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LOS NOMBRES DE DIOS

Los nombres de Dios en el Antiguo Testamento son importantes para comprender quién es El y cómo es. Los nombres divinos son para expresar hechos importantes acerca de la naturaleza de Dios.

Para los hebreos, los nombres eran descriptivos y expresaban significados. Nunca se usaban simplemente para distinguir a una persona de la otra. El nombre de una persona representaba su esencia distintiva, su carácter, un elemento esencial en su personalidad. El nombre de una persona era casi el equivalente de su ser e individualidad. La naturaleza interna de una persona u objeto se expresa en el nombre. El nombre de una cosa es el sello de su naturaleza y la expresión de la impresión que hace su naturaleza. El nombre de un hombre pudiera representar un ideal al que él no pudiera aproximarse; pudiera ser más de lo que él es. Pero el nombre de Dios no puede medir totalmente lo que El es. Sin embargo, a pesar de sus limitaciones, los nombres aplicados a la Deidad, son información teológica Importante.

Aun el término shem (nombre) cuando se aplica a Dios, lleva consigo un especial significado. El nombre de Dios es en efecto, la suma de toda su revelación de sí mismo. Así se usa en Salmos 8:1, “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!” (ver también v. 9; y 89:12). La bendición levítica de Números 6:22-27 es "pondrán el nombre del Señor sobre su pueblo, dándoles la seguridad de su presencia" "Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce a ti su rostro, y ponga en ti paz. Y pondrán mi nombre los hijos de Israel, y yo los bendeciré" (vv. 23-27). El nombre del Señor se usa también como expresión del hecho de la presencia de Dios. Las tribus habrían de ir a adorar al “lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos y la ofrenda elevada de vuestras manos” (Dt. 12:5-6, ver también 1 R, 8:29; Is. 18:7; Jer. 7:12).

El “llamar en el nombre del Señor” es llamar a Dios mismo y expresa la esencia de la adoración. En los días de Enós, el hijo de Seth “los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová” (Gn. 4:26). Abraham construyó un altar cerca de Bethel en su primer arribo a Palestina “e invocó el nombre de Jehová” (12:8; ver también 13:4, 21:33; 26:25; 1 R. 18:24).

Ese nombre es santo (Lv. 20:3; 22:2, 32; 1 Cr. 16:10; y con frecuencia en los Salmos). No debe tomarse en vano (Ex. 20:7; Dt. 5:11). “Proclamar el nombre del Señor” es decir qué Dios (Ex. 33:19; 34:6-7). Hablar (Dt. 18:22; 1 Cr. 21:19), bendecir (Dt. 21:5, 2 S. 6:18), o actuar (1 S. 17:45; Sal. 118:10-12) en el nombre del Señor, es hablar, bendecir o actuar con su autoridad y poder.

Hay varios nombres divinos específicos para considerar, pero los dos. más importantes se dan en los primeros tres capítulos de Génesis. Los nombres son Elohim (Dios; Gn. 1: 1-23) y Yahweh (el Señor; 2:5 ss.).

El Creador Dios

La teología del Antiguo Testamento principia donde la Biblia principia, con el Creador Dios de Génesis 1:1 “En el principio ... Dios...” La Biblia primero responde a la pregunta ¿Quién es Dios? con la afirmación “Dios es el Creador de los cielos y de la tierra y de todo lo que en ellos hay.”

“El principio” se refiere específicamente al origen del universo finito. La Biblia habla de realidades “antes de la fundación del mundo” y de la “gloria, antes que el mundo fuese” (Jn. 17:24-5; ver Ef. 1:4; Tit. 1:2; 1 P. 1:20). Francis Schaeffer condensa los datos diciendo: “Algo existió antes de la creación y ese algo fue personal y no estático; el Padre amaba al Hijo; había un plan; había comunicación; y se hicieron promesas antes de la creación de los cielos y de la tierra.”

Elohim y El

Aquí, el término traducido en “Dios” (y por todo el Antiguo Testamento, virtualmente en toda versión hispana) es Elohim. Elohim ocurre 2,500 veces en el Antiguo Testamento hebreo. Se usa como la designación para el verdadero Dios viviente más de 2,200 veces. Se usa 245 veces para describir a los dioses de los paganos, para los ángeles o para hombres de un rango superior.

