Págs.

El Rosario

Junto con las oraciones a María está el rosario, el cuál también es algo de origen pagano. Este es una cadena con quince series de pequeñas bolitas, cada serie está marcada por una bola más grande. Los bordes de la cadena se juntan con una medalla con la efigie de María. De esta medalla cuelga una cadena corta con una cruz. El rosario es usado por los católicos para contar las oraciones, las cuales se repiten una tras otra.

Escuchaba hace algunos días por la radio, a un sacerdote católico el cuál decía: Que el rosario era algo que se ofrecía a María como un acto lleno de amor por parte del creyente, dijo también, que nosotros los protestantes no sabíamos lo que nos estábamos perdiendo al no rezar el rosario. Lo cierto es que por muchos méritos que le atribuyan los católicos a esta práctica, no deja de ser algo que tiene su origen en religiones del paganismo.

La Enciclopedia Ilustrada de Historia de la Iglesia, nos dice acerca de esto: <<El rezar el rosario consiste, en tomar ese collar en la mano, y repetir un avemaría por cada bolita pequeña y un padrenuestro por cada grande. En la actualidad, esa costumbre se practica una vez al día, generalmente por la noche antes de acostarse, aunque por lo común sólo se practica en hogares fervorosamente católicos. Más que un grito espontáneo del corazón, este ejercicio mecánico es una costumbre pagana y está condenada por Dios (Mateo 6:5-13) la multiplicación de palabras en la oración.

La oración que sale espontáneamente del alma es un privilegio que la tradición católica ha transformado en penitencia. ¡Tantos rosarios impuestos como penitencia por el confesor!. Si un ejercicio piadoso y útil tuviera que recomendarse a una persona arrepentida y deseosa de progresar en su vida espiritual, ¿no sería mucho más eficaz la lectura de un evangelio, una epístola o un buen libro conocido por el consejero espiritual, que la repetición rutinaria, centenares de veces de unas breves frases rutinarias>> (Editorial, Clíe, Págs 514-515).

Es intersante notar que mucho antes de que existiera la Iglesia católica, el rosario ya era usado en casi toda nación pagana. Incluso la misma Enciclopedia Católica, dice: "En casi todos los países nos encontramos con algo similar al rosario para contar las oraciones" (Edición 1913).

El escritor Hislop, nos dice: que religiones como la de los bramas en la India, han usado desde hace mucho tiempo rosarios con cientos de canicas. También los adoradores de Vishnu dan a sus hijos rosarios de 108 canicas. Un rosario similar es usado por millones de budistas en la India y en el Tíbet. Los musulmanes constantemente oran por los noventa y nueve nombres de Alá con su rosario "Tasbith" de 99 canicas. Los adoradores del demonio en el Tíbet y China usan rosarios para sus rituales. (Dos Babilonias, Pág. 187).

De todas maneras, ni Cristo, ni siquiera María o los apóstoles enseñaron nunca a orar usando el rosario. Por esto los cristianos evangélicos preferimos seguir el ejemplo de María y el de los primeros cristianos, que sólo adoraban exclusivamente a Dios de una forma espontánea y sincera, y sin buscar gloria para sí mismos, (Exodo 20:4-6; Lucas 1:46-47).  

 La Adoración a los Santos

La Iglesia Católica enseña: Que los Santos son mediadores entre los fieles y Dios. Que debemos dirigirles oraciones y arrodillarnos ante sus altares para obtener sus favores. Que ellos toman complacencia en ver sus imágenes veneradas y adornadas con joyas de gran valor, recompensando a los fieles creyentes, que no son mezquinos, al tributarles ese culto. También dicen que pueden venerarse imágenes de la bienaventurada Virgen y de Nuestro Señor Jesucristo bajo nombres diferentes, estableciendo así, una especie de competencia entre imagen e imagen de la misma persona. Particularmente recuerdo de cómo en mi pequeño pueblo, habían creyentes católicos que reclamaban que ciertos "Cristos" eran más poderosos y milagrosos que otros. Uno de los más reconocidos, era el Cristo Negro de la ciudad de Esquipulas, en Guatemala. Recuerdo que cada semana santa, eran muchos los que viajaban de mi país (El Salvador) al país vecino de Guatemala, para dar adoración, pagar una penitencia o para pedir un milagro a aquel "Cristo Negro".

