|
págs.
A
B
C
D
E
F
G
H
I
J
L
M
N O
P
Q R
S T
U V

Hebreo Bíblico
Demonios Sátiros
sa>éÆr
(ry[ic;), «demonios sátiros; ídolos
sátiros». El término aparece 4 veces en el hebreo bíblico. La
primera vez que aparece el término significa «demonios» (algunos
estudios lo traducen «ídolos») sátiros: «Y ya no sacrificarán sus
sacrificios a los demonios con los cuales se prostituyen» (Lv 17.7
lba). El pasaje demuestra que estos eran seres que fueron objetos
de adoración pagana. El culto a estos «demonios» persistió durante
mucho tiempo en la historia de Israel y aparece bajo Jeroboam
(929—909 a.C.), quien «estableció sus propios sacerdotes para los
lugares altos, para los demonios [«sátiros» bj] y para los
becerros que había hecho» (2 Cr 11.15 rva). En este caso,
sa>éÆr se refiere a los
ídolos que Jeroboam había hecho. El avivamiento durante el reinado
de Josías tal vez incluyó la destrucción de los lugares altos para
los demonios sátiros (2 R 23.8).
Derramar
yatsaq
(qx'y:), «verter, derramar, fundir,
fluir». Un término de uso común durante toda la historia de la
lengua hebrea, se encuentra en el antiguo ugarítico con los mismos
matices que en el Antiguo Testamento.
Yatsaq aparece en la Biblia hebraica un poco más de
50 veces. El vocablo aparece por primera vez en Gn 28.18, donde se
dice que, después que Jacob durmió en Betel con la cabeza
recostada sobre una piedra, «derramó aceite sobre ella». Veinte
años después vuelve a «derramar» aceite sobre un «pilar» de piedra
en Betel al regresar a casa (Gn 35.14 lba). La idea que se expresa
en estos dos casos y en otros (Lv 8.12; 21.10) es ungir con aceite.
Este no es el vocablo que generalmente se traduce «ungir». (El
término corriente para «ungir» es
mashaj, del cual proviene la palabra «mesías».)
Muchas cosas pueden «verterse»,
tales como el aceite de sacrificio (Lv 2.1), el agua para lavar (2
R 3.11) y potaje para comer (2 R 4.41). Se usa el verbo para
expresar la idea de «verter» o «fundir» metales (Éx 25.12; 26.37;
1 R 7.46). El concepto de «derramar» se encuentra en Sal 41.8: «Algo
abominable se ha derramado sobre él. El que cayó en la cama, no se
volverá a levantar» (rva). El contexto al parecer sugiere inocular
una enfermedad, como lo interpreta la rv: «Cosa pestilencial de él
se ha apoderado».
shapak
(Jp'v;), «derramar, verter». Este
es un verbo semítico común que se encuentra en el antiguo acádico
y ugarítico y a lo largo del hebreo.
Shapak aparece un poco más de 100 veces en el texto de
la Biblia hebraica. La primera vez que se usa en el Antiguo
Testamento, el vocablo forma parte del principio general sobre el
respeto a la vida humana: «El que derrame sangre de hombre, su
sangre será derramada por hombre» (Gn 9.6). Aunque se usa a menudo
con este sentido de «derramar» sangre, el uso común del término
tiene que ver con «verter» el contenido de un receptáculo, p. ej.
agua (Éx 4.9; 1 S 7.6), raspaduras de yeso (Lv 14.41) y libaciones
ofrecidas a falsos dioses (Is 57.6).
Metafóricamente,
shapak señala el «derramamiento»
de la ira de Dios (Os 5.10), del desprecio (Job 12.21), de la
maldad (Jer 14.16) y del Espíritu de Dios (Ez 39.29). El salmista
describe su condición de abandono con esta frase pintoresca: «Derramado
como el agua» (Sal 22.14 rva, lba, nrv; «como el agua que se
vierte» bj; «como agua derramada» nbe; «Heme escurrido como aguas»
rv).
Descender
yarad
(dr'y:), «descender, bajar». Este
verbo aparece en la mayoría de las lenguas semíticas (incluyendo
en el hebreo posbíblico) y durante todos los períodos. En el
hebreo bíblico aparece alrededor de 380 veces y en todos los
períodos.
Básicamente, el verbo
denota «movimiento» desde un punto alto a uno más bajo. En Gn
28.12, Jacob vio «una escalera puesta en la tierra, cuya parte
superior alcanzaba el cielo. He aquí que los ángeles de Dios
subían y descendían por ella» (rva). En este caso, el que habla u
observa describe la acción desde el punto de partida y el
movimiento es descendente hacia él. Por otro lado, el interlocutor
puede hablar como el que se ubica en el punto de partida desde
donde el movimiento puede ser «hacia abajo» o bajo la superficie
de la tierra (Gn 24.16).
Como un dato interesante
se puede «descender» a un lugar más bajo para alcanzar las puertas
de una ciudad (Jue 5.11) o viajar a una ciudad que está ubicada
más abajo de la carretera principal (1 S 10.8); generalmente se
asciende a una ciudad y se «desciende» para salir de ella (1 S
9.27). Se habla del viaje de Palestina a Egipto como un «descenso»
(Gn 12.10). Esto no se refiere a un desplazamiento desde un lugar
más elevado a otro más bajo; es más bien un uso técnico del verbo.
