Cerca de la aldea de New York Mills, había una fábrica de tejidos
en el siglo 19. Cierta mañana dos operarios conversaban sobre el
culto de la noche pasada. Un joven alto y atlético entró en la
fábrica . Al verlo los operarios tenían gran dificultad para
trabajar. Al pasar el predicador cerca de unas muchachas que
trabajaban en la fábrica una de ellas cayó al suelo llorando con
una fuerte convicción. En unos minutos el avivamiento estaba en
toda la fábrica.
Este es uno de los episodios de la vida de Carlos Finney. Quien
impulsó grandes avivamientos por toda la Unión Americana.
Finney nació en una familia que no conocía la fe. Era abogado.
Entre los libros que tenía se encontraba una Biblia que compró
debido a que hallaba muchas citas de ésta en los libros de
jurisprudencia. De ahí nació su interés en el culto de los
creyentes.
En su autobiografía dice que empezó a asistir a los cultos de los
creyentes y quedó sorprendido porque semana tras semana los
creyentes oraban por lo mismo y testificaban que sus oraciones no
habían sido escuchadas. Encontró en la Biblia la necesidad de
pedir con fe y esto le hizo confirmar que la Biblia era verdadera
y que los creyentes no recibían lo que pedían porque no tenían fe.
Cuenta Finney en su autobiografía que un domingo de 1821 resolvió
arreglar su situación con Dios. Había decidido encontrar la
salvación de su alma. Quiso orar en su oficina pero no pudo a
pesar de haber tapado el agujero de la cerradura. En esos últimos
días se avergonzaba de que alguien lo encontrara leyendo la Biblia
a pesar de que antes no era así.
Pasaron el Lunes y Martes sin que pudiera orar y su corazón lo
quemaba con una necesidad tan grande y apremiante que se empezó a
sentirse desesperado. El miércoles mientras iba a su oficina le
fue revelado que Cristo había hecho todo el sacrificio por él y
dijo en su interior -Lo aceptaré hoy o me esforzaré hasta morir-.
Se dirigió al bosque para orar y prometió -Entregaré a Dios hoy mi
corazón o no saldré de aquí-. Sin embargo no pudo orar. Estaba tan
desesperado que sintió que su corazón estaba muerto y Dios lo
había abandonado. Sentía el peso de sus pecados tan infinito que
empezó a desfallecer. Cuando intentaba orar se detenía pensando
que alguien pudiera estar cerca y oírlo.
De repente le fue revelado que era su orgullo lo que lo detenía y
gritó -¡Vaya! Un vil pecador como yo se avergüenza de que otro
pecador como yo me encuentre de rodillas reconciliándome con mi
Dios-. Fue cuando empezó a orar sin saber cuanto tiempo y le
prometió a Dios que si se convertía iba a predicar el Evangelio.
Al regresar sentía una paz tan grande que perdió el apetito. En su
oficina tocó un himno en el contrabajo como de costumbre y dice
-mi corazón parecía derretirse, y solo podía llorar…- Después de
esto le pareció ver al Señor Jesucristo y no pudo dejar de llorar
en voz alta. Finalmente fue bautizado con el Espíritu Santo.
Finney comentó que sintió como ondas eléctricas que lo pasaban de
un lado a otro, como si fuera amor líquido. Dijo -¡Moriré si estas
ondas continúan pasando sobre mí!. ¡Señor no soporto más!.-
En la noche el director del coro de la iglesia lo encontró en ese
estado de llanto y gritos, y fue a llamar a un anciano de la
iglesia y un joven. El joven al ver lo que sucedía cayó de
rodillas angustiado y clamando -¡Oren por mí!-.
Al día siguiente la gente no dejaba de comentar la conversión del
abogado y se congregó en la iglesia para escuchar lo que había
sucedido, a pesar de que no era día de culto.
Poco tiempo después fue a visitar a sus padres. Su padre lo
recibió en la puerta y le dijo -¿Cómo estás Carlos?- y Finney le
respondió -Bien, padre mío, tanto de cuerpo como de alma. Pero,
papá, tú ya estás entrado en años; todos tus hijos ya son adultos
y están casados; sin embargo, nunca oí a nadie orar en tu casa- su
padre bajó la cabeza y comenzó a llorar diciendo -Es verdad,
Carlos; entra y ora tú mismo. Desde ese tiempo empezó un gran
avivamiento que se extendió por los Estados Unidos de
Norteamérica.
