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Trabajo infatigable de
Satanás
El Diablo no descansa nunca; siempre nos tienta a desobedecer
al Señor. Y si bien nadie puede evitar la tentación, no hay
por qué ceder ante ella. Dios, por medio de Su Espíritu, nos
da a cada uno suficiente discernimiento para distinguir entre
el bien y el mal, y luego nos deja escoger entre una cosa y
otra, entre Él mismo y el Diablo. El Diablo no puede
impedirnos decidir. Esto es algo que podemos hacer sin
importar lo que él haga: ¡escoger! ¡Cada uno de nosotros tiene
voluntad propia y podemos ignorarlo! "¡Sométete a Dios;
resiste al Diablo y huirá de ti!" (Stg.4:7)
El Diablo no puede vencerte a menos que te rindas ante él,
¡pues "mayor es el que está en vosotros que el que está en el
mundo"! (1Jn.4:4) Sólo podrá derrotarte si cedes, si
abandonas, si te das por vencido o dejas de luchar. ¡Si sigues
combatiendo, seguirás venciendo! Así pues, si el Diablo te
tienta a la depresión y el desaliento, ¡pelea! ¡Ciérrale la
puerta en las narices y ni siquiera le escuches! ¡Y mucho
menos te rindas! ¡De ese modo no tendrás ocasión de escuchar
sus mentiras ni de creerlas!
"¡No des lugar al Diablo!" (Efe.4:27) ¡Aleluya!
¡No tenemos por
qué temer al Diablo!
¡De la misma manera que el temor de Dios es el principio de la
sabiduría y de la vida (Pro.9:10), el miedo a Satanás es en
realidad el principio de la muerte! Temer a Dios es una manera
de adorarlo. Es mostrarle el respeto que merece. Pero temer al
Enemigo, temer a Satanás, temer al Diablo, es darle justamente
el tipo de adoración que él quiere. ¡Es en realidad adorar al
Diablo! ¡De modo que no lo hagas! ¡Ni por un instante!
¡A los poderes de Satanás no hay que temerlos y mucho menos
adorarlos, sino resistirlos, rechazarlos, exorcizarlos,
eliminarlos y reprenderlos, alejarlos y expulsarlos! ¡Tienes
que luchar contra el temor igual que lo haces contra el
Diablo! ¡Resístelo con tu fe y la Palabra de Dios! "No nos ha
dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de
dominio propio" (2Tim.1:7). ¡Pon tu fe en Dios y témelo a Él,
y todos los otros temores desaparecerán!
"Si del infierno una legión quisiera aniquilarnos, ¡no
temeremos porque en Dios y en Su verdad triunfamos! ¡El
príncipe del mal no nos hará temblar! ¡Luchemos sin cuartel
que pronto va a caer: una palabra basta!"
¡Y la palabra es Jesús! ¡El Amo de todo!
Si quieres de verdad
alejar al Diablo y sus dudas, ¡ponte a alabar al Señor,
sin importar lo que esté sucediendo!
El Diablo es capaz de decirte muchas verdades horribles acerca
de ti, y ni hablar de las mentiras que puede contarte. ¡Una de
sus tácticas favoritas, cuando quiere convencerte de que te
des por vencido, es asaltarte con una descarga de dudas,
pensamientos desalentadores y sentimientos de lástima de ti
mismo! Si no mantenemos la mirada en el Señor y la mente en Su
Palabra, nada nos librará de la duda, el desánimo y por último
el fracaso.
¡Cuando estás desanimado, el Diablo trata de hacer que te
enojes ante la verdad, pues teme que ésta lo derrote! ¡Y si te
pones a escuchar las mentiras del Diablo, hasta olvidarás las
Palabras de Dios! Si te pasas el tiempo prestando oído a sus
dudas y murmuraciones, entonando una apesadumbrada cantinela,
te olvidarás incluso de las alabanzas de Dios.
