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PAPÁ EN EL PARTO, DE GRAN AYUDA

PAPA EN EL PARTO, DE GRAN AYUDA

Convertirse en padre es una experiencia extraordinaria que no puede relatarse objetivamente. Si usted se encuentra en espera del nacimiento de su hijo considere la posibilidad de asistir al parto, ya que la emoción en torno a dicho acto es única e irrepetible.

Es común que la noticia de la llegada de un hijo, sobre todo si es el primogénito, produzca múltiples emociones en la pareja, se haya o no planeado el embarazo. A ese primer momento de sorpresa y felicidad sobrevendrá después la preocupación por la responsabilidad adquirida, así como diferentes etapas de estrés durante la gestación y atención esmerada en la salud de la mujer.

Es un largo periodo en donde, en ocasiones, el padre se siente un tanto extraño, pues llega a pensar que su lugar será ocupado por el pequeño, que su libertad terminará y que su relación de pareja podría estropearse. Sin embargo, con el paso del tiempo su personalidad tenderá a transformarse, empezará a pensar como padre y sabrá que es necesario apoyar a su pareja en todo lo que pueda.

El parto empieza nueve meses antes
Antiguamente, el hombre se sentía padre hasta que podía cargar al recién nacido, pero en la actualidad se involucra desde el momento en que se le comunica la noticia del embarazo, o bien, cuando observa cómo late el corazón de su hijo a través del ultrasonido.

Por ello, es recomendable que los futuros padres tomen en cuenta las siguientes sugerencias:

  • Ayudar a la pareja en los trabajos domésticos, evitar que realice actividades peligrosas y acudir con ella a las consultas ginecológicas.

  • Apoyar y consentir a la futura mamá, pues el embarazo es un período lleno de emociones, no todas positivas. Por ejemplo, en los momentos de cansancio o soledad, puede tener negros pensamientos, como miedo a que el bebé no nazca sano, o bien, no sentirse capaz de soportar el dolor del parto, y no falta quien teme no llegar a tiempo al hospital.

  • No minimizar o tomar a broma a la mujer embarazada, porque de esta manera hará que se sienta ridícula y posiblemente se incremente su estado de angustia.

  • Escuchar sus temores, ayudarla a relajarse e infundirle confianza y optimismo.

  • El hombre debe asegurarle que estará cerca de ella en todo momento.

  • El futuro padre no está exento de sentir miedo ante posibles complicaciones, pero se recomienda que se sobreponga a dicha situación para no añadir más preocupaciones a las de su pareja.

  • Para disminuir ansias y temores, se aconseja a las parejas leer juntos libros y revistas especializados que puedan dar respuesta a las dudas que tengan.

Momento de la verdad
Si bien es cierto que muchos hombres acuden al nacimiento de su hijo llenos de emoción y nerviosismo, regularmente se limitan a observar el trabajo de parto o grabarlo mediante cámara de video, lo que no significa que no apoyen a su mujer o que sean indiferentes a las sensaciones de la madre.

Sin embargo, una manera de vivir esta experiencia en forma integral es mediante un curso psicoprofiláctico, el cual ayuda a la pareja a estar consciente de este proceso y a superar el temor que se genera por la ignorancia que se tiene al respecto.
Este método proporciona, en primer lugar, conocimientos teóricos elementales sobre anatomía y fisiología del embarazo y parto. En las sesiones se describen los órganos sexuales, se explica el curso del ciclo menstrual, fecundación y desarrollo del nuevo ser. Posteriormente, se aprende la forma en que se vive un parto y los síntomas que lo anuncian, como contracciones, dilatación y expulsión; asimismo, se dedica un espacio a temas de nutrición y vida diaria durante la gestación.
El conocimiento adquirido le enseña a la mujer a confiar en las habilidades de su cuerpo para entender y participar activamente en el trabajo de parto, pues sabrá con precisión lo que va a pasar y lo que va a sentir. Además, aprenderá a dominar las técnicas para manejar el dolor, hecho que le brindará la tranquilidad necesaria para disfrutar al máximo su incipiente maternidad.

