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¡Si la petición de tu
corazón es agradar al Señor, Él te dejará hacer lo que te
agrade!
Tus deseos personales son un buen indicador de lo que quiere
hacer el Señor, porque Él ha prometido: "Deléitate asimismo en
el Señor y Él te concederá las peticiones de tu corazón."
(Sal.37:4)
¡Tu deseo personal tiene mucho que ver con la voluntad de
Dios, porque Él nos da lo que queremos y aquello para lo que
tenemos fe! Cuando algo es voluntad de Dios y estás sometido
al Señor, sientes cierta convicción interior: ¡el testimonio
del Espíritu! ¡En tu corazón sientes fe y el convencimiento de
que eso es lo que Dios quiere para ti! ¡A cada persona Dios da
el deseo de realizar cierta tarea o de acudir a determinado
campo de misión, y junto con él la fe de llevar a cabo ese
ministerio o de difundir el Evangelio entre esa gente!
El Señor puede hacer que desees y te agrade la tarea que
quiere encomendarte. ¡Si amas al Señor con todo tu corazón,
tus deseos personales serán generalmente acertados, pues lo
único que querrás será agradarle! De modo que deléitate más
que nada en el Señor y busca hacer Su voluntad. ¡Si lo haces,
Él se deleitará también en concederte los deseos de tu
corazón, pues Él es quien te los inspira cuando lo complaces!
Es prudente aguardar.
No lograrás gran cosa para el Señor si te esfuerzas por
hacerlo todo apoyado en la fuerza carnal y en ti mismo, en
lugar de detenerte y pensar: "Veamos, Dios, ¿qué quieres Tú
que haga?" Uno de los mayores problemas que tenemos casi todos
es sacar conclusiones precipitadas y tomar decisiones
repentinas e irreflexivas sin aguardar al Señor. ¡Así que no
te precipites a actuar con tus propias fuerzas,
impacientemente y olvidándote de orar! ¡Busca al Señor! No
saques conclusiones rápidas, pensando: "Pues claro, es
evidente que tenemos que hacer esto". Pregúntale al Señor y
asegúrate primero.
¡Y recuerda que Dios casi nunca está apresurado! Sus mayores
obras toman tiempo. Dios demora en hacer crecer una flor, y
hasta para pintar un atardecer. Así que cuando no estés
convencido de algo y no hayas comprobado que sea voluntad de
Dios, lo mejor que puedes hacer es aguardar a que el Señor te
lo revele de alguna manera.
"¡Aguarda al Señor, cobra ánimo y aliéntese tu corazón! Porque
los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas", ¡en vez de
agotarse! "Levantarán alas como las águilas. Porque los que
han creído han entrado en el reposo."
(Sal.27:14; Isa.40:31; Heb.4:3)
¡La conciencia es la
presencia de Dios en el hombre!
¡Es algo asombroso, maravilloso, que en todas partes del
mundo, prácticamente en todas las culturas, aun en los sitios
más remotos, cada persona parezca entender la diferencia entre
el bien y el mal! Comprenden, saben que ciertas cosas son
pecado, y tienen leyes que las prohíben. Los principios
morales básicos de Dios son bastante universales. El Espíritu
Santo es fiel y le habla a cada uno al corazón, advirtiéndole
cuando actúa mal. La gente conoce la diferencia entre el bien
y el mal. Tal vez no conozcan a su Señor, el Evangelio, la
Verdad ni las Buenas Nuevas de la Salvación, ¡pero conocen la
diferencia entre el bien y el mal! "Estos, aunque no tengan
ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley
escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia." (Rom.2:14-15)
Dios les da a todos al menos algo de luz, ¡y juzgará a cada
uno según haya obedecido esa luz que Él le dio!
Dios creó al hombre como un ser libre. Nos da a cada uno el
atributo soberano de escoger entre el bien y el mal, de
obedecer la voz guiadora de Dios, u obedecer la voz del
Enemigo, del Diablo mismo.
¿Qué eliges tú? ¡A quién estás siguiendo?
