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Hebreo Bíblico
Canaán, Cananeos
kena>an
(÷['n"K]), «Canaán»;
kena>anéÆ
(ynI[}n"K]), «cananeo; mercader».
En 9 ocasiones «Canaán» es el nombre de una persona y 80 tiene que
ver con un lugar. A los descendientes de «Canaán», habitantes de
la tierra del mismo nombre, se les llaman 72 veces «cananeos». La
mayoría de los casos aparecen de Génesis a Jueces, aunque también
están diseminados por todo el Antiguo Testamento.
La primera vez que una
persona lleva el nombre de «Canaán» es en Gn 9.18: «Cam fue el
padre de Canaán» (cf. Gn 10.6). Al final de una lista de las
naciones que descendieron de «Canaán», Gn 10.18–19 añade: «Después
se dispersaron los clanes de los cananeos. La frontera de los
cananeos abarcaba desde Sidón hasta Gaza» (rva). «Canaán» es la
tierra al oeste del Jordán, como lo indica Nm 33.51: «Cuando
hayáis cruzado el Jordán a la tierra de Canaán» (cf. Jos 22.9–11).
Cuando Dios lo llamó, Abram partió «hacia la tierra de Canaán.
Después llegaron a la tierra de Canaán … Los cananeos estaban
entonces en la tierra» (Gn 12.5–6). Más adelante, Dios prometería
a Abram: «A tus descendientes daré esta tierra … [la tierra de los]
cananeos» (Gn 15.18–20; cf. Éx 3.8, 17; Jos 3.10).
«Cananeo» es un término
general para todos los hijos de «Canaán»: «Cuando Jehová tu Dios
te haya introducido en la tierra a la cual entrarás para tomarla
en posesión, y haya expulsado de delante de ti a muchas naciones …
[de los] cananeos» (Dt 7.1 rva). Uno de estos pueblos son los
amorreos, cuya maldad, le dice Dios a Abram, «no ha llegado al
colmo» (Gn 15.16; cf. Jos 24.15, 18).
«Cananeo» tiene también
especificidad como nombre de un pueblo: «Los cananeos habitan
junto al mar y en la ribera del Jordán» (Nm 13.29 rva; cf. Jos
5.1; 2 S 24.7). Puesto que eran comerciantes, «cananeo» llega a
ser símbolo de «mercader», en Pr 31.24 y Job 41.6. Es notable que
Oseas, al referirse a los pecados de Israel, dice: «Como mercader
[cananeo] que tiene en su mano balanza falsa, él ama la opresión»
(Os 12.7 rva; cf. Sof 1.11).
Génesis 9.25–27 imprime
desde el principio un significado teológico sobre «Canaán»: «Maldito
sea Canaán. Sea el siervo de los siervos de sus hermanos … Bendito
sea Jehová, el Dios de Sem, y sea Canaán su siervo. Engrandezca
Dios a Jafet … y sea Canaán su siervo». Proféticamente, Noé impuso
está maldición sobre «Canaán» porque su padre vio la desnudez de
Noé y se lo contó sin pudor a sus hermanos. El pecado de Cam,
profundamente arraigado en su hijo menor, se puede ver en la
historia posterior de los cananeos. Con la amonestación: «Tampoco
haréis como hacen en la tierra de Canaán a la cual os llevo», Lv
18.3ss enumera extensamente las perversiones que se les prohibió a
Israel. La lista concluye con otra amonestación: «No os
contaminaréis con ninguna de estas cosas, porque con todas estas
cosas se han contaminado los pueblos que yo echo de delante de
vosotros» (Lv 18.24 rva).
Fue muy específica la
orden de destruir a los «cananeos»: «Cuando Jehová tu Dios las
haya … derrotado, entonces destrúyelas por completo … Derribaréis
sus altares, romperéis sus piedras rituales … Porque tú eres un
pueblo santo para Jehová tu Dios» (Dt 7.2–6 rva). Sin embargo,
demasiado a menudo la casa de David y Judá «edificaron lugares
altos, piedras rituales y árboles de Asera, en toda colina alta y
debajo de todo árbol frondoso. También había en el país varones
consagrados a la prostitución ritual, e hicieron conforme a todas
las prácticas abominables de las naciones que Jehovah había echado
de delante de los hijos de Israel» (1 R 14.23–24 rva; cf. 2 R
16.3–4; 21.1–15). Las naciones que se mencionan eran «cananeos»;
en esta forma «cananeo» llegó a ser sinónimo de toda suerte de
perversión moral y religiosa.
Este hecho se refleja en
Zac 14.21: «Y en aquel día no habrá más mercaderes [«cananeos»] en
la casa de Jehová de los Ejércitos». A un «cananeo» no se le
permitía entrar en el tabernáculo o templo; nunca más podría
entrar en la casa del Señor uno de su pueblo que practicase las
abominaciones de los «cananeos».
Esta profecía habla de
los últimos días y se cumplirá en la Nueva Jerusalén, según Ap
21.27: «Jamás entrará en ella cosa impura o que hace abominación y
mentira» (cf. Ap 22.15).
Los dos vocablos, «Canaán»
y «cananeo» se encuentran en el Nuevo Testamento en Hechos 7.11 y
13.19.
Cantar
Verbo
ranan
(÷n"r;), «cantar, gritar, clamar».
Este verbo se encuentra tanto en hebreo antiguo como moderno, en
el que tiene el sentido de «salmodiar, cantar». Aparece alrededor
de 50 veces en el antiguo Testamento hebraico; cerca de la mitad
de estos casos están en los Salmos donde hay un énfasis particular
sobre «cantar» y «gritar» loores al Señor.
Ranan aparece por primera
vez en Lv 9.24 al final de la consagración de Aarón y de sus hijos
al sacerdocio. Cuando el fuego cayó y consumió el sacrificio, el
pueblo «gritó de gozo, y se postraron sobre sus rostros [rva; «dio
gritos de júbilo» bla, bj, «alabaron» rvr]»
Ranan
sirve a menudo para expresar gozo, júbilo, según parece con
canciones a viva voz particularmente en alabanza a Dios: «Grita y
canta, oh habitante de Sion, pues el Santo de Israel es grande en
medio de ti» (Is 12.6 rva). Cuando la Sabiduría convoca, clama a
viva voz a todos los que quieren escuchar (Pr 8.3). ¡Gritar de
júbilo (Sal 32.11 lbd) es permitir que nuestro gozo se exteriorice!
shéÆr
(ryvi), «cantar». Este vocablo
aparece con frecuencia en el hebreo antiguo y moderno, así como en
el antiguo ugarítico. Aunque aparece casi 90 veces en el Antiguo
Testamento hebraico, no se comienza a usar sino hasta Éx 15.1: «Entonces
Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico a Jehová». ¡Tal
vez fuera necesario el milagro del éxodo de Egipto para que los
israelitas tuvieran de qué «cantar»!
Más de veinticinco por
ciento de los ejemplos de shéÆr
se encuentran en los Salmos, a menudo en forma imperativa, como
convocatoria al pueblo a expresar su loor a Dios en cánticos. Uno
de estos ejemplos se puede encontrar en Sal 96.1: «¡Cantad a
Jehová un cántico nuevo! ¡Cantad a Jehová, toda la tierra!» (rva).
A menudo shéÆr está en
paralelismos con zamar, «cantar»
(Sal 68.4, 32).
Participio
shéÆr
(ryvi), «cantantes». En los libros
de Crónicas, shéÆr se usa
unas 33 veces como participio con referencia los «cantores»
levíticos (1 Cr 15.16). De vez en cuando se mencionan «cantoras»
(2 S 19.35; 2 Cr 35.25; Ec 2.8).
Nombre
shéÆr
(ryvi), «canción». El nombre se
halla unas 30 veces en el título de algunos salmos, así como en
otras partes del Antiguo Testamento.
ShéÆr tiene la acepción de «canción» gozosa en Gn
31.27: «¿Por qué has huido a escondidas, engañándome, sin avisarme?
Yo te habría despedido con alegría y cantares, con tamborín y con
arpa». En Jue 5.12 el término se refiere a un «cántico» triunfal y
en Neh 12.46 el vocablo se usa con relación a una «canción»
religiosa de adoración.
El libro «Cantar de los
Cantares» (como se conoce en hebreo) es una «canción» de amor que
sigue suscitando preguntas sobre si debería estar incluido en el
canon. Algún significado especial debe tener para ameritar un
título como este. En lugar de justificar su lugar en el canon
afirmando que es una alegoría sobre el amor entre Dios e Israel y
por extensión, entre Cristo y la Iglesia, quizás mejor sería
reconocer solo que es, ni más ni menos, una «canción» de amor, y
que el amor tiene su lugar en el plan de Dios para hombres y
mujeres maduros.
Carga
massa<
(aC;m'), «carga; peso; tributo;
deleite». Los 43 casos de este vocablo están diseminados a través
de la Biblia hebraica.
El término se refiere a
lo que porta una persona, un asno, una mula o un camello: «Si
vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le
dejarás sin ayuda?» (Éx 23.5: primera mención del término). Se
puede colgar la «carga» de un clavo (Is 22.25). El término se
aplica metafóricamente a las «cargas» espirituales: «Porque mis
iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se
han agravado sobre mí» (Sal 38.4).
