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Israel

LA EDUCACIÓN EN ISRAEL

Los israelitas proporcionaban una educación completa a sus hijos. Esta incluía la instrucción religiosa y también el entrenamiento en las destrezas prácticas que necesitaban para el mundo del trabajo diario. Por ser ellos un pueblo agricultor solo se les enseñaba a leer y a escribir a los líderes religiosos.

"Y Jesús crecía en sabiduría y... en gracia con Dios y los hombres" (Lucas 2:52). Este versículo capta el objetivo del sistema educativo de los judíos. No sólo se esforzaban en impartir conocimiento, sino también sabiduría, la que giraba en torno a la relación del individuo con Dios.

En el antiguo Israel, la educación era un proceso informal. Los padres se encargaban de la mayor parte de la enseñanza. No había ni aulas ni programa de estudio sistemático. Ya en tiempos del Antiguo Testamento, los judíos habían adoptado un enfoque más formal de la educación. habilitaban salones para clases y capacitaban a maestros para que instruyeran a todos los niños de la aldea.

El modelo de la enseñanza.

A fin de entender la función del maestro judío, primero tenemos que considerar al Maestro divino a quien el maestro tomaba como modelo. La escritura se refiere a Dios, como el Maestro que dice a sus alumnos: "Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda" (Isaías 30:20,21). Dios conoce y entiende las necesidades de sus alumnos; El está plenamente versado en la materia; El es el ejemplo perfecto e infalible de ellos. El maestro judío tenía su ejemplo ante él al ir a su trabajo.

Sabemos que Dios utilizó a hombres para que enseñaran la ley a la nación de Israel. Estos hombres no sólo eran maestros, sino también ejemplos de santidad: hombres como Moisés; sacerdotes y profetas como Elías. Sus discípulos eran los adultos de la nación de Israel, quienes eran responsables de transmitir el conocimiento a sus hijos.

B. La responsabilidad de los padres.

La educación religiosa de los hijos era responsabilidad de los padres (Deuteronomio 11:19,;32:46). No se hacía excepción con los padres que pensaran que estaban tan ocupados como para no poder enseñar.

Aun cuando los hijos llegaran a ser mayores y contrajeren matrimonio, la responsabilidad de los padres no terminaba; también tendrían una parte importante en la educación de los nietos (Deuteronomio 4:9). De hecho, con frecuencia vivían todos en la misma casa.

El padre israelita era, en última instancia, el responsable de la educación de sus hijos; aun cuando las madres también jugaran un papel decisivo, especialmente hasta que el niño llegaba a la edad de cinco años. Durante esos años de formación se esperaba que ella modelara el futuro de sus hijos e hijas.

Cuando el varón llegaba a tener suficiente edad para ir a trabajar con su padre, éste se convertía en su principal maestro, aunque la madre continuaba participando en la responsabilidad de la enseñanza (ver Proverbios 1:8,9;6:20). La madre asumía la responsabilidad principal con respecto a la enseñanza de sus hijas; les enseñaba las destrezas que necesitarían para llegar a ser buenas esposas y madres.

Si alguna otra persona que no fuera el padre tenía que asumir la responsabilidad de enseñar al muchacho, entonces era considerado como su "padre". En generaciones posteriores, al individuo a quien se le asignaba específicamente la tarea de enseñar lo llamaban "padre" y él se refería a sus alumnos como "mis hijos".

La mayor preocupación de los padres judíos era la de que sus hijos llegaran a conocer al Dios viviente. En hebreo, el verbo conocer significa "estar íntimamente comprometido" con una persona. La Escritura declaraba que la reverencia o "el temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia" (Proverbios 9:10). Los padres piadosos ayudaban a sus hijos a que desarrollaran esta clase de conocimiento de Dios.

Desde la primera parte de la niñez, el jovencito aprendía la historia de Israel. En la primera niñez probablemente aprendía de memoria una declaración de fe, y la recitaba por lo menos una vez al año cuando se daba la ofrenda de las primicias. El credo reducía las narración de la historia de Israel a una forma sencilla que era fácil de aprender de memoria.

"Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová" (Deuteronomio 26:5-10).

Así los hijos aprendían que la nación de Israel había entrado en un pacto con Dios. Este pacto establecía ciertas restricciones para ellos. Ellos no estaban libres para buscar lo que ellos mismos desearan, sino que tenían una responsabilidad para con Dios por cuanto El los había redimido. Se les enseñaba con diligencia los principios que Dios les había dado.

Jesús resumió la esencia y la intención de esta leyes cuando declaró: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas" (Mateo 22:37-40).

Probablemente no había escuelas formales en los tiempos del Antiguo Testamento. La mayor parte del aprendizaje tenía lugar en la vida diaria. En la medida en que se presentaran oportunidades a través del día, los padres instruían a sus hijos.

Un hijo podía preguntar: "Papá; qué son esas piedras que están amontonadas ahí? qué significan? (ver Josué 4:21). El padre entonces tomaría tiempo para explicarle el trasfondo religioso y lo que ese monumento significaba.

Se necesitaba toda la vida para completar la educación de un hijo. La familia judía tomaba en serio las instrucciones del Señor: "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y l acostarte, y cuando te levantes" (Deuteronomio 6:6,7). [La declaración: "Las repetirás a tus hijos", en la Versión Autorizada -inglés- se tradujo: "las enseñarás diligentemente".] Las palabras "enseñar diligentemente", vienen de un término hebreo que generalmente se refería a sacarle punta a un instrumento, o afilar un cuchillo. Lo que la piedra de afilar es para la hoja de cuchillo, eso es la enseñanza para el niño. La educación preparaba a los hijos para llegar a ser miembros útiles y productivos de la sociedad.

Las escuelas de las sinagogas.

No estamos seguros en cuanto al tiempo en que se establecieron por primera vez las escuelas de las sinagogas. Algunos creen que esta práctica data del tiempo del exilio en Babilonia. Independientemente de cuándo haya comenzado, en los tiempos del Nuevo Testamento la escuela de la sinagoga era una parte vital de la vida judía.

Cada día de reposo, los judíos se reunían fielmente en la sinagoga para oír a su rabino leer las Escrituras y explicar la ley. Esta actividad inspiró a los musulmanes para que les dieran a los judíos el apodo de "el pueblo del Libro". :a sinagoga patrocinaba clases especiales fuera del tiempo regularmente dedicado a la adoración. Durante la semana, los muchachos varones acudían a estas clases para estudiar las Escrituras bajo la dirección de maestros capacitados. Estas clases complementaban la educación religiosa que los muchachos estaban recibiendo de sus padres.

Los padres judíos se interesaban mucho más por el carácter del maestro que por su capacidad para enseñar. Naturalmente, exigían que fuera competente en su profesión; pero se interesaban más en que él fuera un ejemplo apropiado para sus hijos. Los escritos judíos del Nuevo Testamento nos ofrecen una lista parcial de las características de un maestro. No debía ser perezoso. Tenía que ser de un temperamento equilibrado. Nunca debía mostrar parcialidad. Jamás debía mostrarse impaciente. Nunca debía comprometer su dignidad habiendo bromas. Nunca debía desanimar a un niño. Tenía que demostrar que el pecado es repulsivo. Tenía que castigar el mal comportamiento. Tenía que cumplir todas sus promesas.

Además de leer las Escrituras, a los muchachos judíos se les enseñaba etiqueta, música, arte militar, y otros conocimientos prácticos. Leemos que se decía de David: "...sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él" (1 Samuel 16:18). Según este informe, podemos decir que David tenia una educación completa, como la tenía la mayoría de los muchachos judíos.

