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Petición Extraña
En la corte de
un rey de Sicilia vivían dos soldados que pasaban por envidioso el
uno y avariento el otro. Queriendo divertirse el príncipe,
llamólos a su presencia, y después de haber elogiado sus
servicios, manifestóles su intención de dar a cada uno el premio
que desearen, haciéndolos observar, no obstante, que el primer
solicitante recibiría el objeto de su deseo, y el segundo el duplo
del primero.
Silenciosos y meditabundos
quedaron largo rato los dos soldados, no queriendo ninguno de
ellos adelantar su solicitud. El avariento decía para sí: “Si
empiezo yo, me tocará la mitad menos que a mi compañero”.
El envidioso a
su vez discurría en sus adentros: “Jamás consentiré que a este
grandísimo avariento le toque más que a mí”
El príncipe
gozaba al contemplar tal indecisión, y después de mucha espera,
resolvió terminar aquella escena. dirigiéndose al envidioso, le
ordenó se adelantara y manifestase su deseo. Vaciló éste un
momento, diciendo entre sí: “¿Qué favor pediré o de qué
estratagema me valdré para que este avariento no se lleve más que
yo?”
Si pido un
caballo, dos habrá para él; si una casa, dos conseguirá él...¿Qué
cosa puedo pedir? ... ¡Canastos! Ya lo sé, pediré un castigo para
que él reciba dos. Y dirigiéndose en el acto al príncipe, díjole
con tono decidido: “Suplico a su Mejestad mande se me arranque un
ojo”
Cuando esto oyeron rey y
cortesanos, soltaron una ruidosa carcajada; todos hicieron mofa
del envidioso echándole en cara su bárbaro atrevimiento, y él con
su insulsa petición, sólo logró poner de manifiesto la fiera
pasión que le dominaba.
¿Cómo
es
la
Gente
por
Aquí?
Un
joven recién llegado a un pueblo preguntó a un anciano que estaba
con su nieto: "¿Cómo es la gente que vive aquí?".
El anciano le respondió con otra pregunta:
¿Cómo es la gente del lugar de donde vienes?
El
joven le dijo: "Muy egoísta, envidiosa y vengativa"
El viejo replicó..."Pues esa misma gente encontrarás aquí"
Más tarde llegó otro joven que hizo la misma pregunta que el
anterior:
El
anciano le hizo la misma pregunta: ¿Cómo es la gente del lugar de
donde vienes? El joven le contestó: "Confiable, amable, justa, y
con
mucho amor para los demás..."
A lo que el anciano contesta: "¡Pues esa misma gente es la que
encontrarás aquí!"
El nieto del anciano preguntó entonces:
"¿Por qué
has dicho eso abuelo?"
A lo que su abuelito le respondió:
"Cada cual, crea su ambiente externo con lo que sale del interior
de
su
corazón, y por su forma de percibir las cosas..."
El
Chisme
Existe
una historia de una mujer en Inglaterra quien llegó hasta su
párroco con una conciencia atormentada. El párroco la conocía como
una habitual chismosa, ella calumniaba a casi todo el pueblo.
"¿Cómo puedo hacer para cambiar?", suplicó.
El párroco replicó: "Si usted quiere tener paz en su conciencia,
tome un saco de plumas de ganso y ponga una en la entrada de cada
casa de las personas que ha difamado".
Después de cumplir con el pedido, volvió al párroco y le preguntó:
"¿Eso es todo?" "No", dijo el sabio anciano ministro, "Ahora debe
volver y recoger cada pluma y traérmelas a mí".
Luego de largo tiempo, la mujer volvió sin una sola
pluma. "El viento las espació a todas", dijo ella. "Buena mujer",
replicó el párroco, "Así es con los chismes. Las hirientes
palabras se arrojan con facilidad, pero nunca podremos volver a
recogerlas".
Colaboración de José Lara, Van Nuys, California, USA
Cierto viejo solitario, vivía en
las profundidades de las montañas de Colorado. Cuando murió, sus
parientes lejanos vinieron de la ciudad para llevarse sus cosas
de valor. Luego de llegar, todo lo que ellos vieron fue una vieja
choza con un retrete adosado a ésta. Dentro de la choza, cerca de
la chimenea de piedra, había una vieja cacerola
y su equipo de minería. Una mesa llena de grietas con una silla de
tres patas montaban guardia junto a una delgada ventana, y una
lámpara de kerosene servía como centro de mesa. En un rincón
oscuro había un desmoronado catre con una gastada bolsa de dormir
sobre él.