Massa<
significa «carga» en el sentido de una responsabilidad pesada,
difícil de sobrellevar. Moisés pregunta a Dios: «¿Por qué has
hecho mal a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia ante tus ojos,
para que hayas puesto la carga de todo este pueblo sobre mí?» (Nm
11.11 rva).
Una vez el término
representa el «tributo» que se lleva («carga») a un señor: «Y
traían de los filisteos presentes a Josafat, y tributos de plata»
(2 Cr 17.11).
En Ez 24.25
massa< tiene una acepción
singular: «Y con respecto a ti, oh hijo de hombre, el día en que
yo quite de ellos su poderío, el gozo de su esplendor, la delicia
de sus ojos y el anhelo de sus almas [el deseo de su corazón], y
también a sus hijos y a sus hijas» (rva).
massa<
(aC;m'), «expresión; oráculo». Este
nombre, que se relaciona muy de cerca con lo anterior, se usa 21
veces. Massa< significa «expresión»,
«sentencia» u «oráculo»: «Acuérdate que cuando tú y yo íbamos
juntos cabalgando detrás de su padre Acab, Jehová pronunció contra
él esta sentencia» (2 R 9.25 rva). En Jer 23.33–38 el término
pareciera connotar una carga y también un oráculo.
Carne
basar
(rc;B;) «carne; pene». Hay cognados
de este término en ugarítico, arábigo y arameo. Aparece unas 270
veces durante todos los períodos del hebreo bíblico.
El vocablo significa la «parte
carnosa del cuerpo humano con la piel»: «Entonces Jehová Dios hizo
que sobre el hombre cayera un sueño profundo; y mientras dormía,
tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar» (Gn 2.21:
primer uso del término). El vocablo puede aplicarse también a la «parte
carnosa» de los animales (Dt 14.8). Génesis 41.2 habla de siete
vacas «hermosas a la vista, y muy gordas». En Nm 11.33
basar se refiere a la
«carne» de las codornices que Israel aún masticaba. De modo que
«carne» se refiere tanto a los vivos como a los muertos.
Basar a menudo se refiere
a la «parte comestible» de los animales. Los hijos de Elí no
conocían la Ley de Dios concerniente a la porción de los
sacerdotes, de modo que «mientras era cocida la carne, el criado
del sacerdote [Elí] iba con un tenedor de tres dientes en su mano»
(1 S 2.13 rva). Sin embargo, insistían «aun antes que quemaran el
sebo … «Da al sacerdote carne para asar, porque no tomará de ti
carne cocida, sino cruda»» (literalmente «viviente», 1 S 2.15 rva).
Basar representa entonces
la «carne» animal comestible, ya sea cocida (Dn 10.3) o cruda. A
veces el término tiene la acepción de «carne» vedada (cf. Éx
21.28).
El vocablo puede
representar solo una parte del cuerpo. En ciertos casos se
considera que el cuerpo consiste de dos partes, «carne» y hueso: «Esta
es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada
Mujer, porque fue tomada del hombre» (Gn 2.23 rva). Esa porción
del elemento «carnal», el prepucio, debía removerse mediante
circuncisión (Gn 17.11). En otro grupo de pasajes se habla de tres
elementos del cuerpo: «carne», «piel» y «huesos» (Lm 3.4). Números
19.5 menciona la «carne», el «cuero», la «sangre» y el «estiércol»
de una novilla. En Job 10.11 leemos: «De piel y de carne me
vestiste, y me entretejiste con huesos y tendones».
«Carne» a veces se
refiere a «pariente consanguíneo»: «Labán le dijo [a Jacob]:
Ciertamente eres hueso mío y carne mía» (Gn 29.14). Por sí solas,
las frases «tu carne» o «nuestra carne» pueden tener la misma
acepción: «Venid, vendámoslo a los ismaelitas. No pongamos nuestra
mano sobre él, porque es nuestro hermano, nuestra carne» (Gn 37.27
rva). La frase see<r basar
se traduce como una parienta «consanguínea» (Lv 18.6 bj; «parienta
próxima» rv-95, rvr; «parienta cercana» nrv, rva; «pariente
directa» bla).
Unas 50 veces «carne» se
refiere al «aspecto físico» de seres humanos o animales, en
contraposición al espíritu, alma y, metafóricamente, corazón.
Refiriéndose a seres humanos, encontramos este uso en Nm 16.22 (rva):
«Oh Dios, Dios de los espíritus de todo ser humano [«toda carne»
nrv]: Cuando un solo hombre peca, ¿te has de enfurecer contra toda
la congregación?» En pasajes como este,
basar resalta la «parte visible y estructural» de
una persona o de un animal.
En unos pocos pasajes el
vocablo parece significar «piel» o la parte visible del cuerpo: «Por
la voz de mi gemido, mis huesos se han pegado a mi carne» (Sal
102.5; 119.120). En un pasaje como Lv 13.2 se distingue claramente
entre los respectivos significados de «carne» y «piel»
A veces
basar representa el «pene
u órgano masculino»: «Hablad a los hijos de Israel y decidles que
cualquier hombre cuyo cuerpo [carne] tiene flujo seminal, quedará
impuro a causa de su flujo» (Lv 15.2).
El término «toda carne»
tiene varios significados. En Dt 5.26 quiere decir «toda la
humanidad»: «Porque, ¿quién es el ser humano para que oiga, como
nosotros, la voz del Dios vivo … ?» En otro lugar esta frase se
refiere a «todo ser viviente dentro del cosmos», es decir, a todas
las personas y los animales (Gn 6.17).
Carnero
<ayil
(lyIa'), «carnero». Este vocablo,
que tiene cognados en ugarítico, egipcio y cóptico, aparece en el
hebreo bíblico unas 164 veces durante todos los períodos.
<Ayil
se refiere a un bovino masculino o «carnero». El término aparece
por vez primera en Gn 15.9 donde Dios dice a Abram: «Tráeme una
vaquilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres
años, una tórtola y un pichón» (rva). Estos animales se usaban a
menudo para sacrificios (cf. Gn 22.13). Se comían (Gn 31.38) y la
lana se usaba para hacer ropa (cf. 2 R 3.4). De ahí que, por su
gran valor, Jacob escogiera «carneros» como parte de su ofrenda de
paz a Esaú (Gn 32.14).
Muchos pasajes usan
<ayil como metáfora para
hombres déspotas o poderosos: «Los jefes de Edom se aterran; los
poderosos de Moab son presas del pánico» (Éx 15.15). El rey de
Babilonia deportó a los reyes de Judá, a sus príncipes y «a los
poderosos del país» (Ez 17.13). En la primera cita, el término
representa a jefes, en el sentido de líderes políticos supremos,
mientras que la segunda cita parece indicar personajes de rango
inferior. Un personaje más poderoso aparece en Ez 31.11, donde
<ayil representa a un ser
humano poderoso y de gran envergadura que destruiría a Asiria
implacablemente: «Yo lo entregaré en manos del poderoso de las
naciones, que de cierto le tratará según su maldad. Yo lo he
desechado».
yoÆbel
(lbe/y), «carnero; cuerno de
carnero, trompeta; año de jubileo». En arameo tardío, fenicio y
arábigo hay cognados de este vocablo. Los 27 casos del nombre
aparecen todos antes del libro de Jueces.
En primer término, este
vocablo significa «cuerno de carnero», o corneta, como en Éx 19.13
(la primera vez que se usa): «Solo podrán subir al monte cuando la
corneta suene prolongadamente» (rva; «bocina» rvr; «cuerno» bj,
nbe, bla, nrv). En Jos 6.5, «cuerno de carnero» lo compone el
término hebreo para «cuerno» con
yoÆbel como modificador.
Segundo, el vocablo
significa «año de jubileo». La ley concerniente a esta institución
se encuentra en Lv 25.8–15; 27.16–25. El cincuentenario del Día de
Expiación se declararía año del jubileo. Todas las tierras debían
devolverse a los propietarios originales de la heredad, ya sean
individuos o familias, aun cuando fuesen esclavos. El valor de un
terreno con miras a venderlo o dedicarlo a Dios se basaba en la
productividad prevista antes del año de jubileo. Entre jubileos la
tierra se podía redimir según su valor productivo. La propiedad
urbana, sin embargo, se debía redimir dentro de un año de su venta
o pérdida. La propiedad levítica no estaba sujeta a estas reglas.
Los israelitas que cayeran en la esclavitud tendrían que
liberarlos durante el año de jubileo o bien redimirlos en el
intervalo.
Casa
bayit
(tyIB'), «casa o edificio; hogar;
familia; tierra». Este nombre tiene cognados en casi todas las
lenguas semíticas incluyendo el arameo bíblico. Hay 2.048 casos de
bayit en hebreo bíblico
(44 en arameo), en todas las épocas.
En primer lugar, el
nombre denota una estructura fija y estable hecha de algún tipo de
material. Por lo general, como «lugar permanente de habitación»,
se hace una distinción entre una casa y una tienda (2 S 16.21; cf.
v. 22). El vocablo puede también denotar una casa de una sola
habitación: «[Lot] les dijo: He aquí, señores míos, venid, por
favor, a la casa de vuestro siervo» (Gn 19.2).
Bayit se distingue también
de enramadas o chozas provisionales: «Entonces Jacob se dirigió a
Sucot y edificó allí una casa para sí. Hizo también cabañas para
su ganado» (Gn 33.17). En Sal 132.3 el término significa «lugar de
morada y vivienda» en relación estrecha con «tienda» (literalmente
«tienda de mi casa»): «No entraré en mi morada [«la morada de mi
casa» rvr; «el techo de mi casa» bj], ni subiré a mi cama» (rva).