Finney decía que el secreto de los avivamientos se encontraba en
la oración.
De 1851 a 1866 fue director del colegio de Oberlin. Escribió libros entre los cuales los más conocidos son:
"Autobiografía", "Discursos a los creyentes" y "Teología
sistemática".
El domingo 16 de Agosto de 1875 predicó su último sermón. No
asistió al culto de la noche, sin embargo al escuchar cantar a los
creyentes "Jesús, amante de mi alma, déjame volar a tu regazo",
salió de su casa y cantó con ellos. A media noche se despertó
sintiendo dolores punzantes en el pecho. Al amanecer, se durmió en
la tierra, para despertar en la gloria de los cielos, trece días
antes de cumplir los 83 años.
Nació en la rectoría de Epworth, Lincolnshire, el 17 de junio de
1703, decimoquinto hijo del clérigo Samuel Wesley y su madre
Susana, quienes tuvieron diecinueve hijos. A la edad de 5 años
escapa de un incendio que se produce en casa de padre y en donde
de igual forma Hetty su hermana se salva de morir quemada al caer
escombros de llamas sobre su cama. En una de sus publicaciones
posteriores del propio John, aparece el relato al pie del mismo se
aprecia la ilustración de una casa ardiendo y junto a ella la
siguiente inscripción: "No es éste un tizón arrebatado del
incendio" Zacarías 3:2. Desde muy pequeño en el hogar se Samuel
Wesley y su esposa, aprendieron el valor que tiene la observación
fiel de los cultos.
Después del espectacular salvamento de Juan del incendio, su
madre, profundamente convencida de que Dios tenía grandes planes
para su hijo, resolvió firmemente educarlo para servir y ser útil
en la obra de Cristo. La familia del pastor Samuel Wesley era muy
pobre, pero mediante la influencia del Duque de Duckingham,
consiguieron un lugar para Juan en la escuela de Londres. Estudió
en el colegio Charterhouse y en Christ Church, Universidad de
Oxford. En 1725 se ordenó diácono y tres años después pasó a
formar parte del clero de la Iglesia de Inglaterra. Fue coadjutor
de su padre hasta que en 1729 se trasladó a Oxford como miembro de
la junta directora del Lincoln College; comenzó a reconocer que el
corazón es la fuente de la religión verdadera y reservaba dos
horas cada día para quedarse a solas con Dios, se esforzaba para
levantarse diariamente a las cuatro de la mañana. Allí fundó con
su hermano Charles el Holy Club, en el que ingresó también George
Whitefield, futuro fundador del metodismo calvinista. Los miembros
del club debían cumplir con rigor y método los preceptos y
prácticas religiosas, entre ellas visitar prisiones y confortar a
los enfermos, por lo que sus compañeros de universidad los
llamaron “metodistas” de una forma irónica.
En 1735 viajó a Estados Unidos como misionero anglicano en donde
permaneció cerca de dos años. En el barco a Savannah, Georgia,
conoció a unos alemanes de Moravia cuya sencilla devoción
evangélica le impresionó. Durante su estancia en Georgia siguió
tratándolos y tradujo algunos de sus himnos al inglés. Excepto por
esta relación, su experiencia americana fue un fracaso. Su ritmo
de vida era levantarse a las cuatro de la mañana y se acostaba
después de las nueve. Las tres primeras horas del día las
dedicaba a la oración y al estudio de las Escrituras.
En 1738 volvió a Inglaterra y el 24 de mayo, mientras esperaba un
encuentro con los moravos en la calle Aldersgate, en Londres,
experimentó un despertar religioso que le convenció de que
cualquier persona podía alcanzar la salvación sólo con tener fe en
Jesucristo.
En marzo de 1739, George Whitefield, entonces famoso predicador en
Bristol, lo llamó para que unieran sus esfuerzos. A pesar de su
rechazo inicial a predicar fuera de las iglesias, la entusiasta
reacción de la audiencia tras el sermón que pronunció el 2 de
abril al aire libre lo convenció de que era la forma más efectiva
de llegar a las masas. En cualquier caso, pocos púlpitos estarían
abiertos para él, pues la Iglesia anglicana no aprobaba el
evangelismo.