En cuanto a forma, Elohim es un plural. La derivación y significado original de Elohim es incierto. La raíz El es común a otros idiomas semíticos tales como el asirio, el fenicio y el aramaico. Se cree que significa “ser fuerte,” “el fuerte,” "el estar al frente, el Líder.” Cuando se usa como un nombre común como en Génesis 31:29, se traduce en “poder”

Cuando el singular El se usa refiriéndose a Dios, casi siempre se modifica por otro término: por ejemplo, “Dios el Altísimo” (El Elyon Gn. 14:18-20, 22; Nm. 24:16; Dn. 3:26); “Dios Todopoderoso” (El Shaddai Gn. 17:1); “el Dios eterno” (El olam Gn. 21:33); “El Dios viviente” (El chay Dt. 5:26); “el Dios de misericordia” (El Nahum Ex. 34:6); y “el Dios que ve” (El ro'i Gn. 16:13).

El ocurre también muchas veces en nombres de personas y lugares-Israel (“Dios lucha”), Bethel (“casa de Dios”), Emmanuel (“Dios con nosotros”), Joel (“Jehová es Dios”), etc. La forma singular Eloah se usa 41 veces en Job pero raramente en otro lugar.

El Shadda¡

Dos de los términos de definición usados con El son lo suficientemente importantes como para considerarse un poco más. Uno de ellos, El Shaddai, “DiosTodopoderoso” ocurre primero en Génesis 17:1 en el llamado de Dios a Abraham de que anduviera delante de El y fuera perfecto. Esta frase ocurre cuatro veces más en Génesis (28:3, 35:11; 43:14; 48:3), una en Éxodo (6:3) como el nombre por el que Dios había sido principalmente conocido por los patriarcas, y una vez en Ezequiel (10:5). Ha-Shadda¡ (“el Todopoderoso”), sin embargo, ocurre 42 veces: tres veces en el Pentateuco y tres en los Profetas; el resto en la literatura poética -más frecuentemente en Job. Siempre se usa en relación con el verdadero Dios.

Como sucede con muchos otros términos del Antiguo Testamento hebreo, se desconoce la derivación exacta de Shaddai. Todas las explicaciones sugeridas convergen en una idea común “la de poder: poder que protege y bendice” (Gn. 17: 1; Job 8:5, Sal 91:1), o poder que castiga (Job 5:17; 6:4; 21:20; Is.13:6)" Cuando se usa como protección y bendición se tiene especialmente en mente la idea de Dios como el Dador bondadoso.

El Chay

“El Dios viviente” (El chay) ocurre 14 veces en el Antiguo Testamento (Dt. 5:26; Jos. 3:10; 1 S. 17:26, 36; 2 R. 19:4, 16). Además, tales expresiones como “el Señor vive” y “vivo yo dice el Señor” son comparativamente frecuentes (Nm. 14:21; 28; Dt. 32:40; y frecuentemente en los libros históricos).

En muchas maneras, El chay es la designación más característica del verdadero Dios en el Antiguo Testamento así como en el Nuevo. “Dios, quien es el Dios viviente, nunca es estático. La vida es la característica esencial del Dios viviente. El es el Creador y sustentador de todo, Soberano sobre todo, bendito sea para siempre.”

Dios el Creador

Elohim, por tanto, generalmente lleva consigo el significado de fuerza, poder, potencia. Es el término adecuadamente usado por todo Génesis 1:1-2:3 cuando se describe la obra de la creación. Elohim es el Dios Creador quien hace que todas las cosas sean por la palabra de su poder. El es la Fuente y Base de toda realidad.

En sus primerísimas páginas, la Biblia rechaza tanto el panteísmo filosófico (la enseñanza de que Dios y el universo total son idénticos) como el deísmo (la teoría de que Dios puso a andar el universo y lo dejó a expensas de sus leyes impersonales). Dios no se identifica con el universo. El universo es su mano de obra. Por el otro lado, el universo no podía existir aparte del poder creativo y sustentador de Dios. “Los cielos y la tierra” (Gn. 1:1) corresponde con lo que nosotros llamaríamos “el universo” -el reino de lo físico y de los seres síquicos finitos y basados en lo material.

