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U V

Hebreo Bíblico
Quebrar
shabar
(rb'v;). «quebrar, romper,
destrozar, despedazar, aplastar, triturar». A menudo, este término
se usa en las lenguas antiguas, acádico y ugarítico, y es de uso
común a través de la historia del hebreo. En la Biblia hebrea se
encuentra casi 150 veces. El primer caso bíblico de
shabar está en Gn 19.9,
que cuenta cómo los hombres de Sodoma amenazaron con «romper» la
puerta de Lot para llevarse a sus huéspedes.
La palabra popular para
«romper cosas», shabar,
describe acciones como quebrar cántaros o vasijas (Jue 7.20; Jer
19.10), arcos (Os 1.5), espadas (Os 2.18 rva), huesos (Éx 12.46) y
yugos (Jer 28.10, 12–13). A veces se usa en sentido figurado para
hablar de un corazón o de un sentimiento «quebrantado» (Sal 69.20;
Ez 6.9). En su modalidad intensiva,
shabar se refiere a «quebrar» algún objeto como las
tablas de la Ley (Éx 32.19) o «despedazar» imágenes de ídolos (2 R
11.18), o bien árboles «destrozados» por el granizo (Éx 9.25).
Quemar
Verbo
sarap
(¹r'c;), «quemar». Este vocablo,
que se basa en un término semítico común, se encuentra en dos
antiguas lenguas, acádico y ugarítico, así como en toda la
historia del idioma hebreo. Su forma verbal aparece casi 120 veces
en el Antiguo Testamento hebraico. La primera mención de
sarap está en Gn 11.3 (rva),
donde se relatan los hechos de la torre de Babel: «Venid, hagamos
adobes y quemémoslos con fuego».
Puesto que la
característica principal del fuego es quemar, el término
sarap se usa generalmente
para describir la destrucción de objetos de todo tipo. Se «quemó»
la puerta de la torre de una ciudad (Jue 9.52), así como varias
ciudades (Jos 6.24; 1 S 30.1), carros (Jos 11.6, 9), ídolos (Éx
32.20; Dt 9.21), así como el rollo que Jeremías dictó a Baruc (Jer
36.25, 27–28). Para los antiguos semitas era un terrible agravio «quemar»
los huesos de un difunto, como hicieron los moabitas con los
huesos del rey de Edom (Am 2.1). «Quemar» cuerpos humanos sobre el
altar sagrado era un tremendo acto de profanación (1 R 13.2).
Ezequiel «quemó» la tercera parte de su cabello como símbolo de
que una parte del pueblo de Israel sería destruido (Ez 5.4).
Como dato interesante,
sarap nunca se usa en
relación a «quemar» un sacrificio sobre el altar, aunque algunas
veces sirve para indicar la eliminación de desperdicios, pedazos
no sacrificados y algunas partes malas.
Nombre
sarap
(¹r;c;), «seres ardientes». En Nm
21.6, 8 el término sarap
describe las serpientes que atacaron a los israelitas en el
desierto. Les nombra como «serpientes ardientes». La palabra
aparece en Is 14.29, así como en Is 30.6, aunque se traduce
simplemente «serpiente voladora».
SerapéÆm
(µypir'c]), «ardiente, noble».
SerapéÆm se
refiere a los seres ministrantes en Is 6.2, 6 y podría sugerir
alguna forma serpentina (aunque con alas, manos humanas y voces) o
bien seres «fulgurantes». Uno de los
serapéÆm ministró a Isaías llevándole un
carbón encendido del altar.
Quemar Incienso
Verbo
qatar
(rf'q;), «quemar incienso, provocar
que el humo se eleve». La raíz principal de este verbo aparece en
acádico. Formas relacionadas encontramos en ugarítico, fenicio y
hebreo posbíblico. En hebreo bíblico nunca se usa el verbo en su
raíz principal, sino solo en las raíces causativa e intensiva (con
sus respectivos pasivos).
El primer caso de
qatar está en Éx 29.13: «Tomarás
también todo el sebo que cubre las vísceras, el sebo que está
sobre el hígado y los dos riñones con el sebo que los cubre, y lo
harás arder sobre el
altar» (rva). Técnicamente este verbo significa «ofrecer
verdaderas ofrendas» cada vez que aparece en su raíz causativa
(cf. Os 4.13; 11.2), aunque solo puede referirse a «quemar
incienso» (2 Cr 13.11). Las ofrendas se queman con el fin de que
el objeto quemado se transforme en humo (esencia etérea del
ofrendante), a fin de que ascienda a Dios como olor agradable y
acepto. Lo que se sacrificaba consistía en su mayoría de alimentos
comunes y de esta forma Israel ofrecía a Dios la misma vida, las
labores y el fruto del trabajo.
Tales ofrendas
representan tanto el acto de dar lo ofrecido como la sustitución
vicaria de la ofrenda para el que las ofrece (cf. Jn 17.19; Ef
5.2). Debido al pecado (Gn 8.21; Ro 5.12), el ser humano fue
incapaz de iniciar una relación con Dios. Por tanto, Dios mismo lo
instruye en cómo adorarlo y servirle. Dios especifica que ofrende
solo lo mejor de sus posesiones y que a Él pertenece lo mejor de
estas ofrendas (Lv 4.10). Los únicos que podían ofrecer
sacrificios eran los sacerdotes (2 R 16.13). Todas las ofrendas
debían ofrecerse en el lugar designado; después de la conquista de
Palestina, en el tabernáculo de reunión (Lv 17.6).
Algunos de los reyes de
Israel intentaron legitimizar sus ofrendas idolátricas, en abierta
violación a los mandamientos divinos. Es por esto que la raíz
causativa se usa para describir, por ejemplo, el culto idólatra de
Jeroboam: «Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en
Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había
inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de
Israel, y subió al altar para quemar incienso» (1 R 12.33; cf. 2 R
16.13; 2 Cr 28.4).
La raíz intensiva (que
solo aparece después del Pentateuco) siempre se refiere a «falsos
cultos». Esta forma de qatar
puede indicar la «totalidad del culto» (2 Cr 25.14). Por lo
general, tales actos eran idolátricos, en imitación del culto
cananeo (Is 65.7). Eran cultos blasfemos y vergonzosos (Jer
11.17). Quienes así «quemaban incienso» eran culpables de
olvidarse de Dios (Jer 19.4) y la práctica en sí no aportaba
esperanza alguna a los involucrados en ella (Jer 11.12). En tono
irónico, Amós dice a los israelitas que vengan a Gilgal y Bet-el (altares
idólatras) para «ofrecer» un sacrificio de gracias. La ironía del
caso se percibe con más claridad en hebreo porque Amós usa la raíz
intensiva de qatar.
Nombre
qetoret
(tr,,foq]), «incienso». El primer
caso bíblico de qetoret
está en Éx 25.6 y el término se usa un total de 60 veces. En Pr
27.9 el vocablo quiere decir «perfume».
Qitter
significa «incienso». El término aparece una sola vez en el
Antiguo Testamento, en Jer 44.21. Otro nombre,
qetorah,
significa «incienso» y solo se encuentra en Dt 33.10.
QitoÆr se refiere al «humo
o vapor», no de los sacrificios sino en sus otras manifestaciones.
La cita en Sal 148.8 («vapor») es uno de cuatro casos en la Biblia.
