El Rosario
Junto con las oraciones a María
está el rosario, el cuál también es algo de origen pagano. Este es
una cadena con quince series de pequeñas bolitas, cada serie está
marcada por una bola más grande. Los bordes de la cadena se juntan
con una medalla con la efigie de María. De esta medalla cuelga una
cadena corta con una cruz. El rosario es usado por los católicos
para contar las oraciones, las cuales se repiten una tras otra.
Escuchaba hace algunos días por
la radio, a un sacerdote católico el cuál decía: Que el rosario
era algo que se ofrecía a María como un acto lleno de amor por
parte del creyente, dijo también, que nosotros los protestantes no
sabíamos lo que nos estábamos perdiendo al no rezar el rosario. Lo
cierto es que por muchos méritos que le atribuyan los católicos a
esta práctica, no deja de ser algo que tiene su origen en
religiones del paganismo.
La Enciclopedia Ilustrada de
Historia de la Iglesia, nos dice acerca de esto: <<El rezar el
rosario consiste, en tomar ese collar en la mano, y repetir un
avemaría por cada bolita pequeña y un padrenuestro por cada
grande. En la actualidad, esa costumbre se practica una vez al
día, generalmente por la noche antes de acostarse, aunque por lo
común sólo se practica en hogares fervorosamente católicos. Más
que un grito espontáneo del corazón, este ejercicio mecánico es
una costumbre pagana y está condenada por Dios (Mateo 6:5-13) la
multiplicación de palabras en la oración.
La oración que sale
espontáneamente del alma es un privilegio que la tradición
católica ha transformado en penitencia. ¡Tantos rosarios impuestos
como penitencia por el confesor!. Si un ejercicio piadoso y útil
tuviera que recomendarse a una persona arrepentida y deseosa de
progresar en su vida espiritual, ¿no sería mucho más eficaz la
lectura de un evangelio, una epístola o un buen libro conocido por
el consejero espiritual, que la repetición rutinaria, centenares
de veces de unas breves frases rutinarias>> (Editorial, Clíe, Págs
514-515).
Es intersante notar que mucho
antes de que existiera la Iglesia católica, el rosario ya era
usado en casi toda nación pagana. Incluso la misma Enciclopedia
Católica, dice: "En casi todos los países nos encontramos con algo
similar al rosario para contar las oraciones" (Edición 1913).
El escritor Hislop, nos dice:
que religiones como la de los bramas en la India, han usado desde
hace mucho tiempo rosarios con cientos de canicas. También los
adoradores de Vishnu dan a sus hijos rosarios de 108 canicas. Un
rosario similar es usado por millones de budistas en la India y en
el Tíbet. Los musulmanes constantemente oran por los noventa y
nueve nombres de Alá con su rosario "Tasbith" de 99 canicas. Los
adoradores del demonio en el Tíbet y China usan rosarios para sus
rituales. (Dos Babilonias, Pág. 187).
De todas maneras, ni Cristo, ni
siquiera María o los apóstoles enseñaron nunca a orar usando el
rosario. Por esto los cristianos evangélicos preferimos seguir el
ejemplo de María y el de los primeros cristianos, que sólo
adoraban exclusivamente a Dios de una forma espontánea y sincera,
y sin buscar gloria para sí mismos, (Exodo 20:4-6; Lucas 1:46-47).
La
Adoración a los Santos
La Iglesia Católica enseña: Que
los Santos son mediadores entre los fieles y Dios. Que debemos
dirigirles oraciones y arrodillarnos ante sus altares para obtener
sus favores. Que ellos toman complacencia en ver sus imágenes
veneradas y adornadas con joyas de gran valor, recompensando a los
fieles creyentes, que no son mezquinos, al tributarles ese culto.
También dicen que pueden venerarse imágenes de la bienaventurada
Virgen y de Nuestro Señor Jesucristo bajo nombres diferentes,
estableciendo así, una especie de competencia entre imagen e
imagen de la misma persona. Particularmente recuerdo de cómo en mi
pequeño pueblo, habían creyentes católicos que reclamaban que
ciertos "Cristos" eran más poderosos y milagrosos que otros. Uno
de los más reconocidos, era el Cristo Negro de la ciudad de
Esquipulas, en Guatemala. Recuerdo que cada semana santa, eran
muchos los que viajaban de mi país (El Salvador) al país vecino de
Guatemala, para dar adoración, pagar una penitencia o para pedir
un milagro a aquel "Cristo Negro".
Sin duda alguna amable lector,
en su lugar de origen; usted también observó de alguna manera esta
competencia de "Cristos, Santos y Vírgenes".