Sin duda alguna amable lector, en su lugar de origen; usted también observó de alguna manera esta competencia de "Cristos, Santos y Vírgenes".

Ante todo esto cabe preguntarnos: ¿Enseña la Biblia todo esto? ¿existen varios "Cristos"?. La Palabra de Dios, nos dice enfáticamente: "No te harás para tí obra de escultura ni figura alguna, de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra; ni de las cosas que estan en las aguas debajo de la tierra; no las adorarás ni les darás culto" (Exodo 20:4-5). Como podemos ver, en este pasaje Dios demanda sólo para Sí, la adoración.

Cuando la Iglesia Católica enseña que es bueno y útil invocar a los santos para que intercedan a nuestro favor, y nos consigan de Dios las bendiciones que necesitamos. Basan esta práctica en la idea de que el pecador no se debe atrever a dirigirse a un Dios santo. En cambio los santos, habiendo pasado por las mismas luchas y tentaciones que nosotros, nos comprenden mejor y nos tienen compasión. Ellos interceden ante la Virgen María, la Virgen presenta la petición a su Hijo, quien no puede negarle nada a su Madre y a su vez le presenta la petición a su Padre, Dios.

En primer lugar, tal enseñanza deshonra a Dios, pues lo hace menos compasivo, misericordioso y amoroso que los santos. La Biblia enseña todo lo contrario. Se nos dice: Que Dios nos amó tanto que dio a su Hijo amado para salvarnos, (Juan 3:16). ¿Por qué no ha de interesarse en nuestras necesidades?. El es más amoroso, que cualquier padre o madre humanos, se compadece de sus hijos, (Salmo 103:13; 34:8). Dios nos invita a acercarnos a El con toda confianza, (1 Juan 2:1-2; Hebreos 7:25).

Concluímos entonces que, orar a los ángeles o a la Virgen, es por lo tanto quitarle a Dios el honor que sólo a El pertenece, vea (Apocalipsis 22:8-9, Apocalipsis 4:10-11).

Los primeros creyentes

San Ireneo que murió en el año 180 (Después de Cristo) dijo: Toda imagen o estatua debe llamarse ídolo porque no es otra cosa que materia vil y profana; y por eso Dios, para quitar de raíz la idolatría, ha prohibido en su culto cualquier imagen o semejanza de las cosas que estan en el cielo o en la tierra, prohibiendo igualmente su fabricación; y es por eso que nosotros los cristianos, no tenemos ninguna de esas representaciones materiales (Contra Herejías tomo 2, pág. 32). También San Cipriano declara: ¿Para qué postrarse delante de las imágenes? Eleva tus ojos y corazón al cielo, allí es donde debes buscar a Dios (Ad. Demetr. pág. 191). San Agustin que vivió en el año 389 (Después de Cristo), dice: "Que no sea nuestra religión el culto de las obras hechas por mano de hombre. Que no sea nuestra religión el culto de los difuntos, porque si vivían una vida santa, es imposible creer que desean tales honores, antes desean que demos nuestro culto a Aquél por quien debemos ser participantes con ellos de la salvación. Por lo tanto, tenemos que rendirles honor imitándoles, y no rindiéndoles culto o adoración alguna" (De vera Rel, pág. 141).

Hay un aspecto que la historia menciona tocante al origen de imágenes en los templos, y es el hecho que al principio todas estas pinturas y esculturas, se hicieron con el propósito de enseñar la historia de los primeros cristianos fieles, para que aquellos hermanos que no sabían leer, comprendieran de una manera más ilustrada la historia de la Iglesia. Pero nunca se hicieron con el propósito de ser adoradas de la manera que el pueblo católico todavía lo hace. Tocante a esto hay un ejemplo que ha quedado registrado en los anales de la Historia: Sereno, quien fuera obispo de Marsella, observando que los fieles veneraban las imágenes con exceso, y temiendo que se deslizaran por la pendiente de la idolatría, destruyó y arrojó fuera de los templos toda imagen. Con tal motivo, el obispo de Roma, Gregorio el Grande, le escribió dos cartas. En la primera le dijo: "Recibimos las nuevas de que tú, hermano mío, viendo a algunos adorando a las imágenes las hiciste pedazos y las arrojastes. Te alabamos por haber sido celoso de que ninguna cosa hecha por los hombres sea adorada; sin embargo, nuestra opinión es que no debías haber tratado las imágenes con violencia. Porque las pinturas se ponen en las iglesias para que los ignorantes lean en las paredes lo que no saben leer en los libros. De modo que, hermano mío, debías haberlas conservado, prohibiendo a la vez que el pueblo las adore" (Epístola VII, II, 3). 

