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El Celibato de los Sacerdotes
Es enseñanza Católica Romana,
que sus Sacerdotes no deben casarse durante toda la vida que
sirven en la Iglesia. Algunos moralistas Católicos han llegado a
decir que si un Sacerdote se casa, peca más que si tuviera muchas
concubinas en su casa. Y que un cura peca menos si fornica, que si
rompe su voto de celibato contrayendo matrimonio. Fue en el año
1215 (Concilio de Latera) que la Iglesia Católica estableció como
norma oficial que los Sacerdotes no debían casarse.
Al examinar las enseñanzas
bíblicas, encontramos que dicha doctrina no se menciona, por el
contrario se nos dice: Que los Sacerdotes Judíos eran casados y el
puesto pasaba de padre a hijo. Y en la Iglesia primitiva, los
pastores (Obispos o ancianos) también eran casados (1 Timoteo 3:2,
Tito 1:5-6 ). Se nos dice al mismo tiempo que esta doctrina sería
de origen demoníaca (1 Timoteo 4:1-3).
Al profundizar acerca de este
tema, encontramos la práctica del celibato entre los Sacerdotes de
las religiones paganas de Babilonia. Estos Sacerdotes eran
miembros de una alta orden sacerdotal de la reina Semíramis.
El historiador Hislop nos dice:
"Desde Babilonia, esta doctrina del sacerdocio soltero se propagó
a otras naciones. Esto es evidente, por el celibato sacerdotal de
las religiones orientales en el Tíbet (China), Japón y otros
países.
Cuando esta doctrina llegó a
Roma en tiempos precristianos, la regla del celibato babilónico
fue observada estrictamente. Cuando el Cristianismo llegó a ser la
religión oficial de Roma, aquella práctica fue establecida en
contra de la costumbre de las congregaciones cristianas de los
primeros siglos. Ya que los pastores (ancianos u Obispos) de la
Iglesia primitiva solían ser casados" (Dos Babilonias, Pág. 219).
La idea general de muchos
católicos es que el Señor prescribió el celibato a los ministros
de la Iglesia, y que esta ley fue aceptada por los apóstoles y sus
sucesores. Por esto se quedan admirados al oír que muchos
sacerdotes y apóstoles de los primeros siglos fueron casados. Así
por ejemplo, en el evangelio según San Mateo capítulo 8, y en su
versículo 14, se nos dice que el Señor sanó a la suegra de Pedro.
Lo interesante de este pasaje es que; sí Pedro tenía suegra,
naturalmente para tenerla debía ser casado. La Biblia enseña que
su esposa siempre le acompañaba en sus viajes misioneros, así
leemos en 1 Corintios 9:5 "No tenemos derecho de traer con
nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles
del Señor, y Cefas (nombre de Pedro en arameo)". De todo esto
deducimos que Pedro y muchos de los apóstoles de Cristo fueron
casados.
La imposición del celibato a
los clérigos por parte de la Iglesia Católica, ha traído como
consecuencia en el pasado y aún en nuestros tiempos una serie de
actos inmorales dentro de las filas del sacerdocio católico.
Ralp Woodrow, nos dice: "Que en
la Edad Media, Roma era una ciudad santa sólo de nombre. Hay
estadísticas que estiman que habían cerca de 6.000 prostitutas en
esta ciudad que tenía una población de 100.000 habitantes.
Los historiadores nos dicen que
la mayoría de los eclesiásticos tenían una "moza" y todos los
conventos de aquella ciudad eran casas de mala fama. Una fuente en
Roma que está situada cerca de un convento fue removida por orden
del papa Gregorio y en el fondo de ésta se encontraron multitud de
esqueletos de niños.
Los Sacerdotes Católicos
llegaron a ser conocidos como los esposos de todas las mujeres.
Alberto El Magnífico, arzobispo de Hamburgo, exhortó a su clero:
"si non caste, tamen caute" (Latín) que quiere decir: si no pueden
ser castos, al menos sean cautos" (B. M. R. Págs. 138-139).
También tenemos el testimonio,
de los sucesores de los apóstoles, quienes eran casados y
claramente nos dicen que muchos de ellos lo eran también. San
Atanasio escribía al obispo Draconio, diciéndole que en su tiempo,
muchos monjes eran padres de hijos, así como muchos obispos.
Graciano testifica que, muchos
obispos de Roma eran hijos de sacerdotes. En efecto: San
Bonifacio, era hijo del presbítero Jocundo. El papa Agapito I, era
hijo del sacerdote Gordiano. El papa Silverio era hijo de San
Hormidas, quien también llegó a ser papa.
San Juan Crisóstomo, dice: San
Pablo escribió para cerrar la boca a los herejes que condenan el
matrimonio y para demostrar que se puede llegar a ser obispo
casado. Gregorio I, nos dice que el matrimonio de los clérigos no
solamente era permitido en el siglo sexto, sino que lo favorece
prohibiendo recibir impuesto alguno por la celebración del
matrimonio de un eclesiástico.
