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El buey y el mosquito
En el cuerno de un buey se posó un mosquito.
Luego de permanecer allí largo rato, al irse a su vuelo
preguntó al buey si se alegraba que por fin se marchase.
El buey le respondió:
-- Ni supe que habías venido. Tampoco notaré cuando te vayas.
Pasar por la vida, sin darle nada a la vida, es ser
insignificante.
El ganso
y el cisne
Un hombre muy rico alimentaba a un ganso y a un cisne juntos,
aunque con diferente fin a cada uno: uno era para el canto y
el otro para la mesa.
Cuando llegó la hora para la cual era alimentado el ganso, era
de noche, y la oscuridad no permitía distinguir entre las dos
aves. Capturado el cisne en lugar del ganso, entonó su bello
canto preludio de muerte. Al oír su voz, el amo lo reconoció y
su canto lo salvó de la muerte.
Antes de tomar una acción sobre alguien o algo, ya sea que le
beneficie o perjudique, primero debemos asegurarnos de su
verdadera identidad.
Las
ratas y el gato
Había una casa invadida de ratas. Lo supo un gato y se fue a
ella, y poco a poco iba devorando las ratas. Pero ellas,
viendo que rápidamente eran cazadas, decidieron guardarse en
sus agujeros.
No pudiendo el gato alcanzarlas, ideó una trampa para que
salieran. Trepó a lo alto de una viga, y colgado de ella se
hizo el muerto. Pero una de las ratas se asomó, lo vio y le
dijo:
-- ¡ Oye amiguito, aunque fueras un saco de harina, no me
acercaría a ti !
Los malvados, cuando no pueden dañar a sus víctimas
directamente, buscan un atrayente truco para lograrlo. Cuídate
siempre de lo que te ofrecen como muy lindo y atrayente.
Los ratones y las comadrejas
Se hallaban en continua guerra los ratones y las comadrejas.
Los ratones, que siempre eran vencidos, se reunieron en
asamblea, y pensando que era por falta de jefes que siempre
perdían, nombraron a varios estrategas. Los nuevos jefes
recién elegidos, queriendo deslumbrar y distinguirse de los
soldados rasos, se hicieron una especie de cuernos y se los
sujetaron firmemente.
Vino la siguiente gran batalla, y como siempre, el ejército de
los ratones llevó las de perder. Entonces todos los ratones
huyeron a sus agujeros, y los jefes, no pudiendo entrar a
causa de sus cuernos, fueron apresados y devorados.
Cuando adquieras puestos de alto nivel, no te vanaglories,
pues mucho mayor que la apariencia del puesto, es la
responsabilidad de cumplir lo encomendado.
El ratón campesino y el
cortesano
Un ratón campesino tenía por amigo a otro de la corte, y lo
invitó a que fuese a comer a la campiña. Mas como sólo podía
ofrecerle trigo y yerbajos, el ratón cortesano le dijo:
-- ¿ Sabes amigo, que llevas una vida de hormiga ? En cambio
yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y a tu disposición
los tendrás.
Partieron ambos para la corte. Mostró el ratón ciudadano a su
amigo trigo y legumbres, higos y queso, frutas y miel.
Maravillado el ratón campesino, bendecía a su amigo de todo
corazón y renegaba de su mala suerte. Dispuestos ya a darse un
festín, un hombre abrió de pronto la puerta. Espantados por el
ruido los dos ratones se lanzaron temerosos a los agujeros.
Volvieron luego a buscar higos secos, pero otra persona
incursionó en el lugar, y al verla, los dos amigos se
precipitaron nuevamente en una rendija para esconderse.
Entonces el ratón de los campos, olvidándose de su hambre,
suspiró y dijo al ratón cortesano:
-- Adiós amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás muy
satisfecho; pero es al precio de mil peligros y constantes
temores. Yo, en cambio, soy un pobrete y vivo mordisqueando la
cebada y el trigo, mas sin congojas ni temores hacia nadie.
Es tu decisión escoger el disponer de ciertos lujos y ventajas
que siempre van unido a congojas y zozobras, o vivir un poco
más austeramente pero con más serenidad.
El ratón y la rana
Un ratón de tierra se hizo amigo de una rana, para desgracia
suya. La rana, obedeciendo a desviadas intenciones de burla,
ató la pata del ratón a su propia pata. Marcharon entonces
primero por tierra para comer trigo, luego se acercaron a la
orilla del pantano. La rana, dando un salto arrastró hasta el
fondo al ratón, mientras que retozaba en el agua lanzando sus
conocidos gritos. El desdichado ratón, hinchado de agua, se
ahogó, quedando a flote atado a la pata de la rana. Los vio un
milano que por ahí volaba y apresó al ratón con sus garras,
arrastrando con él a la rana encadenada, quien también sirvió
de cena al milano.
Toda acción que se hace con intenciones de maldad, siempre
termina en contra del mismo que la comete.
El milano y la culebra
Raptó un milano a una culebra, elevándose por los aires. La
culebra se volvió y le mordió, cayendo ambos desde lo alto a
un precipicio, y el milano murió. Dijo entonces la culebra:
-- ¡ Insensato ! ¿ Por qué has querido hacer mal a quien no te
lo hacía ? En justicia has sido castigado por haberme raptado
sin razón.
Nunca busques dañar a tu prójimo, no vaya a ser que sin que lo
notes, sea más fuerte que tú, y te haga pagar tus injusticias.