Ellos recogieron algunas de las
viejas reliquias y se dispusieron a partir. Mientras se iban, un
viejo amigo del solitario, sobre su mula, les hizo señas que
parasen. "¿Les importaría si yo saco algo de lo que ha quedado en
la cabaña de mi amigo?", preguntó. "Vaya tranquilo", le
contestaron. Después de todo, pensaron, ¿qué puede haber de valor
dentro de la choza?.
El
viejo amigo entró a la choza y caminó directamente hacia la mesa.
Estiró el brazo debajo de ella y levantó una de las tablas del
piso. Luego procedió a sacar todo el oro que su amigo había
encontrado en los últimos 53 años, suficiente como para que se
hubiese construido un palacio.
El solitario murió con un solo amigo que lo sabía. Mientras el
amigo miraba por la pequeña ventana observando la nube de polvo,
detrás de la cual desaparecía el coche de los parientes, dijo:
"Deberían haberlo conocido mejor.
Colaboración de José Lara, Van
Nuys, California, USA
Samaritanos
de Hoy
Casi no la había visto. Era una señora anciana con el auto varado
en el
camino. El día estaba frío, lluvioso y gris. Alberto se pudo dar
cuenta
que la anciana necesitaba ayuda. Estacionó su vetusto Pontiac
delante
del mercedes de la anciana, aún estaba tosiendo cuando se le
acercó.
Aunque con una sonrisa nerviosa en el rostro, se dio cuenta que la
anciana estaba preocupada. Nadie se había detenido desde hacía más
de
una hora, cuando se detuvo en aquella transitada carretera.
Realmente,
para la anciana, ese hombre que se aproximaba no tenía muy buen
aspecto,
podría tratarse de un delincuente. Mas no había nada por hacer,
estaba
a
su merced. Se veía pobre y hambriento.
Alberto pudo percibir como se sentía. Su rostro reflejaba cierto
temor.
Así que se adelantó a tomar la iniciativa en el diálogo. "Aquí
vengo
para ayudarla señora. Entre a su vehículo que estará protegida del
clima.
Mi
nombre es Alberto". Gracias a Dios sólo se trataba de un neumático
bajo, pero para la anciana trataba de una situación difícil.
Mientras Alberto arreglaba el vehículo, la anciana
le
contó de donde venía;
y
que tan solo estaba de paso por allí.
Cuando Alberto terminó, ella
preguntó cuanto le debía, pues
cualquier suma sería correcta dadas las circunstancias, pues
pensaba
las cosas terribles que le hubiese pasado de no contar con la
gentileza
de
Alberto. Él no había pensado en dinero. Esto no se trataba de
ningún
trabajo para él. Ayudar a alguien en necesidad era la mejor forma
de
pagar por las veces que a él, a su vez, lo habían ayudado cuando
se
encontraba en situaciones similares. Alberto estaba acostumbrado a
vivir
así. Le dijo a la anciana que si quería pagarle, la mejor manera
de
hacerlo sería que la próxima vez que viera a alguien en necesidad
y
estuviera a su alcance el poder asistirla, lo hiciera de manera
desinteresada y entonces... "tan solo piense en mí", agregó
despidiéndose.
Alberto esperó hasta que el auto se fuera. Había sido un día frío,
gris y
depresivo, pero se sintió bien en terminarlo de esa forma, estas
eran las
cosas que más satisfacción le traían. Entró en su coche y se fue.
Unos kilómetros más adelante la señora divisó una pequeña
cafetería.
Pensó que sería bueno quitarse el frío con una taza de café
caliente
antes de continuar el último tramo de su viaje. Se trataba de un
pequeño
lugar un poco desvencijado. Por fuera había dos bombas viejas de
combustible que no se habían
usado en años. Al entrar se fijó en la
escena interior. La caja registradora se parecía a aquellas de
cuerda
que había usado en su juventud. Una cortés camarera se le acercó y
le
extendió una toalla de papel para que se secara el cabello, mojado
por
la
lluvia. Tenía un rostro agradable con una hermosa sonrisa. Aquel
tipo
de
sonrisa que no se borra aunque estuviera muchas horas de pie.