Yarad
a menudo tiene que ver con «morir». Uno «desciende» a la tumba.
Aquí también está presente la idea de desplazamiento espacial,
pero como antecedente. El «descenso» tiene que ver más con ser
removido del mundo de existencia consciente: «Porque el Seol no te
agradecerá, ni la muerte te alabará. Tampoco los que descienden a
la fosa esperarán en tu fidelidad. El que vive, el que vive es el
que te agradece» (Is 38.18–19). Por otro lado, «descender al polvo»
implica un regreso al suelo, esto es, el regreso del cuerpo a la
tierra de la que vino (Gn 3.19). «Se doblegarán ante Él todos los
que descienden al polvo» (Sal 22.29). También existe la idea del «descenso»
del alma humana al reino de los muertos. Cuando Jacob lloró por
José, pensando que estaba muerto, dijo: «¡Enlutado descenderé
hasta mi hijo, al Seol!» (Gn 37.35 rva). Puesto que se puede «descender»
vivo al Seol como castigo (Nm 16.30), esta frase abarca más que el
fin de la vida humana. Este significado se refuerza con la
experiencia de Enoc cuya recompensa fue sacarle de la tierra: «Caminó,
pues, Enoc con Dios y desapareció, porque Dios lo llevó consigo» (Gn
5.24); fue recompensado al no tener que «descender» al Seol.
Yarad
puede significar, también, un «descenso» hacia el interlocutor. En
Gn 11.5 (primer uso del vocablo): «El Señor descendió para ver la
ciudad y la torre que habían edificado los hijos de los hombres» (lba).
El término puede significar el «descenso» desde la cima de una
montaña, como lo hizo Moisés desde el Sinaí (Éx 19.14). También se
usa para describir la acción de «desmontar»: «Cuando Abigaíl vio a
David, se apresuró y bajó del asno» (1 S 25.23 rva). Puesto que,
después de desmontarse el cuerpo de Abigaíl no estaba físicamente
más abajo que antes, la expresión no indica necesariamente un
desplazamiento desde una ubicación más elevada a una más baja. El
verbo aquí significa no tanto «descender», sino «bajarse» o «apearse».
Encontramos un matiz un tanto parecido en el uso de «bajarse» (en
castellano, levantarse) de la cama. Elías le dijo a Azarías: «De
la cama a la cual subiste no descenderás» (2 R 1.4 rva). Una vez
más, este uso de yarad no
significa literalmente «descender» del lecho, ya que al «levantarse»
uno queda de pie, en una posición más alta de la que estaba; de
ahí que su significado en este caso es «salirse» de la cama. El
mismo verbo se usa para describir lo que hace el aceite que se
derrama sobre la barba: «desciende» (Sal 133.2).
Yarad
tiene además el significado de «retirarse» del altar: «Después
Aarón alzó sus manos hacia el pueblo y lo bendijo. Y descendió
después de ofrecer el sacrificio por el pecado» (Lv 9.22 rva).
Este uso particular se podría tomar como lo contrario de
«ascender» al altar, lo cual no solo es un desplazamiento físico
desde un plano más bajo a uno más elevado, sino un ascenso a una
dimensión espiritual más alta. «Subir» delante de Dios (representado
por el altar) es presentarse delante de Él en un plano espiritual
más elevado. Estar delante de Dios es estar en su presencia,
delante de su trono, en una dimensión más alta. En este contexto,
yarad puede interpretarse
como la expresión de un acercamiento a Él en humildad. Dios
informa a Moisés que los egipcios «descenderán» a Él y se
postrarán delante de Él (Éx 11.8). Igualmente interesante es el
uso ocasional del verbo para expresar «descenso» a un santuario
conocido (cf. 2 R 2.2).
El verbo tiene muchos
usos en sentido figurado. Aunque a veces no se perciba en las
traducciones al castellano, puede denotar la «caída» y destrucción
de una ciudad (Dt 20.20 bj), o el «declinar» de un día (Jue
19.11), o el «retroceder» de una sombra (2 R 20.11 (lvp) o «descenso»
en posición social (Dt 28.43).
Al menos una vez
significa «subir y bajar». La hija de Jefté dijo: «Primero déjame
que suba [«vaya y descienda» rvr] a los montes y llore con mis
amigas mi virginidad» (Jue 11.37 lbd).
Desnudez
Nombre
>erwah
(hw:r][,), «desnudez; indecencia».
Treinta y dos de las 53 veces que aparece este nombre se
encuentran en las leyes sociales de Lv 18 y 20. El resto de los
casos están diseminados por los varios períodos de la literatura
veterotestamentaria, con la notable excepción de la literatura
poética.
