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¿Adolescentes enfermos o simplemente diferentes?

Comienza varias tareas pero no termina ninguna, responde antes de escuchar la pregunta, no deja hablar a los demás... En sus estudios anda mal... Eso sí, de todos los hijos, es el más sensible, el más amigo de sus amigos, el que da hasta lo que no tiene...

Autor: José María Moyano Walker

Muchos especialistas opinan que los jóvenes que reúnen algunas de estas características están enfermos, y padecen el síndrome de hiperactividad y déficit de atención. Otros, sin embargo, piensan que sólo se trata de adolescentes con necesidades especiales, generalmente afectivas. Lo que podría ser hasta una aburrida discusión académica, se convierte ahora en una grave disyuntiva para los padres, debido a que el principal tratamiento de este problema es el metilfenidato, una droga psicoestimulante, no exenta de graves efectos adversos. Pero veamos si podemos echar un poco de luz sobre esta polémica, tratando de comprender de qué estamos hablando.

El ADHD es una entidad clínica caracterizada por niños o adolescentes que presentan una atención lábil y dispersa, que no les permite incorporar información en forma correcta o suficiente. Se acompaña de una marcada inquietud, impulsividad, torpeza motora, y poca tolerancia a las frustraciones. Antes se conocía con diferentes denominaciones: Disfunción cerebral mínima, Síndrome hiperquinético, Síndrome del niño hiperactivo, Disritmia, etcétera. El término actual se alcanzó luego de muchos años como un intento de unificar diferentes criterios de opinión.

Lo padecen del 2  al 5 por ciento de los niños en edad escolar, siendo 4 a 8 veces más frecuente en los varones que en las niñas. Los adolescentes lo padecen cada vez más, e incluso se pueden encontrar adultos con estas características. En los Estados Unidos el uso de medicación estimulante creció un 700 por ciento desde 1990. Del 10 al 12 por ciento de los niños en edad escolar reciben medicación estimulante del sistema nervioso, presuntamente debido al síndrome de hiperactividad y déficit de atención.

No se sabe a ciencia cierta por qué se produce. Una corriente de pensamiento entre los científicos considera que existen algunas lesiones cerebrales, pero hasta el momento no se ha podido demostrar tal hecho fehacientemente. Otros piensan que existirían errores del metabolismo de la glucosa a nivel cerebral, tanto que proponen una dieta especial como tratamiento. Una de las teorías más populares en la comunidad médica es la que habla de un déficit de algunas hormonas llamadas catecolaminas, pero lo curioso es que no se producen alteraciones en otras funciones corporales controladas por estas catecolaminas ni se encuentra un nivel disminuido de la misma en sangre. En definitiva, hasta ahora no se ha podido comprobar ninguna causa en forma concreta.

¿Cómo se puede saber si un niño tiene este problema?

Lo primero que debe hacerse ante la sospecha de síndrome de hiperactividad y déficit de atención, es mantenerse tranquilo y enfrentar el problema de la forma más amplia posible. La consulta con el pediatra de cabecera o el médico de adolescentes es fundamental para disipar dudas y temores. Luego, se deben descartar problemas oftalmológicos y auditivos. Posteriormente, pueden realizarse dosajes metabólicos de dopamina, serotonina y noradrenalina, que son las sustancias metabólicas que mencionamos anteriormente, aunque el resultado generalmente es normal. El electroencefalograma, la tomografía computada de cerebro o la resonancia magnética suelen ser normales. En los últimos años se está trabajando con una técnica de diagnóstico por imágenes que se llama Tomografía por Emisión de Positrones, pero hasta el momento no arrojó nuevos elementos diagnósticos.

Otra ayuda importante en el proceso diagnóstico del ADHD es la opinión de los padres, los docentes y los empleadores (en el caso de los adolescentes que trabajan). Para ello, se utilizan diversas escalas y cuestionarios. El DSM- IV, un organismo del Departamento de Salud Pública de los Estados Unidos, propone unos criterios diagnósticos que son los que se utilizan en la actualidad. Tienen el inconveniente de que si son utilizados en forma rígida, el resultado es un sobrediagnóstico de la enfermedad.

 

Adolescencia y violencia

 

Algunas pautas para empezar a cambiar las cosas desde nuestro hogar

Autor:Irene Celcer

Pareciera que  la fuerza del ímpetu adolescente cursa  por dos caminos diferentes  para los varones y para las mujeres.

