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Un Corazón entregado a Dios
Por Alfredo Baca Aguirre
“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba
cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban
mucho.
Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un
cuadrante.
Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo
que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el
arca;
porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su
pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento” (Marcos
12:41-44).
“Diez de la mañana. El centro de Jerusalén está abarrotado. Los
hombres y mujeres hacen sus compras y ventas. Se puede escuchar
mucho alboroto. Soldados romanos pasan por la calle principal.
Todo mundo está inmerso en sus quehaceres. Al cruzar la calle,
otro grupo de personas muy numeroso se encuentra entrando y
saliendo de un edificio. Resulta ser el templo; el orgullo del
pueblo judío. En medio de la multitud, se puede visualizar una
persona distinta a los demás. Un hombre de vestimenta sencilla.
Sentado, viendo a la demás gente ir y venir por aquel lugar.
Callado, solo mirando. Ese hombre es Jesús; quien fue proclamado
hace poco como el “hijo de David”. Ahí está, mirando el corazón
de los hombres. Frente a él hay un arca, el arca de la ofrenda.
Gran parte del pueblo se acerca a ésta para echar su “donativo”.
Entre tanta gente, hay muchos ricos que haciendo alarde de sus
riquezas, echan aquellas monedas que les estorban en sus
bolsillos. Muchos al ofrendar, piensan tal vez que han comprado
el cielo con su ofrenda. Otros, tal vez lo hacen para ser vistos
por los demás y satisfacer su orgullo. Alguien sabe bien que no
tenía pensado ofrendar, pero que lo hace solo por quedar bien
con su conciencia. Y así, cada uno ofrenda con un pensamiento
diferente; esperando ser recompensado por su “contribución”.
Jesús continúa mirando. De pronto, sus ojos se fijan en uno de
los concurrentes. Es una mujer. Pobre y no tan joven. Su
vestimenta desgastada. A juzgar por su apariencia, parece ser
una mujer viuda. También ella quiere ofrendar, pero, ¿tiene
dinero para hacerlo? Jesús sigue mirándola. La mujer saca entre
sus ropas lo que parece ser dinero. Son dos monedas. Dos
blancas. Las ve, y piensa en sus carencias, en sus gastos, en
sus necesidades. Se acerca al arca y las deja caer en ella.
Nadie la vio ofrendar. Nadie supo lo que hizo. Nadie conocía sus
carencias. Nadie posó su vista en ella. Solo Jesús. A él no se
le escapó detalle alguno. Parecía que solo estaban Jesús y
aquella viuda pobre. Él sí supo lo ocurrido. Él sí vio la
necesidad en aquella mujer. Jesús se dio cuenta de sus
carencias, sus necesidades. Él sí pudo ver lo que había en el
corazón de aquella mujer. Jesús se levanta de su asiento y llama
a sus discípulos. Aquellos vienen a él y esperan escuchar lo que
él quiere decirles. Jesús mira a la viuda pobre que aun está
cerca de ellos y les dice:
“Verdaderamente, esta viuda pobre ha dado una ofrenda más grande
que la de todos los que han echado en el arca. Todos echaron de
lo que les sobraba, pero ésta, aun en medio de su pobreza, y sin
temor a quedarse sin sustento, echó todo lo que tenía”.
La enseñanza anterior, la cual he parafraseado para una mejor
comprensión, nos lleva a un pasaje bíblico que es la médula de
este estudio. El apóstol Pablo menciona en su segunda carta a
los corintios lo siguiente:
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por
necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2ª Corintios 9:7).
“Cada uno”…Es
una invitación a cada persona; más específicamente a cada
cristiano. El Señor espera que aceptemos su invitación para
servirle a él. Cada persona tiene su propia conciencia, y nadie
más puede pensar por mí. Cada uno de nosotros somos responsables
delante de Dios, y nadie podrá responder por mí ante él. Las
misericordias de Dios son nuevas cada mañana, y por lo tanto, yo
y solo yo, puedo decidir si las aprovecho o no. La salvación no
es por equipo, sino de forma individual. Cada uno escuche lo que
el Señor requiera de él.
“…dé como propuso en su corazón”…Debe
existir un propósito en cada uno de nosotros, un propósito
respecto a Dios. ¿Qué propuesta hay en este momento en mi
corazón, como para “dar” de acuerdo a ese propósito?