Desde el mismo comienzo de su carrera evangélica, Wesley convocó
enormes muchedumbres. Su éxito se explica, en parte, debido a que
en aquel momento Inglaterra estaba preparada para su doctrina,
pues la Iglesia anglicana era incapaz de ofrecer la clase de fe
personal que la gente ansiaba. El énfasis de Wesley en la religión
personal y su seguridad de que todos eran aceptados como hijos de
Dios tuvo una tremenda repercusión popular.
El 1 de mayo de 1739 Wesley y un grupo de sus seguidores se
reunieron en Londres en un local de la calle West para crear la
primera congregación metodista. Dos organizaciones similares se
fundaron en Bristol ese mismo mes. A finales de 1739 la sociedad
londinense empezó a congregarse en un edificio llamado The Foundry
(La Fundición) que durante muchos años fue el cuartel general del
metodismo.
Al crecer el movimiento metodista se hizo acuciante la necesidad
de una organización más sólida. En 1742 las sociedades estaban
divididas en grupos dirigidos por un líder, lo que contribuyó en
gran medida al éxito del movimiento; estos líderes, muchos de los
cuales fueron designados por Wesley como predicadores laicos,
tuvieron gran importancia. En 1744 convocó la primera conferencia
de líderes metodistas, que desde entonces se celebraron cada año.
En 1751, a los 48 años, se casó con Mary Vazeille, una viuda con
cuatro hijos, pero el matrimonio fue un fracaso y ella lo
abandonó. Wesley no tuvo descendencia.
Organizador y predicador infatigable, viajó cerca de 8.000
kilómetros al año pronunciando cuatro o cinco sermones al día sin
dejar de fundar nuevas congregaciones. En 1740 se separó de los
moravos por desacuerdos doctrinales y rechazó la doctrina
calvinista de la predestinación, rompiendo así con Whitefield.
También se deshizo de muchos principios de la Iglesia anglicana,
como el de la sucesión apostólica (el mantenimiento de una misma
línea de sucesión episcopal iniciada con san Pedro), y, aunque
nunca expresó intención alguna de establecer el movimiento como
una nueva iglesia, sus actividades hicieron inevitable la
separación. En 1784 publicó una declaración en la que se
establecían las normas y las reglas que debían servir de guía a
las congregaciones metodistas y encargó a su ayudante, Thomas Coke,
un clérigo anglicano, la organización metodista en Estados Unidos,
otorgándole poderes para administrar los sacramentos. Aunque la
separación con la Iglesia anglicana no se produjo hasta después de
su muerte, estas ordenaciones implicaban un paso decisivo hacia la
ruptura.
Wesley se preocupó por el bienestar intelectual, económico y
físico de las masas. También escribió sobre diversos temas
históricos y religiosos y vendió sus libros muy baratos para que
hasta los pobres pudieran comprarlos, contribuyendo así a fomentar
los hábitos de lectura del público en general. Además de fundar
dispensarios médicos, ayudó a los que tenían deudas y a los que
querían establecer un negocio. Se opuso a la esclavitud y se
interesó por diversos movimientos de reforma social. Su influencia
en el pueblo inglés fue tal que se cree que el metodismo evitó una
revolución en Inglaterra en el siglo XIX.
Wesley reunió 23 colecciones de himnos, editó una revista mensual,
tradujo obras del griego, latín y hebreo, y editó con el título de
El modelo cristiano, el famoso devocionario medieval De Imitatione
Christi (La imitación de Cristo), atribuido al eclesiástico alemán
Tomás de Kempis. Su Diario (1735-1790) destaca por la exposición
franca de su evolución espiritual.
Durante los últimos años de su vida fue un hombre muy admirado; en
esta época la hostilidad de la Iglesia anglicana hacia el
metodismo desapareció en la práctica. Un pastor en ese tiempo,
predicaba un promedio de cien veces por año, pero el promedio de
Juan Wesley fue de 780 veces por año durante 54 años; Juan no solo
excedía en predicaciones a sus consiervos sino que además iba de
casa en casa exhortando y consolando a los creyentes cuyo promedio
era de 7 kilómetros por año para llegar a los lugares donde tenía
que predicar. Tenía características físicas cuya altura no
sobrepasaba un metro sesenta y seis centímetros y su peso era de
menos de 70 kilogramos. Murió el 2 de marzo de 1791, cuando casi
iba a cumplir los 88 años, dio fin a su carrera terrestre, durante
toda la noche no cesó de pronunciar palabras de adoración y
alabanzas, a las 10 de la mañana mientras los creyentes rodeaban
el lecho orando el dijo "Adiós"; fue enterrado en el cementerio de
City Road Chapel, en Londres. En la abadía de Westminster hay una
placa con su nombre, se calcula que diez mil personas desfilaron
frente a su ataúd para ver el rostro que tenía una sonrisa
celestial.