Muqtar significa «encender
incienso». Se usa una única vez, en Mal 1.11: «Y en todo lugar se
ofrece a mi nombre incienso».
Miqteret
quiere decir «incensario, incienso». Aparece dos veces. En 2 Cr
26.19, el término se refiere a un «incensario». También el término
se refiere a «incienso» en Ez 8.11. Meqatterah
guarda relación con un «altar de incienso» y el único caso está en
2 Cr 26.19. Miqtar
significa un «altar donde humea el sacrificio». Se encuentra una
vez, en Éx 30.11.
Querer, Disponer
<abah
(hb;a;), «querer, disponer,
consentir». Este vocablo es común a todos los períodos de la
lengua hebrea; aparece en la Biblia hebrea un poco más de 50 veces.
La primera mención es en Gn 24.5, cuando el siervo de Abraham,
antes de que lo enviaran a buscar esposa para Isaac, dice: «Quizá
la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra».
Se debe tomar en cuenta
que con solo 2 excepciones (Job 39.19; Is 1.9), el vocablo se usa
en el Antiguo Testamento en sentido negativo para indicar falta de
voluntad o consentimiento. A decir verdad, aun en los dos casos
positivos pareciera haber alguna expectativa o algún aspecto
negativo subyacente. Job pregunta: «¿Querrá el búfalo servirte a
ti … ?» (Job 39.9); Isaías parece casi desesperanzado cuando dice
a Judá: «Si queréis y obedecéis, comeréis de lo mejor de la tierra»
(Is 1.19 rva).
R
Recto, Justo
Adjetivo
yashar
(rv;y:), «recto; bueno; justo».
Este adjetivo aparece primero en Éxodo con un modismo: «Si
escuchas atentamente la voz de Jehová tu Dios y haces
lo recto ante sus ojos; si
prestas atención a sus mandamientos y guardas todas sus leyes,
ninguna enfermedad de las que envié a Egipto te enviaré a ti,
porque yo soy Jehová tu sanador» (Éx 15.26 rva). El término es
raro en el Pentateuco y en los escritos proféticos.
Yashar predomina en
pasajes poéticos y se usa idiomáticamente («hacer lo que es
recto») en los libros históricos; cf. 1 R 15.5: «Por cuanto David
había hecho lo recto ante
los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había
apartado en todos los días de su vida, salvo en lo tocante a Urías
heteo».
El significado básico
está en la raíz «ser recto» en el sentido de «emparejar» o «nivelar».
Los pies de los seres vivientes en la visión de Ezequiel eran
derechos (Ez 1.7). Los israelitas llamaban «parejo» a un camino
fácil de transitar. Tenía pocos altibajos en comparación con otros
caminos (cf. Jer 31.9): «Vendrán con llanto, pero con consuelo los
guiaré y los conduciré junto a los arroyos de aguas, por un camino
parejo [«derecho» lba] en el cual no tropezarán. Porque yo soy un
Padre para Israel, y Efraín es mi primogénito» (rva).
Yashar
con el sentido de «recto» tiene que ver con cosas concretas y
conceptos abstractos. Samuel se comprometió a instruir al pueblo
de Dios «en el camino bueno y recto» (1 S 12.23). Nehemías
agradeció a Dios por darles sus rectas ordenanzas: «Descendiste
sobre el monte Sinaí y les hablaste desde el cielo. Les diste
decretos rectos, instrucciones fieles, leyes y mandamientos buenos»
(Neh 9.13 rva). Fundamentado en su revelación Dios esperaba que el
pueblo le agradara al serle obediente a Él: «Harás lo recto y
bueno ante los ojos de Jehová, a fin de que te vaya bien, y entres
y tomes posesión de la buena tierra que Jehová juró a tus padres»
(Dt 6.18 rva).
Cuando
yashar se refiere a
personas, es mejor traducirlo «justo» o «recto». Dios es la pauta
de justicia para su pueblo: «Bueno y recto es Jehová; por eso Él
enseñará a los pecadores el camino» (Sal 25.8). Su palabra (Sal
33.4), sus juicios (Sal 19.9) y caminos (Os 14.9) revelan su
rectitud y son bendición para su pueblo. El creyente le sigue al
ser «recto» de corazón: «Alegraos en Jehová, y gozaos, justos; ¡cantad
con júbilo todos vosotros los rectos de corazón!» (Sal 32.11 nrv;
cf. 7.10; 11.2). En su diario vivir los injustos manifiestan que
no andan por el camino estrecho: «Los impíos desenvainan la espada
y entesan el arco para derribar al pobre y al necesitado, para
matar a los de recto proceder» (Sal 37.14 rva). Los «justos»
tienen la promesa de la bendición de Dios sobre sus vidas (Pr
11.10–11).
Finalmente,
yashar también es «rectitud»
en lo abstracto, sobre todo cuando el término tiene el artículo
definido como prefijo (hayyashar,
«lo justo»): «Oíd, pues, esto, oh jefes de la casa de Jacob y
magistrados de la casa de Israel que hacéis abominable el juicio y
pervertís todo lo que es recto» (Miq 3.9 rva).
Las traducciones de la
Septuaginta son: arestos
(«agradable»); dikaios
(«recto; justo») euthes
(«recto») y euthus («derecho»).
Verbo
yashar
(rv'y:), «ser o estar recto, parejo,
derecho». Aunque este verbo se usa muy pocas veces en la Biblia,
tiene muchos derivados.
En acádico el verbo
isharu significa «ser o
estar recto; poner en orden», y el nombre
misharum denota justicia y
una vida de rectitud. El término hebreo tiene muchas palabras
relacionadas en las lenguas semíticas (fenicio, ugarítico) y aun
en egipcio.
Un caso del verbo está en
1 Cr 13.4 (rva): «Toda la congregación dijo que se hiciese así,
porque el asunto pareció bien a todo el pueblo». Con este uso
yashar tiene el sentido de
ser placentero o agradable. En Hab 2.4 el vocablo sugiere rectitud
moral.
Nombre
yosher
(rv,yœ), «rectitud». Este nombre
aparece una 15 veces. Un caso es en Pr 2.13: «Los que se apartan
del camino recto para andar por sendas tenebrosas» (nvi).
Otros nombres aparecen
con menor frecuencia. Yishrah
significa «rectitud» y aparece una vez (1 R 3.6).
El nombre
yeshuruÆn es un
título honorífico para Israel (Dt 32.15; 33.5).
MéÆshoÆr significa «lugar
parejo, rectitud». En 1 R 20.23 (rva)
méÆshoÆr se refiere a una «llanura». En Is 11.4 el
término se refiere a «rectitud»: «Con equidad arbitrará a favor de
los afligidos de la tierra».
Redimir
Verbo
ga<al
(la'G:), «redimir, liberar, vengar,
asumir responsabilidad de pariente». Este grupo semántico se usa
unas 90 veces, sobre todo en el Pentateuco, Salmos, Isaías y Rut.
La raíz parece ser casi exclusivamente hebrea, ya que el único
cognado que se conoce es un nombre propio amorreo.
La primera cita en que se
encuentra go<el es Gn
48.16 (rva): «El Ángel que me redime [Jacob] de todo mal»; en este
caso «redimir» quiere decir «liberar». Se usa básicamente para
referirse a la liberación de personas y propiedades vendidas para
cancelar deudas, como se puede ver en Lv 25.25 (rva): «Si tu
hermano se empobrece y vende algo de su posesión, vendrá su
pariente más cercano y rescatará lo que su hermano haya vendido».
