1 Cor. 6:1-6).
Revisando cuidadosamente todas las fuentes históricas de que
disponemos, la estructura de una Sinagoga Mesiánica fue dirigida
por los siguientes líderes:
El "shaliaj". De aquí viene el término "apóstol" uno que es
enviado con autoridad para establecer la sana doctrina mesiánica
en las congregaciones y presentar las buenas nuevas del reino
mesiánico en otras regiones y culturas y establecer nuevas
congregaciones.
El "nasí" (Dirigente), era el administrador de la Sinagoga y
sabemos que Santiago, el medio hermano de Jesús, fue el "nasí" de
la Congregación Original en Jerusalem. Documentos antiguos tales
como la Didajé sugieren que las iglesias en Asia Menor y Grecia,
trataron a la de Jerusalem con la misma autoridad como las
sinagogas trataban al Sanedrín.
También existía el "rabí" que era el profeta cuya función
principal era traer consolación al pueblo por medio de la
predicación de la Torá para exhortar y edificar a los miembros. El
"rabí" no es un don, es una ordenación. El don es el de "profeta".
Los "rabinos" son los egresados de las escuelas de los profetas
que han recibido la ordenación de otro profeta previamente
ordenado.
Existía en adición el "maguid", un evangelista que tenía la
habilidad de presentar con mucho éxito el testimonio de Yeshúa en
la comunidad local y en otras comunidades.
También estaba el "batlán", el maestro, versado en la Escritura,
cuya responsabilidad era esclarecer la enseñanza entre los santos.
Por cada congregación de 120 miembros, había tres batlanim. Es
decir, un maestro por cada 40 miembros para enseñarles la Torá. El
maestro era una posición permanente dentro de la congregación
(Hechos 13:1).
La Sinagoga tenía también un ministro público, llamado el "jazán"
quien dirigía el servicio público y otros deberes
congregacionales. El no leía la Torá, pero estaba junto al lector,
observando y mirando que todo se hiciera correctamente.
Seleccionaba siete lectores cada semana quienes eran bien letrados
en la lectura del hebreo. El grupo consistía de un sacerdote, un
levita y cinco israelitas (Luc.4:16).
Había también hombres llamados "parnasim" que atendían a los
pobres y el resto del trabajo social dentro de la comunidad. De
aquí viene el término "diáconos" en griego, para hablar de los
"parnasim" los trabajadores sociales dentro de la comunidad
mesiánica. Era una posición de trabajo permanente.
También estaba el "zakén", una palabra que significa "anciano", no
en el sentido de la edad, sino en el sentido de madurez. El
"zakén" prestaba asesoría legal y consejería. Para ocupar esta
posición, debía tener mínimo 40 años de edad. En ausencia del
rabí, del pastor, del maestro o de algún otro líder oficial, el
"zakén" era el encargado de administrar y dirigir la congregación
(Hechos 14:23). Cuando estaban presentes los líderes, el "zakén"
era parte de ese liderazgo ayudando al resto del equipo en la
congregación local.
Existía también el "meturguemán" (intérprete) que traducía a la
lengua franca de la época, lo que se enseñaba en hebreo. En
ocasiones, un mismo líder ocupaba diferentes posiciones,
dependiendo de los dones dados por el Señor".
EL JUDAÍSMO EN LA ÉPOCA DE JESÚS
La diversidad fue, tal vez, la característica más sobresaliente
del judaísmo palestino de la época de Jesús. El historiador judío
Flavio Josefo distinguía a finales del siglo I d.C. cuatro
componentes mayores (cuatro sectas, gr. hairesis) en el ambiente
religioso: fariseos, saduceos, esenios y zelotes. Indicaba también
otros grupos de menor importancia.
Fariseos.
Para Josefo, los fariseos constituían el grupo con mayor autoridad
entre el pueblo a causa de su exacta interpretación de la Ley y de
sus tradiciones propias, a las que atribuían una gran autoridad y
a las que se mantenían fieles. Su origen se encontraba entre los
hassidim (hebr. piadosos) que, encabezados por Judas Macabeo,
habían resistido con valentía la dominación helenista que en el
siglo II aC. pretendía destruir la identidad cultural y religiosa
judía (cf. 2 Mac 14,6). Muchos mártires habían ofrecido sus vidas
antes que quebrantar las tradiciones paternas. Los sucesores de
Judas Macabeo terminaron pactando con el helenismo y usurparon
tanto la realeza como el sacerdocio (pues no pertenecían ni al
linaje davídico ni al linaje sacerdotal). Los fariseos negaron la
legitimidad de estos reyes-sumos sacerdotes y lograron que la masa
del pueblo se adhiriera a ellos en contra del rey Alejandro
Janneo. Éste logró imponerse después de seis años de guerra civil
y a costa de un baño de sangre. Y la misma valentía habían
demostrado al enfrentarse al sanguinario Herodes. Se habían negado
unánimemente a prestarle juramento de fidelidad, y, sin embargo,
no los castigó (Josefo, Antig. XV, 10,4).