En las mujeres vemos un descontento con el tema del cuerpo que puede culminar, desgraciadamente, en un trastorno alimentario.

En los varones vemos violencia.

Es importante entender que la violencia de los varones de hoy en día no se debe a las hormonas, ni al famoso y resignado “Y...son varones” sino que se debe, al igual que los trastornos alimentarios en mujeres, a una situación creada socialmente :

A nuestros varones les decimos de muchas maneras, aunque no con palabras, que:

1) No deben llorar, (vemos como padres avergüenzan a sus pequeños diciéndoles que son ‘mariquitas’ si lloran)

2) Deben poder desprenderse de su madres antes (y mas fácilmente) que las niñas. Estudios demuestran que a las niñas se les tolera mas ‘el ser pegotes’ de sus mamas.

3) Los varones deben ser fuertes, (las mujeres son el sexo débil)

3) No deben mostrar sus sentimientos (no es de hombres)

4) No deben hablar demasiado (no es de hombres)

Nuestros varones no tienen permiso para sentir, para interactuar desde un lugar de calidez y empatia. Además tienen que responder , cada vez mas, a nuevas demandas estéticas que no pueden eludir.

Todo lo anterior es un cóctel perfecto para la violencia.

Cuando esta vedada la posibilidad de expresarse o de  decir lo que se siente (cuando ya ni siquiera se sabe) la violencia pasa a ser la forma de expresarse. Con ella los varones hablan de su tristeza, soledad, amargura, aislamiento, dependencia, miedo a crecer, inseguridad, anhelos.

Es hora de que nuestros hijos adolescentes tengan permiso para sentir lo mismo que sentimos las mujeres. Todos somos humanos. Dejemos de criticar a la juventud. Empecemos a ayudarlos.  

 

Los cambios durante la adolescencia

Al entrar en la pubertad todo parece revolucionarse. Algunas precisiones para padres, para saber dónde estamos parados.

Los periodos de inquietud y mal humor son típicos de quienes entran en la adolescencia. Durante esta etapa, se crece y madura rápidamente. A los once años en las mujeres y a los trece en los varones se terminan de manifestar los cambios hormonales que comienzan años antes.

No es sorprendente que, debido a la velocidad de estos cambios, algunos adolescentes lleguen a estar tan preocupados por su apariencia que precisen ser tranquilizados, especialmente si ellos no crecen o maduran tan rápidamente como lo hacen sus amigos.

Puede ser útil el recordar que cada adolescente se desarrolla a una velocidad diferente.

La primera menstruación para las chicas o el cambio de voz en los chicos son acontecimientos importantes y que pueden tener lugar en edades diferentes.

Todo este crecimiento y desarrollo requiere gran cantidad de energía, lo que podría ser la causa de que los adolescentes parezcan necesitar dormir más. 
El que se levanten tarde puede irritar a sus padres, pero generalmente no es fruto de la pereza u holgazanería.

Los primeros desacuerdos suelen surgir cuando los adolescentes comienzan a desarrollar sus propios puntos de vista, que con frecuencia no son compartidos por sus padres. 
Como forma de alcanzar un sentido de identidad diferente del de sus familiares, los adolescentes suelen pasar mucho tiempo en compañía de personas ajenas a la familia o hablando por teléfono con sus amistades.

En ese momento, los padres suelen sentirse rechazados, y en cierto sentido lo son. Pero este rechazo aparente es necesario para que el joven llegue a ser un adulto con una identidad propia. Aunque los enfrentamientos y discusiones sean frecuentes, los adolescentes suelen tener un alto concepto de sus padres.

Los rechazos y conflictos no suelen tener que ver con la personalidad de los padres, sino más bien con el hecho de que es de sus padres de quienes tienen que independizarse si quieren tener su propia vida.

A la vez que se esfuerzan por ser más independientes, los adolescentes desean intentar nuevas cosas, pero cuando se encuentran en dificultades pueden reconocer que tienen poca experiencia, y retroceder.

Esto puede producir rápidos cambios de su confianza en sí mismos y de su conducta, de forma que parezcan muy maduros un momento y muy infantiles en el siguiente. 
El sentirse trastornados o el perder la confianza en sí mismos puede hacerles sentir infantiles, y esto con frecuencia se expresa por medio de conductas mal humoradas y enfurruñamiento más que como disconfort.