Un caso semejante se encuentra en 1 Cr 9.23 (rva): «Así ellos y
sus hijos fueron porteros por turno en la casa de Jehová, es decir,
en la casa del tabernáculo» (literalmente «la casa tienda»).
Segundo, en muchos
pasajes (sobre todo cuando este término va acompañado del vocablo
Dios) bayit se refiere a
un lugar de adoración o «santuario»: «Traerás lo mejor de las
primicias de tu tierra a la casa de Jehová tu Dios» (Éx 23.19). En
otros pasajes este nombre tiene que ver con el templo de Dios en
Jerusalén: «Contra el muro del edificio construyó galerías
alrededor de los muros del templo, es decir, del lugar santo y del
santuario interior» (1 R 6.5). A veces el término tiene esta
acepción aunque sin definirlo (cf. Ez 41.7).
Tercero,
bayit puede significar las
habitaciones y/o alas de una casa: «Nombre el rey oficiales en
todas las provincias de su reino, para que reúnan en Susa, la
capital, a todas las jóvenes vírgenes de hermosa apariencia, en el
harén» (literalmente «la casa de las mujeres»; Est 2.3). De la
misma manera, bayit puede
referirse al interior, a diferencia del exterior, de una casa u
otra estructura: «Hazte un arca de madera de árbol conífero. Haz
compartimentos al arca, y cúbrela con brea por dentro y por fuera»
(Gn 6.14: la primera vez que aparece el término).
Cuarto,
bayit a veces señala el
lugar en que algo o alguien mora o descansa. Es así como el
submundo, el Seol, se denomina «casa»: «Aunque espere, el Seol
será mi casa; tenderé mi cama en las tinieblas» (Job 17.13 rva).
La «casa eterna» es la tumba: «El hombre se va a su morada eterna,
y los que hacen duelo rondan alrededor de la plaza» (Ec 12.5 rva).
«Casa» puede también significar «lugar» cuando se usa con «tumba»,
como en Neh 2.3: «Viva el rey para siempre. ¿Cómo no estará triste
mi rostro, cuando la ciudad donde están los sepulcros de mis
padres está destruida … ?» En Is 3.20
bayit significa un receptáculo [«frasquito» rva, nbe;
«frasco» bla; «pomito» rvr, nrv]. En 1 R 18.32, «casas de semilla»
se traduce «medidas» (rvr, nrv, rva), «arrobas» (bj) o «fanegas» (nbe)
de «grano, semilla o sembrado». «Casas» se llama en hebreo donde
se empotran los travesaños de una construcción: «Recubrirás de oro
los tablones. Harás también de oro sus aros [«casas»] en los
cuales se han de meter los travesaños. También recubrirás de oro
los travesaños» (Éx 26.29 rva). En sentido similar, ver «los
lugares [casas] de los dos caminos» o la encrucijada de dos
caminos en Pr 8.2. Una estepa o lugar desértico lleva el nombre de
«casa de bestias»: «Yo puse el Arabá como su casa, y las tierras
saladas como su morada [casa de bestias]» (Job 39.6 rva).
Quinto,
bayit a menudo se refiere
a quienes moran en una casa, toda la familia que vive junta: «Entra
en el arca tú, y toda tu familia» (Gn 7.1). En pasajes como Jos
7.14 el vocablo significa «familia»: «Os acercaréis, pues, mañana,
por vuestras tribus. La tribu que Jehová tome se acercará por sus
clanes. El clan que Jehová tome se acercará por sus familias [literalmente,
por casa o por los que viven bajo el mismo techo]» (rva). Con un
matiz similar el término significa «descendientes»: «Cierto hombre
de la tribu [familia, rv; casa, bj] de Leví tomó por esposa a una
mujer levita» (Éx 2.1 rva). El vocablo puede referirse a la
familia extendida y aun a todos los habitantes de una localidad en
particular: «Vinieron los hombres de Judá y ungieron allí a David
como rey sobre la casa de Judá» (2 S 2.4). Por otro lado, Gn 50.4
usa a bayit con el sentido
de «corte real», es decir, todos los cortesanos de un rey: «Y
pasados los días de su duelo, José habló a los de la casa del
faraón». Se juntan las dos acepciones de «corte real» y «descendencia»
en 1 S 20.16: «Así Jonatán hizo un pacto con la casa de David».
En un grupo de pasajes
bayit significa «territorio»
o «país»: «¡Lleva la corneta a tus labios! Viene como un águila
contra la casa de Jehová» (Os 8.1; 9.15; Jer 12.7; Zac 9.8).
Celar, Celo
Verbo
qana<
(an:q;), «tener celos, envidia; ser
celoso, apasionado». Estos dos verbos se derivan del nombre
qin<ah, que aparece 34
veces en el Antiguo Testamento. La raíz se encuentra en varias
lenguas semíticas con el significado de «ser celoso» (arameo y
etiópico). La raíz se encuentra en ugarítico o arábigo, es
cuestionable si el radical tiene el significado de «ser celoso»;
en ugarítico el significado es incierto y el significado en
arábigo, «enrojeció intensamente», no se explica etimológicamente.
El verbo qana< aparece en
el hebreo rabínico.
A un nivel interhumano
qana< tiene un sentido
altamente competitivo. En su acepción más positiva el término
significa «estar lleno de celo de justicia». La ley permite que un
marido que sospecha de su esposa de adulterio puede llevarla a un
sacerdote que le administra una prueba de verificación. Fueran o
no fundadas sus acusaciones, el marido tendría un medio legítimo
de asegurarse de la verdad. Se dice de él que «un espíritu de
celos» le ha sobrevenido porque se siente «celoso» de su mujer (Nm
5.30). Sin embargo, aun en este contexto (Nm 5.12–31), los «celos»
provienen de un espíritu de rivalidad que no puede tolerarse en
una relación conyugal. Los celos deben aclararse mediante una vía
establecida por la ley y administrarse por sacerdotes. Por lo
tanto, el significado esencial de
qana< es la defensa de los derechos propios en
exclusión de los derechos de los demás: «Efraín no tendrá más
celos de Judá, ni Judá hostilizará a Efraín» (Is 11.13 rva). Saúl
intentó asesinar el enclave gabaonita «debido a su celo por los
hijos de Israel y de Judá» (2 S 21.2). El término también
significa una actitud de envidia de un rival. Raquel, en su estado
de esterilidad, «tuvo envidia de su hermana» (Gn 30.1) y bajo ese
estado se acercó a Jacob: «¡Dame hijos; o si no, me muero!» Los
filisteos envidiaron a Isaac por la multitud de sus rebaños y
ganado (Gn 26.14).
Encontramos en la Biblia
una severa advertencia en cuanto a sentir envidia de los pecadores,
que tal vez prosperen y sean fuertes, pero desaparecerán mañana:
«No envidies al hombre violento, ni escojas ninguno de sus caminos»
(Pr 3.31 rva; cf. Sal 37.1).
En cuanto a las
relaciones de seres humanos con Dios, el celo tiene un alcance más
positivo; connota la promoción de Dios y de su gloria por encima
de cualquier sustituto. La tribu de Leví obtuvo el derecho de
servir porque «tuvo celo por su Dios» (Nm 25.13). Elías pensó que
era el único siervo fiel que quedaba en Israel: «He sentido un
vivo celo por Jehová Dios de los Ejércitos, porque los hijos de
Israel han abandonado tu pacto» (1 R 19.10). No obstante, el
sentido de qana< es «poner
celoso» o «provocar a ira»: «Le provocaron a celos con dioses
ajenos; le enojaron con abominaciones» (Dt 32.16).
La connotación negativa
del verbo no contamina a Dios. Su santidad no tolera competencia
ni a los que pecan contra Él. En ningún pasaje de todo el Antiguo
Testamento se dice que Dios siente envidia. Aun en los pasajes
donde el adjetivo «celoso» se usa, es más apropiado no entenderlo
como envidia. Cuando Dios es el sujeto del verbo
qana<, significa «ser
celoso» en sentido positivo y la preposición
le («a, por»)
precede al objeto: su santo nombre (Ez 39.25); su tierra (Jl
2.18); y su heredad (Zac 1.14). Cf. Zac 8.2: «Así ha dicho Jehová
de los Ejércitos: Yo tuve un gran celo por Sion; con gran enojo
tuve celo por ella».
En la Septuaginta, el
término celos («celo,
ardor, celos») revela las acepciones hebreas, así como los
términos en castellano (al contrario del inglés en que los
términos se confunden).
Nombre
qin<ah
(Ha;nÒqi), «ardor; celo; celos,
envidia». El nombre aparece 43 veces en el hebreo de la Biblia.
Deuteronomio 29.20 es un ejemplo: «Jehová no estará dispuesto a
perdonarle, sino que subirán entonces cual humo el furor y el celo
de Jehová contra ese hombre» (rva).
Adjetivo
qanna<
(aN:q'), «celoso». Este adjetivo
aparece 6 veces en el Antiguo Testamento. El término se refiere
directamente a los atributos divinos de justicia y santidad,
puesto que Él es el único objeto de la adoración humana y no
tolera los pecados de la humanidad. Encontramos un ejemplo en Éx
20.5: «Porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen».
