Págs.

El Celibato de los Sacerdotes

Es enseñanza Católica Romana, que sus Sacerdotes no deben casarse durante toda la vida que sirven en la Iglesia. Algunos moralistas Católicos han llegado a decir que si un Sacerdote se casa, peca más que si tuviera muchas concubinas en su casa. Y que un cura peca menos si fornica, que si rompe su voto de celibato contrayendo matrimonio. Fue en el año 1215 (Concilio de Latera) que la Iglesia Católica estableció como norma oficial que los Sacerdotes no debían casarse.

Al examinar las enseñanzas bíblicas, encontramos que dicha doctrina no se menciona, por el contrario se nos dice: Que los Sacerdotes Judíos eran casados y el puesto pasaba de padre a hijo. Y en la Iglesia primitiva, los pastores (Obispos o ancianos) también eran casados (1 Timoteo 3:2, Tito 1:5-6 ). Se nos dice al mismo tiempo que esta doctrina sería de origen demoníaca (1 Timoteo 4:1-3).

Al profundizar acerca de este tema, encontramos la práctica del celibato entre los Sacerdotes de las religiones paganas de Babilonia. Estos Sacerdotes eran miembros de una alta orden sacerdotal de la reina Semíramis.

El historiador Hislop nos dice: "Desde Babilonia, esta doctrina del sacerdocio soltero se propagó a otras naciones. Esto es evidente, por el celibato sacerdotal de las religiones orientales en el Tíbet (China), Japón y otros países.

Cuando esta doctrina llegó a Roma en tiempos precristianos, la regla del celibato babilónico fue observada estrictamente. Cuando el Cristianismo llegó a ser la religión oficial de Roma, aquella práctica fue establecida en contra de la costumbre de las congregaciones cristianas de los primeros siglos. Ya que los pastores (ancianos u Obispos) de la Iglesia primitiva solían ser casados" (Dos Babilonias, Pág. 219).

La idea general de muchos católicos es que el Señor prescribió el celibato a los ministros de la Iglesia, y que esta ley fue aceptada por los apóstoles y sus sucesores. Por esto se quedan admirados al oír que muchos sacerdotes y apóstoles de los primeros siglos fueron casados. Así por ejemplo, en el evangelio según San Mateo capítulo 8, y en su versículo 14, se nos dice que el Señor sanó a la suegra de Pedro. Lo interesante de este pasaje es que; sí Pedro tenía suegra, naturalmente para tenerla debía ser casado. La Biblia enseña que su esposa siempre le acompañaba en sus viajes misioneros, así leemos en 1 Corintios 9:5 "No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles del Señor, y Cefas (nombre de Pedro en arameo)". De todo esto deducimos que Pedro y muchos de los apóstoles de Cristo fueron casados.

La imposición del celibato a los clérigos por parte de la Iglesia Católica, ha traído como consecuencia en el pasado y aún en nuestros tiempos una serie de actos inmorales dentro de las filas del sacerdocio católico.

Ralp Woodrow, nos dice: "Que en la Edad Media, Roma era una ciudad santa sólo de nombre. Hay estadísticas que estiman que habían cerca de 6.000 prostitutas en esta ciudad que tenía una población de 100.000 habitantes.

Los historiadores nos dicen que la mayoría de los eclesiásticos tenían una "moza" y todos los conventos de aquella ciudad eran casas de mala fama. Una fuente en Roma que está situada cerca de un convento fue removida por orden del papa Gregorio y en el fondo de ésta se encontraron multitud de esqueletos de niños.

Los Sacerdotes Católicos llegaron a ser conocidos como los esposos de todas las mujeres. Alberto El Magnífico, arzobispo de Hamburgo, exhortó a su clero: "si non caste, tamen caute" (Latín) que quiere decir: si no pueden ser castos, al menos sean cautos" (B. M. R. Págs. 138-139).

También tenemos el testimonio, de los sucesores de los apóstoles, quienes eran casados y claramente nos dicen que muchos de ellos lo eran también. San Atanasio escribía al obispo Draconio, diciéndole que en su tiempo, muchos monjes eran padres de hijos, así como muchos obispos.

Graciano testifica que, muchos obispos de Roma eran hijos de sacerdotes. En efecto: San Bonifacio, era hijo del presbítero Jocundo. El papa Agapito I, era hijo del sacerdote Gordiano. El papa Silverio era hijo de San Hormidas, quien también llegó a ser papa.

San Juan Crisóstomo, dice: San Pablo escribió para cerrar la boca a los herejes que condenan el matrimonio y para demostrar que se puede llegar a ser obispo casado. Gregorio I, nos dice que el matrimonio de los clérigos no solamente era permitido en el siglo sexto, sino que lo favorece prohibiendo recibir impuesto alguno por la celebración del matrimonio de un eclesiástico.