Una práctica pagana

La adoración de las imágenes, así como la costumbre de vestirlas y adornarlas con ricas joyas, es de origen pagano y gentil. Todos los grandes hombres de Dios de la iglesia primitiva eran de este parecer, y por lo mismo condenaban tales prácticas.

Woodrow, nos dice: <<que en Egipto, había personas destinadas exclusivamente a vestir las imágenes de los dioses. En la antigua Grecia hallamos también muchos ejemplos de la misma costumbre. Costumbre que en el siglo quinto fue introducida a la Iglesia de Cristo. Al estudiar la Biblia, observamos que la Iglesia Primitiva, jamás adoró imagen alguna. Todas estas prácticas son una copia exacta del paganismo religioso. Por ejemplo los paganos acostumbraban poner un redondel o aureola sobre las cabezas de sus dioses, de igual manera la iglesia apóstata continuó esta práctica, y así puede verse como San Agustín es representado en los libros católicos con una aureola sobre su cabeza. Todos los santos del catolicismo se representan de igual manera. Para ver que esta práctica fue tomada del paganismo debemos notar la imagen de Buda, la cuál también tiene el símbolo del redondel alrededor de su cabeza.

En realidad, esta práctica es babilónica. Los artistas o escultores de Babilonia ponían un disco o aureola alrededor de la cabeza de cualquier personaje que querían representar como un dios o una diosa. Esta costumbre continuó dentro de las religiones paganas hasta los días del Imperio Romano. De ahí fue adoptada esta costumbre por la Roma papal, y ha continuado hasta hoy en día como es evidente por las miles de pinturas y cuadros de María y de los santos que se ven en los templos católicos.

La Biblia en ningún momento nos da una descripción de las facciones físicas ni de Jesús, María o los Apóstoles. No fue hecha ninguna pintura de ellos mientras vivieron en la tierra. La Iglesia de los primeros cuatro siglos no tenía pinturas de ellos. Es evidente que las llamadas pinturas de Cristo, al igual que las de María y los santos, sólo son un producto de la imaginación de los artistas>> (B. M. R. Pág. 40-41).

Haciendo un corto estudio del arte religioso, podemos encontrar que en diferentes siglos y nacionalidades se hallan muchos y diferentes cuadros de Cristo, de los Apóstoles y de la Virgen María, los cuales son venerados y reverenciados por los fieles. La Biblia dice: que los que verdaderamente adoran a Dios deben hacerlo "en espíritu y en verdad" (Juan 4:24). Y es obvio que la veneración de pinturas, imágenes o ídolos; no nos ayuda, a cumplir con la orden dada por Cristo en el evangelio de San Juan. La respuesta que dan algunos de los miembros de la Iglesia Católica es que ellos no adoran las imágenes o los cuadros; solamente los veneran. Dios mismo mandó: "No te inclinarás a ellas ni las honrarás".

Es interesante hacer notar, que en la misma Biblia católica se sanciona dicha práctica, en el libro de Baruc se lee: "Como a hombres visten a los dioses, de plata son sus vestidos. Hay que limpiarles el rostro para quitarles el polvo que se levanta en su templo y en abundancia se deposita sobre ellos. Encienden lámparas para ellos y en mayor número que para sí mismos, pero los dioses no pueden ver ninguna. Su rostro se ennegrece por el humo del templo. Sobre su cuerpo y sobre su cabeza se arrojan las lechuzas, las golondrinas y las otras aves, y aún los gatos. Por donde conoceréis que no son dioses. No los temáis". (Libro Apócrifo de Baruc 6:10,12,18,20,21,22. Biblia Católica Nácar-Colunga).

De todo esto se deduce que: Las velas, las flores, las procesiones, los besos, las oraciones de rodillas ante las imágenes, las promesas o votos que se les hacen, el deseo de tener su protección, las fiestas en su honor, las verbenas para levantar fondos para sus templos, así como el poder que se les atribuye, es algo antibíblico e idolátrico y por consiguiente digno de ser rechazado por todo verdadero cristiano. Ya que todas estas prácticas; no son otra cosa, que una evidente idolatría en una desobediencia abierta al segundo Mandamiento de la Ley de Dios? (Exodo 20:4-5).

