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El león y el jabalí
Durante el verano, cuando con el calor aumenta la sed, acudieron a beber
a una misma fuente un león y un jabalí.
Discutieron sobre quien debería sería el primero en beber, y de la
discusión pasaron a una feroz lucha a muerte.
Pero, en un momento de descanso, vieron una nube de aves rapaces en
espera de algún vencido para devorarlo.
Entonces, recapacitando, se dijeron:
-- ¡ Más vale que seamos amigos y no pasto de los buitres y cuervos !
Las luchas inútiles sólo sirven para enriquecer y alimentar a sus
espectadores.
El águila, el cuervo y el pastor
Lanzándose desde una cima, un águila arrebató a un corderito.
La vio un cuervo y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre un
carnero, pero con tan mal conocimiento en el arte que sus garras se
enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.
Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas
de sus alas, se lo llevó a sus niños.
Le preguntaron sus hijos acerca de que clase de ave era aquella, y les
dijo:
- Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.
Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente estás preparado, no en
lo que no te corresponde.
El águila y el escarabajo
Estaba una liebre siendo perseguida por un águila, y viéndose perdida
pidió ayuda a un escarabajo, suplicándole que le salvara.
Le pidió el escarabajo al águila que perdonara a su amiga. Pero el
águila, despreciando la insignificancia del escarabajo, devoró a la
liebre en su presencia.
Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo observaba los lugares
donde el águila ponía sus huevos, y haciéndolos rodar, los tiraba a
tierra. Viéndose el águila echada del lugar a donde quiera que fuera,
recurrió a Zeus pidiéndole un lugar seguro para depositar sus futuros
pequeñuelos.
Le ofreció Zeus colocarlos en su regazo, pero el escarabajo, viendo la
táctica escapatoria, hizo una bolita de barro, voló y la dejó caer sobre
el regazo de Zeus. Se levantó entonces Zeus para sacudirse aquella
suciedad, y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta. Por eso desde
entonces, las águilas no ponen huevos en la época en que salen a volar
los escarabajos.
Nunca desprecies lo que parece insignificante, pues no hay ser tan débil
que no pueda alcanzarte.
El águila y la zorra
Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron vivir juntas con la
idea de que eso reforzaría su amistad. Entonces el águila escogió un
árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra
soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra al pie del mismo
árbol.
Un día que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba
hambrienta cayó sobre las zarzas, se llevó a los zorruelos, y entonces
ella y sus crías se regocijaron con un banquete.
Regresó la zorra y más le dolió el no poder vengarse, que saber de la
muerte de sus pequeños;
¿ Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar,
perseguir a uno que vuela ? Tuvo que conformarse con el usual consuelo
de los débiles e impotentes: maldecir desde lejos a su enemigo.
Mas no pasó mucho tiempo para que el águila recibiera el pago de su
traición contra la amistad. Se encontraban en el campo unos pastores
sacrificando una cabra; cayó el águila sobre ella y se llevó una víscera
que aún conservaba fuego, colocándola en su nido. Vino un fuerte viento
y transmitió el fuego a las pajas, ardiendo también sus pequeños
aguiluchos, que por pequeños aún no sabían volar, los cuales se vinieron
al suelo. Corrió entonces la zorra, y tranquilamente devoró a todos los
aguiluchos ante los ojos de su enemiga.
Nunca traiciones la amistad sincera, pues si lo hicieras, tarde o
temprano del cielo llegará el castigo.
El
águila y los gallos
Dos gallos reñían por la preferencia de las gallinas; y al fin uno puso
en fuga al otro.
Resignadamente se retiró el vencido a un matorral, ocultándose allí. En
cambio el vencedor orgulloso se subió a una tapia alta dándose a cantar
con gran estruendo.
Mas no tardó un águila en caerle y raptarlo. Desde entonces el gallo que
había perdido la riña se quedo con todo el gallinero.
A quien hace alarde de sus propios éxitos, no tarda en aparecerle quien
se los arrebate.
La zorra hambrienta
Una zorra hambrienta encontró en el tronco de una encina unos pedazos de
carne y de pan que unos pastores habían dejado escondidos en una
cavidad. Y entrando en dicha cavidad, se los comió todos.
Pero tanto comió y se le agrandó tanto el vientre que no pudo salir.
Empezó a gemir y a lamentarse del problema en que había caído.
Por casualidad pasó por allí otra zorra, y oyendo sus quejidos se le
acercó y le preguntó que le ocurría. Cuando se enteró de lo acaecido, le
dijo:
-- ¡ Pues quédate tranquila hermana hasta que vuelvas a tener la forma
en que estabas, entonces de seguro podrás salir fácilmente sin problema!
Con paciencia se resuelven muchas dificultades.
La zorra y el espino
Una zorra saltaba sobre unos montículos, y estuvo de pronto a punto de
caerse. Y para evitar la caída, se agarró a un espino, pero sus púas le
hirieron las patas, y sintiendo el dolor que ellas le producían, le dijo
al espino:
-- ¡ Acudí a ti por tu ayuda, y más bien me has herido !
