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Págs.
  

Catolicismo
La
Iglesia Romana
Introducción:
Existen en la actualidad una
docena de religiones principales en el mundo, y los seguidores de
cada una de las mismas afirman confiadamente que ellos van por el
camino correcto. Su convicción a este respecto es tan grande que
no son pocos los que están dispuestos a dar la vida por tales
creencias. En algunos casos sus creencias han sido tan fuertes que
han masacrado a todo aquel que no está de acuerdo con su religión.
El Señor Jesucristo dijo: "Entrad por la puerta estrecha: porque
ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la
perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha
es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son
los que la hallan" (Mateo 7:13-14). Todo estudioso serio de las
Sagradas Escrituras coincidirá conmigo, en que estas palabras son
fieles y verdaderas. Hay dos puertas, dos caminos, dos grupos, y
hay dos destinos que de una forma bien clara Cristo enseñó durante
su ministerio terreno.
Por otra parte; a diario
conocemos personas bien intencionadas, que intentan resolver el
problema de las muchas religiones, diciendo: "No importa lo que
uno crea, sólo sé sincero en lo que crees". Esta aunque es una
frase que suena bonito, acarrea un grave peligro, pues mi
sinceridad nunca me llevará al destino correcto si estoy
equivocado. Entre toda esta confusión
¿Cómo puede uno saber cuál es el camino correcto? La Iglesia
Católica reclama tener la sucesión apostólica durante todas las
épocas hasta Jesucristo. Piensan que el papa es el vicario de
Cristo en esta tierra, y que son ellos los únicos que tienen la
verdad. Obviamente para ellos los demás grupos religiosos están
errados. De ahí tenemos a los evangélicos los cuáles reclaman del
mismo modo ser fieles testigos y depositarios de la única y
verdadera revelación. Y que decir de los Testigos, Mormones,
Adventistas, etc. Los cuáles también reclaman ser la Iglesia
verdadera de Cristo.
Como lo que está en juego es
la salvación del alma, debemos examinar seriamente si la fe que
profesamos es la que Dios quiere, y la que puede llevarnos con
toda seguridad a la felicidad eterna. Y esto sólo será posible si
con un corazón sincero nos acercamos a la fuente de vida eterna,
la cual emana de la bendita Palabra de Dios.
Creo firmemente que todo
amante de la verdad debe buscarla, y una vez alcanzada ponerla en
alto, para que otros a su vez la puedan ver.
Una de las más graves faltas
de muchos grupos religiosos es que viven de espaldas a las
Sagradas Escrituras. Para ellos la declaración: "La Biblia es
nuestra única regla infalible de fe y conducta", no pasa de ser
una frase superficial. En la práctica, son sus tradiciones,
reglamentos, confesiones, y otras estructuras que el hombre ha
inventado, las que deciden sus asuntos de fe y conducta. Un
ejemplo de todo esto; lo es sin duda la institución Católica
Romana, es referente a ella, que hoy dedicamos el presente
librito. Nuestro único objetivo es que, aquella luz que alumbra
todo entendimiento, brille en aquellos corazones que por mucho
tiempo se han visto envueltos en la oscuridad de las mentiras
religiosas.
Junto con San Pablo decimos:
"Ninguna cosa podemos contra la verdad, sino por la verdad" (2
Corintios 13:8). Estoy seguro que muchos amarán estas páginas,
otros las odiarán. Por lo que a mí respecta; estoy dispuesto a
correr el riesgo que sea, pues aquel que no ama la verdad hasta lo
último, no puede ser parte del cuerpo verdadero de Cristo.
Luis A. Benítez, Ciudad de
Van Nuys, California, a 22 de Dic. / 1994.
LA
IGLESIA CATOLICA ROMANA
(sus Enseñanzas )
El Culto a la Virgen María
Desde los inicios mismos de la
Iglesia de Cristo, surgieron en torno de ella diferentes doctrinas
cuyos fundamentos no estaban basados en las Sagradas Escrituras.
Una de estas enseñanzas fue la adoración de aquella devota mujer
llamada María, de la cuál nació nuestro Señor Jesucristo.
