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Hebreo Bíblico
Nación
goÆy
(y/G), «nación; pueblo; gentiles».
Fuera de la Biblia, este nombre se halla solo en los textos de
Mari (acádicos) y tal vez en fenicio y púnico. El vocablo aparece
unas 56 veces y durante todos los períodos del hebreo bíblico.
GoÆy
se refiere a un «pueblo» o a una «nación», casi siempre con
matices de identidad cultural y de integridad territorial o
gubernamental. Esta acepción se encuentra en las «fórmulas de
promesa» por las que Dios promete a alguna persona hacer de él una
«nación» grande, poderosa y numerosa (Gn 12.2). Más adelante,
estos adjetivos van a describir a los descendientes de quienes se
acogen a la promesa (cf Nm 14.12). O sea que
goÆy se refiere a un grupo
de individuos que son una unidad en cuanto a origen, idioma,
tierra, leyes y gobierno. Encontramos este énfasis la primera vez
que aparece el término, en Gn 10.5 rva: «A partir de estos fueron
pobladas las costas de las naciones, según sus territorios, cada
una según su idioma, conforme a sus familias en sus naciones». En
Dt 4.6 se trata no de la unidad política y nacional, sino más bien
de unidad religiosa, sabiduría, percepción, leyes justas y, en
particular, de su relación con Dios: «Guardadlos, pues, y ponedlos
por obra, porque esto es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia
ante los ojos de los pueblos, los cuales al oír de todas estas
leyes dirán: ¡Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio y
entendido!» No cabe duda de que todo esto se considera fruto de la
elección divina (Dt 4.32ss). La grandeza de Israel se debe a la
grandeza de su Dios y a los grandes hechos que ha realizado en pro
de este pueblo y a través de él.
El vocablo
>am, «pueblo, nación»,
sugiere relaciones personales subjetivas que se fundamentan en
antepasados comunes y/o un mutuo acuerdo, mientras que
goÆy sugiere un ente
político con su propia tierra: «Ahora, pues, si he hallado gracia
en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te
conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es
pueblo tuyo» (Éx 33.13). Con todo,
goÆy puede referirse a un pueblo sin mencionar su
identidad territorial: «Y vosotros me seréis un reino de
sacerdotes y una nación santa» (Éx 19.6 rva).
A veces
goÆy es casi un término
peyorativo que se aplica a grupos no israelitas, o sea, a los
«gentiles»: «A vosotros os esparciré entre las naciones.
Desenvainaré la espada» (Lv 26.33 rva). Sin embargo, esta
expresión negativa no siempre está presente al hablar de los
gentiles: «Porque desde la cumbre de las peñas lo veo; desde las
colinas lo diviso. He aquí un pueblo que ha de habitar solitario y
que no ha de ser contado entre las naciones» (Nm 23.9 rva). Por
cierto, en aquellos contextos en que se habla de culto, los
goÆyim no son israelitas:
«Temían a Jehová, pero servían a sus dioses, según las prácticas
de los pueblos de donde habían sido trasladados» (2 R 17.33 rva).
En pasajes como Dt 4.38 goÆyim
se refiere específicamente a los pueblos que habitaban en Canaán
antes de la conquista israelita. Israel debía mantenerse aparte y
distanciarse de estos pueblos (Dt 7.1) y ser un ejemplo de
verdadera santidad delante de ellos (Dt 4.6). Por otro lado, para
ser una bendición a todas las naciones (Gn 12.2), en su calidad de
«nación» santa y reino de sacerdotes (Éx 19.6), Israel tendría que
servir de instrumento para declarar la salvación a las naciones
(gentiles), hasta que reconozcan la soberanía de Dios (Is 60). En
resumen, el Mesías es luz a las naciones (Is 49.6).
Nariz
Nombre
<ap
(¹a'), «nariz; narices; rostro; ira;
enojo». Este término general semítico tiene cognados en acádico,
ugarítico, fenicio, arameo y arábigo. El vocablo se encuentra unas
277 veces en todos los períodos del hebreo de la Biblia.
La acepción fundamental
del término es «nariz», un órgano del cuerpo humano.
<Ap tiene este significado
en singular, mientras que en plural se refiere a las «narices» por
las que el aire se inhala y exhala: «Entonces Jehová Dios formó al
hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida,
y el hombre llegó a ser un ser viviente» (Gn 2.7 rva: primer caso
en la Biblia).
En otros contextos el
<ap plural se refiere a «todo
el rostro»: Dios maldijo a Adán diciendo: «Con el sudor de tu
rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra» (Gn 3.19).
Esta expresión a menudo se encuentra en la frase «inclinar el
rostro a tierra»: «Entonces llegaron los hermanos de José y se
postraron ante él con el rostro a tierra» (Gn 42.6 rva).
El modismo «largura de
rostro o narices» expresa «sufrido, paciente». Se aplica tanto a
Dios como a los hombres: «El Señor, el Señor, Dios compasivo y
clemente, lento para la ira [lit. «corto de rostro o narices»] y
abundante en misericordia y verdad» (Éx 34.6 lba). La expresión
idiomática contraria, que se traduce «pronto para la ira»,
significa literalmente «corto de rostro o narices». El modismo
sugiere un rostro cambiante y un carácter caprichoso. En Pr 14.17
se usa esta expresión en forma más enfática aún: «El hombre pronto
a la ira [«irascible» rva] obra neciamente, y el hombre de malos
designios es aborrecido» (lba). La frase paralela, «hombre
malicioso» (rva), apoya la precisión de esta traducción.
<Ap evidentemente
significa algo malo delante de Dios.
Por último, la forma dual
puede significar «ira» (aunque solo en 4 pasajes): «Ciertamente el
que bate la leche sacará mantequilla, y el que recio se suena las
narices sacará sangre; y el que provoca la ira causará contienda»
(Pr 30.33; cf. Éx 15.8).
Unas 25 veces la forma
singular del término quiere decir «nariz». En Nm 11.19–20 el
vocablo se refiere a una nariz humana: «Comeréis … todo un mes,
hasta que os salga por las narices y os sea aborrecible» (lba).
Queda claro en Is 2.22 que el vocablo indica el lugar en que se
ubica el aliento (respiración): «Dejad de considerar al hombre,
cuyo soplo de vida está en su nariz» (lba). Si la traducción de
lba de ambos pasajes es apta, el primer caso se refiere a los dos
huecos de la nariz, las «narices», mientras que el segundo caso
parece referirse a toda la parte frontal de las fosas nasales (donde
se percibe la respiración). Aunque el vocablo también puede
aplicarse a la protuberancia en el rostro: «Te arrancarán la nariz
y las orejas, y tu descendencia caerá a espada» (Ez 23.25 rva: cf.
Cnt 7.4). <Ap se usa
también con relación a las narices de animales. En Job 40.24 (rva),
Dios habla de una gran bestia marítima: «¿Lo atrapan cuando está
vigilando? ¿Le perforan la nariz con garfios?»
El término puede usarse
antropomórficamente en cuanto a Dios. Pasajes como Dt 4.15–19
ponen en claro que Dios es Espíritu (Jn 4.24) y que no tiene
cuerpo como los seres humanos. No obstante, hablando en sentido
figurado se puede decir: «Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y
tu ley a Israel. Pondrán delante de ti [lit. «en tus narices»] el
incienso y sobre tu altar la ofrenda del todo quemada» (Dt 33.10
rva; cf. Sal 18.8, 15). La expresión idiomática «con la nariz en
alto» quiere decir «altivo»: «El malvado levanta insolente la
nariz [«por la altivez de su rostro» rvr], y no da lugar a Dios en
sus pensamientos» (Sal 10.4 nvi).
La forma singular a
menudo quiere decir «enojo» o «ira». Esta acepción aparece por
primera vez en Gn 30.2 ( rva): «Entonces se encendió la ira de
Jacob contra Raquel». Este significado se aplica a Dios en sentido
figurado, atribuyéndole emociones humanas (antropopatismo). Dios
es infinito, eterno e inmutable y la ira es una emoción que denota
reacciones cambiantes (cf. Nm 25.4); por tanto, Dios realmente no
se enoja; más bien así es como los seres humanos lo perciben (cf.
