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La vida es corta
Después de 10 años de
matrimonio, descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa
del amor. Desde hace poco había comenzado a salir con otra
mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.
Tú sabes que la amas -me
dijo un día, tomándome por sorpresa -. La vida es muy corta,
dedícale tiempo. Pero yo te amo a ti - protesté.
Lo sé. Pero también la
amas a ella.
La otra mujer, a quien
mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, viuda desde
hacía 19 años, pero las exigencias de mi trabajo y mis 3 hijos
hacían que solo la visitara ocasionalmente.
Esa noche la llamé para
invitarla a cenar y al cine.
-¿Qué te ocurre? ¿Estás
bien? - me preguntó, mi madre es el tipo de mujer que una
llamada tarde en la noche, o una invitación sorpresiva es
indicio de malas noticias.
-Creí que sería
agradable pasar algún tiempo contigo, le respondí. Los dos
solitos. ¿Qué opinas? Reflexionó sobre ello un momento. Me
gustaría muchísimo, dijo.
Ese viernes mientras
conducía para recogerla después del trabajo, me encontraba
nervioso, era el nerviosismo que antecede a una cita... y cuando
llegué a casa, advertí que ella también estaba muy emocionada.
Me esperaba en la puerta
con su viejo abrigo puesto, se había rizado el pelo y usaba el
vestido con el que celebró su último aniversario de bodas, su
rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel.
Les dije a mis amigas
que iba a salir con mi hijo, y se mostraron muy impresionadas,
-me comentó mientras subía a mi auto. - No pueden esperar a
mañana para escuchar acerca de nuestra velada.
Fuimos a un restaurante
no muy elegante, sí muy acogedor, mi madre se aferró a mi brazo
como si fuera "La Primera Dama de la Nación". Cuando nos
sentamos, tuve que leerle el menú. Sus ojos sólo veían grandes
figuras.
Cuando iba por la mitad
de las Entradas, levanté la vista; mamá estaba sentada al otro
lado de la mesa, y me miraba. Una sonrisa nostálgica se le
delineaba en los labios.
Era yo quien leía el
menú cuando eras pequeño. ¿Recuerdas?
Entonces es hora de que
te relajes y me permitas devolver el favor -respondí.
Durante la cena tuvimos
una agradable conversación; nada extraordinario, sólo ponernos
al día con la vida del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el
cine.
-Saldré contigo otra
vez, pero solo si me dejas pagar la cuenta, dijo mi madre cuando
la llevé a casa, asentí, la besé, la abracé
-¿Cómo estuvo tu cita? -
quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche -Muy
agradable, gracias. Mucho más de lo que imaginé, le contesté.
Días más tarde mi madre
murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no pude hacer
nada. Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde
habíamos cenado mi madre y yo, y una nota que decía: "La cena
esta pagada por anticipado, estaba casi segura, de que no podría
estar allí, pero igual pagué para dos, para ti y para tu esposa,
jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mí.
¡Te amo!, tu madre ".
-En ese momento
comprendí la importancia de decir a tiempo "TE AMO" y de darles
a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la
vida será más importante que Dios y tu familia, dales tiempo,
porque ellos no pueden esperar.
El sol y el viento
(Un cuento para reflexionar sobre la violencia)
El sol y el viento discutían para ver quién era el más fuerte.
El viento decía:
-¿Ves aquel anciano envuelto en una capa? Te apuesto a que le
haré quitar la capa más rápido que tú.
Se ocultó el sol tras una nube y comenzó a soplar el viento,
cada vez con más fuerza, hasta ser casi un ciclón, pero cuanto
más
soplaba tanto más se envolvía el hombre en la capa.
Por fin el viento se calmó y se declaró vencido. Y entonces
salió el
sol y sonrió benignamente sobre el anciano. No pasó mucho tiempo
hasta que el anciano, acalorado por la tibieza del sol, se quitó
la capa.
El sol demostró entonces al viento que la suavidad y el amor de
los abrazos son más poderosos que la furia y la fuerza.
El tiro por la culata
Se dice que en una ciudad, un joven muchacho buscaba novia. Una
novia que fuera la adecuada para él. Pensó y dijo: "en el único
lugar donde puedo encontrar una esposa que no se enoje, que no
me reclame, que me deje salir a divertirme, que haga el quehacer
de la casa, que llegue a ser buena madre, que me atienda bien, y
no me reproche todo lo que haga es en la iglesia. ¿Tiene que ser
una cristiana?."
Pasados los días se cruzó por un templo y miró por la ventana, y
pensó: "este es el lugar donde encontraré a mi futura esposa",
entró y siguió congregándose allí.
Una joven del barrio donde estaba esa iglesia, también buscaba
novio. Un novio/esposo que no la golpeara, que no le gritara,
que no la obligara a cuidarlo y atenderlo, que fuera sumiso, que
fuera responsable, y que la dejara hacer a ella lo que quisiera.
Pensó que el modelo de novio que quería, solamente podría ser
satisfecho por un cristiano. No lo pensó dos veces y entró a
aquella iglesia.
Aquel joven y esta muchacha se conocieron y se unieron en
matrimonio pensando que cada cual era lo que buscaba.
No puedes imaginarte lo desastrosa que fue esa unión.
Dice la Palabra que busquemos primeramente el Reino de Dios y su
justicia y todo lo demás será añadido. El buscar nuestra propia
conveniencia puede traer serios y grandes problemas.
El valor del anillo
Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo
fuerzas para
hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que
soy torpe y
bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que
me valoren
más?
El maestro sin mirarlo, le dijo: -Cuánto lo siento muchacho, no
puedo
ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás
después...- y
haciendo una pausa agregó- si quisieras ayudarme tú a mi, yo
podría resolver
este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
E...encantado, maestro- titubeó el joven, pero sintió que otra
vez era
desvalorizado, y sus necesidades postergadas.
Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el
dedo pequeño
y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí
afuera y
cabalga hasta el mercado.
Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es
necesario que
obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de
una moneda
de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó empezó a ofrecer
el anillo a
los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el
joven
decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba
la moneda
de oro, algunos reían, otros se burlaban, sólo un viejito fue
tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una
moneda de oro
era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un
cacharro de
cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de
una moneda
de oro, así que; rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el
mercado - más
de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y
regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de
oro. Podría
entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo
de su
preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la
habitación.
Maestro- dijo: -Lo siento, no pude conseguir lo que me pediste.
Quizás
pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que
yo pueda
engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
Qué importante lo que dijiste, joven amigo- contestó sonriente
el maestro-.
Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a
montar y vete
al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras
vender el
anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que
ofrezca, no
se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz
del candil
con su lupa, lo pesó y luego le dijo: -Dile al maestro,
muchacho, que si lo
quiere vender YA, no puedo darle más que 58 monedas de oro por
su anillo.
-¡¡¡58 MONEDAS!!! Exclamó el joven. -Sí, replicó el joyero- yo
sé que con
tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no
sé...si la
venta es urgente…
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo
sucedido.
Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo- Tú eres como
este anillo:
una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte
verdaderamente
un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera
descubra tu
verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en
el dedo
pequeño.
El
peso de tu cruz
Un joven, ya no podía más con sus problemas. Cayó de rodillas,
orando:
"Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada".
El Señor, como siempre, acudió y le contestó, "Hijo mío, si no
puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa
habitación. Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que
tú quieras".
El joven suspiró aliviado. "Gracias, Señor" dijo, e hizo lo que
le había dicho.
Al entrar, vio muchas cruces, algunas tan grandes que no les
podía ver la parte de arriba.
Después, vio una pequeña cruz apoyada en un extremo de la pared.
"Señor", susurró, "quisiera esa que está allá".
Y el Señor contestó,
"Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar".
Cuando los problemas de la vida nos parecen abrumadores, siempre
es útil mirar a nuestro alrededor y ver las cosas con las que se
enfrentan los demás.
Verás que debes considerarte más afortunado de lo que te
imaginas.
Más que
un simple anillo
Un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le
mostraran el mejor anillo de compromiso que tuvieran. El joyero
le presentó uno. La hermosa piedra solitaria brillaba como un
diminuto sol resplandeciente.
El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó,
luego pidió el precio y se disponía a pagarlo cuando... ¿Se va
usted a casar pronto? - Le preguntó el joyero. ¡No! - respondió
el muchacho - Ni siquiera tengo novia. La señal de asombro en el
rostro del joyero divirtió al comprador.
Es para mi mamá - dijo el muchacho - Cuando yo iba a nacer
estuvo sola; alguien le aconsejó que me matara antes de que
naciera, así se evitaría problemas.
Pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos
problemas... ¡muchos!. Fue padre y madre para mí, fue amiga y
hermana, y fue mi maestra.
Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de
compromiso.
Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella
hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. Quizás después
entregue otro anillo de
compromiso.
Pero será el segundo. El joyero no dijo nada, solamente ordenó a
su cajera que hiciera al muchacho el descuento que se hacía nada
más a los clientes importantes.
Tenemos casas más grandes, pero familias más chicas. Tenemos más
compromisos, pero menos tiempo. Tenemos más medicinas, pero
menos salud.
Hemos multiplicado nuestras fortunas, pero hemos reducido
nuestros valores.
Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado. Hemos llegado a
la luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la
calle y conocer a nuestro vecino.
Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior.
Tenemos mayores ingresos, pero menos moral. Estos son tiempos
con más libertad, pero de menos alegría. Con más comida, pero
menos nutrición. Son días en los que llegan dos sueldos a casa,
pero aumentan los divorcios. Son tiempos de casas más lindas,
pero más hogares rotos. POR ESO...
Siéntate en la terraza y admira la vista sin fijarte en las
malas hierbas; pasa más tiempo con tu familia y con tus amigos,
en el campo, en la playa; come tu comida preferida; visita los
sitios que ames. La vida es una sucesión de momentos para
disfrutar, no es solo para sobrevivir. Escribamos aquella carta
que pensábamos escribir "Uno de estos días". Digamos hoy a
nuestros familiares y amigos, cuanto los queremos.
Por eso no retardes nada que agregue risa y alegría en tu vida.
Confía Plenamente en Dios. Ama a tu prójimo como a ti mismo.
Cada DIA, HORA, MINUTO
es especial.
La obra maestra de miguel
Ángel
Se cuenta de un escultor qué empezó a trabajar una hermosa pieza
de mármol, pero sólo la estropeó por su impericia. Desalentado
abandonó su trabajo. Finalmente el mutilado bloque de mármol
quedó abandonado en el patio del escultor y allí permaneció por
mucho tiempo expuesto a la intemperie y medió oculto por las
hierbas que crecieron a su alrededor.
Pero un día el famoso Miguel Ángel observó el bloque de mármol y
vio lo que valía. Después de adquirirlo del fracasado escultor
empezó a trabajar en él, transformándolo en la admirable estatua
del joven David con su honda en la mano, en el acto de arrojar
la piedra que abatió al gigante Goliat. Tal maravilla de arte
fue conseguida de un pedazo de mármol estropeado.
¿Quién puede decir lo que el gran Artista del Universo, el
divino Escultor del carácter humano puede hacer del quebrantado
e imperfecto corazón que es puesto en sus manos? La cuestión
práctica es si se lo permitiremos.
¿Nos dejaremos moldear impasiblemente y sin resistencia por las
manos traspasadas que nos compraron al precio de su propia
sangre.

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