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La
Fe
que
Espera
Respuesta
Jorge Müller, de Bristol, Inglaterra, se hizo famoso
por la atención que prestó a los niños huérfanos. Construyó un hogar
donde se refugiaron y educaron cientos de ellos. Fue proverbial su
fe y vida de oración .Una vez los niños del orfanato se reunieron
alrededor de las mesas como de costumbre para desayunar pero esta
vez solo había sobre las mesas cucharas, platos y jarras vacíos,
pues no tenían nada para comer.
El señor Müller dijo
entonces:
“Demos
gracias a Dios por lo que vamos a recibir”. Todos inclinaron sus
cabezas con reverencia: Apenas habían terminado de orar cuando
llamaron a la puerta . Era el lechero , cuyo carro se había averiado
a la puerta y el buen hombre entendió aquello como una indicación de
parte de Dios de que debería dejar allí la leche para beneficio de
los niños . Mientras descargaba la leche , llegaron de la panadería
con una partida de pan que había salido defectuoso y no lo podían
vender, pero que estaba en perfectas condiciones para comer . De
esta manera, aquellas docenas de niños comieron aquel día. De mil
maneras se mostró en la vida y ministerio de Jorge Müller el poder
de la fe y la oración.
El
Rey
y
el Rabí
Federico de Prusia, conocido por "El rey escéptico", dijo en cierta
ocasión a un rabino judío que le mostrase a Dios, si quería
persuadirle de su existencia. El astuto rabino respondió:
-No puedo mostraros al Señor, pero si vuestra Majestad quiere
asomarse a la puerta de su tienda podrá ver en este preciso momento
a una de sus criaturas que con más diligencia le sirven.
Asómase el rey, dándole el sol del mediodía en plena frente.
-¿No lo veis? Está allí el servidor de Dios -dijo el rabí.
-¿Dónde? exclamó cerrando los ojos.
-Allá arriba -prosiguió el rabí. -Allá, no hay más que la luz del
sol, que no puedo mirar -exclamó el rey volviendo el rostro.
Pues si no podéis mirar la luz que procede de una de sus criaturas,
¿cómo pretendéis ver con vuestros ojos humano¡ al Creador de todas
las cosas?
Sacados del Polvo
El profesor E. Slosson, de Washington, un analista químico de alta
reputación declara la asombrosa veracidad verbal que distingue a la
Biblia, aún en química, llevándole a rendir homenaje al "Libro de
los libros" como "Palabra de Dios".
A
este propósito explica que el capítulo dos del Génesis afirma que
Dios formó al hombre "del polvo de la tierra". El
profesor Slosson asegura que estas simples palabras tienen el más
profundo significado científico, pues "el polvo de la tierra"
contiene exactamente 14 de los 92 elementos químicos conocidos por
la ciencia, y el cuerpo humano está compuesto precisamente de los
mismos 14 elementos que integran la tierra; ni más ni menos. Otros
científicos ingleses confirman esta interesante afirmación como un
hecho conocido de la ciencia química
La
Fe
El
gran equilibrista había tendido una cuerda desde un borde al otro de
un acantilado. El se aprestaba a hacer su demostración y la
multitud, situada abajo, esperaba ansiosa. ¿Creen que puedo cruzar
al otro lado caminando por la cuerda?- Preguntó el artista. -¡Sí!
Contestó la multitud. Y allá fue el hombre llegando a la orilla
opuesta en medio de los aplausos y el bullicio. -¿Creen que puedo
cruzar al otro lado llevando una carretilla?- .
-¡Sí
! - se escuchó nuevamente.
-Ahora : ¿Creen que puedo cruzar llevando una persona
en la carretilla? Preguntó. ¡Sí! Nuevamente fue la respuesta.
Entonces el artista dijo: ¿Quién es voluntario para subir a la
carretilla?. Se hizo un silencio total. Todos se estremecieron.
Todos temieron. Todos creían siempre y cuando no estuviera en juego
su seguridad personal. En realidad no creían. No confiaban en él.
Entonces, de la multitud surgió un niño, que rápidamente corrió y
subió a la carretilla. Ambos el equilibrista y el niño llegaron sin
demora al otro lado, corriendo por la cuerda. Ese niño era el hijo
del artista, que confiaba con todo su corazón en su papá.
Cuantas veces nosotros decimos que creemos pero no es así. Pensamos
que Cristo es el Salvador del Mundo pero no creo que sea mi
Salvador. Creemos que el libró a otros pero no creo que me librará a
mí.. Creo que sanó a otros pero no creo que me sanará a mí. No me
atrevo a emprender alguna tarea difícil, porque creo que no me
sostendrá.