Nació en Gloucester en el año de 1714 en un taberna de bebidas
alcohólicas y antes de cumplir 3 años su padre falleció. Su madre
se casó nuevamente. En la pensión de su madre él hacia la limpieza
de los cuartos, lavaba la ropa y vendía bebidas en el bar. Por
extraño que parezca, a pesar de no ser aún salvo, Jorge se
interesaba grandemente en la lectura de las Escrituras, leyendo la
Biblia hasta altas horas de la noche y preparando sermones. En la
Escuela se le conocía como orador, su elocuencia era natural y
espontánea. Estudió en Pembroke College, Universidad de Oxford,
donde se costeó sus propios estudios, sirviendo como mesero en un
hotel. Durante sus días de estudiante universitario conoció a
John y Charles Wesley e ingresó en el Holy Club cuyos miembros
eran metodistas. En 1736 fue ordenado diácono de la Iglesia
anglicana y dos años después acompañó como misionero a los
hermanos Wesley a Savannah, Georgia, en Estados Unidos. Al poco
tiempo volvió a Inglaterra y se ordenó sacerdote, pero le fueron
vedados muchos púlpitos de la Iglesia anglicana por su forma poco
convencional de predicar y dirigir los oficios. Comenzó entonces
su predicación al aire libre y atrajo con su elocuencia enormes
muchedumbres. En 1739 volvió a América y participó con el clérigo
congregacionalista estadounidense Jonathan Edwards en la fundación
del movimiento evangelista que más tarde pasó a llamarse Gran
Despertar.
En 1741 siguió predicando en Inglaterra, y extendió su trabajo
evangélico a Escocia y Gales. En 1741 rompió con John Wesley por
sus diferencias respecto a la predestinación aunque siguieron
siendo amigos. Tras esta ruptura fue reconocido como cabeza de los
metodistas calvinistas.
Jorge Whitefield predicaba en forma tan vívida que parecía casi
sobrenatural, se dice que pronunció más de 18.000 sermones; la
forma que contaba sus escenas eran tan naturales que muchos de sus
oyentes reaccionaban con expresiones o gestos. Sin embargo, el
secreto de la gran cosecha de almas salvas no era su maravillosa
voz, ni su gran elocuencia. Tampoco se debía a que la gente
tuviese el corazón abierto para recibir el evangelio, porque ése
era un tiempo de gran decadencia espiritual entre los creyentes.
Tampoco fue porque le faltase oposición; repetidas veces
Whitefield predicó en los campos porque las iglesias le habían
cerrado las puertas. A veces ni los hoteles querían aceptarlo
como huésped. En Basingstoke fue agredido a palos. En
Staffordshire le tiraron terrones de tierra. En Moorfield
destruyeron la mesa que le servía de púlpito y le arrojaron la
basura de la feria. En Evesham las autoridades, antes de su
sermón, lo amenazaron con prenderlo si predicaba. En Exeter,
mientras predicada ante un auditorio de diez mil personas, fue
apedreado de tal modo que llegó a pensar que le había llegado su
hora y en otro lugar lo apedrearon nuevamente hasta dejarlo
cubierto de sangre; verdaderamente llevo en su cuerpo las marcas
de Jesús. Pero su gran secreto para obtener esos grandes
resultados de almas salvadas fue el amor a Jesús.
En 1744 volvió a las colonias de Norteamericana arrastró a
muchedumbres entusiastas. A su regreso a Inglaterra en 1748 se
convirtió en capellán de la lidereza religiosa Selina Hastings,
condesa de Huntington, que financió sus actividades evangélicas y
le permitió acceder a numerosos miembros de la nobleza británica.
A partir de 1751 predicó por toda Gran Bretaña e Irlanda y en
América. También encontró tiempo para recopilar un libro de himnos
que apareció en 1753. Atravesó el Atlántico tres veces, visitó
Escocia catorce veces, fue a Gales varias veces, estuvo en
Holanda, pasó cuatro meses en Portugal, en las Bermudas ganó
muchas almas para Cristo.