¿Por qué Dios no pone fin
a todas las atrocidades que se cometen en el mundo y a la
inhumanidad del hombre para con sus semejantes? ¿Por qué lo
permite?
Dios no detuvo a Adán y Eva en el Paraíso cuando tomaron una
decisión errónea. Pero los castigó. ¡El elemento esencial de
toda la Biblia, desde el Huerto del Edén hasta el Libro del
Apocalipsis, es el libre albedrío, el que uno pueda decidir
por sí mismo! Para eso fue puesto el hombre en la tierra: para
escoger entre el bien y el mal, entre actuar debida o
indebidamente, entre servir a Dios o servirse a sí mismo y al
Diablo.
Todo es como un gran experimento que hace Dios para que el
resto del universo vea lo que ocurre cuando se deja que
alguien obre a su antojo, alejado de Dios. ¡Es una gran
enseñanza para todo el mundo espiritual, una buena muestra
para todos del mal y del bien, de los resultados de seguir lo
bueno y de las consecuencias de actuar mal! Es por eso que
Dios permite que el hombre, por su propia mano, esté llevando
a la tierra, que cuando Él la creó era un paraíso, a una
situación semejante al horror del infierno. ¡Es para que sirva
de demostración ante todo el universo y ante todo el Cielo del
caos que se produce cuando Sus criaturas se rebelan contra Él!
Dios tiene un propósito en todo, y uno de los principales es
darnos la oportunidad de decidir. ¿Tú eliges actuar como Dios
quiere? ¿O a tu antojo? ¡Elige a Dios!
¡Dios nos concede el
privilegio
de decidir entre obrar según Su voluntad o según la nuestra!
De haber querido autómatas, el Señor podría haber hecho que
todo el mundo le amara. ¡Sin embargo, nos dio libre albedrío,
nos dejó libres para decidir si queríamos amarle o no! En esta
era de gracia, tenemos que decidir voluntariamente si queremos
amarle y servirle. Debemos decidir voluntariamente seguir al
Señor y Su voluntad, Su Palabra.
El principal motivo de nuestra presencia aquí, desde el
Paraíso Terrenal hasta el presente, ha sido aprender a decidir
bajo la guía de Dios. ¡Toda la vida es así; para eso nos puso
Dios en este mundo: para tomar decisiones y elegir, para que
busquemos las cosas buenas y tratemos de encontrar el buen
rumbo, para aprender a alcanzar Su meta siguiendo las buenas
sendas que Él nos indica! Esto nos lleva a acudir más a Él en
oración y a pedirle soluciones. ¡Nos obliga a depender más de
Él como de un Padre, para encontrar el buen camino, hallar las
mejores salidas, encauzarnos por la dirección correcta y tomar
las decisiones justas!
Él nos puso en este mundo para que tomemos decisiones, para
actuar bien o mal. Él nos dice qué está bien y qué está mal,
pero no nos obliga a nada. ¡Deja que nosotros decidamos! ¡Así
que, escoge la senda de Dios!
¿Amén?
Todo el plan de Dios gira
alrededor del libre albedrío, dentro de ciertos límites.
¡Las reglas del juego, de este juego de la vida, consisten en
elegir, en elegir incesantemente! Dios nos enfrenta
permanentemente con decisiones y nos deja elegir por nuestra
cuenta y actuar dentro de ciertos términos.
La voluntad de Dios podría compararse a un túnel que nos
confina y limita a un margen determinado de acción. Nos
mantiene dentro de ciertos linderos y limitaciones, pero la
dirección que tomemos dentro del túnel —a derecha o izquierda,
arriba o abajo—, depende mucho de nosotros y de lo que
escojamos. Si nos mantenemos dentro de los límites que Dios ha
determinado, podremos contar con un margen de tolerancia y de
diversas posibilidades dentro de la Voluntad de Dios. Y aunque
se nos permite hallar nuestro camino dentro del túnel en la
dirección que nos parezca más apropiada, con cada paso que
demos deberíamos hacer adelantos, en lugar de retroceder.