Por eso, reprende al Enemigo, en el nombre de Jesús, cuando te
tiente con pensamientos negativos. Ponte a alabar al Señor, ¡y
muchas veces la alabanza te elevará del hoyo al cual el Diablo
trata de arrojarte! Cuando se te acerque sembrando dudas,
mentiras y temores, no permanezcas inmóvil; haz algo: ¡canta,
alza la voz, alaba al Señor, cita las Escrituras! ¡Pégale con
la Palabra! ¡El Diablo no soporta la Palabra!
¡Dará la vuelta y echará a correr!
La habilidad más preciada
es la disponibilidad.
En general, los más grandes santos que hay en el mundo son
personas sencillas que simplemente llevan a cabo lo que a
ellos les parece necesario. ¡Muchas veces sin que uno se
entere de lo que hacen o sepa de su existencia! Uno siempre
los encuentra cuando los necesita, y siempre están dispuestos
a ver lo que hace falta y responder adecuadamente. ¡Pero hay
otros que nunca encuentran nada que hacer porque no se
preocupan en buscarlo!
Sin embargo, si uno ama de verdad al Señor y a los demás,
sabrá de las necesidades que haya alrededor y hará lo que sea
necesario. ¡Y si el Señor ve que obedeces y no vacilas en
servirle cuando te pide que hagas las labores más humildes,
podrá confiar en ti y encargarte tareas mayores y más
importantes! ¡Aunque no te forzará a hacerlo! Todo depende de
ti, de tu sumisión y de tu voluntad de estar siempre
disponible. Para mostrar verdadera sumisión y disponibilidad
hace falta una humildad absoluta, que es sinónimo de absoluto
amor. ¡Hasta el punto de estar dispuesto a ir adonde sea, en
cualquier momento, a hacer lo que sea y por quien sea, siendo
simplemente uno más, para así agradar a Dios y ayudar a los
demás!
¿Tú estás dispuesto a todo? ¿A hacer todo lo que Dios te pida?
"Así que, hermanos, os ruego que presentéis vuestros cuerpos
en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro
culto racional."
(Rom.12:1)
¡La fidelidad en
las cosas pequeñas es una gran cosa!
No desdeñes jamás tarea alguna que el Señor te haya
encomendado, ¡pues aun las cosas que parecen pequeñas suelen
tener gran importancia! Tal vez sientas que tu tarea actual no
es gran cosa, pero quién sabe, tal vez sea la preparación para
algo más importante de lo que imaginas. El Señor primero te
pone a prueba con pequeñeces, y al ver que puede confiar más
en ti, va dándote mayores tareas. Sabe que si encaras las
cosas pequeñas con diligencia, fidelidad y esmero, podrá
confiarte otras de mayor magnitud. Jesús dijo: "El que es fiel
en lo muy poco, también en lo más es fiel" (Luc.16:10).
¡A los ojos de Dios, las pequeñeces son algo grande! Dios
gobierna el mundo mediante cosas pequeñas y nos juzga según
pequeñas cosas. El mundo entero, todo el universo y el Reino
de Dios están constituidos por cosas pequeñas, muy pequeñas.
¡Si no fuera por cosas pequeñitas no existiría nada! Y tú,
¿eres fiel en las cosas pequeñas?
¡Ayúdanos, Señor, a aprender la importancia de las cosas
pequeñas y a no fallar ni aun en las menores! Tu Palabra dice:
"¡Se requiere de los administradores que cada uno sea hallado
fiel!" (1Cor.4:2) Llenos de fe y fieles en sus labores. ¡Por
lo tanto, ayúdanos a serte fieles y obedientes, Señor!
¡En el nombre de Jesús, amén!
¡Dios hace girar los
engranajes de Su universo sobre cositas muy pequeñas!
