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El león,
la zorra y el lobo
Cansado y viejo el rey león, se quedó enfermo
en su cueva, y los demás animales, excepto la zorra, lo fueron
a visitar.
Aprovechando la ocasión de la visita, acusó el
lobo a la zorra expresando lo siguiente:
-- Ella no tiene por nuestra alteza ningún
respeto, y por eso ni siquiera se ha acercado a saludar o
preguntar por su salud.
En ese preciso instante llegó la zorra, justo a
tiempo para oír lo dicho por el lobo. Entonces el león,
furioso al verla, lanzó un feroz grito contra la zorra; pero
ella, pidió la palabra para justificarse, y dijo:
-- Dime, de entre todas las visitas que aquí
tenéis, ¿quién te ha dado tan especial servicio como el que
he hecho yo, que busqué por todas partes médicos que con su
sabiduría te recetaran un remedio ideal para curarte,
encontrándolo por fin?
-- ¿Y cuál es ese remedio?, dímelo
inmediatamente.
-- Ordenó el león.
-- Debes sacrificar a un lobo y ponerte su piel
como abrigo -- respondió la zorra.
Inmediatamente el lobo fue condenado a muerte,
y la zorra, riéndose exclamó:
-- Al patrón no hay que llevarlo hacia el
rencor, sino hacia la benevolencia.
Quien tiende trampas para los inocentes, es el primero en caer
en ellas.
Las ranas y el pantano seco
Vivían dos ranas en un bello pantano, pero
llegó el verano y se secó, por lo cual lo abandonaron para
buscar otro con agua. Hallaron en su camino un profundo pozo
repleto de agua, y al verlo, dijo una rana a la otra:
-- Amiga, bajemos las dos a este pozo.
-- Pero, y si también se secara el agua de este
pozo, --
repuso la compañera --, ¿Cómo crees que subiremos entonces?
Al tratar de emprender una acción, analiza
primero las consecuencias de ella.
La
rana del pantano y la del
camino
Vivía una rana felizmente en un pantano
profundo, alejado del camino, mientras su vecina vivía muy
orgullosa en una charca al centro del camino.
La del pantano le insistía a su amiga que se
fuera a vivir al lado de ella, alejada del camino; que allí
estaría mejor y más segura.
Pero no se dejó convencer, diciendo que le era
muy difícil abandonar una morada donde ya estaba establecida y
satisfecha.
Y sucedió que un día pasó por el camino, sobre
la charca, un carretón, y aplastó a la pobre rana que no quiso
aceptar el mudarse.
Si tienes la oportunidad de mejorar tu
posición, no la rechaces.
El león y el asno
Se juntaron el león y el asno para cazar
animales salvajes. El león utilizaba su fuerza y el asno las
coces de su pies. Una vez que acumularon cierto número de
piezas, el león las dividió en tres partes y le dijo al asno:
-- La primera me pertenece por ser el rey; la
segunda también es mía por ser tu socio, y sobre la tercera,
mejor te vas largando si no quieres que te vaya como a las
presas.
Para que no te pase las del asno, cuando te
asocies, hazlo con socios de igual poder que tú, no con otros
todopoderosos.
El león y
el asno presuntuoso
De nuevo se hicieron amigos el ingenuo asno y
el león para salir de caza. Llegaron a una cueva donde se
refugiaban unas cabras monteses, y el león se quedó a guardar
la salida, mientras el asno ingresaba a la cueva coceando y
rebuznando, para hacer salir a las cabras.
Una vez terminada la acción, salió el asno de
la cueva y le preguntó si no le había parecido excelente su
actuación al haber luchado con tanta bravura para expulsar a
las cabras.
-- ¡ Oh sí, soberbia -- repuso el león, que
hasta yo mismo me hubiera asustado si no supiera de quien se
trataba !
Si te alabas a ti mismo, serás simplemente
objeto de la burla, sobre todo de los que mejor te conocen.
La
rana que decía ser médico y la
zorra
Gritaba un día una rana desde su pantano a los
demás animales:
-- ¡Soy médico y conozco muy bien todos los
remedios para todos los males!
La oyó un zorra y le reclamó:
-- ¿ Cómo te atreves a anunciar ayudar a los
demás, cuando tú misma cojeas y no te sabes curar ?
Nunca proclames ser lo que no puedes demostrar
con el ejemplo.
El león, la zorra y el asno
El león, la zorra y el asno se asociaron para
ir de caza.
Cuando ya tuvieron bastante, dijo el león al
asno que repartiera entre los tres el botín. Hizo el asno tres
partes iguales y le pidió al león que escogiera la suya.
Indignado por haber hecho las tres partes iguales, saltó sobre
él y lo devoró.
Entonces pidió a la zorra que fuera ella quien
repartiera.
La zorra hizo un montón de casi todo, dejando
en el otro grupo sólo unas piltrafas. Llamó al león para que
escogiera de nuevo.
Al ver aquello, le preguntó el león que quien
le había enseñado a repartir tan bien.
-- ¡Pues el asno, señor!
Siempre es bueno no despreciar el error ajeno y
más bien aprender de él.
El león
y el delfín
Paseaba un león por una playa y vio a un delfín
asomar su cabeza fuera del agua. Le propuso entonces una
alianza:
-- Nos conviene unirnos a ambos, siendo tu el
rey de los animales del mar y yo el de los terrestres-- le
dijo.
Aceptó gustoso el delfín. Y el león, quien
desde hacía tiempo se hallaba en guerra contra un loro
salvaje, llamó al delfín a que le ayudara. Intentó el delfín
salir del agua, mas no lo consiguió, por lo que el león lo
acusó de traidor.
