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Hebreo Bíblico
Madre
<em
(µae), «madre; abuela; suegra».
Casi todas las lenguas semíticas tienen este vocablo, incluyendo
ugarítica y aramea. En hebreo bíblico el término aparece 220 veces
durante todos los períodos.
El significado básico del
vocablo tiene que ver con la relación física que se tiene con una
persona denominada «madre». La primera vez que aparece el término,
en Gn 2.24, hallamos esta acepción: «Por tanto, dejará el hombre a
su padre y a su madre, y se unirá a su mujer». A veces
<em tiene que ver con «madre»
de la especie animal: «Lo mismo harás con el de tu buey y de tu
oveja: siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás»
(Éx 22.30). La frase «padre y madre» en la Biblia quiere decir
«padres»: «Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su
tío, porque era huérfana [de padre y madre] … Cuando su padre y
madre murieron» (Est 2.7). «Hijo de su madre», en Gn 43.29,
significa «su hermano», así como «hija de mi padre» es «mi hermana»
(Gn 20.12). Por lo general, estas frases se refieren únicamente a
hermanos consanguíneos, mientras que los términos
<aj («hermano») y
<ajoÆt («hermana») pueden
significar tanto hermanastros como hermanos consanguíneos (por
ambos padres). Por otro lado, en Gn 27.29,
<em parece referirse a una
descendencia mucho más distante: «Sírvante pueblos, y naciones se
inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los
hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los
que te bendijeren».
<Em
puede referirse a parientes sanguíneos menos allegados que una «madre».
En 1 R 15.10, el término significa «abuela»: «Y reinó 41 años en
Jerusalén. El nombre de su madre [abuela, cf. 1 R 15.2] era Maaca
hija de Absalón» (rva). El vocablo también puede significar «madrastra».
Cuando José contó su sueño a su familia «su padre le reprendió, y
le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu
madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?» (Gn 37.10;
cf. 35.16–19 que relata la muerte de Raquel, madre de José).
También se usa el término para indicar una suegra o la madre de la
esposa: «El que tomare mujer y a la madre de ella comete vileza» (Lv
20.14). También se llama «madre» la antepasada de un pueblo, la
primera «madre» tribal: «Así ha dicho Jehová el Señor sobre
Jerusalén: Tu origen, tu nacimiento, es de la tierra de Canaán; tu
padre fue amorreo y tu madre hetea» (Ez 16.3). Remontándonos hasta
el principio, Eva es «madre de todos los vivientes» (Gn 3.20).
<Em
puede denotar a todas nuestras antepasadas: «Venga en memoria ante
Jehová la maldad de sus padres, y el pecado de su madre no sea
borrado» (Sal 109.14 rv 95).
Un grupo de personas o
una ciudad, personificados, reciben el apelativo de «madre». Oseas
(tal vez) se refiere a los sacerdotes como la «madre» de Israel: «Caerás
por tanto en el día, y caerá también contigo el profeta de noche;
y a tu madre destruiré» (Os 4.5). Israel,el reino del norte, según
Is 50.1, es la «madre» de Judá: «¿Qué es de la carta de repudio de
vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿O quiénes son mis
acreedores a quienes yo os he vendido? He aquí que por vuestras
maldades sois vendidos, y por vuestras rebeliones fue repudiada
vuestra madre» (cf. Os 2.4, 7).
Se considera que una
ciudad importante es «madre» de sus ciudadanos: «Tú procuras
destruir una ciudad que es madre en Israel» (2 S 20.19).
En los tiempos de Débora,
«madre de Israel» era un título de respeto (Jue 5.7).
La «madre de un camino»
se refiere al punto de partida de un camino: «Porque el rey de
Babilonia se ha detenido en una encrucijada, al principio [la «madre»]
de los dos caminos, para usar de adivinación» (Ez 21.21).
Mago
<ashshap
(¹V;a'), «mago». Se encuentran
cognados de este término en acádico, siríaco y arameo bíblico (6
veces). El nombre solo aparece un par de veces en hebreo bíblico y
únicamente en el libro de Daniel.
La vocación de un
ashipu se conocía desde
muy temprano en la antigua sociedad acádica (babilónica). No se
sabe si los ashipu eran
asistentes de una orden particular de sacerdotes babilónicos (los
mashmashu) o una orden
paralela a este sacerdocio. Sea como fuere, los
ashipu hacían conjuros
para librar a las personas de las fuerzas malignas. A menudo se
intervenían quirúrgicamente a los enfermos mientras se
pronunciaban palabras mágicas.
En la Biblia, el término
<ashshap se encuentra por
primera vez en Dn 1.20: «En todo asunto de sabiduría e
inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores
que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino».
Maldecir
Verbo
qalal
(ll'q;), «ser insignificante,
liviano, ligero, veloz; maldecir». Este vocablo de gran amplitud
se encuentra tanto en hebreo antiguo como moderno, en antiguo
acádico y (según algunos expertos) en antiguo ugarítico. El
término aparece unas 82 veces en el Antiguo Testamento hebraico.
Como se podrá percibir, sus diversos matices surgen de la idea
básica de ser «insignificante o ligero», con connotaciones un
tanto negativas.
Qalal
se encuentra por primera vez en Gn 8.8: «Para ver si las aguas se
habían retirado» (rvr, rv 95; «disminuido» rva, lba; «bajado» lvp;
«menguado» bj; «secado» bpd, sbp). Todos estos términos indican la
disminución (o aligeramiento) de una condición anterior.
La idea de «ser veloz» se
usa en la forma comparativa del hebreo. Por lo que Saúl y Jonatán
eran «más veloces que las águilas» (2 S 1.23 rva: literalmente, «más
ligeros eran que águilas» rvr, lba). Una idea parecida se expresa
en 1 S 18.23: «¿Os parece poca cosa ser yerno del rey … ?» (rva,
lba).
A menudo
qalal adquiere la idea de
«maldecir», tratar como «insignificante» o despreciable (o sea
«mal-decir»): «Igualmente el que maldijere [«trate sin respeto» bj;
cf. bla] a su padre o a su madre, morirá» (Éx 21.17 rvr). «Maldecir»
significa «jurar» cuando se trata de alguna divinidad: «El
filisteo maldijo a David por sus dioses» (1 S 17.43). El aspecto
negativo de «bendición» se expresa en el modo pasivo: «El más
joven morirá a los cien años, y el [«pecador» rvr] que no llegue a
los cien años [por lo tanto] será considerado maldito» (Is 65.20
rva). Un uso semejante se puede ver en: «Su porción es maldita en
la tierra» (Job 24.18).
La forma causativa del
verbo a veces expresaba la idea de «aligerar, quitar una carga»: «Quizás
aligere el peso de su mano sobre vosotros» (1 S 6.5 rva); «Así
aliviarás la carga que hay sobre ti» (Éx 18.22 rva).
<arar
(rr'a;), «maldecir». Esta raíz se
encuentra en sudarábigo, etiópico y acádico. El vocablo aparece 60
veces en el Antiguo Testamento.
Se encuentra por primera
vez en Gn 3.14 y 17 (rva): «Serás maldita entre todos los animales
domésticos … Sea maldita la tierra por tu causa». Más de la mitad
de todos los casos se encuentran en esta modalidad. Es una
declaración de juicio sobre los que quebrantan el pacto, como por
ejemplo en Dt 27.15–26, donde se repite doce veces: «Maldito el
hombre».