Si consigue los recursos para hacerlo, la misma persona puede
efectuar la «redención» (Lv 25.26). Por otro lado, un hombre
empobrecido puede venderse a sí mismo a otro israelita (Lv 25.39)
o a algún extranjero que morase en Israel (Lv 25.47). Quien tenía
la responsabilidad de «redimir» era el pariente más cercano:
hermano, tío, primo o el pariente varón más próximo (Lv 25.25,
48–49). La persona (pariente) que «redimía» al que estaba en
dificultades económicas se conocía como «pariente redentor». Esta
es la idea implícita en Rt 2.20. En Dt 19.6 el redentor lleva el
nombre de «vengador de la sangre» o «vengador» y tenía la
responsabilidad de ejecutar al homicida de su pariente. El verbo
aparece 12 veces con este significado (p. ej., Nm 35.12, 19, 21,
24, 27).
En el libro de Rut
encontramos una hermosa narración acerca del «pariente redentor».
Su responsabilidad se resume en Rt 4.5 (rva): «El mismo día que
adquieras el campo de manos de Noemí, deberás también adquirir a
Rut la moabita, mujer del difunto, para restaurar el nombre del
difunto a su heredad». O sea que el «pariente redentor» tenía la
responsabilidad de preservar la integridad, vida, propiedad y
nombre de familia de su pariente cercano, y estar presto a
ajusticiar a su homicida.
La mayoría de los casos
en este grupo semántico se refieren a Dios que prometió: «Yo soy
Jehová … Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos
justicieros» (Éx 6.6 rva; cf. Sal 77.15). Israel confiesa: «En tu
misericordia guías a este pueblo que has
redimido» (Éx 15.13 rva). «Se acordaron de que Dios
es su Roca; de que el Dios Altísimo es su Redentor» (Sal 78.35 rva).
El libro de Isaías, entre
los capítulos 41–63, usa el término «redentor» en relación a Dios
13 veces; 9 de ellos son traducciones de
go<el. El primer ejemplo se encuentra en 43.1 (rva):
«No temas, porque yo te he redimido. Te he llamado por tu nombre;
tú eres mío». El término que se usa en relación a la liberación de
Egipto es go<el (51.10;
63.9) y también en cuanto al cautiverio babilónico (48.20; 52.3,
9; 62.12). «El Santo de Israel es tu Redentor» (41.14), el «Creador
de Israel, vuestro Rey» (43.14–15), «Jehová de los ejércitos»
(44.6) y «el Fuerte de Jacob» (49.26). Los que tienen su salvación
son «los redimidos» (35.9).
El libro de Salmos a
menudo coloca la redención espiritual en relación paralela con la
redención física. Por ejemplo: «Acércate a mi alma y redímela;
líbrame a causa de mis enemigos» (Sal 69.18). «Bendice, oh alma
mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios … el que
rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y de
misericordia» (Sal 103.2, 4).
padah
(hd;P;), «redimir, pagar rescate».
Originalmente, el significado de este vocablo coincidía en parte
con el de kapar; ambos
tuvieron que ver con «pagar rescate». Sin embargo, las
aplicaciones teológicas de estos términos comenzaron a
desarrollarse en diferentes direcciones, a tal grado que en la
mayoría de los casos son solo sinónimos en un sentido muy amplio.
Padah
indica la acción interventora o sustitutiva que logra liberar a
alguna persona de una situación desagradable. En circunstancias
más seculares, mediaría la entrega de algún valor. No obstante
esto, 1 S 14.45 (rva) indica que el dinero no es intrínseco al uso
de esta palabra; Saúl se empecina en ejecutar a Jonatán por su
transgresión involuntaria, mas «el pueblo libró a Jonatán, y este
no murió». Una de las condiciones que exigen «rescate» es la
esclavitud (Éx 21.8; Lv 19.20).
El vocablo está
relacionado con las leyes de primogenitura. Para que no olvidaran
que cuando todos los primogénitos de Egipto murieron, los de
Israel se salvaron, Dios exigió su derecho sobre la vida de los
primogénitos de Israel, tanto de varones como de ganado. Estos
últimos a menudo se sacrificaban, pero «rescato a todo primogénito
de mis hijos» (Éx 13.15 rva). La tribu de Leví se apartó para
servicio litúrgico aceptable a Dios en lugar de todos los
primogénitos de Israel (Nm 3.40ss). A pesar de esto, los varones
israelitas aún necesitaban que se les «redimiesen» (padah)
de este servicio pagando una cantidad designada de «dinero del
rescate» (Nm 3.44–51).
Cuando Dios es el sujeto
de padah, el vocablo
resalta su completa y soberana libertad de rescatar (liberar) a
seres humanos. Algunas veces se dice que Dios «redime» a
individuos (Abraham, Is 29.22; David, 1 R 1.29; y a menudo en el
salterio, p. ej., 26.11; 21.5; 71.23), aunque generalmente es
Israel, el pueblo elegido, quien se beneficia de su «redención».
Algunas veces la redención o liberación se proclama en términos
absolutos (2 S 7.23; Sal 44.26; Os 7.13); y el «rescate» tiene que
ver con una opresión concreta. En otros casos, la alusión es menos
específica (o más genérica), por ejemplo: «tribulaciones» (Sal
25.22) y «los malos» (Jer 15.21). Solo en un caso se usa
padah para hablar de
liberación de pecado o iniquidad: «Él redimirá a Israel de todos
sus pecados» (Sal 130.8 rva).
kapar
(rp'K;), «redimir, propiciar,
expiar». Kapar tiene una
gama de significados seculares y no teológicos paralelos a
padah. Sin embargo,
kapar adquirió un
significado técnico dentro de los ritos judíos. Al nivel más
básico de significado, kapar
denota una transacción material o un «rescate».
A veces el hombre es el
sujeto de kapar. En 2 S
21.3, David pregunta a los gabaonitas: «¿Qué debo hacer por
vosotros? ¿Y cómo haré restitución para que bendigáis la heredad
del Señor?» (lba). Por respuesta, los gabaonitas piden que
ahorquen a siete de los hijos de Saúl en compensación. En Éx 32.30
(rva), Moisés asciende al monte por tercera vez para «hacer
expiación» por los pecados del pueblo (aunque no se explica, al
parecer es solo mediante su intercesión). En Is 27.9 (rv) se habla
de «purgar» la culpa de Israel a través de la destrucción de
objetos idolátricos. En Nm 25.13 se dice que Finees «hizo
expiación por los hijos de Israel» cuando alanceó los cuerpos de
una pareja participante de un culto orgiástico a Baal-peor.
A menudo, Dios es el
sujeto de kapar, también
en sentido genérico. En 2 Cr 30.18, Ezequías pide a Dios que «perdone»
a quienes no estaban ritualmente purificados para la Pascua. Al
final de su cántico, Moisés alaba al Señor porque «hará expiación
por su tierra y su pueblo» (Dt 32.43 lba). Otros casos similares
en que el término se usa en forma general se encuentran en Sal
65.3; 78.38; y Dn 9.24. Jeremías se vale de
kapar una vez para orar
amargamente para que Dios no «perdone» a quienes traman matarlo (Jer
18.23); en Sal 79.9 el término significa «purgar» el pecado.