A lo que respondió el espino:
-- ¡Tu tienes la culpa, amiga, por agarrarte a mí, bien sabes lo bueno
que soy para enganchar y herir a todo el mundo, y tú no eres la
excepción!
Nunca pidas ayuda al que acostumbra a hacer el daño.
La zorra y el leñador
Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al
sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le
aconsejó que ingresara a su cabaña.
Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si
había visto a la zorra.
El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente
señalaba la cabaña donde se había escondido.
Los cazadores no comprendieron la señas de la mano y se confiaron
únicamente en lo dicho con la palabra.
La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada.
Le reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le daba
las gracias, a lo que la zorra respondió:
--Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo
mismo.
No niegues con tus actos, lo que pregonas con tus palabras.
La zorra y la serpiente
Se encontraba una higuera a la orilla de un camino, y una zorra vio
junto a ella una serpiente dormida.
Envidiando aquel cuerpo tan largo, y pensando en que podría igualarlo,
se echó la zorra a tierra al lado de la serpiente e intentó estirarse
cuanto pudo. Tanto esfuerzo hizo, hasta que al fin, por vanidosa, se
reventó.
No imites a los más grandes, si aún no tienes las condiciones para
hacerlo.
La zorra y las uvas
Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos
deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.
Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose:
-- ¡ Ni me agradan, están tan verdes... !
Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de
alcanzar.
La zorra y el mono
En una junta de animales, bailó tan bonito el mono, que ganándose la
simpatía de los espectadores, fue elegido rey.
Celosa la zorra por no haber sido ella la elegida, vio un trozo de
comida en un cepo y llevó allí al mono, diciéndole que había encontrado
un tesoro digno de reyes, pero que en lugar de tomarlo para llevárselo
a él, lo había guardado para que fuera él personalmente quien lo
cogiera, ya que era una prerrogativa real.
El mono se acercó sin más reflexión, y quedó prensado en el cepo.
Entonces la zorra, a quien el mono acusaba de tenderle aquella trampa,
repuso:
-- ¡ Eres muy tonto, mono, y todavía pretendes reinar entre todos los
animales !
Nunca te lances a una empresa, si antes no has reflexionado sobre sus
posibles éxitos o peligros.
La zorra y el mono aristócrata
Viajaban por esta tierra juntos una zorra y un mono, disputando a la vez
cada uno sobre su nobleza.
Mientras cada cual detallaba ampliamente sus títulos, llegaron a cierto
lugar. Volvió el mono su mirada hacia un cementerio y rompió a llorar.
Preguntó la zorra que le ocurría, y el mono, mostrándoles unas tumbas le
dijo:
-- ¡Oh, cómo no voy a llorar cuando veo las lápidas funerarias de esos
grandes héroes, mis antepasados!
-- ¡Puedes mentir cuanto quieras -- contestó la zorra --; pues ninguno
de ellos se levantará para contradecirte!
Sé siempre honesto en tu vida. Nunca sabrás si el vecino que te escucha
sabe la verdad y corroborará o desmentirá tus palabras.
La zorra y el chivo
Cayó una zorra en un profundo pozo, viéndose obligada a quedar adentro
por no poder alcanzar la orilla.
Llegó más tarde al mismo pozo un chivo sediento, y viendo a la zorra le
preguntó si el agua era buena. Ella, ocultando su verdadero problema, se
deshizo en elogios para el agua, afirmando que era excelente, e invitó
al chivo a descender y probarla donde ella estaba.
Sin más pensarlo saltó el chivo al pozo, y después de saciar su sed, le
preguntó a la zorra cómo harían para salir de allí.
Dijo entonces la zorra:
-- Hay un modo, que sin duda es nuestra mutua salvación. Apoya tus patas
delanteras contra la pared y alza bien arriba tus cuernos; luego yo
subiré por tu cuerpo y una vez afuera, tiraré de ti.
Le creyó el chivo y así lo hizo con buen gusto, y la zorra trepando
hábilmente por la espalda y los cuernos de su compañero, alcanzó a salir
del pozo, alejándose de la orilla al instante, sin cumplir con lo
prometido.
Cuando el chivo le reclamó la violación de su convenio, se volvió la
zorra y le dijo:
-- ¡ Oye socio, si tuvieras tanta inteligencia como pelos en tu barba,
no hubieras bajado sin pensar antes en cómo salir después !
Antes de comprometerte en algo, piensa primero si podrías salir de
aquello, sin tomar en cuenta lo que te ofrezcan tus vecinos.
El lobo y la
cabra
Encontró un lobo a una
cabra que pastaba a la orilla de un precipicio. Como no podía llegar a
donde estaba ella le dijo:
Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer.
Además, mira este prado donde estoy yo, está bien verde y crecido.
Pero la cabra le dijo:
-- Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a ti mismo, siendo yo tu
plato.
Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños.

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