La anciana notó que la camarera estaría de ocho meses de
embarazo.
Y
sin embargo esto no le hacía cambiar su simpática actitud. Pensó
en
cómo, gente que tiene tan poco, pueda ser tan generosa con los
extraños.
Entonces se acordó de Alberto. Luego de terminar su café caliente
y su
comida, le alcanzó a la camarera el precio de la cuenta con un
billete
de
100 dólares. Cuando la muchacha regresó con el cambio constató que
la
señora se había ido. Pretendió alcanzarla. Al correr hacía la
puerta vio
en
la mesa algo escrito en una servilleta de papel al lado de otros
cuatro billetes de 100 dólares. Los ojos se le llenaron de
lágrimas
cuando leyó la nota: "No me debes nada, yo estuve una vez como tú
estás.
Alguien me ayudó como hoy te estoy ayudando a ti. Si quieres
pagarme,
esto es lo que puedes hacer: No dejes de asistir y ser bendición a
otros
como hoy lo hago contigo. Continúa dando de tu amor y no permitas
que
esta cadena de bendiciones se rompa". Aunque había mesas que
limpiar y
azucareras que llenar, aquél día se le fue volando. Esa noche, ya
en su
casa, mientras entraba sigilosamente en su cama, para no
despertar a su agotado esposo que debía levantarse muy temprano,
pensó
en
lo que la anciana había hecho con ella...
¿Cómo conocería las necesidades que tenía con su esposo, y los
problemas
económicos que estaban pasando, máxime ahora con la llegada del
bebé?.
Era consciente de cuan preocupado estaba su esposo por todo esto.
Se
acercó suavemente hacía él, para no despertarlo, mientras lo
besaba
tiernamente, y le susurró al oído:
"Todo va a estar bien, te amo... Alberto"
La
Fe
de Jorge Müller
El capitán de un
barco contó la siguiente historia:
La última vez que
navegué por aquí, hace cinco semanas, me aconteció algo
extraordinario que revolucionó mi vida por completo. Teníamos a
bordo a Jorge Müller, de Bristol. Durante veinticuatro horas yo no
había abandonado el puente de mando, cuando se acercó Jorge Müller
y me dijo:
-Capitán, he venido
para decirle que necesito estar a Québec el sábado por la tarde.
-Es imposible- le
repliqué
-Está bien, si su
barco no puede llevarme, Dios proveerá otro medio. Durante
cincuenta y siete años nunca he faltado a ninguno de mis
compromisos. ¿quiere acompañarme a orar?
Miré a aquel hombre
de Dios y me dije, “¿de qué manicomio habrá escapado este
hombre?” ¡Nunca había oído cosa semejante!
-Señor Jorge Müller-
le dije-.¿No se da cuenta de lo densa que es esta niebla?
-No- contestó-. Mis
ojos no miran la densidad de la niebla, sino al Dios vivo, quien
controla todas las circunstancias de mi vida.
Se arrodillo y oró
una oración simplísima, y cuando terminó yo iba a orar; pero
Müller, poniendo su mano en mi hombro, me dijo que NO orase,
“primero, porque usted no cree que Dios contestará; y segundo,
porque YO CREO QUE ÉL HA CONTESTADO, y no hay necesidad de que
usted ore acerca de ello.”
-Capitán- me dijo-,
yo he conocido a mi señor durante cincuenta y siete años, y
durante todo es tiempo no he faltado ni un solo día en tener una
audiencia con el rey. Levántese, capitán, abra la puerta y vera
como la niebla ha desaparecido.
Me levanté, y
verdaderamente, la niebla había desaparecido.
El
sábado por la tarde Jorge Müller estaba en Québec cumpliendo su
compromiso.
No Menosprecies tu Obra
John Egglen nunca había predicado
un sermón en su vida.
¡Jamás!.
