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¿Falta algo?
Por Alfredo Baca Aguirre
Un día salí de mi casa camino al
trabajo. Recuerdo que iba apurado porque ya se había hecho tarde y
aun debería esperar el autobús que debía llevarme.
Mientras caminaba a la parada del
autobús, tuve la sensación de que algo me faltaba. Rápidamente
revisé mis bolsillos, pero todo estaba bien: llevaba mis llaves,
unas monedas, y la cartera, que aun cuando la traía vacía, ahí
estaba.
Ya casi por llegar, tuve de nuevo la
misma sensación de que algo estaba olvidando, sin embargo, esta vez
no presté atención y me olvidé del asunto.
Al llegar al trabajo, que por cierto
es un laboratorio químico, comprobé que efectivamente me faltaba
algo: la bata que me protege de las sustancias que ahí manejo.
Por la prisa que llevaba me cuidé de
cosas sin importancia, dejando de lado lo principal: mi seguridad.
En base a esta experiencia, viene a
mi mente una situación similar, la cual se describe en el evangelio
de Marcos, que menciona:
“Al salir él (Jesús) para seguir su
camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le
preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas
bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios.
Los mandamientos sabes: No adulteres.
No mates. No hurtes. No defraudes. Honra a tus padres.
Él entonces respondiendo le dijo:
Maestro, todo lo he guardado desde mi juventud.
Entonces Jesús, mirándole, le amó, y
le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dalo a
los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu
cruz.
Pero él, afligido por esta palabra,
se fue triste, porque tenía muchas posesiones”. (Mc. 10:17-22)
En este pasaje, Jesús no habla en
contra de las riquezas, ya que varios personajes bíblicos fueron
bendecidos tremendamente en cuanto a bienes materiales, como
consecuencia de la fidelidad de ellos hacia Dios; tal es el caso de
Abraham, Job, José en Egipto, José de Arimatea, y muchos más.
La situación de este pasaje es mas
bien que el joven rico tenía puesto su corazón en las riquezas y no
en Dios. Este joven sabía que “algo” le faltaba para alcanzar la
vida eterna y al tener la oportunidad de preguntar a Jesús, decide
hacerlo. Tal parece que no había tenido el cuidado (ni el tiempo)
de revisar su vida profundamente para ver qué le faltaba, ya que en
el pasaje se nos habla que su vida la llevaba de una manera agitada,
ya que dice “vino uno corriendo”, y esto nos hace creer que siempre
iba corriendo en todos los aspectos de su vida, descuidando lo màs
importante: su salvación.
Él se dio cuenta que tenia muchas
cosas: dinero, posesiones, juventud, placeres, y según como él mismo
menciona, tenia también el conocimiento de la ley los mandamientos
de Dios, que supuestamente los había guardado por años.
Sin embargo, Jesús le dice lo que se
le había olvidado para alcanzar la perfección, (es decir, ser recto
en sus caminos) y no era deshacerse de los bienes materiales, sino
poner a Dios en primer lugar en su vida.
Al igual que en mi caso, el hombre
rico se ocupó de cosas sencillas y sin importancia. Él dejó de lado
lo más importante: su seguridad espiritual.
Al escuchar lo que le faltaba se puso
triste, ya que no quería desprenderse del mundo ni dejar los
placeres que este le ofrecía.
Hermanos, al igual que este hombre,
vamos corriendo de un lado a otro y no ponemos atención de nuestra
vida, y mucho menos de nuestra salvación. Pretendemos llegar
corriendo hacia Jesús pidiendo su ayuda y escuchar lo que queremos
oír, no lo que Dios nos manda hacer.
Sabemos que algo nos falta, por lo
tanto, no debemos ser necios ni sordos al llamado de Dios, ya que
algún día cuando lleguemos a nuestro destino (delante de la
presencia de Dios) nos daremos cuenta de lo que nos faltaba, y para
entonces será demasiado tarde.
Seamos diligentes y pidamos a Dios
que nada falte en nuestra vida espiritual.