Con mayor frecuencia
kapar se relaciona con
ciertos ritos y el sujeto inmediato es un sacerdote. Toda clase de
ritos sacrificiales se entiende en términos de kapar. Se denomina
kapar a la acción de los
sacerdotes cuando untan sangre sobre el altar durante las «ofrendas
por el pecado» (jatta<t)
llamadas «propiciación» (Éx 29.36–37; Lv 4.20, 31; 10.17; Nm
28.22; 29.5; Neh 10.33). No se resalta tanto el uso de sangre en
los sacrificios, aunque la relación con la «propiciación» sigue en
pie, sobre todo con la «ofrenda por la culpa» (Lv 5.16, 18; 6.7;
7.7; 14.21; 19.22; Nm 5.8). El principio se mantiene aún cuando
los pobres, que no pueden ofrecer un animal o un ave, sacrifican
un poco de harina: un caso donde queda claro que no media sangre (Lv
5.11–13). «Propiciar» (kapar)
es también el propósito del «holocausto» (Lv 1.4; Nm 15.25). El
único tipo de sacrificio mayor que no se considera una «propiciación»
en Levítico es la «ofrenda de grano» (minjah)
en Lv 2, aunque Ez 45.15, 17 sí lo incluye dentro de esta
categoría. En 1 Crónicas 6.49 se aplica el concepto al ministerio
sacerdotal en general. Cada año la relación entre los diversos
ritos y kapar llegaba a un
clímax en el Día de Expiación (Yom
Kippur), descrita en detalles en Lv 16.
En diferentes versiones,
kapar se traduce «propiciar»
o «rescatar», ambos términos neutros. También se usa «expiar» que
es en parte sinónimo de «propiciar». En cualquier sacrificio, la
acción se dirige hacia Dios (propiciación)
y hacia la ofensa (expiación).
«Expiar», «propiciar» y también «perdonar» (cuando se relacionan
con sacrificios) tienen a Dios como sujeto primario, mientras que
«propiciación» se dirige a Dios como complemento del verbo.
Todos los sacrificios del
mundo nunca podrían satisfacer la justicia de Dios (p. ej., Miq
6.7; Sal 50.7–15). Por lo tanto, solo Él mismo puede brindar una
propiciación y expiación por el pecado que aplaque su ira. Un Dios
justo no puede ser ni implacable ni caprichoso, por eso Él mismo
ofrece el «rescate» o sacrificio sustitutivo que le satisface. El
sacerdote está delante del altar en lugar de Dios cuando presenta
el sacrificio requerido; en otros términos, sacrificar no es
esencialmente una acción humana, sino más bien divina: es la
acción de un Dios misericordioso y perdonador.
Nombre
geullah
(hL;auGÒ), «derecho a redención».
Este vocablo tiene que ver con la liberación de personas y de
propiedades vendidas para cancelar deudas. La ley garantizaba el «derecho
de redención» de tierras y personas (Lv 25.24, 48). El precio de
redención se determinaba según el número de años que restaban
antes del año del jubileo y de la liberación de las deudas (Lv
25.27–28). El término geullah
también aparece en Jer 32.7 (rva): «He aquí que Hanameel, hijo de
tu tío Salum, viene a ti para decir: Compra mi campo que está en
Anatot, porque tuyo es el derecho de redención para adquirirlo».
El nombre que se deriva
de padah es
peduÆt. Se
encuentra unas 5 veces y quiere decir «rescate o redención»: «Ha
enviado redención a su pueblo; para siempre ha ordenado su pacto»
(Sal 111.9 rva).
Regocijar
Verbo
samaj
(jm'c;), «regocijar, estar gozoso».
Este verbo también aparece en ugarítico (con los radicales
shh-m-h) y tal vez en
arameo-siríaco. Se encuentra en todos los períodos del hebreo y
unas 155 veces en la Biblia.
Por lo general,
samaj se refiere a una
emoción espontánea, a un gozo intenso expresado de manera visible
y/o externa. No se trata casi nunca de una emoción perenne ni a un
sentimiento de bienestar duradero. Son emociones que surgen
durante fiestas, como de circuncisión, bodas y cosechas, o bien en
celebración de alguna victoria sobre un enemigo. Los hombres de
Jabes irrumpieron en alegría cuando recibieron la noticia de que
serían librados de los filisteos (1 S 11.9).
La emoción que
samaj comunica
generalmente es visible. En Jer 50.11 se acusan a los babilonios
de «regocijarse» por el pillaje a Israel. Exteriorizan sus
emociones revolcándose como «novilla sobre la hierba» y
relinchando como caballos. La emoción que el verbo expresa (concretado
en el nombre simjah)
irrumpe a veces en danzas y canciones acompañadas con instrumentos
musicales. Esto es lo que quiere comunicar el relato sobre David y
las mujeres de Jerusalén a su regreso de vencer a los filisteos (1
S 18.6). «Regocijar» se describe casi siempre como el producto de
una situación, circunstancia o experiencia externa, como se puede
apreciar en Éx 4.14, la primera vez que se usa
samaj. Dios dijo a Moisés
que Aarón venía a su encuentro y «al verte, se alegrará en su
corazón». El pasaje habla de un sentimiento interno que se
manifiesta visiblemente. Cuando Aarón vio a Moisés, exteriorizó su
gozo besándole (v. 27).
Por tanto, el verbo
samaj sugiere tres
elementos: (1) sentimiento espontáneo y momentáneo de júbilo, (2)
sentimiento tan fuerte que tiene que exteriorizarse, (3)
sentimiento motivado por algún estímulo externo y momentáneo.
El verbo se usa en forma
intransitiva para indicar una acción que se vuelve sobre el sujeto
(cf. 1 S 11.9). Cuando Dios es el sujeto, Él es el que «se
regocija lleno de júbilo»: «Que la gloria del Señor perdure
eternamente; que el Señor se regocije en sus obras» (nvi). Los
santos deben «alegrarse en el Señor y regocijarse y dar voces de
júbilo» (cf. Sal 32.11 lba). De ahí que
samaj expresa alegría y gozo. En el lugar que el
Señor escogiere, Israel debe «regocijarse» en todas sus
bendiciones (Dt 12.7). En este contexto, el verbo describe una
situación en que uno se coloca en circunstancias dadas. Por
extensión, el vocablo tiene un significado técnico relacionado con
todo lo que se hace al preparar una fiesta para Dios: «El primer
día tomaréis para vosotros fruto de árbol hermoso: ramas de
palmera, ramas de árboles frondosos y de sauces de los arroyos; y
os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios durante siete días»
(Lv 23.40 rva).
En algunos casos el verbo
describe una situación de regocijo continuo. En 1 R 4.20 se resume
el reinado de Salomón en los siguientes términos: «Judá é Israel
eran muchos, como la arena que está junto al mar en multitud,
comiendo, bebiendo y alegrándose».
Nombre
simjah
(hj;m]ci), «gozo». Este nombre, que
también se halla en ugarítico, aparece 94 veces en hebreo bíblico.
Simjah es un término
técnico para la expresión externa de «gozo» (Gn 31.27: primer caso
en la Biblia; cf. 1 S 18.6; Jer 50.11) como para el sentimiento y
concepto abstracto de «gozo», que es el significado más usual (Dt
28.47). Expresa también toda la actividad festiva delante de Dios:
«Así todo el pueblo se fue a comer y a beber, a enviar porciones y
a regocijarse con gran alegría» (Neh 8.12 rva).