El gran Apóstol Pedro (de quién dicen los católicos fue el primer Papa), tuvo en cuenta siempre el mandamiento divino, cuando dijo al centurión romano Cornelio: "Levántate, que yo mismo también soy hombre" (Hechos 10:26). Esto lo dijo: porque Cornelio se arrodilló ante él con deseos de venerarlo. Es evidente que Pedro no aceptó ninguna adoración, ya que él sabía, que sólo Dios era digno de ser adorado. Amado lector, ¿Qué piensa usted que diría el mismo San Pedro si viese a sus devotos postrados, no ante su persona, sino ante innumerables imágenes de la misma?. Estamos más que seguros, que el humilde pescador galileo condenaría tan idolátrica costumbre.

En lo que a mí respecta, no alcanzo a comprender como tantos millones de católicos, no se den cuenta de la incongruencia y contradicción que existe entre la creencia en un Dios Omnipotente, que todo lo ve y todo lo sabe, con el culto e invocación de los santos como abogados e intercesores nuestros.

En el libro "A las fuentes del Cristianismo" se presenta el siguiente relato: <<En cierta discusión habida entre un evangélico y varios católicos, se presentó la siguiente cuestión: ¿Cómo pueden los santos, siendo como son seres finitos en el cielo, oir las oraciones de los hombres sobre la tierra?. Ya que por la naturaleza misma de las criaturas, es imposible que tales seres finitos tengan conocimiento de las oraciones y de los corazones, no solamente de dos o tres personas, sino de los millares y millares de adoradores que les doblan la rodilla alrededor del mundo entero. Para poder atender todas estas peticiones tendrían que ser omnipotentes y omniscientes, atributos que la Biblia sólo señala que los posee Dios. Se veía en todos los presentes que no habían pensado nunca en este argumento, y no sabían que responder. Por último alguien dijo: Que no había dificultad en esto; porque aunque los santos mismos no pueden escuchar nuestras oraciones, es posible que Dios se las haga conocer o se las revele. La inmediata réplica por parte del evangélico fue: Que esta suposición no resuelve el cómo seres humanos y finitos pueden atender a tantos asuntos en un mismo instante de tiempo. Y además, esto no sería acercarnos a Dios por medio de los santos, sino acercarnos a los santos por medio de Dios>>. (pág. 100). 

El Purgatorio

La Iglesia Católica también enseña: Que existe un lugar de purificación para los que mueren en pecados veniales (pecados leves en oposición a los mortales), y para los que, aunque perdonados sus pecados mortales, no han satisfecho a Dios debidamente por ellos. Este lugar es conocido como "Purgatorio". Enseñan al mismo tiempo: Que por medio de piadosos oficios fúnebres puede acortarse la estancia de estos difuntos en dicho lugar de tormento.

La Biblia por el contrario enseña: Que hay un cielo y un infierno, no menciona nunca ni una palabra acerca del purgatorio. La purgación de los pecados se atribuye única y exclusivamente al Señor Jesús, según se nos dice en los siguientes textos: "Quien habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas" (Hebreos 1:3). "La sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7).

Con esto se comprueba; que se hace afrenta a la gracia de Dios, al creer que él perdona sólo una parte de la culpa del pecado, y que el mismo pecado, una vez perdonado, tiene que ser expiado en el purgatorio por parte del pecador. A este respecto la Biblia nos habla: del ladrón en la cruz, al cuál no se le exigió otra purificación que la que el mismo Cristo estaba haciendo a través de su sangre derramada en la cruz del calvario; pues a pesar de haber sido un gran pecador, el Señor le dice: "Hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:41-43). Como podemos ver Cristo no le dijo: "estarás conmigo en el paraíso, pero antes debes purgar tus pecados en el purgatorio" sin duda Cristo no mencionó dicho lugar, porque tal lugar no existe. El autor de la carta a los Hebreos nos dice también: "Que Cristo con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados" (Heb. 10:14).