Si tú no eres cristiano, te falta la
salvación de Dios. Te invito que le busques a través de una
oración, donde le entregues tu vida a Cristo y le aceptes como el
Señor de tu vida.
Solo haciendo lo anterior, podrás
decir confiadamente: “A mí nada me falta”.
Dios les bendiga.
¿Sabemos
quién es Satanás?
Por Alfredo Baca Aguirre
“Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde
vienes?
Respondiendo Satanás a Jehová, dijo:
De rodear la tierra y andar por ella”. (Job 1:7)
El autor del libro de Job (que por
cierto no se sabe a ciencia cierta quién lo escribió, sugiriendo
algunos eruditos a Moisés, Salomón o Eliu), dejó registrada la
existencia de un ser espiritual que “rodea la tierra y anda por
ella”. Este ser es llamado Satanás, y su nombre significa
“engañador”.
Como cristianos, hablamos muchas
veces sobre este ser, y lo describimos como el “representante de la
maldad”, “como el enemigo de Dios”, o “como el enemigo de la
iglesia”, y supuestamente nos cuidamos de él en todo momento. Es
curioso que aun con lo anterior, el cristiano y la iglesia
encuentran tropiezos, falta de ánimo, carnalidades, y diversos
problemas en la vida diaria, y no tan solo en lo espiritual, sino en
todos los demás aspectos.
¿Será que no nos cuidamos realmente
de nuestro adversario? (Medite en esta pregunta y continúe
leyendo).
Como veíamos en Job 1:7, Satanás
mismo describe una función que realiza en la tierra, y esta es
“rodear la tierra y andar por ella”.
Lo anterior nos lleva a pensar que
Satanás se mueve libremente en nuestro planeta, caminando por el
mundo y estorbándole al hombre en su búsqueda hacia Dios.
Para adentrarnos en el tema y
entenderlo mejor, veamos algunos pasajes que hablan acerca de este
“adversario”.
Ezequiel 28:13-14 menciona:
“En Edén, en el huerto de Dios
estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina,
topacio, jaspe, crisòlito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo,
esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron
preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande,
protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en
medio de las piedras de fuego te paseabas”.
Este pasaje deja en claro cómo era
Satanás (al cual le llamaban “querubín grande y protector”) antes de
su caída. Se habla de que era un ser hermoso, y moraba al lado de
Dios.
Muchas veces nos detenemos en estos
versos, y no continuamos la lectura, trayendo con esto una mala
interpretación bíblica, al decir que Satanás continúa siendo “un
ángel o un ser hermoso”; pero esto no es así.
Los versículos 18 y 19 continúan
diciendo: “Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad tuya
profanaste tu santuario (lugar digno); yo, pues, saqué fuego en
medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la
tierra a los ojos de todos los que te miran. Espanto serás, y para
siempre dejarás de ser”.
Notamos que dice: “Espanto para
siempre”, y más atrás mencionaba que “el fuego de Dios lo había
consumido”; por lo cual nos damos cuenta que su belleza fue
deshecha.
El apóstol Pablo habla al respecto:
“Y no es maravilla, porque el mismo
Satanás se disfraza como ángel de luz”. (2ª Cor. 11:14).
Aquí, la palabra “disfraza” es la
clave, ya que un “disfraz” es un artificio que se usa para ocultar
o disimular una cosa con el fin de que no sea conocida como
realmente es. Por lo tanto Satanás quiere “aparentar” ser lo que
ya no es, y el disfraz que usa es el de un “ángel de luz”.
Satanás se ha hecho un propósito en
contra de Dios y el hombre: la muerte y destrucción del hombre y de
la obra de Dios.
Jesús mismo menciona dicho propósito:
“El enemigo vino para matar, hurtar y
destruir; mas yo he venido para que tengan vida y la tengan en
abundancia”. (Jn. 10:10).
Vemos pues que Satanás se pasea por
la tierra con el fin de “robar, matar y destruir”.
Ahora bien, ¿qué puede robar?