El papa Gregorio VII fue quien
impuso el celibato obligatorio, despojando al clero de sus esposas
legítimas y obligándoles a que hiciesen voto de continencia; pero
muchos clérigos no quisieron someterse. San Bernardo, protestó del
celibato por motivos de religión; y por ende de la orden de
Gregorio VII, con las siguientes palabras: "Quitad de la Iglesia
el matrimonio honrado, ¿Y no la llenaréis de guardadores de
concubinas?". La historia comprueba que las palabras de San
Bernardo, tuvieron fiel cumplimiento.
Los teólogos católicos basan
esta doctrina en las palabras de Jesús, cuando él dijo: que había
algunos "que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino
de los cielos" (Mateo 19:12), al examinar este pasaje notamos que
el celibato era una norma voluntaria muy elevada, debido al
instinto sexual propio de cada ser humano. Argumentan que Pablo
dio más importancia a la vida célibe que a la vida de casados,
para esto citan (1 Corintios 7:32-35).
Pero al analizar dichos pasajes
lo que encontramos es que Pablo, aplica aqui al matrimonio lo que
acaba de decir de la dificultad y de la brevedad del tiempo, (vea
contexto vers. 30-31) Ya que cuando se trata de confesar al Señor
en tiempos de prueba y persecusión, esta confesión es acompañada
de sacrificios y de peligros. Y es sin duda en estos momentos
cuando el cristiano se siente llamado a consagrar todo su tiempo
al servicio de Dios. No ignoramos que los cuidados de la familia
pueden contribuir poderosamente a que el corazón sea dividido
entre dos cuidados. Es lo que el apóstol llama preocuparse por las
cosas de este mundo para agradar a su pareja. Mas en ningún
momento denigra el estado del matrimonio, ya que Pablo mismo fue
quien dijo a Timoteo: "Es necesario que el obispo sea
irreprensible, esposo de una sóla mujer; sobrio, prudente,
respetable, modesto... que sepa gobernar bien su casa; que tenga
sus hijos en sujeción, con toda honestidad. Porque el que no sabe
gobernar su casa, ¿Cómo cuidará de la Iglesia de Dios? (1 Timoteo
3:4-5).
Por otra parte no queremos
negar la realidad, que el celibato tiene algunas notorias ventajas
para una vida enteramente consagrada al señor. Como vemos en el
Ministerio de Cristo y del mismo Pablo.
Pero también como señalamos
esto, también decimos: Que a pesar de esta mayor libertad para el
servicio divino de aquellos que pueden permanecer célibes, la
experiencia ha demostrado, que para el ministro del Evangelio,
dedicado a pastorear una Iglesia, continúa siendo cierta la
recomendación de Pablo en 1 Timoteo capítulo 3. Sí para otros
servidores de Dios es más conveniente la libertad de no estar
casados, esto no es así, para el pastor de una Iglesia; el cuál
conviene que sea casado, marido de una sóla mujer.
Hoy en día las esposas de los
ministros evangélicos suelen ser servidoras de Dios tan activas
como sus propios maridos, y su influencia en las reuniones de
señoras y señoritas es de la más alta utilidad; pues mientras
descargan a sus maridos de tales deberes, le mantienen informado
de todas estas actividades femeninas. De este modo se evitan los
míl escándalos que suele producir el celibato forzoso; contrario,
tanto a la naturaleza, como a las leyes divinas.
Al dejar este asunto, diremos
con Eneas Silvio, que fue más tarde Papa bajo el nombre de Pío II:
"Si ha habido muy poderosas razones para prohibir el matrimonio a
los sacerdotes, las hay más poderosas todavía para volver a
permitir el matrimonio en el clero Católico Romano".
El
Bautismo en Aguas
Desde que la Iglesia de Cristo
fuera establecida, el Bautismo fue una enseñanza divinamente
ordenada por el mismo Cristo, Mateo 28:19. A pesar de ser una
ordenanza divina, muchos le han dado diversos usos y significados.
La Iglesia Romana, enseña: Que
debe bautizarse a los niños para limpiarles del pecado original.
También para que éstos se conviertan en hijos de Dios y miembros
de la Iglesia. Si la muerte ocurre antes de haberse realizado este
acto, la desgraciada criatura va a un lugar que ellos llaman el
Limbo, a pagar según ellos el descuido de sus padres. No obstante
esta doctrina tal y como la enseña la Iglesia Romana, no la
hallamos en las Sagradas Escrituras.
El Santo Evangelio nos dice:
"Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El
que creyere y fuere bautizado, será salvo" Marcos 16:16. Lucas el
escritor del libro de los Hechos nos dice: "Y habiendo creído lo
que Felipe les predicaba del reino de Dios, se bautizaban hombres
y mujeres" Hechos 8:12. San Pablo nos dice también: "Somos
sepultados juntamente con El a muerte por el bautismo; para que
como Cristo resucitó de los muertos para la gloria del Padre, así
también nosotros andemos en novedad de vida" Romanos 6:4.
La pregunta que me hago es:
¿Cómo podrá andar en novedad de vida un niño, que no ha hecho otra
cosa que llorar, comer y dormir?. Mas, ¿Qué sucederá con los niños
si no se bautizan? Jesús, dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y
no se los impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos"
Mateo 19:14. Esto lo dijo Cristo teniendo en sus brazos a niños
que aún no habían sido bautizados. La enseñanza de la Biblia es
clara sobre este tema. Hay que creer en el Evangelio y
arrepentirse de sus pecados. Sin embargo en la práctica católica,
yo recuerdo, que quién renunciaba a los pecados del infante; eran
los padrinos de bautismo. La Biblia dice que es necesario el
arrepentimiento y la fe para ser perdonados por Dios. Un infante
como es obvio, no puede creer en el Evangelio, ni muchos menos
arrepentirse, (Marcos 16:16, Hechos 2:38; 8:36-38).