¡Ojalá nuestra fe sea como la de ese niño!
No
se Puede
Molestar al
Papa
En
un relato de prensa a cerca del Vaticano por dentro, se publicaba
que el Papa tiene cerca de su amplio escritorio un teléfono de color
blanco. Esto no tendría nada de particular si la noticia no agregara
que nadie puede llamar al Papa; y que éste solamente usa el aparato
en muy pocas ocasiones para comunicarse con sus colaboradores más
allegados.
Esta
novedad sirvió para confirmarnos en la convicción de que es mejor
tener por cabeza a Aquel que nos anima a llamarle de noche y de día,
diciendo: “Clama a mí y yo te responderé; y te enseñaré cosas
grandes y dificultosas que tú no sabes”; “Porque antes que clamen,
responderé yo; y mientras aún hablan, yo habré oído” (Jer. 33:3;
Isaías 65:24)
¡Alégrate, hermano, el teléfono del cielo nunca está “ocupado”! Tus
llamadas serán siempre oídas a través de aquel cable tendido en la
persona de Cristo, único “mediador entre Dios y los hombres” (2 Tim.
2:5).
El
Arbol de Manzanas
Hace mucho tiempo existía un
enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos
los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y
el le daba sombra. El amaba al árbol y el árbol amaba al niño.
Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a
jugar alrededor del enorme árbol.
Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo
triste:"¿Vienes a jugar conmigo?" pero el muchacho contestó "Ya no
soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo
que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos".
"Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero... Te sugiero que
tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás
el dinero para tus juguetes".
El muchacho se sintió muy feliz.
Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser
feliz.
Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el
árbol volvió a estar triste.
Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le
preguntó:
"¿Vienes a jugar conmigo?"
"No tengo tiempo para jugar. Debo de trabajar para mi familia.
Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes
ayudarme?"...
" Lo siento, pero no tengo una casa, pero...tú puedes cortar mis
ramas y construir tu casa".
El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz
nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez
y el árbol volvió a estar triste y solitario.
Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol
estaba encantado. "Vienes a jugar conmigo? le preguntó el árbol.
El hombre contestó "Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un
bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?". El árbol
contestó: "Usa mi tronco para que puedas construir uno y así
puedas navegar y ser feliz". El hombre cortó el tronco y construyó
su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.
Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: "Lo
siento mucho, pero ya no tenga nada que darte ni siquiera
manzanas". El hombre replicó "No tengo dientes para morder, ni
fuerza para escalar...Por ahora ya estoy viejo".
Entonces el árbol con lágrimas en sus ojos le dijo, "Realmente no
puedo darte nada.... la única cosa que me queda son mis raíces
muertas". Y el hombre contestó: "Yo no necesito mucho ahora, solo
un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos
años". "Bueno, las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar
para recostarse y descansar. Ven siéntate conmigo y descansa".
El hombre se sentó junto al árbol y este feliz y contento sonrió
con lágrimas.
Esta puede ser la historia de
cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos
niños, los amamos y jugamos con papá y mamá...
Cuando crecemos los dejamos .....sólo regresamos a ellos cuando
los necesitamos o estamos en problemas... No importa lo que sea,
ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos
felices. Tú puedes pensar que el muchacho es cruel contra el
árbol, pero es así como nosotros tratamos a nuestros padres...
Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado y
si ya no están, que la llama de su amor viva por siempre en tu
corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando estás cansado...
El Arbol de los Problemas
El carpintero que había
contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de
finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se
daño y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo
camión se niega a arrancar.
Mientras lo llevaba a casa, se
sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invito a conocer a su
familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo
brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las
ramas con ambas manos.
Cuando se abrió la puerta,
ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba
plena de sonrisas. Abrazo a sus dos pequeños hijos y le dio un
beso a su esposa.
Posteriormente me acompañó
hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y
le pregunté acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes.
"Oh, ese es mi árbol de
problemas", contestó. "Sé que yo no puedo evitar tener problemas
en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no
pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que
simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa.
Luego en la mañana los recojo otra vez".
"Lo divertido es", dijo
sonriendo, "que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay
tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".
El Eco
Jorge, que no sabía lo que era
el eco, un día se divertía en el campo en ir montado sobre un palo
de escoba, como si fuera un asno y en gritar:
-¡Arre! ¡Arre! Pero
inmediatamente oyó las mismas palabras en el bosque cercano.