Pr 29.8). Por último, el Espíritu de Dios puede apoderarse de una
persona despertando una «ira» santa (Jue 14.19; 1 S 11.6).
Verbo
<anap
(¹n"a;), «enojarse». Este verbo,
que tiene cognados en la mayoría de las lenguas semíticas, aparece
39 veces en todos los períodos del hebreo bíblico. El verbo
aparece en Is 12.1 (rva): «¡Te doy gracias, oh Jehová! Aunque te
enojaste contra mí».
No, Nada
<ayin
(÷yIa'). «no; nada; si no; ni». Se
han encontrado cognados de esta palabra en acádico, ugarítico y
fenicio (púnico). El término aparece 789 veces en hebreo bíblico y
durante todos los períodos.
<Ayin
puede usarse en forma absoluta, sin sufijos y sin formar parte de
una construcción compuesta (prefijos, sufijos, etc.). De esta
manera, expresa inexistencia, como en Gn 2.5 (primera vez que el
término aparece): «Ni había hombre para que labrase la tierra».
Con el prefijo <im, el
vocablo adquiere un tono enfático: «¿Está Jehová entre nosotros, o
no?» (Éx 17.7 rva). En Gn 30.1 la misma construcción significa «si
no». En otros contextos el término quiere decir «nada»: «Y mi edad
es como nada delante de ti» (Sal 39.5).
Cuando forma parte de una
construcción compuesta, <ayin
mantiene el mismo significado básico. Sin embargo, en un matiz
especial, el vocablo casi viene a ser un predicado cuyo
significado es «no hay» o «no tenemos» (Nm 14.42; cf. Gn 31.50).
En varios contextos el término podría traducirse «sin»: «Donde no
hay consulta los planes se frustran» (Pr 15.22 rva: «sin consulta»
lba). Cuando la preposición min
le precede,<ayin puede
significar «por tanto» (Jer 7.32). En otros casos, el vocablo
expresa sencillamente una negación: «Tienen oídos, y no oyen;
tampoco hay aliento en su boca» (Sal 135.17 lba).
Con un pronombre como
sufijo, <ayin niega la
existencia de la persona u objeto que este representa: «Caminó,
pues, Enoc con Dios y desapareció [«no fue más»], porque Dios lo
llevó consigo» (Gn 5.24 rva).
Estos usos del término
deben distinguirse de <ayin,
cuando significa «de dónde».
Noche
laylah
(hl;yÒl'), «noche». Cognados de
este nombre aparecen en ugarítico, moabita, acádico, arameo,
siríaco, arábigo y etiópico. El término se encuentra unas 227
veces en todos los períodos del hebreo bíblico.
Laylah
quiere decir «noche», el período de oscuridad en un día: «Y llamó
Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche: y fue la tarde y
la mañana un día» (Gn 1.5 rva: primera vez que aparece en la
Biblia). En Éx 13.21 y en pasajes semejantes el vocablo significa
«por la noche» o «durante la noche»: «El Señor iba delante de
ellos, de día en una columna de nube … y de noche en una columna
de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de
noche» (lba). El mismo término se usa metafóricamente para indicar
protección: «Dad consejo; tomad decisión. Haz tu sombra como noche,
en pleno mediodía. Esconde a los desterrados; no entregues a los
que andan errantes» (Is 16.3). Laylah
también es figura de profunda calamidad y otras angustias sin la
presencia confortante y dirección de Dios: «¿Dónde está Dios, mi
Hacedor, que da canciones en la noche … ?» (Job 35.10 rva).
En tiempos
veterotestamentarios la «noche» se dividía en tres vigilias: (1)
del atardecer hasta las diez de la noche (Lm 2.19), (2) de diez de
la noche a dos de la madrugada (Jue 7.19) y (3) de dos de la
madrugada hasta el amanecer (Éx 14.24).
Nombre
shem
(µve), «nombre; reputación; memoria;
renombre». Hay cognados de este vocablo en acádico, ugarítico,
fenicio, arameo y arábigo. El vocablo aparece unas 864 veces a
través del Antiguo Testamento hebreo.
No siempre es el caso que
los «nombres» personales revelaban la esencia de un individuo.
Ciertos nombres asimilan palabras de otras lenguas o términos muy
antiguos cuyo significado se desconocía. Por cierto, nombres como
«perro» (Caleb) y «abeja» (Débora) no tenían nada que ver con la
personalidad de sus dueños. Tal vez algunos nombres indicaban
alguna característica sobresaliente del que lo llevaba. En otros
casos, un «nombre» conmemora un hecho o sentimiento que
experimentaron los padres en torno al nacimiento del niño o cuando
le pusieron el nombre. Otros nombres dicen algo acerca de quien lo
recibe que sirve para identificarlo. Este sentido del nombre como
identificación aparece en Gn 2.19 (uno de los primeros casos en la
Biblia): «Todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es
su nombre». Por otro lado, los nombres por los que Dios se
autorrevela (<Adonay,
<El,
<ElohéÆm) sí reflejan algo
de su persona y obra.
Shem
puede ser un sinónimo de «reputación» o «fama»: «Venid,
edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo.
Hagámonos un nombre, no sea que nos dispersemos sobre la faz de
toda la tierra» (Gn 11.4 rva). «Darse renombre» es hacerse «famoso»:
«¿Y qué otra nación hay en la tierra como tu pueblo Israel, al
cual Dios fue para rescatarlo como pueblo para sí, a fin de darse
renombre y hacer a favor de Él hechos grandes y temibles?» (2 S
7.23 rva). «Dar renombre» es dar a conocer su reputación y fama:
«Y salió tu renombre [«tu fama se difundió rva»] entre las
naciones a causa de tu hermosura» (Ez 16.14 rvr). La fama puede
estar acompañada de poder: «Y este blandió su lanza contra
trescientos y los mató, y tuvo tanto renombre como los tres» (2 S
23.18 lba). La expresión «hombres de reputación» se encuentra en
Gn 6.4: «Ellos eran los héroes que desde la antigüedad fueron
hombres de renombre» (lba).
A veces el vocablo es
sinónimo de «memoria» o «reputación» (lo que permanece): «¡Así
extinguirán el carbón encendido que me queda, no dejando a mi
marido nombre ni descendencia sobre la tierra!» (2 S 14.7 rva). En
este caso «nombre» puede incluir propiedad o una heredad: «¿Por
qué ha de ser quitado el nombre de nuestro padre de su clan, por
no haber tenido un hijo varón? Danos heredad entre los hermanos de
nuestro padre» (Nm 27.4 rva).
Shem
puede indicar «renombre» y «continuidad» (los que siguen después
de uno): «Y se levantaron contra Moisés, junto con 250 hombres de
los hijos de Israel, dirigentes de la congregación, nombrados de
la asamblea y hombres de renombre» (Nm 16.2 rva). Las mismas
implicaciones se encuentran en la frase «restaurar el nombre»: «El
mismo día que adquieras el campo de manos de Noemí, deberás
también adquirir a Rut la moabita, mujer del difunto, para
restaurar el nombre del difunto a su heredad» (Rt 4.5 rva; cf. Dt
9.14; 25.6).
Nube
>anan
(÷n:[;), «nube; niebla; nubarrón;
humo». Se encuentran cognados de esta palabra en arameo y arábigo.
Los 87 casos del vocablo están esparcidos en todo el material
veterotestamentario.
Comúnmente el término
significa una «masa nubosa». >Anan
se usa en particular para indicar la masa de «nubes» por cuyo
medio la presencia de Dios insólitamente se manifestó: «Y Jehová
iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos
por el camino» (Éx 13.21 rva). En Éx 34.5, se usa solo
>anan para hablar de esta
presencia: «Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él,
proclamando el nombre de Jehová».