Ante todo esto cabe
preguntarnos: ¿Enseña la Biblia todo esto? ¿existen varios
"Cristos"?. La Palabra de Dios, nos dice enfáticamente: "No te
harás para tí obra de escultura ni figura alguna, de lo que hay
arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra; ni de las
cosas que estan en las aguas debajo de la tierra; no las adorarás
ni les darás culto" (Exodo 20:4-5). Como podemos ver, en este
pasaje Dios demanda sólo para Sí, la adoración.
Cuando la Iglesia Católica
enseña que es bueno y útil invocar a los santos para que
intercedan a nuestro favor, y nos consigan de Dios las bendiciones
que necesitamos. Basan esta práctica en la idea de que el pecador
no se debe atrever a dirigirse a un Dios santo. En cambio los
santos, habiendo pasado por las mismas luchas y tentaciones que
nosotros, nos comprenden mejor y nos tienen compasión. Ellos
interceden ante la Virgen María, la Virgen presenta la petición a
su Hijo, quien no puede negarle nada a su Madre y a su vez le
presenta la petición a su Padre, Dios.
En primer lugar, tal enseñanza
deshonra a Dios, pues lo hace menos compasivo, misericordioso y
amoroso que los santos. La Biblia enseña todo lo contrario. Se nos
dice: Que Dios nos amó tanto que dio a su Hijo amado para
salvarnos, (Juan 3:16). ¿Por qué no ha de interesarse en nuestras
necesidades?. El es más amoroso, que cualquier padre o madre
humanos, se compadece de sus hijos, (Salmo 103:13; 34:8). Dios nos
invita a acercarnos a El con toda confianza, (1 Juan 2:1-2;
Hebreos 7:25).
Concluímos entonces que, orar a
los ángeles o a la Virgen, es por lo tanto quitarle a Dios el
honor que sólo a El pertenece, vea (Apocalipsis 22:8-9,
Apocalipsis 4:10-11).
Los primeros creyentes
San Ireneo que murió en el año
180 (Después de Cristo) dijo: Toda imagen o estatua debe llamarse
ídolo porque no es otra cosa que materia vil y profana; y por eso
Dios, para quitar de raíz la idolatría, ha prohibido en su culto
cualquier imagen o semejanza de las cosas que estan en el cielo o
en la tierra, prohibiendo igualmente su fabricación; y es por eso
que nosotros los cristianos, no tenemos ninguna de esas
representaciones materiales (Contra Herejías tomo 2, pág. 32).
También San Cipriano declara: ¿Para qué postrarse delante de las
imágenes? Eleva tus ojos y corazón al cielo, allí es donde debes
buscar a Dios (Ad. Demetr. pág. 191). San Agustin que vivió en el
año 389 (Después de Cristo), dice: "Que no sea nuestra religión el
culto de las obras hechas por mano de hombre. Que no sea nuestra
religión el culto de los difuntos, porque si vivían una vida
santa, es imposible creer que desean tales honores, antes desean
que demos nuestro culto a Aquél por quien debemos ser
participantes con ellos de la salvación. Por lo tanto, tenemos que
rendirles honor imitándoles, y no rindiéndoles culto o adoración
alguna" (De vera Rel, pág. 141).
Hay un aspecto que la historia
menciona tocante al origen de imágenes en los templos, y es el
hecho que al principio todas estas pinturas y esculturas, se
hicieron con el propósito de enseñar la historia de los primeros
cristianos fieles, para que aquellos hermanos que no sabían leer,
comprendieran de una manera más ilustrada la historia de la
Iglesia. Pero nunca se hicieron con el propósito de ser adoradas
de la manera que el pueblo católico todavía lo hace. Tocante a
esto hay un ejemplo que ha quedado registrado en los anales de la
Historia: Sereno, quien fuera obispo de Marsella, observando que
los fieles veneraban las imágenes con exceso, y temiendo que se
deslizaran por la pendiente de la idolatría, destruyó y arrojó
fuera de los templos toda imagen. Con tal motivo, el obispo de
Roma, Gregorio el Grande, le escribió dos cartas. En la primera le
dijo: "Recibimos las nuevas de que tú, hermano mío, viendo a
algunos adorando a las imágenes las hiciste pedazos y las
arrojastes. Te alabamos por haber sido celoso de que ninguna cosa
hecha por los hombres sea adorada; sin embargo, nuestra opinión es
que no debías haber tratado las imágenes con violencia. Porque las
pinturas se ponen en las iglesias para que los ignorantes lean en
las paredes lo que no saben leer en los libros. De modo que,
hermano mío, debías haberlas conservado, prohibiendo a la vez que
el pueblo las adore" (Epístola VII, II, 3).