Y así como la existencia de Dios nunca fue disputada por la mente hebrea, su actividad creadora tampoco lo fue. Cada división principal del Antiguo Testamento contiene este énfasis. Génesis, los Salmos e Isaías especialmente, recalcan el hecho de la creación divina -no como una doctrina que hay que defender, sino como la explicación de los principios de la historia humana y la expresión de alabanza y fe en el continuo señorío de Dios sobre su mundo. El salmista lo expresó así: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.” (Sal. 19:1)

El Dios del Pacto

Además de Elohim en el relato de la creación de Génesis 1-2:3, se agrega otro nombre en 2:4-3:24. Es el nombre sagrado Yahweh, conocido también como el “Tetragrámaton” por sus cuatro consonantes hebreas JHVH. Yahweh se usa extensamente desde el 4:1 por todo el Antiguo Testamento tanto de por sí como en conjunción con Elohim. Ocurre como 6,800 veces en las escrituras hebreas.

El Significado de Yahweh

Yahweh es un nombre propio, no un término genérico. La mayoría de las versiones siguen la tradición judía de la Septuaginta y la práctica del Nuevo Testamento traduciéndola en las palabras “el Señor.” Siendo que el hebreo tiene otro vocablo para “señor” (adon, adonai), la presencia de Yahweh en el original se demuestra por el uso de una mayúscula inicial y por las pequeñas mayúsculas en las versiones inglesas (el Señor). Adonai se tradujo con una mayúscula inicial y letras minúsculas "eñor” (el Señor) cuando se usa para Dios y generalmente ese es el caso. En vista de que el nombre personal del verdadero Dios se consideraba demasiado sagrado para pronunciarse, la costumbre judía desde tiempo inmemorial ha sido la de leer adonai cada vez que aparece Yahweh en las Escrituras.

La versión hispana tradujo Yahweh en “Jehová.” El término “Jehová” se usó siete veces en la versión de Valera de las cuales tres están en nombres compuestos de lugares (Gn. 22:14; Ex. 6:3; 17:15; Jue. 6:24; Sal. 83:18; Is. 12:2; 26:4).

Como en el caso de Elohim la derivación exacta y significado de Yahweh ha sido motivo de discusión por los eruditos bíblicos. La palabra misma se deriva de una forma del verbo “ser” (ver Ex. 3:14; 6:2-3). Varias veces se ha interpretado para significar.

1. Uno que es eternalmente auto-existente, de aquí que sea incambiable-auto-originado, auto-independiente, “no expuesto a alteración por el poder del mundo y del tiempo.”

2. El que causa el ser o viene a ser.

3. El que está presente, quien estará con su pueblo.

Estos significados sugeridos no son necesariamente exclusivos mutuamente. Cada uno contribuye a la riqueza de comprensión del nombre.

Éxodo 3:13-14 y 6:2-3 han sido malentendidos por algunos para implicar que el nombre Yahweh fue dado a conocer primero a Moisés. Génesis 4:26, sin embargo, declara que en los días de Enós, hijo de Seth, “los hombres comenzaron a invocar el nombre de [Yahweh].” Lo que los pasajes de Éxodo quieren decir es que por primera vez se le explicó el nombre a Moisés. El uso hebreo demuestra que el punto de la pregunta de Moisés no era “¿Quién eres?” o “¿Córno te llamas?” sino “¿Qué es lo que encuentra expresión o se esconde en el nombre?”

A. B. Davidson señaló que Yahweh no es un nombre ontológico sino redentivo. Expresa la fidelidad de Dios, su constancia, la idea total del pacto divino-humano de salvación. No está interesado tanto en la naturaleza esencial de Dios como en su relación a Israel como el Dios del pacto. Yahweh  es el “nombre de su pacto, y de su amor redentor.”

Yahweh también se encuentra en combinaciones con otros nombres y en nombres compuestos. Ciertos compuestos se usan para describir lugares en que sucedieron eventos significativos y en que Dios se reveló a sí mismo: Jehová (Yahweh) Jireh, “Jehová proveerá” (Gn. 22:14); Jehová (Yahweh) Nissi, “Jehová es mi estandarte” (Ex. 17:15); Jehová (Yahweh) Shalom, “Jehová es paz” (Jue. 6:24).

