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CAMINANDO CON JESUS

 

ESTUDIOS DEVOCIONALES SOBRE EL EVANGELIO DE MARCOS

 

POR  ALFREDO BACA AGUIRRE

 

ESTUDIO 1.

El evangelio de Marcos fue escrito entre el 55 y 65 d.C., y es considerado como el primer evangelio que se escribió. El nombre completo del autor es Juan Marcos, el cual escribió el evangelio desde Roma para los cristianos de ese lugar específicamente, pero también a todo cristiano de cualquier otra parte del mundo, época, sociedad, etc. Juan Marcos no conoció a Cristo en persona, ni siquiera fue uno de sus apóstoles, sin embargo, sí estuvo con los demás discípulos de Jesús tiempo después, cuando el Señor ya había ascendido al cielo.

Muchos consideran al evangelio de Marcos como el evangelio de Pedro, dado que se dice que fue el apóstol Pedro quien ayudó a Marcos a escribir el evangelio.

Este evangelio se considera como un “evangelio de acción”, donde el autor no se detiene mucho en explicaciones largas de genealogías, tal como lo hace Mateo en su escrito, sino que entra de lleno a exponer rápidamente la obra de Jesús, presentando a éste como “el Siervo de Dios”.

 

CAPÍTULO I

 

1:1 Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 

 

Es interesante notar que los cuatro evangelios comienzan “por el principio”, refiriéndose en todo momento a Jesucristo. Así pues, Mateo comienza hablando sobre la genealogía de Jesús, (Mateo 1:1); Marcos habla del principio del evangelio de Jesús, (Marcos 1:1); Lucas hace referencia de testigos que desde el principio vieron a Jesús y ministraron su palabra, (Lucas 1:2); y finalmente Juan menciona que en el principio era el Verbo, y que este Verbo es Jesús, (Juan 1:1).

“Evangelio de Jesucristo”; no es otra cosa que las buenas nuevas de Jesucristo para el hombre. Es importante que la escritura mencione al autor de tales “buenas nuevas”, ya que no es por hombre ni de hombre el que la doctrina bíblica se haya escrito, sino que corresponde en su totalidad a Dios, a través de Jesucristo. Si el evangelio fuese obra del ser humano, estaríamos perdiendo nuestro tiempo y nuestra vida al depositar nuestra fe y confianza en ideas meramente humanas. No obstante, Juan Marcos, nos dice claramente que el evangelio es de autoría Divina, celestial, proveniente del Señor Jesucristo.

“Hijo de Dios”. Puesto que existe tanta filosofía escéptica, y atea, nuestra mente se ha cerrado para evitar creer en “dioses que bajan a la tierra”. Por tanta hueca filosofía y mitologías extrañas, pensamos a veces que Jesús simplemente fue un hombre bueno, o un gran maestro espiritual al cual sus discípulos lo convirtieron en leyenda, a tal grado de convertirlo en un “dios”. Cuán firme debe ser nuestra fe para creer que no se trata de una fantasía o mitología la que aparece en las Escrituras, sino que realmente Jesús fue y es el hijo de Dios, el cual es Señor por los siglos. Nuestra mente debe estar libre de toda influencia contraria a Dios para creer que realmente Jesús es el eterno rey de nuestras vidas. Inmortal. Poderoso. Dios mismo.

1:2 Como está escrito en Isaías el profeta: 
He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti.

Marcos hace referencia del profeta Isaías, el cual se refiere en su profecía a Juan el Bautista, quien prepararía el camino de Jesús, el Mesías. Esta profecía se hizo 680 años antes de Cristo. Para Marcos es importante ligar a Jesús con la profecía de Isaías, puesto que debe comprobarse que efectivamente Jesús corresponde a la figura Mesiánica. Juan el Bautista, seis siglos más tarde, aparece preparando el camino a Jesús, cumpliendo totalmente con lo profetizado. También aquí vemos que no es por hombre ni de hombres el que Juan el Bautista haya predicado sobre el Mesías, sino que dice Isaías “yo envío”, refiriéndose a Dios como el que lo está enviando. El “mensajero” es Juan el Bautista; mientras que a quien se le prepara el camino, es a Jesús.

