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Lenguaje de TV preocupa a los padres

 

AFP

 

 


El lenguaje de la TV preocupa cada vez más a los padres de Estados Unidos.

 

Por Patricia Reaney
Reuters NUEVA YORK -

La mayoría de los padres en Estados Unidos cree que la programación de la televisión está empeorando en términos de "lenguaje grosero y temas de adultos'', según un nuevo informe.

También hay algunas cosas buenas

Sin embargo, 82 por ciento de los padres comentó que habían visto al menos un programa de televisión en el año pasado que ``impartió un buen mensaje a su hijo''.

La mitad de los padres dijo estar preocupada porque sus hijos pasan demasiado tiempo viendo televisión.

De cualquier modo, casi la mitad de los padres en este nuevo sondeo dijo estar preocupada por el hecho de que sus hijos pasan demasiado tiempo viendo televisión.

La mitad de los niños en Estados Unidos, según el sondeo, tiene un televisor en el dormitorio, lo que ha sido recientemente vinculado a la probabilidad de sobrepeso.

El sondeo de 1.607 padres de niños con edades de cinco a 17 años fue conducido por Public Agenda, un grupo que realiza sondeos, no lucrativo y no partidario, del Family Friendly Programming Forum, un grupo de 40 grandes anunciantes nacionales de las cadenas en inglés.

El sondeo es parte de un informe amplio titulado Es mucho más fácil decir que hacer, que está dirigido a investigar cómo enfrentan los padres estas situaciones con sus hijos, dijo el director de investigación de Public Agenda en la ciudad de Nueva York.

La televisión en el dormitorio

Según el sondeo de los padres, 40 por ciento de los niños de cinco a nueve años, 50 por ciento de los de 10 a 12 años y 58 por ciento de los de 13 a 17 años tenían un televisor en su dormitorio.

Aunque 71 por ciento de los padres dijo que se impresionó mucho por algo que vieron en la televisión, sólo 13 por ciento se quejó a la la estación de televisión.

"Hallamos que hay definitivamente una sensación abrumadora entre los padres que entrevistamos con 90 por ciento que dicen que la televisión va cada vez peor con lenguaje desagradable y temas de adultos'', dijo Farkas.

"Los padres reportaron que las horas entre las ocho y las 10 (de la noche) ya no son horas seguras para que sus hijos puedan ver la televisión'', agregó.
Aunque 71 por ciento de los padres informó que se habían impresionado mucho por algo que vieron en la televisión, sólo un 13 por ciento comentó que hizo un esfuerzo para establecer contacto con la estación de televisión ofensora para quejarse de las escenas.

Sólo 22 por ciento dijo que estaba considerando prohibir por completo la televisión en su hogar.

Los padres que, al parecer, tienen los mejores logros para manejar sus preocupaciones relacionadas con la televisión tenían ''firmes convicciones y la capacidad de explicar a su hijo por qué y por qué no un cierto programa de televisión se consideraba adecuado o no adecuado para verse'', dijo Farkas.

"Estos mismos padres fueron más propensos a tomar decisiones deliberadas para tener sólo un televisor'', comentó Farkas. "Esto les permitió la capacidad de supervisar los programas de televisión que veían y si la familia entera no se podía sentar a ver un programa particular, nadie de la familia podía verlo''.

Los padres en el sondeo fueron entrevistados por teléfono durante julio y agosto del 2002.

Evite llevar el estrés a la casa

En las actuales condiciones es muy difícil que no estemos estresados en mayor o menor medida. Pero si llevamos el estrés a nuestro hogar, los resultados pueden ser nocivos para nuestros hijos...

El estrés, al igual que un gran número de enfermedades, es altamente "contagioso". Si los adultos no entienden esto, pueden correr el riesgo de transferir su tensión y ansiedad a sus hijos, lo que, a menudo, provoca resultados calamitosos. Los chicos pueden "infectarse" del estrés de sus padres, -al igual que sucede con cualquier otro problema de salud-, incluso cuando la causa del estrés en cuestión, no implique directamente al niño.

Existen evidencias científicas que demuestran que la capacidad y la memoria de los chicos se puede ver seriamente afectada por la tensión y el estrés parental, que puede incluso alterar los niveles de crecimiento hormonal en los más chicos.