A principio de este año yo me propuse “ser fiel a Dios”. Ese fue
mi propósito principal. Cuando hice ese propósito, pensé en la
fidelidad, pero únicamente en cuanto a lo espiritual, y no a
todo lo que ésta abarcaba. Creí que solo le podía dar a Dios
“lecturas bíblicas”, “oraciones”, “ayunos”, “cultos en la
iglesia”, y otras cosas más de tipo espiritual; pero, ¿y mi
familia? ¿Y mi esposa? ¿Mi hijo? ¿Mi trabajo? ¿Mis
responsabilidades morales, sociales y éticas? Todo está inmerso
en serle fiel a Dios, ya que si bien es cierto soy cristiano, un
hijo de Dios, también soy Padre de familia, y tengo esposa; y le
soy fiel a Dios, al serle fiel a ellos. Bíblicamente debo ver
por el bienestar de mi familia; por su manutención, pagar los
recibos de los servicios, realizar bien y cuidadosamente mi
trabajo profesional porque a través de él Dios provee; así que,
al haberme propuesto ser fiel a Dios, descubrí que debía darle
más de lo que hubiera pensado.
El corazón debe ser analizado constantemente para saber qué
“propósitos” hay en él; para saber cómo dar, o bien, saber al
menos qué estamos dando. Básicamente el pasaje de corintios
habla de la manera de ofrendar; no obstante, puede aplicarse a
cada área de nuestra vida, donde “dar” sea sinónimo de entregar
toda nuestra existencia a Dios.
El profeta Jeremías decía: “Engañoso es el corazón más que
todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías
17:9).
No se refiere al “músculo que bombea la sangre”, sino al centro
de emociones de cada ser humano. Esa área que jamás ha podido
ser controlada por hombre alguno, ya que ni siquiera sabemos
cómo funciona realmente. “Engañoso”, dice el profeta, ya
que las emociones y sentimientos que tenemos, muchas veces no
son las correctas delante de Dios; sin embargo, nosotros las
aceptamos como buenas. ¿Qué propósitos hay en nuestro “centro de
emociones”? ¿Qué tan engañosos son nuestros propósitos? ¿Podemos
dar como propuso nuestro corazón? ¿Podemos dar como aquella
viuda pobre, y ser honrados por Jesús?
Jeremías continúa su exposición y dice: “Yo Jehová, que
escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno
según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:10).
El profeta revela que solo Dios conoce realmente el corazón.
Solo él sabe lo que ese centro de emociones alberga. Solo él
conoce lo que nos hemos propuesto, y lo que podemos dar. Solo él
escudriña lo más profundo de nuestros sentimientos. Y por
supuesto, solo él puede cambiar las malas intenciones de nuestro
corazón, y cambiarlas en propósitos llenos de bendición, para
poder dar.
La tristeza y la necesidad demuestran la hipocresía en nosotros.
El dar a otros de nuestro tiempo, de nuestro dinero, de nuestras
pertenencias, solo por obligación o por interés, nos presenta a
Dios reprobados. ¿Cuánto más teniendo ésta actitud ante Dios
mismo? No debemos “llorar” cuando ofrezcamos ofrenda ante
Dios; no debemos “llorar” cuando Dios nos pida dejar el mundo
para servirle a él; no debemos “llorar” cuando el mandamiento de
Dios sea amar y perdonar; no debemos dar con tristeza ni por
necesidad lo que Dios nos mande dar, sino con un corazón sano,
lleno de agradecimiento hacia Dios, y lleno de gozo y alegría,
ya que Dios ama al dador alegre.
Hermanos, Dios nos ayude a tener un corazón entregado a él, para
que nuestro “dar”, sea con un buen propósito en cada una de las
áreas de nuestra vida.
Que el Señor le bendiga.
Si desea comunicarse con el hermano
Alfredo, hágalo a través de su
correo electrónico.
baca7321@yahoo.com.mx
Pero confiamos, y más quisiéramos estar
ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. 2 Corintios
5:8.
Winston Churchill (1874-1965), el famoso
primer ministro británico, hizo peticiones específicas para su
funeral. Quería que comenzase con el "toque de silencio", la
tradicional señal militar que se toca al final del día o al
final de la vida. Pero cuando terminó el servicio funeral, los
que asistieron se alarmaron al escuchar las trompetas tocar los
conocidos acordes de "Reveille", el toque de alborada que
despierta a los soldados al comienzo de un nuevo día.
El final de la vida es en cierta forma como
el final de un día. La jornada de la vida es larga. Nos
cansamos. Anhelamos que nuestras labores terminen y que se acabe
el sufrimiento. En el futuro nos espera la noche de la muerte.
Pero gracias a Dios, ¡se acerca la mañana! Una maravillosa vida
aguarda al fatigado viajero cristiano. Estar ausentes del cuerpo
es estar presentes con el Señor para siempre (2 Co. 5:8).
Quizá la razón por la que Jesús dijo: "Yo soy
É la estrella resplandeciente de la mañana" (Ap. 22:16) es que
Él hizo posible el glorioso amanecer que espera a todo el que
cree en Él.
