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Lo importante
En Tebas, la ciudad de las muchas puertas, de la antigua Grecia, había
un tirano llamado Arquías. Era tanta su crueldad que todo su pueblo le
odiaba. Una noche celebraba un festín con sus más allegados, cuando en
medio de la orgía alguien le trajo una carta sellada en la cual se le
informaba de los planes que un grupo de conjurados había fraguado para
asesinarle aquella misma noche. Al recibir la carta preguntó que de qué
se trataba. Se le dijo que se trataba de asuntos muy serios. Soltó una
carcajada y dijo: -Los asuntos serios se dejan para mañana. Poco
después, los conjurados se introdujeron en el festín, disfrazados de
mujeres y a una señal, cayeron sobre él y lo degollaron.
Imprudencia, dejadez o imprevisión. No importa cómo quieras llamarlo,
pero lo que tenemos delante es la tragedia de un hombre que no supo
colocar en primer lugar lo que era primero. ¿Cuántos no están haciendo
exactamente lo mismo?
No se necesita realizar ningún esfuerzo para comprender que a Dios
tenemos que colocarlo en el más alto sitial de nuestras prioridades.
Perlas genuinas
Jenny era una linda niña de cinco años de ojos relucientes. Un día
mientras ella con su mamá visitaban la tienda, Jenny vio un collar de
perlas de plástico que costaba 2.50 dólares. ¡Cuánto deseaba poseerlo!
Preguntó a su mamá si se lo compraría, su mamá le dijo: Hagamos un
trato, yo te compraré el collar y cuando lleguemos a casa haremos una
lista de tareas que podrás realizar para pagar el collar. Y no te
olvides que para tu cumpleaños es muy posible que tu abuelita te regale
un billete de un dólar enterito, ¿Está bien...? Jenny estuvo de acuerdo,
y su mamá le compró el collar de perlas. Jenny trabajó con tesón todos
los días para cumplir con sus tareas, y tal como su mamá le mencionara,
su abuelita le regaló un billete nuevo de un dólar para su cumpleaños.
En poco tiempo Jenny canceló su deuda.
¡Jenny amaba sus perlas! Ella las llevaba puestas a todas partes: En la
escuela, en la cama, y cuando salía con su mamá a hacer los mandados. El
único momento que no las usaba era cuando se bañaba, su mamá le había
dicho que las perlas con el agua le pintarían el cuello de verde...
Jenny tenía un padre que la quería muchísimo. Cuando Jenny iba a su
cama, él se levantaba de su sillón favorito para leerle su cuento
preferido.
Una noche, cuando terminó el cuento, le dijo:
-Jenny, ¿tú me quieres?
-¡Oh! si papá, ¡tú sabes que te quiero!.
-Entonces, regálame tus perlas.
-¡Oh!, papá !No, mis perlas no!. Pero te doy a Rosita, mi muñeca
favorita. ¿La recuerdas?, tú me la regalaste el año pasado para mi
cumpleaños. Y te doy su ajuar también, ¿está bien papa?
-¡Oh! no hijita, está bien, no importa, (dándole un beso en la mejilla).
Buenas noches pequeña.
Una semana después, nuevamente su papá le preguntó al terminar el diario
cuento "¿Jenny, tú me quieres?"...
-¡Oh! si papá, tú sabes que te quiero!.
-Entonces regálame tus perlas.
-¡Oh!, papa! ¡No mis perlas!, pero te doy a Lazos, mi caballo de
juguete, ¿lo recuerdas? Es mi favorito, su pelo es tan suave y tú puedes
jugar con él y hacerle trencitas. Tu puedes tenerlo si quieres papá.
-¡Oh! no hijita, está bien...(dándole nuevamente un beso en la mejilla)
Dios te bendiga, felices sueños.
Algunos días después, cuando el papá de Jenny entró a su dormitorio para
leerle un cuento, Jenny estaba sentada en su cama y le temblaban los
labios:
-Toma papá, dijo, y estiró su mano. La abrió y en su interior estaba su
tan querido collar, el cual entregó a su padre. Con una mano él tomó las
perlas de plástico y con la otra extrajo de su bolsillo una cajita de
terciopelo azul. Dentro de la cajita habían unas hermosas perlas
genuinas. El las había tenido todo este tiempo, esperando que Jenny
renunciara a la baratija para poder darle la pieza de valor...