En los tiempos del Antiguo Testamento, las escuelas judías exigían que cada alumno dominara varios pasajes claves de la Escritura. De primordial importancia era el Shema, que era otra declaración de fe de los judíos (Deuteronomio 6:4,5). Le seguían en importancia Deuteronomio 11:13-21 y Números 15:37-41. Al alumno también se le exigía que aprendiera el Hallel (alabanza), que era el contenido de los Salmos 113-118, así como también la historia de la creación (Génesis 1-5) y las leyes de los sacrificios (Levítico 1-8). Si algún niño era excepcionalmente brillante, examinaría más del libro de Levítico.

Sólo los varones recibían educación formal fuera del hogar. Comenzaban reuniéndose en casa del maestro, donde leían rollos que contenían pequeñas porciones de las Escrituras, como el Shema. Esta era la escuela primaria de aquel tiempo.

Cuando los muchachos tenían suficiente edad para aprender las lecciones sabáticas, se reunían en la "casa del Libro", es decir, en la sinagoga. Allí entraban en la sala donde se guardaban los rollos de la Torá y preparaban sus lecciones bajo la supervisión del Hazzan, el custodio de los rollos.

Posteriormente se les permitía discutir con los maestros farisaicos preguntas relacionadas con la ley. Estas discusiones constituían el nivel secundario de la educación judía.

En los tiempos del Nuevo Testamento, la escuela tenía actividades todo el año. Durante los meses calurosos del verano los muchachos iban a la escuela sólo cuatro horas al día. Si era un día excepcionalmente caluroso la escuela podía estar cerrada del todo. Las horas de clases eran antes del 10:00 A.M. y después de las 3:00 P.M. Se tenía un receso de cinco horas correspondientes a la porción más calurosa del día.

El aula tenía una parte levantada en forma de plataforma donde se sentaba el maestro con las piernas cruzadas. Delante de él, en un atril bajo, había rollos que contenían pasajes seleccionados del Antiguo Testamento. No había libros de texto. Los alumnos se sentaban en el suelo, a los pies del maestro (Hechos 22:3).

Las clases no estaban separadas por edades; todos los alumnos estaban juntos en la misma aula. Por esta razón, la instrucción de ellos tenía que ser muy individualizada. El maestro copiaba un versículo para los alumnos más jóvenes, y ellos lo recitaban en lata voz, hasta dominarlo. Mientras tanto, el maestro ayudaba a los mayores a leer un pasaje de Levítico. El ruido probablemente nos habría distraído mucho a nosotros, pero los muchachos israelitas pronto se acostumbraban a él. Los sabios creían que si el versículo no se repetía en alta voz pronto se olvidaría.

D. Preparación vocacional.

Los muchachos deben de haberse emocionado al acompañar a sus padres a los campos a trabajar, o al mercado a comprar y vender. Los muchachos observaban detenidamente la forma de proceder de sus padres mientras estos plantaban, podaban y cosechaban. A veces se les permitía que emprendieran una tarea difícil,, lo que haría que aumentara su entusiasmo. Se le habría un nuevo mundo al muchacho cuando tenía suficiente edad para acompañar a su padre.

Pero el trabajo era monótono y agotador. Al crecer el muchacho también crecían sus responsabilidades. Se esperaba que el muchacho al cabo de poco tiempo trabajara el día entero sin parar, a no ser para un breve descanso.

Los hombres alentaban a sus hijos a que trabajaran arduamente. Los amonestaban con la Escritura: Proverbios 6:9-11 decía: "Perezoso, hasta cuándo has de dormir? Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar un poco las manos para reposo; Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado." Para sobrevivir, la familia tenía que trabajar duro.

Los israelitas creían que una vida indisciplinada no prepararía al joven para arreglárselas con lo que tendría que enfrentarse. Les enseñaban a sus hijos el significado de la responsabilidad al comienzo de su vida, de tal modo que cuando los jóvenes llegaran a la vida adulta pudieran con confianza hacer frente a sus demandas. Si un hijo crecía de manera irresponsable, no sólo se avergonzaría él mismo, sino que traería vergüenza a su familia. Uno de los sabios señaló: "La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre" (Proverbios 29:15).

Por se Israel una sociedad agrícola, gran parte de la sabiduría práctica que transmitía el padre al hijo giraba en torno a la labranza. Esto incluía lecciones sobre la preparación del suelo para la siembra, y acerca del cultivo de las varias cosechas; y también sobre la manera de recoger la cosecha y de almacenar la abundancia. Los hijos aprendían estas cosas trabajando junto a sus padres durante su juventud. Aun cuando el pueblo judío comenzara a buscar ocupaciones aparte de la labranza, eran todavía un "pueblo de la tierra".

Al padre también le correspondía la responsabilidad de enseñar a sus hijos un arte u oficio. Por ejemplo, si el padre era alfarero, enseñaba ese arte a sus hijos. Uno de los sabios judíos afirmo que "el que no enseña a su hijo un oficio útil, lo está criando para que sea un ladrón."

Mientras los chicos aprendían oficios, las chicas aprendían a cocinar, a hilar y a tejer bajo los vigilantes ojos de sus madres (Éxodo 35:25,26; 2 Samuel 13:18). Si no había varones en la familia, se les podía exigir a las hijas que aprendieran el trabajo del padre (Génesis 29:6; Éxodo 2:16).

LA POSICIÓN LA MUJER EN ISRAEL

La posición legal de la mujer en Israel era más débil que la del hombre. Por ejemplo:

- El marido podía divorciarse de su mujer si hallaba "en ella alguna cosa indecente", pero a la esposa no le estaba permitido divorciarse de su marido por ninguna razón (Deuteronomio 24:1-4).

- La ley decía que aquella esposa de la que se sospechara que había tenido relaciones íntimas con otro hombre tenía que someterse a una prueba de celos (Números 5:11-31). Sin embargo, aquel hombre del que se sospechara que había sido infiel con otra mujer, no pasaba por prueba alguna.

- La ley también decía que el hombre podía hacer un voto religioso, y era obligatorio para él (Números 30:1-15); pero si una mujer hacía un voto, su padre podía anular, o si era casada, su esposo.

- El padre de una mujer podía venderla para pagar una deuda (Éxodo 21:7); y no se la podía liberar después de seis años, como el hombre (Levítico 25:40). Encontramos en la Palabra al menos dos casos de padres que ofrecieron sacar sus hijas para que una turba abusara sexualmente de ellas (Génesis 19:8; Jueces 19:24).

No obstante, algunas leyes sugerían que los hombres y las mujeres debían ser tratados como iguales. Por ejemplo:

- Los hijos debían tratar a ambos padres con igual respeto y reverencia (Éxodo 20:12).

- El hijo que desobedeciera o maldijera a cualquiera de sus padres, debería recibir un castigo (Deuteronomio 21:18-21).

- Si se atrapaba a un hombre y una mujer en el acto de adulterio, los dos tenían que morir por lapidación (Deuteronomio 22:22). (Un interesante aspecto a notar en este caso es que, cuando los fariseos le llevaron a Jesús una mujer adúltera y querían apedrearla, ya habían quebrantado la ley, pues habían permitido que el hombre escapara Juan 8:3-11.)

Otras leyes hebreas protegían a la mujer:

- Si un hombre tomaba una segunda esposa, aun estaba obligado por ley a alimentar y vestir a la primera, y a continuar sus relaciones sexuales con ella (Éxodo 21:10).