Frente a estos textos de la palabra de Dios, pregunto: ¿En que lugar queda la enseñanza católica acerca del purgatorio?. En más de veinte cartas apostólicas que se conservan, jamás se recomienda o se menciona la oración por los muertos que pudieran estar en el purgatorio, a fin de que éstos pudieran salir de aquel lugar de tormento. Vuelvo a preguntar: ¿No sería esto un olvido grave de los apóstoles, si ellos hubiesen conocido la existencia de un purgatorio?. Es evidente que ellos no creían en el purgatorio, pues el Apóstol Pablo nos dice: "Que los que mueren en Cristo van a disfrutar inmediatamente de su presencia (Filipenses 1:23 ; 2 Corintios 5:8). Vale la pena citar a este momento lo dicho por San Agustín; a quien los católicos consideran uno de sus más grandes teólogos. Esta es la enseñanza de él: "Que la fe católica cree en dos lugares a saber: El reino de los cielos y el segundo el infierno; luego agrega: desconocemos por completo un tercer lugar". Este mismo hombre en su libro "Enquiridion", expresa una doctrina netamente bíblica al afirmar: "Durante el tiempo de la muerte y la final resurrección, las almas se hallan retenidas en ocultos lugares, bien de reposo o de castigo, conforme a la elección que hubiesen hecho mientras vivieron en la carne". Esta es una clara alusión a la historia del rico y Lázaro, donde nuestro Señor Jesucristo nos habla de aquellos dos personajes que habían muerto. En esa historia, Cristo declara la imposibilidad que tienen de recibir alivio los que sufren por sus pecados en la otra vida (Lucas 16:25-26). No nos dice nada que los que son consolados en el seno de Abraham, purguen pecado alguno o que necesiten ayuda desde la tierra.

Los católicos suelen aportar como prueba de la existencia del purgatorio, algunos textos bíblicos que no tienen valor alguno para tal objeto. Por ejemplo citan el pasaje del segundo libro de los Macabeos, Cápitulo 12:43-46 (este es el único pasaje de la Biblia Católica, que expresa claramente una idea de purificación después de la muerte por medio de ofrendas desde la tierra). Así dice el pasaje mencionado: "Entonces Judas Macabeo, habiendo mandado hacer una colecta, reunió hasta dos mil dracmas de plata (moneda de los tiempos bíblicos), y las envió a Jerusalén para ofrecer sacrificios por el pecado, obra digna y noble, inspirada en la esperanza de la resurrección; pues si no hubiera esperanza que los muertos resucitarían, superfluo y vano era orar por ellos. Mas creía que a los muertos piadosamente les está reservada una magnífica recompensa. Obra santa y piadosa es orar por los muertos. Por eso hizo que fuesen expiados los muertos: Para que fuesen absueltos de los pecados". Hasta aquí, la cita de la Biblia católica.

Este texto probaría algo si se hallara en la Biblia auténtica, es decir, en los escritos que Jesucristo y sus apóstoles consideraron como Palabra inspirada de Dios; pero tristemente para los católicos, se halla solamente en el libro de los Macabeos, (Libro apócrifo; es decir no inspirado, aceptado como "inspirado" en el Concilio de Trento el 8 de Abril de 1546). Libro que nunca fue citado en el Nuevo Testamento ni por Cristo ni por sus apóstoles.

Ante todo esto concluimos: Qué si bien no se encuentra en la Biblia, la enseñanza del Purgatorio, se puede reconocer su origen recordando que era una creencia común entre las religiones paganas. El filósofo griego Platón, hablando del juicio futuro de los muertos, afirma que: "de aquellos que han sido juzgados, deben primeramente ir algunos a un lugar de castigo, donde deben sufrir la pena que han merecido".

Tales eran las ideas de los paganos a los cuales fue predicada la doctrina cristiana. No es extraño que algunos cristianos, teniendo estos pensamientos, al aceptar la nueva fe, empezaran a orar por sus difuntos, y a recomendar esta clase de oraciones a otros. Aunque como es de suponer, esta enseñanza encontró fuerte oposición en muchos cristianos piadosos, por no haber ningun fundamento sólido en la Biblia donde sostener dicha creencia. Este dogma fue condenado, en sus principios, en el concilio de Constantinopla en el año 573 de nuestra era, y no fue aceptado como tal; hasta el concilio de Florencia, Italia en 1439. Nostros los cristianos evangélicos no lo ejercemos en ninguna de sus partes, por ser una enseñanza extra-bíblica; es decir, fuera de la revelación bíblica.  