Este término se usa para
los órganos sexuales masculinos y femeninos. En la primera ocasión
en que se usa, >erwah
implica exhibición vergonzosa: «Cam, el padre de Canaán, vio la
desnudez de su padre … Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, lo
pusieron sobre sus propios hombros, y yendo hacia atrás, cubrieron
la desnudez de su padre. Como tenían vuelta la cara, ellos no
vieron la desnudez de su padre (Gn 9.22–23 rva). Este vocablo se
usa a menudo para significar la «desnudez» femenina (los órganos
sexuales descubiertos) y simboliza la vergüenza. En Lm 1.8
Jerusalén asolada y devastada se describe como una mujer cuya
desnudez ha sido expuesta. Descubrir la desnudez es un eufemismo
frecuente para la cohabitación: «Ningún hombre se acerque a una
mujer que sea su parienta cercana para descubrir su desnudez» (Lv
18.6).
La frase «cosa indecente»
se refiere a cualquier inmundicia en un campamento militar o a la
violación de las leyes de abstinencia sexual: emisiones nocturnas
sin purificar, cohabitación sexual y otras leyes de pureza (p. ej.,
excremento enterrado dentro del campamento): «Porque el Señor tu
Dios anda en medio de tu campamento para librarte y para derrotar
a tus enemigos de delante de ti, por tanto, tu campamento debe ser
santo; y Él no debe ver nada indecente en medio de ti, no sea que
se aparte de ti (Dt 23.14 lba). En Dt 24.1
>erwah parece apoyar este
énfasis en cualquier violación de las leyes de pureza: si un novio
se siente insatisfecho con su novia «por haber hallado en ella
alguna cosa indecente», puede divorciarse. Obviamente no se trata
de evidencia de su cohabitación con otro hombre, ya que este
pecado merecía la muerte (Dt 22.13ss).
>Erwah
también tiene que ver con las partes indefensas o «desnudas» de
una ciudad, según Gn 42.9: «Sois espías; habéis venido para ver
las partes indefensas de nuestra tierra» (lba).
Otros nombres
relacionados con este vocablo aparecen con menor frecuencia.
Ma>ar, que se refiere a la
desnudez sexual, aparece en sentido metafórico en Nah 3.5.
>Eïrom se encuentra en
varios casos como nombre abstracto. El término expresa la idea
general de desvestirse, sin implicaciones vergonzosas;
sencillamente se refiere a estar «desarropado». En Ez 16.7, 39 el
vocablo >eÆrom se traduce
«desnuda», aunque también puede traducirse como «desnudez» o
alguien que «está en su desnudez».
Dos nombres,
ta>ar y
moÆrah, tienen otro
sentido. Ta>ar, que se
repite 13 veces, quiere decir «navaja» (Nm 6.5) o un cuchillo para
afilar las plumas de los escribas (Jer 36.23). El significado «vaina
de espada» (1 S 17.51) tiene un cognado en ugarítico.
MoÆrah también significa «navaja»
(1 S 1.11).
Adjetivo
>aroÆm
(µ/r[;), o
>arom (µro[;),
«desnudo». El vocablo aparece 16 veces. El primer caso es en Gn
2.25: «Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se
avergonzaban».
Otro adjetivo, del cual
hay 6 ejemplos en la poesía bíblica, es
>eryah. Parece ser una variante de
>erwah y aparece, por
ejemplo, en Ez 16.22: «Cuando estabas desnuda y descubierta».
Verbo
>arah
(hr;[;), «verter, descubrir,
destruir, extenderse». Este verbo, que aparece 14 veces en el
hebreo bíblico, tiene cognados en acádico, fenicio, egipcio y
siríaco. En Is 32.15, el término significa «verter» o «derramar»:
«Hasta que se derrame sobre nosotros el Espíritu desde lo alto» (lba).
El verbo indica «descubrir» en Lv 20.19.
>Arah tiene la acepción de «destruir» en Is 3.17 (rvr):
«Por tanto, el Señor raerá la cabeza de las hijas de Sion, y
Jehová descubrirá sus vergüenzas». En Sal 37.35, el término
significa «extenderse».
Despertar
>uÆr
(rW[), «despertar, despertarse,
remover, provocar». El vocablo se halla tanto en el hebreo antiguo
como en el moderno y también en el antiguo ugarítico. Se encuentra
unas 80 veces en el Antiguo Testamento hebreo. Aparece por primera
vez con la acepción de «despertar» («provocar») a alguien para la
acción: «¡Despierta, despierta, oh Débora!» (Jue 5.12 rva).
Encontramos este mismo sentido en Sal 7.6, donde se usa
paralelamente con «levántate»: «¡Levántate, oh Jehovah, con tu
furor … Despierta el juicio que has ordenado para mí» (rva).
Por lo general,
>uÆr significa despertarse
de un sueño natural (Zac 4.1) o del sueño de los muertos (Job
14.12). En Job 31.29, el término expresa la idea de «provocar»
alguna emoción, de sentirse «emocionado: «Si me he alegrado por el
infortunio del que me aborrece» (rva). El verbo aparece varias
veces en Cantares, por ejemplo, contrapuesto con
dormir: «Yo dormía, pero
mi corazón velaba» (Cnt 5.2). El término aparece tres veces como
parte de una idéntica frase: «No despertaréis ni provocaréis el
amor, hasta que quiera» (Cnt 2.7; 3.5; 8.4 rva).