- Aun la mujer extranjera capturada durante la guerra y tomada como esposa tenía algunos derechos: si el marido se cansaba de ella, debía dejarla en libertad (Deuteronomio 21:14).

- Todo hombre a quien se le probara que era culpable del delito de violación debía morir apedreado (Deuteronomio 22:23-27).

- Por lo general, sólo los hombres tenían propiedades. No obstante, cuando los padres no tenían hijos varones, sus hijas podían recibir la herencia. Tenían que casarse dentro del clan para retenerla (Números 27:8-11).

- Puesto que Israel era una sociedad dominada por hombres, algunas veces se pasaban por alto los derechos de las mujeres . Jesús habló acerca de una viuda que tuvo que importunar a un juez porque no quería apartar tiempo para oír la opinión de ella sobre un caso. Como no quería que lo siguiera molestando, terminó por concederle lo que ella deseaba (Lucas 18:1-8). Como ocurre con muchos de los relatos de Jesús, esto fue algo que pudo haber sucedido en realidad, y tal vez lo fue.

- A pesar de esto, a las viudas también se les daba algunos privilegios especiales. Por ejemplo, se les permitía espigar en los campos después de la cosecha (Deuteronomio 24:19-22),

- Participaban del diezmo del tercer año junto con los levitas (Deuteronomio 26:12).

Así que, a pesar de que su marco jurídico era más débil, las mujeres disfrutaban en realidad de algunos derechos especiales dentro de la sociedad hebrea.

La mujer y su participación en la práctica religiosa.

A las mujeres se las consideraba como miembros de la "familia de la fe". Como tales, podían entrar en la mayoría de los lugares de culto.

La ley ordenaba que todos los hombres comparecieran delante del Señor tres veces al año. Es evidente que las mujeres iban con ellos en algunas ocasiones (Deuteronomio 29:10; Nehemías 8:2; Joel 2:16), aunque no se les exigía que fueran. Tal vez no se les exigía esto causa de los importantes deberes que ellas cumplían como esposas y madres. Por ejemplo, Ana fue a Silo con su esposo, y le pidió al Señor un hijo varón (1 Samuel 1:3-5). Más tarde, cuando nació el hijo, ella le dijo a su esposo: "Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre" (versículos 21,22).

Como cabeza de la familia, el marido o padre presentaba los sacrificios y ofrendas a favor de toda la familia (Levítico 12), pero la esposa también podía estar presente. Las mujeres asistían a la fiesta de los tabernáculos (Deuteronomio 16:14), a la fiesta anual solemne de Jehová (Jueces 21:19-21), y al festival de la luna nueva (2 Reyes 4:23).

Había un sacrificio que sólo las mujeres le ofrecían al Señor, después de dar a luz un hijo: "Cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o un tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote" (Levítico 126).

En los tiempos del Nuevo Testamento, las mujeres judías habían abandonado sus actividades en el culto del templo y de la sinagoga. Había un lugar especial junto al templo que se conocía con el nombre de "atrio de las mujeres", y no se les permitía penetrar en el patio interior. Ciertas fuentes extra bíblicas nos dicen que a las mujeres no se les permitía leer ni hablar en la sinagoga, pero podían sentarse a oír en la sección especial para mujeres. Es posible que se les permitiera entrar sólo en las sinagogas que funcionaban según principios helenistas.

En la iglesia cristiana primitiva se desarrolla una situación diferente. Lucas 8:1-3 señala que Jesús aceptó a algunas mujeres como acompañantes en sus viajes. También animó a Marta y María para que se sentaran a sus pies como discípulas (Lc.10:38-42). El respeto de Jesús hacia la mujer fue algo sorprendentemente nuevo.

Después de la ascensión de Jesús, varias mujeres se reunieron con los demás discípulos en el aposento alto para oras. Aunque las Escrituras no lo dicen de manera específica es probable que estas mujeres oraran en voz alta y en público. Había hombres y mujeres reunidos en el hogar de la madre de Juan Marcos, para pedir en oración que Pedro fuera libertado (Hch.12:1-17), y en la iglesia de Corinto miraban hombres y mujeres (I Co.11:2-16). Esa fue la razón por la cual el apóstol Pablo les indicó la manera de orar en público, tanto a hombres como a mujeres.

Esta libertad para las mujeres era tan nueva, que causó alguno problemas dentro de la iglesia. Por esto Pablo les señalo a las congregaciones algunos principios que limitaban el papel de la mujer: "vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también l ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación"(I Co.14:34,35).

En otra epístola, Pablo escribió: "La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio"(I Ti. 2:11,12). Varían las opiniones en cuanto a que fue lo que impulsó a Pablo a escribir estas cosas, y hasta que punto constituyen una norma para los cristianos de hoy. Sin embargo, hay algo seguro, y es que estaba corrigiendo un tipo de conducta que se consideraba desordenado en sus días.  

En la Biblia aparecen varias mujeres que fueron famosas por su fe:

- Sara y Rahab.

- Ana es un piadoso ejemplo de la madre israelita: oró creyó que Dios oía sus oraciones y cumplió la promesa que le había hecho.

- María, la madre de Jesús, también fue una mujer tremenda, muy valiente, buena y llena de Dios. En realidad, es muy probable que haya recordado el ejemplo de Ana, pues su cántico de alabanza a Dios (Lc.1:46-55) es muy parecido al de ell (1S. 2:1-10).

- El apóstol Pablo le recuerda a Timoteo la fidelidad de la madre y la abuela de este (2Tm.1:5).

Sin embargo, no todas las mujeres de los tiempos bíblicos fueron leales a Dios. Según la colección de escritos judíos conocida con el nombre de "Talmud", algunas mujeres eran "propensas a la brujería" (Joma 83b) y al ocultismo. El Talmud también alega que: "la mayoría de las mujeres están inclinadas a la brujería" (Sanedrín 67a). Algunos rabinos creían que esta era la razón por la cual Dios le dijo a Moisés: "A la hechicera no dejarás que viva" (Ex. 22:18).

Para ser justos, hemos de reconocer que las escrituras no indican que las mujeres estuvieran más interesadas en el ocultismo que los hombres. Varias referencias bíblicas a mujeres metidas en el ocultismo (por ejemplo, 2R. 23:7; Ez. 8:14, Os.4:13,14 señalan claramente que había hombres involucrados también. De las cuatro veces que se menciona la hechicería en el libro de Hechos, sólo en una ocasión se vio implicada una mujer (Hch. 98:9-24; 13:4-12; 16:16-18; 19:13-16.

LA ESTRUCTURA DE LAS SINAGOGAS LOCALES EN EL TIEMPO DE YESHÚA

Por Rabí Dan ben Avraham

"Siguiendo las fuentes históricas de que disponemos, la estructura de las sinagogas locales consistió de los "principales de la sinagoga" que podría definirse como Oficiales. Tres de éstos líderes formaban un tribunal para atender los asuntos de la sinagoga relacionados con la administración del dinero, casos de robo, inmoralidad, admisión de prosélitos, imposición de manos y otras muchas responsabilidades.

Estos hombres eran conocidos como los "oficiales de la sinagoga" porque eran los responsables del cuidado de los asuntos internos (Mr. 5:22; Luc. 8:41).

Esta práctica estuvo en uso incluso en la congregación de Corinto, bajo la dirección de Pablo, donde él habló de la "corte" dentro de la congregación (1 Cor. 6:1-6).