Puede robar nuestra juventud, en el
sentido de que la desperdiciemos en el mundo; puede robar nuestros
talentos, nuestro tiempo con Dios, la moral, ética, el ánimo, gozo,
el interés por Dios, y todo aquello que le fue dado al hombre para
glorificar y adorar el nombre de Dios.
Cuando termina de “saquear” nuestra
vida, nos esclaviza sin piedad; destruye cualquier esperanza de
vivir libremente, llenando nuestra mente de ideas tales como que no
somos importantes a los ojos de Dios (ni de nadie), y nos insta a
caer más y más en el pecado, trayendo con esto muerte y condenación
sobre nosotros.
Satanás tiene un gran poder engañoso,
sin embargo, dicho poder está limitado.
El apóstol Pedro escribe en su
primera carta lo siguiente:
“Sed sobrios y velad; porque vuestro
adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a
quién devorar;..”. (1ª Pedro 5:8).
Pedro compara a Satanás con un león
por lo siguiente:
Un león es un depredador (cazador)
que busca a la presa más débil, aislada, lenta y desprotegida de la
manada, y al encontrarla ataca sin piedad; entierra sus poderosas
garras y mandíbula en el cuello de la victima, estrangulándola en
segundos.
Hablando espiritualmente, Satanás es
“un león rugiente” que atemoriza a todo ser humano, y cuando ve al
hombre titubear en su comunión con Dios, o cuando observa la falta
de fe, amor, poder, etc., se lanza con toda su fuerza y lo
estrangula al instante.
No ataca a cualquiera, sino que
“busca a quién devorar”.
Algo más que debo mencionar, es que
así como un león vive en manada y se hace más imponente su
presencia, así también Satanás no trabaja solo, sino que hay otros
ángeles como él que también atacan y “buscan a quién devorar”.
El apóstol Pablo habla de esto en
Efesios 6:12:
“Porque no tenemos lucha contra
sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra
los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes
espirituales de maldad en las regiones celestes”.
Esto habla de que no solamente
Satanás “rodea la tierra y anda por ella”, sino también millones de
seres iguales a él lo hacen.
Las armas que usan estos seres en
conjunto son:
Adulterio, fornicaciòn, inmundicia,
lascivia (deseo sexual exagerado que domina a alguien), idolatría,
hechicerías, enemistades, celos, pleitos, iras, contiendas,
disensiones (no ajustarse al mismo sentir de los demás, refiriéndose
a las divisiones en la iglesia), herejías (adornar el evangelio con
nuestras propias ideas carnales), envidias, homicidios, borracheras,
orgías (desenfreno en la satisfacción de los deseos y pasiones),
homosexualidad, etc.
Cualquier humano que practique o
promueva cualquiera de las descripciones anteriores, no podrá
heredar el reino de Dios. Pablo menciona: “….como ya os lo he dicho
antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de
Dios”. (Gal. 5:21b).
Debo mencionar también que el fin de
Satanás está próximo, y por ende, el de todos sus siervos, esclavos
y seguidores. Por lo tanto, si usted es esclavo del diablo, es mi
deber decirle que un lago de fuego y azufre lo está esperando.
Apocalipsis 20:10 menciona:
“Y el diablo que los engañaba fue
lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el
falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de
los siglos”.
Como vemos en este pasaje, esta
destrucción es real, y pronto será llevada a cabo.
Si usted ha entendido la condición de
su vida y ya es salvo, siga viviendo en santidad para Cristo cada
día de su vida. Por el contrario, si usted no tiene a Cristo en su
corazón, le invito a meditar lo siguiente:
“Porque de tal manera amó Dios al
mundo, que ha dado a su único hijo, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Jn. 3:16).
Finalmente quiero decirle que no
subestime el poder de Satanás; no se deje engañar por él para que no
perezca. Busque a Cristo y sírvale con todo su corazón, pidiéndole
fortaleza a diario en su vida espiritual.
El Señor tiene misericordia para con
usted.
Dios le bendiga.
Me acordaré de
las obras de Jah. . . . --Salmo 77:11.