Despreciar
ma<as
(sa'm;), «rechazar, desechar,
rehusar, despreciar». Este verbo existe tanto en el hebreo bíblico
como en el moderno. Aparece unas 75 veces en el Antiguo Testamento
hebreo y se encuentra por primera vez en Lv 26.15: «Si despreciáis
[lba; «rechazáis» rva; «abominaréis» rv] mis estatutos». Dios no
obliga a nadie a hacer su voluntad, por lo que Él a veces tiene
que «rechazar»: «Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo
también te rechazaré para que no seas mi sacerdote» (Os 4.6 lba).
Aunque Dios ha escogido a Saúl para ser rey, la respuesta de este
causa que Dios cambie de actitud: «Por cuanto tú has desechado la
palabra de Jehová, Él también te ha desechado a ti, para que no
seas rey» (1 S 15.23).
Como creatura con libre
albedrío, el ser humano puede «rechazar» a Dios: «Habéis rechazado
al Señor que está entre vosotros» (Nm 11.20 lba; «menospreciado»
rva). Por otro lado, los seres humanos pueden «rechazar» el mal
(Is 7.15–16).
Cuando lo que Dios
demanda se hace con motivos o actitudes equivocados, Él «desprecia»
estas acciones: «Aborrezco, desprecio («rechazo» rva; «abominé» rv)
vuestras fiestas» (Am 5.21 lba). Dios considera la pureza del
corazón y de nuestras actitudes más importantes que la perfección
o belleza de nuestros ritos.
Destruir
shamad
(dm'v;), «destruir, aniquilar,
exterminar». Este vocablo bíblico también se usa en el hebreo
moderno donde la raíz denota «persecución religiosa» o «conversión
forzada». Shamad aparece
90 veces en el Antiguo Testamento hebraico, la primera vez en Gn
34.30 «seré destruido».
El término siempre indica
completa «destrucción» o «aniquilación». Aunque el vocablo a
menudo expresa literalmente la destrucción de un pueblo (Dt 2.12;
Jue 21.16), shamad con
frecuencia forma parte de una amenaza o advertencia abierta de «destrucción»
al pueblo de Israel si abandona a Dios por los ídolos (cf. Dt
4.25–26). El término también se refiere a la «destrucción»
completa de los lugares altos paganos (Os 10.8) de Baal y sus
imágenes (2 R 10.28). Cuando Dios quiere «destruir» totalmente,
barerrá «con la escoba de la destrucción» (Is 14.23 rva).
shajat
(tj'v;), «corromper, pudrir,
arruinar, estropear, destruir». El término se usa principalmente
en hebreo bíblico, aunque tiene formas cognadas en algunas lenguas
semíticas como arameo y etiópico. Se usa unas 150 veces en la
Biblia hebraica y por primera vez en Gn 6, donde se repite 4 veces
en relación con la «corrupción» que obligó a Dios a lanzar el
diluvio sobre la tierra (Gn 6.11–12, 17).
Cualquier cosa buena
puede «corromperse», «destruirse», «arruinarse» o «pudrirse», como
el cinto de Jeremías (Jer 13.7), una viña (Jer 12.10), ciudades (Gn
13.10) y un templo (Lm 2.6). Shajat
tiene el significado de «desperdiciar» o «malgastar» cuando se
refiere a palabras habladas en vano (Pr 23.8 rv-95, lba). Como
participio, el vocablo se usa para describir a un «león
destrozador» (Jer 2.30 rvr, nrv; «destructor» rva) y al «ángel
destructor» (1 Cr 21.15 lba). En Jer 5.26 el término significa «trampa».
Los profetas se valen a menudo de
shajat para comunicar la idea de «corrupción moral» (Is
1.4; Ez 23.11; Sof 3.7).
Día
yoÆm
(µ/y), «luz del día; día; tiempo;
momento; año; era». Este vocablo también aparece en ugarítico,
hebreo extrabíblico o cananeo (p. ej., la inscripción de Siloé),
acádico, fenicio y arábigo. Se encuentra además en hebreo
posbíblico. YoÆm aparece
cerca de 2.304 veces en todos los períodos del hebreo de la Biblia.
YoÆm
tiene varias acepciones. El término representa el período diurno
de «luz» en contraste con la oscuridad de la noche: «Mientras la
tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el
verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán» (Gn 8.22
lba). El vocablo denota un período de veinticuatro horas: «Sucedió
que ella insistía a José día tras día» (Gn 39.10 rva).
YoÆm también puede
significar un período indefinido: «Y bendijo Dios al día séptimo,
y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había
hecho en la creación» (Gn 2.3). En este versículo, «día» se
refiere a todo el período del descanso de Dios desde la creación
del universo. El «día» comenzó después de que Él completara los
actos de creación del séptimo día y se extiende a lo menos hasta
el regreso de Cristo. Compárese Gn 2.4: «Estos son los orígenes de
los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día [beyoÆm]
que el Señor Dios hizo la tierra y los cielos» (lba). En este
pasaje, «día» se refiere a todo el período que abarca los seis
días de la creación. Otro matiz se encuentra en Gn 2.17, donde el
término representa un «punto en el tiempo» o un «momento» preciso:
«Pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás,
porque el día que comas de él, ciertamente morirás» (rva).