Cuando el arca del
testimonio se llevó al Lugar Santísimo, la nube llenó la casa de
Jehová: «Y los sacerdotes no pudieron continuar sirviendo por
causa de la nube, porque la gloria de Jehová había llenado la casa
de Jehová» (1 R 8.10–11 rva). De esta manera la «nube» manifestó
la presencia de la gloria de Dios. Asimismo, el salmista escribe
que Dios está rodeado de «nube y oscuridad» (Sal 97.2); Dios se
presenta como el que controla soberanamente la naturaleza. Esta
descripción es un tanto paralela a la descripción en la mitología
ugarítica de Baal, señor de la tormenta y dios de la naturaleza.
La «nube» es señal de la «protección divina» (Is 4.5); es una
barrera que esconde la plenitud de la santidad y gloria divina, a
la vez que impide que el pecador se aproxime a Dios (Lm 3.44). Por
tanto, es Dios y no los hombres, quien inicia y sostiene la
relación entre Él y los seres humanos.
La primera vez que
aparece >anan es en
relación con la señal divina que Él nunca más destruiría la tierra
con un diluvio: «Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por
señal del pacto entre mí y la tierra» (Gn 9.13). En otros pasajes,
la nube simboliza la naturaleza transitoria de la lealtad (Os 6.4)
y existencia de Israel (13.3). En Is 44.22, Dios dice que después
del debido castigo Él borrará, «como a nube tus rebeliones, y como
a niebla tus pecados».
>Anan
puede significar un «nubarrón» y se usa también para simbolizar
una «fuerza invasora»: «Tú subirás; vendrás como una tempestad y
serás como una nube que cubre la tierra, tú con todas tus tropas,
y muchos pueblos contigo» (Ez 38.9 rva; cf. Jer 4.13). En Job 26.8
rva, se dice que el nubarrón es de Dios: «Él encierra las aguas en
sus nubes, y las nubes no se rompen a causa de ellas». En varios
pasajes, un denso nubarrón y las tinieblas que lo acompañan son
símbolos de «penumbra o tristeza» (Ez 30.18) y/o «juicio divino» (Ez
30.3).
>Anan
puede expresar el «humo» que asciende del incienso quemado: «Pondrá
el incienso sobre el fuego delante de Jehová, y la nube de
incienso cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio;
así no morirá» (Lv 16.13 rva). Esta «nube de humo» tal vez
represente la protección que se interpone entre la presencia de
Dios (que está encima del propiciatorio) y el hombre pecaminoso.
Si es así, quizás simbolice también la «gloria divina». Por otro
lado, muchos estudiosos opinan que la «nube de incienso»
representa las oraciones del pueblo que se elevan a Dios.
O
Odiar
Verbo
sane
(anEc;), «odiar, aborrecer,
detestar, enemistar». Este verbo aparece en ugarítico, moabita,
arameo y arábigo. Lo vemos en todos los períodos de la lengua
hebrea y unas 145 veces en la Biblia.
Sane
describe una emoción que va desde un «odio» intenso hasta la
actitud menos fuerte de «enemistarse» y se usa para personas y
cosas (incluyendo ideas, palabras y objetos inanimados).
El sentido predominante
del término se asocia con los celos; por eso los hermanos de José
sintieron sane por el
favoritismo de su padre hacia él (Gn 37.4; cf. v. 11). Este «odio»
creció cuando José les contaba sus sueños (Gn 37.8). Sin duda, el
término abarca emociones desde «profundo desprecio» hasta el «odio
total». En Gn 37.18ss los hermanos de José se confabularon para
matarle y al menos lograron deshacerse de él.
Esta idea se hace más
intensa cuando la raíz se repite: El suegro de Sansón le dijo: «Pensé
que la aborrecías del todo [lit. «aborreciendo la aborrecías»]» (Jue
15.2 rva).
Un uso de
sane indica el inicio de
una emoción: «Luego la odió [lit. «la comenzó a odiar»] Amnón con
tal odio, que el odio con que la odió [lit. «la comenzó a odiar»]
fue mayor que el amor con que la había amado» (2 S 13.15 rva).
Este énfasis aparece una vez más en Jer 12.8 (rva): «Mi heredad
llegó a ser para mí como el león en el bosque. Contra mí levantó
su voz; por tanto, la aborrecí [lit. «la llegué a aborrecer»]»
(cf. Os 9.15).
Con una connotación menos
fuerte, sane quiere decir
«ser enemigo» de alguien o de algo. Jetro aconsejó a Moisés que
seleccionara para jueces subalternos sobre Israel a hombres que
aborreciesen [lit. «fueran enemigos de»] la codicia (Éx 18.21). Un
uso muy frecuente del verbo, a la vez que especial, es «despreciado»
o «desestimado». Por ejemplo, sane
puede indicar que alguien no es confiable y como enemigo se debe
expulsar de algún territorio. Este significado se encuentra en uno
de los primeros casos del vocablo cuando Isaac dice a Abimelec y a
su ejército: «¿Por qué venís a mí, vosotros que me habéis
aborrecido y me habéis echado de en medio de vosotros?» (Gn 26.27
rva). La palabra puede referirse a relaciones conyugales
malogradas: «El padre de la joven dirá a los ancianos: Yo di a mi
hija por mujer a este hombre, y él le tiene aversión» (Dt 22.16
rva). El matiz se presenta claramente en Ez 23.28 (lba), donde el
verbo se encuentra en paralelismo sinónimo con «alienarse»: «He
aquí, yo te entregaré en manos de los que odias, en manos de
aquellos de los que te alejaste». Cuando hay dos esposas en una
misma familia, una puede ser la preferida y la otra «aborrecida» (Dt
21.15). Este es el caso en Gn 29.31: «Y vio Jehová que Lea era
menospreciada [«aborrecida» rv], y le dio hijos; pero Raquel era
estéril» (rvr). Como participio pasivo el término llega a
significar «rechazado»: «La mujer rechazada que llega a casarse»
(Pr 30.23 nvi; «aborrecida» rvr).
Nombre
sin<ah
(ha;nÒci), «odio». Este nombre
aparece 17 veces en el Antiguo Testamento. En Nm 35.20 rva vemos
un ejemplo: «Si por odio lo empuja o arroja algo contra él
intencionadamente».
Ofrecer, Acercarse
Verbo
qarab
(br'q;), «ofrecer, acercarse,
aproximar». Este vocablo se encuentra en casi todas las ramas de
las lenguas semíticas, desde los tiempos más antiguos y a través
de la historia. Se constatan además 295 casos del verbo en todos
los períodos (aparece 9 veces en arameo bíblico).
En general
qarab quiere decir «aproximarse
o acercarse a alguien o a algo» sin connotaciones de intimidad. En
Gn 12.11 (primer caso bíblico) el término tiene que ver con
proximidad espacial: «Y aconteció que cuando estaba por llegar
[«se acercaba a» lba] a Egipto, dijo a Sarai su mujer» (rva). Por
lo general, el vocablo se refiere a estar tan próximo a algo (o a
alguien) que el sujeto puede verse (Éx 32.19), hablar con él (Nm
9.6) y aun tocar (Éx 36.2) al objeto o a la persona en cuestión.
Este verbo se usa además
para referirse a proximidad temporal, en el sentido que algo está
a punto de acontecer. Qarab
puede usarse para indicar la proximidad de algún hecho feliz, tal
como una fiesta religiosa: «Guárdate de que no haya en tu corazón
pensamiento perverso, para decir: Está cerca el año séptimo, el
año de la remisión» (Dt 15.9). El término se usa también para
señalar la inminencia de acontecimientos aciagos: Esaú se dijo:
«Los días de luto por mi padre están cerca [lit. «pronto morirá mi
padre»]» (Gn 27.41 lba).