Quienes tributaban este culto a
María le dieron la posición de un lugar intermedio entre los
santos y Dios. Fueron estos mismos adoradores los que con el
tiempo le confirieron el título de "Madre de Dios". Esto debido
según ellos porque de ella nació Cristo, quien era el Hijo de Dios
encarnado.
La escritora Luisa J. de
Walter, escribe a este respecto en su libro ¿Cuál Camino? lo
siguiente: "Nuestro Señor Jesucristo es Dios hecho carne. La
virgen María, bienaventurada entre todas las mujeres, fue escogida
por Dios para ser la madre de la naturaleza humana de Cristo. Fue
madre de su cuerpo físico, pero no pudo ser madre de su deidad.
Cristo la segunda persona de la Santísima Trinidad, es eterno,
siempre ha existido. Por ser Dios, El no ha tenido principio, y
por consiguiente, no es lógico hablar de María como "Madre de
Dios". Colosenses 1:16-17; Juan 1:1-3; 8:57-58, y otros textos
sobre la preexistencia de Cristo, prueban que ella no puede ser
madre de su deidad. La única manera en que pudiera ser "Madre de
Dios" nos sigue diciendo la citada escritora, es, si ella misma
hubiera sido divina, una diosa, miembro de la familia celestial,
cosa que la Biblia no enseña de ninguna manera (Pág. 37).
Enseñan además los que tributan
el culto a María: Que ella nació por concepción milagrosa y sin
pecado original, al igual que el mismo Hijo de Dios. (Según
definición dogmática del papa Pío IX ratificada por el Concilio
Vaticano de 1870).
A esto sólo podemos decir que
en honor a la verdad, la Biblia no enseña en ninguna de sus partes
esta doctrina. Muy por el contrario nos dice el Santo Evangelio
según San Lucas, que ella necesitó como todo pecador, de un
Salvador: "Engrandece mi alma al Señor... declara ella misma... y
mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador" (Lucas 1:46-47). Este
pasaje nos enseña que María al experimentar la presencia de Dios,
reconoció al mismo tiempo su condición de criatura nacida bajo la
maldición del pecado, y por consiguiente que necesitaba de la
gracia salvadora.
Bien sabemos que muchos han de
tratar de negar que la Iglesia Católica atribuye una posición
divina a María. Pero al viajar alrededor del mundo, ya sea en una
majestuosa catedral o en una capilla humilde, la estatua de María
ocupa el puesto principal siempre.
Es interesante notar que los
más grandes teólogos de la Iglesia primitiva, jamás enseñaron la
adoración a María, ni mucho menos que ella fuese concebida sin
pecado original. Así por ejemplo, Eusebio, célebre autor de la
"Historia de la Iglesia" dice: "Ninguno está exceptuado de la
mancha del pecado original, ni aún la madre del Redentor del
mundo; sólo Jesús quedó exento de la ley del pecado, aún cuando
haya nacido de una mujer sujeta al pecado".
San Anselmo, declara: "Si bien
la concepción de Cristo ha sido inmaculada, no obstante, la misma
Virgen de la cual nació, ha sido concebida en la iniquidad, y
nació con el pecado original; porque ella pecó en Adán, así como
por él todos pecaron.
A este mismo respecto San
Agustín, uno de los más grandes teólogos reconocido por la Iglesia
Católica; dice: "María murió por causa del pecado original,
transmitido desde Adán a todos sus descendientes".
Santo Tomás de Aquino, sumo
doctor de la Iglesia Romana, en el siglo XII, luchó valientemente
en contra de la enseñanza de la inmaculada concepción, y dice: "La
bienaventurada Virgen María, habiendo sido concebida por la unión
de sus padres, ha contraído el pecado original", (Suma teológica.
part. 3, pág. 65).
Opinión de algunos Papas
El Papa León I, dice al
respecto: "Entre los hombres, Cristo solamente fue inocente,
porque El sólo ha sido concebido sin la suciedad y la
concupiscencia de la carne". El Papa Inocencio III, declara: "Eva
fue formada sin la culpa, y engendró en la culpa; María fue
formada en la culpa y engendró sin la culpa", (sermón Assumpt).