Y así es también con nuestro Padre Celestial. Él está esperando a que
renunciemos a las cosas sin valor en nuestras vidas para darnos
preciosos tesoros. ¿No es bueno el Señor?
Esto me hace pensar las cosas a las cuales me aferro y me pregunto:
¿Qué es lo que Dios me quiere dar en su lugar?
El
limosnero
Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al lado de la calle. Vio a
lo lejos venir a el rey con su corona y capa. "Le voy a pedir, de seguro
me dará bastante" pensó el limosnero y cuando el rey pasó cerca le dijo
: "Su majestad, ¿me podría por favor regalar una moneda?" aunque en su
interior pensaba que el rey le iba a dar mucho. El rey le miró y le
dijo: "¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy yo tu rey?" ...el
mendigo no sabía qué responder a la pregunta y dijo: "Pero su
majestad... yo no tengo nada!". El rey respondió: "Algo debes de
tener... ¡busca!".
Entre su asombro y enojo el mendigo buscó entre sus cosas y supo que
tenía una naranja, un bollo de pan y unos granos de arroz". Pensó que el
pan y la naranja eran mucho para darle, así que en medio de su enojo
tomó 5 granos de arroz y se los dio al rey. Complacido el rey dijo:
"¡Ves como si tenías!" Y le dio 5 monedas de oro, una por cada grano de
arroz. El mendigo dijo entonces: "Su majestad... creo que acá tengo
otras cosas", pero el rey no hizo caso y dijo : "Solamente de lo que me
has dado de corazón te puedo yo dar".
Es fácil en esta historia reconocer como el rey representa a Dios, y el
mendigo a nosotros. Notemos que el mendigo aún en su pobreza es egoísta
y no se desprende de lo que tiene aún cuando su rey se lo pide. A veces,
Dios nos pide que le demos algo para así demostrarle que El es el más
importante, muchas veces nos pide ser humildes, otras ser sinceros o no
ser mentirosos. Nos negamos a darle a Dios lo que nos pide, pues creemos
que no recibiremos nada a cambio sin pensar en que Dios devuelve 100
veces más.
Una
historia de milagros
Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque; un sabio con
fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco
atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante
alumno del sabio.
Terrateniente: "Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy
poderosa y que inclusive puedes hacer milagros".
Sabio: "Soy una persona vieja y cansada... ¿Cómo crees que yo podría
hacer milagros?".
Terrateniente: "Pero me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a
los ciegos y vuelves cuerdos a los locos..... esos milagros solo los
puede hacer alguien muy poderoso".
Sabio: "¿Te referías a eso?... Tú lo has dicho, esos milagros solo los
puede hacer alguien muy poderoso... no un viejo como yo. Esos milagros
los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para
el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo
mismo".
Terrateniente: "Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los
milagros que tú haces..... muéstrame un milagro para poder creer en tu
Dios".
Sabio: "¿Esta mañana volvió a salir el sol?".
Terrateniente: "¡¡Si, claro que si!!".
Sabio: "Pues ahí tienes un milagro..... el milagro de la luz".
Terrateniente: "No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol,
saca agua de una piedra.... mira, hay un conejo herido junto a la
vereda, tócalo y sana sus heridas".
Sabio: "¿Quieres un verdadero milagro? No es verdad que tu esposa acaba
de dar a luz hace algunos días?".
Terrateniente: "¡¡Si!! Fue varón y es mi primogénito".
Sabio: "Ahí tienes el segundo milagro.... el milagro de la vida".
Terrateniente: "Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero
milagro..."
Sabio: "¿Acaso no estamos en época de cosecha?, no hay trigo donde hace
unos meses solo había tierra?".
Terrateniente: "Si, igual que todos los años".
Sabio: "Pues ahí tienes el tercer milagro...."
Terrateniente: "Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero...." (el
sabio lo interrumpe)
Sabio: "Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por
ti... Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento
desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer".
Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiro muy desilusionado por no
haber encontrado lo que buscaba. El sabio y su alumno se quedaron
parados en la vereda.
Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que
hacían el sabio y su alumno, el sabio se dirigió a la orilla de la
vereda, tomó al conejo, sopló sobre el y sus heridas quedaron curadas;
el joven estaba algo desconcertado...