Habían surgido de entre el laicado popular y eran el partido del
pueblo. Sin embargo, despreciaban la ignorancia religiosa del
pueblo, al que llamaban 'amme ha arets: las gentes del país. No
eran por origen ni sacerdotes ni hombres ricos. Eran, más bien,
pequeños comerciantes que vivían de su trabajo. Representaban
siempre a la masa frente a la aristocracia y su piedad era muy
estimada: la gente los saludaba en las plazas y llamaba
respetuosamente Rabí a los más instruidos de entre ellos (Mt
23:7). Tenían conquistado crédito ante el pueblo y todas las cosas
divinas, las oraciones y las ofrendas de sacrificios se cumplían
según su interpretación. Las ciudades habían rendido homenaje a
tantas virtudes, aplicándose a lo hay de más perfecto en ellos
tanto en la práctica como en la doctrina (cf. Josefo, Antigüedades
XVIII, 11-25).
Habrá cierta coincidencia entre su doctrina y la de los discípulos
de Jesús, especialmente respecto al tema de la resurrección: Pablo
se defendería ante el Sanedrín como fariseo, hijo de fariseos; por
enseñar la resurrección de los muertos (Hch 23:6).
Los fariseos daban gran importancia a la Ley Oral, recibida
también por Moisés en el Sinaí y transmitida a lo largo de los
siglos de maestro a maestro. Estimaban tanto la Escritura como la
Tradición, hasta llegar a preferir ésta última, pues explicaba la
Ley escrita. Gracias a la Tradición de los Padres existía una
separación entre Israel y las naciones del mundo. Gracias a la
enseñanza de los rabinos se conservaba la Tradición y la Torá no
era manipulada por las interpretaciones desviadas de los gentiles.
Jesús va a cuestionar a los fariseos el haber anulado la Palabra
de Dios por seguir sus tradiciones (Mt 15:6).
Saduceos. Josefo situaba la aparición de los saduceos junto
con la de los fariseos, en el siglo II a.C. Los presentaba
relacionados con las familias pudientes y sacerdotales ya desde la
época macabea, sin ser seguidos por el pueblo. Eran fieles a los
reyes asmoneos y benévolos con el helenismo. Aparecían como un
grupo organizado bajo el rey judío Hircano I (135-104) y ejercían
su dominio mediante el Sanedrín y el Sumo Sacerdote.
Los saduceos no creían en la resurrección, y en esto se
diferenciaban de los fariseos. Estaban convencidos de que las
almas se desvanecen al mismo tiempo que los cuerpos y no se
preocupaba de observar ninguna otra cosa más que las leyes. Sin
esperanza de resurrección y juicio, sólo debían preocuparse de su
bienestar temporal. La retribución divina no era futura y
ultraterrena, sino inmediata y material: ellos tenían riquezas, y
eso era una prueba de que Dios los bendecía porque ellos eran
justos. Esta doctrina había penetrado solamente en unas pocas
personas, que por cierto eran las primeras en dignidad. No tenían,
por así decirlo, ninguna acción. Porque cuando llegaban al cargo,
a pesar de ello y por necesidad, concedían todo lo que decían los
fariseos, por no hacerse insoportables al pueblo (cf. Josefo,
Antigüedades XVIII, 11-25).
El enfrentamiento con los fariseos también estaba en la concepción
de la Ley. Los saduceos estaban muy apegados al Pentateuco (los
cinco primeros libros de la Biblia), tenían sus reservas frente a
los libros de los profetas, y prescindían de los demás escritos de
la Biblia. No aprobaban la Tradición Oral que promovían los
fariseos. Éstos habían introducido prácticas recibidas de los
antepasados, pero que no se encuentran en las leyes de Moisés; por
esto las rechazaban los saduceos, quienes afirman que deben
observarse únicamente las leyes escritas, no las que han sido
transmitidas por la tradición. Sobre el particular se produjeron
graves discusiones: los ricos se inclinaban por los saduceos,
mientras que los fariseos contaban con la simpatía de la multitud
(Josefo, Antigüedades XIII,10,5-6).
Jesús, al discutir con ellos sobre la resurrección, los acusaba de
estar en un error, por no comprender las Escrituras ni el poder de
Dios (Mt 22:29). Los saduceos fueron los principales opositores de
los apóstoles, molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban en
la persona de Jesús la resurrección de los muertos (Hch 4:2).
Esenios. El grupo de los esenios no aparece mencionado en
el Nuevo Testamento, pero Josefo atestigua que existían ya a
mediados del siglo II a.C. y en el siglo I d.C., cifrando su
número en unos 4000. Plinio el Viejo escribió que al oeste del Mar
Muerto, a cierta distancia de la costa, vivían los esenios: Pueblo
solitario, el más extraordinario que exista; sin mujeres, sin
hijos, sin dinero, viven en la soledad del desierto. Pero se
renuevan continuamente, y los adeptos les llegan en masa... (Cf
Historia Natural V,72).
La literatura producida por la comunidad revela la práctica de una
severa disciplina, interpretando la Ley de una manera aún más
exigente que los más exagerados fariseos. Las características más
acentuadas del grupo eran la vida comunitaria, fuertemente
estructurada, la posesión de bienes en común, su separación de los
demás judíos, el celibato, la rectitud moral, la modestia, los
baños rituales, las comidas en común y los hábitos blancos.