El nombre capta la
especificidad colorida del verbo, como en Is 55.12 (rva): «Ciertamente,
con alegría saldréis y en paz os iréis. Los montes y las colinas
irrumpirán en cánticos delante de vosotros, y todos los árboles
del campo aplaudirán».
Adjetivo
sameaj
(j'mec;), «gozoso, alegre». El
adjetivo se encuentra 21 veces en el Antiguo Testamento. El primer
caso está en Dt 16.15: «Siete días celebrarás la fiesta a Jehovah
tu Dios en el lugar que Jehovah haya escogido. Porque Jehovah tu
Dios te habrá bendecido en todos tus frutos y en toda la obra de
tus manos, y estarás muy alegre» (rva)
Reino
malkuÆt
(tWKl]m'), «reino; reinado;
gobierno». El vocablo malkuÆt
aparece 91 veces en el Antiguo Testamento hebreo y parece
corresponder al hebreo bíblico tardío. Se menciona por primera vez
en Nm 24.7 (rva): «El agua correrá de sus baldes; su simiente
tendrá agua en abundancia. Su rey será más grande que Agag; su
reino será enaltecido».
El vocablo
malkuÆt denota: (1) el
territorio de un reino: «Para mostrar él las riquezas de la gloria
de su reino, el brillo y la magnificencia de su poder, por muchos
días, ciento ochenta días» (Est 1.4); (2) acceso al trono: «Si te
quedas callada en este tiempo, el alivio y la liberación de los
judíos surgirán de otro lugar; pero tú y la casa de tu padre
pereceréis. ¡Y quién sabe si para un tiempo como este has llegado
al reino!» (Est 4.14 rva); (3) año de gobierno: «Ester fue llevada
al rey Asuero, a su palacio real en el mes décimo, el mes de Tebet,
del séptimo año de su reinado» (Est 2.16 rva); y (4) cualquier
cosa relacionada con un rey: trono (Est 1.2), vino (Est 1.7),
corona (Est 1.11), decreto (Est 1.19), vestimenta (Est 6.8), casa
real (Est 1.9), cetro (Sal 45.6) y gloria (Sal 145.11–12).
Las traducciones de
malkuÆt en la Septuaginta
son: basileia («realeza;
reino; poder real») y basileus
(«rey»).
mamlakah
(hk;l;m]m'), «reino; soberanía;
dominio; reinado». El vocablo se encuentra unas 115 veces en todo
el Antiguo Testamento. Mamlakah
se halla primero en Gn 10.10: «Y fue el comienzo [«fueron las
capitales» nbe] de su reino Babel, Erec, y Acad, y Calne, en la
tierra de Sinar».
El significado básico de
mamlakah tiene que ver con
el territorio de un «reino». El término se refiere a naciones no
israelitas gobernadas por un melek,
«rey»: «Acontecerá que al fin de los setenta años visitará Jehová
a Tiro; y volverá a comerciar, y otra vez fornicará con todos los
reinos del mundo sobre la faz de la tierra» (Is 23.17).
Mamlakah sirve de sinónimo
de >am, «gente» o
«pueblo», y goÆy, «nación»:
«Cuando andaban de nación en nación, y de un reino a otro pueblo»
(Sal 105.13 rva). Mamlakah
también señala a Israel como el «reino» de Dios: «Vosotros me
seréis un reino de sacerdotes y una nación santa» (Éx 19.6). El
reino davídico fue el agente teocrático por el que Dios reinaba
sobre su pueblo y los bendecía: «Tu casa y tu reino serán firmes
para siempre delante de mí, y tu trono será estable para siempre»
(2 S 7.16). No obstante esto, el
mamlakah unido se dividió después de Salomón en dos
reinos que Ezequiel predijo se reunirían: «Haré de ellos una sola
nación en la tierra, en los montes de Israel, y todos ellos
tendrán un solo rey. Nunca más serán dos naciones, ni nunca más
estarán divididos en dos reinos» (Ez 37.22 rva).
Similar al significado
básico es el uso de mamlakah
para denotar «rey», puesto que el rey se consideraba la
personificación del «reino». Se le tenía por símbolo del propio
reino: «Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo saqué a Israel de
Egipto, librándoos de mano de los egipcios y de mano de todos los
reinos que os oprimieron» (1 S 10.18; en hebreo el nombre «reinos»
es femenino, pero el verbo «oprimir» tiene una forma masculina, lo
cual indica que «reinos» significa «reyes»).
La función y la posición
de un rey es importante dentro del concepto de «reino». «Reino»
puede indicar la cabeza del reino. El vocablo además tiene el
significado adicional de «gobierno» real, «soberanía» real y «dominio».
A Saúl se le retiró la «soberanía» real (su «reinado») por su
desobediencia (1 S 28.17). Este concepto de la «soberanía» de un
rey subyace en Jer 27.1: «En el principio del reinado de Joacim
hijo de Josías». Es más, el Antiguo Testamento define como
manifestaciones de un «reinado» todas las cosas que se asocian con
un rey: (1) el trono: «Y sucederá que cuando se siente sobre el
trono de su reino, él deberá escribir para sí en un pergamino una
copia de esta ley, del rollo que está al cuidado de los sacerdotes
levitas» (Dt 17.18 rva); (2) el santuario (pagano) patrocinado por
un rey: «Y no profetices más en Bet-el, porque es santuario del
rey, y capital del reino» (Am 7.13); y (3) una ciudad real: «Entonces
David dijo a Aquis: Si he hallado ahora gracia ante tus ojos, por
favor, que se me dé un lugar en alguna de las ciudades en el
campo, para que habite allí. ¿Por qué ha de habitar tu siervo
contigo en la ciudad real?» (1 S 27.5 rva).
Todo dominio humano está
bajo el control de Dios. Por consiguiente, el Antiguo Testamento
reconoce plenamente el reinado de Dios. El Señor gobernó como rey
sobre su pueblo Israel a través de David y sus sucesores hasta el
cautiverio (1 Cr 29.11; 2 Cr 13.5).
En el Nuevo Testamento
todos los significados analizados se asocian con el término griego
basileia («reino»). Así se
traducen la mayoría de los casos de
mamlakah en la Septuaginta, por lo que no debe
sorprender que los autores neotestamentarios usaran este vocablo
para referirse al «reino» de Dios: el dominio, el rey, su
soberanía y nuestra relación con Dios mismo.
melek
(Jl,m,), «rey». El vocablo se
encuentra unas 2.513 veces en el Antiguo Testamento. Varias de
ellas en Gn 14.1: «Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar,
de Arioc rey de Elasar, de Quedorlaomer rey de Elam, y de Tidal
rey de Goím» (rva).
Remanente
Nombre
she<eréÆt
(tyriaev]), «resto; remanente;
residuo». La idea del «remanente» juega un papel prominente en la
economía salvífica divina en todo el Antiguo Testamento. El
concepto del «remanente» se aplica particularmente a los
israelitas que sobrevivieron calamidades como guerras,
pestilencias y hambrunas, gente a la que el Señor en su
misericordia protegió para que fuera su pueblo escogido: «Porque
de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sion los
sobrevivientes. ¡El celo de Jehovah de los Ejércitos hará esto!»