¡El túnel siempre avanza en la dirección debida! ¡Siempre
lleva a un objetivo! ¡Y claro que, aunque sea un túnel,
siempre ofrece una posibilidad que es la mejor de todas! ¡Si
nos sometemos al Señor y hacemos que nuestras decisiones sean
reflejo de las Suyas, si lo complacemos y nos deleitamos en
Él, estaremos marchando en la dirección que Dios quiere,
dentro de Su perfecta voluntad, en pos de la luz que brilla al
final del túnel!
¡Gracias, Jesús!
El amor es...
...creer, confiar, ayudar, compartir, alentar, comprender,
proteger, sentir, acariciar, dar, orar. El amor es
comunicación. El amor es una emoción. ¡El amor es apasionado,
vivo, vibrante y cálido! ¡El amor es algo que mejora sin
cesar!
El amor es la mayor necesidad del hombre, y por eso el amor es
el mayor servicio que se le pueda prestar al hombre. El amor
es espiritual, pero se manifiesta en lo físico. El amor se ve
cuando se pone en acción. El amor es consideración. ¡El amor
nunca deja de ser! ¡No sabe de horas ni de días! Amar es
hallar siempre una salida. Amar es darlo todo. El amor es algo
poco común: el amor desinteresado. El amor no tiene precio. El
amor tiene recompensa en sí mismo.
Amar es no herir a nadie. Amar es preferir sufrir y herirse
uno mismo con tal de ayudar a alguien. Amar es tener valor.
¡El amor es sacrificio total! El amor nunca está de más.
Siempre surte efecto, tarde o temprano. El amor es eterno.
Amar es pedir perdón. El amor perdona sin vacilar. El amor
humilla. Los que aman de verdad son humildes de verdad. Amor
es el nombre de Dios. ¡El amor es el poder de Dios! ¡El amor
es Dios! ¡Dios es amor! ¡La máxima expresión del amor de Dios
es...
Jesús! (1Juan 4:8,9)
¡Lo que todos necesitan
es amor!
Un amor que nunca han conocido; amor auténtico, genuino y
sincero. Verdaderamente, el gran amor de sus vidas. Ese Amor
supremo que sólo nos puede brindar el mayor Amante de todos,
el único que puede satisfacer ese profundo deseo de toda alma
humana de encontrar un amor total y una comprensión absoluta,
¡esas profundas ansias de su Creador que siente todo hombre en
el corazón!
¡El corazón del hombre es el mismo en todas partes del mundo!
¡Sus anhelos, sus amores, su hambre de Dios y de Su Verdad,
sus deseos de alegría, felicidad y paz interior han sido
creados por Dios y son idénticos en todas las personas del
mundo! El hombre no puede ser feliz si tiene el corazón
apesadumbrado, la mente turbada, el espíritu desanimado y su
alma sin salvar. ¡El alma humana no puede sentirse totalmente
satisfecha con nada que no sea la unión total con el gran
Espíritu de amor que la creó! ¡Con Dios mismo! La carne
satisface a la carne, ¡pero sólo el Espíritu puede satisfacer
al espíritu!
¿Quieres la llave de todos los corazones? ¡Prueba con el amor!
¡No falla, porque Dios es amor, y Él no puede fallar! "¡Ah,
dulce misterio de la vida, al fin te he hallado! ¡Por fin la
razón de todo se me revela! ¡Ah, es amor, y solo amor lo que
el mundo entero anhela!"
¡Conquistemos el mundo con el amor de Jesús!
Puede que tengas muchos
dones y talentos, pero si no tienes amor, ¡no sirven de nada!
Puedes leer tanta Biblia como quieras, ¡pero si no cobra vida
por el Espíritu, no tendrá ningún efecto! Puedes repetirlo
todo palabra por palabra, tal como está en la Biblia, pero si
no lo vives con amor, de nada sirve. Puedes poseer todos los
dones del Espíritu, ¡pero sin amor no tendrán ningún sentido!