Su doctrina era típicamente judía: preocupación extrema de pureza
obtenida mediante reiterados baños rituales, observancia rigurosa
del sábado, estima especial por Moisés. La secta se consideraba
como el verdadero Israel, desempeñando un papel importante en
desarraigar el mal hacia el final de una edad, que creían
inminente. Esperaban un Mesías Davídico, pero además, un Mesías
Sacerdotal que tendría primacía sobre el otro.
En Qumrán se encuentran los restos de un monasterio esenio. Su
arquitectura muestra la disposición de los ambientes en función de
la vida común (comedor, biblioteca, talleres de trabajo) y la
importancia concedida a los ritos de purificación (instalaciones
para los baños rituales). Este monasterio fue destruido en el año
68, posiblemente por las tropas romanas que tomaron Jericó.
Algunos de los sobrevivientes se unieron a los zelotes de Masada,
donde fue encontrado un rollo perteneciente a la comunidad de
Qumrán.
Pero también otros muchos hombres sabios y santos elegían el
desierto como morada. La soledad ayudaba a la oración y al
sacrificio en medio de una vida muy austera. Josefo nos menciona a
un maestro suyo: Habiendo oído hablar de un tal Bannus que vivía
en el desierto, contentándose para vestir con lo que le
proporcionaban los árboles y para comer con lo que la tierra
produce espontáneamente, usando frecuentes abluciones de día y de
noche por amor a la pureza, me convertí en émulo suyo
(Autobiografía II, 9-11).
Los evangelios nos relatan que también apareció en el desierto de
Judea un hombre llamado Juan. Predicaba con tono severo sobre la
trascendencia del momento en que se estaba viviendo. El se sabía
depositario de una misión de parte de Dios para preparar el
"Camino del Señor", bautizando e invitando al arrepentimiento.
Llamaba a los hombres a cambiar de vida, a emprender un rumbo
nuevo. El Reino de Dios estaba cerca, ¿qué hacer, entonces, para
prepararse? Practicar la justicia y la misericordia, volverse a
Dios. La vida de Juan acabó trágicamente. Era un hombre del
desierto que reunía gente en torno suyo; por lo tanto era un
peligro potencial: Herodes tuvo miedo de que aquella fuerza de
persuasión los incitase a la revuelta; todos parecían estar
dispuestos a hacer cualquier cosa por consejo de ese hombre. Por
eso creyó preferible adelantarse a los acontecimientos y
suprimirlo antes de que surgiera algún conflicto de parte de Juan,
en vez de encontrarse él mismo en apuros si se produjera aquella
revuelta y no pudiera ya hacer nada entonces. Víctima de las
sospechas de Herodes, Juan fue enviado preso a la fortaleza de
Maqueronte y allí fue matado (Josefo, Antigüedades XVIII 116-119.
Zelotes. El movimiento de los zelotes nació al final del
reinado de Herodes. Su fundador había sido Judas de Gamala,
llamado Judas Galileo. Unido al fariseo Sadok había fundado el
partido que se caracterizaba por el celo por la defensa de la
libertad y por la aceptación de la sola soberanía divina: decía
que era una vergüenza aceptar pagar tributo a Roma y soportar,
después de Dios, a unos dueños mortales (Josefo, Guerra de los
Judíos II,118). Josefo describió el movimiento como la cuarta
filosofía (después de los fariseos, saduceos y esenios). Sus
adeptos están en muchos puntos de acuerdo con el pensamiento
fariseo, pero sienten un amor casi invencible a la libertad,
porque creen que Dios es el único dueño y señor. Les importa poco
padecer cualquier tipo de muerte, hasta el más inaudito, lo mismo
que el castigo que están dispuestos a infligir hasta a sus
parientes y amigos; el único objetivo que tienen es no dar el
nombre de señor a ningún ser humano (Josefo, Antigüedades XVIII
25).
En sus comienzos, el partido, que se encuadraba dentro de los
movimientos mesiánicos y radicales de la época, no tuvo gran
éxito. La revuelta contra Roma fracasó y Judas perdió la vida (Hch
5:37). Sus hijos siguieron la lucha años después, y otro
descendiente, Eleazar ben Yaír, comandará la defensa de Masada
después de la destrucción de Jerusalén. Josefo nos transmite su
última arenga a los rebeldes: ... ¡Muramos sin haber sido esclavos
del enemigo y, como hombres libres, dejemos juntos esta vida con
nuestras esposas e hijos! Esto es lo que las leyes nos ordenan,
esto es lo que nuestras esposas e hijos nos suplican. Esta es la
necesidad que nos viene de Dios y lo contrario es precisamente lo
que los romanos desean. El temor que ellos tienen es que muera uno
solo de nosotros antes de que sea tomada la ciudadela. Así, pues,
apresurémonos a dejarles, en vez de la satisfacción que ellos
esperan de nuestra captura, el asombro ante nuestra muerte y la
admiración por nuestra valentía!
(Josefo,
Guerra VII, 388).
EL MESIANISMO Y LA ESCATOLOGÍA EN EL
PUEBLO JUDÍO
La antigua idea mesiánica implicaba fundamentalmente la espera de
un futuro mejor para la nación, introducido por un descendiente de
David. En la época de Jesús cada grupo religioso asumía de manera
diversa esta esperanza. Los Salmos de Salomón (de inspiración
farisea) presentaban a un Mesías Rey que destruiría a los enemigos
de Israel y purificaría a Jerusalén, profanada por los gentiles.