«Maldecir» a menudo
aparece en paralelo con «bendecir». Las dos «maldiciones» en Gn 3
están en marcado contraste con las dos bendiciones en Gn 1 («Y
Dios los bendijo»). El pacto abrahámico incluye: «Bendeciré a los
que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré [son dos raíces
diferentes]» (Gn 12.3 rva). Comparar en Jer 17: «Maldito el varón
que confía en el hombre» (v. 5) con «Bendito el varón que confía
en Jehová» (v. 7).
Los paganos se valían del
poder de la «maldición» para deshacerse de sus enemigos, como
cuando Balac procuró a Balaam: «Ven y maldíceme a este pueblo» (Nm
22.6 rva). Israel usaba en sus ceremoniales «el agua amarga que
acarrea maldición» (Nm 5.18ss rva).
Solo Dios puede
efectivamente «maldecir». Es una revelación de su justicia en
apoyo a su derecho a la obediencia absoluta. Los seres humanos
pueden hacer suyas las «maldiciones» de Dios encomendándoles sus
agravios y confiando en sus juicios justos (cf. Sal 109.26–31).
La Septuaginta traduce
<arar con
epikatarasthai, sus
compuestos y derivados; por esta vía llega al Nuevo Testamento. «Maldición»
en el Antiguo Testamento se resume en la siguiente declaración: «Maldito
el varón que no obedeciere las palabras de este pacto» (Jer 11.3).
El Nuevo Testamento responde: «Cristo nos redimió de la maldición
de la ley, hecho por nosotros maldición; (porque está escrito:
Maldito todo el que es colgado en un madero)» (Gl 3.13).
Nombre
<alah
(hl;a;), «maldición; juramento».
Hay cognados de este vocablo en fenicio y arábigo. Los 36 casos
veterotestamentarios del nombre se encuentran en todos los
períodos de la literatura bíblica.
A diferencia de
<arar («maldecir o
anatemizar») y qalal («maldecir
abusando o empequeñeciendo»), <alah
se refiere fundamentalmente a «la ejecución del juramento
requerido para validar un pacto o acuerdo». Como nombre,
<alah se refiere
propiamente al «juramento»: «Entonces, cuando hayas llegado a mi
familia, quedarás libre de mi juramento; y aunque no te la den,
también quedarás libre de mi juramento» (Gn 24.41 rva: primer caso).
El «juramento» consistía de una «maldición» sobre la cabeza del
que quebrantara el acuerdo. Este mismo sentido aparece en Lv 5.1
con referencia a una «maldición» general contra cualquiera que
testificara falsamente en un caso jurídico.
Por tanto,
<alah denota una «maldición»
que sirve para dar validez a un compromiso o nombramiento y que
puede servir de conclusión a cualquier acuerdo o pacto. Por otro
lado, el vocablo expresa una «maldición» en contra de otro, se
conozca o no su identidad.
Mandamiento
mitswah
(hw:x]mi), «mandamiento». Este
nombre aparece 181 veces en el Antiguo Testamento. Se encuentra
por primera vez en Gn 26.5 (rva), donde
mitswah es sinónimo de
joq («estatuto») y de
toÆrah («ley»): «Porque Abraham obedeció mi voz y
guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis
instrucciones».
En el Pentateuco, Dios es
siempre el Dador del mitswah:
«Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os mando hoy,
para que viváis y seáis multiplicados, y para que entréis y toméis
posesión de la tierra que Jehová juró dar a vuestros padres.
Acuérdate de todo el camino por donde te ha conducido Jehová tu
Dios estos cuarenta años por el desierto, con el fin de humillarte
y probarte, para saber lo que estaba en tu corazón, y si
guardarías sus mandamientos, o no» (Dt 8.1–2 rva). El «mandamiento»
puede ser una prescripción («haréis») o una proscripción («no
haréis»). Los mandamientos se dieron al alcance del oído de los
israelitas (Éx 15.26; Dt 11.13), quienes los debían «hacer» (Lv
4.2ss) y «guardar» (Dt 4.2; Sal 78.7). Cualquier incumplimiento
significaría un rompimiento del pacto (Nm 15.31), transgresión (2
Cr 24.20) y apostasía (1 R 18.18).
El plural de
mitswah a menudo denota
una recopilación de leyes impartidas por revelación divina. Son la
«palabra» de Dios: «¿Con qué limpiará el joven su camino? Con
guardar tu palabra» (Sal 119.9). También se les llama «mandamientos
de Dios».
Fuera del Pentateuco hay
«mandamientos» emitidos por reyes (1 R 2.43), padres (Jer 35.14),
gente (Is 29.13) y maestros de sabiduría (Pr 6.20; cf. 5.13). Solo
un diez por ciento de todos los casos del término en el Antiguo
Testamento pertenecen a esta categoría.
Las traducciones en la
Septuaginta son: entole («mandamiento;
orden») y prostagma («orden;
mandamiento; mandato; requerimiento»).
Mano
yad
(dy:), «mano; lado; borde; al lado
de; mano (medida), porción; soporte; monumento; virilidad (órgano
sexual); poder; dominio». Este vocablo tiene cognados en la
mayoría de las demás lenguas semíticas. En hebreo bíblico se
constatan 1.618 casos del término durante todos los períodos.
El significado básico del
término es «ma- no»: «Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es
como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, que
no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida» (Gn 3.22:
primera mención del vocablo). La palabra a veces se usa junto a un
objeto que puede asirse con una «mano»: «Si lo hiere con una
piedra en la mano [literalmente «piedra de mano»]» (Nm 35.17 rva).
En un uso similar, el término quiere decir «humano»: «Con su
sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se
engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará
contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque
no por mano humana» (Dn 8.25 rvr; literalmente «sin mano será
quebrantado» rv; cf. Job 34.20).
En Is 49.2, «mano» se
refiere a Dios que le dice a Moisés que pondrá su «mano» sobre la
entrada de la cueva para protegerle. Esta es una figura retórica,
un antropomorfismo, mediante el cual Dios promete su protección.
La «mano» de Dios es otra manera de decir su «poder» (cf. Jer
16.21). La frase «entre tus manos» puede significar «sobre tu
pecho»: «Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos
[lit. «entre tus manos» bj]? Y Él responderá: Con ellas fui herido
en casa de mis amigos» (Zac 13.6 rvr; «en tu cuerpo» bla, cf. LBP).
Yad
se usa retóricamente en otras frases que merecen mencionarse. «Levantar
la mano» puede tener relación con «juramentar» (Gn 14.22). «Sacudir»
(literalmente, «dar la mano») es otro gesto relacionado con «juramentos»
(cf. Pr 11.21). «Poner la mano sobre alguien» (Gn 37.27; Éx 7.4)
quiere decir hacerle daño. «Tomarse de las manos con alguien»
significa «hacer causa común» con él: «No te concertarás [lit. «juntarás
las manos»] con el impío para ser testigo falso» (Éx 23.1). Si la
mano de una persona no «alcanza» un objeto, quiere decir que «no
puede pagar» por ello (Lv 5.7). Cuando un compatriota «no puede
extender su mano hacia ti», es porque «no puede mantenerse» (Lv
25.35; cf. nbe).
«Taparse la boca con la
mano» es un gesto de silencio (Pr 30.32). «Poner la mano debajo de
alguien» es señal de sumisión (1 Cr 29.24). «Poner algo en la mano
de otro» es confiar en él (Gn 42.37).