Finalmente, en plural, el vocablo puede significar un «año»: «Por
tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en año [yaméÆm]»
(Éx 13.10).
YoÆm
adquiere otros matices particulares cuando se usa con diversas
preposiciones. En primer lugar, cuando va acompañado de
ke («como»),
puede denotar el término «primero»: «Y Jacob respondió: Véndeme
primero tu primogenitura» (Gn 25.31 rva). También puede significar
«un día» o «un día cualquiera»: «Aconteció que entró él un día en
casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí» (Gn
39.11). José usa el término indicando el «resultado de una acción»:
«Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó para bien,
para hacer lo que vemos [literalmente, «como están las cosas»] hoy:
mantener con vida a un pueblo numeroso (Gn 50.20 rva). Adonías se
valió de esta misma expresión para expresar el sentido de «hoy»: «Júreme
hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo» (1 R 1.51
rvr). Otro matiz más aparece en 1 S 9.13: «Subid, pues, ahora,
porque ahora le hallaréis». Cuando va acompañado del artículo
definido ha, el nombre
puede significar «hoy» (como en el caso de Gn 4.14) o bien
referirse a un día en particular (1 S 1.4) o indicar «durante el
día» (Neh 4.16).
La primera vez que se usa
yom en la Biblia es en Gn
1.5: «Dios llamó a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y
fue la tarde y fue la mañana del primer día». Esto presenta uno de
los debates más grandes en torno al vocablo, a saber, cuánto
duraron los días de la creación. Tal vez las explicaciones más
frecuentes son: que estos días duraron 24 horas, por tiempo
indefinido (o sea, edades o eras), o son categorías lógicas más
bien que temporales (es decir que expresan categorías teológicas
en lugar de períodos).
El «día del Señor» denota
tanto el fin de una edad (en sentido escatológico), como algún
acontecimiento (no escatológico) durante la era presente. Puede
ser un día de juicio o de bendición, o ambas a la vez (cf. Is 2).
Cabe mencionar que
mientras el pueblo hebreo no tenía dividido el día en horas,
dividía la noche en tres vigilias (Éx 14.24; Jue 7.19).
Diestra, Derecha
yaméÆn
(÷ymiy:), «diestra, derecha, mano
derecha». Se han encontrado cognados de este vocablo en ugarítico,
arábigo, siríaco, arameo y etiópico. Hay unos 137 casos del
término durante todos los períodos del hebreo bíblico.
Primero, el vocablo se
refiere a la «mano derecha» de un ser humano: «Y José tomó a los
dos, a Efraín con la derecha, hacia la izquierda de Israel, y a
Manasés con la izquierda, hacia la derecha de Israel» (Gn 48.13
lba). Aod tuvo «cerrada la mano derecha» (era zurdo): «Y clamaron
los hijos de Israel a Jehová; y Jehová les suscitó salvador, a Aod,
hijo de Gera, Benjamita, el cual tenía cerrada la mano derecha» (Jue
3.15 rv; cf. «era zurdo» rvr). YaméÆn
se usa también en sentido figurado. Cuando Dios toma a alguien de
la «mano derecha» le imparte su fuerza: «Porque yo, Jehovah, soy
tu Dios que te toma fuertemente de tu mano derecha y te dice: «No
temas; yo te ayudo»» (Is 41.13 rva). La Biblia enseña que Dios es
espíritu y que no tiene órganos ni cuerpo (cf. Éx 20.4; Dt
4.15–19). Sin embargo, usando lenguaje antropomórfico, atribuye a
Dios órganos humanos y, en particular, una «mano derecha» (Éx
15.6). A veces se refiere a que Dios hace su voluntad entre los
hombres y actúa a favor de algunos o les muestra su favor: «Traeré,
pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo» (Sal
77.10).
Segundo,
yaméÆn se refiere a la
ubicación espacial, «derecha», de algo o de alguien: «Pero los
hijos de Israel caminaron en seco por en medio del mar, teniendo
las aguas como muro a su derecha y a su izquierda» (Éx 14.29 rva).
En otros contextos yaméÆn
significa movimiento espacial, especifica «dirección»: «¿No está
toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si
fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la
derecha, yo iré a la izquierda» (Gn 13.9: primer caso del vocablo).
Tercero,
yaméÆn puede referirse a
otras partes del cuerpo además de la mano derecha. En Jue 3.16 el
término se refiere a la cadera derecha (lit. «cadera de la mano
derecha»): «Y Aod se había hecho un puñal de dos filos, de un codo
de largo; y se lo ciñó debajo de sus vestidos a su lado derecho».
El vocablo se usa en 1 S 11.2 para referirse a un ojo y en Éx
29.22 a la cadera.
Cuarto, el término se usa
con el significado de «sur», puesto que este punto cardinal queda
a mano derecha cuando uno se orienta de cara al este: «Los de Zif
subieron a decir a Saúl, en Gabaa: ¿No está David escondido entre
nosotros, en los lugares de difícil acceso de Hores, en la colina
de Haquila, que está al sur de Jesimón?» (1 S 23.19 rva).
yemanéÆ
(ynIm;yÒ), «mano derecha; lado
derecho; costado derecho (del cuerpo); sur». Este nombre se
encuentra 25 veces en el Antiguo Testamento.