Nombres Compuestos

Dos nombres compuestos no relacionados con lugares, ayudan a ampliar y enriquecer la connotación de Yahweh. Uno es Yahweh Mekadd¡shkem traducido en “Jehová que os santificó” (Ex. 31:13; Lv. 20:8). El nombre ocurre diez veces, cada vez como “Yo Yahweh Mekadd¡shkem” dicho directamente por Dios. A Moisés se le instruyó hablar “a los hijos de Israel diciendo: en verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico (Yahweh Mekadd¡shkem)” (Ex. 31:13). Israel fue amonestado: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os santifico (Yahweh Mekadd¡shkem)” (Lv. 20:7-8; ver Lv. 20:9-21; 21:9; Ez. 20:12-13; 37:23).

Un segundo nombre compuesto que se encuentra primero en 1 Samuel 1:3 y 278 veces después, es Yahweh Sabaoth, “Jehová de los ejércitos.”  Ocasionalmente en los Salmos y muy raramente en otra parte, se da como Yahweh Elohim Sabaoth, “Señor Dios de los ejércitos.” Aunque la frase misma aparece primero en Samuel, la idea es más antigua, Se encuentra en pasajes en que a Dios se describe como el General de Israel, el Líder invisible luchando en favor y juntamente con su pueblo (Ex. 14:1-3; Jos. 5:14; Nm. 21:14).

Jehová de los ejércitos en “Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla” (Sal. 24:8, 10). Entre los ejércitos de Dios junto con los ejércitos de Israel se incluyen ángeles, los “hijos de Dios” y aun las estrellas. Los ejércitos incluyen “los cielos y la tierra -la naturaleza (Gn. 2:1), el poderío militar (I S. 4:4 sig., ver Sal. 44:9), las estrellas (Dt. 4:19; ver Sal. 33:6), y los ángeles (Jos, 5:14; 1 R. 22:19, ver Sal. 103:21). Yahweh Sabaoth es, por tanto, un nombre en extremo expresivo de la soberanía de Dios.

El Antiguo Testamento abunda en nombres humanos en que se emplea la raíz Yah. Ejemplos al acaso incluyen Jehoida, “Jehová sabe”; Jeho¡ak¡m, “el Señor lo arreglará”; Jehu, “Jehová es El”; Jotham, “Jehová es recto”; y el más significativo de todos, Joshua, “Jehoyá es salvación” o “Jehová el Salvador” -nombre que se convierte en “Jesús” en el Nuevo Testamento.

Adonai (Señor)

Estrechamente relacionado con Yahweh está el tercer nombre más conocido para nombrar a Dios, Adonai. Traducido en “Señor” se usa para la Deidad como 340 veces. La raíz, Adon, significa “amo,”  “señor, y “dueño.” Adon mismo se usa generalmente para hombres de rango o dignidad, pero se aplica muchas veces a Dios. Adonai es una forma posterior que se usa generalmente para Dios (pronunciada distintivamente como “Adonoy”) pero ocasionalmente como plural para hombres.

El significado especial de Adonai consiste en indicar la dependencia del hombre en Dios y el derecho de Dios para ser Maestro de hombres. (Ex. 23:17; 34:23; Is. 1:24; 3:15, 10:16; Am. 8:1). Debido a la manera inaceptable de traducirla en “Señor Señor,” la versión castellana usa la frase “Señor Dios” para Adonai Yahweh. Otras versiones usan “Señor Jehová.”

Antropomorfismos

En adición a los nombres para Dios, se recalca aun más la personalidad divina por el uso de lo que hemos dado en llamar “antropomorfismos” (de morphos, forma; y anthropos, hombre). Desde los primeros capítulos, las Escrituras abundan en declaraciones acerca de Dios tomadas de la experiencia humana concreta y de la naturaleza humana.