¡Cuán felices podemos estar por tener la
seguridad de la vida eterna con Cristo! El final de la vida aquí
marca el amanecer de un maravilloso nuevo día en la presencia
del Rey de Reyes y Señor de Señores. --DCE
El final de la vida del cristiano es el
principio de otra vida mucho mejor.
Mas ahora Dios ha colocado los miembros
cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. 1
Corintios 12:18.
Mientras visitaba a unos obreros cristianos
en Rumania, Charlie VanderMeer, del programa de radio "La hora
bíblica de los niños", fue a un orfelinato donde vivían personas
con impedimentos físicos y mentales.
Misha, un joven de 24 años, transmite música
y programas de radio cristianos dentro de los edificios del
orfelinato. Aunque está paralítico de la cintura para abajo, se
desenvuelve muy bien. Un amigo suyo, que tiene el síndrome de
Down y no puede oír ni hablar, lo carga sobre sus hombros.
Charlie se dio cuenta por la sonrisa en el
rostro del hombre que carga a Misha que esa es su misión en la
vida. Según uno de los trabajadores, cuando Misha tuvo que
ausentarse por unos días, su amigo no sabía qué hacer.
¡Qué cuadro de los miembros del cuerpo de
Cristo que dependen entre sí mutuamente! Cada uno de nosotros es
como el pequeño Misha. Estamos parcialmente equipados para hacer
la obra del Señor, pero necesitamos las "piernas" de nuestros
hermanos en la fe para que nos carguen.
Este ejemplo de Misha y su amigo me recuerda
que ninguno de nosotros puede hacer el trabajo completo por sí
solo. Dios nos diseñó para depender unos de los otros a medida
que le servimos. Por tanto, busca formas en que puedas ayudar a
otros y aprende a apreciar cuánto pueden hacer juntos. --JDB
El trabajo en equipo divide el esfuerzo y
multiplica la efectividad.
Yo soy la puerta; el que por mí entrare,
será salvo.... Juan 10:9.
George Morrison, uno de los predicadores más
populares de Escocia a principios del siglo XX, era conocido por
un sermón titulado "La puerta siempre abierta". Y en su lecho de
muerte exclamó: "Ahora está abierta para mí y pasaré por ella."
Como creyente que era, con toda seguridad entró por la puerta
hacia la gloria.
Sin embargo, esa puerta no siempre estará
abierta. Un día la puerta de la gracia se cerrará y los
incrédulos serán echados de la presencia de Dios para siempre.
El elocuente evangelista inglés George
Whitefield (1714-1770) predicó una vez sobre el texto de Mateo
25:10 que dice: "É y se cerró la puerta" (Mt. 25:10). Se escuchó
a un hombre entre los asistentes que le dijo a otro: "¿Y qué?
Otra puerta se abrirá." Pero Whitefield siguió predicando y
dijo: "Podría haber alguien aquí indiferente y satisfecho
consigo mismo que diga: "¿Qué importa si la puerta se cierra?
Otra se abrirá." Sí, así esÉ la puerta que lleva al abismo sin
fondo, ¡la puerta del infierno!"
Cuando se termine el tiempo y Dios cierre la
puerta de la salvación se abrirá la puerta que lleva a la
muerte, a las tinieblas y a la desesperación. Pero hoy, si
confías en Jesucristo, entrarás por la puerta que aún sigue
abierta y que conduce a la vida eterna.
¿Has pasado por esa puerta? --VCG
Cristo es el único camino al cielo; todos los
demás caminos conducen a la muerte.
¿Por qué te abates, oh alma mía, y te
turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de
alabarle.... Salmo 42:5.
Una mujer que había enviudado por segunda vez
sintió la pérdida profundamente. No veía razones para seguir
viviendo.
Un día subió a su auto con su pequeño nieto.
Después de ponerle el cinturón de seguridad encendió el vehículo
sin ponerse ella el cinturón. Cuando el niño de 5 años
amablemente le señaló que no llevaba el cinturón, ella le dijo
que no le importaba su seguridad puesto que deseaba ir donde
estaban Jesús y el abuelo. El niño respondió: "Pero abuela,
¡entonces me dejarías a mí!"
Dios utilizó a este pequeño para llevar a la
señora a darse cuenta de que Él todavía tenía trabajo para ella,
y que su situación no era tan desesperanzada como parecía.
Durante casi 50 años de ministerio, he visto
a mucha gente desesperada llegar al punto donde creían que no
había una salida. Igual que Elías, querían morir (1 R. 19:4).
Sin embargo, Dios los sostuvo y les mostró que aún tenía trabajo
para ellos. Descubrieron que la situación no era tan tenebrosa
como habían pensado y que Dios tenía una razón para que ellos
siguiesen viviendo.