Qarab
se usa en diversos sentidos técnicos. Todos estos casos expresan
involucramiento personal; o sea que, además de estar cerca de algo
(o de alguien), se participa activamente en ellos. En términos
militares, el vocablo significa conflicto armado. En Dt 2.37 (rva)
el Señor ordenó a Israel: «Solamente no te acercaste a la tierra
de los hijos de Amón». No obstante, en Dt 2.19 les permitió «acercarse
a la tierra»: «Y cuando llegues frente a los hijos de Amón, no los
molestes ni los provoques» (lba). La primera cita (cronológicamente
posterior a la segunda) usa el término en el sentido técnico de «entablar
batalla», por lo que Israel no se acercó a la tierra de Amón;
tampoco entablaron batalla (cf. Jos 8.5). En algunos pasajes este
matiz marcial no es del todo evidente, pero sin embargo está
presente: «Cuando se acercaron a mí los malhechores … para devorar
mis carnes» (Sal 27.2 rva). La frase en Sal 27.3 (rva): «Aunque
contra mí se levante guerra», confirma que el sentido de «acercarse»
(v. 2) es «entablar batalla» (cf. Sal 91.10; 119.150).
Qarab
se usa técnicamente en referencia a tener relaciones sexuales. En
Gn 20.4, antes que Abimelec declare su inocencia en cuanto a Sara,
leemos que «todavía no se había acercado a ella» (cf. Dt 22.14; Is
8.3).
En otro uso técnico la
palabra describe cada paso que se da en la presentación de
ofrendas y adoración a Dios. Esta idea aparece por primera vez en
Éx 3.5 donde Dios dice a Moisés que no «se acerque» sin antes
quitarse las sandalias. Más tarde, el encuentro de Israel con el
representante de Dios es un «acercarse» a Dios (Éx 16.9). En Sinaí
se aproximan para recibir la Ley de Dios (Dt 5.23, 27). En su
modalidad causativa el verbo se refiere a menudo a la presentación
de ofrendas y sacrificios (Lv 1.14) a través de sacerdotes (Lv
1.5) al Señor (Lv 1.13).
Israel también se acercó
al representante de Dios en serios pleitos jurídicos para que Él,
gran Rey y Juez, dictaminase su fallo (Jos 7.14). En el escatón,
todos los pueblos deben congregarse delante de Dios; deben «acercarse»
a Él para escucharle y recibir su juicio (Is 41.1; 48.16).
Nombre
qorban
(÷B;r]q;), «ofrenda; oblación».
Este nombre aparece unas 80 veces en hebreo bíblico. El término se
encuentra también en etiópico y en antiguo arábigo meridional. La
primera ocasión en que se usa este nombre se refiere a una «ofrenda»
que se presenta en sacrificio: «Cuando alguno de entre vosotros
ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra
ofrenda» (Lv 1.2).
Hay otros nombres
relacionados que aparecen con menos frecuencia:
qarob, «vecino» (Éx
32.27); qirbah aparece un
par de veces con el significado de acercarse para adorar a Dios y
ofrecer sacrificio (Sal 73.28; Is 58.2);
qurbaÆn, que se encuentra también dos veces (y que
parece ser una pronunciación tardía de
qorban), quiere decir «oferta, ofrenda» (Neh 10.35;
13.31). El término qerab,
que aparece 8 veces, procede del arameo; significa «guerra,
batalla» o el acto de entablar batalla (Sal 55.18).
Adjetivo
qaroÆb
(b/rq;), «cerca». Este término
aparece unas 77 veces. QaroÆb
puede referirse tanto a proximidad espacial (Gn 19.20: primer caso
en la Biblia) como a aproximación epistemológica (Dt 30.14 rva).
El adjetivo también aparece en Ez 6.12: «El que esté lejos morirá
de peste, el que esté cerca caerá a espada».
El adjetivo
qareb tiene significados
paralelos a qaroÆb.
Qareb, que se halla 11
veces, significa «cerca» y se refiere a una proximidad íntima (generalmente
en un contexto o actividad cúltica). Un ejemplo está en Ez 45.4:
«Lo consagrado de esta tierra será para los sacerdotes, ministros
del santuario, que se acercan para ministrar a Jehová: y servirá
de lugar para sus casas, y como recinto sagrado para el santuario».
Ofrenda
minjah
(hj;nÒmi), «ofrenda; tributo;
presente; don, sacrificio; oblación». El Antiguo Testamento
contiene varios nombres que tienen que ver con algún tipo de «ofrenda».
Minjah se encuentra unas
200 veces en el Antiguo Testamento, en todos los períodos. También
se usa en hebreo moderno, con el sentido de «don o presente» y de
«oraciones vespertinas». Esta segunda acepción hace eco, sin duda,
en la liturgia sacrificial veterotestamentaria.
Minjah aparece en otras
lenguas semíticas, tales como arábigo y fenicio, y parece haberse
usado también en antiguo ugarítico para significar «tributo o
don». El vocablo aparece por primera vez en el Antiguo Testamento
en Gn 4.3: «Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová».
Primero,
minjah se usa muchas veces
en el Antiguo Testamento para referirse a un «don» o «presente» de
una persona para otra. Por ejemplo, cuando Jacob iba de regreso a
casa después de veinte años, su sentimiento de culpa hacia Esaú y
de temor le motivó a enviarle un gran «presente» (soborno) de
cabras, camellos y otros animales (Gn 32.13–15). En forma parecida,
Jacob ordenó a sus hijos: «Llevad a aquel varón un presente» (Gn
43.11) para apaciguar al gobernante egipcio que resultó ser su
hijo José. Todos los que vinieron a escuchar la gran sabiduría de
Salomón le llevaron un «presente» apropiado (1 R 10.25) que le
enviaban todos los años.
Segundo, a menudo
minjah se usa indicando el
«tributo» que se paga a un rey o señor. La entrega del «tributo»
del pueblo de Israel al rey de Moab fue la oportunidad que
aprovechó Aod, juez liberador de Israel, para asesinar a Eglón,
valiéndose de una artimaña astuta (Jue 3.15–23). Años más tarde,
cuando David conquistó a los moabitas, «fueron hechos siervos de
David y le llevaban tributo» (2 S 8.2 rva). Oseas proclamó a
Israel que su dios becerro «será llevado a Asiria como presente
para el gran rey» (Os 10.6 rva). Otros pasajes donde
minjah significa «tributo»
son: Sal 72.10; 1 R 4.21; 2 R 17.3–4.
Tercero,
minjah se usa a menudo
para referirse a cualquier «ofrenda» o «don» para Dios, ya fuera
vegetal (granos/cereales) o animal («sacrificio de sangre»). El
relato de Caín y Abel es un ejemplo elocuente de este uso
generalizado: «Caín trajo, del fruto de la tierra, una ofrenda a
Jehovah. Abel también trajo una ofrenda de los primerizos de sus
ovejas, lo mejor de ellas. Y Jehovah miró con agrado a Abel y su
ofrenda, pero no miró con agrado a Caín ni su ofrenda» (Gn 4.3–5
rva). Los sacrificios de animales que malversaron los hijos
malvados de Elí se llamaban simplemente «ofrenda del Señor» (1 S
2.17). En cada caso «ofrenda» es la traducción de
minjah. Cuarto, un uso
corriente de minjah,
particularmente en textos veterotestamentarios tardíos, es para
indicar «ofrendas» de grano («cereal», lba; «vegetal» rva). A
veces se refería a las primicias que se ofrecían de grano, «espigas
tostadas al fuego» (Lv 2.14). El aceite y el incienso, quemados
junto con el grano, formaban parte de estas ofrendas. La «ofrenda
de grano» podía consistir de flor de harina sobre la que se vertía
también aceite e incienso. O bien el aceite se mezclaba con la
harina del grano en el momento de la «ofrenda» (Lv 14.10, 21;
23.13; Nm 7.13). El sacerdote tomaba un puñado de la harina
refinada, la quemaba como porción memorial y lo restante le
correspondía a él como sacerdote (Lv 2.9–10). La «ofrenda de grano»
a menudo consistía de tortas amasadas hechas de flor de harina
mezclada con aceite y luego cocidas sobre una plancha o en una
cazuela (Lv 2.4–5; véanse otras descripciones de esta clase de
ofrendas en Nm 6.15 y Lv 7.9). Las «ofrendas» de grano amasada se
preparaban siempre sin levadura, sazonadas con sal y aceite (Lv
2.11, 13).