La extraordinaria influencia que ejerció durante su vida es
atribuible sobre todo a su habilidad oratoria. Sus obras reunidas
se publicaron después de su muerte (7 volúmenes, 1771-1772). Se
le considera como un gran predicador inglés y merecedor del título
de príncipe de los predicadores al aire libre donde predicó un
promedio de diez veces por semana durante un período de treinta y
cuatro años, la mayoría de las veces bajo el techo construido por
Dios que es el cielo y fundador de los metodistas calvinistas.
Después del sermón que predicó en Exeter, fue a Newburyport para
pasar la noche en la casa del pastor. A las dos de la mañana se
despertó, le faltaba la respiración y le dijo a su compañero sus
últimas palabras que pronunció en la tierra: "Me estoy muriendo".
Muere en el año de 1770 y en su entierro, las campanas de las
Iglesias en Newburyport doblaron y las banderas quedaron a media
asta. Ministros de todas partes vinieron a sus funerales y
millares de personas no consiguieron acercarse a la puerta de la
Iglesia debido a la inmensa multitud. Cumpliendo su petición fue
enterrado bajo el púlpito de la Iglesia.
Nació el 21 de septiembre de 1452, tercero de siete hijos de una
familia noble en Ferrara, Italia. Sus padres eran personas cultas
y mundanas, y gozaban de mucha influencia, su abuelo paterno era
un famoso médico de la corte del Duque de Ferrara, y los padres de
Jerónimo deseaban que su hijo llegase a ocupar el lugar de su
abuelo. En el colegio fue un alumno que se distinguió por su
aplicación.
Es muy probable que una desilusión con una joven florentina,
fuera la causa que lo hicieran abrazar la vida monástica.
En 1474 ingresó en la orden de los dominicos, en Bolonia. Después
de pasar 7 años en Bolonia, Fray Jerónimo fue para el convento de
San Marcos, en Florencia en donde vio con desilusión que el pueblo
florentino era tan depravado como cualquier otro lugar.
Hizo su primera aparición como predicador en 1482, en el priorato
de San Marcos, la casa dominica de Florencia. Sus sermones se
centraron cada vez más sobre el pecado de la sociedad, y atacó de
forma abierta la corrupción y a los partidarios aristocráticos de
los Medici.
En 1493 el papa Alejandro VI, que le nombró su primer vicario
general, aprobó su propuesta de reformar la orden dominica en
Toscana. Entonces sus sermones se hicieron políticos. En uno de
sus discursos, señaló con claridad la próxima llegada de los
franceses dirigidos por el rey Carlos VIII. Cuando esta predicción
se cumplió con la aparición de las fuerzas francesas invasoras en
1494, ayudó a recibir a Carlos en Florencia. Cuando los franceses
abandonaron la ciudad, se había creado una república de la que
fueron excluidos los Medici, y él se convirtió, aunque sin
funciones políticas, en su guía y espíritu animador.
Ni siquiera el papa Alejandro VI se vio libre de sus denuncias.
Éstas, junto con la atribución de un don sobrenatural de profecía
y su interpretación extravagante de las Sagradas Escrituras,
disgustaron a Roma; y en 1495 fue acusado de herejía. Al no
presentarse en Roma, se le prohibió predicar, y se revocó el
expediente mediante el cual la rama florentina de su orden
(dominica) obtuvo la independencia. Rechazó los intentos de
conciliación del papa con indignación, y de nuevo se le prohibió
predicar, aunque ignoró esta orden.
Mientras tanto, las dificultades comenzaron a intensificarse en su
patria. Las medidas de la nueva república resultaron
impracticables. El partido de los Medici, llamado de los
arrabbiati (en italiano, “enfurecido”), comenzó a recuperar
terreno, y se formó una conspiración para apoyarles. Se ejecutó a
cinco de los conspiradores, lo que sólo sirvió para acelerar la
reacción contra Savonarola, ya que más tarde fue acusado de ello.
En el punto crítico de la lucha, en 1497, llegó una condena de
excomunión de Roma. La declaró nula públicamente y se negó a
someterse a ella. Durante la epidemia de peste, a pesar de no
poder administrar los santos óleos por estar excomulgado, se
dedicó con entusiasmo a atender a los monjes enfermos.