Un segundo grupo
importante de pasajes usa yad
para indicar la ubicación y los usos de la mano. Primero, el
término puede significar el «lado» en que está la mano: «Y Absalón
se levantaba temprano y se situaba
junto al camino de la puerta» (2 S 15.2 lba). En 2 Cr
21.16 el vocablo quiere decir «borde, orilla»: «Jehová despertó
contra Joram el espíritu de los filisteos y de los árabes que
estaban al lado [lit. «a la mano»] de los etíopes» (rva). En Éx
2.5 (rva) hay un uso similar que tiene que ver con el río Nilo: «Entonces
la hija del faraón descendió al Nilo para bañarse. Y mientras sus
doncellas se paseaban por la ribera [«a la mano»] del Nilo».
También con un sentido de ubicación,
yad puede indicar «longitud y anchura». En Gn
34.21(rva) leemos que la tierra era (literalmente) «amplia de
manos»: «Estos hombres son pacíficos para con nosotros. Que
habiten ellos en la tierra y que negocien en ella, pues he aquí la
tierra es amplia para ellos también».
Segundo, el vocablo puede
significar «parte» o «fracción» ya que esto es todo lo que la mano
puede recibir: «Él tomó porciones de delante de sí para ellos, e
hizo que la porción de Benjamín fuese cinco veces mayor que la de
los demás» (Gn 43.34 rva).
Tercero,
yad adquiere el
significado de sostener, como por ejemplo el «soporte» de un
mueble (1 R 7.35ss rva); o «soporte para los brazos» (1 R 10.19
rva).
Cuarto, puesto que una
mano se puede levantar para «señalar»,
yad puede significar un «monumento» o «estela»: «Saúl
se fue a Carmel, y he aquí que se erigió un monumento» (1 S 15.12
rva).
Quinto,
yad a veces representa el
«órgano sexual masculino»: «Has subido y ensanchado tu cama; de
ellos has logrado pacto a tu favor, has amado su cama, has
contemplado su virilidad» (Is 57.8 lba; cf. v. 10; 6.2; 7.20: «hallaste
mucha vitalidad» rva o «hallaste nuevo vigor en tu mano» rvr, nrv).
En varios pasajes,
yad se usa con el sentido
de «poder» o «dominio»: «También derrotó David a Hadad-ezer, rey
de Soba, en Hamat, cuando este iba a establecer su dominio hasta
el río Éufrates» (1 Cr 18.3 rva). «Ser entregado en la mano» de
alguien quiere decir «entregarlo a su poder»: «Dios lo ha
entregado en mi mano, pues él se ha encerrado a sí mismo al entrar
en una ciudad con puertas y cerrojos» (1 S 23.7 rva; cf. Pr
18.21).
«Llenar la mano» de
alguien puede servir como una frase técnica que significa «instalarle»
en un puesto: «Con ellos vestirás a tu hermano Aarón, y con él a
sus hijos. Los ungirás, los investirás y los consagrarás para que
me sirvan como sacerdotes» (Éx 28.41 rva).
Yad
se encuentra a menudo ligado a la preposición
be y a otras preposiciones
como una extensión; el significado no cambia, solo es más extensa
la forma: «¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿Qué he
hecho? ¿Qué maldad hay en mi mano?» (1 S 26.18 rva).
Meditar
hagah
(hgÉh;), «meditar; gemir; llorar,
rugir; pronunciar; hablar». El vocablo es común tanto en hebreo
antiguo como moderno. Propio únicamente al Antiguo Testamento
hebreo, parece ser un término onomatopéyico que refleja los
suspiros y murmullos que los antiguos hacían cuando meditaban.
Este es el significado que se encuentra en el primer caso del
verbo: «Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que
meditarás en él día y noche» (Jos 1.8 lba). Tal vez la cita más
famosa sobre «meditar» sobre la Ley de día y de noche sea Sal 1.2.
Hagah
también expresa el «rugido» de leones (Is 31.4) y el «lamento» de
palomas (Is 38.14). Cuando el vocablo se usa con el significado de
«lamentar» o «llorar», al parecer tiene que ver con los sonidos
quejumbrosos del antiguo lamento semítico, como se puede ver en el
siguiente paralelismo: «Por tanto, yo aullaré sobre Moab; sobre
todo Moab haré clamor, y sobre los hombres de Kir-hares gemiré» (Jer
48.31). Proverbios 24.1–2 parece referirse a «mascullar», hablar
entre dientes al hacer ejercicio mental o planificar,: «No tengas
envidia de los hombres malos … porque su corazón piensa en robar,
e iniquidad hablan [mascullan] sus labios».
Mesías
Nombre
mashéÆaj
(j'yvim;), «ungido; Mesías». De los
39 casos de mashéÆaj,
ninguno se encuentra en la literatura sapiencial. Aparecen
diseminados en la literatura bíblica restante en todos los
períodos.
Primero,
mashéÆaj se refiere a
alguien que han ungido con aceite, simbolizando la unción del
Espíritu Santo para tareas específicas. Se ungían a reyes (1 S
24.6), sumo sacerdotes y algunos profetas (1 R 19.16). «Si el
sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo» (Lv 4.3:
primer ejemplo bíblico). En el caso de Ciro, el Espíritu de Dios
lo ungió con la comisión especial de ser libertador de Israel (Is
45.1). A los patriarcas también se les llama «ungidos»: «¡No
toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas!» (Sal
105.15).
Segundo, el vocablo a
veces se translitera «Mesías». Después de la promesa a David (2 S
7.13), mashéÆaj se refiere
inmediatamente a la dinastía davídica, pero al final apunta hacia
el «Mesías», Jesucristo: «Se presentan los reyes de la tierra, y
los gobernantes consultan unidos contra Jehová y su Ungido» (Sal
2.2 rva). Daniel 9.25 contiene una transliteración del término: «Conoce,
pues, y entiende que desde la salida de la palabra para restaurar
y edificar Jerusalén hasta el Mesías Príncipe». En el Nuevo
Testamento se constata el mismo significado de este vocablo (Jn
1.41). Es más frecuente en el Nuevo Testamento traducir el vocablo
(«Cristo») en lugar de transliterarlo («Mesías»).
mishjah
(hj;v]mi), «unción». Este nombre
aparece 21 veces y únicamente en Éxodo, Levítico y Números.
Siempre sigue al término hebraico «aceite» u «óleo». La primera
vez que se encuentra es en Éx 25.6: «Aceite para la iluminación,
especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso
aromático».
Verbo
mashaj
(jv'm;), «untar con aceite o
pintura, ungir». Este verbo, que aparece 69 veces en hebreo
bíblico tiene cognados en ugarítico, acádico, arameo y arábigo.
Los complementos del verbo son personas, animales para sacrificio
y objetos cúlticos. En Éx 30.30 (rva) se ungen a Aarón y sus hijos:
«También ungirás a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás, para
que me sirvan como sacerdotes».
Ministrar, Servir
Verbo
sharat
(tr'v;), «ministrar, servir,
oficiar». Este término es de uso corriente en hebreo bíblico y
moderno, en diferentes modalidades verbales y sustantivas. Se
encuentra en el antiguo fenicio, y según algunos, en ugarítico
también. Sharat se halla
cerca de 100 veces en el Antiguo Testamento hebreo. La primera vez
que se usa es en la historia de José cuando lo venden a Potifar
como esclavo: «Así halló José gracia ante los ojos de Potifar y le
servía» (Gn 39.4 rva; «llegó a ser su siervo personal» lba).