Los Oráculos Sibilinos mostraban a un Rey Mesías que introduciría
el reinado de Dios sobre todos los hombres, y todos los pueblos
reconocerían finalmente la Ley de Dios.
El Libro de Enoc hacía aparecer al Mesías después del juicio
divino y de la Nueva Jerusalén. Se interesaba especialmente por el
futuro del pueblo, mientras que el Apocalipsis de Baruc apuntaba
al futuro de cada individuo. El Mesías adveniente inauguraría una
era paradisíaca y traería el premio o el castigo a cada hombre
según sus obras: los justos resucitarían para ser transformados en
luz radiante, y los impíos para ser atormentados.
La variedad de creencias mesiánicas aparecía también en lo que
respecta a las figuras esperadas: Elías, por supuesto, era
esperado como precursor del Mesías, según Mal 3:23s: He aquí que
yo les envío al profeta Elías antes de que llegue el Día de YHWH,
grande y terrible. Él hará volver los corazones de los padres a
los hijos, y de los hijos a los padres;
no sea que venga a herir yo a la tierra con anatema. En este
contexto la figura del Bautista aparece en los evangelios como
precursor del Mesías: Elías ha venido y han hecho con él cuanto
han querido, según estaba escrito de él (Mc 9:13).
También se esperaba la venida del profeta, un profeta semejante a
Moisés (Dt 18:18-19). Este profeta revelador llegaba a adquirir
rasgos propiamente mesiánicos entre los samaritanos, que lo
llamaban taheb. La samaritana dice a Jesús: "Sé que va a venir el
Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo"...
La mujer dejando el cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
"Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.
¿No será el Mesías? (Jn 4:25.28-29).
En Qumrán se esperaba el Mesías davídico, el Mesías sacerdotal y
el profeta. La Regla de la Comunidad los mencionaba: Hasta que
venga el profeta y los mesías de Aarón y de Israel.
Otras figuras mesiánicas eran menos humanas y más supraterrenales.
En algunos textos de Qumrán se lo llamaba Melquisedec (11QMelch),
hijo de Dios e hijo del Altísimo (4Q246).
Una figura muy nombrada, desde el libro de Daniel era el Hijo del
Hombre. El Libro de las parábolas de Enoc mostraba al mesías Hijo
del Hombre como un nombre ya pronunciado antes de la creación.
Enoc, en su viaje, pudo visitarlo. Enoc vivió antes del diluvio y
fue padre de Matusalem; vivió 365 años, pero no murió, sino que
desapareció porque Dios se lo
llevó (Gn 5:24). Su figura se prestaba entonces a la atribución de
un Apocalipsis. La carta canónica de Judas (14-15), en el Nuevo
Testamento, cita un texto del mencionado apócrifo: Enoc, el
séptimo después de Adam, profetizó ya sobre ellos: "Miren, el
Señor ha venido con sus santas miríadas para realizar el juicio
contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas las
obras de impiedad que realizaron y de todas las palabras duras que
hablaron contra él los pecadores impíos" (Enoc 1:9).
Dominaba en este tiempo la escatología apocalíptica según la línea
de los libros proféticos. La línea de los libros sapienciales
presentaba, más bien, la recompensa y el castigo de los hombres en
esta vida. El final de los tiempos presentes era imaginado como
consecuencia de un gran combate, precedido de tribulaciones y de
persecución de los justos, así como por una serie de signos
anunciadores del fin: retorno de Elías, fenómenos cósmicos, etc.
Estos fenómenos se designarán en la tradición rabínica como los
dolores de parto del Mesías.
En algunos escritos este período final se caracterizaba por una
batalla que enfrentaba a Israel contra los enemigos; en otros
textos se enfrentaban ejércitos de ángeles contra ejércitos de
demonios. En algunos textos la venida del Mesías marcaba el
comienzo del final de los tiempos, y era el Mesías el que destruía
a los impíos, mientras que en otros era Dios únicamente el que
intervenía. En algunos casos pervivía la antigua idea de una
transformación a través del fuego.
También era variada la concepción de la situación en el mundo
futuro. Una gran parte de los textos afirmaban la resurrección. A
veces se trataba solamente de la resurrección de los justos, y
oras veces eran todos los hombres los que resucitaban para ser
juzgados.
La angelología y la demonología estaban, en esta época,
enormemente desarrolladas con relación a la Escritura. En este
desarrollo influyeron una mayor conciencia de la trascendencia
divina y también ideas religiosas extranjeras. Los ángeles
desempeñaban funciones y ministerios divinos entre los hombres.
Eran seres celestiales mediante los cuales Dios, cada vez más
trascendente y separado del mundo, se hacía presente y actuaba.
Eran, por ejemplo, mensajeros de los designios de Dios. Los
demonios eran ministros de Satanás, su príncipe, para frustrar en
la vida de los hombres los designios divinos (eran ángeles malos).
Había un claro influjo del dualismo persa, en el que se
enfrentaban continuamente un principio bueno y un principio malo.
Los distintos grupos judíos tenían distinta aceptación de estas
ideas. Hch 8:23 afirma que los saduceos no creían en los ángeles
ni en los espíritus (ni siquiera admitían la existencia en el
hombre del alma espiritual), mientras que los fariseos sí. Josefo
dice que los esenios tenían cuidado en preservar los nombres de
los ángeles.