YemanéÆ quiere
decir «mano derecha» en Éx 29.20, la primera vez que aparece. En 1
R 7.21 el término indica el «lado derecho» en términos de
ubicación. YemanéÆ
aparece en Ez 4.6 con la acepción de «costado derecho» del cuerpo.
El vocablo indica «sur» en 1 R 6.8: «La puerta del aposento de en
medio estaba al lado derecho de la casa» (rvr; «al lado sur del
templo» rva).
teman
(÷m;Te), «sur; barrio sur; hacia el
sur». Este nombre aparece 22 veces en la Biblia. La primera vez (Éx
26.18), el término sirve para orientar «hacia el sur».
Teman puede significar
llanamente «sur» y también el «barrio sur» de una ciudad, como en
Jos 15.1.
Dios
<el
(lae), «dios». Este término fue la
forma más común de denominar a una divinidad en el Oriente Medio
antiguo. Aunque muy a menudo aparece solo,
<el se combinaba también
con otras palabras para formar un término compuesto referente a la
deidad o para identificar de alguna manera la naturaleza y las
funciones del «dios». De ahí que la expresión
<el
elohim yishrael
(«Dios, el Dios de Israel»; Gn 33.20) identifique las actividades
específicas del Dios de Israel. En la antigüedad, se creía que
conocer el nombre de una persona le otorgaba poder sobre ella. Se
consideraba que el conocimiento del carácter y atributos de los «dioses»
paganos permitiría a los adoradores manipular o influir en las
deidades en formas más eficaces que si sus nombres permanecieran
desconocidos. Hasta cierto punto, la ambigüedad del término
<el frustraba a las
personas que esperaban obtener de algún modo poder sobre la
divinidad, porque el nombre prácticamente no indicaba cosa alguna
sobre el carácter del «dios». Esto se ajusta en particular a
<El, principal «dios»
cananeo. Los antiguos semitas se mantenían espantados ante los
poderes superiores de los dioses y hacían cuanto estuviera a su
alcance para propiciarlos. Generalmente asociaban a las
divinidades con la manifestación y uso de un enorme poder. Tal vez
esto se refleje en la curiosa frase hebrea: «Poder [<el]
hay en mi mano» (Gn 31.29 rv-95, rvr; «tengo poder» lba, rva; «podría
hacerte mal» bj; bla; cf. Dt 28.32). Algunas frases hebreas en los
Salmos asocian a <el con
aspectos impresionantes de la naturaleza, como los cedros del
Líbano (Sal 80.10) o montañas (Sal 36.6). En estos casos, es clara
la connotación de magnificencia y majestad.
Los nombres compuestos
con <el eran comunes en el
Oriente Medio durante el segundo milenio a.C. Metusael (Gn 4.18) e
Ismael (Gn 16.11) son dos nombres que provienen de un período muy
temprano. Durante el período mosaico,
<el era sinónimo del Señor que libró a los
israelitas de la esclavitud de Egipto y les ayudó a vencer en
batalla (Nm 24.8). Esta tradición del
<el hebraico como un «Dios» que se revela a sí mismo
en poder y establece relación de pacto con su pueblo es muy
prominente tanto en la poesía (Sal 7.11; 85.8) como en la profecía
(Is 43.12; 46.9). Los israelitas hacían uso común del nombre de
<el para denotar la
provisión o el poder sobrenatural. Esto era a la vez normal y
legítimo, puesto que el pacto entre Dios e Israel aseguraba a un
pueblo obediente y santo que las fuerzas creativas del universo le
sostendrían y protegerían en todo momento. A la inversa, si
desobedecían y apostataban, estas mismas fuerzas les castigarían
severamente.
<elah
(Hl;aÔ), «dios». Este vocablo
arameo equivale al término hebreo <eloÆah.
Es una expresión general para «Dios» en los pasajes arameos del
Antiguo Testamento y también una forma cognada del vocablo
<allah, que los árabes
usan para hablar de Dios. El término se emplea ampliamente en
Esdras: aparece no menos de 43 veces entre Esd 4.24 y 7.26. En
cada caso, se refiere al «Dios» del pueblo judío, fuese o no un
judío el que lo usara. Este es el caso cuando el gobernador de la
provincia de «Más Allá del Río» (es decir, al oeste del río
Éufrates) le habló a Darío el rey acerca de «la casa del gran Dios»
(Esd 5.8). Asimismo, Ciro instruyó a Sesbasar, gobernador, «que la
casa de Dios sea reedificada» (Esd 5.15) en Jerusalén.
Aunque los persas sin
duda no adoraban al «Dios» de Israel, le otorgaban la dignidad que
correspondía al «Dios de los cielos» (Esd 6.10). Lo hacían en
parte por superstición; aunque la naturaleza pluralista del recién
conquistado Imperio Persa exigía que honrasen a los dioses de los
pueblos conquistados, en aras de la paz y de la armonía social.