Una práctica pagana
La adoración de las imágenes,
así como la costumbre de vestirlas y adornarlas con ricas joyas,
es de origen pagano y gentil. Todos los grandes hombres de Dios de
la iglesia primitiva eran de este parecer, y por lo mismo
condenaban tales prácticas.
Woodrow, nos dice: <<que en
Egipto, había personas destinadas exclusivamente a vestir las
imágenes de los dioses. En la antigua Grecia hallamos también
muchos ejemplos de la misma costumbre. Costumbre que en el siglo
quinto fue introducida a la Iglesia de Cristo. Al estudiar la
Biblia, observamos que la Iglesia Primitiva, jamás adoró imagen
alguna. Todas estas prácticas son una copia exacta del paganismo
religioso. Por ejemplo los paganos acostumbraban poner un redondel
o aureola sobre las cabezas de sus dioses, de igual manera la
iglesia apóstata continuó esta práctica, y así puede verse como
San Agustín es representado en los libros católicos con una
aureola sobre su cabeza. Todos los santos del catolicismo se
representan de igual manera. Para ver que esta práctica fue tomada
del paganismo debemos notar la imagen de Buda, la cuál también
tiene el símbolo del redondel alrededor de su cabeza.
En realidad, esta práctica es
babilónica. Los artistas o escultores de Babilonia ponían un disco
o aureola alrededor de la cabeza de cualquier personaje que
querían representar como un dios o una diosa. Esta costumbre
continuó dentro de las religiones paganas hasta los días del
Imperio Romano. De ahí fue adoptada esta costumbre por la Roma
papal, y ha continuado hasta hoy en día como es evidente por las
miles de pinturas y cuadros de María y de los santos que se ven en
los templos católicos.
La Biblia en ningún momento nos
da una descripción de las facciones físicas ni de Jesús, María o
los Apóstoles. No fue hecha ninguna pintura de ellos mientras
vivieron en la tierra. La Iglesia de los primeros cuatro siglos no
tenía pinturas de ellos. Es evidente que las llamadas pinturas de
Cristo, al igual que las de María y los santos, sólo son un
producto de la imaginación de los artistas>> (B. M. R. Pág.
40-41).
Haciendo un corto estudio del
arte religioso, podemos encontrar que en diferentes siglos y
nacionalidades se hallan muchos y diferentes cuadros de Cristo, de
los Apóstoles y de la Virgen María, los cuales son venerados y
reverenciados por los fieles. La Biblia dice: que los que
verdaderamente adoran a Dios deben hacerlo "en espíritu y en
verdad" (Juan 4:24). Y es obvio que la veneración de pinturas,
imágenes o ídolos; no nos ayuda, a cumplir con la orden dada por
Cristo en el evangelio de San Juan. La respuesta que dan algunos
de los miembros de la Iglesia Católica es que ellos no adoran las
imágenes o los cuadros; solamente los veneran. Dios mismo mandó:
"No te inclinarás a ellas ni las honrarás".
Es interesante hacer notar, que
en la misma Biblia católica se sanciona dicha práctica, en el
libro de Baruc se lee: "Como a hombres visten a los dioses, de
plata son sus vestidos. Hay que limpiarles el rostro para
quitarles el polvo que se levanta en su templo y en abundancia se
deposita sobre ellos. Encienden lámparas para ellos y en mayor
número que para sí mismos, pero los dioses no pueden ver ninguna.
Su rostro se ennegrece por el humo del templo. Sobre su cuerpo y
sobre su cabeza se arrojan las lechuzas, las golondrinas y las
otras aves, y aún los gatos. Por donde conoceréis que no son
dioses. No los temáis". (Libro Apócrifo de Baruc
6:10,12,18,20,21,22. Biblia Católica Nácar-Colunga).
De todo esto se deduce que: Las
velas, las flores, las procesiones, los besos, las oraciones de
rodillas ante las imágenes, las promesas o votos que se les hacen,
el deseo de tener su protección, las fiestas en su honor, las
verbenas para levantar fondos para sus templos, así como el poder
que se les atribuye, es algo antibíblico e idolátrico y por
consiguiente digno de ser rechazado por todo verdadero cristiano.
Ya que todas estas prácticas; no son otra cosa, que una evidente
idolatría en una desobediencia abierta al segundo Mandamiento de
la Ley de Dios? (Exodo 20:4-5).