(2 R 19.31 rva; cf. Esd 9.14).
Reiteradamente los
israelitas sufrieron grandes catástrofes que les llevaron hasta el
borde de la extinción. Por eso oraban a menudo como en Jer 42.2: «Acepta
ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová
tu Dios, por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos
pocos, como nos ven tus ojos)».
Isaías se vale 5 veces
del término she<eréÆt
para denotar a los que quedarían después de las invasiones asirias:
«Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sion los
sobrevivientes. ¡El celo de Jehovah de los Ejércitos hará esto!»
(Is 37.32 rva).
Miqueas también anunció
el regreso del pueblo judío después del cautiverio. Profetizó: «Ciertamente
reuniré a todo Jacob. Ciertamente recogeré al remanente de Israel»
(2.12 rva). También predijo: «De la que cojea haré un remanente, y
de la agobiada haré una nación poderosa. Y Jehovah reinará sobre
ellos en el monte Sion, desde ahora y para siempre» (4.7 rva). En
5.7–8 y 7.18, Miqueas anuncia un concepto similar.
Jeremías discute la
difícil situación de los judíos que huyeron a Egipto después que
Nabucodonosor capturara a Jerusalén: «Asimismo, todos los judíos
que estaban en Moab, entre los hijos de Amón y en Edom, y los que
estaban en todos los países, cuando oyeron decir que el rey de
Babilonia había dejado a Judá un remanente … Johanán hijo de Carea
habló a Gedalías en secreto, en Mizpa, diciendo: –Permite que yo
vaya y mate a Ismael … ¿Por qué te ha de quitar la vida, de modo
que todos los judíos que se han agrupado alrededor de ti sean
dispersados y perezca el remanente de Judá?» (Jer 40.11, 15 rva).
Sofonías, profeta del
siglo siete, identifica el «remanente» con los pobres y humildes
(2.3, 7; 3.12–13). Zacarías anuncia que un «remanente» presenciará
la venida del reino del Mesías (12.10–13.1; 13.8–9).
she<ar
(ra;v]), «resto; remanente; residuo».
Isaías describe el «remanente» de Israel: «Acontecerá en aquel día
que el remanente de Israel y los de la casa de Jacob que hayan
escapado nunca más se apoyarán en el que los golpeó, sino que
verdaderamente se apoyarán en Jehovah, el Santo de Israel» (Is
10.20 rva).
Nótese que se puede
percibir una doble temática en los pasajes proféticos relacionados
con el «remanente»: (1) Sobrevivirá un «remanente» cuando se
castiga al pueblo, y (2) la sobrevivencia del «remanente» y el
hecho de que perdura contiene una nota de esperanza para el futuro.
En Is 10.21 se anuncia: «¡Un remanente volverá; un remanente de
Jacob volverá al Dios fuerte!» (rva). En Is 11.11 el profeta
proclama: «Asimismo, acontecerá en aquel día que Jehovah volverá a
poner su mano para recobrar el remanente que habrá quedado de su
pueblo, desde Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar, Hamat
y las costas del mar» (rva).
yeter
(rt,y<,), «resto; remanente».
Yeter se encuentra 94
veces en el Antiguo Testamento hebreo. Por lo general, aparece en
los libros históricos (45 veces) en la frase estereotipada «los
demás hechos», como por ejemplo: «Los demás hechos de Salomón, y
todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de
los hechos de Salomón?» (1 R 11.41). En estos versículos,
yeter sirve para hacer
referencia a los hechos que no se incluyeron en las obras de los
historiógrafos bíblicos.
El significado más
general de yeter es «el
resto; lo que queda»: del botín (Nm 31.32); de los gigantes (Dt
3.11); del reino (Jos 13.27); y del pueblo (Jue 7.6). Encontramos
una buena ilustración de esto en lo que Joel enseña sobre las
langostas: «Lo que quedó de la oruga comió el saltón [la langosta],
y lo que quedó del saltón comió el revoltón [pulgón]; y la
langosta comió lo que del revoltón había quedado» (Jl 1.4).
Los profetas usaron
she<eréÆt como
un término técnico para «el remanente de Israel». Predijeron que
después del cautiverio un «remanente» de temerosos de Dios
regresarían a la tierra (cf. Hag 2.2–3). Algunos profetas (Miq,
Sof 2.9) usaron yeter con
este propósito: «Sin embargo, Dios los abandonará hasta el tiempo
en que dé a luz la que ha de dar a luz, y vuelva el resto [yeter]
de sus hermanos para reunirse con los hijos de Israel (Miq 5.3).
Las traducciones del
término en la Septuaginta son: loipos
(«lo que queda; resto; lo restante») y
kataloipos («lo que queda; sobrante»).
Otros nombres que
aparecen con poca frecuencia tienen relación con
yeter.
YoÆter («ventaja; exceso;
excedente; sobre») se puede encontrar en Ec 6.8 (rva): «¿Qué
ventaja tiene el sabio sobre el necio? ¿Qué gana el pobre que sabe
conducirse ante los demás seres vivientes?»
Yitra quiere decir «abundancia»
o «riquezas» y se encuentra únicamente en Jer 48.36.
YitroÆn puede referirse a
«ventaja, ganancia, lucro» y aparece solamente en Ec 1.3; 2.11.
Yoteret, «apéndice del
hígado», aparece unas 10 veces (cf. Éx 29.13, 22; Lv 3.4, 10, 15).
MoÆtar, que significa «abundancia,
superioridad, lucro», se encuentra en Pr 14.23.
Verbo
sha<ar
(ra'v;), «quedar, sobrar». Este
verbo y sus nombres derivados aparece unas 220 veces en el Antiguo
Testamento.
Noé y su familia se
convirtieron en «remanente», las únicas personas que sobrevivieron
el diluvio: «Solo quedaron Noé y los que estaban con él en el arca»
(Gn 7.23 rva). En los días de Eliseo, cuando el pueblo escogido de
Dios en el reino del norte cayó en apostasía, el Señor anunció: «Pero
dejaré siete mil en Israel, todas las rodillas que no se han
doblado ante Baal» (1 R 19.18 lba).
Durante el período del
precautiverio, Isaías hizo hincapié en la idea del remanente. El
profeta habla de juicio sobre la tierra, pero que el remanente «quedaría»:
«Por esta causa una maldición ha devorado la tierra, y los que la
habitan son culpables. Por esta causa han disminuido los
habitantes de la tierra, y quedan muy pocos seres humanos» (Is
24.6 rva). Isaías 4.3 se refiere al «remanente» que comparte
santidad: «Acontecerá que el que se quede [sha<ar]
en Sion, como el que sea dejado en Jerusalén, será llamado santo».
En los escritos de los
profetas, la idea del «remanente» fue adquiriendo una relevancia
cada vez mayor. Sin embargo, ya desde el Pentateuco se comenzaba a
manejar el concepto. La idea de «los que quedaron» o «escaparon»,
en particular una parte del pueblo de Israel, se remonta hasta Dt
4.27 (rva): «Jehovah os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis
pocos en número entre las naciones a las cuales os llevará
Jehovah» (cf. Dt 28.62). En estos pasajes, Moisés advierte que si
Israel deja de cumplir con los requisitos del pacto mosaico, el
Señor los esparciría entre las naciones y entonces volvería a
reunir un «remanente».