1:3 Voz del que clama en el desierto: 
Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas.
 

Siguiendo con Isaías, éste se refiere a Juan el Bautista como “una voz que clama en el desierto”, el cual tiene por misión “suavizar el camino” al Mesías. Debía preparar a Israel para el encuentro con su tan anhelado Salvador, su Mesías. 

1:4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. 
 

Tal como dijo Isaías, Juan se encontraba en el desierto 680 años después. Este se encontraba bautizando a la gente como un testimonio de arrepentimiento de los pecados de todo aquel que se bautizara, pero no debe entenderse que el bautismo como tal sirviera para limpiar o ser perdonados los pecados. El bautismo NO salva, solo es testimonio de lo que Dios ha hecho en nuestra vida. Vemos que dice “bautismo de arrepentimiento”, pero nunca dice “bautismo para perdonar pecados”. Dios no perdona los pecados de una persona que se bautiza, pero sí lo hace con aquella persona que se arrepiente. Por eso dice “arrepentimiento para perdón de pecados”. Arrepentimiento. Dentro de este contexto se entiende el bautismo de Juan. 

1:5 Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 
 

Este pasaje confirma la explicación anterior, puesto que dice que eran bautizados “confesando sus pecados”. Entonces ya tenemos una fórmula para que nuestros pecados sean perdonados:

1)      Arrepentirse.

2)      Confesar el pecado.  

Quienes hacían esto, no lo hacían ante Juan, sino que confesaban su pecado ante Dios, siendo el resto de la gente testigo de ello, pero sin que alguno actuara como mediador, o intercesor, sino solamente Dios.

El bautismo de Juan era casi exclusivista de los judíos, puesto que dice que salían a él de la provincia de Judea y de Jerusalén, las cuales eran regiones judías.

¿Cómo era que Juan tenía la autoridad para bautizar? La explicación la encontramos en el evangelio de Lucas, el cual menciona en el capítulo primero que un ángel apareció a Zacarías, siervo de Dios, el cual junto con su esposa eran irreprensibles delante de su Señor, y tenían una petición delante de él. Dicha petición era el tener un hijo, lo cual Dios les concedió, y les dijo que ese niño sería grande delante del pueblo y de Dios mismo, y que haría que muchos de los hijos de Israel se convirtieran al Señor Dios de ellos. Ese niño se llamaría Juan, y sería lleno del Espíritu Santo. Así mismo, tendría el espíritu y el poder de Elías. Más tarde, Jesús se dirigió a Juan como el más grande de los profetas (Lucas 7:28). Así es como Juan tenía autoridad para hacer lo que hacía.

1:6 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. 

Llama la atención la apariencia y “dieta” de Juan, puesto que no era común que la gente vistiera y comiera de esa manera, es por eso que Marcos escribe esta particularidad. Ya de por sí los profetas eran algo excéntricos, ya fuera por sus palabras, su forma de vivir, y sus vestimentas. Además, Juan estaba predicando un mensaje sencillo, humilde, y no podía vestir de manera ostentosa, que además de no poder hacerlo económicamente, su papel de “Nazareo” (dedicado a Dios), no se lo permitía. Lucas 1:15 menciona que Juan no debía beber vino ni sidra, sino que estaría dedicado por completo al mensaje de Dios.

1:7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar  encorvado la correa de su calzado. 

Aquí también vemos que Juan no predicaba exclusivamente el bautismo, sino que decía: “Viene tras mí el que es más poderoso que yo”; refiriéndose al Mesías, en la persona de Jesús. Haciendo un resumen de lo que Juan predicaba, tenemos:

1)      Arrepentimiento

2)      Confesión

3)      Bautismo como testimonio

4)      La llegada del Mesías

Dicho de otra forma, la manera en que podemos recibir la salvación de nuestras almas es arrepentirnos de nuestros pecados, confesar a Dios nuestro pecado y pedirle perdón, reconocer a Jesús como rey y Señor de nuestra vida, recibirlo en nuestro corazón, y haciendo esto estaremos seguros que Dios a través de Jesucristo nos dará la salvación. El bautismo, que por cierto Jesús se bautizó de grande y no de niño, solo es para testificar que ya tenemos la salvación, pero no nos salva como tal, así que los niños que se bautizan no les sirve de nada. Juan reconocía el poder que obraba en él a través del Espíritu Santo, pero menciona que alguien mayor y más poderoso que él estaba por venir. Aun cuando Juan podía presumir de haber sido escogido por Dios para una misión tan hermosa y sublime, su corazón permaneció en humildad, declarando que “no era digno de desatar agachado el calzado de su Señor”.