En 1970, Ronald
Dunn empezó a anotar las oraciones contestadas y las bendiciones
especiales en un librito. El librito se le extravió, pero lo
encontró varios años después en un momento en que su fe estaba
débil. Se sorprendió de haber olvidado la mayoría de los incidentes
sobre los que había escrito.
Mientras leía,
algo sucedió. «El recuerdo de la fidelidad de Dios se revivió y mi
debilitada fe comenzó a recuperarse --dijo--. Los recuerdos
restauraron mi confianza en el Señor.» Dunn ahora anima a los
cristianos a que lleven un libro de recuerdos y escriban lo que Dios
hace en sus vidas. «Un día --escribe él-- puede marcar la diferencia
entre la victoria y la derrota.»
En el Salmo 77,
la fe de Asaf también se debilitó. Después de mencionar sus grandes
dudas preguntó: «¿Ha olvidado Dios el tener misericordia?» (v.9). De
repente se detuvo y dijo: «Traeré, pues, a la memoria los años de la
diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de Jah; sí, haré yo
memoria de tus maravillas antiguas» (vv.10-11). El hecho de recordar
obviamente revivió su fe. ¡Lee el resto del salmo!
¿Por qué no creas
tu propio libro de recuerdos y escribes las maravillosas obras de
Dios? Luego léelo a menudo, sobre todo los días de dudas. --JEY
RECORDAR LA BONDAD DE DIOS ES UNA BUENA CURA PARA LA DUDA.
Y todo lo que
hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del
Señor Jesús. . . . --Colosenses 3:17.
Un profesor de
periodismo se disfrazó de desamparado y pasó varias noches en las
calles de una gran ciudad. Informó que los albergues le
proporcionaron sandwiches y refrescos, pero nadie, ni siquiera un
albergue administrado por una iglesia, le ofreció una palabra de
consejo espiritual.
El columnista
William Raspberry dice que cuando la iglesia no ofrece ayuda
espiritual, «no está haciendo uso de la fortaleza que tiene». Es
como un jugador de baloncesto de 2,13 metros que intenta tiros
largos, o que cuando está cerca del canasto lleva la pelota a la
altura del pecho antes de tirar. Los entrenadores se refieren a un
jugador alto que desperdicia la ventaja de su altura como «un hombre
grande que juega como si fuera pequeño».
Nosotros somos
como ese jugador de baloncesto cuando nos concentramos únicamente en
satisfacer necesidades físicas, pero no damos el mensaje de
salvación que transforma la vida de una persona y que Dios nos ha
encomendado. Es encomiable ser amable y generoso y proveer para los
demás. Pero si no le mostramos la respuesta de su más profunda
necesidad, si no le presentamos a Jesucristo, «no estamos haciendo
uso de la fortaleza que tenemos». Estamos haciendo lo que cualquier
incrédulo haría, y no lo que sólo nosotros podemos hacer. Somos como
la sal que ha perdido su sabor (Mateo 5:13), como una luz escondida
bajo una vasija (vv.14-16), como «un hombre grande que juega como si
fuera pequeño». --HVL
LAS BUENAS OBRAS NO SUSTITUYEN LAS BUENAS NUEVAS.
En esto hemos
conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros. . . . --1
Juan 3:16.
Emil Mettler,
dueño de un restaurante de Londres, era conocido por su generosidad.
Muchas veces alimentaba a la gente gratuitamente. Si iba a verlo
algún representante de una organización cristiana y le hablaba de
alguna necesidad, abría su caja registradora y le hacía una buena
donación.
Un día, Emil
abrió su caja registradora en presencia de un misionero que notó que
había un clavo entre los billetes y las monedas. Sorprendido por lo
que vio, el hombre preguntó: «¿Qué hace eso ahí?» Emil agarró el
clavo de 15 centímetros y contestó: «Guardo esto junto con mi dinero
para acordarme del precio que Cristo pagó por mi salvación y lo que
le debo a cambio.»