No es que no
quisiera hacerlo, sólo que nunca tuvo la necesidad de ello. Pero
una mañana lo
hizo: La nieve cubrió de blanco su ciudad, Colchester, un lugar
de Inglaterra. Cuando se despertó esa
mañana de domingo de enero de 1850,
pensó quedarse en casa. ¿Quién iría a la
iglesia en medio de semejante
condición climática?. Pero cambió de parecer.
Después de todo era un
diácono. Y si los diáconos no iban ¿Quién lo
haría?. De modo que se calzó
las botas, se puso el sombrero y su capa, y caminó
las seis millas hasta
la iglesia metodista. No fue el único miembro que
consideró la posibilidad
de quedarse en casa. Es más, fue uno de los pocos
que asistieron.
Sólo había trece personas presentes: Doce miembros y un visitante.
Incluso el pastor estaba atrapado por la
nieve. Alguien sugirió que
volviesen a casa, pero Egglen no aceptó esa
posibilidad. Habían llegado
hasta allí, así que tendrían una reunión. Además,
había una visita, un
jovencito de trece años. Pero ¿Quién predicaría?
Egglen era el único diácono.
Le tocó a él. Así que lo hizo. Su sermón sólo duró
diez minutos. Daba
vueltas y divagaba y al hacer un esfuerzo por
destacar varios puntos,
no remarcó ninguno en especial. Pero al final, un
denuedo poco común se
apoderó del hombre. Levantó sus ojos y miró
directo al muchacho y le
presentó un desafío: Joven, mira a Jesús. ¡Mira!
¡Mira! ¡Mira!
¿Produjo algún cambio ese desafío?. Permitan que el muchacho,
ahora un hombre,
conteste: “Sí, miré, y allí mismo se disipó la nube que estaba
sobre mi corazón, las tinieblas se alejaron
y en ese momento vi el sol”
¿El nombre de ese muchacho?... Carlos Haddon
Spurgeon, el que fuera
conocido hasta en nuestros días como "El príncipe
de los predicadores".
¿Supo Egglen lo que hizo? NO. ¿Saben los héroes cuando realizan
actos heroicos?
Pocas veces. ¿Los momentos históricos se reconocen como tales
cuando suceden?. Ya sabes la respuesta a
esa pregunta. (Si no, una visita
al pesebre te refrescará la memoria). Rara vez
vemos a la historia cuando
se genera y casi nunca reconocemos a los héroes. Y
mejor así, pues si
estuviésemos enterados de alguno de los dos,
probablemente arruinaríamos
a ambos. Pero sería bueno que mantuviésemos los
ojos abiertos. Es posible
que el Spurgeon de mañana esté cortando tu césped,
y el "héroe" que lo
inspira podría estar más cerca de lo que te
imaginas, podría estar en tu espejo.
Fuente:
del libro: "Cuando Dios Susurra tu Nombre", de Max Lucado.
Reportándose
Una vez un Pastor estaba dando
un recorrido por la Iglesia al mediodía... al pasar por el Altar
decidió quedarse cerca para ver quien había venido a orar. En ese
momento se abrió la puerta, el Pastor frunció el entrecejo al ver
a un hombre acercándose por el pasillo. El hombre estaba sin
afeitarse desde hacía varios días, vestía una camisa rasgada,
tenía el abrigo gastado cuyos bordes se habían comenzado a
deshilachar. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, luego se
levantó y se fue. Durante los siguientes días el mismo hombre,
siempre al mediodía, estaba en la Iglesia cargando una maleta...
se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir. El Pastor, un
poco temeroso, empezó a sospechar que se tratase de un ladrón, por
lo que un día se puso en la puerta de la Iglesia y cuando el
hombre se disponía a salir le preguntó: "¿Qué haces aqui?". El
hombre dijo que trabajaba cerca y tenía media hora libre para el
almuerzo y aprovechaba ese momento para orar, "Sólo me quedo unos
instantes, sabe, porque la fábrica queda un poco lejos, así que
sólo me arrodillo y digo: "Señor, sólo vine nuevamente para
contarte cuán féliz me haces cuando me liberas de mis pecados...
no sé muy bien orar, pero pienso en Ti todos los días... así que
Jesús, este es Jim reportándose". El Pastor, sintiéndose un tonto,
le dijo a Jim que estaba bien y que era bienvenido a la Iglesia
cuando quisiera. El Pastor se arrodilló ante el altar, sintió
derretirse su corazón con el gran calor del amor de aquel humilde
hombre.