Sharat
a menudo denota «servicio» brindado en relación con la adoración
que ofrecía Israel; en 60 de las 97 veces que aparece tiene este
significado. Cuando Samuel era todavía niño, «ministraba a Jehová
delante del sacerdote Elí» (1 S 2.11), y el Señor lo llamó
mientras «ministraba a Jehová en presencia de Elí» (1 S 3.1). Este
tipo de «servicio» era para honrar solo al Señor, porque Israel no
debía ser «como las naciones, como las demás familias de la tierra,
que sirven al palo y a la piedra» (Ez 20.32). En el templo de la
visión de Ezequiel, a los levitas que «sirvieron delante de sus
ídolos» el Señor les prohibió servir como sacerdotes (Ez 44.12).
Además, Jehová separó «la tribu de Leví para que llevase el arca
del pacto de Jehová … para servirle, y para bendecir en su nombre»
(Dt 10.8). De la tribu de Leví, Moisés debía ungir a Aarón e hijos
y consagrarlos para que «sirvieran» como sacerdotes (Éx 29.30).
Los que no fueran de la familia de Aarón, aunque habían sido
escogidos para ministrar para Él por siempre, actuarían como
ayudantes de sacerdotes, y realizarían tareas físicas como guardar
las puertas, matar el holocausto, cuidar los altares y utensilios
del santuario (1 Cr 15.2; Ez 44.11). Sin embargo, Isaías predice
que llegará el día en que «extranjeros … te servirán» (Is 60.10).
En diferentes
circunstancias, la palabra se usa para denotar el «servicio» que
se ha prestado a otro ser humano. Aunque la persona «servida»
suele ser de más alto rango, esta palabra jamás se refiere al
trabajo a que se obligaba a un esclavo. A Moisés se le dijo: «Haz
que se acerque la tribu de Leví, y hazla estar delante del
sacerdote Aarón, para que le sirvan» (Nm 3.6; cf. 8.26). Eliseo «servía»
a Elías (1 R 19.21). Se dice que Abisag «servía» a David (1 R
1.15). Varios tipos de funcionarios «servían» a David (1 Cr 28.1).
Amón el hijo de David tenía un «criado que le servía» (2 S 13.17).
Había «siete eunucos que servían delante del rey Asuero» (Est
1.10).
>abad
(db;[;), «servir, labrar,
esclavizar, trabajar». Esta raíz se utiliza mucho en las lenguas
semíticas y cananeas. Este verbo aparece como 290 veces por todo
el Antiguo Testamento.
Aparece por primera vez
en Gn 2.5: «Ni había hombre para que labrase la tierra». Dios le
dio al hombre la tarea de labrar la tierra (Gn 2.15; 3.23; cf.
1.28). En Gn 14.4 «habían servido a Quedorlaomer» quiere decir que
eran sus vasallos. Dios le dijo a Abraham: «Ten por cierto que tu
descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será
oprimida cuatrocientos años» (Gn 15.13).
>Abad
se usa a menudo con referencia a Dios: «Serviréis a Dios sobre
este monte» (Éx 3.12), o sea, que lo adoraría allí, como dicen
algunas versiones. La palabra se usa frecuentemente con otros
verbos: «A Jehová tu Dios temerás, y a Él solo servirás» (Dt
6.13), o «Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo
os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con
todo vuestro corazón» (Dt 11.13). A todas las oraciones se les
manda «servir» a Dios con alegría (Sal 100.2). En el reino del
Mesías, «todas las naciones le servirán» (Sal 72.11). El verbo y
el nombre pueden usarse juntos como en Nm 8.11: «Y ofrecerá Aarón
los levitas delante de Jehová en ofrenda de los hijos de Israel, y
servirán en el ministerio de Jehová».
Nombre
>abodah
(hd;bo[}), «trabajo; labores,
servicio». Este nombre aparece 145 veces en el Antiguo Testamento
hebreo, casi todas en Números y Crónicas. Aparece por primera vez
en Gn 29.27: «Se te dará también la otra, por el servicio que
hagas conmigo otros siete años».
El sentido más
generalizado de >abodah se
acerca bastante a «trabajo». Se aplica a labores agrícolas (1 Cr
27.26), al trabajo de sol a sol (Sal 104.23), y a las labores en
la industria del lino (1 Cr 4.21). A esto hemos de añadir que
>abodah puede referirse
también al trabajo obligado del esclavo (Lv 25.39) o de los
israelitas en Egipto: «Id vosotros y recoged la paja donde la
halléis; pero nada se disminuirá de vuestra tarea»(Éx 5.11). El
sentido más limitado de >abodah
es «servicio» en relación al servicio a Dios: «Sino para que sea
un testimonio entre nosotros y vosotros, y entre los que vendrán
después de nosotros, de que podemos hacer el servicio de Jehová
delante de Él con nuestros sacrificios y con nuestras ofrendas de
paz; y no digan mañana vuestros hijos a los nuestros: Vosotros no
tenéis parte en Jehová» (Jos 22.27). Cuando el pueblo de Dios no
dependía enteramente del Señor, tenía que elegir entre servir a
Jehová Dios o a los reyes humanos con sus exigencias de trabajo
obligatorio y tributos: «Pero serán sus siervos, para que sepan lo
que es servirme a mí, y qué es servir a los reinos de las naciones»
(2 Cr 12.8).
El uso más especializado
de esta palabra tiene que ver con el tabernáculo y el templo. Los
sacerdotes se escogieron para el «servicio» del Señor: «Desempeñen
el encargo de Él, y el encargo de toda la congregación delante del
tabernáculo de reunión para servir en el ministerio del
tabernáculo» (Nm 3.7). Los levitas tenían también muchas funciones
importantes en el templo y sus alrededores: cantaban, tocaban
instrumentos musicales, y eran secretarios, escribas y porteros (2
Cr 34.13; cf. 8.14). Todo, lo mismo personas que objetos (1 Cr
28.13), si tenía que ver con el templo se decían que estaba al «servicio»
del Señor. Lo que entendemos por «adoración», con todos sus
componentes, se acerca bastante al sentido de
>abodah como «servicio»;
cf. «Así fue preparado todo el servicio de Jehová en aquel día,
para celebrar la pascua y para sacrificar los holocaustos sobre el
altar de Jehová, conforme al mandamiento del rey Josías» (2 Cr
35.16).
La Septuaginta la traduce
así: leitourgia («servicio»);
doulia («esclavitud»);
ergon («trabajo; obra;
ocupación»), y ergasia («empeño;
práctica; trabajo, utilidad, ganancia»).
>ebed
(db,[,), «siervo». Este nombre
aparece más de 750 veces en el Antiguo Testamento. La primera vez
es en Gn 9.25: «Siervo de siervos será [Canaán] a sus hermanos», o
sea, el más bajo de los esclavos. Un siervo podía comprarse con
dinero (Éx 12.44) o contratarse (1 R 5.6). La muy repetida
declaración de la redención divina de un Israel sometido a
servidumbre es: «Habéis salido de Egipto de la casa de servidumbre,
pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte» (Éx 13.3; Heb
2.15). >Ebed se usaba en
expresiones de humildad y cortesía, como en Gn 18.3: «Señor, si
ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu
siervo» (cf. Gn 42.10). Moisés le dijo al Señor: «¡Ay, Señor!
Nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú
hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua»
(Éx 4.10). Es la marca de las personas que Dios llama, como en Éx
14.31: «Y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo». «Porque mis
siervos son los hijos de Israel» (Lv 25.55; cf. Is 49.3). «Habló,
pues, Jehová por medio de sus siervos los profetas» (2 R 21.10).