El Papado Romano

Otra de las fundamentales enseñanzas de la Iglesia Católica, es la que el apóstol Pedro, fue el primer papa de la Iglesia. Basan dicha enseñanza en las palabras que el Señor Jesús, dijo a Pedro: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia... Y a ti daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que atares en la tierra, será atado en el cielo" (Mateo 16:18,19). Dicen ellos, que con estas palabras el Señor nombró a Pedro cabeza de la Iglesia, dándole al mismo tiempo el don de la infalibilidad, (don o atributo que sólo posee Dios). Enseñan también: Que san Pedro traspasó esta dignidad a un sucesor, con la intención de que el don de su infalibilidad se perpetuara a través de los siglos.

La Enciplopedia Histórica de la Iglesia (editada por Clíe) nos dice que, el término papa, se deriva del latín "papa", que significa padre. Se aplicó originalmente, en la Iglesia Occidental a cualquier pastor u obispo, pero Gregorio VII ordenó en el año 1073 que se reservara dicho título exclusivamente para el Obispo de Roma.

Es importante hacer notar que esta doctrina, ha causado diferentes opiniones entre los sacerdotes católicos a través de la historia. Durante siglos, hubo quienes la enseñaban y quienes la rechazaban. Fue hasta el año de 1870 que se declaró dogma de la Iglesia católica; es decir, se había convertido en una creencia obligatoria dentro de la comunidad católica.

Las Sagradas Escrituras enseñan: Que las palabras dichas a Pedro, sobre las que se pretenden fundar la doctrina de la infalibilidad, es una promesa hecha, no solamente a Pedro, sino a todos los apóstoles, y también a dos o tres discípulos que se reunieran para adorar a Dios de todo corazón (véase Juan 20: 23; Mateo 18: 17-19). Aquí tenemos dos cosas bien claras: Primera, una facultad dada a todos los apóstoles no solamente a Pedro. Segunda, se le da a cualquier grupo de creyentes que se reunan para adorar a Dios. Desde luego estas palabras, no significan una promesa de infalibilidad para tales fieles; sino mas bien, una promesa de lo eficaz que es la oración de fe y la autoridad delegada a su Iglesia.

Que el apóstol Pedro no fue considerado como superior o papa por los demás apóstoles, es evidente; pues poco después de haber pronunciado el Señor las palabras que han adoptado los católicos para tratar de probar la jerarquía papal, los propios discípulos estaban disputando, acerca de cuál de ellos sería el mayor; y como vemos, Cristo, en ningún momento señaló a Pedro como jefe de ellos, sino que poniendo un niño entre ellos, afirmó que el más grande sería el que se hiciese humilde como aquel niño. (Mat. 18:4). En otras palabras, Jesús les dio a entender a sus discípulos que no debían actuar como reyes. Ellos habían sido llamados, no para ponerse coronas, o sentarse en tronos, ni para semejarse a los reyes paganos, sino, para ser depositarios de una sagrada misión en la cuál todos serían iguales; negando claramente con esto, que ninguno sería mayor que los otros (Lucas 22:25-27).

No obstante los católicos enseñan, que Cristo edificó la Iglesia sobre Pedro, el versículo bíblico que usan para esta declaración, es Mateo 16:18, que a la letra dice: "Más yo también te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella". Sin embargo, al considerar este versículo y relacionarlo con la enseñanza completa de la Biblia, podemos ver claramente que la Iglesia no fue construída sobre Pedro; sino, sobre Cristo mismo. En los versículos anteriores, Jesús preguntó a sus discípulos, sobre quien creían los hombres que era El, después de haber ellos dado algunas respuestas, Cristo les hace a ellos la pregunta... y vosotros ¿quién decís que soy? y Pedro contestó: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" entonces Cristo le dijo: "Tú eres Pedro (el Señor usa para Pedro, la palabra petros, que significa: una piedra, una pequeña roca) y enseguida Cristo añade; y sobre esta piedra (la palabra usada aqui por Cristo es petra, que significa: una masa rocosa, la gran roca de fundación)...edificaré mi Iglesia". De todo esto se desprende, que la roca sobre la cuál se iba a edificar la Iglesia no era Pedro; sino, sobre la confesión que él había hecho: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Luego el verdadero fundamento en que se edificó la Iglesia, fue sobre el mismo Cristo, y no sobre el apóstol Pedro como presume la Iglesia católica romana. Es importante hacer notar, que Pedro mismo declaró que Cristo era la roca de fundamento ( Hechos 4: 11-12; 1 Pedro 2: 4-8). El apóstol Pablo se une a Pedro en esta parte, cuando escribe a los Efesios diciéndoles: "Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efes. 2:20).

