Había una vez una rosa roja muy bella, se sentía de maravilla al saber
que era la rosa mas bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de
que la gente la veía de lejos. Se dio cuenta de que al lado de ella
siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso que nadie se
acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordena al
sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: Esta bien,
si así lo quieres. Poco tiempo después el sapo pasa por donde estaba
la rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas
y sin pétalos. Le dijo entonces:
Vaya que te ves mal. ¿Que te pasa?
La
rosa contesta:
Es
que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca
pude volver a ser igual.
El
sapo solo contesta
Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso
siempre eras la más bella del jardín.
Moraleja:
Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos más que
ellos, más bellos o simplemente que no nos "sirven" para nada. Dios no
hace a nadie para que sobre en este mundo, todos tenemos algo que
aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a
nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni
siquiera estemos conscientes.
Un
día soleado, dos hermanas llamadas Belleza y Fealdad decidieron salir
juntas a pasear.
Al pasar junto al río, sintieron deseos de tomar un baño, bajo el
fuerte sol de verano; así que se despojaron de sus ropas y entraron
lentamente a las aguas.
Juguetearon, salpicaron con sus saltos dentro del agua y rieron hasta
ya
avanzada la tarde.
Al salir, se vistieron cometiendo una equivocación: Belleza se puso
las ropas de Fealdad, y Fealdad se vistió con las ropas de Belleza ...
Hoy en día la gente sigue confundiéndolas ...
"La verdadera Belleza o Fealdad de una persona, se observa en su
corazón."
Pasando por un pueblo un Mulo llevaba atado un Gato, Al que un
Chico, mostrando disimulo, Le asió la cola por detrás del Mulo.
Herido el Gato, al aparecer sensible, Pególe al Macho un arañazo
horrible; Y herido entonces el sensible Macho, Pegó una coz y
derribó al Muchacho.
Es el mundo, a mi ver, una cadena,
Do, rodando la bola,
El mal que hacemos en cabeza ajena
Refluye en nuestro mal, por Carambola.
Unos
ratoncitos, jugando sin cuidado en un prado, despertaron a un león que
dormía plácidamente al pie de un árbol. La fiera, levantándose de
pronto, atrapó entre sus garras al más atrevido de la pandilla. El ratoncillo, preso de terror, prometió al león
que si le perdonaba la vida la emplearía en servirlo; y aunque esta
promesa lo hizo reír, el león terminó por soltarlo. Tiempo después, la fiera cayó en las redes que un
cazador le había tendido y como, a pesar de su fuerza, no podía
librarse, atronó la selva con sus furiosos rugidos. El ratoncillo, al oírlo, acudió presuroso y rompió
las redes con sus afilados dientes. De esta manera el pequeño
ex-prisionero cumplió su promesa, y salvó la vida del rey de los
animales. El león meditó
seriamente en el favor que acababa de recibir y prometió ser en
adelante más generoso.
En los cambios de fortuna, los poderosos necesitan la ayuda de
los débiles.
Un
hombre, pasando por un monte, encontró una culebra que ciertos
pastores habían atado al tronco de un árbol, y, compadeciéndose de
ella, la soltó y calentó. Recobrada su fuerza y libertad, la culebra se
volvió contra el hombre y se enroscó fuertemente en su cuello. El hombre, sorprendido, le dijo: - ¿Qué haces? ¿Por qué me pagas tan mal? Y ella respondió: - No hago sino obedecer las leyes de mi instinto. Entretanto pasó una raposa, a la que los
litigantes eligieron por juez de la contienda. - Mal podría juzgar - exclamó la zorra -, lo que
mis ojos no vieron desde el comienzo. Hay que reconstruir los hechos. Entonces el hombre ató a la serpiente, y la zorra,
después de comprobar lo sucedido, pronunció su fallo. - Ahora tú - dirigiéndose al hombre, le dijo -: no
te dejes llevar por corazonadas, y tú - añadió, dirigiéndose a la
serpiente -, si puedes escapar, vete.
Atajar al principio el mal, procura; si llega a echar raíz, tarde se cura.