El salmista dijo: «Yo soy tu siervo» (Sal 116.16), con lo que
indicaba que era un título apropiado para todos los creyentes.
De suprema importancia es
el uso de «mi siervo» para referirse al Mesías en Isaías (42.1–7;
49.1–7; 50.4–10; 52.13–53.12). Israel era un siervo ciego y sordo
(Is 42.18–22). Entonces el Señor llamó a su «siervo justo» (Is
53.11; cf. 42.6) para que llevara el pecado de muchos y (Is
53.12), para que fuera «mi salvación hasta lo postrero de la
tierra» (Is 49.6).
El «siervo» no era libre.
Estaba sujeto a la voluntad y a las órdenes de su amo. Pero uno
podía someterse voluntaria y amorosamente a su amo (Éx 21.5), y
permanecer en su servicio aunque no estuviera obligado a hacerlo.
Esta es una perfecta descripción de la relación entre el hombre y
Dios.
La Septuaginta traduce
>abad y sus nombres con 7
diferentes raíces griegas que dan un sentido más definido al
término. A través de estas llegan al Nuevo Testamento los usos
básicos de `abad. Es notable cómo cumple Jesús lo del siervo del
Señor de Isaías: «Que muchos milagros y maravillas se realicen en
el nombre de tu santo siervo Jesucristo» (Hechos 4.30, lbd). Otro
uso importante es cuando Pablo se autotitula «siervo de Jesucristo»
(Ro 1.1; «esclavo de Jesucristo», lbd).
Participio
sharat
(tr'v;), «servidor; ministro». Esta
palabra por lo general se traduce «servidor» o «ministro»; por
ejemplo, Jos 1.1 dice: «Aconteció después de la muerte de Moisés …
que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés».
Ezequiel 46.24 se refiere a un lugar en el templo que estaba
reservado para «los servidores de la casa».
El privilegio de servir
al Señor no se limita a los seres humanos: «Bendecid a Jehová,
vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos que hacéis su
voluntad» (Sal 103.21). El fuego y el viento, concebidos
poéticamente como personas, son también «ministros» de Dios (Sal
104.3–4).
Josué era el «siervo»de
Moisés (Éx 24.13), y Elías tenía un «sirviente» (2 R 4.43); «criado»(rva).
Misericordia, Bondad
Nombre
jesed
(ds,j,), «bondad; amor constante;
gracia; misericordia; fidelidad; devoción». Este vocablo se usa
240 veces en el Antiguo Testamento, con particular frecuencia en
los salmos. El término es uno de los más importantes en el
vocabulario teológico y ético del Antiguo Testamento.
La Septuaginta casi
siempre traduce jesed con
eleos («misericordia»),
uso que se refleja en el Nuevo Testamento y en la rv (y sus
recientes revisiones). Las traducciones modernas, por otro lado,
generalmente prefieren acepciones más próximas a «gracia». Las
versiones católicas más recientes usan «amor» o «clemencia».
En general, es posible
identificar tres significados fundamentales del vocablo (que
siempre interactúan): «fuerza», «constancia» y «amor». Cualquier
traducción del término que no expresa las tres acepciones
inevitablemente perderá algo de su riqueza. El «amor» de por sí se
sentimentaliza o universaliza si se desconecta del pacto. Al mismo
tiempo, «fuerza» o «constancia» solo comunican el cumplimiento de
una obligación, legal o de algún otro tipo.
El vocablo tiene que ver
sobre todo con los derechos y las responsabilidades recíprocas
entre las partes de una relación (en particular, de Yahveh e
Israel). Pero jesed no es
únicamente un asunto de obligación; también tiene que ver con
generosidad. No solo entra en juego la lealtad, sino también la
misericordia. La parte más débil busca la protección y bendición
de su patrocinador o protector, pero no puede exigir derechos
absolutos. La parte más fuerte permanece comprometida con cumplir
su palabra, pero mantiene su libertad, sobre todo en relación de
cómo llevará a cabo sus promesas.
Jesed indica involucramiento y compromiso personal en
una relación que sobrepasa los límites de la ley.
El amor conyugal a menudo
se relaciona con jesed.
Por cierto, el matrimonio es un compromiso legal y cuando este se
infringe, la ley lo sanciona. Con todo, la relación, cuando es
sana y fuerte, va mucho más allá de un asunto legal. El profeta
Oseas aplica la analogía al jesed
de Yahveh para con Israel dentro del pacto (p. ej. 2.21). No hay
una sola palabra en castellano que sea capaz de captar los matices
del original. La frase que tal vez más se aproxima es «amor
constante». Los escritores hebreos a menudo subrayaban el elemento
de constancia (o fuerza) ligando a
jesed con <emet
(«verdad, veracidad») y <emuÆnah
(«fidelidad»).
La Biblia se refiere a
menudo a personas que «hacen», «demuestran» o «guardan»
jesed. En plural se
entiende mejor el contenido concreto del vocablo. Las «misericordias»,
«bondades» y «fidelidades» de Dios son sus hechos específicos de
redención en el cumplimiento de su promesa. Encontramos un ejemplo
en Is 55.3:«Y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias
firmes a David».
Los sujetos de
jesed son Dios y los
hombres. Cuando el hombre es sujeto de
jesed, el vocablo generalmente describe la bondad o
lealtad de una persona hacia otra; cf. 2 S 9.7: «No tengas temor,
porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de
Jonatán tu padre». Contadas son las veces en que el término se
refiere explícitamente al afecto o fidelidad del hombre hacia Dios;
el ejemplo más claro de esto tal vez sea Jer 2.2 (rva): «Ve,
proclama a los oídos de Jerusalén y diles que así ha dicho Jehová:
Me acuerdo de ti, de la lealtad de tu juventud, del amor de tu
noviazgo, cuando andabas en pos de mí en el desierto».
Como seres humanos,
practicamos jesed con los
varios componentes de la sociedad hacia familia y parientes, así
como con amistades, huéspedes, patrones y sirvientes. A menudo se
requiere jesed hacia los
humildes y necesitados. La Biblia distingue el término
jesed para resumir y
caracterizar la vida de santidad interior y en respuesta al pacto.
Por eso, Os 6.6 declara que Dios desea «misericordia [«amor
constante»] y no sacrificios», es decir, lo que Él quiere son
vidas de fidelidad y no solo culto. En términos parecidos, Miq 6.8
destaca jesed en el
resumen que el profeta hace de la ética bíblica: «Él te ha
declarado lo que es bueno … solamente hacer justicia, y amar
misericordia».
Sin embargo, por detrás
de estos casos del hombre como sujeto de
jesed se encuentran todas las ocasiones cuando se
habla del jesed de Dios.
Es una de sus características más destacadas. Dios ofrece «misericordia»
y «amor constante» a su pueblo tan necesitado de redención del
pecado y liberación de sus enemigos y sus tribulaciones. Una frase
recurrente que describe la naturaleza de Dios es «abundante [grande]
en jesed» (Éx 34.6; Neh
9.17; Sal 103.8; Jon 4.2). La totalidad de la historia de la
relación de Dios con Israel en el pacto puede resumirse en
términos de jesed. Este es
el único dato permanente en todo el flujo de la historia del pacto.