Al católico se le enseña
también: Que se debe orar a María porque ella es más compasiva que
su Hijo Jesús. Notemos que al enseñar esto, hacen menos compasivo
a Cristo, lo cuál es una blasfemia y va en contra de la revelación
bíblica (Hebreos 4:15-16).
Uno de los más conocidos
escritores católicos; fue Alfonso María Ligorio, este hombre en su
libro "Catolicismo Romano Pág. 158", nos dice lo siguiente: "Que
en una escena imaginaria alguien vio dos escaleras colgando del
cielo, María estaba en la punta de una y Cristo en la punta de la
otra. Cuando un pecador trataba de subir por la de Jesús, miraba
la cara furiosa de él y caía derrotado, pero cuando sube por la
escalera de María, lo hace rápida y fácilmente; y es bienvenido
por ella, quien lo introduce en el cielo y lo presenta a Dios".
Con esto, este escritor trata
de enseñar, que es más fácil ser oído por María cuando oramos, y
no así, cuando oramos a Nuestro Señor Jesucristo. La Biblia no
obstante nos dice; que sólo uno es el mediador entre Dios y los
hombres, Jesucristo-Hombre (Juan 14:6; Hechos 4:12; 1 Timoteo
2:5). El no enseñar la verdad de la Biblia a este respecto, ha
llevado a multitudes a adorar y solicitar favores divinos a María,
atribuyéndole al mismo tiempo facultades divinas que sólo Dios
posee. No cabe duda que un error engendra otro, y esto es
exactamente lo que ha pasado con el culto dado a María. Tanto que
en muchos países de nuestro Continente Americano, es más conocida,
venerada y adorada ella, que Nuestro Señor Jesucristo. Y de esto
podemos dar fe muchos que hemos crecido en suelo Hispanoamericano.
Pues nosotros somos testigos presenciales de como en los
diferentes países, se le dan honores y adoración a la Virgen
María. Ya sea bajo el nombre de Virgen de Guadalupe, Virgen de
Suyapa, Virgen de la Paz, Virgen del Perpetuo Socorro, Virgen de
Fátima, Virgen del Carmen, Virgen de Lourdes, Virgen de los Lagos,
etc.
Es importante resaltar amable
lector, que la Biblia en ninguna de sus partes nos manda o insinúa
tributarle culto a María. La razón es evidente para todo estudioso
de las Sagradas Escrituras, ella no fue la que pagó el precio por
nuestros pecados. Sólo Cristo es quien murió y resucitó de entre
los muertos al tercer día, ascendiendo luego a la presencia de su
Padre; de donde también está intercediendo hoy por su Iglesia
(Romanos 8:34). Nosotros como evangélicos, reconocemos que María
fue una mujer piadosa y temerosa de Dios. Por ello mismo la Biblia
nos dice, que fue bienaventurada entre todas las mujeres. Pero el
tributarle culto y adoración es algo que la Biblia nunca enseña,
de ahí que nosotros no le rindamos adoración alguna.
Los Católicos tratando de
buscar alguna base en la Biblia, para defender la adoración de
María, dicen que las palabras dichas por Gabriel: "Bendita Tú
entre las mujeres" (Lucas 1:28), deben interpretarse como un acto
de adoración que ella merece. Nosotros los evangélicos vemos en
esta parte simplemente que María fue favorecida por Dios; por
vivir ella una vida de devoción y consagración. Pero como bien
señalamos previamente, esto no da pie para tributarle adoración
alguna, o para que tengamos que dirigirnos a ella en palabras de
oración.
La perpetua
virginidad de María
Otro intento por glorificar a
María, lo ha sido sin duda; la doctrina de la "Perpetua virginidad
de María". Lo que asombra de esta enseñanza; es que en ninguna
parte de la Biblia, o en algún manuscrito de la historia de la
Iglesia cristiana, encontramos dicha creencia.