Se dice que Dios habla (Gn. 1:3; 8:15), descansa y se sienta (Gn. 2:2; Sal. 47:8), ve y oye (Gn. 6:12; Ex. 16:12), huele (Gn. 8:21; 1 S. 26:19) “descendió” Jehová para ver (Gn. 11:5), y tener rostro y espalda (Ex. 33:20, 23; Nm. 6:25; Sal. 104:29). Dios se contrista (Gn. 6:6), se enoja (Ex. 15:7), es celoso (Ex. 20:5; 34:14 -o celoso de su gloria), odia el pecado (Dt. 12:31), y se regocija (Dt. 28:63).

Se nos dan cuadros gráficos de la actividad de Dios. Forma El al hombre del polvo de la tierra y respira en él el soplo de vida (Gn. 2:7). Planta un jardín (Gn. 2:8) anda en el huerto en la frescura del día (Gn. 18). Cierra la puerta del arca (Gn. 7:16). Hay muchos más.

Metáfora en Antropomorfismo

Muchas expresiones antropomórficas son claramente metafóricas. Los brazos de Dios representan la seguridad que da su pacto (Dt. 33:27). Sus manos describen tanto sus dones generosos como sus actos de castigo (Esd. 7:9; 1 S. 5:11). El contemplar el rostro de Dios es adorarlo en verdad (Sal. 17:15). Hacer que su rostro resplandezca sobre uno es recibir su favor y bendición (Nm. 6:25; Sal. 31:16). La lista podía extenderse hasta cubrir virtualmente todos los antropomorfismos. La poesía puede hablar de que Dios tiene alas, plumas, que es una roca, una fuente, sin intentar en ningún sentido dar una comprensión literal de tal lenguaje (Sal. 91:2, 4).

Otros pasajes declaran definidamente que Dios carece de forma humana: “Dios no es hombre para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Nm. 23:19). “Mas ¿es verdad que Dios habitará con el hombre en la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que he edificado?” (2 Cr. 6:18; ver 1 S. 15:29; Job 10:4; Sal. 121:4; Is. 40:28; Os. 11:9, etc.).

El Valor Religioso del Antropomorfismo

Los antropomorfismos no fueron los modos primitivos de expresión que dejaron de existir más tarde en el período profético. De hecho, lo opuesto es cierto: Los profetas abundaron en expresiones cálidas e íntimas de la cercanía y accesibilidad de Dios. “El antropomorfismo no intenta humanizar a Dios, sino... acercar a Dios hacia el hombre como una persona viviente y amorosa, y en esa forma preservar y fortalecer la vida religiosa”

El concepto de Dios del Antiguo Testamento es siempre religioso, no filosófico ni metafísico. Los escritores del Antiguo Testamento nada sabían del “Dios” moderno impersonal del panteísmo religioso o filosófico por un lado y del cientismo secular por el otro. Para ellos, Dios era una Persona divina con inteligencia racional, capaz de propósito y escogimiento, y con capacidad para valorar.

Tanto la creación como el pacto apuntan a un Dios personal. A Dios se le contrasta con el orden creado como una razón consciente de sí misma, y como una voluntad libre, sabia y moral. Hermann Schultz escribió: “En contraste con el ser material, esto es, dependiente y necesitado, ávido de regocijo y satisfacción externa, y amarrado a una forma definida externa, Dios es espiritual, Elohim; esto es, perfecto, independiente, y sin necesidad de nada. Es el Dios viviente, el Dios de la vida, en quien la vida está presente como una propiedad, y una propiedad inalienable (Dt. 5:26; 32:40; Jer. 10:10).”

El personaje del Antiguo Testamento siempre estaba al tanto de la verdad que Isaías declaró: “Porque mis pensamientos, no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Is. 55:8-9).

JESUCRISTO  EL HIJO UNIGÉNITO DEL PADRE

Romanos 8:3; Gálatas 4:4

Introducción. Según el Nuevo Testamento, Jesucristo tiene una relación con el Padre que no puede ser atribuida a ninguna criatura. Por ejemplo, en los escritos de San Juan cinco veces se dice de Jesús que es "el unigénito" hijo del Padre (Jn. 1: 14,18; 3:16,18; 1 Jn. 4:9). Consideremos qué es lo que el Nuevo Testamento nos dice acerca de Jesucristo como el Hijo de Dios.