Israel y la Iglesia
Por Greg Killian
I. Propósito del Estudio
Estoy tratando de ver si hay alguna diferencia escritural entre el
pueblo de Dios según se revela en el Tanaj (el Antiguo
Testamento), y el pueblo de Dios según se revela en los Escritos
Apostólicos.
II. Hipótesis
La Torá (la ley) es una descripción del carácter de Dios según
está escrito: Isaías 2:3 "Y vendrán muchos pueblos, y dirán:
"Venid y subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob;
y nos enseñará sus caminos y caminaremos por sus sendas". Porque
de Sión saldrá la ley (Torá), y de Jerusalén la palabra del
Señor."
Sabemos, por los Escritos Apostólicos, que la "Palabra" es Yeshúa.
Este pasaje está equiparando la Torá (Ley) con la Palabra. La Torá
es un descripción del Mesías. Y Él es inmutable, según está
escrito: Malaquías 3:6 "Porque yo el Señor no cambio; por esto,
hijos de Jacob, no habéis sido consumidos."
Un Dios inmutable cuyo carácter está definido por la Torá, tendría
un requisito constante e inmutable para aquellos a quienes Él ama.
Sabemos que todos los que son salvos por gracia a través de la fe,
son llamados hijos de Dios, según está escrito: Romanos 8:14
"Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos
son hijos de Dios."
Una reunión de los hijos de Dios, los que son salvos por gracia a
través de la fe, con el propósito de obedecer la Torá y adorar al
Dios inmutable, se denomina una asamblea según está escrito:
Deuteronomio 5:22 "Estas palabras habló el Señor a toda vuestra
congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de
la oscuridad, a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos
tablas de piedra, las cuales me dio a mí."
La palabra "asamblea", es kahal en hebreo. Esta es la palabra
hebrea, que se traduce por ekklesía, o iglesia, en la Septuaginta.
Por tanto, yo esperaría que un Dios inmutable tenga el requisito
inmutable de que Su pueblo obedezca la Torá (la ley), que es una
descripción de Su carácter. El término, "iglesia" e "Israel", son
los dos términos usados con más frecuencia, para describir esta
asamblea, llamada afuera. Por tanto, yo esperaría que ambos
términos describan el mismo grupo de gente.
III. El uso de "asamblea" por primera vez.
El primer uso de asamblea "kahal" está en: El primer uso de
"Kahal" que se traduce por ekklesía en la Septuaginta, se
encuentra en: Génesis 28:1-4 "Entonces Isaac llamó a Jacob y lo
bendijo, y le mandó diciendo: "No tomes mujer de las hijas de
Canaán. Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu
madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu
madre. Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y
te mutiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; y te dé la
bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que
heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham."
En este pasaje vemos que la comunidad de pueblos, o iglesia,
serían los hijos de Isaac, Jacob. ¡De Jacob tenemos las doce
tribus de Israel! La palabra relacionada, "edá" se encuentra por
primera vez en: Éxodo 12:1-3 "Habló el Señor a Moisés y a Aarón en
la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los
meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año.
Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de
este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los
padres, un cordero por familia."
¡Este pasaje también nos lleva de nuevo a Israel!
Examinemos las palabras para "iglesia" en los Escritos
Apostólicos, y "congregación" en el Tanaj. Iglesia es la
traducción al castellano del griego "ekklesía". "Ekklesía" también
se traduce por "congregación" o "asamblea". La definición en el
Diccionario de Strong es: La 1577 ekklesía, compuesta por la
palabra 1537, y una derivación de la palabra 2564; una
convocatoria o llamar afuera, por ejemplo, una reunión popular,
específicamente, una congregación religiosa (Sinagoga Judía, o
comunidad cristiana de miembros en la tierra o santos en el cielo
o ambos): asamblea, iglesia.
Así pues, una iglesia es una asamblea o congregación.
"Congregación" es una traducción al castellano del hebreo "kahal"
Las palabras hebreas 6951 y 6950 del Diccionario de Strong
significan: asamblea, compañía, congregación, multitud.
El griego ekklesía significa simplemente una Asamblea: cualquier
asamblea de personas que son convocadas (pues este es el
significado etimológico de la palabra) por otras personas. Por
ello, se usa para todo la nación de Israel como distintos a otras
naciones.
La Septuaginta usa la palabra ekklesía setenta veces cuando
traduce la palabra hebrea khl; (kahal), de la cual se forma la
palabra inglesa "call" (Nota del traductor: en castellano
"llamar"). Esto significa convocar, reunir, congregar o recoger.
Una palabra relacionada es: La palabra 5712, "edá", femenino. De
la palabra 5707 en el sentido original de permanente; una asamblea
indicada (específicamente una concurrencia, o generalmente una
familia o multitud): asamblea, compañía, congregación, multitud,
pueblo, enjambre. Compare la palabra de Strong 5713.
El primer uso de la palabra ekklesía, en el orden de los Escritos
Apostólicos, está en: Mateo 16:18 "Y yo también te digo, que tú
eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas
del Hades no prevalecerán contra ella."