La tarea del copiloto
Evidentemente, el hombre no puede tener las mismas sensaciones, pero su labor será importantísima en el momento en que empiecen las contracciones, pues calmará el nerviosismo de su pareja, le recordará la manera correcta de respirar y, una vez en el hospital o clínica, será el mejor supervisor de los ejercicios que se requieren para promover mayor dilatación en la vagina.

Cuando la mujer haya concluido con este proceso será trasladada a la llamada Sala de Expulsión, donde se llevará a cabo el alumbramiento. Entonces, el médico obstetra guiará a la mujer y le solicitará que repita lo que muchas veces hizo en su entrenamiento maternal, para lo cual contará con la ayuda del padre, quien deberá controlar la emoción y alegría del momento para, cariñosamente, reforzar las indicaciones médicas.

Después de todo este procedimiento no tardará mucho en visualizarse en el canal de parto la cabeza del bebé, quien estará a punto de dar su primera bocanada de aire y se enfrentará a un ambiente completamente diferente al que ha conocido durante nueve meses.

Una vez que el médico haya recibido al bebé y lo asista para eliminar las secreciones contenidas en boca y nariz, el escenario estará listo para que el padre corte el cordón umbilical, momento conmovedor con el que culmina su participación en el parto. Inmediatamente después, el pediatra se encargará de limpiar y certificar la salud del recién nacido, proceso que en situaciones normales no debe tardar más de 15 minutos.

Este es, para muchos, el momento cumbre en la relación amorosa de cualquier pareja, pero visto desde una óptica individualista se puede afirmar que ser testigo del nacimiento de un hijo es un acontecimiento único e irrepetible que no se puede comparar con nada en el mundo.

Atención posparto
Es fundamental que los cuidados que se tuvieron durante la gestación se prolonguen después del nacimiento del bebé, pues es muy común que la mujer viva una crisis depresiva cuyos síntomas más frecuentes son sensación de irrealidad, insomnio, llanto y ansiedad, así como pérdida de memoria y control sobre las cosas que ocurren en su entorno; también es común que haya baja autoestima, indiferencia ante el bebé, apetito excesivo o pérdida del mismo, falta de concentración e inclusive aversión u oposición hacia la pareja.

Las causas de este estado de ánimo son muy diversas, pero sirvan de referencia las que presentamos a continuación:

  • Una vez que nace el bebé, la atención que gozaba la mamá durante el embarazo se centra ahora en el pequeño. Este cambio puede afectar a muchas mujeres, sobre todo en este momento en que se encuentran especialmente sensibles.

  • Otra circunstancia que puede afectar al regreso a casa es la responsabilidad que implica la maternidad, agregada a las que ya ha asumido en su vida personal.

  • Es posible que luego de la enorme expectativa ante el nacimiento del bebé sobrevenga un vacío, dado que la realidad de los pañales, el llanto nocturno y los demás eventos que conlleva la maternidad no resultan tan atractivos como parecían en la imaginación.

  • Agregado a lo anterior, la mamá puede deprimirse debido a su nuevo aspecto, ya que es frecuente que la figura se deteriore y no sea fácil recuperarla.

El nuevo padre debe darse cuenta que su pareja se siente nerviosa porque está aprendiendo a ser mamá, y que durante los primeros días es normal que su atención se centre en el pequeño, por lo cual no debe sentirse relegado. Lejos de asumir una actitud de repudio, el varón debe esperar pacientemente a que las aguas tomen su nivel normal.

Poco a poco, la madre compartirá sus temores y entenderá que su papel como pareja no se ha cancelado, al contrario, paulatinamente, además de involucrar al hombre en los cuidados del bebé, se dará tiempo para retomar su vida amorosa.

 Tomado de: Salud y medicinas.

Hombres y mujeres no aman igual

Hombres y mujeres viven el amor de una forma totalmente diferente, lo que genera todo tipo de conflictos y malentendidos. Sin embargo, son justamente estas sutiles diferencias las que permiten que el amor pueda emerger entres los seres humanos…

Según los especialistas en conductas humanas, los hombres y mujeres viven el amor y el romance de un modo totalmente distinto, al punto tal que mantienen entre ellos un malentendido estructural, que causa una innumerable cantidad de conflictos y malos entendidos.