Los primeros cristianos
Los primeros cristianos, muchos
de los cuales vivieron en los primeros siglos de la era cristiana,
no fueron bautizados de niños; sino, cuando fueron grandes y
habían aceptado la fe de Cristo. Esto parecerá muy extraño al
lector Católico; pero nadie puede desmentir que san Rufino, san
Basilio, san Paulino, san Ambrosio, san Juan Crisóstomo, san
Atanasio, san Agustín, san Jerónimo y otros, no fueron bautizados
cuando eran niños; sino, cuando manifestaron su fe en Cristo.
San Atanasio, que murió el año
373 de nuestra era cristiana, nos dice: "Cualquiera que sea la
virtud del bautismo, presupone la disposición del que lo recibe.
Nuestro Salvador no sólo ha mandado que se bautice, sino que ha
dicho: Enseñad y bautizad luego, para que de la doctrina naciese
la verdadera fe, y con la fe fuésemos preparados para recibir el
bautismo" (Orat. 2a. contra Arrianos MG 26, 434). San Basilio,
obispo de Cesarea, que murió en el año 379, dice: "La fe se
perfecciona por el bautismo, y ciertamente precede al bautismo la
profesión de fe que lleva a la salvación" (Sermón de exhortación
al bautismo MG 31, 434).
La forma del Bautismo
En cuanto a la forma de
hacerlo, el mismo traductor de la Biblia Católica, el Rev. P.
Felipe Scio de San Miguel, declara: "La inmersión del cuerpo en el
agua, como se acostumbraba a administrar antiguamente el bautismo,
es una señal de muerte espiritual del hombre viejo" (Nota de su
Biblia traducida en Colosenses 2:12). Como bien afirma este
teólogo Católico, el bautismo se hacía por inmersión, y no por
aspersión o rociamiento, como acostumbra hacerlo la Iglesia
Católica hasta el día de hoy.
La escritora Luisa J. de
Walter, nos dice lo siguiente: "La Iglesia Católica por medio del
bautismo, administrado generalmente a los infantes y a los niños
por aspersión, creen que la persona recibe la gracia de la
regeneración o nuevo nacimiento, ya que el bautismo lava del
pecado original y perdona cualquier otro pecado cometido hasta
aquel momento. Convirtiéndose automáticamente en un hijo de Dios
más". Los Evangélicos creemos que el bautismo no regenera, sino
que es un testimonio ante el mundo de la regeneración ya efectuada
en el alma por el Espíritu Santo. (Cuál Camino Pág. 59-60).
Que el nuevo nacimiento es un
acto voluntario y no impuesto, lo declara el mismo apóstol san
Pedro, cuando escribe: "Siendo renacidos, no de simiente
corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que
vive y permanece para siempre" (1 Pedro 1:23). De este claro
pasaje de la Biblia, se desprende que quien no es apto para
recibir, comprender y creer la Palabra de Dios, no es capaz de
alcanzar el nuevo nacimiento. Un niño de pocas semanas de nacido
no puede recibir la Palabra de Dios; de ahí que no puede nacer de
nuevo hasta que tenga uso de razón. La misma doctrina es declarada
por el apóstol san Juan, cuando dice: "Más a todos los que le
recibieron dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que
creen en su nombre; los cuales no son engendrados de sangre, ni de
voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan
1:12-13). La pregunta que cabe aquí es la siguiente: Sí solamente
son hechos hijos de Dios "los que creen en su nombre" ¿cómo se
atreve la Iglesia Católica a decir que venimos a ser hijos de Dios
por el bautismo impuesto a los recién nacidos?. Ya que como hemos
señalado ampliamente, un niño inocente no puede creer, sino hasta
que éste alcanza la mayoría de edad. Debido a esto la mayoría de
las iglesias evangélicas bautizan solamente a personas adultas. Y
este bautismo se hace por inmersión completa en agua, según el
modelo bíblico (Hechos 8:36-39).
Las iglesias evangélicas, en
lugar de bautizar niños, presentan a los tales delante del Señor
para ser bendecidos por parte de El. Consiste esto, en una plática
acerca del modo de educar a los hijos en la fe cristiana, y en una
oración a Dios pidiendo la bendición sobre el infante presentado.
Por otra parte, son muchos los
baptisterios de inmersión encontrados en muchos templos Católicos.
Eran una especie de depósitos a los que se bajaba por gradas, en
los cuáles eran bautizados creyentes adultos, hasta cerca del
siglo doce. Todos aquellos que han estado en esos templos, muchos
de los cuáles han sido convertidos en museos, pueden dar fe, de
que no solamente la historia escrita afirma: que el bautismo era
aplicado a todos los que profesaban su fe en Dios, sino que hasta
las mismas piedras claman del cambio de doctrinas y prácticas
religiosas llevado a cabo por la Iglesia Romana. Es evidente
entonces que las ceremonias que acompañan al acto del bautismo de
los recién nacidos en la Iglesia Romana, no se encuentran ni son
respaldadas en ninguna parte por la Biblia. De ahí que de nuevo
enfatizamos nuestro desacuerdo con tales prácticas, por no ser
respaldadas por la revelación bíblica, ni por el testimonio de los
primeros cristianos.