La Enciclopedia Británica,
registra lo siguiente respecto a esta doctrina: "La doctrina de la
perpetua virginidad de María no fue enseñada sino hasta
trescientos años después del regreso de Cristo al cielo. No fue
sino hasta después del Concilio de Calcedonia, en el año 451 de
nuestra era, que esta infundada suposición fue aprobada
oficialmente por la Iglesia Romana" (Vol. 14, Pág. 999).
La Biblia también al contrario
de la enseñanza Católica, nos muestra que María no vivió virgen
toda su vida. La Biblia enseña que Jesús nació de la virgen María,
concebido en virginidad y de una manera sobrenatural (Mateo 1:23),
esto es algo que creemos todos los cristianos, pero también
creemos que después del nacimiento de él, María dio a luz más
hijos, los hijos de su unión con José su marido.
La escritora Luisa J. de Walker,
nos dice a este respecto: "Que en el Evangelio de Mateo 1:24-25, y
en Lucas 2:7, se enseña claramente que después del nacimiento de
Jesús, José y María llevaron la vida normal de cualquier
matrimonio. Si no tuvieron más hijos, la palabra primogénito está
de más en estos textos. Ya que no se habla del hijo mayor de una
familia sino hay más de uno. En Mateo 13:55-56, el pueblo llega a
dar los nombres de sus cuatro hermanos varones. La mención
frecuente de los hermanos de Jesús en compañía de María nos
fortalece en la creencia de que eran sus hijos, y no sus sobrinos
como pretenden los Católicos Romanos, Marcos 3:31-32; (¿Cuál
Camino? Pág. 38).
Ralp Woodrow, afirma al mismo
tiempo: "La Biblia no dice que María haya parido a un sólo hijo,
sino que nos dice que Jesús fue su primer hijo (Lucas 2:7). El
hecho de que Jesús fuera el primogénito, indica que después
nacieron de María otros hijos. Siempre en el lenguaje lógico
normal, un primero requiere un segundo. Pero fuera de esta línea
de razonamiento, las Escrituras no dejan lugar a dudas del hecho
de que María tuvo otros hijos después del nacimiento del Señor
Jesús. Sus nombres nos son dados en el evangelio de Mateo: Jacobo,
José, Simón y Judas (Mateo 13:55). Se nos menciona además a las
hermanas de él. Las gentes de Nazareth dijeron: ...¿Y no están
todas sus hermanas con nosotros?; (versículo 56). La palabra
hermanas está en plural, de modo que sabemos que por lo menos tuvo
dos hermanas". (B. M. R. Pág. 28-29).
La
Resurrección y ascensión de María
En el Año 1950, se proclamó
como dogma, la doctrina de que María después de su muerte resucitó
y ascendió corporalmente al cielo. A este respecto; Woodrow, nos
dice: "Durante los días de la apostasía religiosa, algunos
exagerados admiradores de María, comenzaron a enseñar que el
cuerpo de María nunca sufrió corrupción, sino que ascendió a los
cielos al igual que Jesucristo, y que allí sentada hoy en día como
la "Reina del cielo" recibe culto y oraciones de parte de sus
fieles. No fue hasta este siglo que la ascensión de María se
proclamó oficialmente como una doctrina de la Iglesia Católica
Romana. Fue tan sólo en el año 1950, que el papa Pío XII declaró
que el cuerpo de María no sufrió corrupción. Obviamente, dicha
enseñanza de la ascensión de María, no es parte de la doctrina del
Nuevo Testamento" (Babilonia, Misterio Religioso, Pág. 29).