Este malentendido, señalan estos mismos profesionales, se manifiesta por el hecho de que los seres humanos, a diferencia de los animales, no poseen señales o códigos mediante los cuales la relación sexual se produzca instintivamente, sino que, muy por el contrario necesitan pedir, insinuar, o hablar, lo cual denota la existencia de una comunicación, que como todo proceso de transmisión no está exento de “ruidos”, sobre todo cuando el emisor y receptor (mujeres y hombres u hombres y mujeres) tienen lenguajes distintos.

Con todo, lo especialistas afirman que es también justamente en esa disparidad de lenguajes que los hombres y las mujeres encuentran el amor, y que aunque nunca es lo mismo para ella y para él una relación de noviazgo, o la conformación de una familia, casi siempre estas diferencias fundan los deseos supremos de cada género, como el sexo (principalmente en el hombre) y el amor (principalmente en la mujer), son aspectos que permiten la satisfacción del uno hacia el otro.

En efecto, el deseo sexual se manifiesta en el hombre básicamente mediante los rasgos sensuales de atracción que puede tener su mujer, mientras que esta última tiene su pulsión puesta principalmente en la relación de amor que podrá gestar con su pareja.

Es por esto mismo que casi todas las mujeres tienen como objeto de deseo el ser amadas, mientras que los hombres, con su carácter más fetichista, también se enamoran, pero del hecho de que sus parejas se pongan atractivas especialmente para ellos, lo cual se complementa a la perfección con un don propio de la mujer, el de dar todo por amor.

Por supuesto, el hombre tendrá que dar algo a cambio, que es su ofrenda por estos gestos de entrega de su mujer. Y es por esta razón que cuando muchas veces no advierte (ni da señales de hacerlo) que su mujer ha hecho lo máximo por ellos, ellas se ponen extremadamente sensibles, buscando a toda luz una mínima señal de reconocimiento.

Por supuesto, también es muy factible que en más de una oportunidad, esta demanda cotidiana de atención, tiempo, amparo, y amor incondicional que reclaman muchas mujeres, termine excediendo los límites aceptables y tenga como resultado final la anulación del deseo en el hombre, lo cual podrá manifestarse en una indiferencia de él para con los preparaciones de ella.

 Diferentes lenguajes

Mientras que los hombres suelen cerrarse a su interior, las mujeres disfrutan por el contrario del mismo acto del habla, es decir de la conversación como fin, y no como medio para obtener una mayor información o expresarse mejor, lo cual representa un evidente acto inconsciente de conformarse como mujer, es decir la que habla. De ahí todos los chistes que se tejen sobre el asunto.

Además, las mujeres pueden estar férreamente convencidas de una determinada idea, para diez minutos estar totalmente seguras de sostener justamente la idea contraria. 

A la mayoría de los hombres les cuesta mucho entender estas actitudes tan radicalmente cambiantes en la mujer, pero al igual que sucede con el habla, son precisamente estas contradicciones otro de los aspectos que forma sus cualidades femeninas. De ahí la famosa frase “Quién entiende a las mujeres”.

 El engañoso negocio de la autoayuda

Así, teniendo en cuenta estas particulares características, son muchos los profesionales en conducta humana que se arriesgan a formular la hipótesis de que es imposible que los materiales de autoayuda puedan ayudar en relación con los vínculos amorosos entre hombres y mujeres.

La razón es que el amor y el sexo son cuestiones que simplemente “ocurrirán” en los seres humanos, pero sus particulares características, tanto de genero como subjetivas, harán que cada uno deba adecuarse a los diferentes contextos, los cuales serán muy difíciles de clasificar, más allá de las nociones generales vertidas anteriormente (diferentes lenguajes, preferencia de la mujer por el amor y del hombre por el sexo).  

Es por esto que se dice frecuentemente que en cuestiones de amor no hay nada escrito, y que es imposible concebir fórmulas que incidan sobre los mismos. Hombres y mujeres, hemos visto, viven el amor de manera diferente.

De hecho, es justamente cuando se intentan dar consejos para lograr “una misma sintonía” entre el hombre y en la mujer, que se cae en la falacia de borrar las diferencias entre ambos géneros, lo cual, lejos de permitir o propiciar un mayor acercamiento entre ambos, elimina sus individualidades y hace surgir el malestar.