La Doctrina del Limbo
La Iglesia Católica trató de
suavizar la idea de una condenación universal de aquellos que no
eran responsables de hechos pecaminosos, como lo son los niños.
Para esto crearon un nuevo lugar intermedio además del purgatorio,
a este lugar se le llamó el Limbo: Un lugar donde según los
teólogos Católicos, no hay dolor, pero tampoco el gozo de estar en
la presencia de Dios. Nosotros los Evangélicos creemos que si
nuestro Señor Jesucristo hubiera sabido algo acerca de ese Limbo,
del cuál nos habla la Iglesia Católica, lo habría indicado cuando
bendijo a los niños, y hubiera dicho: "De los tales es el reino de
los cielos, siempre que por el santo bautismo hayan sido limpiados
del pecado original, para que no vayan al limbo". Pero muy por el
contrario la Biblia dice: que Cristo afirmó, que los niños podían
entrar al reino de los cielos sin condición alguna (Marcos
10:14-15).
La enseñanza de la
Misa
La santa cena o comunión, fue
instituida por nuestro Señor Jesucristo la noche en que fue
entregado. La Iglesia Católica la ha convertido en su culto más
excelente, denominado "la misa o eucaristía". Enseñan ellos: 1.-
Que la misa es un sacrificio expiatorio. Que en este sacrificio,
se ofrece por el ministerio de los sacerdotes, al mismo Cristo,
que entonces se ofreció a sí mismo en la cruz. De aquí es, que no
sólo se ofrece con justa razón por los pecados, penas,
satisfacciones y otras necesidades de los fieles que viven; sino
también según la tradición romana por aquellos que han muerto en
Cristo sin estar plenamente perdonados (Concilio de Trento: Sesión
XII, Capítulo 2). 2.- Que después de la consagración del pan y del
vino, estos elementos se transforman literalmente en el cuerpo y
la sangre de Cristo, y que en el pan y el vino se halla su alma. A
esta conversión la han llamado los Católicos transubstanciación
(cambio de sustancias); (Concilio de Trento: Sesión XIII Cap. 3 y
4) Y 3.- Que al creyente común se le debe dar esta comunión en una
sóla especie (el pan) y que sólo los sacerdotes deben participar
del cáliz o sea el vino.
La Biblia nos dice: Que la
noche en que Jesús fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió
y diólo a sus discípulos diciendo: "Esto es mi cuerpo, que es dado
por vosotros, haced esto en memoria de mí. Y así mismo tomó
también la copa después de haber cenado diciendo: Esta copa es el
nuevo pacto en mi sangre, que será derramada por vosotros"
(Evangelio de San Lucas 22: 19-20). Para todo estudioso serio de
la Biblia, este pasaje es considerado como una metáfora o sea un
símbolo. Esta forma de lenguaje fue propia de Nuestro Señor
Jesucristo. Compárese otras expresiones por ejemplo: "Yo soy la
puerta" (Juan 10:9); "Yo soy la vid" (Juan 15:1); "Yo soy el pan
de vida" (Juan 6:35); "Yo soy la luz del mundo" (Juan 8:12) etc.
De todo esto sólo deducimos
que, si Cristo no puede ser real y positivamente una puerta, una
vid, un pan o una luz, tampoco un pedazo de pan puede ser real y
positivamente el cuerpo literal de Cristo, sino solamente una
figura, un emblema del cuerpo verdadero de Cristo. Sabemos que
estos elementos no se convirtieron en la propia sangre y cuerpo de
Cristo cuando el los bendijo, porque El personalmente estaba aún
allí, estaba sentado ante ellos antes y después de que tomaron del
pan y de la copa. No se cambió de una persona a un líquido ni se
transformó en pan, su carne estaba todavía sobre sus huesos y su
sangre corría en sus venas. No obstante, por espacio de muchos
siglos, el romanismo ha insistido en una interpretación literal de
las palabras de Nuestro Señor. Talvez la prueba más grande de que
la teoría católica de la transubstanciación es un fraude, radica
en el hecho de que no hay cambio alguno en los elementos después
de su supuesta transubstanciación. Los Católicos han llegado a
reconocer que no hay cambios visibles en los elementos de la
comunión. Ya que éstos Tienen el mismo sabor, color, olor, peso y
dimensión; después de que han sido "supuestamente" convertidos en
el cuerpo y la sangre de Cristo. El pan continúa en forma de pan,
sabe a pan y huele a pan, pero en la mente del Católico no es pan,
sino el cuerpo de Cristo, y el vino parece vino, sabe a vino y
huele a vino, pero el Católico devoto debe creer que es la sangre
de Jesús.