Es importante resaltar, que los otros discípulos no tomaron las palabras de Cristo: "sobre esta roca edificaré mi Iglesia" como si estuviera exaltando a Pedro para que fuera el primer papa de la Iglesia. En los Hechos de los apóstoles, capítulo 8: 14, se lee: "y los apóstoles que estaban en Jerusalén, habiendo oído que Samaria había recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan". Nos parece extraño, ver al papa enviado por sus subalternos a una misión evangelizadora. Sería más concebible, desde el punto de vista católico romano, si dijera que San Pedro decidió enviar dos delegados suyos, para que se encargaran de esta misión. Pero se nos dice que fue enviado por otros, lo que aquí se pone de manifiesto es que: Pedro al menos no era el que daba las órdenes, como pretenden enseñar los católicos al decir que él fue el primer papa. Pero aún hay algo más que despierta nuestra atención. La Biblia nos habla del primer concilio de la Iglesia en Jerusalén. ¿Quién debiera convocarlo y presidirlo; sino, San Pedro?. Sin embargo no es así, sino que es Santiago quien preside y formula las conclusiones de aquella reunión. Pedro asiste a ella como los demás, tomando parte en los debates, pero no siendo la figura central de aquella reunión (Hechos 15). Pregunto: ¿No sería una falta de consideración el no dejar que Pedro, dirigiera tal reunión?. Pues como afirman los católicos, Pedro era el papa, o sea el jefe máximo de la Iglesia.

Otro dato interesante, se desprende de la enumeración que hace el apóstol San Pablo, referente a los diversos ministerios constituídos por el Señor para que ministraran a la Iglesia. En esta lista no aparece el ministerio de papa. Esto es lo que nos dice Pablo: "y a unos puso Dios en la Iglesia, primeramente; apóstoles, luego profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros" (Efesios 4: 11). Vemos que olvida poner el primero y principal de todos los cargos eclesiásticos según los católicos, pues lo natural sería que la lista empezará con ...papa, luego apóstoles, profetas...etc.

Que Pablo no reconocía en Pedro al jefe infalible de la Iglesia, sino un apóstol distinguido, como Juan o Santiago, lo vemos por el incidente ocurrido en Antioquía. La Biblia nos dice a este respecto: "Cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar... y nos sigue diciendo, cuando vi que no andaba derechamente conforme a la verdad del Evangelio, dije a Pedro, delante de todos: si tú siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿Porque obligas a los judíos a judaizar?" (Gálatas 2: 11-14). Pregunto: ¿Habría podido dirigirse a Pedro en tales términos, sí éste hubiese sido reconocido por todos los fieles como el jefe supremo e infalible de toda la Iglesia?.

Amable lector, si usted compara la vida de Pedro con los papas, notará concretamente que él no fue papa. En primer lugar era casado, esto no armoniza con la posición católica romana de que el papa debe ser soltero. Las Escrituras nos dicen que la suegra de Pedro fue sanada de una fiebre (Marcos 1:30; Mateo 8:14). Naturalmente Pedro no podía tener suegra sin ser casado. No obstante algunos han dicho que él dejó de vivir con su esposa por dedicarse al Ministerio. La Biblia nos dice que nunca la abandonó, así leemos: ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? (1 Corintios 9:5). Cefas, era el nombre en arameo de Pedro (véase Juan 1:42). Note amado lector que estas palabras las escribió Pablo aproximadamente unos 25 años después de que Jesús regresara al cielo. Lo que le quiero decir con esto, es que Pedro vivió toda su vida casado.

Otro aspecto que mencionaremos, es que Pedro no recibió adoración alguna, como vemos que el papa recibe de los católicos. A este respecto se nos dice en la Biblia: que en cierta ocasión, Pedro entró a la casa de un hombre llamado Cornelio, y éste, sale a recibirle y arrodillándose a sus pies le tributa adoración, mas Pedro se lo impide diciendo: levántate, pues yo también soy hombre como tú (Hechos 10:25-26).