Mientras lágrimas corrían por
sus mejillas, en su corazón, él también repetía la oración de Jim:"SOLO
VINE PARA DECIRTE, SEÑOR, CUAN FELIZ FUI DESDE QUE TE ENCONTRE Y
ME LIBERASTE DE MIS PECADOS... NO SE MUY BIEN COMO ORAR, PERO
PIENSO EN TI TODOS LOS DIAS... ASI QUE JESUS, SOY YO REPORTANDOME".
Cierto día el Pastor notó que
el viejo Jim no había venido. Los días siguieron pasando sin que
Jim volviese para orar. Continuaba ausente, por lo que el Pastor
comenzó a preocuparse, hasta que un día fue a la fábrica a
preguntar por él; allí le dijeron que él estaba enfermo, que pese
a que los médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía
creían que tenía un oportunidad de sobrevivir.
La semana que Jim estuvo en el
hospital trajo muchos cambios, el sonreía todo el tiempo y su
alegría era contagiosa. La enfermera Jefe no podía entender por
qué Jim estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores,
ni tarjetas, ni visitas. El Pastor se acercó al lecho de Jim con
la enfermera y ésta le dijo, mientras Jim escuchaba: "Ningún amigo
ha venido a visitarlo, él no tiene a quien recurrir".
Sorprendido, el viejo Jim dijo
con una sonrisa: La enfermera está equivocada... ella no
puede saber que TODOS LOS DIAS, desde que llegué a este lugar, a
MEDIODIA, un querido amigo mío viene, se sienta aquí en la cama,
me agarra de las manos, se inclina sobre mi y me dice: "SOLO VINE
PARA DECIRTE, JIM, CUAN FELIZ FUI DESDE QUE ENCONTRE TU AMISTAD Y
TE LIBERE DE TUS PECADOS. SIEMPRE ME GUSTO OIR TUS ORACIONES,
PIENSO EN TI CADA DIA... ASI QUE JIM, ESTE ES JESUS REPORTANDOSE".
Amado Hermano, ahora, cada día,
no podemos perder la oportunidad de decirle a Jesus: Aquí Estoy
REPORTANDOME....
¿ME
RECUERDAS...?
SOY YO... LA MUERTE
Te envío este memorando, para
notificarte que MAÑANA te toca a ti... ¡SI!, ¿pensaste que
vivirías mil años?... Calma, no te lamentes; no te lamentes... ni
te preocupes más... todavía te resta todo un día...Y un día puede
ser toda una vida... Si lo sabes aprovechar.
¿Cómo?...Ya no postergues tu vida...Ya no renuncies a ella jamás.
Tienes 24 horas para demostrar tu cariño, tienes 24 horas para
decirle a tus seres queridos, que les amas. para sentir el sol,
para soltar tu llanto, para entregar tu alma al Todo Poderoso.
Tienes todo un día para pedir
perdón, para ser un niño, para ser un sabio, para reír con fuerza,
para gritarle al viento, para disfrutar del resto de la vida, que
queda en tu corazón... La vida te esta rodeando a cada instante
aunque la busques en el futuro, aunque creas haberla olvidado en
el pasado.
LA VIDA ESTA ALLI CONTIGO. Te envuelve con su magia. Pero tú como
un ciego prefieres ignorarla. Es por eso que te envío este
memorando... Para que recuerdes que tienes que morir... Que mañana
tomaré tu mano y te llevaré de aquí...Y quiero preguntarte...
¿Podrías describirme el aroma
de las Rosas?... ¿Podrías decirme lo que sientes, cuando el viento
te envuelve con su ternura, con su brisa y con su fuerza?...