Puedes sobresalir en tu profesión, pero si no manifiestas Su
amor a los demás, ¡es todo en vano! ¡Porque el amor es lo más
importante! (Ver 1Cor.13)
Mostrar dedicación en tu trabajo es muy importante,
sobrellevarlo como buen soldado y trabajar mucho; pero si no
sientes amor, ¡nada tienes! Si no sientes amor ni lo
demuestras a los demás
—sobre todo a quienes sirven al Señor, los que están más
allegados a ti, tus hermanos— ¡entonces a los ojos del Señor
las buenas obras no cuentan!
¿Qué es lo que demuestra que somos discípulos del Señor? ¡Él
amor! Jesús dijo: "En esto conocerán todos que sois Mis
discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros". (Jn.13:35)
"Este es Mi mandamiento", dijo Él, "que os améis unos a otros,
como Yo os he amado." (Juan 15:12) ¡Él nos ha ordenado a
nosotros, Sus discípulos, que nos amemos unos a otros!
Por tanto, ¡ama! ¿Amén?
¡La mayor necesidad
del hombre es el amor, y el amor es la gran solución que
ofrece Dios!
Él ser humano es el mismo en todas partes del mundo: necesita
amor, necesita que se le demuestre y que se le compruebe que
lo aman. Todos buscan constantemente un amor nuevo, amor
verdadero, pero no lo encuentran. Saben que debe existir pues
es algo que anhelan, que sienten, pero no lo encuentran porque
no encuentran al Señor. ¡Qué triste!
¡Dondequiera que el hombre encuentre problemas, también
hallará las soluciones de Dios! ¡Y la respuesta es tan
sencilla...! ¡Amor! ¡Él amor es la llave, el amor es la
respuesta, y Jesús es el camino, la verdad y la vida! ¡Sólo en
Él encontrará gozo, paz, amor, felicidad y el Cielo! ¡Vida
eterna y amor para siempre! (Jn.14:6)
¡Señor, ayúdanos a ser fieles en mostrarles Tu amor a los
demás, a alentarlos y ayudarlos, a sanarlos y animarlos
mediante el dulce mensaje de Tu amor y Tu Salvación, Tu
Palabra sanadora, Señor, que todo lo cura: su cuerpo, mente y
espíritu, su alma y su corazón. Gracias por habernos dado la
oportunidad de ayudar a otras personas ofreciéndoles Tus
soluciones, Señor, mostrándoles Tu amor para que resuelva
todos sus problemas. ¡Qué solución tan sencilla, Señor;
simplemente Tú, Jesús, Tu amor!
Lo que hagáis, sea de
palabra o de hecho, ¡hacedlo todo para la gloria del amor!
¡Todo lo que hagamos de palabra o de hecho, debemos hacerlo
para la gloria de Dios! (1Cor.10:31) ¡Y como Dios es amor,
todo debemos hacerlo para la gloria del amor! ¡En el Reino de
amor de Dios no hay otra ley que el amor! Actualmente Dios
sólo nos juzga según si mostramos o no mostramos amor, si
amamos o si odiamos, si lo que hacemos es por amor o por
egoísmo y falta de amor. ¡Todo lo que se haga con el amor de
Dios está bien!
La antigua ley de Moisés expuso en detalle cómo y qué debíamos
hacer si amábamos a los demás y queríamos actuar con amor. Nos
enseñó que ciertas cosas no se deben hacer y otras sí. Pero
una vez que somos salvos, una vez que hemos recibido el Amor
en sí, ya no necesitamos la antigua ley porque sencillamente
no querremos hacer lo que no debemos; y lo que debemos, lo
haremos voluntariamente (Mat.22:37-40; Gál.5:18). Si toda
acción tuya, todo pensamiento, toda palabra, toda obra va
guiada por el amor, motivada o impulsada por el amor, te será
imposible hacer nada malo, pues "todas las cosas son puras
para los puros" (Tito 1:15).
¡Ahora todo es amor: Dios es amor, Su ley es amor, nuestra fe
y lo que practicamos es amor, todo es amor! Qué maravillosa
religión, ¿verdad? ¡Que siempre se nos reconozca por nuestro
amor!

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