En Neh 1.2–3 (rva) se
describe la condición del «remanente» de Israel: «Les pregunté por
los judíos que habían escapado, que habían quedado de la
cautividad, y por Jerusalén. Ellos me dijeron: «El remanente, los
que han quedado de la cautividad allí en la provincia, está en
gran dificultad y afrenta»».
yatar
(rt'y:), «sobrar, ser superfluo».
Este verbo está relacionado con otras lenguas semíticas donde la
raíz yatar/watar expresa
una condición de abundancia (ugarítico, fenicio, arábigo). En
hebreo, muchas formas se derivan del verbo
yatar. El término se
encuentra unas 107 veces, entre ellas en Dn 10.13 (rva): «El
príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días;
pero he aquí que Miguel, uno de los principales príncipes, vino
para ayudarme; y quedé allí con los reyes de Persia».
Reposar
nuÆaj
(j'Wn), «descansar, asentar,
permanecer, estar quieto». Este vocablo está presente en hebreo,
tanto antiguo como moderno, así como en acádico y ugarítico. Se
encuentra alrededor de 65 veces en el Antiguo Testamento,
comenzando con Gn 8.4 rva: «Se asentó el arca sobre los montes de
Ararat» («reposó» rv, rvr, rv-95; «descansó» lba, bla; «se detuvo»
lvp; «varó» bj; «encalló» nbe). El vocablo, con sus múltiples
traducciones, ilustra el uso frecuente de este término que expresa
el asentamiento físico de algún objeto en algún lugar determinado.
Otros ejemplos son las aves (2 S 21.10), los insectos (Éx 10.14) y
las plantas de los pies en las aguas del Jordán (Jos 3.13).
«Reposar» indica un
estado de participación completa y, por tanto, compenetración,
como cuando el espíritu de Elías «reposó» sobre Eliseo (2 R 2.15),
la mano de Dios «reposará» sobre el monte (Is 25.10) y cuando «en
el corazón del prudente reposa la sabiduría» (Pr 14.33 rvr, lba).
A menudo nuÆaj significa «estar
quieto» o «reposar» después de un trabajo arduo (Éx 20.11), de
ataques de los enemigos (Est 9.16), de tribulación (Job 3.26) y al
morir (Job 3.17). El vocablo puede significar «descansar de
preocupaciones» cuando se aplica la disciplina paternal (Pr
29.17). A veces nuÆaj
quiere decir «dejar descansar» o «permitir quedarse». De esta
manera Dios «permitió» que las naciones paganas «se quedaran» en
Canaán mientras viviera Josué (Jue 2.23 lba). En un caso contrario,
Dios amenazó con abandonar a los israelitas en el desierto (Nm
32.15).
Es importante señalar que
mientras nuÆaj se usa a
veces como sinónimo de shabat,
«cesar, reposar» (Éx 20.11), básicamente,
shabat significa «cesar»
de trabajar, sin que ello en realidad implique «reposar». El autor
de Gn 2.3 no quiere decir que Dios reposa de sus labores, sino más
bien del trabajo creativo que culminó.
Residir, Morar
Verbo
guÆr
(rWG), «morar como un forastero, un
transeúnte». Este término solo se encuentra en semítico
septentrional y en hebreo extrabíblico únicamente como nombre. En
hebreo bíblico el vocablo guÆr
aparece 84 veces y durante todos los períodos de la lengua. Esta
acepción de guÆr debe
distinguirse de otra que significa «temer» (Nm 22.3).
El verbo quiere decir «morar
en una tierra como huésped». El primer caso del término está en Gn
12.10, donde se narra que Abram viajó a Egipto y moró allí como
huésped. En Gn 21.23, Abraham pacta con Abimelec, quien le
advierte: «Conforme a la bondad que yo hice contigo, harás tú
conmigo, y con la tierra en donde has morado».
Nombre
ger
(rG«), «huésped; extranjero».
Ger se encuentra unas 92
veces en todos los períodos del hebreo bíblico.
Un
ger no era un simple
forastero (nakréÆ) ni
extranjero (zar). Era un
residente permanente que, siendo ciudadano de otra tierra, emigró
a un nuevo país de residencia. A menudo, ha abandonado a su tierra
natal en circunstancias difíciles, como cuando Moisés huyó a
Madián (Éx 2.22). Ya sea que la razón de su viaje fuera para huir
de alguna dificultad o solo porque buscaba un nuevo lugar de
residencia, el ger andaba
en busca de aceptación y refugio. Por consiguiente, podría
llamársele también un toÆshab,
un colono. Ni el colono ni el «huésped» podían poseer tierras. En
la tierra de Canaán la posesión de tierra se limitaba a miembros o
descendientes de las tribus originales. Únicamente ellos tuvieron
plena ciudadanía con todos los privilegios, lo que significaba
disfrutar de lleno de la herencia de los dioses y antepasados,
privilegios y responsabilidades feudales (cf. Ez 47.22).
En Israel un
ger, al igual que un
sacerdote, no podía poseer tierras y gozaba de los privilegios del
tercer diezmo. Cada tres años el diezmo de la cosecha debía
depositarse en la entrada de la ciudad ante los ancianos para que
se ditribuyera entre «el levita que no tiene parte ni heredad
contigo, el forastero, el huérfano y la viuda que haya en tus
ciudades» (Dt 14.29 rva). En el escatón tales «huéspedes» se
trataban como verdaderos ciudadanos: «Haréis el sorteo de ella
para que sea heredad para vosotros y para los forasteros que
residen entre vosotros, quienes han engendrado hijos entre
vosotros, y que son para vosotros como nativos entre los hijos de
Israel. Ellos participarán con vosotros en el sorteo para tener
posesión entre las tribus de Israel» (Ez 47.22 rva). Bajo la Ley
Mosaica, los extranjeros no eran esclavos sino más bien estaban
generalmente al servicio de un israelita de cuya protección
disfrutaban (Dt 24.14). Esto, sin embargo, no siempre era el caso.
A veces un «huésped» era rico y los israelitas podían estar a su
servicio (Lv 25.47).
Al
ger se le trataba (excepto
por privilegios y responsabilidades feudales) como un israelita
amparado por la ley: «Oíd la causa de vuestros hermanos y juzgad
con justicia entre un hombre y su hermano o el forastero que está
con él» (Dt 1.16 rva); «Pero vosotros, guardad mis estatutos y mis
decretos, y no hagáis ninguna de todas estas abominaciones, ni el
natural ni el extranjero que habita entre vosotros» (Lv 18.26 rva);
«Habrá una misma ley para vosotros, tanto para el extranjero como
para el natural; porque yo soy Jehová vuestro Dios» (Lv 24.22 rva).
Los ger también
disfrutaban del descanso del sábado (Lv 25.6) y de la protección
divina (Dt 10.18). Dios ordena a Israel amar al extranjero como a
sí mismo (Lv 19.34).
El
ger podía circuncidarse (Éx
12.48) y así gozar de todos los privilegios de la religión
verdadera: la Pascua (Éx 12.48–49), el Día de Expiación (Lv
16.29), presentar ofrendas (Lv 17.8) y asistir a todas las fiestas
(Dt 16.11). Tenía la obligación de guardar todas las leyes de la
pureza (Lv 17.15).