El adjetivo
qannoÆ< también significa
«celoso». El vocablo aparece solo dos veces con implicaciones
semejantes a qanna<. Josué
24.19 es un ejemplo: «Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis
servir a Jehová, porque Él es un Dios santo y un Dios celoso. Él
no soportará vuestras rebeliones ni vuestros pecados» (rva). El
otro ejemplo de qannoÆ<
está en Nah 1.2.
Cielos
shamayim
(µyIm'v;), «cielos; cielo, bóveda
celeste». Este vocablo semítico muy generalizado se encuentra en
lenguajes tales como ugarítico, acádico, arameo y arábigo. Se
halla 420 veces durante todos los períodos del hebreo bíblico.
Primero,
shamayim es la palabra
hebrea corriente para la «bóveda celeste» y el «ámbito celeste»
donde vuelan las aves. Dios prohíbe a Israel hacer «semejanza de
cualquier figura … ni en forma de cualquier animal que esté en la
tierra, ni en forma de cualquier ave alada que vuele en los cielos»
(Dt 4.17 rva). Cuando los cabellos de Absalón se enredaron en las
ramas de un árbol, quedó suspendido entre «cielo» y tierra (2 S
18.9). Este ámbito, por encima de la tierra pero debajo de los
cuerpos celestes, es a menudo lugar de visiones: «David alzó sus
ojos y vio al ángel de Jehová que estaba entre el cielo y la
tierra, con una espada desenvainada en su mano, extendida sobre
Jerusalén» (1 Cr 21.16).
Segundo, el término
representa un ámbito aun más alejado de la superficie terrestre.
De aquí es de donde provienen fenómenos como la escarcha (Job
38.29), la nieve (Is 55.10), el fuego (Gn 19.24), el polvo (Dt
28.24), el granizo (Jos 10.11) y la lluvia: «Fueron cerradas las
fuentes del océano y las ventanas de los cielos, y se detuvo la
lluvia de los cielos» (Gn 8.2). Este es el depósito de Dios; Él es
el que administra los recursos y es Señor de este ámbito (Dt
28.12). Este significado de shamayim
aparece en Gn 1.7–8: «E hizo Dios la bóveda, y separó las aguas
que están debajo de la bóveda, de las aguas que están sobre la
bóveda. Y fue así. Dios llamó a la bóveda Cielos» (rva).
Tercero,
shamayim también
representa el ámbito donde el sol, la luna y las estrellas se
encuentran: «Entonces dijo Dios: Haya lumbreras en la bóveda del
cielo para distinguir el día de la noche» (Gn 1.14). Estas
imágenes se repiten a menudo en la narración de la creación y en
los pasajes poéticos. Es así que los «cielos» se extienden como
una cortina (Sal 104.2) o se plegan como un rollo de pergamino (Is
34.4 rva).
Cuarto, la frase «cielo y
tierra» puede referirse a toda la creación, como en el caso de Gn
1.1: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra».
Quinto, «el cielo» es la
morada de Dios: «El que habita en los cielos se reirá, el Señor se
burlará de ellos» (Sal 2.4; cf. Dt. 4.39). Nótelo de nuevo en Dt
26.15: «Mira desde tu santa morada, desde el cielo, y bendice a tu
pueblo Israel». Otra expresión que representa la morada de Dios es
«los cielos de los cielos», lo cual indica un absoluto, es decir,
la morada de Dios es un ámbito tan incomparable que no se puede
identificar con la creación física: «He aquí, de Jehová tu Dios
son los cielos, y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo
que en ella hay» (Dt 10.14).
Circuncidar
muÆl
(lWm), «circuncidar, cortar». Este
verbo aparece más de 30 veces en el Antiguo Testamento. Su uso
continúa en el hebreo rabínico y moderno. Sin embargo, el verbo «cortar»
no se encuentra en otras lenguas semíticas.
La mayoría de los casos
en el Antiguo Testamento están en el Pentateuco (20 veces) y Josué
(8). MuÆl aparece con
mayor frecuencia en Génesis (17 veces, con 11 de estas solamente
en Génesis 17) y Josué (8 veces).
MuÆl aparece en 3 de las 7 formas de verbos y en varias
que son poco comunes. No tiene derivados a no ser
muÆlot en Éx 4.26: «Ella
había dicho «esposo de sangre» a causa de la circuncisión» (rva).
Dios introdujo el acto
físico de circuncisión como señal del pacto abrahámico: «Este será
mi pacto entre yo y vosotros … y tus descendientes después de ti:
Todo varón de entre vosotros será circuncidado. Circuncidaréis
vuestros prepucios, y esto será la señal del pacto entre yo y
vosotros» (Gn 17.10–11 rva). El «corte» del prepucio del varón era
permanente y, como tal, serviría de recordatorio de la perpetuidad
de la relación mediada por el pacto. Se insta a Israel a «circuncidar»
fielmente a todos los varones; todo varón recién nacido debía «circuncidarse»
en el octavo día (Gn 17.12; Lv 12.3). No solamente se «circuncidaron»
los descendientes sanguíneos de Abraham, sino también sus siervos,
esclavos y extranjeros que moraban dentro de la comunidad del
pacto (Gn 17.13–14).
Este acto especial de
circuncisión era una señal de la promesa gratuita de Dios. Con
esta promesa y las relaciones del pacto, Dios esperaba que su
pueblo cumpliera, con gozo y de buena gana, sus expectativas, y
así demostrara el reinado divino sobre la tierra. Varios autores
bíblicos usan el verbo «circuncidar» para describir las actitudes
del «corazón». La «circuncisión» del cuerpo es una señal física
del compromiso con Dios. Deuteronomio en particular tiene una
afinidad hacia el uso espiritual de «circuncidar»: «Circuncidad,
pues, el prepucio de vuestro corazón y no endurezcáis más vuestra
cerviz» (Dt 10.16; cf. 30.6). Jeremías adopta el mismo lenguaje: «Circuncidaos
para Jehová; quitad el prepucio de vuestro corazón, oh hombres de
Judá … por la maldad de vuestras obras» (Jer 4.4 rva).
Son pocas las veces en
que el verbo se aparta de los usos físico y espiritual de «circuncidar».
MuÆl en el libro de Salmos
significa «cortar, destruir; circuncidar»: «Todas las naciones me
rodearon; en el nombre de Jehová yo las destruiré» (Sal 118.10 rva;
«yo los romperé» rv; cf. vv. 11–12).
El verbo se traduce como
peritemno en la
Septuaginta. El verbo y el nombre
peritome se usan para el sentido físico y el espiritual.
Además, es también una metáfora para el bautismo: «En él también
fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha con manos …
mediante la circuncisión que viene de Cristo. Fuisteis sepultados
juntamente con Él en el bautismo, en el cual también fuisteis
resucitados juntamente con Él, por medio de la fe en el poder de
Dios que lo levantó de entre los muertos» (Col 2.11–12 rva).
En las versiones en
castellano, el verbo se representa como «circuncidar», «cortar», «cercenar»,
«destruir», «destrozar», «rechazar» (rv, bj, bla, nbe).
Clamar
sha>aq
(q['x;), «gritar, clamar, llamar».
Este vocablo, que está presente tanto en el hebreo bíblico como en
el moderno, tiene el sentido de «gritar, vociferar». El término es
casi paralelo al vocablo de sonido muy similar,
za>aq, que también se
traduce como «clamar». El verbo sha>aq
se encuentra unas 55 veces en el Antiguo Testamento hebraico y
aparece por primera vez en Gn 4.10: «La voz de la sangre de tu
hermano clama a mí desde la tierra».
A menudo se usa este
término con el sentido de «grito de auxilio». A veces es el ser
humano que «clama» a otro ser humano: «El pueblo clamaba al faraón
por alimentos» (Gn 41.55). Con mayor frecuencia es el ser humano
que «clama» a Dios por ayuda: «Entonces los hijos de Israel
temieron muchísimo y clamaron a Jehová» (Éx 14.10 rva). Los
profetas siempre se refieren con sarcasmo a los que adoran ídolos:
«Aunque alguien le invoque, no responde» (Is 46.7). El mismo
término se usa a menudo para expresar «angustia» o «necesidad»: «Esaú
… profirió un grito fuerte y muy amargo» (Gn 27.34).
za>aq
(q['zÉ), «gritar, clamar, llamar».
Este término está diseminado a lo largo de toda la historia de la
lengua hebrea, incluyendo el hebreo moderno. Se encuentra
alrededor de 70 veces en el Antiguo Testamento hebraico. Por
primera vez aparece en el relato del sufrimiento durante el
cautiverio israelita en Egipto: «Los hijos de Israel gemían a
causa de la esclavitud y clamaron a Dios» (Éx 2.23).
Za>aq
es tal vez el vocablo más usado para indicar un «grito de auxilio»
por una emergencia, especialmente «clamar» por ayuda divina. Dios
a menudo escuchó este «clamor» en el tiempo de los jueces, cuando
Israel se encontraba en problemas debido a su desobediencia (Jue
3.9, 15; 6.7; 10.10). El vocablo también se usa en súplicas
encaminadas a dioses paganos (Jue 10.14; Jer 11.12; Jn 1.5). Que
za>aq significa más que un
volumen normal de comunicación, lo indica la forma de apelar al
rey (2 S 19.28).