Cuando Esdras usa el término <elah,
a menudo especifica el Dios de los judíos. Habla, por ejemplo, del
«Dios de Israel» (5.1; 6.14), el «Dios del cielo» (5.12; 6.9) y el
«Dios de Jerusalén» (7.19). Asocia además a «Dios» con su casa en
Jerusalén (5.17; 6.3). En el decreto de Artajerjes se habla del «sacerdote
Esdras, escriba de la ley del Dios de los cielos» (7.12, 21). Esta
designación parecería extraña viniendo de un rey persa pagano, si
no fuese por la política de tolerancia religiosa que practicó la
dinastía Aqueménide. En otras partes de Esdras,
<elah se asocia
con el templo, tanto en su construcción (5.2, 13) como un edificio
concluido y consagrado para el culto divino (6.16).
En el único versículo de
Jeremías escrito en arameo (10.11), el vocablo
<elah se
encuentra en su forma plural para describir a los «dioses» que
nada tuvieron que ver con la creación del universo. Aunque estos «dioses»
falsos los adoraban naciones paganas (y hasta reverenciados por
algunos hebreos en el cautiverio babilónico), esas deidades
acabarían pereciendo porque no eran eternas.
El libro de Daniel se
vale de <elah
para hablar tanto de los «dioses» paganos, como del único «Dios»
verdadero. Los sacerdotes caldeos dijeron a Nabucodonosor: «Además,
el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay delante del rey
quien lo pueda declarar, salvo los dioses, cuya morada no está con
los mortales» (Dn 2.11 rva). Los caldeos se refirieron a esos «dioses»
cuando informaron que Sadrac, Mesac y Abed-nego rehusaban
participar en idolatría en la llanura de Dura (Dn 3.12). Daniel
enumera estos «dioses» cuando condenó el abandono de Nabucodonosor
por el culto al único y verdadero «Dios» de Israel (Dn 5.23). En
Dn 3.25, el término se refiere a un ser o mensajero divino enviado
a proteger a los tres jóvenes hebreos (Dn 3.28). En Dn 4.8–9, 18;
y 5.11, aparece la frase «espíritu de los dioses santos» (rv, rva,
rv-95, lba, bla; «Dios Santo» nrv). Las menciones restantes de
<elah se
refieren al «Dios» viviente a quien Daniel adora».
<eloÆah
(H'/laÔ), «dios». Este nombre
hebreo para «Dios» corresponde al término arameo
<elah y al
ugarítico il (o tratándose
de una diosa, ilt). El
origen del término se desconoce y se usa pocas veces en las
Escrituras como un apelativo divino. Por cierto, su distribución
en los varios libros de la Biblia es curiosamente desigual.
Aparece <eloÆah
40 veces en Job entre 3.4 y 40.2; en el resto del Antiguo
Testamento el término no se usa más de 15 veces.
Algunos eruditos
consideran que el vocablo <eloÆah
es la versión singular de la forma plural común
<eloÆhéÆm,
plural de majestad. Se suele pensar que
<eloÆah es vocativo, con el significado
de «Oh Dios». Pero no está muy claro por qué se necesitó tener una
forma vocativa especial para dirigirse a Dios, puesto que el
plural <eloÆhéÆm
se traduce a menudo como vocativo cuando el adorador se dirige
directamente a Dios, como en Sal 79.1. Es obvio que hay una
relación lingüística entre <eloÆah
y <eloÆhéÆm,
pero no es fácil precisarlo.
El vocablo
<eloÆah
predomina más en la poesía que en la prosa, lo que es
particularmente cierto en Job. Algunos eruditos han sugerido que
el autor de Job escogió a propósito una descripción de la
divinidad que evitara las asociaciones históricas que se
encuentran en frases como «el Dios de Betel» (Gn 31.13) o «Dios de
Israel» (Éx 24.10). Pero aun el libro de Job no es históricamente
neutral, puesto que en la introducción se mencionan lugares y
personas (cf. Job 1.1, 15, 17). Tal vez el autor consideró que
<eloÆah fuese
un término adecuado a lo poético y por consiguiente lo usó
consecuentemente. Esto, al parecer, es el caso también en Sal
18.31, donde encontramos <eloÆah
en lugar de <el,
como en el pasaje paralelo en 2 S 22.32). También aparece
<eloÆah como un
término para «Dios» (Sal 50.22; 139.19; y Pr 30.5). Aunque
<eloÆah como
nombre divino apenas se usa fuera de Job, su historia literaria se
extiende desde a lo menos el segundo milenio a.C. (como en Dt
32.15) hasta el siglo V a.C. (como en Neh 9.17).
<el shadday
(yD'v' lae), «Dios Todopoderoso».
La combinación de <el con
un término calificativo representa una tradición religiosa que
quizás estuvo presente entre los israelitas desde el tercer
milenio a.C. Algunos siglos después,
shadday aparece en nombres personales hebreos tales
como Zurisadai (Nm 1.6) y Amisadai (Nm 1.12). El uso más antiguo
del apelativo como título de divinidad («Dios Todopoderoso») se
encuentra en Gn 17.1, cuando «Dios» se identifica con Abraham.
Lamentablemente, no se
encuentra ninguna explicación del nombre; tampoco las indicaciones
que se dan «camina delante de mí y sé perfecto» no aclaran el
significado de shadday.