Para los sacrificios en
fiestas solemnes, en particular la Fiesta de las Primicias o de
Pentecostés (Lv 23.18), así como en las «ofrendas diarias» o «continuas»
(Éx 29.38–42) y en todas las «ofrendas encendidas» u holocaustos
generales (Nm 15.1–16). El minjah
se describe como una «ofrenda de flor de harina» amasada en aceite
puro de oliva que formaba parte del holocausto quemado. Debía
verterse además una libación de vino. La «ofrenda de grano» se
quemaba con el animal y al parecer el vino se derramaba al pie del
altar con la sangre del sacrificio.
El
minjah era parte de los
sacrificios diarios, mañana y tarde: «ofrenda [vegetal (rva);
cereal (lba); la rv y nrv y las versiones católicas lo omiten] de
la mañana» (Éx 29.41; cf. Nm 28.8); y «ofrenda [vegetal o cereal]
de la tarde» (2 R 16.15; cf. Esd 9.4–5 y Sal 141.2).
Por último,
minjah ofrece un
simbolismo interesante para el profeta cuando anuncia la
restauración de Israel: «Y traerán a todos vuestros hermanos de
entre todas las naciones, como una ofrenda para Jehová, en
caballos, en carros, en literas, en mulos, y en camellos, a mi
santo monte de Jerusalén, dice Jehová, al modo que los hijos de
Israel traen la ofrenda en vasos limpios a la casa de Jehová» (Is
66.20 rvr, nrv). En su visión de la adoración universal de Dios,
aun en tierras gentiles, Malaquías vio que creyentes en todas
partes presentaban el minjah
como «ofrenda pura» a Dios (Mal 1.11).
teruÆmah
(hm;WrT]), «ofrenda alzada; ofrenda;
oblación». Este vocablo se halla en la literatura antigua de
Ugarit con el significado de «pan de ofrenda», así como en todos
los períodos del hebreo. En hebreo moderno se usa a menudo con la
connotación de «contribución», parecido al uso que hallamos en Ez
45.13, 16: la contribución que se hace a un príncipe.
TeruÆmah se
encuentra unas 70 veces en el Antiguo Testamento y por primera vez
en Éx 25.2: «Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda;
de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi
ofrenda».
El término
teruÆmah se
basa en una raíz semítica común (ruÆm)
que quiere decir «exaltar, elevar», por lo que se infiere que
estas «ofrendas» eran elevadas en alto de alguna manera al
colocarlas sobre el altar. A esto se debe que la rva (así como la
kjv en inglés) lo traduzca como «ofrenda alzada»: «De lo primero
que amaséis presentaréis una torta como ofrenda alzada de la era;
así la presentaréis alzada» (Nm 15.20 rva; «así la elevaréis» lba;
la gran mayoría de versiones en castellano dicen sencillamente «ofrenda»).
De estos textos y otros, pareciera que
teruÆmah se usó desde el principio,
cuando la economía israelita se basaba en la agricultura, con
referencia a «contribuciones» o «donativos» del producto de la
tierra. Otros ejemplos son Dt 12.6, 11, 17.
Primero,
teruÆmah se
usaba a menudo para indicar los donativos o contribuciones a Dios
que no obstante se apartaban específicamente para uso de los
sacerdotes: «Toda ofrenda alzada de todas las cosas consagradas
que los hijos de Israel presentan al sacerdote será para él» (Nm
5.9 rva). Tales «ofrendas» correspondían a los sacerdotes por el
pacto especial que Dios había hecho con ellos: «Todas las ofrendas
alzadas de las cosas sagradas que los hijos de Israel presenten a
Jehovah las he dado para ti, para tus hijos y para tus hijas
contigo, como provisión perpetua. Constituye un perpetuo pacto de
sal delante de Jehovah, para ti y para tus descendientes contigo»
(Nm 18.19 rva). Las ofrendas o contribuciones a veces eran de
grano y sus derivados: «Junto con las tortas de pan con levadura
ofrecerá su sacrificio de paz en acción de gracias. De cada
ofrenda presentará una parte como ofrenda alzada a Jehovah, la
cual será para el sacerdote que esparza la sangre de los
sacrificios de paz» (Lv 7.13–14 rva). Una parte de los sacrificios
de animales también se apartaba como
teruÆmah para los sacerdotes: «También
daréis al sacerdote, como ofrenda alzada, el muslo derecho de
vuestros sacrificios de paz» (Lv 7.32 rva; cf. Lv 10.14–15; Nm
6.20). Sobra decir que estas contribuciones a los sacerdotes se
daban para suministrar los alimentos básicos para ellos y sus
familias, puesto que su tribu, Leví, no recibió tierra donde
pudieran cultivar su propio sustento.
Aunque todos los
sacerdotes debían pertenecer a la tribu de Leví, por herencia
paterna, no todos los levitas ejercían el sacerdocio. Por una
parte, eran demasiado numerosos. Es más, se requería que una parte
de ellos trabajara en el tabernáculo y después en el templo, en
oficios de mantenimiento y limpieza. Es fácil de entender el
porqué cuando se piensa en todo lo que estaba involucrado en el
sistema de sacrificios (Dt 14.28–29). A decir verdad, los levitas
vivían en diferentes partes de Israel, con la responsabilidad
social de las comunidades israelitas en que moraban. Al igual que
las viudas, los huérfanos y los residentes extranjeros, los
levitas debía recibir el diezmo de lo que ofrendaba el pueblo para
el Señor. Una parte de los diezmos consistía del
teruÆmah u «ofrenda
alzada» para los sacerdotes, descendientes de Aarón (cf. Nm
18.25–32).
Segundo, con el objeto de
conseguir los materiales necesarios para la construcción del
tabernáculo en el desierto, se manda a Moisés recibir una «ofrenda»
o teruÆmah.
Dicha «ofrenda» consistiría de toda suerte de metales y piedras
preciosas, así como de materiales más corrientes de construcción
como madera y pieles (Éx 25.3–9). Cuando Moisés lo anunció al
pueblo de Israel, dijo: «Tomad de entre vosotros ofrenda para
Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata,
bronce» (Éx 35.5). Y sigue una lista de los materiales que
necesitarían (Éx 35.6–8). Las implicaciones de esta situación son
dos: el teruÆmah
pertenece en realidad al Señor y debe ofrendarse libremente, de
buena voluntad y con corazón generoso. Durante el período del
segundo templo, posterior al cautiverio, las contribuciones de
plata y oro y los vasos del templo se denominan «ofrenda para la
casa de nuestro Dios» (Esd 8.25).
Tercero, el
teruÆmah a
veces era una «ofrenda» que cumplía la función de impuesto: la
tasa obligatoria que se cobraba a todo varón israelita mayor de
veinte años de edad. El tributo era para el mantenimiento del
tabernáculo y posteriormente el templo (Éx 30.11–16). El monto del
impuesto era el mismo sin importar la situación económica del
contribuyente:«Ni el rico pagará más de cinco gramos ni el pobre
menos cuando den el tributo al Señor como rescate de sí mismos» (Éx
30.15 nbe; «expiación por vuestras personas» rvr). El impuesto se
demandó como castigo por el censo de población masculina que David
hizo en contra de la voluntad de Dios (2 S 24.1). La función
práctica de todo esto es que el tributo brindaba el sustento que
el santuario necesitaba. Otro ejemplo de
teruÆmah con el sentido de impuesto se
encuentra en Pr 29.4: «Con justicia el rey da estabilidad al país;
cuando lo abruma con tributos, lo destruye» (nvi). Los duros
impuestos de Salomón, que condujo a la division del reino pueden
ser un caso de este tipo (1 R 12).