Nosotros los evangélicos no
alcanzamos a comprender como es posible formular una enseñanza
tal, ya que la Biblia nunca menciona tales aseveraciones. Muy por
el contrario cuando escudriñamos las Sagradas Escrituras, nos
encontramos que ninguno de los apóstoles de Cristo; ni aquellos
que fueron después de ellos enseñaron tal doctrina. Es lamentable
el ver como algunos partidarios de este culto; llegan hasta
inventar historias que nunca existieron en torno de la muerte de
la virgen María. Uno de ellos fue San Bernardo, este admirador de
María nos dice lo siguiente: "En el tercer día, después de la
muerte de María, cuando los apóstoles se juntaron alrededor de su
tumba, la encontraron vacía. El cuerpo sagrado había sido llevado
al paraíso celestial, la tumba no tuvo poder sobre alguien
inmaculado. Pero no fue suficiente que María haya sido recibida en
el cielo, ella no era cualquier ciudadano común y corriente, tenía
aún mayor dignidad que el más alto de los Arcángeles. María había
de ser coronada "Reina del cielo" por el Padre Eterno; ella había
de tener un trono al lado de su hijo. Hoy, día tras día, hora tras
hora, ella está orando por nosotros, obteniendo gracia para
nosotros, preservándonos del peligro, protegiéndonos de la
tentación, llenándonos de sus bendiciones". La Biblia como ya
atestiguamos no nos dice nada a este respecto. En ella sí
encontramos por el contrario; que el único que subió a los cielos
en cuerpo, fue nuestro Señor Jesucristo (Juan 3:13; Hechos
1:9-11).
¿Sí esta enseñanza no la
encontramos en la Biblia, cómo fue que llegó a existir?. La
respuesta tenemos que encontrarla en los enunciados emitidos por
la Iglesia Católica: "El papa Pío XII, el primero de Noviembre de
1950; definió la doctrina de la ascensión de María, como un
artículo de fe revelado por Dios, dijo también que negar que la
bendita Virgen María, habiendo terminado su vida terrenal; fue
trasportada en cuerpo y alma a la gloria celestial, sería traer
sobre uno la ira del Dios Todopoderoso y la de sus santos
apóstoles" (Munificentissimus Deus, 1950, Acta apostolicae Sedis.
XLII). Es importante señalar, que para algunos católicos esta
creencia era tenida simplemente como una opinión piadosa. Asi por
ejemplo Benedicto XIV declaró en 1740: "que esta enseñanza era de
una clase tal, que no era suficiente para elevarla al rango de un
artículo de fe" (Opera Vol. X, Pág. 499). La Escritura como ya
señalamos nada dice de la ascensión de María. Por lo que deducimos
que esta tradición o enseñanza; era desconocida para la Iglesia
cristiana del principio, y por consiguiente nosotros los
evangélicos no podemos avalarla.
Su origen es pagano
No son pocos los que han visto
en este culto a María, una imitación de adoración a las diosas del
paganismo, tal y como se adoraba en países como Egipto, Grecia,
Babilonia y la Roma misma. En el libro "Religiones Paganas"
encontramos el culto a diferentes diosas, al analizar la posición
en que los católicos han colocado a María se encuentra una
semejanza bien marcada con aquellos cultos del paganismo. En
tiempos del profeta Jeremías, muchos Israelitas adoraban a la
diosa conocida como "Reina del cielo". Trayendo destrucción sobre
ellos por no acatar la reprensión del profeta de Dios (Jeremías
44:17-19).
El escirtor Woodrow, nos dice
referente a esto: "Uno de los ejemplos más sobresalientes de como
el paganismo babilónico ha continuado hasta nuestros días, puede
verse en la forma en que la Iglesia Romana inventó el culto a
María, para reemplazar el antiguo culto a la diosa Madre de
Babilonia, llamada Semiramis. Se dice que cuando su esposo Nimrod
muere, ella da a luz un hijo al cual llamó Tamuz. Declarando aquel
día que tanto ella como su hijo recién nacido eran divinos y que
debían ser adorados. Cuando el pueblo babilónico fue dispersado
por todas las naciones, llevaron dicho culto a los diferentes
países donde fueron esparcidos. Esto explica porque todas las
naciones en tiempos pasados adoraban a la madre y al hijo de una u
otra forma aunque a veces con diferentes nombres. Así por ejemplo
en China se conocía esta "diosa-Madre" como "Shingmoo" o "Santa
Madre", se representaba con un niño en brazos y rayos de gloria
alrededor de su cabeza, los griegos la conocían como "Afrodita";
en Roma era conocida como "Fortuna"; en la India como Devaki, y el
niño como Chrisna, etc." (B. M. R.).