Los padres tienen que ser flexibles con estas conductas a pesar de que se sientan bastante estresados al respecto. 
Y deben acompañar, aunque mas no sea a la distancia impuesta, y tratar de ser alguien con quien su hijo pueda hablar, y no con quien discutir.

 

Cómo manejarse ante la rebeldía de un adolescente

¡Vaya si es importante lidiar con esto! La rebeldía es una de las características más sobresalientes de la adolescencia, y seguramente la que más complica las relaciones entre padres e hijos.

 

Indócil, desobediente, opuesto con tenacidad. También podemos definir a la rebeldía como la actitud de oposición violenta y tenaz a lo prescrito o sólo establecido.

En la mayoría de los casos esta rebeldía se puede interpretar como un desacuerdo respecto a lo establecido por los padres, maestros, o cualquier autoridad. Esto incluye a lo establecido en relación a conductas, estructuras, ideas, valores, etc.

Los adolescentes manifiestan ese desacuerdo, oposición, sublevación de distintas formas; verbalmente (murmurando, gritando, reclamando, etc.); en su comportamiento (lanzando o golpeando objetos) o violenta (agresiones físicas hacia las personas).

Sin embargo estas actitudes rebeldes de los adolescentes pueden llegar a ser valiosas y positivas. Lo único que debemos buscar es que la manera en que la manifiesten sea con un ambiente de cordialidad y mucho tono humano.

Es este otro punto importante en la educación del adolescente, necesitamos ayudarlo a controlar sus emociones y que pueda encauzar sus inquietudes hacia la persona adecuada, y sobre todo, de la manera adecuada.

Un segundo tipo de rebeldía es la agresiva que, que en general, es propia del débil, de quien no pudiendo soportar las dificultades que se presentan en la vida diaria intenta aliviar su problema haciendo sufrir a los demás.

Un tercer tipo de rebeldía consiste en ir contra las normas de la sociedad, bien por egoísmo y utilidad propia, bien por el simple placer de no observarlas. Es la rebeldía transgresiva.

Las tres formas descritas son rebeldías negativas que tienen su origen en la inseguridad e inmadurez del adolescente.

Las típicas conductas de un adolescente rebelde son: golpear las puertas al ingresar a su recámara, arrojar objetos, levantar la voz, permanecer "mudo" durante varias horas (incluso días), mirada penetrante y brazos cruzados, respiración agitada y diálogo "entrecortado".

Evidentemente estas conductas se presentan cuando un adolescente ha recibido una negativa para un permiso de salir, para el uso de algo de su interés (ropa, coche, radio, etc.) o cuando se le ha indicado las reglas a seguir en alguna actividad familiar.

De manera concreta, la rebeldía tiene muchos posibles orígenes y determinar con precisión cuál es el de su caso está limitado por las circunstancias que le rodean. Sin embargo los más comunes suelen darse cuando Las disposiciones, reglas, indicaciones y demás criterios establecidos son absurdos, ridículos y fuera de la realidad.

O retomando el ejemplo de los permisos para salir, es común que la rebeldía se manifieste por un permiso que se le ha negado al adolescente (salir con sus amigos al cine, a cenar, a una reunión, a una fiesta, etc.). 

En el caso de los permisos para salir no puedo dejar una idea única y terminal sobre esto. Es imposible dejar la idea de que deban salir los adolescentes de sus casas porque las circunstancias son las que determinarán la decisión.

Lo que sí es aconsejable es que se interprete es que ante un peligro físico o moral inminente, no se debe permitir salir a los adolescentes de casa.

 

Retomando el rol de padres

No es lo mismo que los padres estén a cargo de un hijo adolescente, que un hijo adolescente esté a cargo de sus padres. Si cree que su caso se asemeja más a esta última situación, será tiempo de cambiar su actitud como padre...

 

Muchas veces, cuando los padres están bajo una considerable situación de estrés, tienden a rendirse frente a las demandas de sus hijos adolescentes, dejándolos proseguir en sus erróneas actitudes, y haciendo cualquier cosa que ellos desean que se haga, como si los mismos fueran jueces y parte. Esto es, sin dudas, un grave error.

En efecto, una vez que un padres se empieza a rendir ante un adolescente, los papeles pueden comenzar a invertirse, y es allí donde pueden comenzar los problemas. Por eso, es importante que todo padre sepa que de él depende la autoridad y que es su tarea imponer esa autoridad.