Las Vestiduras Papales

Interesante es notar también que, muchas de las vestiduras usadas por los cardenales y los papas, son de un origen pagano. El escritor Woodrow, nos dice en su libro Babilonia Misterio Religioso: <<Los costosos y altamente decorados vestidos que usan los papas, demuestran que el oficio de papa es de origen pagano, pues estas vestiduras eran copiadas de las vestiduras que lucían los emperadores romanos y no de los apóstoles. La mitra usada por los papas (y algunas veces por los cardenales y obispos) tiene forma de cabeza de un pez con la boca abierta. Su origen es aún más interesante, ya que es similar a la que usaba el dios babilónico Dagón y sus sacerdotes. La cabeza del pez formaba una mitra sobre la cabeza del hombre, mientras que sus faldas caladas y en forma de manto dejaban al descubierto sus manos y pies.

Más tarde, la figura del cuerpo de pez fue quitada y sólo se usó la mitra en forma de cabeza de pez, mitra que hasta hoy en día usan los papas y algunos obispos católicos>>. (Págs. 97-98). La Biblia jamás menciona que los apóstoles usaran tal mitra para adorar en el santuario de Dios, por consiguiente es algo que también rechazamos.

Pedro no fue Obispo de Roma

Los Católicos afirman que Pedro fue Obispo en la Iglesia de Roma. Pero no existe prueba histórica alguna de que Pedro ejerciera el cargo de obispo en Roma por 25 años. Toda esta enseñanza se basa en una tradición posterior a 120 años después de la muerte del apóstol, en la cual se afirma que murió juntamente con Pablo en Roma.

Según el libro de los Hechos, Pedro se quedó en Jerusalén después de la muerte de Esteban. Pablo, 17 años después de su conversión, encontró a Pedro ejerciendo su ministerio todavía en aquella ciudad (Gálatas 1:18). Entonces convinieron los dos grandes apóstoles, juntamente con Jacob y Juan, que Pedro dirigiría la obra entre los judíos, y Pablo entre los gentiles (Gálatas 2:7-10). Esta división de territorio, excluye toda posibilidad de que Pedro llegase a ser el obispo de una Iglesia gentil, establecida en Roma, y mucho menos que lo fuese durante 25 años, ya que para ello, de acuerdo a muchos historiadores bíblicos, su muerte tenía que haber ocurrido 20 años más tarde de lo que la tradición dice que ocurrió.

Existe una carta de Pedro escrita en edad avanzada, en la cuál el propio apóstol se declara residente en Babilonia (1 Pedro 5:13). Cerca del año 58 de nuestra era, Pablo escribe la carta a los Romanos, y en ella no menciona en ninguna parte a Pedro. Nos parece extraño que no lo haga, si Pedro como afirman los católicos era el obispo de aquella iglesia. Pablo estuvo preso en Roma dos años, durante este tiempo Pablo escribió algunas cartas, y en cada una de ellas manda saludos de los cristianos más conocidos de la iglesia en Roma, pero nunca menciona a Pedro como obispo de aquella Iglesia.

Poco antes de la muerte de Pablo en Roma, él, envía saludos de cuatro cristianos principales de Roma (Eubulo, Pudente, Lino y Claudio) 2 Timoteo 4:21, pero el nombre de Pedro no es mencionado, a pesar de que según la tradición católica Pedro y Pablo murieron juntos en Roma el mismo día.

Si Pedro no fue obispo de Roma, jamás podía nombrar a un sucesor suyo en aquella ciudad, el título de Jefe Universal de la Iglesia, el gran apóstol de los judíos (Gálatas 2:8) no lo pretendió jamás, ya que él sabía, que sólo había sido llamado para apacentar a los corderos, y no para enseñorearse de la grey. Que sólo uno era el pastor de pastores, al cuál servía y honraba con todo su corazón, y del cuál esperaba su corona; cuando éste apareciera en gloria (1 Pedro. 5:3-4).

Concluimos entonces a este respecto, que Pedro nunca pretendió ser el primer papa, ni que estableció una sucesión apostólica infalible, tal y como lo enseña hasta hoy en día la Iglesia Católica Romana.  


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Catolicismo

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Introducción  
 
Culto a María
 
Perpetua virginidad
 
Ascensión 
 
Apariciones
   
 Sección 2
 
El rosario  
 
Los santos
 
El purgatorio
 
El papado  
   
 Sección 3  
 
El celibato
 
El bautismo
 
La misa
 
 Las Escrituras
 
 La inquisición

                     Nota

En esta sección te compartimos este librito que  el Señor me permitiera escribir. El mismo forma parte de una serie titulada "Combatiendo por  la Fe".  

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