El término puede connotar
un «grito» de angustia (1 S 4.13), un «grito» de horror (1 S 5.10)
o de tristeza (2 S 13.19). En sentido figurado, se dice de una
casa que se ha edificado con «injusta ganancia», que «la piedra
clamará desde el muro» (Hab 2.9–11).
Codo
<ammah
(hM;a'), «codo, medida lineal». El
término tiene cognados en acádico, ugarítico y arameo. Se
encuentra unas 245 veces en todos los períodos del hebreo bíblico,
pero en particular en Éx 25—27; 37—38 (las medidas del tabernáculo);
1 R 6—7 (medidas del templo y palacio de Salomón); y Ez 40—43 (medidas
del templo de Ezequiel).
Hay un pasaje en que
<ammah significa «pivote»
(gozne): «Los quicios de las puertas se estremecieron con la voz
del que clamaba» (Is 6.4 rv-95).
En casi todos los demás
casos, el vocablo significa «codo», la unidad primaria de medida
lineal en el Antiguo Testamento. Algunos estudiosos mantienen que
el sistema israelita de medición lineal estaba fundamentalmente
basado en el egipcio. Tomando en cuenta la historia de Israel,
esta es una posición razonable. En términos generales, un «codo»
era la distancia entre el codo (del brazo humano) hasta la punta
del dedo del medio. Puesto que esta distancia variaba de individuo
en individuo, el «codo» era una medida un tanto imprecisa. Sin
embargo, la primera vez que aparece <ammah
(Gn 6.15) tiene que ver con las medidas del arca de Noé, lo cual
sugiere que el término se refiere a una medida más exacta que el «codo»
común y corriente.
En Egipto existía un «codo»
oficial. Para ser exactos, había tanto un «codo» más corto (45 cm)
como uno más largo (53 cm). La inscripción de Siloé declara que el
acueducto de Siloé medía 1.200 codos. Si dividimos su longitud en
metros (533,45) por esta medida, podemos deducir que ya para la
época de Ezequías (cf. 2 Cr 32.4) el «codo» medía aproximadamente
44, 5 cm, a saber el «codo» más corto. Ezequiel probablemente usó
el «codo» babilónico en su descripción del templo. El «codo»
egipcio más corto medía apenas unos 8 cm menos que el «codo» más
largo, mientras que el «codo» babilónico corto medía más o menos
80% (el ancho de una mano) del «codo» real u oficial: «He aquí que
por fuera y alrededor del templo había un muro. En la mano del
hombre había una caña para medir, la cual tenía 6 codos (de un
codo regular más un palmo menor)» (Ez 40.5 rva). En otras palabras,
su anchura era siete palmos en lugar de seis.
Compasión, Misericordia
Verbo
rajam
(µj'r;), «tener compasión, ser
misericordioso, sentir lástima». Las palabras que se derivan de
esta raíz se encuentran 125 veces en todas partes del Antiguo
Testamento. El radical también se halla en asirio, acádico,
etiópico y arameo.
Una vez el verbo se
traduce «amor»: «Te amo, oh Jehová» (Sal 18.1).
Rajam también se encuentra
en la promesa que Dios hace a Moisés de declararle su nombre: «Yo
haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el
nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que
tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente»
(Éx 33.19). Por eso oramos: «Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades
y de tus misericordias, que son perpetuas» (Sal 25.6); y también
Isaías profetiza la restauración mesiánica: «Con gran compasión te
recogeré … pero con misericordia eterna me compadeceré de ti, dice
tu Redentor Jehovah» (Is 54.7–8 rva). Este es el corazón de la
salvación mediante el Mesías y Siervo Sufriente.
Nombre
rejem
(µj,r,), «entrañas; misericordia».
El primer uso de rejem es
con su significado principal de «vientre»: «Porque Jehová había
cerrado por completo toda matriz en la casa de Abimelec a causa de
Sara, mujer de Abraham» (Gn 20.18). En otro sentido metafórico, 1
R 3.26 dice: «Sus entrañas se conmovieron por su hijo» (rv). Una
traducción más idiomática sería: la madre se sintió «conmovida por
la suerte que iba a correr su hijo» (bla). A decir verdad, la gran
mayoría de los casos son referencias metafóricas a un «tierno amor»
como el que siente una madre por el hijo que ha parido.
rajaméÆm (µymij}r'),
«entrañas; misericordia; compasión». Este nombre, que siempre se
usa en el plural intensivo, aparece en Gn 43.14: «Que el Dios
Todopoderoso os conceda hallar misericordia». En Gn 43.30 el
término se usa con referencia a los sentimientos de José hacia
Benjamín: «Se conmovió profundamente a causa de su hermano».
RajaméÆm se usa
con mayor frecuencia acerca de Dios, como lo hace David en 2 S
24.14: «Caigamos en mano de Jehová, porque grande es su
misericordia». Encontramos el término arameo equivalente en la
plegaria de Daniel para que sus amigos implorasen misericordia del
Dios de los cielos con respecto a este misterio (Dn 2.18).
La versión griega del
rajam del Antiguo
Testamento consiste principalmente de tres grupos de vocablos que
se ven en el Nuevo Testamento. Eleos,
el más importante, se usa para traducir varios términos hebraicos.
La canción de María nos recuerda la promesa de Sal 103.11, 17,
donde se emplea eleos para
traducir rejem y
hesed como «misericordia»:
«Su misericordia es de generación en generación, para con los que
le temen» (Lc 1.50). Rajam
está quizás detrás de la plegaria a menudo oída: «¡Ten
misericordia de nosotros, hijo de David!» (Mt 9.27).
Adjetivo
rajuÆm
(µWjr'), «compasivo; misericordioso».
Este adjetivo aparece en la importante proclamación del nombre de
Dios a Moisés: «Jehová, Jehová, Dios compasivo y clemente, lento
para la ira y grande en misericordia y verdad» (Éx 34.6 rva).
Confesar
yadah
(hd;y:) «confesar, alabar,
agradecer». Esta raíz, que muchas veces la rvr traduce «confesar»
o «confesión», a menudo tiene también la acepción de «alabar» o «dar
gracias». A primera vista, estos significados no parecen tener
ninguna relación. Pero, si ahondamos un poco más nos daremos
cuenta de que estos significados se interpretan mutuamente.
Los significados de
yadah coinciden en parte
con varios vocablos hebreos que significan «alabanza», como es el
caso con halal (del cual
proviene aleluya). A veces,
los objetos de yadah son
seres humanos, pero es mucho más común que el objeto sea Dios.
El contexto suele ser la
adoración pública en la que los adoradores afirman y renuevan su
relación con Dios. El sujeto no es, en primera instancia, el
individuo aislado, sino la congregación. Particularmente en los
himnos y acciones de gracias de los Salmos es evidente que
yadah es un recuento y
consiguiente acción de gracias a Jehová por sus grandes obras de
salvación.
La afirmación o confesión
de la inmerecida bondad de Dios dramatiza la indignidad del ser
humano. De ahí que una confesión de pecado puede articularse con
el mismo aliento que una confesión de fe o expresión de alabanza y
gratitud. Esta confesión no es un catálogo moralista y
autobiográfico de pecados cometidos (infracciones individuales de
un código legal), sino más bien una confesión de la pecaminosidad
fundamental en que toda la humanidad está sumergida, separándonos
de un Dios santo. Aun por sus juicios, que despiertan en nosotros
arrepentimiento, Dios debe ser alabado (p. ej. Sal 51.4). Así que
nadie debe sorprenderse de encontrar alabanzas en contextos
penitenciales y viceversa (1 R 8.33ss; Neh 9.2ss; Dn 9.4ss). Si la
alabanza inevitablemente trae consigo la confesión de pecado, lo
contrario también es cierto. La palabra segura de perdón provoca
la alabanza y acción de gracias del confesante. Estas expresiones
brotan casi automáticamente del nuevo ser de la persona
arrepentida.
A menudo el objeto
directo de yadah es el «nombre»
de Jehová (p. ej., Sal 105.1; Is 12.4; 1 Cr 16.8). En un sentido,
esta expresión sencillamente es sinónima de alabar a Jehová. Sin
embargo, hay otro sentido en que ello introduce toda la dimensión
de lo que el «nombre» evoca en el lenguaje bíblico. Nos hace
recordar que una humanidad pecaminosa no puede aproximarse a un
Dios santo. Únicamente lo podrá hacer por su «nombre», esto es su
Palabra y reputación que es un anticipo de la encarnación. Dios se
revela solo en su «nombre» y particularmente en el santuario que
Él ha escogido para «poner en él su nombre» (una frase que es muy
frecuente, sobre todo en Deuteronomio).
El panorama de
yadah se extiende tanto
vertical como horizontal; verticalmente hasta abarcar a toda la
creación y extendiéndose horizontalmente en el tiempo hasta aquel
día en que la adoración y la acción de gracias serán eternas (p.
ej. Sal 29; 95.10; 96.7–9; 103.19–22).
Congregación
>edah
(jd;[e) «congregación».
Etimológicamente, este vocablo significaría una «congregación de
personas» reunidas con algún propósito. Se asemeja en esto a los
términos griegos synagoge
y ekklesia, de los cuales
provienen «sinagoga» e «iglesia». En uso corriente,
>edah se refiere a un «grupo
de personas». Aparece 140 veces en el Antiguo Testamento, con
mayor frecuencia en el libro de Números. Aparece por primera vez
en Éx 12.3, donde el término es un sinónimo de
qahal, «asamblea».