1:8 Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo. 

Juan menciona que el agua no sirve en lo absoluto, salvo como un medio para dar testimonio a través del bautismo; pero menciona que aquel que estaba por llegar, bautizaría con algo realmente efectivo, esto era el Espíritu Santo. Este llenaría a cada hombre de su presencia, a través de su Espíritu.

 

1:9 Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 
 

El bautismo era para testimonio a los demás de una limpia conciencia ante Dios y los hombres. Cuando alguien se bautizaba, era porque había actuado en él arrepentimiento y confesión de pecados, testificando públicamente su rechazo a aquellas obras cometidas, y anhelando un nuevo estilo de vida. Aun cuando Jesús no tuvo pecado fue a Juan para ser bautizado, por algunas razones.

 

1)      Juan era considerado como una autoridad ante el pueblo de Israel, puesto que había sido enviado por Dios.

2)      Jesús quiere que Juan siga cumpliendo al pie de la letra aquello de “preparar” el camino, lo cual consistía en guiar a la gente a Jesús.

3)      Jesús no quiere que la gente piense que él se oponía a la predicación de Juan, tal como lo hacían los fariseos al rechazar la doctrina y el bautismo de Juan.

4)      En su condición de hombre, de humano, se solidariza con ellos, haciéndoles ver que todo hombre necesita de la misericordia de Dios.

5)      Fue un ejemplo sobre una ordenanza bíblica.

 

1:10 Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. 
 

Oficialmente, Jesús es ungido para comenzar su ministerio. Su ministerio había empezado. Los cielos se abren ante él, mientras que el Espíritu Santo se posaba en él. Aquí tenemos a la trinidad actuando en su totalidad: Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo.

 

1:11 Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.Isaias 42. 1Mateo 12. 18Mateo 17. 5Marcos 9. 7Lucas 9. 35

 

El que los cielos se hayan abierto, significa que el Padre está interactuando con el Hijo, dado que una voz dice: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”. El deleite del Padre está en el Hijo. También aquí nos remitimos a una profecía de Isaías, la cual menciona: “Mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones” (Isaías 42:1).

 

1:12 Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. 
 

Luego de ser bautizado, Jesús es llevado al desierto para continuar con su preparación espiritual. No es como muchos piensan que Jesús fue a la India o a algún otro lugar para aprender cosas espirituales, sino que el Espíritu Santo lo impulsa a ir en su condición de hombre a un lugar aparte, cerca de su tierra, al desierto. Esto es porque para poder cumplir con una misión tan delicada y fuerte, como lo fue su ministerio y propósito en la Tierra, Jesús debía preparase en oración y ayuno por un largo tiempo. Como Dios, no era necesario que lo hiciera, pero en su condición de hombre, era conveniente hacerlo así.

 

1:13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían. 

 

Marcos no entra en detalle sobre la tentación de Jesús por parte de Satanás, tal como aparece en otros evangelios este pasaje, sino que prosigue rápidamente a hablar sobre el ministerio y obra de Jesús. Tendremos que correr paralelos a la narración de Marcos, y dejar de lado una explicación sobre la tentación de Jesús para cuando analicemos otro evangelio. O bien, dedicaremos luego un espacio para un estudio profundo sobre el encuentro de Satanás con Jesús.

 

1:14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

El profeta Juan el Bautista había sido encarcelado por Herodes, puesto que Juan le echaba en cara que no era lícito el adulterio, el cual practicaba Herodes con la esposa de su hermano. Esta mujer empuja a Herodes a encarcelar a Juan, para luego hacerle morir. Por lo que vemos, esto no detiene la predicación de Jesús, quien llega a Galilea para predicar el evangelio del reino de Dios.