Emil usaba ese
clavo como recordatorio de que tenía con Dios una gran deuda de amor
y gratitud porque Jesús había dado su vida por él (1 Juan 3:16-23).
Usaba ese simple objeto para estimular su propia generosidad
mientras recordaba el sacrificio del Salvador.
¿Cuántas veces
pensamos en el sacrificio del Calvario donde Jesús pagó la pena por
nuestro pecado con su propia muerte en la cruz? El ejemplo de Emil
nos inspira en medio de nuestras más triviales actividades para
recordar, no sólo las espinas, los clavos y la herida de lanza, sino
el amor de Aquel que dio su vida por nosotros. --VCG
CRISTO SE DIO A SÍ MISMO POR NOSOTROS PARA QUE NOSOTROS PODAMOS
DARNOS A LOS DEMÁS.
. . . estoy
dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el
nombre del Señor Jesús. --Hechos 21:13.
Unos ladrones
asaltaron una vez a Matthew Henry, el famoso erudito bíblico. En su
diario escribió: «Quiero dar gracias primero, porque nunca antes me
habían robado; segundo, porque me quitaron la cartera y no la vida;
tercero, porque aunque se lo llevaron todo, no era mucho; y cuarto,
porque me robaron a mí y no fui yo quien robó.»
Para Matthew
Henry, hacer la voluntad de Dios era mucho más importante que lo que
le sucedió. El apóstol Pablo también exhibió esa actitud cuando le
hablaron de su futuro. Aunque el profeta Agabo predijo su
encarcelamiento en Jerusalén (Hechos 21:10-11), no pudieron hacer
desistir a Pablo. Su deseo era hacer la voluntad de Dios y cumplir
el propósito que Él tenía para Pablo en la vida, independientemente
de lo que le sucediera. Pablo quería obedecer al Señor por Su
nombre.
Ninguno de
nosotros sabe lo que traerá el mañana. A veces la voluntad de Dios
implica caminar por «el valle de sombra de muerte» (Salmo 23:4).
Otras veces, tal vez tengamos que optar por el sendero de la
dificultad porque deseamos hacer lo correcto y no lo que es fácil.
En todas las
dificultades de la vida podemos recordar que obedecer la voluntad de
Dios «por el nombre del Señor Jesús» (Hechos 21:13) es muchísimo más
importante que lo que nos pueda suceder. --AL
LO QUE NOSOTROS LLAMAMOS ADVERSIDAD, DIOS LO LLAMA OPORTUNIDAD.
¿Quién nos
separará del amor de Cristo?. . . --Romanos 8:35.
Nunca olvidaré a Jaujau, un perrito de trapo que Randy, uno de mis hijos, adoptó
cuando era niño. Jaujau era la posesión más querida de Randy. Tenía
otros juguetes que habían costado mucho más, pero ninguno era tan
amado.
A Jaujau lo
abrazaban y lo arrastraban a todas partes, y con el tiempo llegó a
ensuciarse increíblemente. Limpiarlo era un grave problema porque no
podíamos separar a Jaujau del muchacho. Lavar al perrito empeoró las
cosas: todo el relleno de Jaujau se salió. Al final no era más que
una bola de trapos raídos y sucios. ¡Pero cuánto lo querían!
Nosotros somos
los «perritos de trapo» de Dios. Aunque el pecado nos ha dañado y
ensuciado, Él nos quiere sin medida. Cuando ponemos nuestra fe en
Cristo como Salvador, Él nos mira a ti y a mí y dice: «¡Eres mío!»
Dios nos ama y nunca nos va a dejar (Romanos 8:35-39).
Esa perspectiva
nos puede dar una paz y una confianza increíbles en la vida. No
tenemos que ir aprisa por la vida buscando siempre la aprobación de
aquellos que nos rodean. Y no tenemos que probarle nada a Dios,
porque no nos queda nada por probar. Nos envuelve su amor
incansable, implacable, infinito y eterno. --DHR
NO HAY GOZO MAYOR QUE SABER QUE DIOS NOS AMA.

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