La acepción más
generalizada de >edah es «grupo»,
ya sea de animales (un enjambre de abejas [Jue 14.8], una manada
de toros [Sal 68.30], una bandada de aves [Os 7.12]) o de
personas, por ejemplo de justos (Sal 1.5), malhechores (Sal 22.16)
y de naciones (Sal 7.7).
Las menciones más
frecuentes son de la «congregación de Israel» (9 veces), «la
congregación de los hijos de Israel» (26 veces), «la congregación»
(24 veces) o «toda la congregación» (30 veces). Moisés colocó a
ancianos (Lv 4.15), cabezas de familia (Nm 31.26) y príncipes (Nm
16.2; 31.13; 32.2) sobre la «congregación» con el fin de ayudarle
con un gobierno justo. La Septuaginta traduce el término como
synagoge («lugar de
asamblea»). La rv, en sus varias revisiones, lo traduce como «concurso»
y «congregación»; otras versiones usan los términos «asamblea» (bj,
nbe), «comunidad» (bla) y «pueblo» (lvp).
moÆ>ed
(d[e/m), «lugar acordado de reunión,
reunión». El nombre moÆ>ed
se encuentra 223 veces en el Antiguo Testamento y en el Pentateuco
160. En orden de frecuencia, aparece 27 veces en los libros
históricos.
La palabra
moÆ>ed conserva su
significado básico señalado, pero varía en lo acordado según el
contexto: tiempo y lugar o bien la propia reunión. El uso del
término en Amós 3.3 es revelador: «¿Andarán dos juntos, a menos
que se pongan de acuerdo?» El contexto es ambiguo. No está claro
si hay acuerdo sobre tiempo y lugar de reunión, ni si aun se va a
realizar.
El significado de
moÆ>ed se encuadra dentro
del contexto de la religión de Israel. En primer término, las
fiestas llegaron a conocerse como «fiestas señaladas» o prefijadas.
Estas fiestas se establecieron claramente en el Pentateuco. El
término se refiere a cualquier «fiesta» o peregrinaje festivo,
como la Pascua o la Fiesta de las Primicias (Lv 23.15ss), la
Fiesta de los Tabernáculos (Lv 23.33ss) o el Día de Expiación (Lv
23.27). Al mismo tiempo, Dios condena a las personas que observan
el moÆ>ed con excesivo
ritualismo: «Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas señaladas
las aborrece mi alma; se han vuelto una carga para mí, estoy
cansado de soportarlas» (Is 1.14 lba).
El vocablo
moÆ>ed también significa
un «lugar determinado». Este uso es menos frecuente: «Tú has dicho
en tu corazón: Subiré al cielo en lo alto; hasta las estrellas de
Dios levantaré mi trono y me sentaré en el monte de la asamblea [moÆ>ed],
en las regiones más distantes del norte» (Is 14.13 rva). «Porque
yo sé que me conduces a la muerte, y a la casa determinada a todo
viviente» (Job 30.23).
En ambas acepciones de
moÆ>ed «tiempo fijado» y «lugar
fijado», el denominador común es la «reunión» de dos o más
personas en determinado lugar y tiempo; de ahí el uso de
moÆ>ed como simple «reunión».
Sin embargo, la similitud entre los significados de «tiempo fijo»,
«lugar fijo» y «reunión» causa verdaderos problemas de traducción
en cada contexto. Por ejemplo, «contra mí convocó una asamblea»
(Lm 1.15 rva), podría leerse: «Ha convocado contra mí un tiempo
determinado» (lba) o «Llamó contra mí compañía» (rv).
La frase «tabernáculo de
testimonio» (rv) es una traducción del hebreo
<ohel moÆ>ed («tabernáculo
de reunión» rva; «tienda de reunión» lba). La frase aparece 139
veces, sobre todo en Éxodo, Levítico y Números, pocas veces en
Deuteronomio. Significa que el Señor tiene un «lugar designado»
que representa su presencia y por medio del cual Israel tiene la
certeza de que su Dios está con ellos. El hecho de que el espacio
se denominó «tienda de reunión» significa que el Dios de Israel
estaría entre su pueblo y que el pueblo se aproximaría a Él en un
tiempo y espacio «fijado» (ya>ad)
en el Pentateuco. Cuando los traductores se dieron cuenta de que
el nombre >edah («congregación»
o «reunión») procede de la misma raíz que
moÆ>ed, escogieron la
frase «tabernáculo de reunión» (Éx 28.43). Los traductores de la
Septuaginta enfrentaron una dificultad similar. Notaron la
relación de moÆ>ed con la
raíz >uÆd («testificar»),
por lo que tradujeron la frase <ohel
hamoÆ>ed como «tabernáculo del testimonio». Esta frase
se acogió en el Nuevo Testamento: «Después de esto miré, y el
santuario del tabernáculo del testimonio fue abierto en el cielo»
(Ap 15.5).
De los tres significados,
el más fundamental es «tiempo determinado». Porque la frase «tienda
de reunión» enfatiza el «lugar de reunión». La «reunión» en sí
generalmente se asocia con «tiempo» y «lugar».
La Septuaginta contiene
las siguientes traducciones de moÆ>ed:
kairos («tiempo»),
eorte («fiesta;
festival»). Las traducciones católicas usan: «tienda del encuentro»
(nbe, cf. lvp), «tienda de reunión» (bj), «tienda de las citas
divinas» (bla).
Conocer, Saber
nakar
(rk'n:), «conocer, considerar,
reconocer, atender». Este verbo, que se encuentra tanto en hebreo
moderno como antiguo, aparece aproximadamente 50 veces en el
Antiguo Testamento hebraico. La primera vez es en Gn 27.23: «No lo
reconoció» (lba).
El significado básico del
término tiene que ver con percepción mediante la vista, el tacto o
el oído. A veces la oscuridad hace imposible el reconocimiento (Rt
3.14). A menudo se reconocen a las personas por sus voces (Jue
18.3). Nakar a veces tiene
la acepción de «prestar atención a»; es una forma especial de
reconocimiento: «¡Bendito sea el que se haya fijado en ti!» (Rt
2.19 rva).
El verbo puede significar
«reconocer» una especie de percepción intelectual: «Ni su lugar lo
volverá a reconocer» (Job 7.10 rva; cf. Sal 103.16). El sentido «distinguir»
se encuentra en Esd 3.13: «Y por causa del griterío, el pueblo no
podía distinguir la voz de los gritos de alegría de la voz del
llanto del pueblo» (rva).
yada>
([d'y:), «saber, entender,
comprender, conocer». Este verbo aparece en ugarítico, acádico,
fenicio, arábigo (infrecuentemente) y en hebreo en todos los
períodos. En la Biblia, el vocablo aparece unas 1.040 veces (995
en hebreo y 47 en arameo).
En esencia,
yada> significa: (1) saber
por observación y reflexión, y (2) saber por experiencia. Un
ejemplo de la primera acepción sería Gn 8.11, donde Noé «comprendió»
que las aguas habían disminuido después de ver la hoja de olivo en
el pico de la paloma; lo «supo» después de observar y reflexionar
sobre lo que había visto. En efecto, no vio ni experimentó
personalmente que las aguas habían menguado. En contraste con este
«saber» que es fruto de la reflexión, encontramos el «saber» que
viene de la experiencia con los cinco sentidos, de examinar y
demostrar, de reflexionar y considerar (saber de primera mano).
Por tanto yada> se usa
como un paralelismo sinónimo de «oír» (Éx 3.7), «ver» (Gn 18.21),
«percibir» y «ver» (Job 28.7). José informó a sus hermanos que uno
de ellos tendría que permanecer en Egipto para que él pudiera
«saber» si ellos eran o no hombres honrados (Gn 42.33). En el
huerto de Edén, a Adán y Eva se les prohibió comer del árbol cuyo
fruto les daría la experiencia del mal y, por ende, el
conocimiento del bien y del mal. Por lo general, el corazón juega
un papel importante en «saber» (comprender). Debido a que
experimentaron la presencia sustentadora de Dios durante su
peregrinaje en el desierto, los israelitas «comprendieron» en sus
corazones que Dios les estaba disciplinando y cuidando como un
padre vela por un hijo (Dt 8.5). Un corazón desviado puede
estorbar esta comprensión (Sal 95.10).
Hay un tercer significado
que apunta al tipo de «saber» que uno aprende y puede expresar.
Por ejemplo, Caín dijo que no «sabía» que era guarda de su hermano
(Gn 4.9) y Abram le dijo a Sarai que «reconocía» que ella era una
mujer hermosa (Gn 12.11 rva). Uno puede llegar a «saber» cuando se
lo cuentan, en Lv 5.1 un testigo ve o de alguna manera «sabe» (porque
se lo contaron). En esta acepción «saber» tiene un sentido
paralelo a «reconocer» (Dt 33.9) y «aprender» (Dt 31 12–13). De
ahí que los niños pequeños que aún no saben hablar no «distinguen»
(rva; «conocen» lba; «saben» rv) el bien y el mal (Dt 1.39),
porque no lo han aprendido de modo que lo puedan comunicar a otros.
En otras palabras, su conocimiento no es tal como para distinguir
entre el bien y el mal.