 
1:15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. 

 

El libro de Eclesiastés menciona que “todo tiene su tiempo”. Jesús menciona que el tiempo de Dios ha llegado, se ha cumplido. Menciona que el reino de Dios se ha acercado al hombre. Este reino no se refiere a la misericordia de Dios hacia el ser humano, puesto que ésta siempre ha estado presente; más bien se refiere al tiempo de la redención del hombre a través del sacrificio de Jesús en la cruz. Antes que Jesús viniese teníamos solo una opción, la de vivir en las tinieblas; pero ahora que su reino está cerca, tenemos la opción de vivir libres en su luz. Jesús adiciona un ingrediente más a la predicación de Juan, siendo el “creer en el evangelio”, lo cual significa creer que él ha venido de Dios, trayéndonos salvación a través de su nombre. Creer significa depositar por completo nuestra fe en su Palabra, en sus manos, y en sus promesas. Creer significa decirle adiós al mundo y cambiar de dirección hacia Jesús. Creer significa dejar el trono nuestro a su disposición.

 

1:16 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 

 

Simón (Pedro) y Andrés, su hermano, fueron los primeros de los apóstoles con los que Jesús tuvo contacto. Estos eran pescadores. Jesús los vio junto al mar de Galilea y se acercó a ellos.

 

1:17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.
1:18 Y dejando luego sus redes, le siguieron. 

 

El evangelio de Juan da más luz sobre estos versículos, al mencionar que Andrés, hermano de Simón (Pedro), había sido discípulo de Juan el Bautista. Éste último había mencionado que Jesús era ese alguien que estaba por llegar, a quien él había preparado el camino. Juan el Bautista declara que Jesús es el Cordero de Dios, el Mesías en otras palabras. Andrés escucha a Juan y decide ir con Pedro a decirle que han encontrado al Mesías (Juan 1:29-42). Es por esto que cuando Jesús les dice que lo sigan, estos dejaron al instante sus redes y le siguieron. Es interesante que no cambiaran de profesión, sino que siguieron siendo “pescadores”, aunque ahora fueran “pescadores de hombres”. Aquí vemos el trabajo y fruto de la predicación de Juan el Bautista, al preparar el corazón del pueblo para recibir con gozo al Mesías.

 

1:19 Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. 
1:20 Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron. 

 

Otros dos varones que conocían la doctrina de Juan el Bautista se unen a Jesús, siguiéndole al instante. Estos le siguieron debido a que sus corazones estaban receptivos a la palabra de Dios, y aunque no conocían en su totalidad las escrituras, sabían que la predicación y palabras de Juan el Bautista eran verdaderas. Sabían que lo que Juan había dicho sobre Jesús era cierto. Esto los alentó a seguirlo, a tal grado que dejaron sus ocupaciones y familiares para hacerlo. No abandonaron del todo a su familia, sino que ahora sus ocupaciones habían de ser otras.

 

1:21 Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. 

 

Capernaum era una ciudad con gran decadencia espiritual, así que, era la ciudad ideal para confrontar a sus habitantes con el evangelio de Dios. Los días de reposo eran empleados por Jesús para enseñar, dado que en ese día en particular, era cuando la gente se reunía en las sinagogas para escuchar los escritos de la ley y los profetas. Así, Jesús aprovechaba la concurrencia y el ambiente religioso para predicar la doctrina.

Una sinagoga era un lugar donde se reunían a estudiar las escrituras los judíos.

 

1:22 Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.Mateo 7. 28-29

 

Todo aquel que escuchaba la enseñanza de Jesús se maravillaba de él, puesto que en su palabra se mostraba la autoridad divina, y no como los escribas que solo hacían vanas palabrerías. Jesús era de carácter firme, decidido, y predicaba con palabras y con hechos. Los grupos religiosos solo lo hacían de manera superficial. Debido a esto, Jesús causaba admiración entre la gente.

 

1:23 Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, 
1:24 diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. 