El papa Gregorio VII fue quien impuso el celibato obligatorio, despojando al clero de sus esposas legítimas y obligándoles a que hiciesen voto de continencia; pero muchos clérigos no quisieron someterse. San Bernardo, protestó del celibato por motivos de religión; y por ende de la orden de Gregorio VII, con las siguientes palabras: "Quitad de la Iglesia el matrimonio honrado, ¿Y no la llenaréis de guardadores de concubinas?". La historia comprueba que las palabras de San Bernardo, tuvieron fiel cumplimiento.

Los teólogos católicos basan esta doctrina en las palabras de Jesús, cuando él dijo: que había algunos "que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos" (Mateo 19:12), al examinar este pasaje notamos que el celibato era una norma voluntaria muy elevada, debido al instinto sexual propio de cada ser humano. Argumentan que Pablo dio más importancia a la vida célibe que a la vida de casados, para esto citan (1 Corintios 7:32-35).

Pero al analizar dichos pasajes lo que encontramos es que Pablo, aplica aqui al matrimonio lo que acaba de decir de la dificultad y de la brevedad del tiempo, (vea contexto vers. 30-31) Ya que cuando se trata de confesar al Señor en tiempos de prueba y persecusión, esta confesión es acompañada de sacrificios y de peligros. Y es sin duda en estos momentos cuando el cristiano se siente llamado a consagrar todo su tiempo al servicio de Dios. No ignoramos que los cuidados de la familia pueden contribuir poderosamente a que el corazón sea dividido entre dos cuidados. Es lo que el apóstol llama preocuparse por las cosas de este mundo para agradar a su pareja. Mas en ningún momento denigra el estado del matrimonio, ya que Pablo mismo fue quien dijo a Timoteo: "Es necesario que el obispo sea irreprensible, esposo de una sóla mujer; sobrio, prudente, respetable, modesto... que sepa gobernar bien su casa; que tenga sus hijos en sujeción, con toda honestidad. Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿Cómo cuidará de la Iglesia de Dios? (1 Timoteo 3:4-5).

Por otra parte no queremos negar la realidad, que el celibato tiene algunas notorias ventajas para una vida enteramente consagrada al señor. Como vemos en el Ministerio de Cristo y del mismo Pablo.

Pero también como señalamos esto, también decimos: Que a pesar de esta mayor libertad para el servicio divino de aquellos que pueden permanecer célibes, la experiencia ha demostrado, que para el ministro del Evangelio, dedicado a pastorear una Iglesia, continúa siendo cierta la recomendación de Pablo en 1 Timoteo capítulo 3. Sí para otros servidores de Dios es más conveniente la libertad de no estar casados, esto no es así, para el pastor de una Iglesia; el cuál conviene que sea casado, marido de una sóla mujer.

Hoy en día las esposas de los ministros evangélicos suelen ser servidoras de Dios tan activas como sus propios maridos, y su influencia en las reuniones de señoras y señoritas es de la más alta utilidad; pues mientras descargan a sus maridos de tales deberes, le mantienen informado de todas estas actividades femeninas. De este modo se evitan los míl escándalos que suele producir el celibato forzoso; contrario, tanto a la naturaleza, como a las leyes divinas.

Al dejar este asunto, diremos con Eneas Silvio, que fue más tarde Papa bajo el nombre de Pío II: "Si ha habido muy poderosas razones para prohibir el matrimonio a los sacerdotes, las hay más poderosas todavía para volver a permitir el matrimonio en el clero Católico Romano".  

El Bautismo en Aguas

Desde que la Iglesia de Cristo fuera establecida, el Bautismo fue una enseñanza divinamente ordenada por el mismo Cristo, Mateo 28:19. A pesar de ser una ordenanza divina, muchos le han dado diversos usos y significados.

La Iglesia Romana, enseña: Que debe bautizarse a los niños para limpiarles del pecado original. También para que éstos se conviertan en hijos de Dios y miembros de la Iglesia. Si la muerte ocurre antes de haberse realizado este acto, la desgraciada criatura va a un lugar que ellos llaman el Limbo, a pagar según ellos el descuido de sus padres. No obstante esta doctrina tal y como la enseña la Iglesia Romana, no la hallamos en las Sagradas Escrituras.

El Santo Evangelio nos dice: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo" Marcos 16:16. Lucas el escritor del libro de los Hechos nos dice: "Y habiendo creído lo que Felipe les predicaba del reino de Dios, se bautizaban hombres y mujeres" Hechos 8:12. San Pablo nos dice también: "Somos sepultados juntamente con El a muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos para la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida" Romanos 6:4.

La pregunta que me hago es: ¿Cómo podrá andar en novedad de vida un niño, que no ha hecho otra cosa que llorar, comer y dormir?. Mas, ¿Qué sucederá con los niños si no se bautizan? Jesús, dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y no se los impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos" Mateo 19:14. Esto lo dijo Cristo teniendo en sus brazos a niños que aún no habían sido bautizados. La enseñanza de la Biblia es clara sobre este tema. Hay que creer en el Evangelio y arrepentirse de sus pecados. Sin embargo en la práctica católica, yo recuerdo, que quién renunciaba a los pecados del infante; eran los padrinos de bautismo. La Biblia dice que es necesario el arrepentimiento y la fe para ser perdonados por Dios. Un infante como es obvio, no puede creer en el Evangelio, ni muchos menos arrepentirse, (Marcos 16:16, Hechos 2:38; 8:36-38).