Joven: "Maestro te he visto hacer milagros como este casi todos los
días, ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por qué lo
haces ahora que no puede verlo?".
Sabio: "Lo que el buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le
mostré tres milagros y no pudo verlos. Para ser rey primero hay que ser
príncipe, y para ser maestro primero hay que ser alumno... no puedes
pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños
milagros que se te muestran día a día.
¿Qué tan ricos
somos?
Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó
a su hijo
a un viaje por
el campo con el firme propósito de que su hijo viera cuan
pobres
eran las gentes del campo. Estuvieron por espacio de un día y
una
noche completos en una granja de una familia campesina muy
humilde.
Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta
a su hijo:
-¿Qué te pareció el viaje?
-¡Muy bonito Papá!
-¿Viste que tan pobre puede ser la gente?
-¡Si!
-¿Y qué aprendiste?
-Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen
cuatro.
-Nosotros tenemos una piscina que llega de una barda a la
mitad del
jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin.
-Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos
tienen las estrellas.
-Nuestro patio llega hasta la barda de la casa, el de ellos
tiene todo un horizonte.
-Ellos tienen tiempo para platicar y convivir en familia; Tú y
mi mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los
veo.
Al terminar el relato, el padre se quedó mudo.... y su hijo
agregó:
-Gracias Papá por enseñarme lo rico que podemos llegar a ser.
Dice el Señor que "la fortaleza del rico es su ciudad
fortificada; y el desmayo de los pobres su pobreza"
Sólo Dios puede
Sólo
Dios puede dar la fe, pero tú puedes dar testimonio.
Sólo Dios puede dar la esperanza, pero tú puedes aumentar la
confianza de tus hermanos.
Sólo Dios puede dar amor, pero tú puedes
enseñarlo a los demás.
Sólo
Dios puede dar la paz, pero tú puedes transmitir la tuya.
Sólo Dios puede dar la fuerza, pero tú puedes sostener al
débil.
Sólo Dios es el camino, pero tú puedes mostrárselo a quienes
no lo conocen.
Sólo
Dios es la luz, pero tú puedes iluminar los ojos de todos.
Sólo Dios es la vida, pero tú puedes darles a otros ganas de
vivir.
Sólo Dios puede hacer lo imposible, pero tú puedes hacer lo
posible.
Sólo Dios se basta a si mismo, pero prefiere contar contigo.
¿Estás dispuesto a darle tus manos?
Totalmente pagado
Un joven muchacho estaba a punto de graduarse de
preparatoria... Hacia muchos meses que admiraba un hermoso
auto deportivo en un agencia de autos... Sabiendo que su padre
podría comprárselo le dijo que ese auto era todo lo que
quería.
Cuando
se acercaba el día de Graduación, el joven esperaba ver alguna
señal de que su padre hubiese comprado el auto. Finalmente, en
la mañana del día de Graduación, su padre le llamó a que fuera
a su privado.
En su
oficina, le dijo lo orgulloso que se sentía de tener un hijo
tan bueno y lo mucho que lo amaba. El padre tenía en sus manos
una hermosa caja de regalo. Curioso y de algún modo
emocionado, el joven abrió la caja y lo que encontró fue una
hermosa Biblia de Cubiertas de Piel, y su nombre escrito con
letras de oro.
Enojado le gritó a su padre diciendo: "¿Con todo el dinero que
tienes, y lo único que me das es esta Biblia ? y salió de la
casa airado.
Pasaron muchos años y el joven se convirtió en un exitoso
hombre de
negocios. Tenía una hermosa
casa y una bonita familia, pero cuando supo que su padre que
ya era anciano estaba muy enfermo, pensó en visitarlo. No lo
había vuelto a ver desde el día de su graduación.
Antes
que pudiera partir para verlo, recibió un telegrama donde
decía que su padre había muerto, y había heredado todas sus
posesiones, por lo cual necesitaba urgentemente ir a la casa
de su padre para arreglar todos los trámites de inmediato.
Cuando
llegó a la casa, una tristeza y arrepentimiento llenó su
corazón. De pronto empezó a ver todos los documentos
importantes que su padre tenía y encontró la Biblia que en
aquella ocasión su padre le había dado. Con lágrimas en los
ojos, la abrió y empezó a hojear sus páginas, y encontró que
su padre cuidadosamente había subrayado un versículo: Mateo
7:11 "...Y si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas
a vuestros hijos, cuanto mas nuestro Padre Celestial dará a
sus hijos aquello que le pidan..." Mientras leía esas
palabras, unas llaves de auto cayeron de la Biblia.