Si bien es cierto que en las actuales condiciones económicas es casi imposible eliminar la tensión de la vida diaria en los adultos, no menos real es que se puede reducir drásticamente su impacto en los hijos, protegiéndolos así de sus peores efectos.

El estrés y nuestros hijos

La sensación de seguridad, de un niño, fundamental para el correcto desarrollo de su infancia, se basa en la creencia que sus padres tienen todo bajo control. De hecho, las investigaciones han demostrado que incluso los bebés pueden detectar cuando sus padres están fuera de control. Por su parte, los chicos más grandes detectan muy fácilmente los sutiles cambios en el humor de sus padres. Saber esto, es fundamental para comenzar a tomar medidas al respecto, que deben ser intensificadas cuando se detecte que los hijos también se encuentran tensos. Lo más importante, será reducir desde el primer momento la lógica agitación de los mismos frente a situaciones familiares conflictivas.

Cuando un adulto se encuentra estresado, automáticamente se transforma en una persona menos tolerante. Si uno entiende que efectivamente tiene menos paciencia durante los momentos de tensión, debería reducir sus expectativas en esos momentos, con respecto al comportamiento de su hijo. Acepte que su pequeño puede no querer comer una comida en cinco minutos, sin hacer algún tipo de lío, o que su hija adolescente no va a pasar menos de media hora en el teléfono, charlando con sus amigas. Todo esto es discutible, pero no en el momento en que usted se encuentra tensionado.

Cómo reducir la tensión

Reduzca en su casa el impacto del estrés producido por el trabajo, intentando hacer algo agradable en el período comprendido entre el momento en que deja su trabajo, y la llegada a su casa. Un momento de esparcimiento entre el trabajo y su hogar, predispondrá mejor su mente y alma, y sus hijos se beneficiarán mucho. Una vez que arribe a su casa, intente no ocultar ningún problema que se haya producido en su trabajo, ya que sus hijos detectarán que algo anda mal, y les incomodará no saberlo. En su lugar, hágales un resumen del problema, sin magnificar nada, y cambie rápidamente de tema.

Trate usted mismo de no fijarse metas inalcanzables, que sepa que lo conducirán a un alto grado de tensión. De hacerlo, la presión será inevitablemente transferida a sus hijos. Asuma que usted no tiene por que ser perfecto, y que sus hijo estarán más felices y en paz si usted mismo lo está.

Trata de que su rutina sea los más simple, sencilla, y distendida posible, siempre muy en familia. Establezca una vida diaria regular y previsible, para que todos sepan qué se espera de usted y de los demás. Una rutina regular, reducirá al máximo la tensión de todo su alrededor.

Déle a sus hijos todo el tiempo que necesiten para hablarle sobre sus dudas, problemas y conflictos. Escuche, preferentemente sin interrumpirlos. La sola atención, sin consejos moralistas, puede ser todo lo que ellos estén necesitando.

Signos de alarma

Finalmente, esté siempre alerta del estrés que ya puedan haber adquirido sus hijos, teniendo en cuenta todas las sutiles señales que señalan esto. Las señales de peligro tienden a entrar en estas cuatro categorías principales:

1. Hiperactividad

Jugar más de lo habitual, es un claro signo de que el chico está buscando atención. Posiblemente, el niño, esté deseando que sus padres se fijen más en él que en sus propios problemas.

2. Ansiedad

Aferrarse demasiado a los padres, gritar, gimotear, o tener problemas para conciliar el sueño, son todos indicadores de que su hijo puede estar afectado por el estrés. Los hábitos nerviosos son también un indicador bastante preciso de la presencia de esta enfermedad.

3. Desgano y retraimiento

Un niño puede mostrar síntomas de desgano y retiro mirando TV. o jugando a la computadora excesivamente, para simplemente evitar introducirse en algún conflicto parental. Temer a concurrir a la escuela es otra muestra de esto mismo.

4. Enfermedades psicosomáticas

Un niño puede señalar constantes dolores de cabeza, de pecho o de estómago, sin causa evidente, lo que demuestra que estas son psicosomáticas. Esto es a menudo una indicación de que ellos han absorbido la tensión de sus padres.