Revisando cuidadosamente todas las fuentes históricas de que disponemos, la estructura de una Sinagoga Mesiánica fue dirigida por los siguientes líderes:

El "shaliaj". De aquí viene el término "apóstol" uno que es enviado con autoridad para establecer la sana doctrina mesiánica en las congregaciones y presentar las buenas nuevas del reino mesiánico en otras regiones y culturas y establecer nuevas congregaciones.

El "nasí" (Dirigente), era el administrador de la Sinagoga y sabemos que Santiago, el medio hermano de Jesús, fue el "nasí" de la Congregación Original en Jerusalem. Documentos antiguos tales como la Didajé sugieren que las iglesias en Asia Menor y Grecia, trataron a la de Jerusalem con la misma autoridad como las sinagogas trataban al Sanedrín.

También existía el "rabí" que era el profeta cuya función principal era traer consolación al pueblo por medio de la predicación de la Torá para exhortar y edificar a los miembros. El "rabí" no es un don, es una ordenación. El don es el de "profeta". Los "rabinos" son los egresados de las escuelas de los profetas que han recibido la ordenación de otro profeta previamente ordenado.

Existía en adición el "maguid", un evangelista que tenía la habilidad de presentar con mucho éxito el testimonio de Yeshúa en la comunidad local y en otras comunidades.

También estaba el "batlán", el maestro, versado en la Escritura, cuya responsabilidad era esclarecer la enseñanza entre los santos. Por cada congregación de 120 miembros, había tres batlanim. Es decir, un maestro por cada 40 miembros para enseñarles la Torá. El maestro era una posición permanente dentro de la congregación (Hechos 13:1).

La Sinagoga tenía también un ministro público, llamado el "jazán" quien dirigía el servicio público y otros deberes congregacionales. El no leía la Torá, pero estaba junto al lector, observando y mirando que todo se hiciera correctamente. Seleccionaba siete lectores cada semana quienes eran bien letrados en la lectura del hebreo. El grupo consistía de un sacerdote, un levita y cinco israelitas (Luc.4:16).

Había también hombres llamados "parnasim" que atendían a los pobres y el resto del trabajo social dentro de la comunidad. De aquí viene el término "diáconos" en griego, para hablar de los "parnasim" los trabajadores sociales dentro de la comunidad mesiánica. Era una posición de trabajo permanente.

También estaba el "zakén", una palabra que significa "anciano", no en el sentido de la edad, sino en el sentido de madurez. El "zakén" prestaba asesoría legal y consejería. Para ocupar esta posición, debía tener mínimo 40 años de edad. En ausencia del rabí, del pastor, del maestro o de algún otro líder oficial, el "zakén" era el encargado de administrar y dirigir la congregación (Hechos 14:23). Cuando estaban presentes los líderes, el "zakén" era parte de ese liderazgo ayudando al resto del equipo en la congregación local.

Existía también el "meturguemán" (intérprete) que traducía a la lengua franca de la época, lo que se enseñaba en hebreo. En ocasiones, un mismo líder ocupaba diferentes posiciones, dependiendo de los dones dados por el Señor".  

EL JUDAÍSMO EN LA ÉPOCA DE JESÚS

La diversidad fue, tal vez, la característica más sobresaliente del judaísmo palestino de la época de Jesús. El historiador judío Flavio Josefo distinguía a finales del siglo I d.C. cuatro componentes mayores (cuatro sectas, gr. hairesis) en el ambiente religioso: fariseos, saduceos, esenios y zelotes. Indicaba también otros grupos de menor importancia.

Fariseos. Para Josefo, los fariseos constituían el grupo con mayor autoridad entre el pueblo a causa de su exacta interpretación de la Ley y de sus tradiciones propias, a las que atribuían una gran autoridad y a las que se mantenían fieles. Su origen se encontraba entre los hassidim (hebr. piadosos) que, encabezados por Judas Macabeo, habían resistido con valentía la dominación helenista que en el siglo II aC. pretendía destruir la identidad cultural y religiosa judía (cf. 2 Mac 14,6). Muchos mártires habían ofrecido sus vidas antes que quebrantar las tradiciones paternas. Los sucesores de Judas Macabeo terminaron pactando con el helenismo y usurparon tanto la realeza como el sacerdocio (pues no pertenecían ni al linaje davídico ni al linaje sacerdotal). Los fariseos negaron la legitimidad de estos reyes-sumos sacerdotes y lograron que la masa del pueblo se adhiriera a ellos en contra del rey Alejandro Janneo. Éste logró imponerse después de seis años de guerra civil y a costa de un baño de sangre. Y la misma valentía habían demostrado al enfrentarse al sanguinario Herodes. Se habían negado unánimemente a prestarle juramento de fidelidad, y, sin embargo, no los castigó (Josefo, Antig. XV, 10,4).

Habían surgido de entre el laicado popular y eran el partido del pueblo. Sin embargo, despreciaban la ignorancia religiosa del pueblo, al que llamaban 'amme ha arets: las gentes del país. No eran por origen ni sacerdotes ni hombres ricos. Eran, más bien, pequeños comerciantes que vivían de su trabajo. Representaban siempre a la masa frente a la aristocracia y su piedad era muy estimada: la gente los saludaba en las plazas y llamaba respetuosamente Rabí a los más instruidos de entre ellos (Mt 23:7). Tenían conquistado crédito ante el pueblo y todas las cosas divinas, las oraciones y las ofrendas de sacrificios se cumplían según su interpretación. Las ciudades habían rendido homenaje a tantas virtudes, aplicándose a lo hay de más perfecto en ellos tanto en la práctica como en la doctrina (cf. Josefo, Antigüedades XVIII, 11-25).

Habrá cierta coincidencia entre su doctrina y la de los discípulos de Jesús, especialmente respecto al tema de la resurrección: Pablo se defendería ante el Sanedrín como fariseo, hijo de fariseos; por enseñar la resurrección de los muertos (Hch 23:6).

Los fariseos daban gran importancia a la Ley Oral, recibida también por Moisés en el Sinaí y transmitida a lo largo de los siglos de maestro a maestro. Estimaban tanto la Escritura como la Tradición, hasta llegar a preferir ésta última, pues explicaba la Ley escrita. Gracias a la Tradición de los Padres existía una separación entre Israel y las naciones del mundo. Gracias a la enseñanza de los rabinos se conservaba la Tradición y la Torá no era manipulada por las interpretaciones desviadas de los gentiles. Jesús va a cuestionar a los fariseos el haber anulado la Palabra de Dios por seguir sus tradiciones (Mt 15:6).

Saduceos. Josefo situaba la aparición de los saduceos junto con la de los fariseos, en el siglo II a.C. Los presentaba relacionados con las familias pudientes y sacerdotales ya desde la época macabea, sin ser seguidos por el pueblo. Eran fieles a los reyes asmoneos y benévolos con el helenismo. Aparecían como un grupo organizado bajo el rey judío Hircano I (135-104) y ejercían su dominio mediante el Sanedrín y el Sumo Sacerdote.

Los saduceos no creían en la resurrección, y en esto se diferenciaban de los fariseos. Estaban convencidos de que las almas se desvanecen al mismo tiempo que los cuerpos y no se preocupaba de observar ninguna otra cosa más que las leyes. Sin esperanza de resurrección y juicio, sólo debían preocuparse de su bienestar temporal. La retribución divina no era futura y ultraterrena, sino inmediata y material: ellos tenían riquezas, y eso era una prueba de que Dios los bendecía porque ellos eran justos. Esta doctrina había penetrado solamente en unas pocas personas, que por cierto eran las primeras en dignidad. No tenían, por así decirlo, ninguna acción. Porque cuando llegaban al cargo, a pesar de ello y por necesidad, concedían todo lo que decían los fariseos, por no hacerse insoportables al pueblo (cf. Josefo, Antigüedades XVIII, 11-25).