Y es que si bien la sociedad de mercado necesita homogeneizar, y buscar en todo una razón práctica (razón instrumental), este intento de los últimos años por crear una mujer fálica, es decir una mujer con los mismos deseos del hombre, que se podría sintetizar en una búsqueda del sexo sin amor, no puede ser más que un mito desligado de la realidad, pero que no obstante provoca mucho daño en aquellas mujeres que ven en este modelo (clásicamente hollywoodense) el parangón del éxito y el logro femenino. 

Por eso, afirman los especialistas, proliferan en la actualidad los síntomas de malestar, ya que si bien es cierto que una mujer puede relacionarse con un hombre por un gran número de razones, no menos real es que nunca obtendrá satisfacción si renuncia al amor.

El hombre, por su parte, también sufre por amor. Si bien es cierto que el sexo ocupa aquí un lugar más central, es irrefutable que muchísimos hombres alrededor de toda la tierra aman y desean a una determinada mujer por algo más que su atracción sexual.

Tomado de Hogar seguro

 

Los parásitos y virus de transmisión sexual

Por: Dr. Rubén A. Baglivo

 

Los parásitos y virus de transmisión sexual Las enfermedades de transmisión sexual afectan a los dos miembros de la pareja. Muchas de ellas son más fácilmente reconocibles en la mujer, pero de ninguna manera significa la inmunidad del hombre . Los tratamientos siempre deben incluir a la mitad masculina de la pareja, aun ante la ausencia de síntomas.

Parasitarias. La tricomoniasis es una infección genital causada por la Trichomona vaginalis, un parásito que no forma parte de la flora habitual de la vagina. Esta enfermedad se caracteriza en la mujer por la presencia de flujo abundante, amarillo y espumoso por la presencia de burbujas de aire que le otorga un aspecto característica. Es maloliente y si no es tratado persiste durante todo el mes incrementándose después de la menstruación. Al examen ginecológico se visualiza la vagina profusamente enrojecida y con un puntillado hemorrágico que se propaga hacia el cuello del útero. El contagio tiene lugar a través de relaciones sexuales y los síntomas suelen aparecer después de 3 a 28 días de incubación.

Virales. Dentro de las enfermedades de transmisión sexual producidas por virus podemos citar la condilomatosis, el SIDA (o síndrome de inmunodeficiencia adquirida) y el herpes genital.

La condilomatosis genital, también conocida con el nombre de verrugas genitales es una enfermedad de transmisión sexual cuyo agente etiológico es el HPV o virus del papiloma humano. La infección no es patrimonio del tracto genital femenino sino que puede comprometer el aparato genital masculino produciendo lesiones verrugosas del glande. En la mujer en caso de enfermedad extensa puede llegar a involucrar cara interna de muslos, vulva, vagina, cuello uterino y región perianal.

Existen distintas cepas virales algunas de las cuales se han asociado con la producción de lesiones premalignas y malignas en el cérvix uterino. Si bien es cierto que existe un largo período entre la infección genital y su eventual transformación maligna, habitualmente se asocia con la presencia de factores concomitantes como tabaco, infecciones virales o microbianas y estados de inmunodepresión.

El contagio de la infección genital por HPV se produce mediante el contacto sexual directo o indirecto, por fragmento de tejidos infectados que penetran a través de microabrasiones. Estos fragmentos pueden provenir del propio sujeto con una infección por autoinoculación.

La condilomatosis verrugosa tiene su mayor incidencia en la población sexualmente activa menor de 30 años y se puede presentar como:

*infección clínica visible a simple vista

*infección subclínica no visible y detectada por estudio citológico (de las células).

El período de incubación oscila entre 6 semanas y 8 meses. Si estas lesiones no son tratadas suelen desaparecer en el término de 3 a 5 años (forma autolimitante).

En cambio, en una mujer embarazada (que presenta una inmunodepresión fisiológica, normal) es frecuente la presencia de infección por HPV en tracto genital inferior.

