Págs. 1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16  17  18  19  20  21 22 23 24 25 26 27 28 29

LA BREVEDAD DE LA VIDA


El 19 de octubre de 2008 escuché la noticia de que Levi Stubbs, el cantante principal del grupo vocal The Four Tops, de Motown, había muerto a los 72 años de edad. Cuando yo era muchacho, me encantaba este grupo; en especial, la voz apasionante y llena de emoción de Stubbs. La muerte de alguien a quien escuchaba cuando yo era joven me recordó que el tiempo no está pasando… ¡se está terminando!
Reflexión: En el único salmo que se le atribuye a Moisés, él escribe: «Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos» (Salmo 90:10). Estas no son palabras que nos guste escuchar. Queremos permanecer siempre jóvenes, pero la Escritura nos recuerda que los años pasan y que la muerte un día llegará.
Esto nos enfrenta a dos preguntas esenciales: ¿Estoy listo para volar al final de la vida, al haber aceptado a Cristo como mi Salvador? ¿Estoy utilizando mis efímeros días para agradar a Aquel que me ama eternamente?
¿Cómo estás enfrentando —sea cual sea tu edad— los desafíos que te presenta la brevedad de la vida?
No puedes controlar la duración de tu vida, pero sí su profundidad.

 

¡FUE SÓLO UNA COMA!


Era sólo un pequeña coma. Nada grave, ¿verdad? Sí, es cierto que los profesores de composición se enojan cuando las comas no aparecen donde deben aparecer, o cuando aparecen donde no tienen que estar. 
¿Qué daño puede causar una coma? ¡Mucho! Al menos eso fue lo que descubrió la gente de la compañía Lockheed Martin. Y les costó mucho dinero. Firmaron un contrato con un cliente internacional que les iba a suministrar piezas para sus aviones Hércules C-130J. Cuando redactaron el acuerdo para ajustar el precio de venta debido a los cambios en la tasa de inflación, alguien puso una coma en el lugar equivocado. Al caer inesperadamente la tasa de inflación, el cliente insistió en que Lockheed cumpliera el acuerdo y pagara conforme a la cantidad errada.
«Esa coma le costó a Lockheed 70 millones de dólares» —dijo James Blackwell, presidente de Lockheed Aeronautics.
Reflexión: De la misma forma, las cosas pequeñas que se descuidan o se ignoran pueden terminar costando mucho al hijo de Dios. Es por eso que el apóstol Pedro nos ordenó deshacernos de toda malicia y todo engaño (1 Pedro 2:1). No de la mayor parte de ellos, sino de todos. Ese pequeño engaño, ese acto menor de maldad, puede hacer un daño tremendo a alguien, o a la causa de Cristo, y echarte a perder las cosas.
Con la ayuda del Señor, presta atención a los pecados pequeños así como a los grandes. El que sean pequeños no quiere decir que no sean peligrosos, ni tampoco que Dios los ignore. Tal vez no te cueste 70 millones de dólares, pero el daño espiritual podría ser muchísimo peor.


«¡NO VALES NADA!»