Otro aspecto que llama la
atención de esta enseñanza, es el que se menciona en el catecismo
del Concilio de Trento, donde se nos dice: "Que no solamente se
convierten los elementos en la sangre y el cuerpo de Cristo, sino
que aquello viene a ser el sacrificio de Cristo en la cruz". De
ahí que se llame a este acto "el sacrificio de la misa" y "la
renovación del sacrificio de la cruz", esta creencia es
naturalmente el resultado de la doctrina de que los elementos de
la comunión se convierten en un Cristo literalmente. Sin duda que
ésto llevó a otro grave error: En vez de considerar el sacrificio
del calvario completo, de una vez y para siempre, la Iglesia
Católica tuvo que enseñar que cada misa es una continuación del
mismo sacrificio. Esto presentó un problema teológico, si cada
misa es un sacrificio de Cristo, entonces en vez de ser ofrecido
Cristo una sóla vez, lo ha sido millones de veces a través de los
siglos. La pregunta que podemos hacer a este momento es: ¿Enseñan
las Escrituras que el sacrificio de Cristo debía ser repetido, o
fue una obra completa de una vez por todas?. Notemos el testimonio
bíblico en Hebreos 9: 25 al 28, donde en resumen se nos está
diciendo: que Cristo fue ofrecido una sóla vez y para siempre,
para llevar nuestros pecados en su cuerpo.
La adopción de la idea de que
los elementos de la santa cena se convierten en el cuerpo y la
sangre de Cristo, presentó otros problemas. El escritor Tertulio,
nos dice que muchos de los sacerdotes debían tener el cuidado para
que algún pedazo del pan no se cayera al suelo, porque el "cuerpo
de Cristo" podía lastimarse. En la Edad Media hubo discusiones de
que se debería hacer si alguién vomitaba después de recibir los
elementos, o si un perro o un ratón llegaran por casualidad a
comerse el "cuerpo de Cristo". También a fines del siglo XI, para
evitar que alguién derramara la "sangre de Cristo" (o sea el
vino), la Iglesia Católica empezó a retener la copa al pueblo
común. Hasta el día de hoy, a los miembros de las congregaciones
católicas no se les participa de la copa, solamente participa de
ella el sacerdote. Obviamente, la idea de que la congregación sólo
tome parte de lo que Jesús ordenó hacer, es contrario a la
enseñanza de la Biblia (1 Corintios 11:27-33).
Una práctica del paganismo
El historiador Duran, nos dice
que la creencia en la transubstanciación, como se practica en la
religión católica, es una de las ceremonias más antiguas de los
pueblos paganos. Un tipo de esta ceremonia era celebrada en
Egipto, en la cuál un pedazo de pastel era consagrado por un
sacerdote y se suponía que se convertía en el cuerpo de Osiris
(dios egipcio), después se comía y se tomaba vino como parte de
aquella ceremonia (Historia de la civilización Página 741).
También en la Enciclopedia de Religiones, se nos dice que la idea
de la transubstanciación, era una enseñanza de la religión del
Mitraísmo, siendo aquella práctica similar a la que hasta hoy
realiza la Iglesia Católica (Vol. 2 Página 76). En una u otra
forma, pues, la idea de comer el cuerpo de Dios se desarrolló en
muchas tribus y religiones del mundo. Cuando Roma conquistó el
mundo conocido de entonces, absorbió muchos de los ritos paganos
en su sistema religioso. Más tarde cuando la Cristiandad avanzó en
el Imperio Romano, muchos se dieron cuenta de que habían puntos
similares entre los ritos paganos y los cristianos. Más tarde los
dos sistemas fueron consolidados, líderes de la iglesia apóstata
disfrazaron los ritos paganos con nombres cristianos, y esta
mezcla engañosa ha confundido a muchos en el mundo entero desde
aquellos tiempos.
Para concluir conviene señalar
que Cristo no instituyó la comunión partiendo una oblea, sino el
mismo pan que había usado con sus discípulos en la comida.
La forma circular de la hostia
fue establecida en el año 700 de nuestra era cristiana, y es a
todas luces, una imitación de las obleas redondas usadas por los
egipcios; según se ve en muchos dibujos encontrados por la
arqueología.
La hostia que el sacerdote
católico pone en la boca de los comulgantes tiene que ser redonda.
Pero en la Santa Cena instituída por Nuestro Señor Jesucristo, él
tomó el pan y lo partió. Es claro señalar que el pan sin levadura
no se puede romper en pedazos redondos. Las Escrituras explican
que el romper el pan representa el cuerpo de Nuestro Señor, el
cuál fue destrozado por nosotros, por los crueles golpes y
latigazos.
Al ver que el empleo de una
hostia redonda es ajeno a las Escrituras. Preguntamos: ¿Por qué
vino a ser usado en la Iglesia católica de esta forma?. Aquí
nuevamente es aparente otra unión con el paganismo. La hostia
redonda no es nada más que un viejo símbolo del sol. El
historiador Hislop, dice: <<La hostia redonda que es tan
importante para la Iglesia Católica, es solamente otro símbolo de
Baal, o el dios-sol. Estos pasteles redondos eran usados en los
antiguos cultos egipcios. Cuando estos cultos llegaron a Roma bajo
el nombre de mitraísmo, los iniciados recibían un pequeño pastel
redondo de pan sin levadura que simbolizaba el disco solar. En
1854 se descubrió un antiguo templo en Egipto con inscripciones
que muestran estos pasteles redondos en un altar. Arriba del altar
hay una imagen del sol, ante la cuál dos sacerdotes están
adorando>> (Dos Babilonias pág.164).