Si bien la infección no constituye un riesgo para la madre, existe la posibilidad de contagio del recién nacido al pasar por el canal de parto contaminado. Esto origina proliferaciones epiteliales benignas de las vías respiratorias, provocando a nivel faríngeo disfonía y obstrucción de las vías aéreas, denominada “papilomatosis respiratoria recurrente”. Su incidencia es de 1/400 partos por lo cual se sugiere el nacimiento por vía alta (cesárea abdominal) en los casos de verrugas genitales voluminosas que obstaculizan el parto por vía vaginal o que infectan todo el tracto genital inferior.

En cuanto a la terapéutica de esta patología, no existe hasta la fecha una medicación específica antiviral sistémica o tópica (local) capaz de actuar contra el HPV con un 100 % de curaciones. Sí se cuenta con terapias destructivas locales. Se debe insistir en el relevamiento de las parejas sexuales masculinas donde habitualmente la sintomatología es escasa o nula a través de la penescopía (visualización de los genitales masculinos por medio de lentes de gran aumento) y eventualmente el estudio biópsico correspondiente.

Otra enfermedad de transmisión sexual es la infección producida por el
Herpes Simple tipo II que se manifiesta fundamentalmente a través de una vulvovaginitis. Es de carácter recidivante, es decir que una vez adquirida la infección se puede repetir en distintas oportunidades. Clínicamente se caracteriza por la aparición de múltiples lesiones dolorosas vesiculares (ampollas) hasta una etapa con ulceraciones con presencia de ganglios inguinales.

Cuando hablamos de infección por HIV debemos clarificar algunos conceptos.

El
HIV o Virus de la Inmunodeficiencia Humana es un retrovirus que se caracteriza por producir alteraciones inmunitarias en menos en el huésped que infecta y por ende lo hace susceptible de contraer cualquier tipo de infecciones, preferentemente oportunistas. Hasta hoy se reconoce la existencia de dos partículas virales: el HIV tipo I y el HIV tipo II. Este último se halla limitado preferentemente a África Occidental mientras que el primero tiene una distribución mucho más amplia.

El SIDA o Sindrome de Inmunodeficiencia Adquirida es una enfermedad sistémica producida por el HIV que se caracteriza por la producción de alteraciones inmunitarias (inmunodepresión) en el huésped que infecta.

Por lo tanto debe quedar claro que SIDA e infección por HIV no son sinónimos. Puede haber infección por HIV sin que el individuo se encuentre enfermo, es decir lo que se denomina portador o individuo HIV positivo, y no presente SIDA enfermedad que cambia radicalmente el pronóstico de esta patología.

El HIV es una partícula esférica constituida por tres capas concéntricas. Todos los componentes virales son fuertemente antigénicos, es decir capaces de inducir la formación de anticuerpos. El reservorio natural es el agente donde vive y se multiplica el virus, desde donde puede transmitirse a otro individuo (huésped) a través de una fuente de infección, es decir el elemento que vehiculiza la partícula viral hacia el nuevo huésped. Actúan como puerta de entrada los orificios naturales o artificiales (venopunturas) a través de los cuales ingresa a un individuo.

En personas infectadas con el virus del HIV o enfermos de SIDA se puede aislar el virus en la sangre, saliva, semen, lágrimas, leche materna, secreciones vaginales, líquido cefalorraquídeo, pleural, pericárdico y amniótico. De todos los vehículos de salida enumerados anteriormente, los que mayor concentración de virus presentan son: sangre, semen, secreciones vaginales y leche materna y por lo tanto son los medios más efectivos en la transmisión de enfermedad.


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Familia

                     Sección 10

  En esta sección te presentamos las siguientes notas:

  Papá en el parto...
  Hombres y mujeres...
  Parásitos y virus de...

                     Nota

En nuestros días la familia enfrenta una gran crisis. Cada año más de un millón de divorcios toman lugar en Estados Unidos y en otros países alrededor del mundo.

Por cada hogar derrumbado, hay muchos más en un lamentable estado de cuarteadura. Aun cuando la institución del hogar no ha muerto y nunca morirá, está enferma, seriamente enferma.

Hoy más que nunca debemos volver a los principios y absolutos de la palabra de Dios. Estos principios pueden todavía ser un fundamento sólido para edificar hogares estables y felices. 

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