Los primeros cristianos

Los primeros cristianos, muchos de los cuales vivieron en los primeros siglos de la era cristiana, no fueron bautizados de niños; sino, cuando fueron grandes y habían aceptado la fe de Cristo. Esto parecerá muy extraño al lector Católico; pero nadie puede desmentir que san Rufino, san Basilio, san Paulino, san Ambrosio, san Juan Crisóstomo, san Atanasio, san Agustín, san Jerónimo y otros, no fueron bautizados cuando eran niños; sino, cuando manifestaron su fe en Cristo.

San Atanasio, que murió el año 373 de nuestra era cristiana, nos dice: "Cualquiera que sea la virtud del bautismo, presupone la disposición del que lo recibe. Nuestro Salvador no sólo ha mandado que se bautice, sino que ha dicho: Enseñad y bautizad luego, para que de la doctrina naciese la verdadera fe, y con la fe fuésemos preparados para recibir el bautismo" (Orat. 2a. contra Arrianos MG 26, 434). San Basilio, obispo de Cesarea, que murió en el año 379, dice: "La fe se perfecciona por el bautismo, y ciertamente precede al bautismo la profesión de fe que lleva a la salvación" (Sermón de exhortación al bautismo MG 31, 434).

La forma del Bautismo

En cuanto a la forma de hacerlo, el mismo traductor de la Biblia Católica, el Rev. P. Felipe Scio de San Miguel, declara: "La inmersión del cuerpo en el agua, como se acostumbraba a administrar antiguamente el bautismo, es una señal de muerte espiritual del hombre viejo" (Nota de su Biblia traducida en Colosenses 2:12). Como bien afirma este teólogo Católico, el bautismo se hacía por inmersión, y no por aspersión o rociamiento, como acostumbra hacerlo la Iglesia Católica hasta el día de hoy.

La escritora Luisa J. de Walter, nos dice lo siguiente: "La Iglesia Católica por medio del bautismo, administrado generalmente a los infantes y a los niños por aspersión, creen que la persona recibe la gracia de la regeneración o nuevo nacimiento, ya que el bautismo lava del pecado original y perdona cualquier otro pecado cometido hasta aquel momento. Convirtiéndose automáticamente en un hijo de Dios más". Los Evangélicos creemos que el bautismo no regenera, sino que es un testimonio ante el mundo de la regeneración ya efectuada en el alma por el Espíritu Santo. (Cuál Camino Pág. 59-60).

Que el nuevo nacimiento es un acto voluntario y no impuesto, lo declara el mismo apóstol san Pedro, cuando escribe: "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1 Pedro 1:23). De este claro pasaje de la Biblia, se desprende que quien no es apto para recibir, comprender y creer la Palabra de Dios, no es capaz de alcanzar el nuevo nacimiento. Un niño de pocas semanas de nacido no puede recibir la Palabra de Dios; de ahí que no puede nacer de nuevo hasta que tenga uso de razón. La misma doctrina es declarada por el apóstol san Juan, cuando dice: "Más a todos los que le recibieron dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1:12-13). La pregunta que cabe aquí es la siguiente: Sí solamente son hechos hijos de Dios "los que creen en su nombre" ¿cómo se atreve la Iglesia Católica a decir que venimos a ser hijos de Dios por el bautismo impuesto a los recién nacidos?. Ya que como hemos señalado ampliamente, un niño inocente no puede creer, sino hasta que éste alcanza la mayoría de edad. Debido a esto la mayoría de las iglesias evangélicas bautizan solamente a personas adultas. Y este bautismo se hace por inmersión completa en agua, según el modelo bíblico (Hechos 8:36-39).

Las iglesias evangélicas, en lugar de bautizar niños, presentan a los tales delante del Señor para ser bendecidos por parte de El. Consiste esto, en una plática acerca del modo de educar a los hijos en la fe cristiana, y en una oración a Dios pidiendo la bendición sobre el infante presentado.

Por otra parte, son muchos los baptisterios de inmersión encontrados en muchos templos Católicos. Eran una especie de depósitos a los que se bajaba por gradas, en los cuáles eran bautizados creyentes adultos, hasta cerca del siglo doce. Todos aquellos que han estado en esos templos, muchos de los cuáles han sido convertidos en museos, pueden dar fe, de que no solamente la historia escrita afirma: que el bautismo era aplicado a todos los que profesaban su fe en Dios, sino que hasta las mismas piedras claman del cambio de doctrinas y prácticas religiosas llevado a cabo por la Iglesia Romana. Es evidente entonces que las ceremonias que acompañan al acto del bautismo de los recién nacidos en la Iglesia Romana, no se encuentran ni son respaldadas en ninguna parte por la Biblia. De ahí que de nuevo enfatizamos nuestro desacuerdo con tales prácticas, por no ser respaldadas por la revelación bíblica, ni por el testimonio de los primeros cristianos.