Amado lector, ésta es sólo una
pequeña reseña de cómo y por qué los ritos del paganismo fueron
mezclados con la Cena del Señor, mezcla que produjo la ceremonia
romana conocida como la misa, ceremonia que por no tener fuertes
fundamentos Escriturales, nosotros los evangélicos rechazamos en
todas sus partes.
Las Sagradas
Escrituras
La iglesia Católica Romana, ha
declarado: <<Que ningún hombre debe poseer una Biblia sin licencia
del Obispo (concilio de Trento). Es un error escandaloso sostener
que todos pueden leer las Sagradas Escrituras (Bula Unigenitus de
Clemente XI). Las traducciones de la Biblia a las lenguas del
pueblo han hecho muchísimo daño (palabras del cardenal Osio). Y el
papa Pío IX declaró: "La Biblia es un libro perjudicial y herético
que perjudica a los fieles que lo leen">> Yo Creo que lo anterior
no merece comentario alguno, pero por amor a la verdad diré: Que
nunca ha sido el deseo de Dios; sino, del enemigo de nuestras
almas, el negar y estorbar la lectura y meditación de la bendita
Palabra de Dios. Y no alcanzo a comprender a hombres que
reclamando una "infalibilidad" prohibieron por mucho tiempo la
lectura de las Sagradas Escrituras, hundiendo en la oscuridad a
miles de almas inocentes. Por otra parte, cuando los católicos
hablan de lenguas del pueblo, es debido a que por mucho tiempo; la
Biblia no estuvo traducida en otro idioma que no fuera el Latín,
idioma en el cuál también por mucho tiempo los curas celebraron
las misas. Fue en los años 1500 que Martín Lutero, salió del
catolicismo romano y tradujo en aquel entonces la Biblia al idioma
Alemán, posteriormente otros fieles creyentes la tradujeron al
Español y al Inglés. Vale la pena señalar que en la actualidad la
Iglesia Católica ha rectificado sus absurdas enseñanzas a este
respecto, permitiendo e incentivando la lectura de la Biblia por
parte del pueblo común en el idioma propio de cada cuál. Esto es
sin duda loable, Pero quién puede negar el mal que causaron
durante tanto tiempo, estorbando así que la luz bendita de la
Palabra de Dios brillara en los corazones de los necesitados.
Junto con el gran pensador
Horacio, les decimos: "Te será posible destruir lo que no hayas
publicado; pero las palabras dadas a la luz no pueden recogerse"
No cabe la menor duda que las
aseveraciones de que la lectura de la Biblia producirían mucho
daño a los creyentes, fue un error garrafal por parte del clero
católico. Ya que Cristo mismo, dijo: "Escudriñad las Escrituras
porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y
ellas son las que dan testimonio de mí" (Juan 5:39) Y en el Salmo
119:105, 130, se dice: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y
lumbrera a mi camino" "El principio de tus palabras alumbra; hace
entender a los simples". También fieles creyentes de los primeros
tiempos así lo creían. San Juan Crisóstomo, dijo: "Pone en gran
peligro la propia salvación aquel que ignora las Sagradas
Escrituras. San Atanasio, haciendo alusión a los libros del
Antiguo y del Nuevo Testamento, dice: "Estas son las fuentes de
vida eterna en que el sediento puede apagar su sed bebiendo los
oráculos que contiene. Sólo aquí se halla proclamada la doctrina
de salvación. Nadie ponga o agregue algo a ellos". San Pablo
cuando escribe a los Romanos, dice: "Luego la fe es por el oír; y
el oír por la Palabra de Dios" (Rom. 10:17) Con todo esto podemos
asegurar que al contrario de producir daño la lectura de la
Biblia, lo que produce es el conocimiento de la voluntad agradable
y perfecta de Dios para todos los seres humanos.
La Biblia Católica
La Iglesia Romana, enseña: Que
la Santa Biblia se compone de dos grandes partes: El Antiguo
Testamento y el Nuevo Testamento. En cuanto al Nuevo, no hay
ninguna diferencia con los libros que nosotros los evangélicos
aceptamos. Pero no es así respecto al Antiguo, pues el Concilio de
Trento, en su cuarta sesión, dio el siguiente decreto: "Si alguno
no tuviere por sagrados y canónicos los libros de Baruc,
Eclesiástico, Sabiduría, Judith, Tobías y los Macabeos, sea
anatema".
Es necesario señalar que los
judíos de Palestina, que fueron el pueblo de Dios a quién fue dada
la Sagrada Escritura del Antiguo Testamento, nunca reconocieron
estos libros que los católicos reclaman ser inspirados de Dios.