El enfrentamiento con los fariseos también estaba en la concepción de la Ley. Los saduceos estaban muy apegados al Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia), tenían sus reservas frente a los libros de los profetas, y prescindían de los demás escritos de la Biblia. No aprobaban la Tradición Oral que promovían los fariseos. Éstos habían introducido prácticas recibidas de los antepasados, pero que no se encuentran en las leyes de Moisés; por esto las rechazaban los saduceos, quienes afirman que deben observarse únicamente las leyes escritas, no las que han sido transmitidas por la tradición. Sobre el particular se produjeron graves discusiones: los ricos se inclinaban por los saduceos, mientras que los fariseos contaban con la simpatía de la multitud (Josefo, Antigüedades XIII,10,5-6).

Jesús, al discutir con ellos sobre la resurrección, los acusaba de estar en un error, por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios (Mt 22:29). Los saduceos fueron los principales opositores de los apóstoles, molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban en la persona de Jesús la resurrección de los muertos (Hch 4:2).

Esenios. El grupo de los esenios no aparece mencionado en el Nuevo Testamento, pero Josefo atestigua que existían ya a mediados del siglo II a.C. y en el siglo I d.C., cifrando su número en unos 4000. Plinio el Viejo escribió que al oeste del Mar Muerto, a cierta distancia de la costa, vivían los esenios: Pueblo solitario, el más extraordinario que exista; sin mujeres, sin hijos, sin dinero, viven en la soledad del desierto. Pero se renuevan continuamente, y los adeptos les llegan en masa... (Cf Historia Natural V,72).

La literatura producida por la comunidad revela la práctica de una severa disciplina, interpretando la Ley de una manera aún más exigente que los más exagerados fariseos. Las características más acentuadas del grupo eran la vida comunitaria, fuertemente estructurada, la posesión de bienes en común, su separación de los demás judíos, el celibato, la rectitud moral, la modestia, los baños rituales, las comidas en común y los hábitos blancos.

Su doctrina era típicamente judía: preocupación extrema de pureza obtenida mediante reiterados baños rituales, observancia rigurosa del sábado, estima especial por Moisés. La secta se consideraba como el verdadero Israel, desempeñando un papel importante en desarraigar el mal hacia el final de una edad, que creían inminente. Esperaban un Mesías Davídico, pero además, un Mesías Sacerdotal que tendría primacía sobre el otro.

En Qumrán se encuentran los restos de un monasterio esenio. Su arquitectura muestra la disposición de los ambientes en función de la vida común (comedor, biblioteca, talleres de trabajo) y la importancia concedida a los ritos de purificación (instalaciones para los baños rituales). Este monasterio fue destruido en el año 68, posiblemente por las tropas romanas que tomaron Jericó. Algunos de los sobrevivientes se unieron a los zelotes de Masada, donde fue encontrado un rollo perteneciente a la comunidad de Qumrán.

Pero también otros muchos hombres sabios y santos elegían el desierto como morada. La soledad ayudaba a la oración y al sacrificio en medio de una vida muy austera. Josefo nos menciona a un maestro suyo: Habiendo oído hablar de un tal Bannus que vivía en el desierto, contentándose para vestir con lo que le proporcionaban los árboles y para comer con lo que la tierra produce espontáneamente, usando frecuentes abluciones de día y de noche por amor a la pureza, me convertí en émulo suyo (Autobiografía II, 9-11).

Los evangelios nos relatan que también apareció en el desierto de Judea un hombre llamado Juan. Predicaba con tono severo sobre la trascendencia del momento en que se estaba viviendo. El se sabía depositario de una misión de parte de Dios para preparar el "Camino del Señor", bautizando e invitando al arrepentimiento. Llamaba a los hombres a cambiar de vida, a emprender un rumbo nuevo. El Reino de Dios estaba cerca, ¿qué hacer, entonces, para prepararse? Practicar la justicia y la misericordia, volverse a Dios. La vida de Juan acabó trágicamente. Era un hombre del desierto que reunía gente en torno suyo; por lo tanto era un peligro potencial: Herodes tuvo miedo de que aquella fuerza de persuasión los incitase a la revuelta; todos parecían estar dispuestos a hacer cualquier cosa por consejo de ese hombre. Por eso creyó preferible adelantarse a los acontecimientos y suprimirlo antes de que surgiera algún conflicto de parte de Juan, en vez de encontrarse él mismo en apuros si se produjera aquella revuelta y no pudiera ya hacer nada entonces. Víctima de las sospechas de Herodes, Juan fue enviado preso a la fortaleza de Maqueronte y allí fue matado (Josefo, Antigüedades XVIII 116-119.

Zelotes. El movimiento de los zelotes nació al final del reinado de Herodes. Su fundador había sido Judas de Gamala, llamado Judas Galileo. Unido al fariseo Sadok había fundado el partido que se caracterizaba por el celo por la defensa de la libertad y por la aceptación de la sola soberanía divina: decía que era una vergüenza aceptar pagar tributo a Roma y soportar, después de Dios, a unos dueños mortales (Josefo, Guerra de los Judíos II,118). Josefo describió el movimiento como la cuarta filosofía (después de los fariseos, saduceos y esenios). Sus adeptos están en muchos puntos de acuerdo con el pensamiento fariseo, pero sienten un amor casi invencible a la libertad, porque creen que Dios es el único dueño y señor. Les importa poco padecer cualquier tipo de muerte, hasta el más inaudito, lo mismo que el castigo que están dispuestos a infligir hasta a sus parientes y amigos; el único objetivo que tienen es no dar el nombre de señor a ningún ser humano (Josefo, Antigüedades XVIII 25).

En sus comienzos, el partido, que se encuadraba dentro de los movimientos mesiánicos y radicales de la época, no tuvo gran éxito. La revuelta contra Roma fracasó y Judas perdió la vida (Hch 5:37). Sus hijos siguieron la lucha años después, y otro descendiente, Eleazar ben Yaír, comandará la defensa de Masada después de la destrucción de Jerusalén. Josefo nos transmite su última arenga a los rebeldes: ... ¡Muramos sin haber sido esclavos del enemigo y, como hombres libres, dejemos juntos esta vida con nuestras esposas e hijos! Esto es lo que las leyes nos ordenan, esto es lo que nuestras esposas e hijos nos suplican. Esta es la necesidad que nos viene de Dios y lo contrario es precisamente lo que los romanos desean. El temor que ellos tienen es que muera uno solo de nosotros antes de que sea tomada la ciudadela. Así, pues, apresurémonos a dejarles, en vez de la satisfacción que ellos esperan de nuestra captura, el asombro ante nuestra muerte y la admiración por nuestra valentía! (Josefo, Guerra VII, 388).

EL MESIANISMO Y LA ESCATOLOGÍA EN EL PUEBLO JUDÍO

La antigua idea mesiánica implicaba fundamentalmente la espera de un futuro mejor para la nación, introducido por un descendiente de David. En la época de Jesús cada grupo religioso asumía de manera diversa esta esperanza. Los Salmos de Salomón (de inspiración farisea) presentaban a un Mesías Rey que destruiría a los enemigos de Israel y purificaría a Jerusalén, profanada por los gentiles.

