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Lo que
realmente importa
II Corintios 5:17-18
Cuenta una historia que entre los ciegos que recibieron la vista
mediante un milagro de nuestro Señor Jesucristo se llevó a cabo una
conversación semejante a ésta. Uno de ellos dijo:
-Es una gran bendición pero eso de usar lodo es una cosa muy
desagradable.
A esto respondió su interlocutor:
-¿Pero qué lodo? Si el Señor no usó lodo para curarme. Por eso mi
milagro es más limpio que el tuyo.
Y así discutían cuando se presentó un tercer ciego que también había
recibido la vista, que intervino en la conversación preguntándoles si
cuando ellos fueron curados habían visto que los hombres andaban como
árboles. Y dice la historia que la discusión fue muy acalorada entre los
tres, no pudiendo ponerse de acuerdo. Al fin se separaron. Uno se fue y
fundó una iglesia que llamó la de «Los lodistas». Esta iglesia acentuaba
el uso del lodo en la experiencia religiosa. El segundo fundó una
iglesia que llamó la de «Los antilodistas», que predicaba en contra del
lodo. El tercero fundó una que se llamaba la de «Los arbolístas», que
hablaba de la importancia de los árboles en los milagros. Historia o
leyenda, tiende a explicar esa tendencia que tienen muchos a poner el
énfasis en cosas que no lo tienen. Y de ahí que formulan doctrinas y
fundan iglesias pero olvidan el hecho fundamental que en realidad es lo
que cuenta y que es la nueva criatura mediante la gracia divina.
La
duda anda con pasos silenciosos
Marcos 11:23-24
Ando por la tierra con pasos silenciosos.
Me introduzco inadvertidamente. Hablo en secreto. Vuelvo cobardes a los
hombres. Paralizo el brazo pujante de los negocios y opaco la visión
nítida del vidente.
Asisto a la casa de Dios y valiéndome de la voz del predicador hablo
palabras que oscurecen la luz de la esperanza.
Hago que los amigos se miren de reojo y escuchen detrás de la puerta. Me
insinúo como la compañera de la tristeza y el dolor, persuadiendo al
alma a desconfiar de su mejor ancla de seguridad.
Obligo al cansado peregrino a arrojar su cayado y al hambriento a
abstenerse del pan.
Me sitúo al lado del moribundo y envolviéndome en negras sombras las
hago por encima de su cabeza.
Imprimo a la voz de la verdad un sonido incierto y obligo a quienes
moran en el templo de la fe a desconfiar de sus fundamentos.
Visito las tumbas recién abiertas persuadiendo a aquellos que han dado
su último adiós a sus amados a creer que nunca más se volverán a ver.
Tengo dos hermanas que andan pulcramente vestidas: la desesperación y la
incredulidad.
Jamás sonríen, voy siempre delante de ellas. Nunca avanzan sin que yo se
los indique.
Me alimento de lo más exquisito de la vida. Soy la suprema destructora
de las cosas más preciadas. Me llamo la duda.
Cada uno
haciendo uso de
sus dones
1 Timoteo 4:14
Hagamos uso de los dones que tenemos:
Muchas veces nos preguntamos: ¿Qué podemos hacer y con qué podremos
trabajar? Las siguientes preguntas y sus respuestas nos ayudarán mucho:
-Moisés, ¿qué tienes en tu mano? -Una vara -responde.
-Pues ve y úsala en el servicio de Dios. Con ella harás grandes señales.
Y Moisés obedeció.
-Samgar, ¿qué tienes en tu mano? -Una quijada de buey -responde. –Úsala
para la protección de tu pueblo. Y la usó para hacerle frente a los
enemigos que afligían a su pueblo.
-David, ¿qué tienes en tu mano? -Una honda -respondió.
-Úsala para enfrentarte a un gigante que desafía al Dios de Israel.
Y así lo hizo y abatió al gigante.
-Muchacho, ¿qué tienes en tu mano? -preguntó Jesucristo y el muchacho
respondió:
-Tengo un canasto con dos panes y cinco pececillos.
-Dámelos y con ellos tendré para alimentar a una gran multitud.
Así lo hizo y el milagro se realizó.
-Dorcas, ¿qué tienes en tu mano? -Una aguja -respondió.
-Úsala en el servicio del Señor.
Así lo hizo y disfrutó del beneplácito de la iglesia apostólica.
-Jorge Muller, ¿con qué cuentas para mi servicio?
El respondió:
-No cuento con nada Señor, sino con la fe que tengo puesta en ti.
-Pues vete y sirve a la humanidad -le dijo el Señor.
Y confiando solamente en Dios fundó orfanatorios donde miles de niños
fueron recibidos y fueron educados. El dinero para su trabajo vino en
contestación a sus oraciones. Cada uno, pues, haciendo uso de sus
propias potencialidades.