Pedro era un israelita. Así pues, si la iglesia del Mesías tiene
algo que ver con la gente, tiene que ver con Pedro, o con los
israelitas.
IV. Uso idiomático de "Iglesia":
Miremos a otro uso de la palabra "iglesia". Esta utilización es
una frase idiomática: "El Ángel de la Iglesia". Este es un oficial
de la sinagoga. Los nombres y títulos siguientes también describen
a este oficial:
Sheliaj Tsibur (Hebreo) Angellos Ekklesía (Griego) (Ángel de la
Asamblea, o Ángel de la Iglesia) Obispo de la congregación
Baal Tefilá (Maestro de Oración)
Jazán Supervisor
A
este oficial se le conoce hoy en día como el Jazán, Jazán
HaKneset, o el pertiguero o bedel. Los títulos para este cargo,
Según Shuljan Aruj – OH 53:4-9, eran:
Humildad, Aceptable a la congregación, Conocimiento de las normas
de oración y pronunciación correcta del texto hebreo.
Una voz agradable, Vestido decoroso, Tener barba (Magen Avraham a
Shulján Aruj OH. 53:6)
Este hombre era el ministro público de la sinagoga. Era
responsable de la oración pública, o de designar a los que leían
la Torá, y a veces predicaba si no había otros para realizar esa
tarea. Este hombre no leía la Torá públicamente, pero cada Shabat
llamaba a siete miembros de la sinagoga (otros días menos) que él
juzgaba calificados para leer. Él estaba al lado de los que leían
y cuidadosamente se aseguraba que leían correctamente. Los
corregía si se equivocaban. Por este motivo también se le llamaba
"supervisor". Si alguien quería que algo se leyese en la sinagoga,
en el Shabat se le daba al Ángel de la Iglesia; por esto las
cartas, en los primeros capítulos del libro de Apocalipsis, están
dirigidas al Ángel de la Iglesia. Él hacía que otros leyesen las
cartas en el Shabat a toda la congregación.
Inicialmente, en el servicio del Templo en Jerusalén, el Ángel de
la Iglesia era el ministro que actuaba como líder de oración en
intercesión ante Dios por los fieles.
Este cargo se encuentra varias veces en los escritos apostólicos.
He subrayado la palabra. Observen que no siempre se ha traducido
como "el Ángel de la iglesia":
Lucas 4:14-21 "Yeshúa volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y
se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en
las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a
Nazaret, donde se había criado; y en el Shabat entró en la
sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le
dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro,
halló el lugar donde esta escrito: 'El Espíritu del Señor está
sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los
pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a
pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en
libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor'.
Y enrollando el libro, lo dio al ministro y se sentó; y los ojos
de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles:
"Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros."
Mateo 5:25 "Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto
que estás con él en el camino, no sea que el adversario te
entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la
cárcel."
Mateo 10:16-20 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de
lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como
palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los
concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores
y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio de ellos
y a los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por
cómo o qué hablareis; porque en aquella hora os será dado lo que
habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el
Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros."
Apocalipsis 2:1 "Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que
tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de
los siete candeleros de oro"
Apocalipsis 2:8 "Escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El
primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió"
Apocalipsis 2:12 "Escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El
que tiene la espada aguda de dos filos"
Apocalipsis 2:18 "escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El
Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies
semejantes al bronce bruñido"
Apocalipsis 3:1 "Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que
tiene los sietes espíritus de Dios, y las siete estrellas dice: Yo
conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás
muerto."
Apocalipsis 3:7 "Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia:
Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David,
el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre."
Apocalipsis 3:14 "Escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He
aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la
creación."
Del uso anterior entendemos que el "Ángel de la Iglesia" era
simplemente un oficial de la sinagoga y del Templo. Ambas
instituciones estaban asociadas con Israel.
V. Ejemplos.
Me gustaría sacar la palabra "iglesia" de las frases siguientes y
sustituirla por la palabra "congregación". Esto nos ayudaría a
entender la palabra "iglesia" un poco mejor:
Mateo 18:15-17 "Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele
estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas
si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de
dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos,
dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y
publicano."
En esta porción la audiencia se compone de los Apóstoles, que eran
todos ellos israelitas. Estos israelitas no tenían una iglesia
como nosotros entendemos. Sólo tenían sinagoga compuestas de
miembros que era israelitas o convertidos. No sabían nada de un
solo pastor porque siempre tenían tres pastores como mínimo. La
palabra "pastor" en singular no se da nunca en los Escritos
Apostólicos. SÓLO se da en plural. No sabían nada de nuestras
canciones de iglesia, gobierno de la iglesia, edificios de la
iglesia, comunión, bautismo en la iglesia, o ninguna otra
ceremonia asociada con la iglesia. ¡Sólo conocían la sinagoga!
Si se analiza la secuencia aquí, se observa que el número de
personas a las que "vamos", va aumentando de una a dos o tres o a
toda la congregación. La idea de una congregación es la idea de
hablar a toda la gente de nuestra ciudad o comunidad. Bíblicamente
hablando, el congregante SIEMPRE andaba menos de un camino de
Shabat para ir a la sinagoga. Así pues, si se decía un asunto a la
congregación, con toda seguridad se aislaba al pecador de su
comunidad.