El gran Apóstol Pedro (de quién
dicen los católicos fue el primer Papa), tuvo en cuenta siempre el
mandamiento divino, cuando dijo al centurión romano Cornelio:
"Levántate, que yo mismo también soy hombre" (Hechos 10:26). Esto
lo dijo: porque Cornelio se arrodilló ante él con deseos de
venerarlo. Es evidente que Pedro no aceptó ninguna adoración, ya
que él sabía, que sólo Dios era digno de ser adorado. Amado
lector, ¿Qué piensa usted que diría el mismo San Pedro si viese a
sus devotos postrados, no ante su persona, sino ante innumerables
imágenes de la misma?. Estamos más que seguros, que el humilde
pescador galileo condenaría tan idolátrica costumbre.
En lo que a mí respecta, no
alcanzo a comprender como tantos millones de católicos, no se den
cuenta de la incongruencia y contradicción que existe entre la
creencia en un Dios Omnipotente, que todo lo ve y todo lo sabe,
con el culto e invocación de los santos como abogados e
intercesores nuestros.
En el libro "A las fuentes del
Cristianismo" se presenta el siguiente relato: <<En cierta
discusión habida entre un evangélico y varios católicos, se
presentó la siguiente cuestión: ¿Cómo pueden los santos, siendo
como son seres finitos en el cielo, oir las oraciones de los
hombres sobre la tierra?. Ya que por la naturaleza misma de las
criaturas, es imposible que tales seres finitos tengan
conocimiento de las oraciones y de los corazones, no solamente de
dos o tres personas, sino de los millares y millares de adoradores
que les doblan la rodilla alrededor del mundo entero. Para poder
atender todas estas peticiones tendrían que ser omnipotentes y
omniscientes, atributos que la Biblia sólo señala que los posee
Dios. Se veía en todos los presentes que no habían pensado nunca
en este argumento, y no sabían que responder. Por último alguien
dijo: Que no había dificultad en esto; porque aunque los santos
mismos no pueden escuchar nuestras oraciones, es posible que Dios
se las haga conocer o se las revele. La inmediata réplica por
parte del evangélico fue: Que esta suposición no resuelve el cómo
seres humanos y finitos pueden atender a tantos asuntos en un
mismo instante de tiempo. Y además, esto no sería acercarnos a
Dios por medio de los santos, sino acercarnos a los santos por
medio de Dios>>. (pág. 100).
El Purgatorio
La Iglesia Católica también
enseña: Que existe un lugar de purificación para los que mueren en
pecados veniales (pecados leves en oposición a los mortales), y
para los que, aunque perdonados sus pecados mortales, no han
satisfecho a Dios debidamente por ellos. Este lugar es conocido
como "Purgatorio". Enseñan al mismo tiempo: Que por medio de
piadosos oficios fúnebres puede acortarse la estancia de estos
difuntos en dicho lugar de tormento.
La Biblia por el contrario
enseña: Que hay un cielo y un infierno, no menciona nunca ni una
palabra acerca del purgatorio. La purgación de los pecados se
atribuye única y exclusivamente al Señor Jesús, según se nos dice
en los siguientes textos: "Quien habiendo hecho la purgación de
nuestros pecados por sí mismo, se sentó a la diestra de la
Majestad en las alturas" (Hebreos 1:3). "La sangre de Jesucristo,
su Hijo, nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7).
Con esto se comprueba; que se
hace afrenta a la gracia de Dios, al creer que él perdona sólo una
parte de la culpa del pecado, y que el mismo pecado, una vez
perdonado, tiene que ser expiado en el purgatorio por parte del
pecador. A este respecto la Biblia nos habla: del ladrón en la
cruz, al cuál no se le exigió otra purificación que la que el
mismo Cristo estaba haciendo a través de su sangre derramada en la
cruz del calvario; pues a pesar de haber sido un gran pecador, el
Señor le dice: "Hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas
23:41-43). Como podemos ver Cristo no le dijo: "estarás conmigo en
el paraíso, pero antes debes purgar tus pecados en el purgatorio"
sin duda Cristo no mencionó dicho lugar, porque tal lugar no
existe. El autor de la carta a los Hebreos nos dice también: "Que
Cristo con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los
santificados" (Heb. 10:14).