La historia al mismo tiempo
confirma que a la altura del cuarto siglo de nuestra era, se
levantó un hombre llamado Constantino en el Imperio Romano. Este
hizo del cristianismo la religión oficial de todo el Imperio.
Aunque la Iglesia de Cristo dejó de ser perseguida por este
tiempo, fue no obstante durante este período que se produjo una
mezcla pagano-religiosa; en la cuál, se permitieron muchas
costumbres cuyos fundamentos no se hallaban en las Sagradas
Escrituras. Tanto fue la mezcla, que se llegó a aceptar que gente
pagana no convertida al cristianismo, celebrara sus ritos,
costumbres y prácticas paganas sin ninguna restricción. En
ocasiones sólo se hacían algunos cambios para que estos ritos se
parecieran a ciertas prácticas cristianas. Uno de lo cultos
permitidos por la Iglesia profesante a los paganos, era el de
seguir adorando a la "diosa-Madre", ya que era muy fuerte la
influencia de este culto entre los ciudadanos de la Roma pagana.
Por aquellos tiempos muchos deseaban unirse a la Iglesia, pero no
querían dejar el culto a la "diosa-Madre", fue así; que se
sustituyó el culto a la "diosa-Madre", por el culto a la Virgen
María. Todo esto se hizo para que los "convertidos" siguieran
practicando sus ritos y prácticas paganas.
Los Católicos afirman, que
ellos no adoran a María; sino, que sólo le dan ciertos honores que
ella merece. En la terminología católica, se usan tres palabras
para describir la "adoración", éstas son: Latría, Hyperdulía y
Dulía. Se define "Latría" como la adoración dada únicamente a
Dios, "Hiperdulía" (honor extremo a alguien), ésta es la que se
rinde a la Virgen María, y "Dulía" que es la que se rinde a los
santos. Cabe mencionar que en la práctica son pocos los católicos
que saben la diferencia entre una y las otras.
La Biblia por el contrario nos
enseña que toda clase de adoración, sólo la merece Dios. El
Diccionario Bíblico Ilustrado, de Editorial Clíe, nos dice lo
siguiente referente a este tema: "A partir de la cautividad (es
decir cuando Israel fue llevado cautivo por otras naciones), ni
siquiera las postraciones delante de los hombres eran permitidas
por Dios. Significativo es el caso de Mardoqueo, que se negó
inclinarse al paso de Amán aún a costa de su vida, (Ester 3:2)". Y
en el Nuevo Testamento, Pedro (de quien dicen los católicos fue el
primer papa) renuncia a ser adorado por parte del Centurión Romano
Cornelio (Hechos 10:26). En el Apocalipsis el ángel criatura pura,
impide a Juan culquier gesto de adoración (Apocalipsis 22:9). Por
otra parte las páginas de la historia de la Iglesia cristiana, nos
confirma que al cristianismo naciente le costó mucha sangre el
obedecer el precepto bíblico: "A Dios sólo adorarás, y a él sólo
servirás" (Mateo 4:10). Ya que no fueron pocos los "Señores" que
demandaban de parte de ellos el reconocimiento y la adoración, que
sólo merecía y merece la deidad.
El Diccionario de Teología
Harrison, acertadamente dice: <<Los excesos a los que se ha
llegado con el culto a María por parte de la Iglesia Católica
Romana, se atestigua por los dogmas de la Inmaculada Concepción de
la Virgen María (definida en 1854) y por el de la Asunción de la
bendita Virgen María (definida en 1850, y proclamada como dogma en
1950). Por medio de estos dogmas se adscriben a María ideas
paralelas a los hechos de la vida de Nuestro Señor. Ha ganado
terreno la idea adicional de que María puede ser también estimada
como Mediadora de nuestra redención, y el término "Nuestra Señora"
(desarrollado en la Edad Media) es análogo al "Nuestro Señor" que
se aplica a Cristo. Las referencias a María en las Escrituras no
dan base para mantener un culto a María. Los siguientes son
algunos de los lugares principales donde se le menciona: (Mateo
1:16 ss.; 13:55; Lucas 1:27 ss.; Juan 19:25 ss.; Hechos 1:14). En
vez de ver a María a través de estos pasajes como una persona que
se ha sometido a la voluntad de Dios y que fielmente cumple con su
ministerio, este culto la transforma en un ser semejante a la
divinidad. Más pernicioso aún, desde un punto de vista evangélico,
es que el efecto de tal adoración mariolátrica oscurece la persona
de Nuestro Señor en la mente del que adora>> (Editorial T.E.L.L.