VI. El Libro de Rut
El libro de Rut da un ejemplo precioso de la iglesia:
Rut 1:3-5 "Murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus
dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre
de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí
unos diez años. Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión,
quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su
marido."
Así pues tenemos una mujer moabita llamada Rut casada con un judío
de la tribu de Judá. Los Sabios, están todos de acuerdo en que Rut
se convirtió en seguidora judía antes de casarse con Mahlón. Esto
se ve claramente en la declaración de Rut:
Rut 1:15-18 "Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su
pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella. Respondió Rut: No me
ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que
tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo
será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y
allí seré sepultada; así me haga el Señor, y aun me añada, que
sólo la muerte hará separación entre nosotras dos. Y viendo Noemí
que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más."
Aquí Rut se identifica con el Dios de los judíos. De hecho, es en
este pasaje que los judíos entienden que se debería intentar
disuadir a los posibles seguidores tres veces y luego se les
debería aceptar y nunca disuadirlos de nuevo.
Observen que Rut y Noemí llegan a Israel al comienzo de la Pascua.
Rut 1:22 "Así volvió Noemí y Rut la moabita su nuera con ella;
volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén al comienzo de la
siega de la cebada."
La siega de la cebada SIEMPRE empieza el día después del primer
día de la Pascua. La Pascua está relacionada con Jag Shavuot, la
Fiesta de Pentecostés (La Fiesta de las Semanas) por la cuenta del
omer. Cuando terminamos de contar siete semanas y cincuenta días,
empezamos a celebrar Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés.
Ahora vemos que Rut se compromete en Jag Shavuot, la Fiesta de
Pentecostés.
Rut 2:23 "Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando,
hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo; y vivía
con su suegra."
Puesto que sabemos que la siega del trigo SIEMPRE empieza en Jag
Shavuot, la Fiesta de Pentecostés, entendemos que el final de la
siega de la cebada representa el comienzo de la siega del trigo.
En ese tiempo fue el compromiso de Rut.
Rut 3:1-13 "Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿No he de
buscar hogar para ti, para que te vaya bien? ¿No es Booz nuestro
pariente, con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta
esta noche la parva de las cebadas. Te lavarás, pues, y te
ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te
darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de
beber. Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta,
e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te dirá
lo que hayas de hacer. Y ella respondió: Haré todo lo que tú me
mandes. Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le
había mandado. Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón
estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces
ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó. Y
aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se
volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies. Entonces
él dijo: "¿Quién eres?" Y ella respondió: "Yo soy Rut tu sierva;
extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres
pariente cercano". Y él dijo: "Bendita seas tú del Señor, hija
mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo
en busca de los jóvenes, sean Pobres o ricos. Ahora pues, no
temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la
gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa. Y ahora, aunque
es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente
más cercano que yo. Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él
te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo
te redimiré, vive el Señor. Descansa, pues, hasta la mañana."
Todos los Sabios entendían que Jag Shavuot, la Fiesta de
Pentecostés, es cuando fue el compromiso de Rut. Los Sabios
también entienden que Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés, es
cuando Israel se comprometió con Dios, al pie del Monte Sinaí en
los días de Moisés.
Así pues Rut, la convertida, representando a la "iglesia", se
comprometió en Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés. La
"Iglesia", tipificada por Rut, primero empezó a guardar la Torá y
luego se comprometió.
VII. Relacionando "asamblea" (kahal) e "iglesia" (ekklesía) en el
tiempo.
Tenemos un interesante Escrito Apostólico que señala hacia atrás,
hacia la "iglesia" o ekklesía, en el desierto. Este es la primera
referencia de un Escrito Apostólico sobre la iglesia, en el
tiempo. Una lectura detenida muestra que los que constituyen la
iglesia son los hijos de Israel.
Hechos 7:37-40 "Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel:
Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros
hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo
en la congregación (ekklesía) en el desierto con el ángel que le
hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió
palabras de vida que darnos; al cual nuestros padres no quisieron
obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron
a Egipto, cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante
de nosotros, porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de
Egipto, no sabemos que le haya acontecido."
Los denominados Israelitas, en el pasaje anterior, también
incluyen a Gentiles, según está escrito:
Éxodo 12:37-38 "Partieron los hijos de Israel de Ramesés, a Sucot,
como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.
También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y
ovejas, y muchísimo ganado."
Vemos este mismo grupo de Judios y Gentiles, denominados
Israelitas, en:
Deuteronomio 29:9.-15 "Guardareis, pues, las palabras de este
pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo lo que
hiciereis. Vosotros todos estáis hoy en presencia del Señor
vuestro Dios; los cabezas de vuestras tribus, vuestros ancianos y
vuestros oficiales, todos los varones de Israel; vuestros niños,
vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu
campamento, desde el que corta tu leña hasta el que saca tu agua;
para que entres en el pacto del Señor tu Dios, y en su juramento,
que el Señor tu Dios concierta hoy contigo, para confirmarte hoy
como su pueblo, y para que él te sea a ti por Dios, de la manera
que Él te ha dicho, y como lo juró a tus padres Abraham, Isaac y
Jacob. Y no solamente con vosotros hago yo este pacto y este
juramento, sino con los que están aquí presentes hoy con nosotros
delante del Señor nuestro Dios, y con los que no están aquí hoy
con nosotros."