 

Mucha gente piensa y cree firmemente que Satanás no puede entrar a los templos que han sido dedicados al servicio de Dios. Esto no es así. Por lo que vemos en este pasaje, había un hombre con un espíritu inmundo (un demonio) dentro de él. Este hombre era parte de la congregación de aquella sinagoga. Quizás tenía mucho tiempo entre ellos, o quizás hacía poco que empezaba a ir allí, pero algo es seguro: estaba poseído por un demonio. Aquel espíritu se manifestó por la poderosa presencia de Jesús en aquel lugar, y llama la atención que habló en plural diciendo: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno?” Tal vez se refiere a él y al hombre que estaba poseído, o bien, que hubiese más demonios dentro de él. Lo cierto es que este espíritu reconoce quién es Jesús, ya que le llama por su nombre y menciona su procedencia, “Nazareno”. El espíritu creía que Jesús lo iba a destruir cuando menciona “¿has venido para destruirnos?” Y se refiere a Jesús como el Santo de Dios.

En aquella época al igual que ahora, había mucha gente que tenía espíritus inmundos o demonios dentro de ellos, debido a que practicaban la brujería, y consultaban a los muertos; hoy día mucha gente juega a la “ouija”, y consulta los horóscopos, causando que Satanás y sus demonios entren en esa gente. Debemos tener cuidado de no hacer ese tipo de prácticas que no son aprobadas por Dios.

 

1:25 Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! 
1:26 Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. 

 

Vemos que la respuesta de Jesús fue que guardara silencio para que no descubriera aun su identidad, y le dice que saliera de él. Si Jesús se hubiese presentado ante todo el pueblo como el Mesías esperado, se hubiese entorpecido su misión y propósito para la cual había sido enviado a la Tierra. Era por esto que Jesús muchas veces mandó callar a los demonios para evitar que le entorpecieran sus propósitos.

El espíritu inmundo tampoco fue destruido por parte de Jesús, dado que vendrá el tiempo para destruir a Satanás junto con todos sus seguidores, ya sean hombres o huestes espirituales. Antes de abandonar a aquel hombre, el espíritu le sacudió con violencia y lanzó un gran alarido, para finalmente salir de él. La escritura no menciona a dónde fue a parar aquel espíritu, pero debemos creer que Jesús le envió a algún lugar donde no causara más problemas a los hombres.

 

1:27 Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? 
1:28 Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

 

En ningún lugar del antiguo testamento podemos encontrar algo semejante a lo que Jesús hizo con aquel hombre. Salvo por la mención que se hace sobre David cuando tocaba su arpa para alejar a un espíritu inmundo que atormentaba al rey Saúl, no encontramos nada parecido al exorcismo de este hombre. Es por esto que la gente que fue testigo del poder de Jesús, se preguntaba: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta?” Puesto que nunca antes habían visto cosa igual. No sabían cómo era que Jesús podía hacer aquello, y se preguntaban con qué autoridad lo había hecho. Ellos mismos reconocen que los espíritus inmundos se someten a Jesús, pero de nada les sirvió, ya que tiempo después lo odiaron y lo llevaron a la muerte.

Aun así, la fama de Jesús y sus milagros y testimonio empezaron a circular por toda la región de Galilea.

 

1:29 Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. 
1:30 Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. 
1:31 Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía. 

 

Luego que salen de la sinagoga, Jesús se dirige a la casa de Pedro, junto con otros tres discípulos. Pedro, a diferencia de lo que se cree en ciertos grupos religiosos, era casado. La prueba está en que tenía suegra, la cual estaba enferma, con fiebre. Cuando Jesús llega, le dicen que aquella mujer se encuentra enferma, como dándole a entender que la sanase. Jesús había demostrado su poder sobre las fuerzas oscuras, las fuerzas del mal; ahora, Jesús muestra su poder sobre la enfermedad, sanando a la suegra de Pedro.

Cuando dice “ella les servía”, parece muy abusivo a nosotros por parte de aquellas personas el poner a trabajar a quien había estado enferma; sin embargo, el contexto es que ella realmente había sido sanada, y no de una gripe, sino de fiebre. El que ella se haya levantado a servir, muestra que la enfermedad la había abandonado y que se encontraba perfectamente sana, y sin impedimentos.

 

1:32 Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; 
1:33 y toda la ciudad se agolpó a la puerta. 
1:34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían. 

