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La
corneja prisionera
Un hombre cazó a una corneja, le ató un hilo a
una pata y se la entregó a su hijo.
Mas la corneja, no pudiendo resignarse a vivir
prisionera en aquel hogar, aprovechó un instante de libertad
en un descuido para huir y tratar de volver a su nido. Pero el
hilo se le enredó en las ramas de un árbol y el ave no pudo
volar más, quedando apresada. Viendo cercana su muerte, se
dijo:
-- ¡ Hecho está ! Por no haber sabido soportar
la esclavitud entre los hombres, ahora me veo privada de la
vida.
En cuanto mayor son los valores
que se buscan, mayores son los riesgos.
El cuervo y la culebra
Andaba un cuervo escaso de comida y vio en el
prado a una culebra dormida al sol; cayó veloz sobre ella y la
raptó. Mas la culebra, despertando de su sueño, se volvió y la
mordió. El cuervo viéndose morir dijo:
-- ¡ Desdichado de mí, que encontré un tesoro
pero a costa de mi vida !
Antes de querer poseer algún
bien, primero hay que valorar si su costo vale la pena.
El ruiseñor
y el gavilán
Subido en un alto roble, un ruiseñor cantaba
como de costumbre. Lo vio un gavilán hambriento, y lanzándose
inmediatamente sobre él, lo apresó en sus garras.
Seguro de su próxima muerte, el ruiseñor le
rogó que le soltara, diciéndole que con sólo él no bastaría
para llenar su vientre, y que si en verdad tenía hambre,
debería de apresar a otros más grandes. El gavilán le repuso:
-- Necio sería si te oyera y dejara escapar la
presa que tengo, por ir a buscar a la que ni siquiera he
visto.
No dejemos los bienes que ya
tenemos, por ilusiones que ni siquiera divisamos.
La comadreja y el gallo
Una comadreja atrapó a un gallo y quizo tener
una razón plausible para comérselo.
La primera acusación fue la de importunar a los
hombres y de impedirles dormir con sus molestos cantos por la
noche. Se defendió el gallo diciendo que lo hacía para
servirles, pues despertándolos, les recordaba que debían
comenzar sus trabajos diarios.
Entonces la comadreja buscó una segunda
acusación: que maltrataba a la Naturaleza por buscar como
novias incluso a su madre y a sus hermanas. Repuso el gallo
que con ello también favorecía a sus dueños, porque así las
gallinas ponían más huevos.
-- ¡ Vaya -- exclamó la comadreja --, veo que
bien sabes tener respuesta para todo, pero no por eso voy a
quedarme en ayunas ! -- y se lo sirvió de cena.
Para el malvado decidido a
agredir, no lo para ninguna clase de razones.
Los gallos y la perdiz
Un hombre que tenía dos gallos, compró una
perdiz doméstica y la llevo al corral junto con ellos para
alimentarla. Pero estos la atacaban y la perseguían, y la
perdiz, pensando que lo hacían por ser de distinta especie, se
sentía humillada.
Pero días más tarde vio cómo los gallos se
peleaban entre ellos, y que cada vez que se separaban, estaban
cubiertos de sangre. Entonces se dijo a sí misma:
-- Ya no me quejo de que los gallos me
maltraten, pues he visto que ni aun entre ellos mismos están
en paz.
Si llegas a una comunidad donde
los vecinos no viven en paz, ten por seguro que tampoco te
dejaran vivir en paz a ti.
El ciervo, el
manantial y el león
Agobiado por la sed, llegó un ciervo a un
manantial. Después de beber, vio su reflejo en el agua. Al
contemplar su hermosa cornamenta, sintióse orgulloso, pero
quedó descontento por sus piernas débiles y finas. Sumido aún
en estos pensamientos, apareció un león que comenzó a
perseguirle. Echó a correr y le ganó una gran distancia, pues
la fuerza de los ciervos está en sus piernas y la del león en
su corazón.
Mientras el campo fue llano, el ciervo guardó
la distancia que le salvaba; pero al entrar en el bosque sus
cuernos se engancharon a las ramas y, no pudiendo escapar, fue
atrapado por el león. A punto de morir, exclamó para sí mismo:
-- ¡ Desdichado ! Mis pies, que pensaba me
traicionaban, eran los que me salvaban, y mis cuernos, en los
que ponía toda mi confianza, son los que me pierden.
Muchas veces, a quienes creemos
más indiferentes, son quienes nos dan la mano en las congojas,
mientras que los que nos adulan, ni siquiera se asoman.