Una
gallina, al hurgar con sus patas entre la basura, encontró una
piedra preciosa. Sorprendida de verla en aquel lugar inmundo, le
dijo:- ¿Cómo tú, la más codiciada de las riquezas,
estás así humillada entre la basura? Otra suerte habría sido la
tuya si la mano de un joyero te hubiera encontrado en este sitio,
sin duda indigno de ti. El joyero, con su habilidad y su arte,
hubiera dado mayor esplendor a tu brillo; en cambio yo, incapaz de
hacerlo, no puedo remediar tu triste suerte. Te dejo donde estás,
porque de nada me sirves.
La ciencia y la sabiduría nada valen para los necios y los ignorantes.
En casa de un
cerrajero entró la Serpiente un día, y la insensata mordía en una
Lima de acero. Díjole la Lima: - El
mal, necia, será para ti: ¿Cómo has de hacer mella en mí, que hago
polvos el metal?
Quien pretende sin razón al más fuerte derribar, no consigue sino dar
coces contra el aguijón.
Un
campesino alimentaba al mismo tiempo a una cabra y a un asno. La
cabra, envidiosa porque su compañero estaba mejor atendido, le dio el
siguiente consejo:
- La noria y la carga hacen de tu vida un tormento interminable;
simula una enfermedad y déjate caer en un foso, pues así te dejarán
reposar.
El asno, poniendo en práctica el consejo, se dejó caer y se hirió todo
el cuerpo. El amo llamó entonces a un veterinario y le pidió un
remedio que salvase el jumento.
El curandero, después de examinar al enfermo, dispuso que se le diera
de comer un pulmón de cabra para devolverle las fuerzas.
Y sin titubear, el labriego sacrificó de inmediato a la envidiosa
cabra para curar a su asno.
No hagas a otros lo que no
quieres que hagan contigo.
Una
lechuza se enteró de que en cierto palomar vivían muy bien alimentadas
unas palomas. Se pintó de blanco para disfrazarsey se mezcló
con ellas. Las palomas no
reconocieron a la intrusa, mientras estuvo sin abrir el pico; pero un
día que olvidó cuál era su papel, chilló como lechuza que era y las
palomas la echaron a picotazos del palomar. Desconcertada,
regresó a la torre de la iglesia donde vivía, pero sus compañeras no
la conocieron por aquel plumaje extraño, y la echaron de su lado. Así
la pobre lechuza perdió hasta su propio refugio.
Quien su bien usurpa al dueño, no espere tranquilo
sueño.
Un
labriego tenía un enorme perro como guardián de sus extensos cultivos.
El animal era tan bravo que jamás ladrón alguno se atrevió a escalar
la cerca de los sembrados. El amo, cuidadoso de su
can, lo alimentaba lo mejor que podía, y el perro, para mostrar su
agradecimiento, redoblaba el cuidado de los campos. Cierto día, el buey
del establo quiso probar un bocado de la alfalfa que su amo le
guardaba, pero el perro, poniéndose furioso y enseñándole los dientes,
trató de ahuyentarlo. El buey, reprochando su
equivocada conducta, le dijo: - Eres un tonto,
perro envidioso. Ni comes ni dejas comer. Y añadió: - Si el amo
destina a cada cual lo que le aprovecha y la alfalfa es mi alimento,
no veo que tengas razón para inmiscuirte en negocio ajeno.
Cierto
perro cogió entre sus dientes un gran pedazo de carne. "'¡Qué
magnífico!", se dijo el incauto animal. "Lo llevaré a casa y allí lo
comeré a mi regalado gusto". En el camino cruzó un
arroyuelo, cuyascristalinas aguas reflejaron su imagen, y le
hicieron ver ingenuamente a otro perro con una presa más grande en el
hocico. Como el animal tenía
hambre, abrió la boca y se zambulló en el agua para coger el pedazo de
carne del otro perro. Mas, ¡oh desencanto!, se sumergió hasta el fondo
y no encontró a su rival. Entonces se dio cuenta,
aunque tarde, de que su gula le había costado la pérdida de su propia
presa.
A veces, para perseguir una ilusión sin fundamento, descuidamos lo que
ya tenemos y acabamos quedándonos sin nada. Como dice el refrán:
Más vale pájaro en mano que ciento volando.
Cierto
día muy caluroso, una paloma se detuvo a descansar sobre la rama de un
árbol, al lado del cual discurría un límpido arroyuelo. De repente, una abejita
se acercó a beber, pero la pobrecita estuvo a punto de perecer
arrastrada por la corriente. Al verla en tal aprieto la paloma, voló
hacia ella y la sacó con el pico. Más tarde, un cazador
divisó a la paloma y se dispuso a darle muerte. En aquel mismo
instante acudió presurosa la abeja y, para salvar a su bienhechora,
clavó su aguijón en la mano del hombre. El dolor hizo que el
cazador sacudiese el brazo y fallara el tiro, con lo que se salvó la
linda y blanca palomita.