Además
tenía una tarjeta de la agencia de autos donde había visto ese
auto deportivo que tanto había deseado. En la tarjeta estaba
la fecha del día de su graduación y las palabras: ¡TOTALMENTE
PAGADO!
Sabes,
muchas veces hemos rechazado y perdido las Bendiciones de Dios
sólo porque no vienen envueltas en paquetes hermosos, como
nosotros esperamos.
El toque del Maestro
Un viejo violín, maltrecho y golpeado...
¡No vale la pena!, pensó el subastador.
Lo alzó, sin embargo, con una sonrisa,
por si acaso surgía algún comprador.
¿Cuánto me dan por él, señores?
¿Quién hará la primera oferta?
¿Diez solamente?... ¡Veinte por aquí!
¿No hay quién pague treinta?
Treinta a la una... treinta a las dos...
¡señores, la oferta llega a su fin...!
De repente se acercó un hombre mayor
y tomó en sus manos arco y violín.
Limpió el polvo del viejo instrumento.
Tensó las cuerdas y comenzó a tocar
una melodía dulcísima, de esas
que atrapan y tienen virtud de extasiarnos.
Cesó la música y el subastador, alzando el violín,
dijo esta vez con voz suave y profunda:
¿Y ahora, señores, cuánto me ofrecen?
¿Quién
hará una oferta?
¡Mil!... ¿Quién me ofrece dos?
Dos mil... ¡en tres lo liquido!
Tres mil a la una... tres mil a las dos...
¡en tres mil queda vendido!
Se oyeron aplausos, pero algunos decían:
¿A qué viene esto?,
¿qué le dio tanta valía?
El toque del Maestro.
Al igual que aquel viejo violín,
destemplada por la vida y el pecado,
más de un alma golpeada y maltrecha
se remata a precio rebajado.
Mas el mundo ignorante no entiende
cuán alto es el precio de un alma,
ni la transformación que en ella se obra
cuando el Maestro llega a tocarla.
¡Oh, Maestro!, destemplado estoy.
Pon Tu mano sobre mí.
¡Que tu toque haga vibrar mi corazón
con una melodía para Ti!
Los que no se rinden
En 1927, Babe Ruth
logró 60 carreras o jonrones en 154 partidos, récord que nadie
superó en 34 años. Sir Winston Churchill repitió dos veces el
octavo grado en el colegio porque le costaba aprender la
gramática y expresarse bien por escrito. Paradójicamente, años
más tarde la Universidad de Oxford le pidió que pronunciara el
discurso de fin de curso. Se presentó con su habitual puro,
bastón y sombrero de copa.
Mientras Churchill se acercaba al estrado, los presentes se
pusieron en pie y prorrumpieron en aplausos. Con dignidad
impecable, aplacó a sus admiradores y miró confiado hacia
ellos. Se sacó el puro de la boca y, colocando el sombrero
sobre el atril, miró fijamente a los asistentes, que estaban
pendientes de que abriera la boca. Con tono de autoridad,
Churchill exclamó: "¡Jamás se rindan!" Transcurridos unos
segundos, se puso de puntillas y repitió: "¡Jamás se rindan!"
Las palabras retumbaron en los oídos de los presentes.
Se hizo un silencio sepulcral mientras Churchill alargaba la
mano, se ponía de nuevo el sombrero en la cabeza y el puro en
la boca, y apoyándose en el bastón abandonaba el estrado.
Su discurso había concluido.
Imaginemos que Colón no hubiera zarpado.
Hagamos de cuenta que Pasteur, mientras buscaba la vacuna
contra la rabia, no hubiese dicho a sus ayudantes, cuando
estaban agotados: "¡Persistan! ¡Lo importante es no
abandonar!"
Muchas veces se pierde una carrera en la última vuelta.
Numerosos barcos se han estrellado contra los arrecifes cuando
ya estaban a punto de llegar al puerto. Con frecuencia, una
batalla se pierde en la última ofensiva.
¿Qué esperanzas tenemos de terminar la carrera que hemos
emprendido? Dios es nuestra esperanza. Él nos ayudará a no
apartarnos del rumbo que nos ha fijado. Asimismo, Jesús es
capaz de salvarnos a perpetuidad. (Hebreos 7:25).