Aun la creación es el resultado del
jesed divino (Sal 136.5–9). Su amor dura hasta «mil
generaciones» (Dt 7.9; cf. Dt 5.10 y Éx 20.6) o «para siempre» (véase
particularmente los refranes de algunos salmos, como Sal 136).
Hay palabras usadas en
paralelismo sinónimo con jesed
que lo ayudan a explicar. El vocablo que con más frecuencia se
asocia con jesed es
<emet («fidelidad;
confiabilidad»): «Que tu misericordia y tu verdad me guarden
siempre» (Sal 40.11). Otro término, <emuÆnah,
que tiene un significado similar, es también común: «Se ha
acordado de su misericordia [jesed]
y de su fidelidad [<emuÆnah]
para con la casa de Israel» (Sal 98.3 rva). Este énfasis es sobre
todo significativo cuando Dios es el sujeto porque el
jesed divino es más
constante que el del hombre. La investigación etimológica sugiere
que el significado primitivo de jesed
puede haber sido «fuerza» o «constancia». Si es así, esto
explicaría un uso enigmático de jesed
en Is 40.6: «Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del
campo».
La asociación de
jesed con «pacto» evita
que se confunda con una simple providencia o amor por toda
criatura; se aplica en primer término al amor especial y
compromiso (pacto) de Dios hacia su pueblo escogido. El «pacto»
también enfatiza la reciprocidad de esta relación; sin embargo,
puesto que a la larga el jesed
de Dios va más allá del pacto, no se deja de lado, aun cuando el
interlocutor humano le sea infiel y tenga que disciplinarlo (Is
54.8; 10). Puesto que su triunfo y cumplimiento final son
escatológicos, jesed puede
expresar la meta y fin de la historia de la salvación (Sal 85.7,
10; 130.7; Miq 7.20).
El nombre propio
Jasadías (1 Cr 3.20 bj)
está relacionado con jesed.
El nombre del hijo de Zorobabel quiere decir «Yahveh es fiel/misericordioso»,
un resumen apropiado del mensaje profético.
Adjetivo
jaséÆd
(dysij;), «piadoso; devoto; fiel;
santo». El adjetivo jasid,
derivado de jesed, se usa
a menudo para describir a un israelita fiel. El
jesed divino ofrece el
patrón, modelo y fuerza que debe orientar la vida del
jasid. Encontramos una
mención del hombre «santo» en Sal 12.1 (rva): «Salva, oh Jehová,
porque se han acabado los piadosos. Han desaparecido los fieles de
entre los hijos del hombre». Por lo general un pronombre posesivo
se prefija al vocablo para señalar la relación especial que Él
guarda con los que le tienen como patrón de sus vidas: «Amad a
Jehová, todos vosotros sus santos. A los fieles guarda Jehová,
pero retribuye en abundancia al que actúa con soberbia» (Sal 31.23
rva).
Siguiendo la terminología
griega (hosios) y latina (sanctus),
la rv a menudo traduce el término como «santos». Esto se debe
entender en el contexto de la santificación que es de gracia y no
una cualidad innata ni una conducta moralista.
Morar
Verbo
yashab
(bv'y:), «morar, sentarse,
permanecer, habitar, quedar, esperar». El vocablo se encuentra más
de 1.100 veces en todo el Antiguo Testamento y su raíz está
grandemente diseminada en otras lenguas semíticas.
Yashab
está por primera vez en Gn 4.16, con su acepción más común, «morar»:
«Partió Caín … y habitó [«se estableció» lba, bj] en la tierra de
Nod» (rva). El término reaparece en Gn 18.1 (rva): «[Abraham]
estaba sentado en la entrada de la tienda». En Gn 22.5,
yashab se traduce: «Esperad
[«quedaos» lba] aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta
allá, adoraremos y volveremos a vosotros» (rva). El vocablo tiene
el sentido de «permanecer»: «Permanece viuda en la casa de tu
padre» (Gn 38.11 rva); se usa con casi el mismo sentido al
respecto de Dios: «Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre. Tu
trono de generación en generación» (Lm 5.19). La promesa de
regreso del cautiverio reza así: «Y edificarán casas, y morarán en
ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas» (Is 65.21).
Yashab
se combina a veces con otras palabras para formar expresiones
idiomáticas de uso común. Por ejemplo: «Cuando se
siente sobre el trono de
su reino» (Dt 17.18; cf. 1 R 1.13, 17, 24), tiene el significado
de «comenzar a reinar». «Sentarse a la puerta» significa «presidir
en audiencia pública» o «decidir un caso», como en Rt 4.1–2 y 1 R
22.10. «Siéntate a mi diestra» (Sal 110.1) significa asumir el
segundo puesto. «Allí me sentaré para juzgar a todas las naciones»
(Jl 3.12) fue una promesa acerca del juicio escatológico. «Sentarse
en el polvo» o «sentarse en la tierra» (Is 47.1 rvr, cf. rva) era
señal de humillación y pena.
Yashab
se usa a menudo metafóricamente en relación a Dios. Las oraciones:
«Yo vi a Jehová sentado en su trono» (1 R 22.19); «El que se
sienta en los cielos se ríe» (Sal 2.4 lba); y «Dios se ha sentado
sobre su santo trono» (Sal 47.8), describen a Dios como gobernante
supremo del universo. Este verbo también comunica la idea de que
Dios «mora» entre los hombres: «¿Me edificarás tú [David] una casa
en la que yo habite?» (2 S 7.5 rva; cf. Sal 132.14). El uso de
yashab en la siguiente
cita describe la presencia de Dios sobre el arca del testimonio en
el tabernáculo y el templo: «Jehová de los ejércitos, que moraba
entre los querubines» (1 S 4.4).
El vocablo también se usa
para hablar de «estar» en la presencia de Dios: «Una cosa he
demandado a Jehová, esta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová
todos los días de mi vida» (Sal 27.4; cf. Sal 23.6). «Tú los
introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el
lugar que has preparado como tu habitación, oh Jehovah, en el
santuario que establecieron tus manos, oh Señor» (Éx 15.17 rva).
shakan
(÷k'v;), «morar, habitar, asentarse,
permanecer, quedar». Este vocablo se encuentra en muchas lenguas
semíticas, incluyendo el antiguo acádico y ugarítico; también está
por todos los niveles de la historia hebraica.
Shakan aparece casi 130
veces en hebreo veterotestamentario.
Shakan
se usa por primera vez con en el significado de «habitar» en Gn
9.27: «Y habite en las tiendas de Sem». Moisés recibe una orden: «Que
me hagan un santuario, y yo habitaré en medio de ellos» (Éx 25.8
rva).
Shakan
proviene de la vida nómada y significa «morar en una tienda». Es
así que Balaam «vio a Israel acampado según sus tribus» (Nm 24.2
rva). En esta cita el término quiere decir «morar provisionalmente»
o «acampar», aunque también puede indicar «permanencia» (Sal
102.28). Dios promete seguridad para Israel «para que habite en su
lugar, y nunca más sea removido» (2 S 7.10).
La versión Septuaginta
del Antiguo Testamento se vale de un gran número de términos
griegos para traducir yashab
y shakan. Con todo, el
vocablo kaitoikein se usa
más que cualquier otro. Esta palabra también expresa en el Nuevo
Testamento la «morada» del Espíritu Santo en la Iglesia (Ef 3.17).