Frente a estos textos de la
palabra de Dios, pregunto: ¿En que lugar queda la enseñanza
católica acerca del purgatorio?. En más de veinte cartas
apostólicas que se conservan, jamás se recomienda o se menciona la
oración por los muertos que pudieran estar en el purgatorio, a fin
de que éstos pudieran salir de aquel lugar de tormento. Vuelvo a
preguntar: ¿No sería esto un olvido grave de los apóstoles, si
ellos hubiesen conocido la existencia de un purgatorio?. Es
evidente que ellos no creían en el purgatorio, pues el Apóstol
Pablo nos dice: "Que los que mueren en Cristo van a disfrutar
inmediatamente de su presencia (Filipenses 1:23 ; 2 Corintios
5:8). Vale la pena citar a este momento lo dicho por San Agustín;
a quien los católicos consideran uno de sus más grandes teólogos.
Esta es la enseñanza de él: "Que la fe católica cree en dos
lugares a saber: El reino de los cielos y el segundo el infierno;
luego agrega: desconocemos por completo un tercer lugar". Este
mismo hombre en su libro "Enquiridion", expresa una doctrina
netamente bíblica al afirmar: "Durante el tiempo de la muerte y la
final resurrección, las almas se hallan retenidas en ocultos
lugares, bien de reposo o de castigo, conforme a la elección que
hubiesen hecho mientras vivieron en la carne". Esta es una clara
alusión a la historia del rico y Lázaro, donde nuestro Señor
Jesucristo nos habla de aquellos dos personajes que habían muerto.
En esa historia, Cristo declara la imposibilidad que tienen de
recibir alivio los que sufren por sus pecados en la otra vida
(Lucas 16:25-26). No nos dice nada que los que son consolados en
el seno de Abraham, purguen pecado alguno o que necesiten ayuda
desde la tierra.
Los católicos suelen aportar
como prueba de la existencia del purgatorio, algunos textos
bíblicos que no tienen valor alguno para tal objeto. Por ejemplo
citan el pasaje del segundo libro de los Macabeos, Cápitulo
12:43-46 (este es el único pasaje de la Biblia Católica, que
expresa claramente una idea de purificación después de la muerte
por medio de ofrendas desde la tierra). Así dice el pasaje
mencionado: "Entonces Judas Macabeo, habiendo mandado hacer una
colecta, reunió hasta dos mil dracmas de plata (moneda de los
tiempos bíblicos), y las envió a Jerusalén para ofrecer
sacrificios por el pecado, obra digna y noble, inspirada en la
esperanza de la resurrección; pues si no hubiera esperanza que los
muertos resucitarían, superfluo y vano era orar por ellos. Mas
creía que a los muertos piadosamente les está reservada una
magnífica recompensa. Obra santa y piadosa es orar por los
muertos. Por eso hizo que fuesen expiados los muertos: Para que
fuesen absueltos de los pecados". Hasta aquí, la cita de la Biblia
católica.
Este texto probaría algo si se
hallara en la Biblia auténtica, es decir, en los escritos que
Jesucristo y sus apóstoles consideraron como Palabra inspirada de
Dios; pero tristemente para los católicos, se halla solamente en
el libro de los Macabeos, (Libro apócrifo; es decir no inspirado,
aceptado como "inspirado" en el Concilio de Trento el 8 de Abril
de 1546). Libro que nunca fue citado en el Nuevo Testamento ni por
Cristo ni por sus apóstoles.
Ante todo esto concluimos: Qué
si bien no se encuentra en la Biblia, la enseñanza del Purgatorio,
se puede reconocer su origen recordando que era una creencia común
entre las religiones paganas. El filósofo griego Platón, hablando
del juicio futuro de los muertos, afirma que: "de aquellos que han
sido juzgados, deben primeramente ir algunos a un lugar de
castigo, donde deben sufrir la pena que han merecido".
Tales eran las ideas de los
paganos a los cuales fue predicada la doctrina cristiana. No es
extraño que algunos cristianos, teniendo estos pensamientos, al
aceptar la nueva fe, empezaran a orar por sus difuntos, y a
recomendar esta clase de oraciones a otros. Aunque como es de
suponer, esta enseñanza encontró fuerte oposición en muchos
cristianos piadosos, por no haber ningun fundamento sólido en la
Biblia donde sostener dicha creencia. Este dogma fue condenado, en
sus principios, en el concilio de Constantinopla en el año 573 de
nuestra era, y no fue aceptado como tal; hasta el concilio de
Florencia, Italia en 1439. Nostros los cristianos evangélicos no
lo ejercemos en ninguna de sus partes, por ser una enseñanza
extra-bíblica; es decir, fuera de la revelación bíblica.