Alejandro
Fleming
Su nombre era Fleming, y era un granjero escocés pobre. Un día,
mientras intentaba ganarse la vida para su familia, oyó un lamento
pidiendo ayuda que provenía de un pantano cercano. Dejo caer sus
herramientas y corrió al pantano. Allí, entro hasta la cintura en el
estiércol húmedo negro. Se trataba de un muchacho aterrado, gritando y
esforzándose por liberarse.
El granjero Fleming salvó
al muchacho de lo que podría ser una lenta y espantosa muerte. Al día
siguiente, llegó un carruaje elegante a la granja. Un noble
elegantemente vestido salió y se presentó
como el padre del muchacho que el granjero Fleming había ayudado. "Yo
quiero recompensarlo", dijo el noble. "Usted salvó
la vida de mi hijo."
¡No,
yo no puedo aceptar un pago por lo que hice!,
el granjero escocés contestó.
En ese momento, el hijo del granjero vino a la puerta de la cabaña. "
¿Es
su hijo?" El noble preguntó.
-"Si"
el granjero contesta
orgullosamente.
-Le
propongo hacer un trato. Permítame proporcionarle a su hijo el mismo
nivel de educación que mi hijo disfrutará.
Si el muchacho se parece a su padre, no dudo que crecerá hasta
convertirse en el hombre del que nosotros dos estaremos orgullosos". Y
el granjero aceptó.
El hijo del granjero Fleming asistió a las mejores escuelas y al
tiempo, se
graduó en la Escuela Médica del St. Mary's Hospital en Londres, y siguió
hasta darse a conocer en el mundo como el renombrado Dr. Alexander
Fleming, el descubridor de la Penicilina.
Años después, el hijo del mismo noble que fue salvado del pantano estaba
enfermo de pulmonía. ¿Qué salvó su vida esta vez? La penicilina.
¿El nombre del noble?
Sir Randolph Churchill.
¿El
nombre de su hijo?
Sir
Winston Churchill.
Enemigos
destruidos
Se cuenta que cierto emperador chino, cuando le avisaron que en una de
las provincias de su imperio había una insurrección, dijo a los
ministros de su gobierno y a los jefes militares que lo rodeaban:
"-Vamos -Seguidme. Pronto destruiré a mis enemigos." Cuando el emperador
y sus tropas llegaron a donde estaba los rebeldes, él trató afablemente
a éstos, quienes, por gratitud, se sometieron a él de nuevo. Todos los
que formaban el séquito del emperador pensaron que él ordenaría la
inmediata ejecución de todos aquellos que se habían sublevado contra él;
pero se sorprendieron en gran manera al ver que el emperador trataba
humanitariamente y hasta con cariño a quienes habían sido rebeldes.
Entonces el primer ministro preguntó con enojo al emperador:
-¿De
esta manera cumple vuestra Excelencia su promesa? Dijisteis que veníamos
a destruir a nuestros enemigos, los habéis perdonados a todos y a muchos
hasta con cariño los habéis tratado.
Entonces el emperador, con actitud generosa, dijo:
-Os prometí destruir a mis enemigos; y todos vosotros veis que ya nadie
es enemigo mío: a todos los he hecho mis amigos.
Un buen ayudante de Jesús
Hace más de doscientos años los cristianos no tenían bonitos himnos como
los tenemos ahora. Todo lo que existía, en cuando a canto se refiere,
eran algunas malas versiones de los Salmos e himnos mal arreglados.
Un muchacho que siempre asistía a los cultos salía disgustado de los
himnos, hasta que un día fue y le dijo a su padre:
- Padre, ¿por qué cantan himnos tan feos en el templo?
- Si no te gustan -le contestó duramente el padre-, escribe otros
mejores.
Isaac Watts, que así se llamaba el muchacho, no se disgustó sino que ese
mismo día escribió un himno y lo llevó para que lo cantaran en la
Iglesia. El himno gustó tanto, que rogaron al muchacho que escribiera
otros, a lo cual él accedió gustoso, Escribía himnos cada vez que sentía
deseos de hacerlo, y continuó escribiendo durante toda su vida. Uno de
los himnos más hermosos que escribió y que se ha traducido a muchos
idiomas es: "Al Contemplar La Excelsa Cruz". Otro de sus hermosos himnos
es: "Dominará Jesús el Rey".
Este muchacho, a los siete años estudiaba gramática y latín; a los nueve
aprendió el griego; a los diez el francés; y a los trece el hebreo. A
los quince aceptó a Cristo como su Salvador y a los veinticuatro predicó
el primer sermón y continuó predicando y escribiendo himnos hasta una
edad avanzada, pues murió a los setenta y cuatro años de edad.
Que la vida de este gran siervo de Dios pueda servir de ejemplo a todos
los niños, y que entreguen su vida al Señor ahora que están en la flor
de la vida, pues quién sabe cuántos irán a ser personajes distinguidos
en la obra del Señor como lo fue Isaac Watts.
Castillo
de la Desesperación
En el libro el El Progreso del Peregrino por Juan Bunyan, el
protagonista Cristiano y uno de sus compañeros Esperanza se duermen en
una milpa y terminan capturados por un gigante cruel.