La gaviota y el milano
Tragó una gaviota un pez demasiado grande y le estalló la
garganta, quedando muerta a la orilla de la playa. La vio un
milano y dijo:
-- Tienes tu merecido, porque sabiendo de tu capacidad,
abusaste de lo que te estaba permitido.
Sabiendo cuales son tus capacidades, nunca intentes
sobrepasarlas si no te has preparado para ello.
La hormiga, la
paloma y el cazador
Obligada por la sed, una hormiga bajó a un manantial, y
arrastrada por la corriente, estaba a punto de ahogarse.
Viéndola en esta emergencia una paloma, desprendió de un árbol
una ramita y la arrojó a la corriente, montó encima a la
hormiga salvándola.
Mientras tanto un cazador de pájaros se adelantó con su arma
preparada para cazar a la paloma. Le vio la hormiga y le picó
en el talón, haciendo soltar al cazador su arma. Aprovechó el
momento la paloma para alzar el vuelo.
Siempre corresponde en la mejor forma a los favores que
recibas. Debemos ser siempre agradecidos.
La gaviota, el
murciélago y el espino
Se asociaron una gaviota, un murciélago y un espino para
dedicarse juntos al comercio. El murciélago buscó dinero, el
espino unas telas, y la gaviota, una cantidad de cobre. Hecho
lo cual aparejaron un barco. Pero surgió una tremenda borrasca
hundiéndose la barca y perdiéndose la carga; sólo salvaron sus
vidas.
Por eso desde entonces la gaviota revolotea siempre al acecho
en las orillas para ver si el mar arroja en alguna playa su
cobre; el murciélago, huyendo de sus acreedores, sólo sale de
noche para alimentarse; y el espino, en fin, apresa la ropa de
los viajeros tratando de reconocer sus telas.
Siempre volvemos a lo que es de nuestro verdadero interés.
El murciélago y la
comadreja
Cayó un murciélago a tierra y fue apresado por una comadreja.
Viéndose próximo a morir, imploró el murciélago por su vida.
Le dijo la comadreja que no podía soltarle porque de
nacimiento era enemiga de los pájaros. El murciélago replicó
que no era un pájaro sino un ratón, librándose con esta
astucia.
Algún tiempo después volvió a caer de nuevo en las garras de
otra comadreja, y le suplicó que no lo devorara. Contestó
esta comadreja que odiaba a todos los ratones. El murciélago
le afirmó que no era ratón sino pájaro.
Y se libró así por segunda vez.
Sepamos siempre adaptarnos a las circunstancias del momento si
deseamos sobrevivir, en cualquier rama de la vida que
actuemos.
El
jilguero y el murciélago
Un jilguero encerrado en una jaula colgada en una ventana
cantaba de noche. Oyó un murciélago desde lejos su voz, y
acercándosele, le preguntó por qué cantaba sólo de noche.
-- No es sin razón -- repuso -- porque de día cantaba cuando
me atraparon, pero desde entonces aprendí a ser prudente.
-- ¡ Pues no es ahora cuando debías serlo, pues ya estás bien
enjaulado, sino debió haber sido antes de que te capturaran !
-- replicó el murciélago.
La prudencia es para vivirla antes de caer en el error, no
para después de la desgracia.
El granjero, el asno
y la perrita faldera
Un granjero fue un día a sus establos a revisar sus bestias de
carga: entre ellas se encontraba su asno favorito, el cual
siempre estaba bien alimentado y era quien cargaba a su amo.
Junto con el granjero venía también su perrita faldera, la
cual bailaba a su alrededor, lamía su mano y saltaba
alegremente lo mejor que podía. El granjero revisó
su bolso y dio a su perrita un delicioso bocado, y se sentó a
dar órdenes a sus empleados. La perrita entonces saltó al
regazo de su amo y se quedó ahí, parpadeando sus ojos mientras
el amo le acariciaba sus orejas.
El asno celoso de ver aquello, se soltó de su jáquima y
comenzó a pararse en dos patas tratando de imitar el baile de
la perrita. El amo no podía aguantar la risa, y el asno
arrimándose a él, puso sus patas sobre los hombros del
granjero intentando subirse a su regazo. Los empleados del
granjero corrieron inmediatamente con palos y horcas,
enseñándole al asno que las toscas actuaciones no son cosa de
broma..
No nos dejemos llevar del mal consejo que siempre dan los
injustificados celos.
Sepamos apreciar los valores de los demás.
La comadreja y la lima
Se introdujo una comadreja en el taller de un herrero y se
puso a lamer una lima que ahí se encontraba. Al cabo de un
rato su lengua arrojaba sangre en abundancia, y la comadreja
se puso muy feliz pensando que había arrancado algo al hierro,
hasta que acabó por perder su propia lengua.
Piensa siempre que si haces un daño, tarde o temprano éste
regresará contra ti.
El cerdo, los
carneros y el pastor
Se metió un cerdo dentro de un rebaño de carneros, y pacía con
ellos. Pero un día lo capturó el pastor y el cerdo se puso a
gruñir y forcejear.
Los carneros lo regañaban por gritón diciéndole:
-- A nosotros también nos echa mano constantemente y nunca nos
quejamos.
-- Ah sí -- replicó el cerdo --, pero no es con el mismo fin.
A ustedes les echan mano por la lana, pero a mí es por mi
carne.
Perder lo reponible no nos debe preocupar, pero sí el perder
lo que es irreparable.

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