La Doctrina del Limbo

La Iglesia Católica trató de suavizar la idea de una condenación universal de aquellos que no eran responsables de hechos pecaminosos, como lo son los niños. Para esto crearon un nuevo lugar intermedio además del purgatorio, a este lugar se le llamó el Limbo: Un lugar donde según los teólogos Católicos, no hay dolor, pero tampoco el gozo de estar en la presencia de Dios. Nosotros los Evangélicos creemos que si nuestro Señor Jesucristo hubiera sabido algo acerca de ese Limbo, del cuál nos habla la Iglesia Católica, lo habría indicado cuando bendijo a los niños, y hubiera dicho: "De los tales es el reino de los cielos, siempre que por el santo bautismo hayan sido limpiados del pecado original, para que no vayan al limbo". Pero muy por el contrario la Biblia dice: que Cristo afirmó, que los niños podían entrar al reino de los cielos sin condición alguna (Marcos 10:14-15).  

La enseñanza de la Misa

La santa cena o comunión, fue instituida por nuestro Señor Jesucristo la noche en que fue entregado. La Iglesia Católica la ha convertido en su culto más excelente, denominado "la misa o eucaristía". Enseñan ellos: 1.- Que la misa es un sacrificio expiatorio. Que en este sacrificio, se ofrece por el ministerio de los sacerdotes, al mismo Cristo, que entonces se ofreció a sí mismo en la cruz. De aquí es, que no sólo se ofrece con justa razón por los pecados, penas, satisfacciones y otras necesidades de los fieles que viven; sino también según la tradición romana por aquellos que han muerto en Cristo sin estar plenamente perdonados (Concilio de Trento: Sesión XII, Capítulo 2). 2.- Que después de la consagración del pan y del vino, estos elementos se transforman literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, y que en el pan y el vino se halla su alma. A esta conversión la han llamado los Católicos transubstanciación (cambio de sustancias); (Concilio de Trento: Sesión XIII Cap. 3 y 4) Y 3.- Que al creyente común se le debe dar esta comunión en una sóla especie (el pan) y que sólo los sacerdotes deben participar del cáliz o sea el vino.

La Biblia nos dice: Que la noche en que Jesús fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y diólo a sus discípulos diciendo: "Esto es mi cuerpo, que es dado por vosotros, haced esto en memoria de mí. Y así mismo tomó también la copa después de haber cenado diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que será derramada por vosotros" (Evangelio de San Lucas 22: 19-20). Para todo estudioso serio de la Biblia, este pasaje es considerado como una metáfora o sea un símbolo. Esta forma de lenguaje fue propia de Nuestro Señor Jesucristo. Compárese otras expresiones por ejemplo: "Yo soy la puerta" (Juan 10:9); "Yo soy la vid" (Juan 15:1); "Yo soy el pan de vida" (Juan 6:35); "Yo soy la luz del mundo" (Juan 8:12) etc.

De todo esto sólo deducimos que, si Cristo no puede ser real y positivamente una puerta, una vid, un pan o una luz, tampoco un pedazo de pan puede ser real y positivamente el cuerpo literal de Cristo, sino solamente una figura, un emblema del cuerpo verdadero de Cristo. Sabemos que estos elementos no se convirtieron en la propia sangre y cuerpo de Cristo cuando el los bendijo, porque El personalmente estaba aún allí, estaba sentado ante ellos antes y después de que tomaron del pan y de la copa. No se cambió de una persona a un líquido ni se transformó en pan, su carne estaba todavía sobre sus huesos y su sangre corría en sus venas. No obstante, por espacio de muchos siglos, el romanismo ha insistido en una interpretación literal de las palabras de Nuestro Señor. Talvez la prueba más grande de que la teoría católica de la transubstanciación es un fraude, radica en el hecho de que no hay cambio alguno en los elementos después de su supuesta transubstanciación. Los Católicos han llegado a reconocer que no hay cambios visibles en los elementos de la comunión. Ya que éstos Tienen el mismo sabor, color, olor, peso y dimensión; después de que han sido "supuestamente" convertidos en el cuerpo y la sangre de Cristo. El pan continúa en forma de pan, sabe a pan y huele a pan, pero en la mente del Católico no es pan, sino el cuerpo de Cristo, y el vino parece vino, sabe a vino y huele a vino, pero el Católico devoto debe creer que es la sangre de Jesús.