 

Cuando estos hechos empezaron a divulgarse entre el pueblo, la gente comenzó a traer a Jesús a sus familiares y amigos enfermos y poseídos por espíritus. Ya no tan solo el hombre de la sinagoga y la suegra de Pedro experimentaron el poder de Jesús, sino que ahora eran muchos los que disfrutaban la sanidad y liberación que el carpintero Nazareno les proveía.

 

1:35 Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. 

 

Jesús acostumbraba a emplear bien su tiempo. Se levantaba todavía siendo oscuro y se disponía a orar. No buscaba las grandes plazas. No buscaba lugares concurridos. Buscaba lugares solos, desiertos, donde pudiera sentirse libre para clamar, y entrar en comunión con su Padre. La oración era fundamental en su vida, y sabiendo esto, se preparaba en ella desde que el día comenzaba. No podemos esperar recibir victoria, revelación, poder, y guianza del Señor si no le buscamos en oración. La oración debe ser una parte vital en nuestra vida, cada día, cada hora, cada minuto, bajo cualquier circunstancia. De otra manera, estaremos a merced del enemigo.

 

1:36 Y le buscó Simón, y los que con él estaban; 
1:37 y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. 
1:38 El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.
1:39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.
Mateo 4. 23Mateo 9. 35

Los discípulos le dicen a Jesús que la gente estaba preguntando por él, dado que tenían muchas necesidades. Jesús menciona que también había de ir a otros lugares, dado que esa era su misión. La región de Galilea fue testigo de los poderosos milagros de Jesús por mucho tiempo.

 

1:40 Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 
1:41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.
 

 

Vemos en este leproso un corazón humilde. Llegó ante Jesús y le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme”. Además se hincó ante él. El leproso no tuvo cuidado de la gente que estaba con Jesús, puesto que no era correcto que los leprosos se acercaran a la demás gente, ya que podían contagiarlos, y sabemos que Jesús estaba rodeado por mucha gente. La gente tuvo que apartarse del leproso, dado que el leproso llegó hasta donde estaba Jesús para hacerle su rogativa. El leproso pensaba que Jesús lo tocaría para ser sano, y al hacerlo, correría el riesgo de contaminarse, también por eso le dice “si quieres”. En otras palabras, le dijo: “Si no te doy asco, o no te da temor ni cuidado tocarme, hazlo y sáname”. A lo que Jesús respondió: “No me da asco tu condición, quiero tocarte con mi mano para que recibas sanidad”. Vemos la misericordia de Jesús actuando en la vida de este hombre leproso, con un profundo amor por él. Cuando el ser humano llega a Jesús con humildad, es seguro que la misericordia del Señor se extenderá a quien la solicite.

 

1:42 Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. 
1:43 Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, 
1:44 y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos.
1:45 Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes. 

 

El espíritu inmundo, la fiebre, y la lepra, no fueron impedimento para Jesús.

Jesús envió a este hombre a presentarse ante el sacerdote judío para que éste le diera el visto bueno de que ya no tenía lepra y que podía convivir nuevamente en sociedad, entre la gente del pueblo. Esta costumbre estaba desde la época de Moisés. También la sanidad era motivo para que quien la hubiese recibido ofreciera una ofrenda por la purificación. Antes de llegar al templo con el sacerdote, aquel hombre lleno de gozo por haber sido sanado, comenzó a publicar su testimonio por diferentes lugares. Esto causó que la fama de Jesús se consolidara aun más, de tal forma que no podía entrar abiertamente en las ciudades, debido a las multitudes que lo seguían.

 

Aquí termina el primer estudio de Marcos, luego continuaremos en el capítulo dos.

 

Nota: Si desea comunicarse con el hermano Alfredo, hágalo a través de su correo electrónico.

baca7321@yahoo.com.mx


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Estudios Bíblicos

                     Sección 9 

En esta sección te presentamos el siguiente estudio:

Comentario del capítulo 1 de Marcos
 

                      Nota

Agradecemos al hermano Alfredo por la aportación de este estudio. 

 Estos estudios vienen a ser de gran ayuda para comprender mejor algunos temas bíblicos.

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