Además del «saber»
esencialmente cognoscitivo ya discutido, el verbo tiene un lado
que es puramente empírico. El que «sabe» se involucra con (o en)
el objeto de este «saber». Este es el caso de Potifar que «no se
preocupaba de nada» (lba) (literalmente no «sabía de nada» (rv)
acerca de lo que había en su casa (Gn 39.6), no tenía contacto
personal con ello. En Gn 4.1, cuando Adán «conoce» [yada>]
a Eva, es porque también ha tenido un contacto directo o relación
sexual con ella. En Gn 18.19 Dios dice que «conoce» (rv) a
Abraham; se preocupa por él en el sentido de haberle escogido de
entre otros hombres y se aseguró de que ciertas cosas le
sucedieran. Lo que se subraya es que Dios le «conoce» íntima y
personalmente. Por cierto, este es un concepto paralelo a «santificar»
(cf. Jer 1.5). De modo similar, el término se usa para connotar la
relación de Dios con Israel como nación escogida o elegida (Am 3.2
rva).
Yada>,
en su radical intensivo y causativo, se usa para expresar un
concepto particular de revelación.
Dios no se dio a conocer
por su nombre Jehová a Abraham, Isaac y Jacob, aunque sí les
reveló [el contenido de] este nombre mostrándoles que era el Dios
del pacto. No obstante, el pacto no se cumplió (no poseyeron la
tierra prometida) sino hasta el tiempo de Moisés. La declaración
en Éx 6.3 sugiere que desde ahora Él se revelaría por «su nombre»;
los guiaría hasta poseer la tierra. Dios se da a conocer mediante
hechos de revelación, por ejemplo, ejecutando juicio contra los
impíos (Sal 9.16) y liberando a su pueblo (Is 66.14). También se
revela a través de la palabra hablada, por ejemplo, los
mandamientos que dio a través de Moisés (Ez 20.11) por las
promesas como las que dio a David (2 S 7.21). Dios así revela su
persona por la ley y la promesa.
«Conocer a Dios» es tener
un íntimo conocimiento práctico de Él. Es así que Faraón niega
conocer a Jehová (Éx 5.2) y rehúsa reconocer su autoridad sobre él.
En sentido positivo, «conocer» a Dios es lo mismo que temer (1 R
8.43), servir (1 Cr 28.9) y confiar (Is 43.10).
Nombre
da>at
(t['D'), «conocimiento». Varios
nombres se derivan de yada>
y el más frecuente es da<at,
que aparece 90 veces en el Antiguo Testamento. Un ejemplo está en
Gn 2.9: «El árbol del conocimiento del bien y del mal» (rva). El
vocablo también aparece en Éx 31.3.
Participio
madduÆa>
(['WDm'), «por qué». Este término,
que aparece 72 veces, está relacionado con el verbo
yada>. Éxodo 1.18 es un
ejemplo: «¿Por qué habéis hecho esto de dejar con vida a los niños
varones?»
Corazón
Nombre
leb
(ble), «corazón; mente; en medio
de». Leb y su sinónimo
lebab aparecen 860 veces
en el Antiguo Testamento. La ley, los profetas y los salmos hablan
a menudo acerca del «corazón». La raíz aparece también en acádico,
asirio, egipcio, ugarítico, arameo, arábigo y en el hebraico
posbíblico. Los nombres arameos correspondientes aparecen siete
veces en el libro de Daniel.
La primera vez que
aparece «corazón» es en relación con seres humanos, en Gn 6.5: «Y
vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y
que todo designio de los pensamientos del corazón era de ellos era
de continuo solamente el mal». En Gn 6.6
leb se usa en relación con Dios: «Y se arrepintió
Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su
corazón».
«Corazón» puede referirse
al órgano del cuerpo: «Y llevará Aarón los nombres de los hijos de
Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón» (Éx 28.29); «Joab
… tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de
Absalón» (2 S 18.14); «Mi corazón está acongojado» (Sal 38.10).
Leb
también puede referirse al interior («en medio») de algo: «Se
cuajaron los abismos en el corazón del mar» (Éx 15.8 lba); «El
monte ardía con fuego hasta el corazón de los cielos» (Dt 4.11 rva);
«Serás como el que yace en medio del mar» (Pr 23.34).
Lebab puede señalar el
fuero interno, en contraste con lo externo, como en Dt 30.14: «Porque
muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para
que la cumplas» (cf. Jl 2.13); «El hombre mira lo que está delante
de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1 S 16.7). A menudo
lebab y «alma» se usan
juntos para mayor énfasis, como en 2 Cr 15.12: «E hicieron pacto
para buscar al Señor, Dios de sus padres, con todo su corazón y
con toda su alma» (lba; cf. 2 Cr 15.15).
Nepesh («alma»; vida; ser) se traduce varias veces
como «corazón» en la rv. En cada caso, connota el «fuero interno»
(«hombre interior»): «Porque cual es su pensamiento en su corazón
[nepesh]), tal es él» (Pr
23.7; «en su alma» rv; «en su mente» rva; «íntimos» rv-95; «dentro
de sí» lba; «en sí mismo» LBL).
Leb
puede referirse a la persona o a su personalidad: «Entonces
Abraham se postró sobre su rostro y se rió diciendo en su corazón»
(Gn 17.17 rva); también, «mi corazón ha percibido mucha sabiduría
y ciencia» (Ec 1.16). Leb
se usa además en este sentido en cuanto a Dios: «Os daré pastores
según mi corazón» (Jer 3.15).
«Corazón» puede connotar
la fuente de deseo, inclinación o voluntad: «El corazón de Faraón
es terco» (Éx 7.14 lba); «todo aquel que sea de corazón generoso,
traiga … ofrenda al Señor» (Éx 35.5 lba; cf. vv. 21, 29); «Te
alabaré, oh Jehová, Dios mío, con todo mi corazón» (Sal 86.12).
Leb se usa también cuando
Dios se expresa: «Ciertamente los plantaré en esta tierra, con
todo mi corazón y con toda mi alma» (Jer 32.41 lba). Cuando dos
personas están de acuerdo se dice que sus «corazones» están bien
el uno con el otro: «¿Es recto tu corazón, como mi corazón es
recto con tu corazón?» (2 R 10.15 rva). En 2 Cr 24.4 (rv), «Joas
tuvo voluntad de reparar la casa de Jehová» (en heb.: «tuvo en su
corazón»).
El «corazón» se tiene
como el centro de las emociones: «Amarás a Jehová tu Dios de todo
tu corazón» (Dt 6.5); «Al verte, [Aarón] se alegrará en su corazón»
(Éx 4.14; cf. 1 S 2.1). De la misma suerte hay corazones «alegres»
(Jue 16.25), corazones «temerosos» (Is 35.4) y corazones que «tiemblan»
(1 S 4.13).
El «corazón» se tiene
como el centro del conocimiento y de la sabiduría y como sinónimo
de «mente». Esta acepción aparece a menudo cuando los verbos «conocer»
y «saber» acompañan a «corazón»: «Reconoce asimismo en tu corazón»
(Dt 8.5); y «Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para
entender» (Dt 29.4). Salomón oró: «Da, pues, a tu siervo corazón
entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno
y lo malo» (1 R 3.9; cf. 4.29). La memoria es una actividad del «corazón»,
como en Job 22.22: «Pon sus palabras en tu corazón».
El «corazón» se tiene
como el centro de la conciencia y del carácter moral. ¿Cómo
responde uno a la revelación de Dios y del mundo que nos rodea?
Job responde: «No me reprochará mi corazón en todos mis días»
(27.6). Lo contrario aparece con David al que «le pesó en su
corazón» (2 S 24.10 lba). El «corazón» es la fuente de las
acciones del ser humano: «En la integridad de mi corazón y con
manos inocentes yo he hecho esto» (Gn 20.5 lba; cf. v. 6). David
anduvo «con rectitud de corazón» (1 R 3.6); y Ezequías «con
corazón íntegro» delante de Dios (Is 38.3). Únicamente la persona
«de manos limpias y corazón puro» (Sal 24.4 lba) puede estar en la
presencia de Dios.
Leb
puede referirse al centro de la rebelión y del orgullo. Dijo Dios:
«Porque la intención del corazón del hombre es mala desde su
juventud» (Gn 8.21 lba). Tiro es como todo ser humano: «Por cuanto
tu corazón se enalteció, y porque, a pesar de ser hombre y no Dios,
dijiste: «Yo soy un dios … »» (Ez 28.2 rva). Todos llegan a ser
como Judá cuyo pecado «está grabado en la tabla de su corazón» (Jer
17.1).
Dios controla el «corazón».
Por su «corazón» natural, la única esperanza del ser humano está
en la promesa de Dios: «Os daré corazón nuevo … y quitaré de
vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne»
(Ez 36.26). Por esto el pecador ora: «Crea en mí, oh Dios, un
corazón puro» (Sal 51.10); y «Afirma mi corazón para que tema tu
nombre» (Sal 86.11). También, como dice David: «Yo sé, oh Dios mío,
que tú pruebas el corazón y que te agrada la rectitud» (1 Cr
29.17). Por tanto, el pueblo de Dios busca su aprobación: «Escudriña
mi mente y mi corazón» (Sal 26.2). El «corazón» simboliza el fuero
interno del ser humano, su propia persona. Como tal, es la fuente
de todo lo que hace (Pr 4.4). Todos sus pensamientos, deseos,
palabras y acciones fluyen desde lo más profundo de su ser. Con
todo, ninguna persona logra entender su propio «corazón» (Jer
17.9). Al seguir el ser humano su propio camino, su «corazón» se
endurece cada vez más. Pero Dios circuncidará (recortará la
inmundicia) del «corazón» de su pueblo, para que le amen y
obedezcan con todo su ser (Dt 30.6).