¡No te entregues a la desesperación! Recuerda
la bondad y el amor de Dios. Habla con Él. Él suplirá tus
necesidades. Él te llevará por sendas de amor, luz y gozo donde
hallarás una nueva esperanza. --HVL
No queda sin esperanza el que pone su
esperanza en Dios.
Si me amáis, guardad mis mandamientos.
Juan 14:15.
El día escolar había terminado y Sandy, de 14
años de edad, estaba ansiosa por llegar a su casa. Entró
corriendo en la cocina y exclamó: "Mamá, ¡estoy enamorada! Me
estremezco cuando estoy cerca de él y siento un cosquilleo en el
estómago cuando me habla."
La madre de Sandy escuchaba mientras su hija
se desbordaba contándole lo maravilloso que era estar enamorada,
pero no se alarmó demasiado. Esperaba que en poco tiempo el
romance terminaría, y unos días más tarde terminó. El verdadero
amor es mucho más que una sensación de estremecimiento y
cosquilleo en el estómago.
De la misma manera, las señales de un
auténtico amor por Jesús deben ser mucho más que los buenos
sentimientos que se experimentan al cantar con entusiasmo o al
dar un ardoroso testimonio en público.
Oí hablar de una mujer que describía con
mucha alegría cuánto disfrutaba su iglesia y amaba a Jesús. Sin
embargo, se negaba a hablarle a su suegra, peleaba con sus
hermanas, y trataba de dominar a su esposo. Si ella no podía
demostrar su devoción a Jesús obedeciendo su mandamiento de amar
a los demás, la felicidad que ella sentía en la iglesia no
significaba nada.
Cuando Jesús dijo: "Si me amáis, guardad mis
mandamientos" (Jn. 14:15), nos estaba dando la prueba suprema de
nuestra devoción a Él. ¿Pasamos la prueba? --HVL
Una prueba de tu amor a Dios es tu amor al
prójimo.
.É El que ama a su mujer, a sí mismo se
ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la
sustenta y la cuida.... Efesios 5:28, 29.
¿Por qué somos tan obstinadamente negligentes
con la relación que nos puede brindar la mayor felicidad?
No es secreto para nadie que fuera de la
comunión con Dios, la conexión más vital que tenemos con alguien
es la que compartimos con nuestro cónyuge. No obstante, ¿cuántas
veces le damos a esa relación la atención debida?
Cuando Dios ordenó el matrimonio en el Edén,
nos ofreció una extraordinaria relación. Cuando se alimenta
produce felicidad, paz, realización, propósito y crecimiento.
Sin embargo, la ironía de esta estrecha conexión entre dos
personas es que cuando no se alimenta, puede causar frustración,
dolor, tristeza, enojo y amargura.
Es por eso que me pregunto por qué somos tan
obstinadamente negligentes con esa vital relación.
En ciertos días del año, se espera que
mostremos una atención especial a la persona amada. En esos días
es fácil demostrar las cualidades que iluminan un matrimonio.
Pero, ¿no deberíamos hacerlo todos los días? ¿No deberíamos
amar, honrar, apreciar, comunicar, perdonar, respetar y proteger
esta relación todo el tiempo? Lo haremos si queremos el gozo que
Dios quería que disfrutásemos en nuestro matrimonio. --JDB
Si alimentas tu matrimonio alimentarás
también tu alma.
Bienaventurados los que padecen
persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el
reino de los cielos. Mateo 5:10.
La persecución, e incluso el martirio, ha
sido el costo del discipulado para los cristianos por siglos. En
muchas tierras, los creyentes aún sufren encarcelamiento y
muerte por su intransigente devoción a su Salvador. Hasta en
naciones que tienen libertad religiosa, una persona con un
testimonio audaz por el Señor puede llegar a ser blanco del
ridículo.
Cuando experimentamos dificultades debido a
nuestro compromiso cristiano, no hay un versículo en las
Escrituras más consolador que la bienaventuranza pronunciada por
nuestro Salvador: "Bienaventurados los que padecen persecución
por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los
cielos" (Mt. 5:10).
En una época de su vida, el predicador
británico Charles H. Spurgeon fue tan intensamente criticado que
cayó en una profunda depresión. Por esa razón, su esposa
escribió esa bienaventuranza, junto con las otras siete, en una
hoja de papel grande y la colocó encima de la cama. Lo primero
que Spurgeon veía en la mañana y lo último que leía en la noche
era la gloriosa promesa de nuestro Salvador.
¿Estás desalentado porque estás sufriendo por
tu testimonio cristiano? El antídoto es esta confortadora
promesa: "Bienaventurados los que padecen persecución por causa
de la justicia." --VCG
Si vives para Dios puedes esperar problemas
con el mundo.

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