Otro aspecto que llama la atención de esta enseñanza, es el que se menciona en el catecismo del Concilio de Trento, donde se nos dice: "Que no solamente se convierten los elementos en la sangre y el cuerpo de Cristo, sino que aquello viene a ser el sacrificio de Cristo en la cruz". De ahí que se llame a este acto "el sacrificio de la misa" y "la renovación del sacrificio de la cruz", esta creencia es naturalmente el resultado de la doctrina de que los elementos de la comunión se convierten en un Cristo literalmente. Sin duda que ésto llevó a otro grave error: En vez de considerar el sacrificio del calvario completo, de una vez y para siempre, la Iglesia Católica tuvo que enseñar que cada misa es una continuación del mismo sacrificio. Esto presentó un problema teológico, si cada misa es un sacrificio de Cristo, entonces en vez de ser ofrecido Cristo una sóla vez, lo ha sido millones de veces a través de los siglos. La pregunta que podemos hacer a este momento es: ¿Enseñan las Escrituras que el sacrificio de Cristo debía ser repetido, o fue una obra completa de una vez por todas?. Notemos el testimonio bíblico en Hebreos 9: 25 al 28, donde en resumen se nos está diciendo: que Cristo fue ofrecido una sóla vez y para siempre, para llevar nuestros pecados en su cuerpo.

La adopción de la idea de que los elementos de la santa cena se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, presentó otros problemas. El escritor Tertulio, nos dice que muchos de los sacerdotes debían tener el cuidado para que algún pedazo del pan no se cayera al suelo, porque el "cuerpo de Cristo" podía lastimarse. En la Edad Media hubo discusiones de que se debería hacer si alguién vomitaba después de recibir los elementos, o si un perro o un ratón llegaran por casualidad a comerse el "cuerpo de Cristo". También a fines del siglo XI, para evitar que alguién derramara la "sangre de Cristo" (o sea el vino), la Iglesia Católica empezó a retener la copa al pueblo común. Hasta el día de hoy, a los miembros de las congregaciones católicas no se les participa de la copa, solamente participa de ella el sacerdote. Obviamente, la idea de que la congregación sólo tome parte de lo que Jesús ordenó hacer, es contrario a la enseñanza de la Biblia (1 Corintios 11:27-33).

Una práctica del paganismo

El historiador Duran, nos dice que la creencia en la transubstanciación, como se practica en la religión católica, es una de las ceremonias más antiguas de los pueblos paganos. Un tipo de esta ceremonia era celebrada en Egipto, en la cuál un pedazo de pastel era consagrado por un sacerdote y se suponía que se convertía en el cuerpo de Osiris (dios egipcio), después se comía y se tomaba vino como parte de aquella ceremonia (Historia de la civilización Página 741). También en la Enciclopedia de Religiones, se nos dice que la idea de la transubstanciación, era una enseñanza de la religión del Mitraísmo, siendo aquella práctica similar a la que hasta hoy realiza la Iglesia Católica (Vol. 2 Página 76). En una u otra forma, pues, la idea de comer el cuerpo de Dios se desarrolló en muchas tribus y religiones del mundo. Cuando Roma conquistó el mundo conocido de entonces, absorbió muchos de los ritos paganos en su sistema religioso. Más tarde cuando la Cristiandad avanzó en el Imperio Romano, muchos se dieron cuenta de que habían puntos similares entre los ritos paganos y los cristianos. Más tarde los dos sistemas fueron consolidados, líderes de la iglesia apóstata disfrazaron los ritos paganos con nombres cristianos, y esta mezcla engañosa ha confundido a muchos en el mundo entero desde aquellos tiempos.

Para concluir conviene señalar que Cristo no instituyó la comunión partiendo una oblea, sino el mismo pan que había usado con sus discípulos en la comida.

La forma circular de la hostia fue establecida en el año 700 de nuestra era cristiana, y es a todas luces, una imitación de las obleas redondas usadas por los egipcios; según se ve en muchos dibujos encontrados por la arqueología.

La hostia que el sacerdote católico pone en la boca de los comulgantes tiene que ser redonda. Pero en la Santa Cena instituída por Nuestro Señor Jesucristo, él tomó el pan y lo partió. Es claro señalar que el pan sin levadura no se puede romper en pedazos redondos. Las Escrituras explican que el romper el pan representa el cuerpo de Nuestro Señor, el cuál fue destrozado por nosotros, por los crueles golpes y latigazos.

Al ver que el empleo de una hostia redonda es ajeno a las Escrituras. Preguntamos: ¿Por qué vino a ser usado en la Iglesia católica de esta forma?. Aquí nuevamente es aparente otra unión con el paganismo. La hostia redonda no es nada más que un viejo símbolo del sol. El historiador Hislop, dice: <<La hostia redonda que es tan importante para la Iglesia Católica, es solamente otro símbolo de Baal, o el dios-sol. Estos pasteles redondos eran usados en los antiguos cultos egipcios. Cuando estos cultos llegaron a Roma bajo el nombre de mitraísmo, los iniciados recibían un pequeño pastel redondo de pan sin levadura que simbolizaba el disco solar. En 1854 se descubrió un antiguo templo en Egipto con inscripciones que muestran estos pasteles redondos en un altar. Arriba del altar hay una imagen del sol, ante la cuál dos sacerdotes están adorando>> (Dos Babilonias pág.164).