Los Oráculos Sibilinos mostraban a un Rey Mesías que introduciría el reinado de Dios sobre todos los hombres, y todos los pueblos reconocerían finalmente la Ley de Dios.

El Libro de Enoc hacía aparecer al Mesías después del juicio divino y de la Nueva Jerusalén. Se interesaba especialmente por el futuro del pueblo, mientras que el Apocalipsis de Baruc apuntaba al futuro de cada individuo. El Mesías adveniente inauguraría una era paradisíaca y traería el premio o el castigo a cada hombre según sus obras: los justos resucitarían para ser transformados en luz radiante, y los impíos para ser atormentados.

La variedad de creencias mesiánicas aparecía también en lo que respecta a las figuras esperadas: Elías, por supuesto, era esperado como precursor del Mesías, según Mal 3:23s: He aquí que yo les envío al profeta Elías antes de que llegue el Día de YHWH, grande y terrible. Él hará volver los corazones de los padres a los hijos, y de los hijos a los padres;
no sea que venga a herir yo a la tierra con anatema. En este contexto la figura del Bautista aparece en los evangelios como precursor del Mesías: Elías ha venido y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él (Mc 9:13).

También se esperaba la venida del profeta, un profeta semejante a Moisés (Dt 18:18-19). Este profeta revelador llegaba a adquirir rasgos propiamente mesiánicos entre los samaritanos, que lo llamaban taheb. La samaritana dice a Jesús: "Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo"... La mujer dejando el cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Mesías? (Jn 4:25.28-29).

En Qumrán se esperaba el Mesías davídico, el Mesías sacerdotal y el profeta. La Regla de la Comunidad los mencionaba: Hasta que venga el profeta y los mesías de Aarón y de Israel.

Otras figuras mesiánicas eran menos humanas y más supraterrenales. En algunos textos de Qumrán se lo llamaba Melquisedec (11QMelch), hijo de Dios e hijo del Altísimo (4Q246).

Una figura muy nombrada, desde el libro de Daniel era el Hijo del Hombre. El Libro de las parábolas de Enoc mostraba al mesías Hijo del Hombre como un nombre ya pronunciado antes de la creación. Enoc, en su viaje, pudo visitarlo. Enoc vivió antes del diluvio y fue padre de Matusalem; vivió 365 años, pero no murió, sino que desapareció porque Dios se lo
llevó (Gn 5:24). Su figura se prestaba entonces a la atribución de un Apocalipsis. La carta canónica de Judas (14-15), en el Nuevo Testamento, cita un texto del mencionado apócrifo: Enoc, el séptimo después de Adam, profetizó ya sobre ellos: "Miren, el Señor ha venido con sus santas miríadas para realizar el juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas las obras de impiedad que realizaron y de todas las palabras duras que hablaron contra él los pecadores impíos" (Enoc 1:9).

Dominaba en este tiempo la escatología apocalíptica según la línea de los libros proféticos. La línea de los libros sapienciales presentaba, más bien, la recompensa y el castigo de los hombres en esta vida. El final de los tiempos presentes era imaginado como consecuencia de un gran combate, precedido de tribulaciones y de persecución de los justos, así como por una serie de signos anunciadores del fin: retorno de Elías, fenómenos cósmicos, etc. Estos fenómenos se designarán en la tradición rabínica como los dolores de parto del Mesías.

En algunos escritos este período final se caracterizaba por una batalla que enfrentaba a Israel contra los enemigos; en otros textos se enfrentaban ejércitos de ángeles contra ejércitos de demonios. En algunos textos la venida del Mesías marcaba el comienzo del final de los tiempos, y era el Mesías el que destruía a los impíos, mientras que en otros era Dios únicamente el que intervenía. En algunos casos pervivía la antigua idea de una transformación a través del fuego.

También era variada la concepción de la situación en el mundo futuro. Una gran parte de los textos afirmaban la resurrección. A veces se trataba solamente de la resurrección de los justos, y oras veces eran todos los hombres los que resucitaban para ser juzgados.

La angelología y la demonología estaban, en esta época, enormemente desarrolladas con relación a la Escritura. En este desarrollo influyeron una mayor conciencia de la trascendencia divina y también ideas religiosas extranjeras. Los ángeles desempeñaban funciones y ministerios divinos entre los hombres. Eran seres celestiales mediante los cuales Dios, cada vez más trascendente y separado del mundo, se hacía presente y actuaba. Eran, por ejemplo, mensajeros de los designios de Dios. Los demonios eran ministros de Satanás, su príncipe, para frustrar en la vida de los hombres los designios divinos (eran ángeles malos). Había un claro influjo del dualismo persa, en el que se enfrentaban continuamente un principio bueno y un principio malo.

Los distintos grupos judíos tenían distinta aceptación de estas ideas. Hch 8:23 afirma que los saduceos no creían en los ángeles ni en los espíritus (ni siquiera admitían la existencia en el hombre del alma espiritual), mientras que los fariseos sí. Josefo dice que los esenios tenían cuidado en preservar los nombres de los ángeles.

Israel y la Iglesia

Por Greg Killian

I. Propósito del Estudio

Estoy tratando de ver si hay alguna diferencia escritural entre el pueblo de Dios según se revela en el Tanaj (el Antiguo Testamento), y el pueblo de Dios según se revela en los Escritos Apostólicos.

II. Hipótesis

La Torá (la ley) es una descripción del carácter de Dios según está escrito: Isaías 2:3 "Y vendrán muchos pueblos, y dirán: "Venid y subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos y caminaremos por sus sendas". Porque de Sión saldrá la ley (Torá), y de Jerusalén la palabra del Señor."

Sabemos, por los Escritos Apostólicos, que la "Palabra" es Yeshúa. Este pasaje está equiparando la Torá (Ley) con la Palabra. La Torá es un descripción del Mesías. Y Él es inmutable, según está escrito: Malaquías 3:6 "Porque yo el Señor no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos."

Un Dios inmutable cuyo carácter está definido por la Torá, tendría un requisito constante e inmutable para aquellos a quienes Él ama. Sabemos que todos los que son salvos por gracia a través de la fe, son llamados hijos de Dios, según está escrito: Romanos 8:14 "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios."

Una reunión de los hijos de Dios, los que son salvos por gracia a través de la fe, con el propósito de obedecer la Torá y adorar al Dios inmutable, se denomina una asamblea según está escrito: Deuteronomio 5:22 "Estas palabras habló el Señor a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí."

La palabra "asamblea", es kahal en hebreo. Esta es la palabra hebrea, que se traduce por ekklesía, o iglesia, en la Septuaginta.

Por tanto, yo esperaría que un Dios inmutable tenga el requisito inmutable de que Su pueblo obedezca la Torá (la ley), que es una descripción de Su carácter. El término, "iglesia" e "Israel", son los dos términos usados con más frecuencia, para describir esta asamblea, llamada afuera. Por tanto, yo esperaría que ambos términos describan el mismo grupo de gente.

III. El uso de "asamblea" por primera vez.

El primer uso de asamblea "kahal" está en: El primer uso de "Kahal" que se traduce por ekklesía en la Septuaginta, se encuentra en: Génesis 28:1-4 "Entonces Isaac llamó a Jacob y lo bendijo, y le mandó diciendo: "No tomes mujer de las hijas de Canaán. Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te mutiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham."

En este pasaje vemos que la comunidad de pueblos, o iglesia, serían los hijos de Isaac, Jacob. ¡De Jacob tenemos las doce tribus de Israel! La palabra relacionada, "edá" se encuentra por primera vez en: Éxodo 12:1-3 "Habló el Señor a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia."