El Papado Romano
Otra de las fundamentales
enseñanzas de la Iglesia Católica, es la que el apóstol Pedro, fue
el primer papa de la Iglesia. Basan dicha enseñanza en las
palabras que el Señor Jesús, dijo a Pedro: "Tú eres Pedro y sobre
esta piedra edificaré mi Iglesia... Y a ti daré las llaves del
reino de los cielos, y todo lo que atares en la tierra, será atado
en el cielo" (Mateo 16:18,19). Dicen ellos, que con estas palabras
el Señor nombró a Pedro cabeza de la Iglesia, dándole al mismo
tiempo el don de la infalibilidad, (don o atributo que sólo posee
Dios). Enseñan también: Que san Pedro traspasó esta dignidad a un
sucesor, con la intención de que el don de su infalibilidad se
perpetuara a través de los siglos.
La Enciplopedia Histórica de la
Iglesia (editada por Clíe) nos dice que, el término papa, se
deriva del latín "papa", que significa padre. Se aplicó
originalmente, en la Iglesia Occidental a cualquier pastor u
obispo, pero Gregorio VII ordenó en el año 1073 que se reservara
dicho título exclusivamente para el Obispo de Roma.
Es importante hacer notar que
esta doctrina, ha causado diferentes opiniones entre los
sacerdotes católicos a través de la historia. Durante siglos, hubo
quienes la enseñaban y quienes la rechazaban. Fue hasta el año de
1870 que se declaró dogma de la Iglesia católica; es decir, se
había convertido en una creencia obligatoria dentro de la
comunidad católica.
Las Sagradas Escrituras
enseñan: Que las palabras dichas a Pedro, sobre las que se
pretenden fundar la doctrina de la infalibilidad, es una promesa
hecha, no solamente a Pedro, sino a todos los apóstoles, y también
a dos o tres discípulos que se reunieran para adorar a Dios de
todo corazón (véase Juan 20: 23; Mateo 18: 17-19). Aquí tenemos
dos cosas bien claras: Primera, una facultad dada a todos los
apóstoles no solamente a Pedro. Segunda, se le da a cualquier
grupo de creyentes que se reunan para adorar a Dios. Desde luego
estas palabras, no significan una promesa de infalibilidad para
tales fieles; sino mas bien, una promesa de lo eficaz que es la
oración de fe y la autoridad delegada a su Iglesia.
Que el apóstol Pedro no fue
considerado como superior o papa por los demás apóstoles, es
evidente; pues poco después de haber pronunciado el Señor las
palabras que han adoptado los católicos para tratar de probar la
jerarquía papal, los propios discípulos estaban disputando, acerca
de cuál de ellos sería el mayor; y como vemos, Cristo, en ningún
momento señaló a Pedro como jefe de ellos, sino que poniendo un
niño entre ellos, afirmó que el más grande sería el que se hiciese
humilde como aquel niño. (Mat. 18:4). En otras palabras, Jesús les
dio a entender a sus discípulos que no debían actuar como reyes.
Ellos habían sido llamados, no para ponerse coronas, o sentarse en
tronos, ni para semejarse a los reyes paganos, sino, para ser
depositarios de una sagrada misión en la cuál todos serían
iguales; negando claramente con esto, que ninguno sería mayor que
los otros (Lucas 22:25-27).
No obstante los católicos
enseñan, que Cristo edificó la Iglesia sobre Pedro, el versículo
bíblico que usan para esta declaración, es Mateo 16:18, que a la
letra dice: "Más yo también te digo que tú eres Pedro y sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no
prevalecerán contra ella". Sin embargo, al considerar este
versículo y relacionarlo con la enseñanza completa de la Biblia,
podemos ver claramente que la Iglesia no fue construída sobre
Pedro; sino, sobre Cristo mismo. En los versículos anteriores,
Jesús preguntó a sus discípulos, sobre quien creían los hombres
que era El, después de haber ellos dado algunas respuestas, Cristo
les hace a ellos la pregunta... y vosotros ¿quién decís que soy? y
Pedro contestó: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente"
entonces Cristo le dijo: "Tú eres Pedro (el Señor usa para Pedro,
la palabra petros, que significa: una piedra, una pequeña roca) y
enseguida Cristo añade; y sobre esta piedra (la palabra usada aqui
por Cristo es petra, que significa: una masa rocosa, la gran roca
de fundación)...edificaré mi Iglesia". De todo esto se desprende,
que la roca sobre la cuál se iba a edificar la Iglesia no era
Pedro; sino, sobre la confesión que él había hecho: "Tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios viviente". Luego el verdadero fundamento
en que se edificó la Iglesia, fue sobre el mismo Cristo, y no
sobre el apóstol Pedro como presume la Iglesia católica romana. Es
importante hacer notar, que Pedro mismo declaró que Cristo era la
roca de fundamento ( Hechos 4: 11-12; 1 Pedro 2: 4-8). El apóstol
Pablo se une a Pedro en esta parte, cuando escribe a los Efesios
diciéndoles: "Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y
profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo"
(Efes. 2:20).