El Talmud, (la ley oral) registra que Dios habló en setenta
lenguas en el Sinaí, para que el mundo entero pudiese entender Su
Torá.
Talmud – Mas. Shabbath 88b: "R. Johanan dijo: Lo que significa ese
versículo, El Señor da la palabra: ¿Son los que publican las
nuevas un gran ejército? Cada palabra que salía del Omnipotente se
dividía en setenta lenguas. La Escuela de R. Ismael enseñaba: "Y
como un martillo que rompe la piedra a trozos, igual que un
martillo se divide en muchas chispas, así cada palabra que salía
del Santo, bendito sea Él, se dividía en setenta lenguas."
Está escrito que el número de naciones es setenta en:
Deuteronomio 32:8 "Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones,
cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los
límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel."
Génesis 46:26-27 "Todas las personas que vinieron con Jacob a
Egipto, procedentes de sus lomos, sin las mujeres de los hijos de
Jacob, todas las personas fueron sesenta y seis. Y los hijos de
José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las personas
de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta."
Entendiendo así lo que ocurrió en el Monte Sinaí, cuando se dio la
Torá, podemos apreciar esta escena en Hechos 2:1-47 "Cuando llegó
el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente
vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba,
el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les
aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre
cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y
comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba
que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones
piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este
estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada
uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y
maravillados, diciendo: Mirad, ¿No son galileos todos estos que
hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra
lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que
habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en
Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa
más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como
prosélitos cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras
lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y
perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas
otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto. Entonces Pedro,
poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo:
Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea
notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como
vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto
es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice
Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos
verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto
sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré
de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el
cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de
humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre.
Antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo
aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." Varones
israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por
Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que
Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos
sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado
conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de
inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores
de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por
ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de
mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi
corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará
en esperanza; porque no dejará mi alma en el Hades, ni permitirás
que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la
vida; me llenarás de gozo con tu presencia. Varones hermanos, se
os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue
sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había
jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al
Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de
la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades,
ni su carne vio corrupción. A este Yeshúa resucitó Dios, de lo
cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la
diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del
Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
Porque David no subió a los cielos; porque él mismo dice: Dice el
Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus
enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda
la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros
crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se
compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:
Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo, Arrepentíos, y
bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para
perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos y para
todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios
llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba,
diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que
recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día
como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los
apóstoles en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan
y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas
maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que
habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y
vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según
la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el
templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría
y sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo favor con todo
el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían
de ser salvos."
¡En el pasaje anterior, Dios repetidamente hace énfasis en que los
hombres que se añadían a su número eran JUDIOS! ¡No sólo son
judíos, sino judíos que guardan la Torá! Los temerosos de Dios
eran prosélitos al Judaísmo y por tanto los consideraríamos
también Judíos. El otro único grupo de gente mencionado, son los
hombres que vivían en Jerusalén. Esos en su mayoría serían judíos
también. Esto es exactamente la misma composición que el pueblo en
el desierto del Sinaí, en los días de Moisés. La multitud mixta
era demostradamente prosélitos al Judaísmo. De hecho, las normas
para cómo los Gentiles eran recibidos dentro del Judaísmo se
derivaban de los hechos que los que el pueblo realizó justamente
antes de la declaración de la Torá.
Hay muchos que ven Hechos 2 como el comienzo de la Iglesia. Esto
no puede ser. En primer lugar, la palabra "iglesia" no se usa en
este pasaje. En segundo lugar, esto ocurre 1300 años después de la
entrega de la Torá, la cual claramente se denominaba la "iglesia"
según:
Hechos 7:37-40 "Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel:
Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros
hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo
en la congregación (ekklesía) en el desierto con el ángel que le
hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió
palabras de vida que darnos; al cual nuestros padres no quisieron
obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron
a Egipto, cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante
de nosotros, porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de
Egipto, no sabemos qué le haya acontecido."
Es instructivo observar que la entrega de la Torá, en Hechos
7:37-40, y en los acontecimientos de Hechos 2, ambos tuvieron
lugar en Jag Shavuot, La Fiesta de Pentecostés. Así pues, estaría
de acuerdo en que la iglesia se formó primero en Jag Shavuot, la
Fiesta de Pentecostés, pero sugeriría que ocurrió en los días de
Moisés, que fue 1300 años antes de los acontecimientos de Hechos
2.
VIII. Conclusión
Diciéndolo de otra forma: La primera iglesia se formó en los días
de Moisés compuesta por Israelitas y una gran multitud mixta
(Gentiles prosélitos), al pie del Monte Sinaí, en la Fiesta de las
Semanas (Shavuot [Hebreo] Pentecostés [Griego])
La mayoría de los cristianos están de acuerdo en que la primera
iglesia se formó en la Fiesta de Pentecostés, pero ven el cuadro
del tiempo, como el tiempo de Hechos capítulo 2. Aun así, la gente
en Hechos capítulo dos estaba compuesta por Israelitas (Judíos y
prosélitos), en Jerusalén, mientras observaban el mandamiento de
la Torá de celebrar la Fiesta de Pentecostés. ¡Estos no eran como
los cristianos de hoy en día que no guardan la fiestas, y que no
observan la Torá!

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