Josefo el gran historiador judío, hizo una lista de los libros que
en tiempo de Jesucristo se consideraban como inspirados, pero no
clasificó entre ellos a los que la Iglesia Católica reclama como
inspirados. Nuestro Señor Jesucristo, que tantas veces se refirió
a los escritos del Antiguo Testamento, nunca los mencionó ni los
reconoció como inspirados. Los apóstoles tampoco los aceptaron. Ya
que entre más de un millar de citas que hay del Antiguo Testamento
en los escritos apostólicos, no se encuentra ni siquiera una tan
sóla cita de dichos libros. Los cristianos que vivieron después de
los apóstoles no los aceptaron tampoco. Cirilo de Jerusalén, en el
año 348, da un lista de los libros del Antiguo Testamento,
diciendo: "Como hijo de la Iglesia medita sobre los libros del
Antiguo Testamento, que son: 39, después de enumerarlos añade: Lee
estos 39 libros, sobre éstos y sobre éstos solamente, medita
cuidadosamente, estos son los que la Iglesia lee con fe y
abiertamente" (Discurso Catequístico cap. 35) Y San Agustín dice:
"Los judíos no recibieron los libros de los Macabeos, como lo
hicieron con la Ley, los Salmos y los Profetas, libros de los
cuales Nuestro Señor da testimonio (Libro contra Gaudioso, cap.
31, p. 38).
Yo no sé amado lector, si usted
alguna vez ha leído alguno de estos libros, yo por mi parte lo he
hecho, y puedo testificar que hay ciertas expresiones contenidas
en ellos, que jamás uno encuentra en los libros inspirados por
Dios. Un ejemplo de ello es el siguiente pasaje: "...Yo pondré
también aquí fin a mi narración. Y si está bien y como conviene a
la narración histórica, eso quisiera yo; pero si imperfecta y
mediocre, perdóneseme (Segundo Libro de Macabeos 15: 38-39). No
cabe duda que éste no es el modo de hablar de alguien que está
inspirado por el Espíritu Santo y que está escribiendo bajo su
santa autoridad, pues la Biblia nos dice a través del apóstol
Pedro: "Porque la profecía no fue en los tiempos pasados traída
por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron
siendo inspirados del Espíritu Santo (2 Ped. 1:21). Es obvio
entonces para nosotros los evangélicos, que si los libros
mencionados por lo católicos no fueron nunca reconocidos como
inspirados por Nuestro Señor Jesús, ni por los apóstoles y los
fieles creyentes después de ellos, tampoco nosotros tenemos porque
reconocerlos y aceptarlos como tales.
La
Santa Inquisición
Cuando Roma empezó a pervertir
las enseñanzas de la Palabra de Dios, muchos se revelaron contra
tales enseñanzas. Para hacer entrar en "cordura" a los tales, la
Iglesia Católica instituyó lo que se dio en llamar la Santa
Inquisición. La Enciclopedia Ilustrada de Historia de la Iglesia,
nos dice: <<Que este fue un tribunal especial establecido en la
Edad Media con el propósito de combatir la herejía. Fue iniciado
por el papa Alejandro III en el Concilio de Tours en 1163, quien
exhortó a los príncipes a perseguir a los herejes, aprisionarlos y
confiscar sus propiedades. La Inquisición practicaba las más
horrendas torturas para conseguir confesiones>> (Pág. 384).
Ralph Woodrow, nos dice
también: <<Que el papa Inocencio IV elaboró el documento "Ad
Exstirpanda" que declaraba que los herejes tenían que ser
aplastados como serpientes venenosas. Sacerdotes, reyes y miembros
civiles del sistema romano, fueron llamados a unirse a esta
cruzada guerrera. Declaraba el documento que cualquier propiedad
que confiscasen les sería dada como propiedad y además se les
prometían remisión de todos sus pecados como premio por matar a un
hereje. Este documento papal aprobó también el uso de la tortura
contra los llamados "herejes". Algunos hombres se pasaban largos
días ideando los métodos más crueles para producir dolor. Uno de
los más populares fue el uso del estante. Esta era una larga mesa
en la cuál el acusado era amarrado de las manos y pies y lo
estiraban por cuerdas y tablones hasta dislocarle las coyunturas y
causarle gran dolor.
Tenían también la horrible
"virgen de hierro" que consistía en una figura hueca del tamaño y
forma de una mujer, erizada interiormente de cuchillos dispuestos
de tal forma, que el acusado era lacerado mortalmente cuando lo
encerraban dentro de ella. Lo que hacía estos actos más blasfemos,
es que cada uno de estos medios de tortura eran rociados con "agua
bendita" y en ellos se inscribían las palabras latinas "Soli Deo
Gloria" que significa "Gloria a Dios solamente". Y no solamente
eran individuos y pequeños grupos los torturados y asesinados,
sino que también éste era el destino de ciudades enteras que
rechazaban los dogmas del romanismo.