Dios dice a Israel que Él
es el verdadero dueño de toda la tierra y que su pueblo, como «huésped»,
es vasallo suyo (Lv 19.34; Dt 10.19). Se les advierte que deben
tratar a los «huéspedes» con justicia, equidad y amor porque, como
Abraham (Gn 23.4), fueron «huéspedes» en Egipto (Éx 22.21). En
casos jurídicos, el «huésped» podía apelar directamente a Dios el
gran Señor feudal (Lv 24.22).
Hay otros dos nombres
relacionados con guÆr que
son meguÆréÆm y
geruÆt.
MeguÆréÆm se
encuentra 11 veces y se refiere «al estado o la condición de ser
un huésped» (Gn 17.8) y también «al lugar en que un huésped mora»
(Job 18.19). GeruÆt
aparece una vez para referirse también a «donde un huésped habita»
(Jer 41.17). Algunos peritos piensan que el vocablo es más bien un
nombre propio que forma parte del nombre de un lugar.
Riqueza, Abundancia
joÆn
(÷/h), «abundancia; fortuna;
riqueza; posesiones; basta». Los 26 casos de este vocablo se
encuentran casi todos en la literatura sapiencial, con 17 en
Proverbios. El término aparece únicamente en singular.
JoÆn
se refiere casi siempre a artículos portables de valor («posesiones,
riquezas»): «Si lo atrapan, deberá devolver siete tantos lo robado,
aun cuando eso le cueste todas sus posesiones» (Pr 6.31 nvi; cf.
Éx 27.12). Las «riquezas» pueden ser buenas y señal de bendición:
«Bienes y riquezas hay en su casa; su justicia permanece para
siempre» (Sal 112.3). La creación es «riqueza» divina: «Me he
gozado en el camino de tus testimonios más que sobre toda riqueza»
(Sal 119.14). En Proverbios, las «riquezas» generalmente indican
maldad: «La fortuna del rico es su fortaleza, la ruina de los
pobres es su pobreza» (Pr 10.15 lba).
El término puede indicar
cualquier clase de «propiedad»: «Si el hombre diese todas las
riquezas de su casa para comprar el amor, de cierto lo
despreciarían» (Cnt 8.7 rva). Esta es la acepción la primera vez
que se usa el vocablo: «Vendes a tu pueblo a bajo precio, y no te
has beneficiado con su venta» (Sal 44.12 lba). Proverbios 12.27 (rva)
se refiere a las «riquezas» en general: «El negligente no alcanza
presa, pero el hombre diligente obtendrá preciosa riqueza».
Por último,
joÆn quiere decir «basta»
(solo en Pr 30.15–16 rva): «La sanguijuela tiene dos hijas: Dame y
Dame. Tres cosas hay que nunca se sacian, y la cuarta nunca dice:
«¡Basta!» El Seol, la matriz estéril, la tierra que no se sacia de
agua y el fuego que jamás dice: «¡Basta!»»
Roca
tsuÆr
(rWx), «roca; muro de piedra;
acantilado; colina rocosa; montaña; terreno rocoso; peña; peñasco».
Se encuentran cognados de este vocablo en amorreo, fenicio,
ugarítico y arameo. Sin contar los que se encuentran en nombres de
personas y lugares, el término aparece 70 veces en hebreo bíblico
y durante todos los períodos.
Primero,
tsuÆr quiere decir «muro
de piedra» o «acantilado». Es esto lo que quizás Moisés golpeó con
su vara en Éx 17.6 (rva): «He aquí, yo estaré delante de ti allí
sobre la peña de Horeb. Tú golpearás la peña, y saldrá de ella
agua». Tiene el mismo sentido cuando dice que Dios escondió a
Moisés en la hendidura de una «peña» (Éx 33.21–22).
Segundo, el vocablo a
menudo significa «cerro rocoso» o «montañas». Este énfasis es muy
evidente en Is 2.10, 19 (rva): «Métete en la roca; escóndete en el
polvo … Los hombres se meterán en las cavernas de las peñas y en
las aberturas de la tierra». Un vigía percibe a alguien que se
aproxima desde «la cumbre de las peñas … desde las colinas» (Nm
23.9 rva). La «roca» (montes o colinas) que fluyen miel y aceite
es figura de la abundante y rebosante bendición de Dios (Dt
32.13). La «roca» o «montaña» es figura de seguridad (Sal 61.2),
de firmeza (Job 14.18) y de algo que perdura (Job 19.24).
Tercero,
tsuÆr puede significar
terreno rocoso o tal vez una «roca» grande y plana: «Y Rizpa hija
de Ayías tomó una manta de cilicio y se la tendió sobre una roca»
(2 S 21.10 rva; cf. Pr 30.19).
Cuarto, en algunos
pasajes el término quiere decir «peña, peñasco, canto» de tamaño
suficiente como para servir de altar: «Y subió fuego de la peña,
que consumió la carne y los panes sin levadura» (Jue 6.21 rva).
«Roca» sirve con
frecuencia para ilustrar cómo Dios defiende y sustenta a su pueblo
(Dt 32.15). En algunos casos el nombre es un epíteto o nombre
significativo de Dios (Dt 32.4) o de dioses paganos: «La roca de
ellos no es como nuestra Roca [Dios]» (Dt 32.31 rva).
Finalmente, Abraham es la
«roca» de la cual Israel se talló (Is 51.1).
Rostro
panéÆm
(µynIP;), «rostro, faz, cara». Este
nombre se encuentra en hebreo bíblico unas 2.100 veces y en todos
los períodos; el vocablo siempre se encuentra en plural, excepto
en nombres de personas y lugar. El término aparece también en
ugarítico, acádico, fenicio, moabita y etiópico.
En su acepción más básica,
el nombre se refiere a la «cara» de algo. Primero, se refiere al «rostro»
humano: «Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él» (Gn
17.3 rva). En una aplicación más específica, el término indica una
expresión en el «semblante»: «Por eso Caín se enfureció mucho, y
decayó su semblante» (Gn 4.5 rva). Retribuir «en su misma cara» a
alguien es dar el pago en persona (Dt 7.10 rva); en contextos como
este, el vocablo indica la persona misma.
PanéÆm puede referirse a
la parte superficial o visible de las cosas, como en Gn 1.2: «El
Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». En otros
contextos, el término se refiere a la «parte frontal» de algo: «Unirás
cinco tapices en un conjunto, y seis tapices en el otro conjunto.
Doblarás el sexto tapiz para que vaya en la parte frontal del
tabernáculo» (Éx 26.9 rva). Cuando se refiere al tiempo, el
vocablo (con la preposición le)
significa «antes»: «Y en Seir habitaron antes los horeos» (Dt
2.12).
Este nombre se usa a
veces antropomórficamente con relación a Dios; la Biblia habla de
Dios como si tuviera un «rostro»: «El ver tu cara [panéÆm]
ha sido como si hubiera visto el rostro [panéÆm]
de Dios» (Gn 33.10). La Biblia enseña claramente que Dios es un
ser espiritual y que no se le debe representar con imagen ni
representación alguna (Éx 20.4). Por tanto, no había imagen ni
semejanza de Dios en el Lugar Santísimo, solo estaba el arca del
testimonio y Dios hablaba desde encima de ello (Éx 25.22). Por
esta razón, el término panéÆm
se usaba para denominar el pan que se guardaba en el Lugar Santo.
La rvr lo llama «pan de la proposición» y lba de la «presencia»
(Nm 4.7). Este pan se mantenía continuamente en la presencia de
Dios.

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