Adverbio
leb
(ble), «tiernamente; amistosamente;
confortablemente». Leb se
usa como adverbio en Gn 34.3: «Pero se sintió ligado a Dina … se
enamoró de la joven y habló al corazón de ella» (rva; «le habló
tiernamente lba»). En Rt 2.13, «al corazón» (rv, rva, nrv)
significa «amistosamente» o «bondadosamente»: «Has hablado con
bondad a tu sierva». El vocablo significa «confortablemente» en 2
Cr 30.22 y en Is 40.2.
Cordero
kebes
(cb,K,), «cordero; cabrito; chivito».
El cognado acádico de este nombre significa «cordero», mientras
que el cognado arábigo quiere decir «carnero joven». El término
aparece 107 veces en el hebreo veterotestamentario y sobre todo en
el Pentateuco.
El
kebes es un «corderito»
que casi siempre sirve para fines sacrificiales. La primera vez
que se usa en Éxodo tiene que ver con la Pascua: «El cordero será
sin defecto, macho de un año; tomaréis un cordero o un cabrito» (Éx
12.5 rva). El vocablo gedéÆ,
«chivito», es un sinónimo de kebes:
«Entonces el lobo habitará con el cordero [kebes],
y el leopardo se recostará con el cabrito [gedéÆ].
El ternero y el cachorro del león crecerán juntos, y un niño
pequeño los conducirá» (Is 11.6 rva). La traducción tradicional de
«cordero» no deja en claro su género. En hebreo el término
kebes es maculino,
mientras que el femenino es kibsah,
«cordera»; véase Gn 21.28: «Entonces puso Abraham siete corderas
del rebaño aparte».
En la Septuaginta
encontramos las siguientes traducciones:
amnos («cordero»),
probaton («oveja») y arnos
(«cordero»). Las diferentes versiones de la rv se valen de los dos
sentidos: «cordero; oveja».
Crear
bara<
(ar;B;), «crear, hacer». Este verbo
tiene un significado teológico muy profundo, puesto que su único
sujeto es Dios. Solo Él puede «crear» en el sentido que está
implícito en bara<. El
verbo expresa creación de la nada (ex
nihilo), una idea que se percibe con claridad en los
pasajes relacionados con la creación en escala cósmica: «En el
principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gn 1.1; cf. Gn 2.3;
Is 40.26; 42.5). Todos los demás verbos que significan «creación»
permiten una gama de significados mucho más amplia; tienen sujetos
divinos y humanos y se usan en contextos que no tienen que ver con
la creación de la vida.
Bara’ se usa a menudo
paralelamente con los siguientes verbos:
>asah, «hacer» (Is 41.20; 43.7; 45.7, 12; Am 4.13);
yatsar, «formar» (Is 43.1,
7; 45.7; Am 4.13); y kuÆn,
«establecer». Isaías 45.18 contiene todos estos vocablos: «Porque
así ha dicho Jehovah –el que ha creado [bara<]
los cielos, Él es Dios; el que formó [yatsar]
la tierra y la hizo [>asah],
Él la estableció [kuÆn];
no la creó [bara<] para
que estuviera vacía, sino que la formó [yatsar]
para que fuera habitada–: «Yo soy Jehovah, y no hay otro … »» (rva).
Tal vez no se haya mantenido en este pasaje el significado técnico
de bara< («crear de la
nada»); quizás el uso aquí sea una connotación popularizada en
forma de sinónimo poético.
Los complementos directos
de este verbo son los cielos y la tierra (Gn 1.1; Is 40.26; 42.5;
45.18; 65.17); el hombre (Gn 1.27; 5.2; 6.7; Dt 4.32; Sal 89.47;
Is 43.7; 45.12); Israel (Is 43.1; Mal 2.10); «cosa nueva» (Jer
31.22); nube y humo (Is 4.5); norte y sur (Sal 89.12); salvación y
justicia (Is 45.8); hablar (Is 57.19); tinieblas (Is 45.7); viento
(Am 4.13); y un corazón nuevo (Sal 51.10). Un estudio cuidadoso de
los pasajes donde bara<
figura muestra que en las pocas veces que el término se usa en
forma no poética (principalmente en Génesis), el escritor usa un
lenguaje científicamente preciso para demostrar que Dios creó el
objeto o concepto de materia que antes no había existido.
Llama poderosamente la
atención el uso de bara<
en Is 40–65. De las 49 veces que aparece el vocablo en el Antiguo
Testamento, 20 se hallan en estos capítulos. Cuando Isaías escribe
proféticamente a los judíos en el cautiverio, habla palabras de
consuelo basadas en los beneficios y bendiciones del pasado para
el pueblo de Dios. Isaías desea recalcar que, puesto que Yahveh es
el Creador, Él puede liberar a su pueblo del cautiverio. El Dios
de Israel ha creado todas las cosas: «Yo hice [>asah]
la tierra y creé [bara<]
al hombre sobre ella. Son mis propias manos las que han desplegado
los cielos, y soy yo quien ha dado órdenes a todo su ejército» (Is
45.12 rva). Los dioses de Babilonia son nulidades impotentes
(44.12–20; 46.1–7) y por tanto, Israel puede esperar que Dios va a
triunfar realizando una nueva creación (43.16–21; 65.17–25).
Aunque
bara< es un tecnicismo
correcto y preciso que sugiere una creación cósmica y material
ex nihilo, el término es
también un vehículo teológico rico en su comunicación del poder
soberano de Dios, quien origina y regula todas las cosas para su
gloria.
qanah
(hn:q;), «conseguir, adquirir,
ganar». Son los significados básicos que predominan en el Antiguo
Testamento, pero ciertos pasajes poéticos hace tiempo vienen
sugiriendo que el significado del verbo es «crear». En Gn 14.19,
Melquisedec, al bendecir a Abram, dice: «Bendito sea Abram del
Dios Altísimo, creador [«poseedor», rv] de los cielos y de la
tierra» (rva). Génesis 14.22 repite este epíteto divino.
Deuteronomio 32.6 confirma el significado de «crear» cuando
qanah se usa como paralelo
de >asah, «hacer»: «¿Acaso
no es Él tu Padre, tu Creador (qanah)
quien te hizo (>asah) y te
estableció (kuÆn)?» (rva).
Salmos 78.54; 139.13 y Pr 8.22–23 también sugieren la idea de
creación.
Las lenguas cognadas en
general mantienen el mismo significado de «conseguir, adquirir»
que en hebreo. Es más, qny
es el término ugarítico principal para expresar creación. La
estrecha relación de hebreo con ugarítico y el significado
contextual de qanah como «crear»
en los pasajes veterotestamentarios arriba citados argumentan el
uso de qanah como sinónimo
de «crear», que comparte con barah<,
>asah y
yatsar.
>asah
(hc;[;), «crear, hacer, fabricar».
Este verbo, que aparece más de 2600 veces en el Antiguo Testamento,
se usa como sinónimo de «crear» alrededor de 60 veces. No hay nada
inherente en el vocablo que indique a qué tipo de creación se
refiere; es solo cuando está acompañado de
bara< que podemos estar
seguros de que significa creación.
Es lamentable, pero el
término no lo apoyan lenguas cognadas contemporáneas al Antiguo
Testamento y su etimología no es muy clara. Puesto que
>asah describe las
actividades humanas (y divinas) más comunes, no se presta para
significados teológicos, excepto cuando acompaña a
bara< o a otros términos
cuyos significados técnicos están bien establecidos.
Los casos más
instructivos de >asah
aparecen en los primeros capítulos de Génesis. En Gn 1.1 se usa el
vocablo bara< para
presentar el relato de la creación, y Gn 1.7 señala los detalles
de su ejecución: «E hizo Dios un firmamento» (rv-95; «expansión»,
rv). Si la «bóveda» (rva) se hizo o no de material exis- tente, no
puede determinarse porque solo se usa
>asah. Sin embargo, está claro que el verbo expresa
creación por su uso en este contexto y está acompañado por el
tecnicismo bara<. Lo mismo
se puede decir de otros versículos en Génesis: 1.16 (las lumbreras
en el cielo); 1.25; 3.1 (los animales); 1.31; 2.2 (toda su obra);
y 6.6 (el hombre). Sin embargo, en Gn 1.26–27,
>asah tiene que significar
creación ex nihilo, ya que
se usa como sinónimo de bara<.
El texto reza así: «Hagamos [>asah]
al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza … Creó [bara<],
pues, Dios al hombre a su imagen» (rva). De manera similar Gn 2.4
declara: «Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra
cuando fueron creados [bara<],el
día que Jehová Dios hizo [>asah]
la tierra y los cielos» (Gn 2.4). Finalmente, Gn 5.1 coloca los
dos términos en un mismo plano: «El día que Dios creó [bara<]
al hombre, a semejanza de Dios lo hizo [«>asah»].
La yuxtaposición insólita de bara<
y >asah en Gn 2.3 se
refiere a toda la la creación que Dios «creó» «haciéndolo».
En conclusión, no hay
base para refinar demasiado el significado de
>asah diciendo que quiere
decir creación desde algo, a diferencia de creación de la nada.

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