Pág. 333).
Nosotros como creyentes de la
Biblia; afirmamos: Qué la adoración netamente bíblica, siempre es
atribuída sólo a la deidad, y jamás a la criatura. Por otra parte
sin lugar a dudas creemos, que María la humilde doncella de
Nazareth, la que se llamó a sí misma la criada del Señor; jamás
aceptaría complacida todo el culto pomposo e idolátrico que le
tributa la Iglesia Católica Romana, ni mucho menos aceptaría que
se sustituyera el nombre de Dios y el de su divino Verbo por su
humildísimo nombre de criatura humana.
Apariciones de la Virgen
Otro aspecto al cuál se le ha
dado gran importancia en los últimos años, lo es sin duda, las
supuestas "apariciones" de la Virgen María. No son pocos los que
han dicho haber visto estas "apariciones". Los lugares donde según
estos "videntes"; ha aparecido la Virgen, son por ejemplo: la
corteza de un árbol, el vidrio de una ventana, espejos, paredes,
retazos de tela, utensilios de cocina, etc, etc.
La Iglesia de Cristo siempre ha
cuestionado dichas "apariciones", por carecer éstas de una base
bíblica bien fundamentada. Por otra parte los mensajes dados por
tales "apariciones", la mayoría de las veces son: que el hombre
debe hacer buenas obras para agradar a Dios, y así alcanzar la
salvación. Los que conocemos las enseñanzas bíblicas, sabemos bien
que las buenas obras no son el camino para alcanzar la salvación
(Efesios 2:8-9). El ser humano no puede de sí mismo ser bueno, por
poseer éste una naturaleza que le arrastra al mal (Salmo 51:2-5;
Isaías 64:6).
Algunos católicos serios han
llegado a pensar que estas "apariciones" son meramente sugestiones
de la mente. Recordemos que la revelación bíblica tiene el
propósito de exaltar a una persona, a Cristo (Juan 16:14;
Apocalipsis 19:10). En cuanto a los milagros físicos, que se dicen
realizados en tales "apariciones", sólo podemos decir que tales
milagros no son exclusivos del catolicismo, sino que pueden
observarse más abundantemente entre los cristianos más allegados a
las Sagradas Escrituras. Pues dice la Biblia que de oír viene la
fe, y el oír, por la palabra de Dios (Romanos 10:17).
La Iglesia católica enseña
entonces que, la bienaventurada virgen se complace en verse
reverenciada, y que no desaprueba el que se dediquen inmensas
fortunas para vestir y coronar imágenes de su persona. Mientras
miles de pobres carecen de lo más elemental para vivir, y millones
de paganos mueren sin conocer el amor y la verdad de Dios. Todo
ello por no haber suficientes misioneros que les prediquen las
buenas nuevas de salvación que hay en Cristo. Note que decimos en
Cristo, y no en María, porque es sólo en la persona de Cristo, que
se nos han dado valiosas y eternas promesas (Juan 1:29;
3:14-16;14:6; Hechos 4:12; Romanos 5:1; 2 Corintios 5:17), etc.
Por último, tenemos tres
motivos principales para no dirigirnos ni a Cristo o al Padre, a
través de María como mediadora: (1) Es antibíblico. Cristo es el
único mediador (1 Timoteo 2:5), (2) Es inútil, María, no tiene
atributos divinos, como los posee Cristo (1 Juan 5:20), y (3) Es
innecesario. ¿Por qué andar con rodeos cuando podemos ir
directamente a Dios? (Mateo 6:6, 9).

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