En el verdadero rol de padres

Existe una gran diferencia entre mostrar cuidado a su hijo adolescente, y apañarlo y consentirlo en cada pedido o exigencia que el mismo le realice. De hecho, nunca se puede querer demasiado a un adolescente, si es que no se lo desea ayudar verdaderamente, lo que también significa no rendirse a algunas de sus arbitrarias demandas.

Para aclarar ciertas cuestiones, es necesario pasar un tiempo juntos, donde se hable de la relación con sus amigos, sus esperanzas, sueños, proyectos de estudio, etc. Estos momentos pueden ser muy importantes para mejorar la relación que se mantenga, estableciendo límites claros, -y no distancias, en el mal sentido de la palabra- y logrando una mayor conexión entre ambos. Por cierto, jamás debe comportarse como otro amigo adolescente: usted es el adulto y también el padre, y debe lograr que esos roles permanezcan.

Los adolescentes están llenos de dudas e interrogantes, que necesitan imperiosamente ser consultadas con sus padres, y no con extraños. Por eso, es fundamental que los padres estén disponibles para que sus hijos adolescentes puedan hacerles todas las preguntas que consideren necesarias. Generalmente, esta etapa de la vida tiene una carga emocional mayor a la de muchas otras, por lo que es en ese tiempo, más que en otros, cuando los niños necesitan de su amor y habilidad para entender y ayudar a solucionar sus problemas.

En este sentido, es fundamental ser verdaderamente comprensivo con su hijo adolescente, sin pensar que sus problemas son algo muy pequeño o que no merece mayor atención. Durante estos años, cualquier chico lucha duramente para lograr apoyo de sus pares y sus familiares, buscando, en el último de los casos, una correcta combinación entre autoridad y ofrecimiento de apoyo. Sus hijos necesitarán también de mucha de su confianza. El hecho de que usted crea correcto dársela, o no, será una cuestión diferente.

Ordenes no negociables, actitudes flexibles

Los límites, siempre deben ser muy claros para su hijo adolescente. En primer lugar, los niños deben saber que necesitan seguir sus órdenes, porque es usted quien dirige la casa, y porque sabe que es mejor para ellos. Por cierto, esto no significa que no deba haber un dialogo al respecto, donde sus hijos tengan un espacio para expresarle sus puntos de vista, pero sí que será usted quien tendrá las últimas palabras al respecto, preferentemente explicando la razón de cada orden. Es fundamental que las reglas sean limpias, y que también esté claro que sucede si estas órdenes no son obedecidas.

Aunque usted pueda sonar demasiado duro, todos sabemos que existen asuntos relacionados a la seguridad física y emocional, y a valores profundamente arraigados en la familia, que no pueden entrar en la categoría de órdenes negociables. Los padres no pueden permitir que un hijo adolescente tome una decisión únicamente por sí mismos: por ejemplo, cuán tarde puede llegar a su casa durante la noche, o sacar el auto de la familia sin permiso. Aunque esta innegociable autoridad suene muy dura, usted debe saber que de ella depende la seguridad de su hijo adolescente. No será una situación divertida, pero con el tiempo ellos sin dudas le comprenderán.

Es posible que los adolescentes desafíen estas órdenes no negociables, sobre todo si ha sido demasiado permisivo hasta el momento, pero, igualmente, será mucho más probable que las entiendan y respeten si saben sus legítimas razones, y si las mismas se limitan únicamente a los asuntos que verdaderamente importan; cuando aprendan que detrás de cada prohibición hay una razón sólida, y que usted está dispuesto a explicar sus razones cuando se las requieren, usted y su hijo adolescente lograrán una mayor maduración en la relación, y seguramente el chico se convierta en un mejor y más responsable adulto, que podrá comportarse de la misma forma con su futuro hijo adolescente.


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Familia

                     Sección 17

  En esta sección te presentamos las siguientes notas:

   ¿Adolescentes enfermos o...?
  Adolescencia y violencia
  Los cambios en la adolescencia
  Cómo manejarse ante la rebeldía...
  Retomando el rol de padres

                     Nota

En nuestros días la familia enfrenta una gran crisis. Cada año más de un millón de divorcios toman lugar en Estados Unidos y en otros países alrededor del mundo.

Por cada hogar derrumbado, hay muchos más en un lamentable estado de cuarteadura. Aun cuando la institución del hogar no ha muerto y nunca morirá, está enferma, seriamente enferma.

Hoy más que nunca debemos volver a los principios y absolutos de la palabra de Dios. Estos principios pueden todavía ser un fundamento sólido para edificar hogares estables y felices.  

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