Los estudiosos han intentado entender el nombre relacionándolo con
el término acádico shadu
(«montaña»); porque «Dios» reveló su gran poder con fenómenos
relacionados con montañas como erupciones volcánicas o tal vez
porque se le consideraba fuerte e inmutable como las «montañas
eternas» en la bendición de Jacob (Gn 49.26 rva). Por cierto que
un aspecto importante de la religión mesopotámica fue la
asociación de la divinidad con montes. Se creía que los «dioses»
preferían morar sobre los picos de los montes y los templos que
los sumerios construyeron en forma de torres escalonadas, los
zigurats, eran montes artificiales con propósitos cúlticos. Se
acostumbraba construir un pequeño templo en la cúspide del zigurat
para que la deidad patronal descendiera del cielo a morar allí.
Los hebreos comenzaron su propia tradición de la revelación a
partir de los montes poco después del éxodo, pero para entonces el
nombre <el shadday se
había reemplazado por el tetragrama Yahveh (Éx 3.15; 6.3).
<El shadday
fue el nombre de «Dios» que los patriarcas usaron en relación con
el pacto hasta el tiempo de Moisés, cuando se dio una nueva
revelación (Éx 6.3). El pacto abrahámico se caracterizó por un
grado de aproximación entre «Dios» y los protagonistas humanos que
sobresale en la historia de los hebreos. El «Dios Todopoderoso» se
reveló como una deidad poderosa capaz de realizar todo lo que se
propone. Sin embargo, el grado de intimidad entre
<el shadday y los
patriarcas en varias etapas de su peregrinaje demuestra que el
pacto involucró el cuidado y amor de Dios para la creciente
familia que Él escogió, protegió y prosperó. Condujo a la familia
del pacto de lugar en lugar, estando claramente presente con ellos
en todo momento. Las formulaciones del pacto muestran que Dios no
estaba preocupado con ritos cúlticos ni celebraciones orgiásticas.
Más bien demandó un grado de obediencia tal que permitiría a
Abraham y a sus descendientes caminar en su presencia, y tener
vidas morales y espirituales sin tacha (Gn 17.1). Por tanto, el
verdadero servicio a <el shadday
no fue cúltico ni ritualista, sino de carácter moral y ético.
Durante el temprano
período mosaico, el nuevo nombre redentor de «Dios» y la
formulación del pacto sinaítico hizo que
<el shadday pasara a ser casi obsoleto como
apelativo de divinidad. Más adelante, en el Antiguo Testamento, el
nombre aparece unas 35 veces, la mayoría en Job. De vez en cuando
el nombre se usa como sinónimo del tetragrama Jahveh (Rt 1.21; Sal
91.1–2) para subrayar el poder y la fuerza de «Dios» en la forma
usual.
<el >oÆlam
(µl;/[ lae), «Dios de la eternidad;
Dios eterno; Dios sempiterno». Hay formas relacionadas con el
término >oÆlam en varias
lenguas del Oriente Medio antiguo; todas se refieren a la
extensión del tiempo o al tiempo muy distante. La idea parece ser
cuantitativa en vez de metafísica. Por eso, en la literatura
ugarítica, >bd >lm
significa «esclavo permanente»; el término
>lm (al igual que el
hebreo >oÆlam) expresa un
período inmensurable o de larga duración.
Únicamente en contados
pasajes poéticos, como Sal 90.2, se juzga que estas categorías
temporales no alcanzan a describir la naturaleza de la existencia
de «Dios» como <el >oÆlam.
En estos casos, se considera que el Creador ha sido «desde la
eternidad hasta la eternidad»; pero aun este uso de
>oÆlam expresa la idea de
una existencia continua y mensurable en vez de una condición
idependiente de consideraciones temporales.
El nombre de
<el >oÆlam se asoció
predominantemente con Beerseba (Gn 21.21–34). El asentamiento de
Beerseba se fundó quizás en la Edad de Bronce temprana, y la
narración de Génesis explica que el término significa «pozo del
juramento» (Gn 21.31). Sin embargo, también podría significar «pozo
de los siete», debido a los siete corderos que se apartaron como
testigos del juramento.
Abraham plantó un árbol
conmemorativo en Beerseba e invocó el nombre del Señor como
<el >oÆlam. El hecho que
Abraham permaneciera muchos días en la tierra de los «filisteos»
parece sugerir que asociaba continuidad y estabilidad con
<el >oÆlam, quien no lo
limitaba las vicisitudes del tiempo. Aunque Beerseba tal vez fuera
en su origen un lugar en que los cananeos adoraban, el local se
asoció más tarde con la veneración al Dios de Abraham.
Más tarde Jacob viajó a
Beerseba para ofrecer sacrificios al Dios de su padre Isaac. Sin
embargo, no ofreció sacrificios a <el
>oÆlam por nombre; y aunque tuvo una visión de Dios, no
recibió una revelación que este fuese el Dios que Abraham veneró
en Beerseba. Es más, Dios omitió mencionar el nombre de Abraham
declarando que era el Dios del padre de Jacob.
Génesis 21.33 es el único
lugar en el Antiguo Testamento en el que aparece el título de
<el >oÆlam. Isaías 40.28
es el único caso donde >oÆlam
se usa junto con un nombre que significa «Dios».

|
|