Comparte este sentido con el término griego
skenein («vivir en una
tienda»), que se usa como traducción más directa de
shakan. Juan 1.14 dice
acerca de Jesús: «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre
nosotros». La epístola a los Hebreos compara los sacrificios del
tabernáculo de Israel en el desierto con el sacrificio de Jesús
como el verdadero tabernáculo. Y el mensaje de Dios a Juan en
Patmos es: «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él
morará con ellos; y Dios mismo estará con ellos como su Dios» (Ap
21.3).
Nombre
mishkan
(÷K'v]mi), «morada; tienda». Este
vocablo se encuentra casi 140 veces y con frecuencia se refiere al
«tabernáculo» en el desierto (Éx 25.9). Más tarde
mishkan se usó para
referirse al «templo». Esta acepción tal vez preparó el camino
para el conocido término shekéÆnah,
de amplio uso en el judaísmo tardío para referirse a la «presencia»
de Dios.
Participio
yashab
(bv'y:), «permaneciendo; habitante».
Este participio a veces se usa como frase adjetival: «Jacob … era
hombre tranquilo y solía permanecer en las tiendas» (Gn 25.27 rva).
Sin embargo, Gn 19.25 (rva) ilustra el uso más frecuente del
término: «Todos los habitantes de las ciudades».
Muerte, Morir
Nombre
mawet
(tw<,m;), «muerte». Este vocablo se
encuentra 150 veces en el Antiguo Testamento. El término
mawet aparece a menudo
como antónimo de jayyéÆm
(«vida»): «Llamo hoy por testigos contra vosotros a los cielos y a
la tierra, de que he puesto delante de vosotros la vida y la
muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para
que vivas, tú y tus descendientes» (Dt 30.19 rva).
Mawet se usa más en
lenguaje poético que en los libros históricos: de Job a Proverbios
unas 60 veces, entre Josué y Ester 40 veces; pero en los profetas
mayores, unas 25 veces.
La «muerte» es el fin
natural de la vida humana sobre esta tierra; es una dimensión del
castigo de Dios sobre los hombres: «Pero del árbol del
conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que
comas de él, ciertamente morirás» (Gn 2.17 rva). Por tanto, todos
los seres humanos mueren: «Si estos mueren como mueren todos los
hombres … entonces Jehová no me ha enviado» (Nm 16.29 rva). El
Antiguo Testamento usa «muerte» en frases como «el día de mi
muerte» (Gn 27.2) y «año de muerte» (Is 6.1); y también usa el
término en relación con algún acontecimiento previo (Gn 27.7, 10)
o posterior (Gn 26.18) a la defunción de alguna persona.
La «muerte» puede
sobrevenir a cualquiera violentamente o como ajusticiamiento: «Si
un hombre ha cometido pecado que merece la muerte, por lo cual se
le ha dado la muerte, y le has colgado de un árbol, no quedará su
cuerpo en el árbol durante la noche» (Dt 21.22–23 rva). Saúl se
refirió a David como «hijo de muerte» [«reo de muerte» bj] porque
tenía la intención de matarlo (1 S 20.31; cf. Pr 16.14).
Reflexionando sobre una de sus experiencias, David compone un
salmo en el que relata su cercanía con la muerte: «Ciertamente me
rodearon las olas de la muerte, y los torrentes de la perversidad
me atemorizaron. Me rodearon las ligaduras del Seol; me
confrontaron los lazos de la muerte» (2 S 22.5–6 rva; cf. Sal
18.5–6). Isaías predijo que el Siervo Sufriente tendría una muerte
violenta: «Se dispuso con los impíos su sepultura, y con los ricos
estuvo en su muerte. Aunque nunca hizo violencia, ni hubo engaño
en su boca» (Is 53.9 rva).
Otra causa de «muerte»
puede ser una plaga. En una ciudad asediada, debilitada por
pésimas condiciones sanitarias, la población diezmaría. Jeremías
se refiere a esta clase de muerte en Egipto y lo atribuye al
juicio de Dios (Jer 43.11); en este caso se trata de «muerte» por
causa de hambre y pestilencia. Lamentaciones describe la situación
de Jerusalén antes de su caída frente a los caldeos: «En la calle
la espada priva de hijos; en la casa es como la muerte» (Lm 1.20
rva; cf. también Jer 21.8–9).
Finalmente, el vocablo
mawet denota el «reino de
los muertos» o she>oÆl.
Este lugar de muerte tiene puertas (Sal 9.13; 107.18) y cámaras
(Pr 7.27); el camino de los malos conduce a esta morada (Pr 5.5).
Isaías esperaba el fin de
la «muerte» cuando se restableciera plenamente el reinado del
Señor: «Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará el Señor
toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su
pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho» (Is 25.8).
Sobre la base de la resurrección de Jesús, Pablo argumenta que el
hecho arriba predicho ya ocurrió (1 Co 15.54); por otro lado, Juan
esperaba con ansias la resurrección cuando Dios va a enjugar toda
lágrima (Ap 21.4).
TemuÆtah
significa «muerte». Encontramos un caso en Sal 79.11 (rva): «Llegue
a tu presencia el gemido de los presos. Conforme a la grandeza de
tu brazo, preserva a los sentenciados a muerte [lit. «hijos de
muerte»]» (cf. Sal 102.20).
MamoÆt
se refiere también a «muerte». El término aparece en Jer 16.4: «De
enfermedades dolorosas morirán» (cf. Ez 28.8).
Verbo
muÆt
(tWm), «morir, matar». Este verbo
se encuentra en todas las lenguas semíticas (incluyendo en arameo
bíblico) desde los tiempos más tempranos y también en egipcio. Hay
unos 850 casos del verbo en hebreo bíblico durante todos los
períodos.
En esencia,
muÆt significa «perder la
vida». El término se refiere a «muerte» física, tanto de hombres
como de animales. En Gn 5.5 se relata que Adán vivió «novecientos
treinta años, y murió». Jacob explica a Esaú que los más tiernos
de su ganado podrían «morir» si se les apuraban (Gn 33.13). En un
caso este verbo se usa también para referirse a la cepa de un
árbol (Job 14.8). De vez en cuando,
muÆt se aplica metafóricamente a la tierra (Gn 47.19) o
a la sabiduría (Job 12.2). Además, tenemos una expresión única
hiperbólica que dice que el corazón de Nabal había «muerto» dentro
de él, como una manera de decir que se sentía sobrecogido por un
gran temor (1 S 25.37).
En el radical intensivo
del verbo, esta raíz se refiere al golpe de gracia que se imparte
a alguien que está a punto de «morir». Abimelec, cuando una piedra
de molino destrozo su cabeza, pidió a su escudero que lo matara (Jue
9.54). Es más usual el radical causativo de este verbo que puede
significar «causar la muerte» o «matar». Dios «causa muerte» y da
vida (Dt 32.39). Por lo general, en estos casos el sujeto y el
predicado de las acciones son personas, aunque hay excepciones
como cuando los filisteos personifican el arca del testimonio;
quieren deshacerse de él para que no los «mate» (1 S 5.11). Otra
excepción: los animales pueden ser causantes de «muerte» (Éx
21.29). En fin, el término describe el acto de «matar» en su
sentido más amplio, incluso durante conflictos bélicos y al
cumplir sentencias de ejecución (Jos 10.26).