¡Este pasaje también nos lleva de nuevo a Israel!

Examinemos las palabras para "iglesia" en los Escritos Apostólicos, y "congregación" en el Tanaj. Iglesia es la traducción al castellano del griego "ekklesía". "Ekklesía" también se traduce por "congregación" o "asamblea". La definición en el Diccionario de Strong es: La 1577 ekklesía, compuesta por la palabra 1537, y una derivación de la palabra 2564; una convocatoria o llamar afuera, por ejemplo, una reunión popular, específicamente, una congregación religiosa (Sinagoga Judía, o comunidad cristiana de miembros en la tierra o santos en el cielo o ambos): asamblea, iglesia.

Así pues, una iglesia es una asamblea o congregación. "Congregación" es una traducción al castellano del hebreo "kahal"

Las palabras hebreas 6951 y 6950 del Diccionario de Strong significan: asamblea, compañía, congregación, multitud.

El griego ekklesía significa simplemente una Asamblea: cualquier asamblea de personas que son convocadas (pues este es el significado etimológico de la palabra) por otras personas. Por ello, se usa para todo la nación de Israel como distintos a otras naciones.

La Septuaginta usa la palabra ekklesía setenta veces cuando traduce la palabra hebrea khl; (kahal), de la cual se forma la palabra inglesa "call" (Nota del traductor: en castellano "llamar"). Esto significa convocar, reunir, congregar o recoger. Una palabra relacionada es: La palabra 5712, "edá", femenino. De la palabra 5707 en el sentido original de permanente; una asamblea indicada (específicamente una concurrencia, o generalmente una familia o multitud): asamblea, compañía, congregación, multitud, pueblo, enjambre. Compare la palabra de Strong 5713.

El primer uso de la palabra ekklesía, en el orden de los Escritos Apostólicos, está en: Mateo 16:18 "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella."

Pedro era un israelita. Así pues, si la iglesia del Mesías tiene algo que ver con la gente, tiene que ver con Pedro, o con los israelitas.

IV. Uso idiomático de "Iglesia":

Miremos a otro uso de la palabra "iglesia". Esta utilización es una frase idiomática: "El Ángel de la Iglesia". Este es un oficial de la sinagoga. Los nombres y títulos siguientes también describen a este oficial:

Sheliaj Tsibur (Hebreo) Angellos Ekklesía (Griego) (Ángel de la Asamblea, o Ángel de la Iglesia) Obispo de la congregación

Baal Tefilá (Maestro de Oración)

Jazán Supervisor

A este oficial se le conoce hoy en día como el Jazán, Jazán HaKneset, o el pertiguero o bedel. Los títulos para este cargo, Según Shuljan Aruj – OH 53:4-9, eran:

Humildad, Aceptable a la congregación, Conocimiento de las normas de oración y pronunciación correcta del texto hebreo.

Una voz agradable, Vestido decoroso, Tener barba (Magen Avraham a Shulján Aruj OH. 53:6)

Este hombre era el ministro público de la sinagoga. Era responsable de la oración pública, o de designar a los que leían la Torá, y a veces predicaba si no había otros para realizar esa tarea. Este hombre no leía la Torá públicamente, pero cada Shabat llamaba a siete miembros de la sinagoga (otros días menos) que él juzgaba calificados para leer. Él estaba al lado de los que leían y cuidadosamente se aseguraba que leían correctamente. Los corregía si se equivocaban. Por este motivo también se le llamaba "supervisor". Si alguien quería que algo se leyese en la sinagoga, en el Shabat se le daba al Ángel de la Iglesia; por esto las cartas, en los primeros capítulos del libro de Apocalipsis, están dirigidas al Ángel de la Iglesia. Él hacía que otros leyesen las cartas en el Shabat a toda la congregación.

Inicialmente, en el servicio del Templo en Jerusalén, el Ángel de la Iglesia era el ministro que actuaba como líder de oración en intercesión ante Dios por los fieles.

Este cargo se encuentra varias veces en los escritos apostólicos. He subrayado la palabra. Observen que no siempre se ha traducido como "el Ángel de la iglesia":

Lucas 4:14-21 "Yeshúa volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el Shabat entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde esta escrito: 'El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor'. Y enrollando el libro, lo dio al ministro y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros."

Mateo 5:25 "Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel."

Mateo 10:16-20 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio de ellos y a los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablareis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros."

Apocalipsis 2:1 "Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro"

Apocalipsis 2:8 "Escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió"

Apocalipsis 2:12 "Escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos"

Apocalipsis 2:18 "escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido"

Apocalipsis 3:1 "Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los sietes espíritus de Dios, y las siete estrellas dice: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto."

Apocalipsis 3:7 "Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre."

Apocalipsis 3:14 "Escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación."

Del uso anterior entendemos que el "Ángel de la Iglesia" era simplemente un oficial de la sinagoga y del Templo. Ambas instituciones estaban asociadas con Israel.

V. Ejemplos.

Me gustaría sacar la palabra "iglesia" de las frases siguientes y sustituirla por la palabra "congregación". Esto nos ayudaría a entender la palabra "iglesia" un poco mejor:

Mateo 18:15-17 "Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano."

En esta porción la audiencia se compone de los Apóstoles, que eran todos ellos israelitas. Estos israelitas no tenían una iglesia como nosotros entendemos. Sólo tenían sinagoga compuestas de miembros que era israelitas o convertidos. No sabían nada de un solo pastor porque siempre tenían tres pastores como mínimo. La palabra "pastor" en singular no se da nunca en los Escritos Apostólicos. SÓLO se da en plural. No sabían nada de nuestras canciones de iglesia, gobierno de la iglesia, edificios de la iglesia, comunión, bautismo en la iglesia, o ninguna otra ceremonia asociada con la iglesia. ¡Sólo conocían la sinagoga!

Si se analiza la secuencia aquí, se observa que el número de personas a las que "vamos", va aumentando de una a dos o tres o a toda la congregación. La idea de una congregación es la idea de hablar a toda la gente de nuestra ciudad o comunidad. Bíblicamente hablando, el congregante SIEMPRE andaba menos de un camino de Shabat para ir a la sinagoga. Así pues, si se decía un asunto a la congregación, con toda seguridad se aislaba al pecador de su comunidad.

VI. El Libro de Rut

El libro de Rut da un ejemplo precioso de la iglesia:

Rut 1:3-5 "Murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años. Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido."

Así pues tenemos una mujer moabita llamada Rut casada con un judío de la tribu de Judá. Los Sabios, están todos de acuerdo en que Rut se convirtió en seguidora judía antes de casarse con Mahlón. Esto se ve claramente en la declaración de Rut:

Rut 1:15-18 "Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella. Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga el Señor, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos. Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más."

Aquí Rut se identifica con el Dios de los judíos. De hecho, es en este pasaje que los judíos entienden que se debería intentar disuadir a los posibles seguidores tres veces y luego se les debería aceptar y nunca disuadirlos de nuevo.

Observen que Rut y Noemí llegan a Israel al comienzo de la Pascua.

Rut 1:22 "Así volvió Noemí y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada."

La siega de la cebada SIEMPRE empieza el día después del primer día de la Pascua. La Pascua está relacionada con Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés (La Fiesta de las Semanas) por la cuenta del omer. Cuando terminamos de contar siete semanas y cincuenta días, empezamos a celebrar Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés.