Es fundamental que, cómo persona responsable, esté enterado de cuales son las circunstancias individuales que dan lugar a su propia tensión y ansiedad, (para lo cual podría llegar a necesitar un terapeuta). Haciendo esto, también podrá reducir al mínimo los efectos que estas situaciones tienen en sus hijos.

Cómo enseñarles a nuestros hijos que los fracasos pueden ser parte del éxito

1. Alienta a los niños a que corran riesgos en vez de tomar siempre la vía segura. Los niños que eluden los riesgos siempre tendrán un pobre sentido del amor propio, porque no conocerán la sensación genuina de logro. Aunque quizá no parezca haber relación entre correr riesgos y el amor propio, recuerda que actitudes como ´Soy un desastre en todo´ o ´No puedo hacer eso; quedaría como un estúpido si fallara´ provienen del miedo al fracaso y a probar cosas nuevas.

Si quieres que tus hijos confíen en sí mismos, haz que se ejerciten en el éxito. Estimúlalos para que intenten cosas que no habían hecho nunca, y prodígales los elogios por ensayar proyectos nuevos. Recuérdales con frecuencia que los fallos son normales y que fracasar en una tarea no equivale a fracasar como persona.

2. Desalienta a los niños en todas sus autorrecriminaciones . Cada vez que les oigas decir: ´No puedo hacer nada´, ´Soy un desastre en ortografía´, ´Soy torpe´, ´Soy feo´, ´Soy demasiado delgado´, ´No puedo ir en bici´, estás recibiendo una clave para estimular su autoestima.

Debes responder siempre con un reforzamiento positivo en esos momentos de autorrecriminación. ´Puedes hacer cualquier cosa en que te empeñes.´ ´Puedes resolver esa ecuación si trabajas en ella.´ ´Harás bien el examen si alguien te ayuda con la ortografía; venga, vamos a echarle una ojeada a eso.´ ´Tú no eres torpe; yo te he visto arreglar un montón de cosas.´ Usa frases simples, directas, positivas, que contrarresten los comentarios negativos.

3. Has un esfuerzo para reducir el énfasis en las señales externas del éxito. Recuerda que el amor propio es algo que viene de dentro, y no de las adquisiciones ni de la aprobación. Un niño que crezca creyendo que es valioso sólo si consigue buenas puntuaciones, siempre se sentirá inferior cuando le pongan una nota regular en la libreta de notas.

No siempre se puede ser el número uno ni ganar en una discusión, ni recibir la medalla al mérito, ni formar siempre parte del cuadro de honor, pero siempre se puede pensar en uno mismo como en una persona importante, valiosa.

Los niños que saben que aun sin recompensas externas tendrán amor propio, están en camino de ser su propia medida del éxito, mientras que los que persiguen inexorablemente las valoraciones externas del éxito, van camino de los tranquilizantes, las úlceras y el amor propio menguado. La verdad es que nadie es siempre el número uno en comparación con los demás, pero cualquiera puede ser siempre el número uno ante sus propios ojos, cuando tiene el parámetro dentro de sí.

4. Esfuérzate por reducir el comportamiento quejumbroso de los niños. Un niño que se queja está diciéndote en realidad: ´No me gusta quién soy ni dónde estoy en este momento´. Una persona con elevada autoestima piensa demasiado bien de sí misma como para ir quejándose de todo. Esas personas son realizadores más bien que críticos.

Si oyes las típicas quejas: ´Mamá, Juanita me ha hecho una mueca´,  o ´¡Qué rabia, ayudar a lavar los platos!´, puedes responder con tácticas nuevas. ´¿Por qué prestas atención a las caras que pone Juanita?´ o ´Ayudar a lavar los platos es responsabilidad tuya. Todos tenemos cosas que hacer que preferiríamos evitar, pero pueden ser divertidas.´

Prueba también a no hacer caso de las quejas y los lamentos. Si los chicos se quejan delante de ti con regularidad, es porque quieren que reacciones y les prestes atención por su comportamiento molesto.

Enséñales a los niños que no recompensarás el comportamiento molesto prestándoles atención, así los ayudarás a que se desenvuelvan con eficacia en su mundo, en vez de quejarse de él.