Amado lector, ésta es sólo una pequeña reseña de cómo y por qué los ritos del paganismo fueron mezclados con la Cena del Señor, mezcla que produjo la ceremonia romana conocida como la misa, ceremonia que por no tener fuertes fundamentos Escriturales, nosotros los evangélicos rechazamos en todas sus partes.  

Las Sagradas Escrituras

La iglesia Católica Romana, ha declarado: <<Que ningún hombre debe poseer una Biblia sin licencia del Obispo (concilio de Trento). Es un error escandaloso sostener que todos pueden leer las Sagradas Escrituras (Bula Unigenitus de Clemente XI). Las traducciones de la Biblia a las lenguas del pueblo han hecho muchísimo daño (palabras del cardenal Osio). Y el papa Pío IX declaró: "La Biblia es un libro perjudicial y herético que perjudica a los fieles que lo leen">> Yo Creo que lo anterior no merece comentario alguno, pero por amor a la verdad diré: Que nunca ha sido el deseo de Dios; sino, del enemigo de nuestras almas, el negar y estorbar la lectura y meditación de la bendita Palabra de Dios. Y no alcanzo a comprender a hombres que reclamando una "infalibilidad" prohibieron por mucho tiempo la lectura de las Sagradas Escrituras, hundiendo en la oscuridad a miles de almas inocentes. Por otra parte, cuando los católicos hablan de lenguas del pueblo, es debido a que por mucho tiempo; la Biblia no estuvo traducida en otro idioma que no fuera el Latín, idioma en el cuál también por mucho tiempo los curas celebraron las misas. Fue en los años 1500 que Martín Lutero, salió del catolicismo romano y tradujo en aquel entonces la Biblia al idioma Alemán, posteriormente otros fieles creyentes la tradujeron al Español y al Inglés. Vale la pena señalar que en la actualidad la Iglesia Católica ha rectificado sus absurdas enseñanzas a este respecto, permitiendo e incentivando la lectura de la Biblia por parte del pueblo común en el idioma propio de cada cuál. Esto es sin duda loable, Pero quién puede negar el mal que causaron durante tanto tiempo, estorbando así que la luz bendita de la Palabra de Dios brillara en los corazones de los necesitados.

Junto con el gran pensador Horacio, les decimos: "Te será posible destruir lo que no hayas publicado; pero las palabras dadas a la luz no pueden recogerse"

No cabe la menor duda que las aseveraciones de que la lectura de la Biblia producirían mucho daño a los creyentes, fue un error garrafal por parte del clero católico. Ya que Cristo mismo, dijo: "Escudriñad las Escrituras porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí" (Juan 5:39) Y en el Salmo 119:105, 130, se dice: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino" "El principio de tus palabras alumbra; hace entender a los simples". También fieles creyentes de los primeros tiempos así lo creían. San Juan Crisóstomo, dijo: "Pone en gran peligro la propia salvación aquel que ignora las Sagradas Escrituras. San Atanasio, haciendo alusión a los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, dice: "Estas son las fuentes de vida eterna en que el sediento puede apagar su sed bebiendo los oráculos que contiene. Sólo aquí se halla proclamada la doctrina de salvación. Nadie ponga o agregue algo a ellos". San Pablo cuando escribe a los Romanos, dice: "Luego la fe es por el oír; y el oír por la Palabra de Dios" (Rom. 10:17) Con todo esto podemos asegurar que al contrario de producir daño la lectura de la Biblia, lo que produce es el conocimiento de la voluntad agradable y perfecta de Dios para todos los seres humanos.

La Biblia Católica

La Iglesia Romana, enseña: Que la Santa Biblia se compone de dos grandes partes: El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. En cuanto al Nuevo, no hay ninguna diferencia con los libros que nosotros los evangélicos aceptamos. Pero no es así respecto al Antiguo, pues el Concilio de Trento, en su cuarta sesión, dio el siguiente decreto: "Si alguno no tuviere por sagrados y canónicos los libros de Baruc, Eclesiástico, Sabiduría, Judith, Tobías y los Macabeos, sea anatema".

Es necesario señalar que los judíos de Palestina, que fueron el pueblo de Dios a quién fue dada la Sagrada Escritura del Antiguo Testamento, nunca reconocieron estos libros que los católicos reclaman ser inspirados de Dios. Josefo el gran historiador judío, hizo una lista de los libros que en tiempo de Jesucristo se consideraban como inspirados, pero no clasificó entre ellos a los que la Iglesia Católica reclama como inspirados. Nuestro Señor Jesucristo, que tantas veces se refirió a los escritos del Antiguo Testamento, nunca los mencionó ni los reconoció como inspirados. Los apóstoles tampoco los aceptaron. Ya que entre más de un millar de citas que hay del Antiguo Testamento en los escritos apostólicos, no se encuentra ni siquiera una tan sóla cita de dichos libros. Los cristianos que vivieron después de los apóstoles no los aceptaron tampoco. Cirilo de Jerusalén, en el año 348, da un lista de los libros del Antiguo Testamento, diciendo: "Como hijo de la Iglesia medita sobre los libros del Antiguo Testamento, que son: 39, después de enumerarlos añade: Lee estos 39 libros, sobre éstos y sobre éstos solamente, medita cuidadosamente, estos son los que la Iglesia lee con fe y abiertamente" (Discurso Catequístico cap. 35) Y San Agustín dice: "Los judíos no recibieron los libros de los Macabeos, como lo hicieron con la Ley, los Salmos y los Profetas, libros de los cuales Nuestro Señor da testimonio (Libro contra Gaudioso, cap. 31, p. 38).