Finalmente, encontramos
un uso muy diferente de teruÆmah
en Ez 45.1; 48.9, 20–21, donde se llama «oblación» al pedazo de
terreno sobre el que se construiría el templo del poscautiverio,
junto con las casas para sacerdotes y levitas. Esta extensión de
terreno se denomina «ofrenda santa reservada» (Ez 48.20 bj; o «porción
sagrada» lba; cf. «coto sagrado» nbe; «zona sagrada» bpd) puesto
que pertenece a Dios tanto como el teruÆmah
que se le entregaba en sacrificio.
qorban
(÷B;r]q;), «ofrenda; oblación;
sacrificio». Qorban se
encuentra en varias lenguas semíticas como derivado del verbo «venir
o acercar». Además de encontrarse en antiguo acádico con la
connotación de un «presente», hay una modalidad del verbo en
ugarítico que indica la ofrenda de un sacrificio. Se halla a lo
largo de la historia del hebraico; en hebreo tardío o moderno
tiene el significado de «ofrenda» o «consagración». En la
Septuaginta a menudo se traduce como «don».
Aunque la raíz, «venir o
acercar», se encuentra prácticamente centenares de veces en el
Antiguo Testamento, el nombre derivado,
qorban, aparece solamente unas 80 veces. Todos los
casos excepto dos se encuentran en Números y Levítico. Las dos
excepciones están en Ezequiel (20.28; 40.43), un libro que tiene
mucha preocupación por lo litúrgico. El vocablo se usa por primera
vez en Lv 1.2.
Qorban
puede traducirse como «aquello que se lleva cerca de Dios o del
altar». No debe sorprender, entonces, que este vocablo se use como
un término general para todos los sacrificios, fuesen animales o
vegetales. La primera mención de «sacrificio» en Levítico es sobre
el qorban como «holocausto»:
«Cuando alguno de vosotros presente una ofrenda a Jehová, esta
será del ganado vacuno u ovino. Si su ofrenda es holocausto» (Lv
1.2–3 rva; cf. 1.10; 3.2, 6; 4.23). La primera mención de
qorban como «ofrenda de
grano» es en Lv 2.1 (rva): «Cuando alguien presente como ofrenda a
Jehová una ofrenda vegetal, esta será de harina fina».
Probablemente la mejor
concentración de ejemplos de qorban
se encuentra en Nm 7. En un solo capítulo, el término se usa unas
28 veces con referencia a toda clase de sacrificios de animales y
granos, pero con atención especial hacia la vajilla diversa de
plata y oro que ofrecieron al santuario. Por ejemplo, la ofrenda
de Eliab fue «un plato de plata de ciento treinta siclos de peso,
y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario;
ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda;
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; un becerro,
un carnero, un cordero de un año para holocausto» (Nm 7.25–27).
Los dos casos en que se
usa el término en Ezequiel se refieren a «ofrenda» en sentido
general. En Ez 20.28 el vocablo señala las «ofrendas provocativas»
(lba) a otros dioses de Israel en su apostasía. En Ez 40.43,
qorban tiene que ver con
las acostumbradas ofrendas en el templo.
qurban
(÷B;r]qu), «ofrenda de leña».
Qurban está estrechamente
relacionada con qarban. Se
encuentra en Neh 10.34; 13.31, donde se refiere a la «ofrenda de
leña» suministrada para quemar los sacrificios en el segundo
templo. Se sorteaba entre el pueblo, los sacerdotes y los levitas
con el fin de determinar quiénes ofrecerían la «ofrenda de leña» o
combustible en las fechas señaladas durante el año.
>olah
(hl;/[), «sacrificio entero,
holocausto». Este vocablo tiene cognados en arameo tardío y
bíblico. Aparece unas 280 veces durante todos los períodos del
hebreo de la Biblia y como tal es la especie de sacrificio más
citado en el Antiguo Testamento. Se denominaba «sacrificio entero»
(1 S 7.9) porque se quemaba totalmente, menos la sangre.
En la primera vez que
aparece, >olah identifica
un tipo de «ofrenda» presentada a Dios: «Y edificó Noé un altar a
Jehová y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y
ofreció holocausto en el altar» (Gn 8.20). El segundo matiz
aparece en Lv 1.4, donde se refiere al propio sacrificio: «Y
pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado
para expiación suya».
Esta especie de «ofrenda»
podía consistir de un toro (Lv 1.3–5), una oveja, una cabra (Lv
1.10) o un ave (Lv 1.14), sin mácula. El ofrendante colocaba su
mano sobre la víctima sacrificial, transfiriéndole así
simbólicamente su pecado y culpa. Después de degollarlo (en el
costado norte del altar), el sacerdote tomaba la sangre y la
presentaba al Señor antes de rociarlo alrededor del altar. Si se
traía al sacerdote solamente un ave, este le quitaba la cabeza y
dejaba que su sangre se derramara a un lado del altar (Lv 1.15).
Este sacrificio efectuaba una expiación del pecado antes de la
presentación formal de la «ofrenda» a Dios. Seguidamente, la «ofrenda»
se partía. Excepto los pedazos que no podían limpiarse, las
porciones se purificaban y se colocaban en orden sobre el altar (Lv
1.6–9, 12–13). Entonces, todo el sacrificio se consumía con el
fuego y su esencia se elevaba hacia Dios como un olor agradable (apaciguador).
La piel del animal correspondía al sacerdote (Lv 7.8).
El vocablo
>olah aparece en las
listas de prescripciones y descripciones administrativas del
Antiguo Testamento con referencia a la ofrenda más frecuente. Cada
día requería, mañana y tarde, la presentación de un cordero, el «holocausto
[entero] continuo» (Éx 29.38–42). Todos los meses se consagraba un
«holocausto» de dos becerros, un carnero y siete corderos (Nm
28.11–14). El mismo sacrificio debía presentarse durante cada día
de la Pascua y Panes sin Levadura (Nm 28.19–24), así como en la
Fiesta de las Semanas (Nm 28.26–29). Otras fiestas también
requerían holocaustos. Y los diversos ritos de purificación
exigían «ofrendas quemadas» (holocaustos) y de propiciación.
El eje central del
significado de `olah como «holocausto entero» era la entrega total
a Dios del corazón y de la vida del ofrendante. Optativamente, el
`olah podía acompañarse de otros sacrificios propiciatorios cuando
el ofrendante se sentía preocupado con expiar su pecado (2 Cr
29–27). También las «ofrendas de paz» o «acción de gracias» podían
acompañar a los holocaustos, resaltando la dimensión de comunión
con Dios (2 Cr 29.31–35). En resumen, antes de la Ley Mosaica el «holocausto
entero» quizás expresaba toda la gama de significados que
denotarían más tarde los diversos sacrificios levíticos.
<ishsheh
(hV,ai), «ofrenda de fuego». De 64
casos de este nombre, 62 están en las prescripciones sacramentales
de Éxodo-Deuteronomio. Las dos excepciones (Jos 13.14; 1 S 2.28)
expresan el mismo significado y contexto sacramental.
Todo sacrificio legítimo
debía presentarse a Dios en su altar y todos, en diversos grados,
se quemaban. Por eso se les llama «ofrendas de fuego».
<Ishsheh aparece por
primera vez en Éx 29.18: «Y quemarás todo el carnero sobre el
altar; es holocausto de olor grato para Jehová, es ofrenda quemada
a Jehová».
<asham
(µv;a;), «ofrenda por reparación,
ofensa, culpa; ofrenda de restitución; ofrenda propiciatoria». El
nombre <asham aparece 46
veces en hebreo bíblico; 33 de estos casos están en el Pentateuco.
El significado más común
del término es «ofrenda por la culpa»: «Traerá a Jehovah como su
sacrificio por la culpa, por su pecado cometido» (Lv 5.6 rva).