Es importante resaltar, que los
otros discípulos no tomaron las palabras de Cristo: "sobre esta
roca edificaré mi Iglesia" como si estuviera exaltando a Pedro
para que fuera el primer papa de la Iglesia. En los Hechos de los
apóstoles, capítulo 8: 14, se lee: "y los apóstoles que estaban en
Jerusalén, habiendo oído que Samaria había recibido la Palabra de
Dios, les enviaron a Pedro y a Juan". Nos parece extraño, ver al
papa enviado por sus subalternos a una misión evangelizadora.
Sería más concebible, desde el punto de vista católico romano, si
dijera que San Pedro decidió enviar dos delegados suyos, para que
se encargaran de esta misión. Pero se nos dice que fue enviado por
otros, lo que aquí se pone de manifiesto es que: Pedro al menos no
era el que daba las órdenes, como pretenden enseñar los católicos
al decir que él fue el primer papa. Pero aún hay algo más que
despierta nuestra atención. La Biblia nos habla del primer
concilio de la Iglesia en Jerusalén. ¿Quién debiera convocarlo y
presidirlo; sino, San Pedro?. Sin embargo no es así, sino que es
Santiago quien preside y formula las conclusiones de aquella
reunión. Pedro asiste a ella como los demás, tomando parte en los
debates, pero no siendo la figura central de aquella reunión
(Hechos 15). Pregunto: ¿No sería una falta de consideración el no
dejar que Pedro, dirigiera tal reunión?. Pues como afirman los
católicos, Pedro era el papa, o sea el jefe máximo de la Iglesia.
Otro dato interesante, se
desprende de la enumeración que hace el apóstol San Pablo,
referente a los diversos ministerios constituídos por el Señor
para que ministraran a la Iglesia. En esta lista no aparece el
ministerio de papa. Esto es lo que nos dice Pablo: "y a unos puso
Dios en la Iglesia, primeramente; apóstoles, luego profetas, a
otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros" (Efesios 4:
11). Vemos que olvida poner el primero y principal de todos los
cargos eclesiásticos según los católicos, pues lo natural sería
que la lista empezará con ...papa, luego apóstoles,
profetas...etc.
Que Pablo no reconocía en Pedro
al jefe infalible de la Iglesia, sino un apóstol distinguido, como
Juan o Santiago, lo vemos por el incidente ocurrido en Antioquía.
La Biblia nos dice a este respecto: "Cuando Pedro vino a Antioquía,
le resistí en la cara, porque era de condenar... y nos sigue
diciendo, cuando vi que no andaba derechamente conforme a la
verdad del Evangelio, dije a Pedro, delante de todos: si tú siendo
judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿Porque obligas a
los judíos a judaizar?" (Gálatas 2: 11-14). Pregunto: ¿Habría
podido dirigirse a Pedro en tales términos, sí éste hubiese sido
reconocido por todos los fieles como el jefe supremo e infalible
de toda la Iglesia?.
Amable lector, si usted compara
la vida de Pedro con los papas, notará concretamente que él no fue
papa. En primer lugar era casado, esto no armoniza con la posición
católica romana de que el papa debe ser soltero. Las Escrituras
nos dicen que la suegra de Pedro fue sanada de una fiebre (Marcos
1:30; Mateo 8:14). Naturalmente Pedro no podía tener suegra sin
ser casado. No obstante algunos han dicho que él dejó de vivir con
su esposa por dedicarse al Ministerio. La Biblia nos dice que
nunca la abandonó, así leemos: ¿No tenemos derecho de traer con
nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y
los hermanos del Señor, y Cefas? (1 Corintios 9:5). Cefas, era el
nombre en arameo de Pedro (véase Juan 1:42). Note amado lector que
estas palabras las escribió Pablo aproximadamente unos 25 años
después de que Jesús regresara al cielo. Lo que le quiero decir
con esto, es que Pedro vivió toda su vida casado.