El gigante los lleva a su castillo que se llama Desesperación, y los
mete en un calabozo oscuro y frío. Luego el gigante toma un palo y los
golpea brutalmente, hasta que apenas están conscientes. Al dejarlos ahí,
golpeados, sin comida y sin agua, el gigante les grita, "Mejor que se
quiten la vida. Porque de aquí nunca saldrán."
Cuando el gigante sale, Esperanza dice, "Quizás sería mejor matarnos. No
podemos salir de este lugar, Cristiano." Pero de repente, Cristiano
dice, "¡no!, espera... tengo una llave colgada de mi cuello. Esta llave
se llama "Las Promesas de Dios" y con ella podemos abrir todas las
puertas.
Y usando esa llave, Cristiano y Esperanza abren primero la puerta del
calabozo, y luego abren todas las demás puertas, aún el portón grande
del castillo. Y dejando atrás el Castillo de la Desesperación, siguen
adelante en el camino del rey.
¿Hay alguien aquí que se encuentra en el castillo de Desesperación? Eche
mano de la llave de las promesas de Dios.
Mi
vecino
Una
noche vino un hombre a nuestra casa y me dijo: "Hay una familia con ocho
niños. Hace días que no comen". Tomé algunos alimentos y fui.
Cuando finalmente llegué a aquel hogar, vi que los rostros de esos
pequeños estaban desfigurados por el hambre. No había pesar o
tristeza en sus rostros, solamente un profundo dolor de hambre.
Le di el arroz a la madre. Ella separó el arroz en dos partes y salió
llevando una mitad.
Cuando regresó, le pregunté: "¿A dónde fue?"
Ella me dio esta simple respuesta: "a ver a mis vecinos, ¡ellos también
tienen hambre!".
Yo no estaba sorprendida por su generosidad, porque los pobres son
verdaderamente generosos. Pero estaba sorprendida que ella supiese que
estaban hambrientos.
EN REGLA GENERAL, CUANDO SUFRIMOS ESTAMOS TAN ENFOCADOS EN NOSOTROS
MISMOS QUE NO TENEMOS TIEMPO PARA LOS DEMÁS.
Almorzando con Dios
Un niño
pequeño quería conocer a Dios.
Sabía que era un largo viaje hasta donde Dios vive, así que empacó su
maleta con pastelitos y unos seis refrescos, y empezó su jornada.
Cuando había caminado como tres cuadras, se encontró con una mujer
anciana. Ella estaba sentada en el parque, solamente contemplando
algunas palomas.
El niño se sentó junto a ella y abrió su maleta. Estaba a punto de beber
de su refresco, cuando notó que la anciana
parecía hambrienta, así que le ofreció un pastelito. Ella agradecida
aceptó el pastelito y sonrió al niño. Su sonrisa era muy bella, tanto
que el niño quería verla de nuevo, así que le ofreció uno de sus
refrescos. De nuevo ella le sonrió. ¡El niño estaba encantado!
Se quedó toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ninguno de los dos
dijo nunca una sola palabra. Mientras oscurecía, el niño se percató de
lo cansado que estaba, se levantó para irse, pero antes de seguir sobre
sus pasos, dio vuelta atrás, corrió hacia la anciana y le dio un abrazo.
Ella, después de abrazarlo, le dio la más grande sonrisa de su vida.
Cuando el niño llegó a su casa, abrió la puerta. Su madre estaba
sorprendida por la cara de felicidad. Entonces le preguntó:
- Hijo, ¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?
El niño contestó:
- ¡Hoy almorcé con Dios!
Y antes de que su madre contestara algo, añadió:
- Y ¿sabes qué? ¡Tiene la sonrisa más hermosa que he visto!
Mientras tanto, la anciana, también radiante de felicidad, regresó a su
casa. Su hijo se quedó sorprendido por la expresión de paz en su cara.
Preguntó:
- Mamá, ¿qué hiciste hoy que te ha puesto tan feliz?
La anciana contestó:
- ¡Comí pastelitos con Dios en el parque!
Y antes de que su hijo respondiera, añadió:
- ¿Y, sabes? ¡Es más joven de lo que pensaba!
Resoluciones
diarias
-
HOY conversaré acerca de Cristo con alguna persona, ya sea
creyente, simpatizante o inconversa.
-
HOY compartiré la comunión con Dios por medio de la oración
con otro, sobre los asuntos de mutuo interés y para el bien
de la obra en Cristo.
-
HOY procuraré sobrellevar las cargas espirituales de otro.
-
HOY manifestaré el amor de Cristo que es el cumplimiento de
la ley.
-
HOY buscaré la manera de auxiliar a un hermano menos
privilegiado y menos capacitado que yo.
-
HOY trataré de servir a otros en vez de exigir su servicio
para mí.
-
HOY permaneceré con la Palabra de Dios hasta que el Espíritu
Santo me revele un nuevo manjar para el alma.

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