El sonido del vidrio y la madera al romperse sacó a David de repente de un profundo sueño. Cuando sus ojos se aclararon se dio cuenta de que un auto había penetrado en su habitación al chocar contra la pared. David y su hermano temblaban de miedo cuando un hombre salió de un salto del auto y les informó que los iba a matar a ellos y a su madre.
Los muchachos se pusieron de pie y el hombre de la pistola se acercó a David de prisa, el cual temblaba de pies a cabeza. El intruso apuntó su pistola cargada en la frente de David y le dijo burlonamente: «¡No vales nada!»
El hombre era el papá de David.
El muchacho era David Meece, quien llegó a ser un músico cristiano de renombre mundial.
David recuerda lo que sucedió después de que su papá, que consumía muchas drogas, por poco lo mata. Las palabras que su padre pronunció lo hirieron tanto, que casi ni le importaba si su papá apretaba el gatillo.
Dios intervino ese día, y David no perdió la vida. No volvió a ver a su padre vivo, pero aquellas terribles palabras se quedaron con él como una grabación tocando en su cabeza… «¡No vales nada!».
David dio conciertos ante miles de fanáticos entusiastas.
David escribió éxito musical tras éxito musical. 
Le tomó mucho tiempo darse cuenta de que su padre terrenal estaba equivocado, y que su Padre celestial lo amaba y lo valoraba mucho.
Reflexión: David llegó a entender plenamente lo que Pablo escribió: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). Finalmente comprendió que era una creación especial de Dios. Se acabó lo de «¡No vales nada!» Tenía una nueva esperanza y un futuro brillante.
A medida que pasaron los años, David pudo perdonar a su padre en su corazón (su papá murió muchos años antes). Dios lo ha sanado de una manera asombrosa.
¿Y tú? ¿Sientes que no vales nada? Independientemente de lo que alguien te haya dicho, Aquel que cuenta —Dios— te ve como una hermosa nueva creación y seguirá moldeándote para sus buenos propósitos.
Él se deleita en ti. Te ama. ¡Tú vales mucho!

ALGUIEN LO HARÁ


El siguiente cartel estaba colgado en la pared de una clínica en el corazón del Santuario del Tigre de la India, en el Parque Nacional de Kanha:
«Esta es la historia de cuatro personas que se llamaban Todo el Mundo, Alguien, Cualquiera y Nadie. Había un trabajo importante que hacer. Todo el Mundo estaba seguro de que Alguien lo haría. Cualquiera pudo haberlo hecho, pero Nadie lo hizo. Alguien se enojó porque era un trabajo para Todo el Mundo. Todo el Mundo pensó que Cualquiera podía hacerlo, pero Nadie se dio cuenta de que no se haría. Resultó que Todo el Mundo culpó a Alguien, pero en realidad no se acusó a Nadie».

Reflexión: ¿Qué dice la Biblia sobre el servicio? Bueno, en Romanos 12 leemos acerca de la gran variedad de dones espirituales que poseen los creyentes. Sin embargo muchas veces, en vez de pensar en cómo podemos ejercer nuestro don o dones, pensamos que «alguien lo hará». Alguien que tenga más tiempo, mayor habilidad, más valor. Pero Dios ha planeado que cada uno de nosotros participe en Su plan. Cuando no usamos nuestros dones dejamos un puesto vacante que se puede quedar vacante. Cuando todos hacemos aquello para lo que estamos equipados, el cuerpo de creyentes puede funcionar debidamente.
No descartes el valor de lo que una persona puede hacer. Tal vez puedas ayudar a rellenar boletines, a hacer galletitas para alguna recepción para misioneros, cantar en el coro, dar clases en la escuela dominical, conducir un estudio bíblico, visitar a alguien que ya no pueda ir a la iglesia u ofrecerte a lavarle la ropa a una mujer que acaba de dar a luz. Sé de un hombre que siempre está pendiente de dónde venden ropa barata para ayudar a una familia que tiene 11 hijos. Aunque cada uno de nosotros sirve de una manera diferente, estamos construyendo algo de valor para Dios: un cuerpo de creyentes fuerte que apoya y ama a los demás. Y es una manera de reciprocar a Dios por todo lo que ha hecho por nosotros.
Trabajo que hacer hay de sobra. Busca el lugar más adecuado para ti y descubre el gozo que viene de servir a Jesús. 
Pregúntate: ¿Cuál es mi don espiritual? ¿Cómo lo estoy usando para beneficiar a otros? ¿He preguntado a Dios cómo me quiere usar? ¿Estoy dispuesto a ser usado de una manera diferente, como nunca antes me he atrevido a servir?