Es notoria la masacre de
Merindol. Entre otras cosas horribles que ocurrieron en esta área,
que había llegado a ser poblada por los valdenses (protestantes),
500 mujeres fueron quemadas en un establo y cuando algunas de
éstas infelices saltaban por las ventanas eran recibidas con
lanzas. En otros casos, las mujeres eran pública y despiadadamente
violadas. Los niños eran asesinados ante sus padres, que asistían
impotentes al horrendo crimen. Algunos niños fueron lanzados desde
peñascos y otros eran despojados de sus ropas y arrastrados por
las calles. En el día de San Bartolomé del año 1572, hubo una gran
masacre en la ciudad de París donde murieron diez mil hugonotes
protestantes. El rey francés fue a misa a dar gracias solemnes por
haber sido asesinados tantos "herejes". La corte papal recibió la
noticia con gran regocijo y el papa, Gregorio XIII, fue a la
Iglesia de San Luis a dar gracias por la victoria, el papa ordenó
que se acuñara una moneda conmemorando el acontecimiento. Y ahora
les pregunto a ustedes: ¿Podría un sistema que instituyó tan
horrible tribunal represivo durante la Edad Media, ser la
verdadera Iglesia? ¿Puede ser esta Iglesia que empleó métodos tan
crueles, ser la Iglesia fundada por Aquel que dijo que debemos
voltear la mejilla, perdonar a nuestros enemigos, hacer bien a los
que nos aborrecen o nos desprecian, Aquél que, desde el madero
donde había sido clavado, en el momento de su muerte, dijo: "Padre
perdónalos, porque no saben lo que hacen"? ¿Podrían estos monjes y
sádicos sacerdotes ser miembros de la Iglesia pura y sin mancha,
la Novia de Cristo? ¿O podría su líder, el papa de Roma, ser el
representante de este Cristo en la tierra? ¡No! ¡Un millón de
veces, no! >> (B. M. R. Págs. 121,122,124,126).
Una Conclusión Necesaria
Por todo lo hasta aquí
presentado, queda plenamente demostrado:
I.
Qué la Iglesia Católica ha
cambiado esencialmente la mayor parte de las doctrinas y
enseñanzas que el Señor Jesús instituyó y que fueron tan fielmente
creídas y respetadas por los primeros creyentes.
II.
Qué las promesas que la Iglesia
Católica hace a sus fieles de abrirles las puertas del reino de
los cielos, por la absolución sacerdotal, las indulgencias y
penitencias, son falsas, por más que haya clérigos que realizan
estas ceremonias de muy buena fe, pues están cumpliendo enseñanzas
de hombres y no de Cristo; por consiguiente, todas las esperanzas
que cualquier persona ponga en estos medios para la salvación de
su alma, carece de apoyo; y si no vuelve sus ojos a Jesús el autor
y consumador de la Fe (Hebreos 12:2) se hallará en el más
espantoso de los desengaños el día que tenga que comparecer ante
la presencia del supremo Juez.
Por consiguiente amado lector,
tu deber es allegarte a Cristo, saliendo de todo engaño religioso.
No hay alternativa posible; sobre todo, después de que la lectura
de estas páginas te ha hecho responsable delante de Dios. Se trata
entonces de aceptar y seguir la verdad revelada por Dios en la
persona y enseñanzas de Cristo, y ser salvo; o perseverar en el
error, y perderte.
Dijo Jesús: "La palabra que Yo
os he hablado, ella os juzgará en el día postrero". Y otra vez:
"Si no hubiese venido y no les hubiera hablado, no tendrían
pecado; mas ahora no tienen excusa de su pecado".
Al igual que Samuel advirtió al
pueblo de Israel, cuando éste trataba de adorar a Dios y retener
dioses paganos en su corazón, te decimos hoy: "Si es con todo
vuestro corazón que estáis volviéndoos a Jehová, quitad de en
medio de vosotros los dioses extranjeros y también las imágenes de
Astaroth y preparad vuestro corazón a Jehová y sólo a El servid y
os librará..." (1 Samuel 7:3).
Para concluir el presente
estudio, quiero sólo citar las palabras del señor Woodroow, quien
dijo: "La reforma (con Martín Lutero) rechazó cierta cantidad del
elemento pagano del romanismo, no obstante retuvo gran parte del
mismo. Hoy en día la mayor parte de la cristiandad está aún en un
estado apóstata como resultado de la apostasía de los siglos III y
IV. Mas Dios sigue diciendo en su palabra: "Salid de ella, pueblo
mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no
recibáis de sus plagas" (Apocalipsis 18:4)".
Amado lector, usted se
preguntará: ¿A quién debemos entonces mirar para la salvación? La
respuesta es: ¡A Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, al
Apóstol y Supremo Sacerdote de nuestra profesión, al Cordero de
Dios, Capitán de nuestra Salvación, Rey de reyes y Señor de
señores! ¡Al Pan del Cielo, al Agua de Vida, al Buen Pastor, al
Príncipe de la Paz, a la Luz del Mundo!
Nuestra salvación no depende de
un sacerdote humano. No depende de María, ni de los santos o del
papa. Jesús dijo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida: Nadie
viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6). ¡La Salvación viene de
Cristo y sólo a través de él! ¿Le aceptamos a él y obedecemos su
Palabra, la Biblia, o aceptamos y seguimos una religión que está
basada en mezclas que se originaron en el paganismo?
Caro amigo, ¿Qué debemos
escoger? .... Como el Josué de antiguos tiempos, no podemos menos
que decir: "escoged hoy a quién habéis de servir; si a los dioses
a quienes sirvieron vuestros padres, o a los dioses de aquellos
amorreos en cuya tierra habitáis: En cuanto a mí y a mi casa,
nosotros serviremos a Jehová" (Josué 24:15).
¡Amén!... ¡Ven, Señor Jesús!.

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