Ahora vemos que Rut se compromete en Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés. 

Rut 2:23 "Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando, hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo; y vivía con su suegra."

Puesto que sabemos que la siega del trigo SIEMPRE empieza en Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés, entendemos que el final de la siega de la cebada representa el comienzo de la siega del trigo. En ese tiempo fue el compromiso de Rut.

Rut 3:1-13 "Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿No he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien? ¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas. Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber. Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta, e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer. Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes. Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó. Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies. Entonces él dijo: "¿Quién eres?" Y ella respondió: "Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano". Y él dijo: "Bendita seas tú del Señor, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean Pobres o ricos. Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa. Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo. Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive el Señor. Descansa, pues, hasta la mañana."

Todos los Sabios entendían que Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés, es cuando fue el compromiso de Rut. Los Sabios también entienden que Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés, es cuando Israel se comprometió con Dios, al pie del Monte Sinaí en los días de Moisés.

Así pues Rut, la convertida, representando a la "iglesia", se comprometió en Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés. La "Iglesia", tipificada por Rut, primero empezó a guardar la Torá y luego se comprometió.

VII. Relacionando "asamblea" (kahal) e "iglesia" (ekklesía) en el tiempo.

Tenemos un interesante Escrito Apostólico que señala hacia atrás, hacia la "iglesia" o ekklesía, en el desierto. Este es la primera referencia de un Escrito Apostólico sobre la iglesia, en el tiempo. Una lectura detenida muestra que los que constituyen la iglesia son los hijos de Israel.

Hechos 7:37-40 "Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación (ekklesía) en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos; al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto, cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos que le haya acontecido."

Los denominados Israelitas, en el pasaje anterior, también incluyen a Gentiles, según está escrito:

Éxodo 12:37-38 "Partieron los hijos de Israel de Ramesés, a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado."

Vemos este mismo grupo de Judios y Gentiles, denominados Israelitas, en:

Deuteronomio 29:9.-15 "Guardareis, pues, las palabras de este pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo lo que hiciereis. Vosotros todos estáis hoy en presencia del Señor vuestro Dios; los cabezas de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales, todos los varones de Israel; vuestros niños, vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campamento, desde el que corta tu leña hasta el que saca tu agua; para que entres en el pacto del Señor tu Dios, y en su juramento, que el Señor tu Dios concierta hoy contigo, para confirmarte hoy como su pueblo, y para que él te sea a ti por Dios, de la manera que Él te ha dicho, y como lo juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. Y no solamente con vosotros hago yo este pacto y este juramento, sino con los que están aquí presentes hoy con nosotros delante del Señor nuestro Dios, y con los que no están aquí hoy con nosotros."

El Talmud, (la ley oral) registra que Dios habló en setenta lenguas en el Sinaí, para que el mundo entero pudiese entender Su Torá.

Talmud – Mas. Shabbath 88b: "R. Johanan dijo: Lo que significa ese versículo, El Señor da la palabra: ¿Son los que publican las nuevas un gran ejército? Cada palabra que salía del Omnipotente se dividía en setenta lenguas. La Escuela de R. Ismael enseñaba: "Y como un martillo que rompe la piedra a trozos, igual que un martillo se divide en muchas chispas, así cada palabra que salía del Santo, bendito sea Él, se dividía en setenta lenguas."

Está escrito que el número de naciones es setenta en:

Deuteronomio 32:8 "Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel."

Génesis 46:26-27 "Todas las personas que vinieron con Jacob a Egipto, procedentes de sus lomos, sin las mujeres de los hijos de Jacob, todas las personas fueron sesenta y seis. Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las personas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta."

Entendiendo así lo que ocurrió en el Monte Sinaí, cuando se dio la Torá, podemos apreciar esta escena en Hechos 2:1-47 "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿No son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto. Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre. Antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejará mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia. Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Yeshúa resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Porque David no subió a los cielos; porque él mismo dice: Dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo, Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos."

¡En el pasaje anterior, Dios repetidamente hace énfasis en que los hombres que se añadían a su número eran JUDIOS! ¡No sólo son judíos, sino judíos que guardan la Torá! Los temerosos de Dios eran prosélitos al Judaísmo y por tanto los consideraríamos también Judíos. El otro único grupo de gente mencionado, son los hombres que vivían en Jerusalén. Esos en su mayoría serían judíos también. Esto es exactamente la misma composición que el pueblo en el desierto del Sinaí, en los días de Moisés. La multitud mixta era demostradamente prosélitos al Judaísmo. De hecho, las normas para cómo los Gentiles eran recibidos dentro del Judaísmo se derivaban de los hechos que los que el pueblo realizó justamente antes de la declaración de la Torá.

Hay muchos que ven Hechos 2 como el comienzo de la Iglesia. Esto no puede ser. En primer lugar, la palabra "iglesia" no se usa en este pasaje. En segundo lugar, esto ocurre 1300 años después de la entrega de la Torá, la cual claramente se denominaba la "iglesia" según:

Hechos 7:37-40 "Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación (ekklesía) en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos; al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto, cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido."

Es instructivo observar que la entrega de la Torá, en Hechos 7:37-40, y en los acontecimientos de Hechos 2, ambos tuvieron lugar en Jag Shavuot, La Fiesta de Pentecostés. Así pues, estaría de acuerdo en que la iglesia se formó primero en Jag Shavuot, la Fiesta de Pentecostés, pero sugeriría que ocurrió en los días de Moisés, que fue 1300 años antes de los acontecimientos de Hechos 2.

VIII. Conclusión

Diciéndolo de otra forma: La primera iglesia se formó en los días de Moisés compuesta por Israelitas y una gran multitud mixta (Gentiles prosélitos), al pie del Monte Sinaí, en la Fiesta de las Semanas (Shavuot [Hebreo]  Pentecostés [Griego])

La mayoría de los cristianos están de acuerdo en que la primera iglesia se formó en la Fiesta de Pentecostés, pero ven el cuadro del tiempo, como el tiempo de Hechos capítulo 2. Aun así, la gente en Hechos capítulo dos estaba compuesta por Israelitas (Judíos y prosélitos), en Jerusalén, mientras observaban el mandamiento de la Torá de celebrar la Fiesta de Pentecostés. ¡Estos no eran como los cristianos de hoy en día que no guardan la fiestas, y que no observan la Torá!


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Israel

                     Sección 5

La educación en Israel
Posición de la mujer
Las sinagogas...
El Judaísmo
Mesianismo y...  
Israel y la Iglesia

                      Nota

El nombre Israel se deriva de la raíz hebrea sara, llevando el sentido verbal intransitivo de "luchar, forcejear, persistir, perseverar"

La Biblia describe a Israel en términos de historia más bien que de definición, y emplea la palabra con los siguientes significados: (1) Como el nombre dado divinamente al patriarca Jacob después de su lucha con el ser divino (Os. 12:4,5; Gén. 32:28; 35:10) "Ha luchado con Dios; príncipe de Dios". (2) Como el nombre aplicado colectivamente y nacionalmente a todas las doce tribus descendientes de Jacob-Israel (Ex. 3:9, 10, 11, 15, 16) (3) El nombre apropiado por el reino del norte que fuera formado por Jeroboam (1 R. 12:25-14:20) después de la separación bajo el hijo de Salomón, Roboam. (4) Figurativamente de los hijos de la promesa (Rom. 9:6-13; Gál. 6:16), el término se extiende para incluir a los creyentes gentiles en igualdad de privilegios. (Rom. 11:17-32).

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