Yo no sé amado lector, si usted alguna vez ha leído alguno de estos libros, yo por mi parte lo he hecho, y puedo testificar que hay ciertas expresiones contenidas en ellos, que jamás uno encuentra en los libros inspirados por Dios. Un ejemplo de ello es el siguiente pasaje: "...Yo pondré también aquí fin a mi narración. Y si está bien y como conviene a la narración histórica, eso quisiera yo; pero si imperfecta y mediocre, perdóneseme (Segundo Libro de Macabeos 15: 38-39). No cabe duda que éste no es el modo de hablar de alguien que está inspirado por el Espíritu Santo y que está escribiendo bajo su santa autoridad, pues la Biblia nos dice a través del apóstol Pedro: "Porque la profecía no fue en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo (2 Ped. 1:21). Es obvio entonces para nosotros los evangélicos, que si los libros mencionados por lo católicos no fueron nunca reconocidos como inspirados por Nuestro Señor Jesús, ni por los apóstoles y los fieles creyentes después de ellos, tampoco nosotros tenemos porque reconocerlos y aceptarlos como tales.  

 La Santa Inquisición

Cuando Roma empezó a pervertir las enseñanzas de la Palabra de Dios, muchos se revelaron contra tales enseñanzas. Para hacer entrar en "cordura" a los tales, la Iglesia Católica instituyó lo que se dio en llamar la Santa Inquisición. La Enciclopedia Ilustrada de Historia de la Iglesia, nos dice: <<Que este fue un tribunal especial establecido en la Edad Media con el propósito de combatir la herejía. Fue iniciado por el papa Alejandro III en el Concilio de Tours en 1163, quien exhortó a los príncipes a perseguir a los herejes, aprisionarlos y confiscar sus propiedades. La Inquisición practicaba las más horrendas torturas para conseguir confesiones>> (Pág. 384).

Ralph Woodrow, nos dice también: <<Que el papa Inocencio IV elaboró el documento "Ad Exstirpanda" que declaraba que los herejes tenían que ser aplastados como serpientes venenosas. Sacerdotes, reyes y miembros civiles del sistema romano, fueron llamados a unirse a esta cruzada guerrera. Declaraba el documento que cualquier propiedad que confiscasen les sería dada como propiedad y además se les prometían remisión de todos sus pecados como premio por matar a un hereje. Este documento papal aprobó también el uso de la tortura contra los llamados "herejes". Algunos hombres se pasaban largos días ideando los métodos más crueles para producir dolor. Uno de los más populares fue el uso del estante. Esta era una larga mesa en la cuál el acusado era amarrado de las manos y pies y lo estiraban por cuerdas y tablones hasta dislocarle las coyunturas y causarle gran dolor.

Tenían también la horrible "virgen de hierro" que consistía en una figura hueca del tamaño y forma de una mujer, erizada interiormente de cuchillos dispuestos de tal forma, que el acusado era lacerado mortalmente cuando lo encerraban dentro de ella. Lo que hacía estos actos más blasfemos, es que cada uno de estos medios de tortura eran rociados con "agua bendita" y en ellos se inscribían las palabras latinas "Soli Deo Gloria" que significa "Gloria a Dios solamente". Y no solamente eran individuos y pequeños grupos los torturados y asesinados, sino que también éste era el destino de ciudades enteras que rechazaban los dogmas del romanismo.

Es notoria la masacre de Merindol. Entre otras cosas horribles que ocurrieron en esta área, que había llegado a ser poblada por los valdenses (protestantes), 500 mujeres fueron quemadas en un establo y cuando algunas de éstas infelices saltaban por las ventanas eran recibidas con lanzas. En otros casos, las mujeres eran pública y despiadadamente violadas. Los niños eran asesinados ante sus padres, que asistían impotentes al horrendo crimen. Algunos niños fueron lanzados desde peñascos y otros eran despojados de sus ropas y arrastrados por las calles. En el día de San Bartolomé del año 1572, hubo una gran masacre en la ciudad de París donde murieron diez mil hugonotes protestantes. El rey francés fue a misa a dar gracias solemnes por haber sido asesinados tantos "herejes". La corte papal recibió la noticia con gran regocijo y el papa, Gregorio XIII, fue a la Iglesia de San Luis a dar gracias por la victoria, el papa ordenó que se acuñara una moneda conmemorando el acontecimiento. Y ahora les pregunto a ustedes: ¿Podría un sistema que instituyó tan horrible tribunal represivo durante la Edad Media, ser la verdadera Iglesia? ¿Puede ser esta Iglesia que empleó métodos tan crueles, ser la Iglesia fundada por Aquel que dijo que debemos voltear la mejilla, perdonar a nuestros enemigos, hacer bien a los que nos aborrecen o nos desprecian, Aquél que, desde el madero donde había sido clavado, en el momento de su muerte, dijo: "Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen"? ¿Podrían estos monjes y sádicos sacerdotes ser miembros de la Iglesia pura y sin mancha, la Novia de Cristo? ¿O podría su líder, el papa de Roma, ser el representante de este Cristo en la tierra? ¡No! ¡Un millón de veces, no! >> (B. M. R. Págs. 121,122,124,126). 