Creyendo que algún niño se hubiera escondido en él, le preguntó
admirado:
-¿Quién eres tú? La voz
misteriosa repitió inmediatamente:
-¿Quién eres tú? Jorge, lleno
de furor, le gritó entonces:
- Tú eres un necio.
Enseguida la misteriosa voz
repitió las mismas palabras. Entonces Jorge montó en cólera y
lanzó palabras cada vez más injuriosas contra el desconocido que
suponía escondido; pero el eco se las devolvía con la máxima
fidelidad. Jorge corrió al bosque para descubrir al insolente y
vengarse de él, pero no encontró a nadie. Entonces marchó a su
casa, y fue a consolarse con su mamá de lo que le había sucedido,
diciéndole que un bribonzuelo, escondido en el bosque, lo había
colmado de injurias.
Esta vez te has engañado, pues
lo que has oído ha sido el eco de tus mismas palabras - le dijo la
madre -. Si tú hubieras dicho en alta voz una palabra afectuosa,
la voz de que hablas te hubiera respondido también en términos
afectuosos. Lo mismo sucede en la vida ordinaria. Por lo común, el
proceder de los demás para con nosotros es el eco de nuestra
conducta para con ellos. Si somos educados con los demás, los
demás lo serán con nosotros. Si, en cambio, somos descorteses,
ruines y groseros con nuestros semejantes, no tenemos derecho a
esperar ser tratados de diferente manera.
Un día un hombre sabio llegó hasta una pequeña ciudad. Necesitaba
un lugar donde parar, por lo cual fue a la primera iglesia que
encontró. Adentro, la gente discutía acerca de cómo podían
agradar más a Dios.
“Yo les voy a ayudar, dijo el hombre”, “Pero deben prometerme que
van a hacer lo que yo digo para glorificar a Dios”.
“Oh sí, nosotros queremos hacer eso”, le aseguró la gente.
“Nosotros queremos”.
Él les dio dones a cada uno, uno iba a ser pianista, el otro un
flautista. A uno le dio un violonchelo, a otro un violín y aún a
otro le dio el papel del dirigente.
La gente trabajó larga y duramente para preparar una canción de
alabanza para presentarla en la iglesia. La música cada vez era
más hermosa.
Una noche, durante los ensayos, el violinista dijo al pianista:
“Estoy tan contento de tener el puesto importante de violinista.
Seguramente odiaría ser un dirigente”. El dirigente estaba tan
herido que se fue a su casa.
Al día siguiente, cuando el grupo se reunió para practicar, nada
funcionó bien. Finalmente, el flautista dijo: “Sin el dirigente
aquí, yo no sé cuándo me toca entrar con mi parte”. Empezaron una
y otra vez pero la música sonaba terrible.
Fue entonces que
el violinista habló con voz triste. “Lo lamento. Es todo por mi
culpa. Yo creí que era tan importante que no necesitaba la ayuda
de un dirigente. Estaba equivocado!”
Por lo tanto, se dirigió hacia la casa del dirigente y le pidió
que regresase con él. El dirigente accedió y otra vez la música
era magnífica.
Un domingo, ejecutaron su música en la iglesia. Dios miraba desde
arriba y sonreía.
Yo creo que hasta le guiñó un ojo al dirigente.
La conciencia
(Los dos hombres del corazón)
Un indio americano visitó la casa de unos vecinos blancos para
pedirles un poco de tabaco. El generoso vecino le dio un buen
puñado y cuando el indio estaba haciendo cigarros, descubrió un
cuarto de dólar entre el tabaco. De momento pensó que como se lo
habían dado debía guardárselo, pero a la mañana siguiente
compareció ante su vecino y le devolvió el dinero. Éste le
preguntó porqué razón lo devolvía, si nadie se lo podía reclamar.
El indio respondió señalando su pecho:
-
Es que yo tengo aquí hombre bueno y hombre malo. El hombre bueno
me decía:
- "Ese dinero no es tuyo; tienes que devolverlo a su dueño"
El malo respondía:
- "Tu vecino te lo dio y es tuyo ahora"
El bueno replicaba:
- "No es verdad; él te dio el tabaco, no el dinero"
El malo volvía a replicar:
- "No importa, ahora es tuyo, vete y compra alguna bebida"
El bueno respondía:
- "No lo hagas"
No sabiendo
que hacer me fui a dormir, pero el hombre malo y el hombre bueno
han estado discutiendo toda la noche y no me han dejado pegar un
ojo. Por esto le devuelvo el dinero, y ahora me siento mejor.

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