5. Concentra siempre tus críticas en el comportamiento de un niño, y no en su valor como ser humano. La simple afirmación ´¡Eres malo!´ constituye un ataque al valor del niño. La frase más exacta ´Te has portado mal´ llama la atención sobre el comportamiento, que se puede corregir.

Trata de mostrar tu desaprobación del comportamiento de tus hijos cuando haya cosas que necesiten ser corregidas. Sin embargo, afirmaciones como: ´Eres un estúpido´, ´Eres perezosa´, ´Tú no eres bueno para nada´, o ´Es que eres un torpe´, son afirmaciones que reducen el amor propio del niño.

Sustitutos sencillos que ponen énfasis en un comportamiento inadecuado serían: ´Te has portado de manera estúpida´, ´Hoy estás perezosa´,  o ´Ese tipo de comportamiento no lo toleraré´, ´Ibas corriendo distraída y por eso te caíste´. Los niños no deben creer nunca que son intrínsecamente malos.
Autor del artículo: Dr. Wayne Dyer.

 

La verdad... ¿aunque duela?


Mi carácter impulsivo, cuando era niño me hacia reventar en cólera a la menor provocación, la mayoría de las veces después de uno de éstos incidentes, me sentía avergonzado y me esforzaba por consolar a quien había dañado.

Un día mi maestro, que me vio dando excusas después de una explosión de ira, me llevó al salón y me entregó una hoja de papel lisa y me dijo ¡Estrújalo!.
Asombrado obedecí e hice con el una bolita.

Ahora -volvió a decirme- déjalo como estaba antes. Por supuesto que no pude dejarlo como estaba, por más que traté el papel quedó lleno de pliegues y arrugas.

El corazón de las personas -me dijo- es como ese papel... La impresión que en ellos dejas, será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.

Así aprendí a ser más comprensivo y paciente. Cuando siento ganas de estallar, recuerdo ese papel arrugado.

La impresión que dejamos en los demás es imposible de borrar...Más cuando lastimamos con nuestras reacciones o con nuestras palabras... Luego queremos enmendar el error pero ya es tarde... Alguien dijo alguna vez "Habla cuando tus palabras sean tan suaves como el silencio".

Por impulso no nos controlamos y sin pensar arrojamos en la cara del otro palabras llenas de odio o rencor y luego cuando pensamos en ello nos arrepentimos. Pero no podemos dar marcha atrás, no podemos borrar lo que quedó grabado en el otro.

Muchas personas dicen:
- Aunque le duela se lo voy a decir..., -La verdad siempre duele..., -No le gustó porque le dije la verdad..., etc. Si sabemos que algo va a doler, a lastimar, si por un instante imaginamos cómo podríamos sentirnos nosotros si alguien nos hablara o actuará así...¿Lo haríamos?
Otras personas dicen ser frontales y de esa forma se justifican al lastimar:
-Se lo dije al fin..., -para qué le voy a mentir..., -yo siempre digo la verdad aunque duela...

Qué distinto sería todo si pensáramos antes de actuar, si frente a nosotros estuviéramos sólo nosotros y todo lo que sale de nosotros lo recibiéramos nosotros mismos no?

Entonces sí nos esforzaríamos por dar lo mejor y por analizar la calidad de lo que vamos a entregar...
Aprendamos a ser comprensivos y pacientes.. Pensemos antes de hablar y de actuar...

Autor: Cuevas Senger.


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Familia

                     Sección 6

  En esta sección te presentamos las siguientes notas:

  Lenguale de TV preocupa...
  Evite llevar el estrés a...
  Cómo enseñarles a...
  La verdad ¿aunque duela?

                     Nota

En nuestros días la familia enfrenta una gran crisis. Cada año más de un millón de divorcios toman lugar en Estados Unidos y en otros países alrededor del mundo.

Por cada hogar derrumbado, hay muchos más en un lamentable estado de cuarteadura. Aun cuando la institución del hogar no ha muerto y nunca morirá, está enferma, seriamente enferma.

Hoy más que nunca debemos volver a los principios y absolutos de la palabra de Dios. Estos principios pueden todavía ser un fundamento sólido para edificar hogares estables y felices. 

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