Una Conclusión Necesaria

Por todo lo hasta aquí presentado, queda plenamente demostrado:

I. Qué la Iglesia Católica ha cambiado esencialmente la mayor parte de las doctrinas y enseñanzas que el Señor Jesús instituyó y que fueron tan fielmente creídas y respetadas por los primeros creyentes.

II. Qué las promesas que la Iglesia Católica hace a sus fieles de abrirles las puertas del reino de los cielos, por la absolución sacerdotal, las indulgencias y penitencias, son falsas, por más que haya clérigos que realizan estas ceremonias de muy buena fe, pues están cumpliendo enseñanzas de hombres y no de Cristo; por consiguiente, todas las esperanzas que cualquier persona ponga en estos medios para la salvación de su alma, carece de apoyo; y si no vuelve sus ojos a Jesús el autor y consumador de la Fe (Hebreos 12:2) se hallará en el más espantoso de los desengaños el día que tenga que comparecer ante la presencia del supremo Juez.

Por consiguiente amado lector, tu deber es allegarte a Cristo, saliendo de todo engaño religioso. No hay alternativa posible; sobre todo, después de que la lectura de estas páginas te ha hecho responsable delante de Dios. Se trata entonces de aceptar y seguir la verdad revelada por Dios en la persona y enseñanzas de Cristo, y ser salvo; o perseverar en el error, y perderte.

Dijo Jesús: "La palabra que Yo os he hablado, ella os juzgará en el día postrero". Y otra vez: "Si no hubiese venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; mas ahora no tienen excusa de su pecado".

Al igual que Samuel advirtió al pueblo de Israel, cuando éste trataba de adorar a Dios y retener dioses paganos en su corazón, te decimos hoy: "Si es con todo vuestro corazón que estáis volviéndoos a Jehová, quitad de en medio de vosotros los dioses extranjeros y también las imágenes de Astaroth y preparad vuestro corazón a Jehová y sólo a El servid y os librará..." (1 Samuel 7:3).

Para concluir el presente estudio, quiero sólo citar las palabras del señor Woodroow, quien dijo: "La reforma (con Martín Lutero) rechazó cierta cantidad del elemento pagano del romanismo, no obstante retuvo gran parte del mismo. Hoy en día la mayor parte de la cristiandad está aún en un estado apóstata como resultado de la apostasía de los siglos III y IV. Mas Dios sigue diciendo en su palabra: "Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas" (Apocalipsis 18:4)".

Amado lector, usted se preguntará: ¿A quién debemos entonces mirar para la salvación? La respuesta es: ¡A Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, al Apóstol y Supremo Sacerdote de nuestra profesión, al Cordero de Dios, Capitán de nuestra Salvación, Rey de reyes y Señor de señores! ¡Al Pan del Cielo, al Agua de Vida, al Buen Pastor, al Príncipe de la Paz, a la Luz del Mundo!

Nuestra salvación no depende de un sacerdote humano. No depende de María, ni de los santos o del papa. Jesús dijo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida: Nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6). ¡La Salvación viene de Cristo y sólo a través de él! ¿Le aceptamos a él y obedecemos su Palabra, la Biblia, o aceptamos y seguimos una religión que está basada en mezclas que se originaron en el paganismo?

Caro amigo, ¿Qué debemos escoger? .... Como el Josué de antiguos tiempos, no podemos menos que decir: "escoged hoy a quién habéis de servir; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, o a los dioses de aquellos amorreos en cuya tierra habitáis: En cuanto a mí y a mi casa, nosotros serviremos a Jehová" (Josué 24:15).

¡Amén!... ¡Ven, Señor Jesús!.


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Catolicismo

                     Sección 3

 Sección 1
 
Introducción  
 
Culto a María
 
Perpetua virginidad
 
Ascensión 
 
Apariciones
   
 Sección 2
 
El rosario  
 
Los santos
 
El purgatorio
 
El papado  
   
 
Sección 3
 
El celibato
 
El bautismo
 
La misa
 
 Las Escrituras
 
 La inquisición

                     Nota

En esta sección te compartimos este librito que  el Señor me permitiera escribir. El mismo forma parte de una serie titulada "Combatiendo por  la Fe". 

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