-- ¡No soy yo el culpable ni a quien debes
acusar, sino a la Naturaleza -- respondió el delfín --, porque
ella es quien me hizo acuático y no me permite pasar a la
tierra!
Cuando busques alianzas, fíjate que tus aliados estén en
verdad capacitados de unirte a ti en lo pactado.
El
león y la hija del labrador
Se había
enamorado un león de la hija de un labrador y la pidió en
matrimonio.
Y no podía el
labrador decidirse a dar su hija a tan feroz animal, ni
negársela por el temor que le inspiraba. Entonces ideó lo
siguiente: como el león no dejaba de insistirle, le dijo que
le parecía digno para ser esposo de su hija, pero que al menos
debería cumplir con la siguiente condición:
que se
arrancara los dientes y se cortara sus uñas, porque eso era lo
que atemorizaba a su hija.
El león aceptó
los sacrificios porque en verdad la amaba.
Una vez que el
león cumplió lo solicitado, cuando volvió a presentarse ya sin
sus poderes, el labrador lleno de desprecio por él, lo
despidió sin piedad a golpes.
Nunca te fíes demasiado como para
despojarte de tus propias defensas, pues fácilmente serás
vencido por los que antes te respetaban.
La
zorra y el ratón
Dormía tranquilamente un león, cuando un
ratoncillo se puso a correr sobre su cuerpo.
Se despertó el león, y se movió en todas
direcciones buscando a ver quien era el intruso que le
molestaba.
Lo observaba una zorra, y le criticó por creer
que tenía miedo de un simple ratoncillo, siendo él todo un
señor león.
-- No es miedo del ratoncillo -- dijo el
león--, sino que me sorprendió que hubiera un animal que
tuviera el valor de pisotear el cuerpo de un león dormido.
Nunca dejes de cuidarte ni aún de las más
pequeñas cosas, por ínfimas que sean.
El león,
la zorra y el ciervo
Habiéndose enfermado el león, se tumbó en una
cueva, diciéndole a la zorra, a la que estimaba mucho y con
quien tenía muy buena amistad:
-- Si quieres ayudarme a curarme y que siga
vivo, seduce con tu astucia al ciervo y tráelo aca, pues estoy
antojado de sus carnes.
Salió la zorra a cumplir el cometido, y
encontró al ciervo saltando feliz en la selva. Se le acercó
saludándole amablemente y le dijo:
-- Vengo a darte una excelente noticia. Como
sabes, el león, nuestro rey, es mi vecino; pero resulta que ha
enfermado y está muy grave. Me preguntaba qué animal podría
sustituirlo como rey después de su muerte.
Y me comentaba: "el jabalí no, pues no es muy
inteligente; el oso es muy torpe; la pantera muy
temperamental; el tigre es un fanfarrón; creo que el ciervo es
el más digno de reinar, pues es esbelto, de larga vida, y
temido por las serpientes por sus cuernos." Pero para qué te
cuento más, está decidido que serás el rey.
¿Y que me darás por habértelo anunciado de primero?
Contéstame, que tengo prisa y temo que me llame, pues yo soy
su consejero. Pero si quieres oír a un experimentado, te
aconsejo que me sigas y acompañes fielmente al león hasta su
muerte.
Terminó de hablar la zorra, y el ciervo, lleno
de vanidad con aquellas palabras, caminó decidido a la cueva
sin sospechar lo que ocurriría.
Al verlo, el león se le abalanzó, pero sólo
logró rasparle las orejas. El ciervo, asustado, huyó
velozmente hacia el bosque.
La zorra se golpeaba sus patas al ver perdida
su partida. Y el león lanzaba fuertes gritos, estimulado por
su hambre y la pena. Suplicó a la zorra que lo intentara de
nuevo. Y dijo la zorra:
-- Es algo penoso y difícil, pero lo intentaré.
Salió de la cueva y siguió las huellas del
ciervo hasta encontrarlo reponiendo sus fuerzas.
Viéndola el ciervo, encolerizado y listo para
atacarla, le dijo:
¡Zorra miserable, no vengas a engañarme! ¡Si
das un paso más, cuéntate como muerta! Busca a otros que no
sepan de ti, háblales bonito y súbeles los humos
prometiéndoles el trono, pero ya no más a mí.
Mas la astuta zorra le replicó:
-- Pero señor ciervo, no seas tan flojo y
cobarde. No desconfíes de nosotros que somos tus amigos. El
león, al tomar tu oreja, sólo quería decirte en secreto sus
consejos e instrucciones de cómo gobernar, y tú ni siquiera
tienes paciencia para un simple arañazo de un viejo enfermo.
Ahora está furioso contra ti y está pensando en hacer rey al
intrépido lobo. !Pobre!, ¡todo lo que sufre por ser el amo!
Ven conmigo, que nada tienes que temer, pero eso sí, sé
humilde como un cordero. Te juro por toda esta selva que no
debes temer nada del león. Y en cuanto a mí, sólo pretendo
servirte.
Y engañado de nuevo, salió el ciervo hacia la
cueva. No había más que entrado, cuando ya el león vio
plenamente saciado su antojo, procurando no dejar ni recuerdo
del ciervo. Sin embargo cayó el corazón al suelo, y lo tomó la
zorra a escondidas, como pago a sus gestiones. Y el león
buscando el faltante corazón preguntó a la zorra por él. Le
contestó la zorra:
-- Ese ciervo ingenuo no tenía corazón, ni lo
busques. ¿Qué clase de corazón podría tener un ciervo que vino
dos veces a la casa y a las garras del león?
Nunca permitas que el ansia de honores
perturben tu buen juicio, para que no seas atrapado por el
peligro.

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