JUSTICIA Y MISERICORDIA


«¡No es justo!» Ya sea que lo hayas dicho o que, al menos, lo hayas pensado, debes admitir que es difícil ver que alguien se sale con la suya y no recibe lo que merece. Esto lo aprendemos desde niños. Sólo hay que preguntarles a padres de adolescentes. Los chicos odian que a los hermanos no se los castigue por cosas por las que ellos recibieron una cueriza. Por eso, siempre están chismorreando lo que hacen unos u otros. Pero, en realidad, nunca cambiamos. A nuestro modo de pensar, justicia significa que los pecadores merecen la ira de Dios y que nosotros, los buenos, merecemos Sus elogios.
Reflexión: Si Dios fuera sólo «justo», ¡todos seríamos consumidos por Su juicio! Podemos dar gracias por esto: «[Dios] no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades» (Salmo 103:10). Deberíamos estar contentos, no malhumorados, de que Él prefiere la misericordia más que la justicia, y está dispuesto a extender Su gracia aun a aquellos que no la merecen y que están perdidos sin esperanza. Y, mientras pensamos en esto, ¿cuándo fue la última vez que permitimos que la misericordia triunfara sobre la justicia con respecto a alguien que nos ofendió?
No es la justicia de Dios, sino Su misericordia lo que hace que Él nos busque, para que haya fiesta en el cielo cuando somos hallados (Lucas 15:7). 
Podemos ser misericordiosos con los demás porque Dios lo ha sido con nosotros.

SOLDADO DE CRISTO


El cabo Desmond Doss fue el primero en ganar la Medalla de Honor del Congreso, la condecoración militar más importante en los Estados Unidos. Doss era un consagrado seguidor de Cristo y creía que no debía matar a otras personas, pero deseaba servir a su país; entonces, se ofreció para trabajar como médico. Durante el entrenamiento en el regimiento, los demás soldados se burlaban de él porque se negaba a disparar un rifle. Lo ridiculizaban cuando leía la Biblia y se arrodillaba junto a su cama por la noche para orar. Sin embargo, en combate, la historia cambió.
En mayo de 1945, durante la batalla de Okinawa, en la Segunda Guerra Mundial, Doss arriesgó varias veces su vida para rescatar a cientos de hombres heridos. Por sus acciones generosas, se ganó la gratitud y el respeto de sus antiguos críticos y de aquellos cuyas vidas había salvado.
Reflexión: Frente a la crítica injusta, Pedro les dijo a sus compañeros cristianos: «Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis» (1 Pedro 3:14). Los instó a honrar a Dios en sus corazones y a estar preparados para responder de manera respetuosa a todo el que preguntara sobre la esperanza que ellos tenían (v. 15).
Que nuestra respuesta a un mundo sufriente, que suele ser hostil a Cristo, sea tal que demuestre el amor de Dios. 
Jesús valora la generosidad, no es posible servirle si no servimos a nuestros semejantes. El Evangelio de Cristo es de amor, paz, tolerancia, pendón, bondad, obras buenas, amor fraternal. Elevemos nuestros actos de servicio para animar a los demás…nuestra prioridad en esta vida debe ser engrandecer Su nombre y que Su reino sea conocido.
Devolver bien por bien es humano; devolver bien por mal es divino.