Haz a los otros lo que quisieras que ellos también
hiciesen por ti.
Quería
una zorra desayunarse con la pechuga de un gallo que lucía su
corpulencia cantando en un árbol.
- Querido gallo, tengo una gran noticia que darte - le dijo la zorra.
- Amiga, ¿qué fresca noticia me traes? - Preguntó el gallo.
- Pues que las zorras han firmado la paz con las aves de corral. Por
lo tanto, ya no estamos en guerra. Baja presto, amigo, para darte un
fuerte abrazo y celebrar así nuestra amistad.
- Debe ser cierto lo que me cuentas - contestó el gallo -, pues por
allá veo dos perros venir a toda carrera, tal vez a darte la misma
noticia.
Al oír esto la zorra, no digo corrió, sino voló, con el rabo entre las
piernas a ocultarse, mientras el gallo le cantaba desde el árbol su
burlón ¡Quiquiriquí!, ¡Cocorocó!, Que quiere decir: de aquí no me
muevo yo.
Un
pavo real convidó a una grulla a un festín suculento. Durante el
banquete se puso a discutir con los comensales acerca de cuál de los
dos poseía mejores dones personales. Abriendo el pavo real su
cola, decía que aquel abanico de finísimas plumas no tenía en el mundo
otra cosa que le igualara en perfección y hermosura. - Ciertamente -
respondió la grulla -, confieso que eres más hermoso que yo, pero si
tus plumas son más vistosas que las mías, en cambio no te sirven para
volar. - Yo, con mis alas -
prosiguió la grulla. Puedo elevarme hasta las nubes, contemplando bajo
mis pies todas las maravillas de la tierra.
Un
ratón de la ciudad invitó a merendar a otro compañero que habitaba en
el campo, y hallándose juntos en la bien provista despensa de un
palacio, dijo el ratón de casa al campesino:
- Amigo mío, come lo que gustes y sin cuidado, que las provisiones son
variadas y abundantes.
Ya habían comenzado a saborear las mejores viandas, cuando de repente
y con gran estrépito, el cocinero abrió la despensa. Los ratones,
asustados, escaparon cada uno por su lado.Al marcharse
el cocinero, salieron de nuevo los comensales, y el campesino, tomando
la palabra, preguntó al ciudadano:
- ¿Es aquí frecuente el peligro?...
- Sí, contestó el otro, esto sucede muy a menudo, y por lo mismo no
debes tener cuidado.
- ¡Ah! - repuso el campesino -. ¡Con que esto acontece todos los días!
Es cierto que vives en la opulencia, pero con todo, prefiero mi
pobreza del campo a la zozobra en que habitas.
Envidiando
la suerte del cochino, un asno maldecía su destino
“Yo decía, trabajo y como paja;
él
come harina y berza, y no trabaja.
A mí me dan palos cada día;
a
él le rascan halagan a porfía.
Así se lamentaba de su suerte;pero
luego que advierteque
a la pocilga alguna gente avanzaen
guisa de matanza,armada
de cuchillo y de caldera,Y que con saña fieradan
al gordo cochino fin sangriento.
Dijo entre sí el jumento:Si en eso paran el ocio y los regalosAl trabajo me atengo y a los palos.
Sección
2
En esta sección
te presentamos las siguientes fábulas:
La rosa y el sapo
Belleza y fealdad
Muchacho, el mulo...
Los ratones y el león
Hombre y la culebra La gallina y el diamante
Serpiente y la lima La cabra y el asno La lechuza y las palomas
El buey y el perro El perro y su imagen La paloma y la abeja La zorra y el gallo El pavo real y la grulla Los dos ratoncitos El asno y el cochino
Nota
¿Qué
es la fábula?Viene del latín, (fabula,relato) Es un relatogeneralmente en versoque oculta una enseñanza moral bajo elvelo de una ficción,dicha enseñanza lleva
el nombre de moraleja.
Se considera a Esopo (un
escritor griego) el más grande fabulista de todos los tiempos. La
mayoría de las fábulas en esta sección son de su autoría.