Este tipo especializado de ofrenda por el pecado (Lv 5.7) se hacía
cuando a alguien se le negaba lo que le correspondía. El valor de
lo defraudado debía repararse, más 20 % (Lv 5.16; 6.5). Por lo
mismo, las infracciones rituales y períodos de contaminación (p.
ej., lepra) quitaban de Dios un servicio que le pertenecía y
requería reparación y restitución. Cada violación de derechos de
propiedad exigía la reparación, o sea, el pago de la suma total,
más el precio de restitución (20 %) al perjudicado. Además, se
demandaba la presentación de una «ofrenda por la culpa» a Dios
como Señor de todos (o sea, el Señor encima de todos, en términos
feudales). Si fallecía la parte perjudicada, se hacía la
reparación y restitución a Dios (es decir, a sus sacerdotes; Nm
5.5–10). Por lo general, la «ofrenda por la culpa» consistía de un
carnero (Lv 5.15) o un cordero. El ofrendante presentaba la
víctima imponiéndole las manos. El sacerdote rociaba la sangre en
derredor del altar y recibía lo restante para su propio sustento (Lv
7.2–7). Cuando un leproso purificado presentaba esta ofrenda, se
le untaba un poco de la sangre del sacrificio en «el lóbulo de la
oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano
derecha y sobre el pulgar de su pie derecho» (Lv 14.14 lba).
En algunos pasajes,
<asham se refiere a una
ofensa contra Dios y la culpa que esto acarrea: «Abimelec le dijo:
¿Por qué nos has hecho esto? Por poco pudiera haber dormido alguno
del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros
culpabilidad» (Gn 26.10 rva: primera mención). En este pasaje se
puede percibir una connotación adicional que sugiere que la parte
ofendida podría castigar al culpable del crimen.
En dos versículos (Nm
5.7–8 rva), <asham indica
la reparación que le correspondía a la persona perjudicada: «Confesará
el pecado que haya cometido y hará restitución completa por el
daño que hizo. Sobre ello añadirá la quinta parte y lo dará a
aquel a quien había hecho el daño». A decir verdad, el vocablo
hebreo se refiere concretamente al valor del objeto que se
arrebató al damnificado, cuyo valor se le debía devolver; o sea,
el término indica propiamente reparación o restitución al
perjudicado. La idea básica se fue ampliando de tal modo que el
vocablo llegó a significar también la ofrenda para Dios que
quitaba la culpa (1 S 6.3), o sea, en propiciación por el pecado
(Is 53.10), aparte de las ofrendas específicas que se ofrecían
sobre el altar.
Ojo
>ayin
(÷yI['), «ojo; pozo; superficie;
apariencia; fuente, manantial». >Ayin
tiene cognados en ugarítico, acádico, arameo, así como en otras
lenguas semíticas. Se encuentra unas 866 veces y durante todos los
períodos del hebreo de la Biblia (5 veces en arameo bíblico).
Primero, el vocablo se
refiere al órgano del cuerpo llamado «ojo». En Gn 13.10,
>ayin tiene que ver con el
«ojo humano»: «Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del
Jordán». También se refiere a los «ojos» de animales (Gn 30.41),
ídolos (Sal 115.5) y Dios (Dt 11.12: un antropomorfismo). La
expresión «entre los ojos» significa «en la frente»: «Esto ha de
ser para ti como una señal sobre tu mano y como un memorial entre
tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca» (Éx 13.9 rva).
Los «ojos» pueden reflejar «debilidad» o «dolor»: «Aconteció que
cuando Isaac había envejecido, sus ojos se debilitaron, y no podía
ver. Entonces llamó a Esaú, su hijo mayor» (Gn 27.1 rva). La «niña
del ojo» es el componente central, el iris: «Guárdame como a la
niña de tu ojo» (Sal 17.8RVA). A veces sobresale la belleza de los
«ojos»: «Era rubio, de ojos hermosos y bien parecido» (1 S 16.12
lba).
>Ayin
se usa con frecuencia en relación a expresiones que indican «ver»:
«He aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín,
que mi boca os habla» (Gn 45.12). La expresión «levantar los ojos»
se explica mediante el verbo que le sigue: uno levanta la vista
para hacer algo, lo que el verbo indique «alzó los ojos» (cf. Gn
13.10). «Poner los ojos» puede indicar un acto de «deseo», «anhelo»,
«devoción»: «Y sucedió después de estas cosas, que la mujer de su
señor puso sus ojos [miró con deseo] en José» (Gn 39.7 rva). Los «ojos»
pueden ser instrumentos de «juicio», de «evaluación» intelectual o
para comprobar la veracidad: «Y tú dijiste a tus siervos:
Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él» (Gn 44.21).
Los «ojos» a veces
reflejan actitudes mentales, como preocupación: «Y no os
preocupéis [lit. «no dejéis que vuestros ojos miren con pesar»]
por vuestras posesiones personales, pues lo mejor de toda la
tierra de Egipto es vuestro» (Gn 45.20 lba).
«Ojos» se usa
metafóricamente acerca de capacidades, hechos y condiciones
mentales y espirituales. Así, en Gn 3.5 (primera vez que aparece
el vocablo), «abrir los ojos» quiere decir adquirir la capacidad (autonomía)
de fijar por cuenta propia normas de bien y mal. En pasajes como
Pr 4.25 rva, «ojo» se refiere a una facultad moral: «Miren tus
ojos lo que es recto, y diríjase tu vista a lo que está frente a
ti». En Pr 23.6 se usa el vocablo para describir una condición
moral: «No comas pan con el avaro [lit. «hombre de mal ojo» rv;
«el de malas intenciones» rva, bj; «hombre malo» bla; «egoísta»
lba; «tacaño» lvp, nvi] ni codicies sus manjares» (rvr; cf. nbe).
Una persona puede servir de guía o de «ojos» de otro: «Y Moisés le
dijo: Por favor, no nos abandones, ya que tú conoces el lugar
donde debemos acampar en el desierto y nos servirás de ojos» (Nm
10.31 rva).
La frase «en los ojos»
significa «según el punto de vista u opinión»: «Y él se llegó a
Agar, la cual concibió; y cuando vio que había concebido, miraba
con desprecio a [era despreciable en los ojos de] su señora» (Gn
16.4).
Otra frase, «de los ojos»,
puede significar que el asunto está «velado» o «escondido» del
conocimiento de alguien: «Y alguno cohabitare con ella, y su
marido no lo hubiese visto [lit. «escondido de los ojos de su
marido»] por haberse ella amancillado ocultamente» (Nm 5.13).
En Éx 10.5, el término se
refiere a la «superficie visible de la tierra»: «Y cubrirán la
superficie de la tierra, de modo que nadie podrá verla» (lba). En
Lv 13.5 se usa >ayin para
referirse al «parecer» de alguien: «Al séptimo día el sacerdote lo
examinará. Si según su parecer [a sus ojos] la llaga se ha
mantenido igual y no se ha extendido en la piel» (rva). Un «brillo»
o «centelleo» se describe con la frase «mostrar los ojos», en
pasajes como Pr 23.31: «No te fijes en lo rojo que es el vino, ni
en cómo brilla [muestra los ojos] en la copa» (nvi).
>Ayin
también se refiere a una «fuente o manantial» (lit., «ojo de agua»):
«Pero el ángel de Jehovah la encontró en el desierto junto a un
manantial [«fuente» lba] de agua (el manantial [«fuente» lba] que
está en el camino de Shur)» (Gn 16.7 rva).
ma>yan
(÷y:[]m'), «fuente, manantial».
Este vocablo se encuentra en el Antiguo Testamento 23 veces. En Lv
11.36, ma>yan quiere decir
«fuente»: «Con todo, la fuente y la cisterna donde se recogen
aguas serán limpias: mas el que hubiere tocado en los cadáveres
será inmundo» (rvr; «manantial» rva). Otro ejemplo se encuentra en
Gn 7.11: «El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo,
a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las
fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron
abiertas».
Olvidar
shakaj
(jk'v;), «olvidar». El vocablo
común que significa «olvidar» se encuentra en todos los períodos
de la lengua hebrea; el término se halla también en arameo. En la
Biblia hebraica, aparece un poco más de 100 veces.
Shakaj se usa por primera
vez en el Antiguo Testamento en Gn 27.45 (rva) cuando Rebeca insta
a Jacob que huya del hogar hasta que Esaú «se olvide de lo que le
has hecho».