1. Jesucristo es el Hijo de Dios.

A. Lo original del carácter de Jesús como el único hijo de Dios se enfatiza en el texto griego del Nuevo Testamento por medio del artículo definido el en "su hijo unigénito" de 1 Juan 4:9.

1- Una traducción más literal de esta texto sería: "En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo, el unigénito..."

2- Si en el texto original "hijo" y "unigénito" no tuviesen el artículo definido, la traducción sería "Dios envió un hijo, un unigénito...".

B. Lo mismo aplica a Juan 3:18: "El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios."

II. Características de Jesús como el Hijo de Dios.

A. Jesucristo, como Hijo, es el único que puede dar vida eterna:

1- El don de la vida eterna es atribuido al acto redentor que Cristo, como el Hijo de Dios, llevó a cabo en perfecta obediencia a la voluntad del Padre (Jn. 3:16,18).

2- Cuando Jesús dijo: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Jn. 10:10) se estaba refiriendo a su descenso como el Hijo, quien es el único que puede comunicar vida al hombre.

B. En los escritos de Juan, Jesús es "el hijo" mientras que los que se convierten son únicamente "criaturas de Dios."

1- Es interesante observar que en los escritos de Juan, aquellos que vienen a ser parte de la familia de Dios por medio de su fe en Cristo son llamados siempre tékna theou (criaturas de Dios, Jn. 1:12; 11:52: 1 Jn. 3:1,2,l0; 5:2), pero nunca juíoi theou (hijos de Dios), mientras que Jesús es "el hijo de Dios" (Jn. 1:34), el "Hijo unigénito" (Jn. 3:16).

2- Aunque en las versiones en español, en Jn. 1:12; 11:52; 1 Jn. 3:1,2,10; 5:2, tékna theou se traduce como "hijos de Dios", esta cualidad es inferior a la de Cristo quien por excelencia es "el" Hijo de Dios.

C. La relación especial que Jesús tiene con el Padre se describe también al ser llamado "su propio Hijo" (de Dios) (Ro. 8:3,32).

1- Romanos 8:3 debe leer "...Dios, enviando a su propio Hijo...", tal y como lee el versículo 32.

2- Solamente de Cristo se dice que es el "propio Hijo de Dios", subrayándose así una cualidad especial que nadie puede reclamar.

D. La relación especial que Jesús tiene con el Padre se describe también al llamar al Padre "su propio Padre" (Jn. 5:18).

1- Según San Juan, Jesús decía "que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios" (Jn. 5:18). Por esta razón los judíos se ofendieron.

2- Es evidente por el contexto que los judíos entendieron las palabras de Jesús como un reclamo de igualdad de ser o semejanza en naturaleza de parte de Jesús con el Padre; de ahí que se hayan ofendido.

E. La relación especial que Jesús tiene con el Padre se describe también con la frase "mi Hijo amado", que en el Nuevo Testamento ocurre un total de ocho veces en referencia a Jesús: tres veces en relación a su bautismo (Mt. 3:17; Mr. 1:11; Lc. 3:22), tres veces en relación a su transfiguración (Mt. 17:5; Mr. 9:7; 2 P. 1:17), y dos en la parábola de La Viña (Mr.12:6; Lc.20:13).

F. Hay casos muy especiales en los cuales Jesús es confesado como el Hijo de Dios, por ejemplo:

1. Por Pedro (Mt. 16:16).

2. Por espíritus inmundos (Mt. 3:11; 5:7).

3. Satanás (Mt. 4:3,6).

4. Eso era lo que el sumo sacerdote deseaba saber de Jesús, si era "el Hijo de Dios" (Mt. 26:63; Mr. 14:61).

5. La confesión de que Jesús es el Hijo de Dios es a lo que se refiere el autor de Hebreos cuando dice: "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión" (He. 4:14).

6. La confesión de que Jesús es el Hijo de Dios es necesaria para tener vida eterna (Jn. 20:31) y para permanecer en Dios y Dios en uno (1 Jn. 4:15).

7. Que en el Nuevo Testamento vino a ser una confesión bautismal, requerida de todo nuevo convertido, se evidencia por las palabras del etíope antes que Felipe lo bautizara (Hch. 8:37).

III. Un probable arreglo intencional de los evangelistas.

A. Algunos eruditos en las Escrituras han propuesto que el evangelio de Juan termina en 20:31, siendo, según ellos, el capítulo 21 un apéndice.