EL TRIBUNAL DE LA CONCIENCIA


Juana tenía sólo 12 años cuando decidió que necesitaba un poco más de emoción en su vida. Como no tenía dinero para ir a esquiar, empezó a hacer algo para lo que no necesitaba dinero: empezó a robar en las tiendas.
Juana sabía que aquello era malo. Pero cada vez que se metía una barra de dulce en el abrigo, sentía un flujo de adrenalina adictivo. Entonces sucedió. Mientras ella y su hermana compraban con su papá en una tienda por departamentos, a Juana la atraparon tratando de robarse un disco compacto.
Puesto que sus padres estaban divorciados, la mamá de Juana no lo supo. Su papá consintió en no decir nada si Juana prometía que nunca iba a robar otra vez. Pero Kara, la hermana de Juana, usó la oportunidad para sobornarla. Cada vez que ella y Juana tenían algún desacuerdo, o si Juana tenía algo que Kara quería, ésta la amenazaba diciendo: «Le voy a decir a mamá que robaste.»
¡Esto se prolongó durante 5 años! Entonces un día, cuando Kara usó la misma amenaza, Juana la miró directo a los ojos, sonrió, y dijo: «Mamá ya lo sabe. Y no, no te voy a prestar el auto.»
Cinco años después de su error de juventud, Juana finalmente supo la libertad que se siente cuando uno limpia su conciencia. Le contó a su mamá todo lo que pasó en la tienda, y todo lo que robó antes de eso. Su mamá no se enojó tanto como Juana esperaba.
Reflexión: La Palabra de Dios tiene mucho que decir acerca de una conciencia culpable. El libro de Proverbios dice: «El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia» (28:13). El mismo capítulo dice que una conciencia sucia nos pone nerviosos y a la defensiva. «Huye el malvado sin que nadie lo persiga, pero el justo está confiado como un león» (v.1).
Lo que Juana pensó que era «un robo sin importancia» cuando tenía 12 años, le robó 5 años de paz. Pero muchos de nosotros somos así con Dios. Percibimos que lo hemos defraudado con nuestro pecado, pero seguimos fingiendo que todo está bien. Y nuestra conciencia, como Kara, la hermana de Juana, se niega a dejarnos tranquilos.
Ser honestos con Dios da una libertad increíble. Gracias a su Hijo Jesucristo podemos encontrar el verdadero perdón. Dios promete que si confesamos nuestros pecados, Él nos los perdonará (1 Juan 1:9).
Pregúntate:
¿Hay algo que haya estado ocultando de Dios o de los demás?
¿Qué le hace el pecado oculto a mi vida de oración y al resto de mi relación
con Dios? ¿Confío en Dios lo suficiente como para tener el valor de ser honesto?

DIOS TIENE TIEMPO PARA TI


El historiador Casio Dion registró un acontecimiento revelador de la vida del emperador romano Adriano, que gobernó en 117–138 d.C.: «En una ocasión, cuando una mujer le hizo un pedido [a Adriano] mientras pasaba por allí durante un viaje, al principio él le dijo: “No tengo tiempo”; pero después, cuando ella exclamó, “entonces, deja de ser emperador”, él se volvió y le concedió una audiencia».
Reflexión: ¡Cuántas veces decimos o escuchamos decir: «Ahora no, estoy ocupado» o «lo siento, pero no tengo tiempo»! Sin embargo, nuestro Padre celestial, el Señor y Creador de todas las cosas, siempre tiene tiempo para nosotros. El salmista escribió: «Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. […] Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias» (Salmo 34:15,17).
Dios no es como el emperador o como un ejecutivo ocupado que trata de evitar las interrupciones, sino que Su gozo, como Padre, es escuchar a Sus hijos y responderles. «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» (v. 18).
La deducción final de Adriano fue: «Debo dedicarles tiempo a mis súbditos». Hoy Dios te dice: «Siempre tengo tiempo para los que acuden a mí». Cada vez que tengamos necesidad de hablar, el Señor estará dispuesto a escucharnos.
Dios nunca está demasiado ocupado para escuchar a Sus hijos.


Google
Web Busca en nuestra página
 

 

Devocionales

                     Sección 1

  En esta sección te presentamos varias lecturas devocionales

  La brevedad de la vida
  ¡Fue sólo una coma!
  ¡No vales nada!
  Alguien lo hará
  Justicia y misericordia 
  Soldado de Cristo
  El tribunal de la conciencia
  Dios tiene tiempo para ti

                     Nota

Estas lecturas te  invitarán  a la meditación y reflexión.

Si tienes lecturas devocionales, envíalas a través de nuestro correo electrónico. Prometemos publicarlas y darte el crédito correspondiente.  

::  Portada   ::      ::   Anterior   ::      ::   Subir    ::      ::   Siguiente    ::

                                           Copyright © Unidos en Cristo. All rights reserved. - Contáctenos si desea usar algún material de nuestro sitio web