¿Conoces la maravillosa sensación que brinda el Amor? ¿Haz
disfrutado el arte de amar...SIN NINGÚN limite...O te ha detenido
el temor?. Disculpa si soy indiscreta... Lo que pasa es que me
causa mucha gracia el pensar que mañana que te tome en mis
brazos...Vas a estar muerto COMPLETITO AL 100%... No habrá ningún
asomo de vida en ese cuerpo tuyo... Y sin embargo hoy que estas
vivo... El 75% de tu ser parece estar muerto. Tengo aquí a muchos
suicidas que en el justo momento que me vieron de frente.
Descubrieron que la vida es muy bella y mucho más grande que
todos esos problemitas que creyeron irremediables... Justo cuando
sus ojos dejaron de percibir colores, cuando su piel dejó de tener
sensaciones, cuando sus oídos no escuchaban ni siquiera el
silencio, cuando su boca no pudo decir...TE AMO, AYÚDAME, TE
PERDONO, TE EXTRAÑO, ERES ESPECIAL... Cuando sus brazos ya no
pudieron abrazar... Cuando sus piernas ya no pudieron
correr...Cuando sus labios dejaron de sonreír. En ese momento todo
suicida me suplica una oportunidad sin entender que cada instante,
de cada hora, de cada día de su vida es una oportunidad... UNA
OPORTUNIDAD PARA VIVIR CON INTENSIDAD....Y que yo LA MUERTE, SI,
doy oportunidades. Pero sólo a aquel que sabe USAR la vida, sólo a
aquel que se da cuenta que la vida no se puede comprar con ninguna
cantidad de dinero... Que la vida es como una montaña rusa, a la
que te subes y LO DISFRUTAS AL 100% porque sabes que el final esta
cerca y que no podrás comprar otro boleto.
Así que si no me recordabas,
AQUI ESTOY !!! ... Porque mañana te toca a ti... Te queda un sólo
DIA... ¿Qué harás con el?... HOY ESTAS EN LOS BRAZOS DE LA
VIDA... PERO MAÑANA... MAÑANA ESTARAS EN LOS MIOS.... ASI
QUE...VIVE TU VIDA !! ... TE ESPERO...
Atte...
LA MUERTE
Palabras de Aliento
¿Podría hablar con la
encargada?
La súbita pregunta de mi amiga
a la camarera me sobresaltó. Nuestra cena en una popular pizzería
parecía haber transcurrido sin novedad, por lo cual me preguntaba
que estaba por hacer Eileen.
La encargada apareció ante
nuestra mesa pocos minutos después. "¿Qué puedo hacer por usted?",
preguntó titubeando, como si estuviese esperando otra queja de un
cliente enojado.
"Simplemente quería hacerle
saber, que la camarera de esta noche fue realmente excepcional",
comentó Eileen. Luego describió algunas acciones de la camarera
que la habían impresionado.
La encargada estaba obviamente
aliviada y encantada. Igual estaba la camarera, parada cerca de
nosotros. Las cuatro reímos y charlamos por unos minutos. Eileen
les había alegrado el día a dos mujeres que trabajaban
duramente... Y me había dejado una indeleble impresión acerca del
poder de las palabras positivas.
Cuando pensamos en nuestras
palabras, es fácil fijarse en aquellas que quisiéramos recobrar.
Afortunadamente, sin embargo, hay ciertas frases que casi siempre
son las adecuadas para decir, palabras que comunican amor y
estímulo. He aquí algunas de ellas:
"Ha hecho esto muy bien".
"¿puedo orar ahora mismo por usted?"
"¿cómo esta usted realmente?"
" Lo que ha dicho, me ayudó".
"Yo estaba equivocado".
"Gracias por guiarme (o por
servirme)".
"Si le he ofendido, le pido
perdón"
"He apreciado la forma en
que usted________".
"¿Qué puedo hacer para
ayudar?"
"Cuéntame acerca de tu día,
trabajo, tus hijos..".
"Te sigo amando".
"Dios es lo suficientemente
grande como para.________".
"Estoy orgulloso de ti".
"Realmente estas
creciendo".
"Por favor ven a cenar".
"Te extrañé".
"Estoy tan contento por
ti".
"He orado por ti hoy".
"¡Estaré muy contento de...
ayudar!"
En pocas palabras, si hay
palabras que a usted le gustaría escuchar, puede apostar que
también estimularían a otros.
Colaboración
de: Berbardino Sánchez, North Hollywood, California, USA.

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