Dios sin duda es el
árbitro final de la vida y la muerte (cf. Dt 32.39). Esta idea se
destaca con particular claridad en el relato de la creación, donde
Dios dice al hombre que de cierto morirá si come de la fruta
prohibida (Gn 2.17: primera mención del vocablo). Al parecer, la
muerte no existía antes de esto. En el diálogo entre la serpiente
y Eva, esta asocia la desobediencia con la muerte (Gn 3.3). La
serpiente repitió las palabras divinas, contradiciéndolas (Gn
3.4). Cuando Adán y Eva comieron la fruta, les sobrevino, a ellos
y a sus descendientes, la muerte espiritual y física (cf. Ro
5.12). De inmediato experimentaron la muerte espiritual y como
consecuencia sintieron vergüenza e intentaron cubrir su desnudez (Gn
3.7). El pecado y/o la presencia de muerte espiritual requiere que
se cubra, pero la provisión humana no es suficiente; por tanto,
Dios ofrece su vestidura con la promesa de redención (Gn 3.15) y
en forma tipológica, les cubrió con pieles de animales (Gn 3.21).
Mujer
<ishshah
(hV;ai), «mujer; esposa; prometida;
novia; cada una». El vocablo tiene cognados en acádico, ugarítico,
arameo, arábigo y etíope. Aparece unas 781 veces en hebreo bíblico
y en todos los períodos de la lengua.
El término señala a
cualquier persona del sexo femenino, sin tener en cuenta edad o si
es virgen o no. De esta manera, se correlaciona con «hombre» (<ish):
«Esta será llamada Mujer, porque fue tomada del hombre» (Gn 2.23
rva). Este es su significado la primera ves que se usa: «Y de la
costilla que Jehová Dios tomó del hombre [<adam],
hizo una mujer, y la trajo al hombre» (Gn 2.22). Lo que se destaca
aquí es «ser mujer» y no su papel en la familia. El énfasis en el
papel de una «mujer o esposa» en la familia se encuentra en
pasajes como Gn 8.16: «Sal del arca tú, tu mujer, y tus hijos y
las mujeres de tus hijos contigo».
Un matiz especial de «esposa»
indica la «mujer» bajo la autoridad y protección del hombre.
Subraya las relaciones de la familia como ente legal y social:
«Abram tomó a Sarai su mujer, a Lot su sobrino y todos los bienes
que habían acumulado» (Gn 12.5).
En Lm 2.20
<ishshah es sinónimo de «madre»:
«¿Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los
pequeñitos a su tierno cuidado?» En Gn 29.21 (cf. Dt 22.24) el
significado parece ser «novia» o «prometida»: «Entonces Jacob dijo
a Labán: Entrégame mi mujer para que conviva con ella, porque mi
plazo se ha cumplido». En Ec 7.26 (rva) se usa el vocablo con el
significado genérico de «mujer» en términos generales o para
referirse al sexo «femenino»: «Y yo he hallado más amarga que la
muerte a la mujer que es una trampa» (cf. Gn 31.35).
Son contadas las veces
que el vocablo se refiere a animales: «De todo animal limpio toma
contigo siete parejas, el macho y su hembra; pero de los animales
que no son limpios solo una pareja, el macho y su hembra» (Gn
7.2).
El término también se
puede usar en sentido figurado, según una antigua costumbre semita;
«mujeres», con sentido peyorativo, es una forma de burlarse de
guerreros y héroes extranjeros, insinuando que son débiles,
afeminados y cobardes: «En aquel día los egipcios serán como
mujeres, pues temblarán y temerán ante el movimiento de la mano de
Jehová de los Ejércitos» (Is 19.16).
En algunos pasajes
<ishshah significa «cada
una» o «todas»: «Cada mujer pedirá a su vecina y a la que habita
en su casa» (Éx 3.22 rva; cf. Am 4.3). Este matiz tiene un uso
especial en pasajes como Jer 9.20, donde, conjuntamente con
reuÆt («vecino»), quiere
decir «una» mujer: «Escuchad, oh mujeres, la palabra de Jehová;
reciba vuestro oído la palabra de su boca. Enseñad lamentos a
vuestras hijas; cantos fúnebres, cada una a su compañera».
Multiplicar, Crecer
Verbo
rabah
(hb;r;), «multiplicar, ser numeroso,
engrandecer». Este verbo también se halla en acádico, arábigo,
amorreo y arameo bíblico. En la Biblia hebraica se constatan unos
220 casos durante todas las épocas. El término debe compararse con
gadal y
rabab.
Básicamente, el vocablo
expresa crecimiento numérico, como hecho y como proceso. Dios dice
a las bestias del mar y del aire: «Fructificad y multiplicad» (Gn
1.22: el primer caso). En Gn 38.12 el término indica la
consumación de algo que fue numeroso (en este caso, años y días):
«Pasados muchos años [lit. «y los días se multiplicaron»], murió
Bat-súa, la mujer de Judá» (rva). Cuando se usa con «días», el
vocablo también puede significar «larga vida»: «Y como arena
multiplicaré mis días» (Job 29.18; cf. Pr 4.10). A veces
rabah se refiere a
aumentar riquezas y, en casos como este, el aspecto concreto
siempre se especifica con claridad (cf. Dt 8.13 rva: «Cuando se
multipliquen la plata y el oro»).
El verbo puede expresar «grande»
en sentido cuantitativo. En Gn 7.17 (rva) se dice que «las aguas
crecieron y levantaron el arca, y se elevó sobre la tierra». Aquí
su significado es «aumento cuantitativo». Una acepción semejante
aparece en Gn 15.1, donde Dios dice a Abram: «Yo soy tu escudo, y
tu galardón será sobremanera grande». El primer ejemplo denota el
proceso de aumentar y el segundo su producto final (algo más
grande).
Como matiz especial, el
verbo apunta al proceso de crecimiento: «Sus hijos se fortalecen y
crecen en campo abierto; luego se van y no vuelven más a ellas»
(Job 39.4 rva). Rabah
también puede referirse al producto final: «Te hice crecer como la
hierba del campo. Creciste, te desarrollaste y llegaste a la flor
de la juventud. Tus pechos se afirmaron, y tu cabello creció; pero
estabas desnuda y descubierta» (Ez 16.7 rva). Un matiz algo
diferente aparece en Ez 19.2, donde el verbo habla del cuidado de
una madre por su cría: «Tendida entre los leoncillos criaba sus
cachorros».
Rabah
a veces se usa con otro verbo para indicar un incremento en el uso
o frecuencia de este. En algunos pasajes designa un proceso que
continúa: «El pueblo trae mucho más de lo necesario para llevar a
cabo la obra» (Éx 36.5 rva); literalmente, «el pueblo continúa
trayendo». El término puede también aludir a un gran número de
veces, o sea, «repetidamente». Se insta al pecador a que regrese a
Dios, «el cual será amplio en perdonar» (Is 55.7). El mismo
sentido se explica en Am 4.4: «Id a Bet-el, y prevaricad; aumentad
en Gilgal la rebelión».
Nombre
<arbeh
(hB,r]a'), «langosta». Este nombre,
que aparece 24 veces, tiene que ver con enjambres de langostas
voladoras: «Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto, para traer
la langosta, a fin de que suba sobre la tierra de Egipto y devore
toda planta de la tierra» (Éx 10.12 lba).
Son poco frecuentes los
casos de otros términos derivados del mismo verbo.
Marbeh, que aparece solo
una vez, significa «abundancia» (Is 33.23).
MarbéÆt, que se halla 5
veces, tiene la acepción de «un mayor número» (1 S 2.33) o la «mitad
más grande» (2 Cr 9.6). El único ejemplo de
tarbuÆt significa «aumento»
(Nm 32.14). TarbéÆt, que
aparece 6 veces, puede significar «interés, incremento, usura» (Lv
25.36).

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