Cuando Judá adoraba a
dioses extraños, Jeremías le recordó que «todos tus amantes se han
olvidado de ti; ya no te buscan» (Jer 30.14 rva). Sin embargo,
Dios no se olvida de su pueblo: «¿Acaso se olvidará la mujer de su
bebé, y dejará de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque
ellas se olviden, yo no me olvidaré de ti» (Is 49.15 rva).
Olvidándose de esta actitud divina, cuando sobrevino la
destrucción, Judá se quejó: «¿Por qué te olvidarás de nosotros
para siempre … ?» (Lm 5.20 rva). A menudo Israel se «olvidaría» de
la Ley de Dios (Os 4.6) y su nombre (Jer 23.27).
Orar
Verbo
palal
(ll'P;), «orar, interceder, mediar,
juzgar». Este verbo, que se encuentra tanto en hebreo bíblico como
moderno, aparece 84 veces en el Antiguo Testamento hebreo. El
término se usa 4 veces en la modalidad intensiva; los 80 casos
restantes se encuentran en la forma reflexiva o recíproca en la
que la acción generalmente vuelve al sujeto. En la forma intensiva
palal expresa la idea de «mediar,
colocarse entre dos partes», refiriéndose siempre a seres humanos.
Por eso, «si un hombre peca contra otro, Dios mediará [«intercederá»
rva] por él» (1 S 2.25 lba). «Mediar» requiere «formarse un
criterio», como en Ez 16.52 (rva): «Has hecho que el juicio fuese
favorable para tus hermanas». En los dos casos restantes en que se
usa la forma intensiva del verbo,
palal expresa (en Gn 48.11) «expectativas, dar por
sentado» (en Sal 106.30, cf. lba) e «intervenir».
La primera vez que
aparece palal en el
Antiguo Testamento es en Gn 20.7, donde la forma reflexiva o
recíproca del verbo expresa la idea de «interceder u orar» por
alguien: «Y orará por ti». Es frecuente en el Antiguo Testamento
esta clase de oración intercesora: Moisés «ora» por el pueblo para
que Dios los librara de las serpientes venenosas (Nm 21.7); «ora»
por Aarón (Dt 9.20); y Samuel «intercede» continuamente por Israel
(1 S 12.23). La oración no se dirige tan solo a Yahveh, sino
también a ídolos paganos (Is 44.17). A veces se ora a Yahveh para
que actúe en contra del enemigo: «He escuchado lo que me has
pedido en oración acerca de Senaquerib, rey de Asiria» (2 R 19.20
rva).
No queda bien claro
porque, precisamente, se usa esta modalidad del verbo para
expresar la acción de «orar». Puesto que esta forma verbal, en
sentido reflexivo, revierte la acción al sujeto, lo que quizás se
quiere es enfatizar el papel que tiene dentro de la oración la
persona que ora. A la vez que la misma forma verbal puede indicar
una acción recíproca entre sujeto y predicado; con esto, tal vez
se quiere señalar que la oración es fundamentalmente una
comunicación que, para ser genuina, siempre tiene que ser de doble
vía.
Nombre
tepillah
(hL;piT]), «oración». Este vocablo,
que se encuentra 77 veces en hebreo veterotestamentario, es el
término hebraico más común para expresar «oración». Aparece por
primera vez en 1 R 8.28: «Con todo, tú atenderás a la oración de
tu siervo, y a su plegaria». En el escatón, la casa de Dios será
una casa de «oración» para todos los pueblos (Is 56.7); a esta
casa vendrán todas las naciones para adorar a Dios. El término
puede referirse tanto a una «oración» litúrgica y poética como a
lo contrario. En el primer caso, tepillah
se usa como título de 5 salmos y la oración de Habacuc (3.1). En
estos usos tepillah
se refiere a una oración para cantarse durante un servicio
litúrgico formal. En Sal 72.20 el vocablo describe todos los
salmos y «oraciones» de Salmos 1–72, aunque solo uno lleva el
nombre específico de «oración» (Sal 17.1).
Orgullo, Majestad
Verbo
ga<ah
(ha;G:), «ser orgulloso, enaltecer».
Este verbo se encuentra 7 veces en hebreo bíblico. Aparece en Éx
15.1 en el sentido de «enaltecer»: «¡Cantaré a Jehová, pues se ha
enaltecido grandemente [«ha triunfado» lba]! ¡Ha arrojado al mar
caballos y jinetes!» (rva).
Nombre
ga<oÆn
(÷/aG:), «orgullo». Esta raíz se
encuentra únicamente en las lenguas semíticas del noroeste, como
ugarítico: gan, «orgullo».
El nombre es un término poético que solo se halla en los libros
poéticos, los profetas (12 veces en Isaías), la canción de Moisés
(Éx 15.7) y en Levítico (26.19). En hebreo rabínico,
ga<oÆn se refiere a un
hombre de grandes conocimientos. Un
ga<oÆn encabezaba las academias rabínicas de Susa y
Pumbadita en Babilonia. El gaón Sa>adyà
fue uno de los más destacados.
En un sentido positivo
ga<oÆn, como el verbo,
quiere decir «excelencia» o «majestad». La majestad de Dios se
manifestó liberando a Israel y atravesando el Mar Rojo (Éx 15.7).
Por tanto, Israel, como pueblo redimido se considera una expresión
de la «majestad» de Dios: «Él nos escoge nuestra heredad, la
gloria [«hermosura» rvr; «orgullo» rva, nvi, bj, nbe] de Jacob a
quien Él ama» (Sal 47.4 lba, cf. bla). En este contexto, el
significado de ga<oÆn está
muy próximo al de kaboÆd,
«gloria».
La acepción «majestad» en
relación con ga<oÆn se
atribuye a la naturaleza: poderosa, exuberante, rica, espesa. Los
poetas usan el vocablo para referirse a las olas soberbias (Job
38.11) o a la espesa maleza en las riberas del Jordán; cf. «Si
corriste con los de a pie y te cansaron, ¿cómo competirás con los
caballos? Y si en tierra de paz te caes al suelo, ¿qué harás en la
espesura [lit. «majestad»] del Jordán?» (Jer 12.5; cf. 49.19;
50.44).
La mayoría de los usos de
ga<oÆn son negativos;
expresan el orgullo humano como antónimo de humildad (Pr 16.18).
En Proverbios ga<oÆn
equivale a arrogancia, conducta malvada y lengua perversa. Al
independizarse del Señor, Israel una nación majestuosa, separada
por un Dios majestuoso, se apartó de Él, pretendiendo que la
excelencia era de ella. Dios no toleró esta nueva actitud
insolente: «El Señor Jehová ha jurado por su alma; Jehová Dios de
los Ejércitos dice: Abomino la soberbia de Jacob, y aborrezco sus
palacios. Entregaré al enemigo la ciudad y todo lo que hay en ella»
(Am 6.8 rva).
Las traducciones de la
Septuaginta son: hubris («insolencia;
arrogancia») y huperefania
(«arrogancia; altivez; orgullo»).
Hay otros nombres
relacionados con ga<oÆn.
Ge<ah aparece una vez con
el significado de «orgullo» (Pr 8.13). El nombre
ga<awah, que se
halla 19 veces, también quiere decir «orgullo»: «Todo el pueblo lo
supo; Efraín y los habitantes de Samaria que con soberbia [ga<awah]
y altivez de corazón decían» (Is 9.9 rva).
Ge<uÆt se encuentra 8
veces y se refiere a «majestad»: «Se mostrará piedad al malvado, y
no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no
mirará a la majestad de Jehová» (Is 26.10).
Adjetivo
El adjetivo
ge<, que puede ser
ge<eh, por error de
escriba, aparece una sola vez con el sentido de «orgulloso» (Is
16.6). Ge<eh también
quiere decir «orgulloso» en las 8 veces que aparece, entre ellas
Is 2.12: «Porque el día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre
todo soberbio y altivo».
Ga<ayoÆn,
se encuentra una vez en hebreo (Sal 123.4), también con el
significado de «orgulloso».

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