Pero... no podrá ayudarnos si abandonamos, si desistimos en
marchar hacia adelante. Debemos estar dispuestos a ser firmes
y poner nuestra confianza en Él. Dios nos puede enviar
refuerzos, pero uno tiene que estar presente para recibirlos.
Bambú
En el corazón del Reino de Oriente se extendía un hermoso
jardín. El Amo, aprovechando el fresco de la tarde, se paseaba
por sus predios. De todos los moradores del jardín, el más
bello y amado era un noble bambú de grácil silueta.
Cada año aumentaban la belleza y la elegancia de Bambú. Éste
era consciente del cariño del Amo y de que aquél se complacía
contemplándolo. A pesar de ello era siempre humilde y de
actitud amable. Con frecuencia, cuando el viento acudía a
juguetear en la floresta, Bambú se despojaba de su dignidad y
se ponía a bailar y a balancearse alegremente, inclinándose en
jubiloso abandono. Presidía la gran danza del jardín, que
llenaba de gozo el corazón del Amo.
Cierto día el Amo se acercó a Bambú para observarlo
detenidamente. Con mirada de curiosa expectativa, Bambú
inclinó su majestuoso penacho hasta el suelo en señal de
reverencia. El Amo se dirigió a él:
—Bambú, Bambú, necesito tus servicios.
—Amo, estoy dispuesto. Dime qué deseas.
—Bambú —dijo el Amo con voz grave—, me veré obligado a
llevarte de aquí, a cortarte.
Horrorizado se estremeció Bambú:
—¿Co... cortarme, Amo... a mí, a quien convertiste en el más
hermoso de tu jardín? ¿Cortarme? ¡Ah, no! ¡Eso no! Sírvete de
mí para tu placer, oh Amo, pero... ¡no me cortes!
—Mi precioso Bambú —dijo el Amo con voz aún más grave—, si no
te corto, no podrás serme útil.
El jardín se cubrió de silencio. El viento contuvo su soplo.
Lentamente Bambú inclinó su glorioso penacho. Se alcanzó a oír
un susurro. Bambú contestó:
—Amo, si no puedo serte útil a menos que me cortes, haz
entonces tu voluntad. Córtame.
—Bambú, mi amado Bambú, debo también cortar tus hojas y ramas.
—Amo, te suplico, ¡ten piedad! Tálame y pon mi belleza entre
el polvo. Pero ¿es necesario que también me arranques las
hojas y las ramas?
—Ay, Bambú; si no te las corto, no me servirás.
El sol ocultó su rostro. Una mariposa que escuchaba el diálogo
alzó temerosa el vuelo.
Bambú tembló, preso de terrible ansiedad, y asintió
quedamente:
—Amo, corta ya.
—Bambú, Bambú, debo también partirte en dos y sacarte el
corazón. Si no lo hago, no me serás útil.
—Ay, Amo mío, corta entonces y párteme.
Así pues, el Amo del jardín cortó a Bambú, podó sus ramas, le
arrancó las hojas, lo partió en dos y le sacó el corazón. Lo
alzó entonces cuidadosamente y lo llevó hacia un manantial del
cual surgía a borbotones agua fresca y cristalina, en medio de
las resecas tierras del Amo.
Luego, el Amo depositó a Bambú suavemente en el suelo,
apoyando un extremo en el manantial y el otro en un canal que
llevaría el agua hacia el campo. El manantial emitió su
canción de bienvenida. El agua fresca y chispeante se lanzó
con júbilo por el cuerpo rajado de Bambú rumbo a los campos
sedientos.
Enseguida se plantó el arroz. Transcurrieron los días.
Aparecieron los brotes. Llegó el tiempo de cosecha. Entonces
el cuerpo de Bambú, antes erguido en su imponente hermosura,
cobró más gloria aún en su humildad y quebranto. Cuando era
hermoso abundaba en vida. ¡Pero al ser quebrantado se
convirtió en un canal de vida en abundancia para el mundo de
su Amo!
La Biblia nos dice que una vez Jesús profirió estas
palabras...«Llamando a la gente y a Sus discípulos, les dijo:
"Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y
tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su
vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí
y del Evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre
si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?"» (S. Marcos
8:34-36.)

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