1- De ser así, Juan 20:31 es más importante de lo que parece ser dentro del propósito del autor: enfatiza la razón principal del libro la cual es: que uno crea que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo uno pueda tener vida en él.

2- Este propuesto final del evangelio de Juan, combinado con la confesión de Natanael en el primer capítulo: "Rabí, tú eres el hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel" (Jn. 1:49), sugiere un arreglo deliberado de parte del autor por el cual intenta subrayar, desde el principio de su libro hasta el fin, el carácter único de Cristo como el Hijo de Dios.

B. Probablemente un arreglo parecido intentó Marcos en su evangelio, ya que en la primera oración de su evangelio le da a Jesús el titulo Hijo de Dios (Mr. 1:1) y coloca casi al fin la confesión del centuríón: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (15:39).

IV. Aunque el carácter de Jesús como Hijo de Dios se relaciona directamente con su función terrenal dentro del programa redentor de Dios, también se relaciona con su estado pre-existente con el Padre y con su nacimiento sobrenatural.

A. En lo que respecta a su estado pre-existente con el Padre, Jesús, como Hijo:

1. Compartía la gloria del Padre (He. 13), antes que el mundo fuese (Jn. 17:5).

2. Era la imagen misma de su substancia (He. 13).

3. El agente por quien el mundo fue hecho (He. 1:2).

4. Quien, cuando el tiempo fue cumplido, fue enviado (Gá. 4:4), por causa del amor de Dios (Jn. 3:16) para salvar el mundo (1 Jn. 4:14).

5. Como Hijo, es el objeto del amor de Padre (Col. 1:13) no como resultado de su obediencia terrenal, sino como una relación divina que existe desde la eternidad ya que él, como Hijo de Dios, es la imagen del Dios invisible (Col. 1:15), que existe antes que todas las cosas (Col. 1:17), y por quien todas las cosas vinieron a existir (Col. 1:16; Jn. 1:3).

V. Jesús es el Hijo de Dios, también, por causa de su nacimiento sobrenatural.

A. Según Mateo y Lucas, Cristo es también el Hijo de Dios por causa de su nacimiento sobrenatural.

1- De acuerdo a estos evangelistas, antes que José y María se juntasen, María se encontró que había concebido del Espíritu Santo (Mt. 1:18).

2- Este evento milagroso le había sido anunciado a María por un ángel quien le explicó lo extraordinario de su concepción (Lc. 1:26-35): aunque era virgen (Lc. 1: 27) que no habla conocido hombre (Lc. 1:34), y solamente estaba desposada con un hombre llamado José (Lc. 1: 27), concebirla un hijo porque el Espíritu Santo vendría sobre ella y el poder del Altísimo le cubriría con su sombra (Lc. 1:35).

3- Cuando todo esto sucedió, José, quien pensó que el embarazo de María había sido resultado de adulterio, decidió abandonarla, lo cual le fue impedido por un ángel que le dijo que lo que María habla concebido era del Espíritu Santo (Mt. 1:20).

4- Por causa de lo extraordinario de la concepción, el niño seria llamado "Hijo del Altísimo" (Lc. 1:32) e "Hijo de Dios" (Lc. 1:35).

B. Por lo tanto, según Mateo y Lucas la filiación de Cristo también se debe a su nacimiento sobrenatural: Jesús es el Hijo de Dios por haber sido concebido por el Espíritu Santo.

Conclusión. Como hemos podido estudiar, Jesús es el Hijo de Dios desde la misma eternidad ya que compartía su gloria y esencia desde antes de la fundación del mundo. Es llamado el Hijo de Dios, también, por causa de su nacimiento sobrenatural, nacimiento que le permitió hacer acto de presencia en forma humana dentro del contexto terrenal para cumplir la misión que el Padre le asignó: la redención del hombre.


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Estudios Bíblicos

                     Sección 1

  En esta sección te presentamos los siguientes estudios bíblicos:

  Los Nombres de Dios
  Jesús... Hijo de Dios

                     Nota

Estos estudios vienen a ser de gran ayuda para comprender mejor algunos temas bíblicos.  

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