La cierva y la viña
Una cierva era perseguida por unos cazadores y
se refugio bajo una viña. Pasaron cerca los cazadores, y la
cierva, creyéndose muy bien escondida, empezó a saborear las
hojas de la viña que la cubría. Viendo los cazadores que las
hojas se movían, pensaron muy acertadamente, que allí adentro
había un animal oculto, y disparando sus flechas hirieron
mortalmente a la cierva. Ésta, viéndose morir, pronunció estas
palabras:
-- ¡ Me lo he merecido, pues no debí haber
maltratado a quien me estaba salvando ¡
Sé siempre agradecido con quien
generosamente te da la ayuda para salir adelante.
La cierva, los
cazadores y el león
Una cierva que huía de unos cazadores, llegó a
una gruta donde no sabía que moraba un león. Entrando en ella
para esconderse, cayó en las garras del león.
Viéndose sin remedio perdida, exclamó:
-- ¡ Desdichada de mí ! Huyendo de los hombres,
caí en las garras de un feroz animal.
Si tratas de salir de un
problema, busca que la salida no sea caer en otro peor.
El caballo y el asno
Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día
que ambos iban camino a la ciudad, el asno, sintiéndose
cansado, le dijo al caballo:
-- Toma una parte de mi carga si te interesa mi
vida.
El caballo haciéndose el sordo no dijo nada y
el asno cayó víctima de la fatiga, y murió allí mismo.
Entonces el dueño echó toda la carga encima del caballo,
incluso la piel del asno. Y el caballo, suspirando dijo:
-- ¡ Qué mala suerte tengo ! ¡ Por no haber
querido cargar con un ligero fardo ahora tengo que cargar con
todo, y hasta con la piel del asno encima !
Cada vez que no tiendes tu mano
para ayudar a tu prójimo que honestamente te lo pide, sin que
lo notes en ese momento, en realidad te estás perjudicando a
ti mismo.
La mula
Henchida de cebada, una mula se puso a saltar,
diciéndose a sí misma:
-- Mi padre es un caballo veloz en la
carretera, y yo me parezco en todo a él.
Pero llegó la ocasión en que la mula se vio
obligada a correr. Terminada la carrera, muy contrariada, se
acordó de pronto de su verdadero padre el asno.
Siempre debemos reconocer
nuestras raíces, respetando nuestras herencias y las ajenas.
El camello bailarín
Obligado por su dueño a bailar, un camello
comentó:
-- ¡ Que cosa ! No sólo carezco de gracia
andando, sino que bailando soy peor aun.
Usa siempre cada cosa para el
propósito con el que fue creado.
El cabrero y las cabras
Llamaba un cabrero a sus cabras para llevarlas
al establo.
Una de ellas, al pasar por un rico pasto se
detuvo, y el cabrero le lanzó una piedra, pero con tan mala
suerte que le rompió un cuerno. Entonces el cabrero le suplicó
a la cabra que no se lo contara al patrón, a lo que la cabra
respondió:
-- ¡ Quisiera yo quedarme callada, mas no
podría ! ! Bien claro está a la vista mi cuerno roto.
Nunca niegues lo que bien se ve.
La cabra y el asno
Una cabra y un asno comían al mismo tiempo en
el establo.
La cabra empezó a envidiar al asno porque creía
que él estaba mejor alimentado, y le dijo:
-- Entre la noria y la carga, tu vida sí que es
un tormento inacabable. Finge un ataque y déjate caer en un
foso para que te den unas vacaciones.
Tomó el asno el consejo, y dejándose caer se
lastimó todo el cuerpo. Viéndolo el amo, llamó al veterinario
y le pidió un remedio para el pobre. Prescribió el curandero
que necesitaba una infusión con el pulmón de una cabra, pues
era muy efectivo para devolver el vigor. Para ello entonces
degollaron a la cabra y así curar al asno.
En todo plan de maldad, la
víctima principal siempre es su propio creador.
El
cabrero, las cabras y las cabras monteses
Llevó un cabrero a pastar a sus cabras y de
pronto vio que las acompañaban unas cabras monteses.
LLegada la noche, llevó a todas a su gruta.
A la mañana siguiente estalló una fuerte
tormenta y no pudiendo llevarlas a los pastos, las cuidó
dentro. Pero mientras a sus propias cabras sólo les daba un
puñado de forraje, a las monteses les servía mucho más, con el
propósito de quedarse con ellas. Terminó al fin el mal tiempo
y salieron todas al campo, pero las cabras monteses escaparon
a la montaña. Las acusó el pastor de ingratas, por abandonarle
después de haberlas atendido tan bien; mas ellas le
respondieron:
-- Mayor razón para desconfiar de tí, porque si
a nosotras recién llegadas, nos has tratado mejor que a tus
viejas y leales esclavas, significa esto que si luego vinieran
otras cabras, nos despreciarías a nosotras por ellas.
Nunca confíes en quien pretende
tu nueva amistad a cambio de abandonar a las que ya tenía.

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