¡Los detallitos son muy importantes; no hay más que ver lo que
produjo una decisión equivocada en el Huerto del Edén; un solo
barquito en medio de un diluvio mundial; una torrecilla de
Babel! Una piedrecita derribó a un gigante; un simple pesebre
transformó el destino de la humanidad; un pequeño arreglo
económico tuvo como consecuencia la muerte del Salvador, ¡para
que una fe minúscula como una semilla de mostaza pudiera mover
montañas! (Gén.3;7;11; 1Sam.17; Luc.2:7; Mat.26:14-16; 17:20)
Así pues, las cosas pequeñas son muy importantes. Y aunque
ciertas cosas puedan parecernos insignificantes, ¡puede que
para el Señor tengan mucha importancia! ¡Y es posible que Dios
nos haga dar cuenta de ellas! ¡Muchas cosas que a nosotros
pueden parecernos intrascendentes, no son tan insignificantes
a los ojos de Dios!
Como en el caso de una conocida anécdota inglesa: "Por falta
de un clavo, se perdió una herradura. Por falta de una
herradura, se perdió un caballo. Por falta de un caballo, se
perdió un rey. Y por falta de un rey, ¡se perdió un reino!"
¡Todo a causa de un insignificante clavito! ¡Así de
importantes son los detallitos! Por eso dicen las Escrituras:
"El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel" (Luc.16:10).
¡Presta atención, pues, a "los detallitos"! ¡No los
menosprecies nunca!
¡Nuestro espíritu
es contagioso!
Los que nos rodean siempre participan y reciben la influencia
de nuestro espíritu y actitud. Si nos mostramos apacibles,
confiados, pacientes y reposados, rebosantes de fe, ellos
reaccionarán de igual manera. ¡Por eso es tan importante
mantenerse en lo positivo, y nunca en lo negativo! ¡Hablemos
de lo bueno! (Fil.4:8) ¡Seamos alentadores, amorosos, fieles y
joviales! ¡El amor engendra amor! Es maravilloso el efecto que
puede tener una sonrisita, lo que logra un poco de amor, aun
sin pronunciar palabra. ¡Un poco de amor verdadero llega muy,
muy lejos!
¡Todos influimos en los demás! ¡Una persona que viva
amorosamente animará a las demás a hacer lo mismo! Si expresas
amor, alguien se contagiará del mismo espíritu. ¡Es algo muy
pegadizo; el amor de Cristo en acción! Y se transmite de
corazón a corazón. ¡Por eso, que Dios nos ayude a tener
cuidado con el efecto que causamos!
¡Si pasamos suficiente tiempo con Dios, como le pasó a Moisés,
un poquito de Dios también se nos pegará a nosotros y
andaremos contentos y con la cara resplandeciente por la
alegría y el Espíritu del Señor! (Ver Éxo.34:29-34;
Núm.6:25,26) Esa es la clave: ¡es el Espíritu del Señor! ¡Y si
resplandecemos con suficiente amor, los demás lo reflejarán!
¡Aguanta!
A veces nos preguntamos: "Señor, ¿por qué tenemos que pasar
por todos estos quebrantos y dificultades?" Pero hay muchas
cosas que el Señor no te puede revelar por adelantado, pues
aún no estás listo para ellas. Tienes que pasar por diversas
pruebas desconociendo lo que hay en el futuro para ver de qué
eres capaz, para que se demuestre tu lealtad y tu fortaleza,
para medir tu fidelidad, ¡para ver si estás dispuesto a hacer
lo que sea que Dios te pida! Si desde el principio el Señor te
contara el final, todo sería demasiado fácil; sería como darte
la solución a una adivinanza o como armar el rompecabezas por
ti. Eso no sería una prueba.
A pesar de que en cierto sentido le duela, a Dios le gusta ver
cómo sales adelante a pesar de todas las pruebas y
dificultades. ¡Disfruta al verte ganar la carrera, soportar la
aflicción y la batalla, luchar hasta el final y vencer!
Si aguantas la prueba y la superas, Dios podrá hacer por tu
intermedio cosas aún mayores que antes, al estar en el centro
de Su voluntad, donde Él sabe que encajas mejor, realizando
esa labor específica que te tiene reservada, lo que Dios más
quiere que hagas.
¡No te conformes, pues, con nada que no sea lo mejor que Él
quiere para ti! ¡Aguanta! ¡Está a la vuelta de la esquina! ¡Y
vale la pena!
(Ap.3:11).

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