Otro aspecto que mencionaremos,
es que Pedro no recibió adoración alguna, como vemos que el papa
recibe de los católicos. A este respecto se nos dice en la Biblia:
que en cierta ocasión, Pedro entró a la casa de un hombre llamado
Cornelio, y éste, sale a recibirle y arrodillándose a sus pies le
tributa adoración, mas Pedro se lo impide diciendo: levántate,
pues yo también soy hombre como tú (Hechos 10:25-26).
Las Vestiduras Papales
Interesante es notar también
que, muchas de las vestiduras usadas por los cardenales y los
papas, son de un origen pagano. El escritor Woodrow, nos dice en
su libro Babilonia Misterio Religioso: <<Los costosos y altamente
decorados vestidos que usan los papas, demuestran que el oficio de
papa es de origen pagano, pues estas vestiduras eran copiadas de
las vestiduras que lucían los emperadores romanos y no de los
apóstoles. La mitra usada por los papas (y algunas veces por los
cardenales y obispos) tiene forma de cabeza de un pez con la boca
abierta. Su origen es aún más interesante, ya que es similar a la
que usaba el dios babilónico Dagón y sus sacerdotes. La cabeza del
pez formaba una mitra sobre la cabeza del hombre, mientras que sus
faldas caladas y en forma de manto dejaban al descubierto sus
manos y pies.
Más tarde, la figura del cuerpo
de pez fue quitada y sólo se usó la mitra en forma de cabeza de
pez, mitra que hasta hoy en día usan los papas y algunos obispos
católicos>>. (Págs. 97-98). La Biblia jamás menciona que los
apóstoles usaran tal mitra para adorar en el santuario de Dios,
por consiguiente es algo que también rechazamos.
Pedro no fue Obispo de Roma
Los Católicos afirman que Pedro
fue Obispo en la Iglesia de Roma. Pero no existe prueba histórica
alguna de que Pedro ejerciera el cargo de obispo en Roma por 25
años. Toda esta enseñanza se basa en una tradición posterior a 120
años después de la muerte del apóstol, en la cual se afirma que
murió juntamente con Pablo en Roma.
Según el libro de los Hechos,
Pedro se quedó en Jerusalén después de la muerte de Esteban.
Pablo, 17 años después de su conversión, encontró a Pedro
ejerciendo su ministerio todavía en aquella ciudad (Gálatas 1:18).
Entonces convinieron los dos grandes apóstoles, juntamente con
Jacob y Juan, que Pedro dirigiría la obra entre los judíos, y
Pablo entre los gentiles (Gálatas 2:7-10). Esta división de
territorio, excluye toda posibilidad de que Pedro llegase a ser el
obispo de una Iglesia gentil, establecida en Roma, y mucho menos
que lo fuese durante 25 años, ya que para ello, de acuerdo a
muchos historiadores bíblicos, su muerte tenía que haber ocurrido
20 años más tarde de lo que la tradición dice que ocurrió.
Existe una carta de Pedro
escrita en edad avanzada, en la cuál el propio apóstol se declara
residente en Babilonia (1 Pedro 5:13). Cerca del año 58 de nuestra
era, Pablo escribe la carta a los Romanos, y en ella no menciona
en ninguna parte a Pedro. Nos parece extraño que no lo haga, si
Pedro como afirman los católicos era el obispo de aquella iglesia.
Pablo estuvo preso en Roma dos años, durante este tiempo Pablo
escribió algunas cartas, y en cada una de ellas manda saludos de
los cristianos más conocidos de la iglesia en Roma, pero nunca
menciona a Pedro como obispo de aquella Iglesia.
Poco antes de la muerte de
Pablo en Roma, él, envía saludos de cuatro cristianos principales
de Roma (Eubulo, Pudente, Lino y Claudio) 2 Timoteo 4:21, pero el
nombre de Pedro no es mencionado, a pesar de que según la
tradición católica Pedro y Pablo murieron juntos en Roma el mismo
día.
Si Pedro no fue obispo de Roma,
jamás podía nombrar a un sucesor suyo en aquella ciudad, el título
de Jefe Universal de la Iglesia, el gran apóstol de los judíos (Gálatas
2:8) no lo pretendió jamás, ya que él sabía, que sólo había sido
llamado para apacentar a los corderos, y no para enseñorearse de
la grey. Que sólo uno era el pastor de pastores, al cuál servía y
honraba con todo su corazón, y del cuál esperaba su corona; cuando
éste apareciera en gloria (1 Pedro. 5:3-4).
Concluimos entonces a este
respecto, que Pedro nunca pretendió ser el primer papa, ni que
estableció una sucesión apostólica infalible, tal y como lo enseña
hasta hoy en día la Iglesia Católica Romana.