Durante su corta influencia, el predicador fue amenazado;
excomulgado y en 1498, fue declarado culpable de herejía y
enseñanza sediciosa, y condenado a muerte. El 23 de mayo de 1498,
fue ejecutado (ahorcado) y luego su cuerpo fue quemado en la plaza
pública.
El Predicador y reformista italiano, cuyo intento entusiasta de
eliminar la corrupción terminó en martirio, se le recuerda como
uno que dejó en los márgenes de las páginas de su Biblia notas
escritas mientras meditaba en las Escrituras.
Conocía de memoria una gran parte de la Biblia y podía abrir el
libro y hallar al instante cualquier texto bíblico. Pasaba
noches enteras en oración; dentro de sus libros se encuentran "La
Humildad", "La Oración", "El Amor".
Nació en Eisleben, Alemania. Era una época oscura para la Iglesia
verdadera. Cerca de un millón de albigenses habían muerto en
Francia por orden del Papa. Su delito era tratar de vivir de
acuerdo a la Palabra de Dios. Juan Huss había muerto en la hoguera
en Bohemia suplicando por sus perseguidores. La misma suerte
correría Jerónimo de Praga, su discípulo, quien muere en las
llamas cantando himnos hasta su último suspiro. Juan Wessel,
notable predicador de Erfurt, muere en la cárcel por predicar que
la salvación se obtiene por gracia. Savonarola, predicador y fiel
siervo de Dios es reducido a cenizas en Italia por orden de la
Iglesia.
Martín Lutero nace de una familia pobre. El solía decir "mi padre,
mi abuelo y mi bisabuelo fueron verdaderos campesinos". Su padre
era minero, y su madre además de los quehaceres del hogar
acarreaba leña desde el bosque.
Su madre le enseño la religión católica tal como era observada en
aquellos tiempos. Su imagen de Dios era la de un Juez colérico
enfurecido con los hombres a quien era muy difícil de obedecer. El
castigo del infierno era tan real para él y tan terrible que
temblaba al pensar en ellos.
Su padre lo mandó a estudiar a Magdeburgo y después a Einsenach en
donde tuvo que pedir limosna para subsistir cantando canciones
como lo hacían la mayoría de los estudiantes. Su suerte cambió
cuando Doña Úrsula Cota lo recibe en su casa atraída por su
humildad y devoción. En su casa recibe el trato de hijo y esto le
ayuda para adelantar de manera significativa sus estudios. Doña
Úrsula dijo a la hora de su muerte que su hogar había sido
grandemente bendecido con la llegada de Lutero.
Un tiempo después su padre había prosperado algo, trabajando en la
fundición de cobre y había sido nombrado concejal de su ciudad. Su
padre tenía puestas las ilusiones en Martín deseando que estudiara
y se convirtiera en un abogado de renombre. Por esto lo envía a
Erfurt, en donde Martín a los 21 años obtiene el título de doctor
en filosofía.
Sin embargo, el alma de Lutero se encuentra muy intranquila e
incidentes que ocurren lo hacen pensar en su situación espiritual.
Durante sus estudios enferma gravemente y tiempo después recibe
dos golpes de espada en uno de sus viajes. Uno de sus amigos
íntimos de la universidad muere asesinado y entonces Lutero
exclama "¿Que haría yo si fuese llamado a la otra vida de una
manera tan repentina?". Esta situación culmina cuando en una
tormenta eléctrica durante un viaje, cae un rayo cerca de él y en
su terror hace un voto a Santa Ana para hacerse monje. Entonces
entra al convento de los agustinos a pesar de la protesta de sus
amigos de la universidad y la decepción de su padre.
A pesar de su continua búsqueda de la paz para su alma a través de
ayunos, sacrificios etc. No consigue lo que tanto anhela. Algunos
monjes le hacen ver que Dios no solo juzga sino perdona pero
Lutero no puede creer que Dios le puede perdonar puesto que el no
puede amar a Dios.
Se dedica a la lectura de la Biblia. Tiempo después es nombrado
sacerdote y obtiene el grado de bachiller en Biblia. A los
veinticinco años de edad es enviado a Wittenberg como maestro de
filosofía. Ya entonces destaca como notable predicador.
Un punto culminante de su vida es cuando se le envía a Roma. Su
corazón alegre al estar en la santa ciudad se entrega a efectuar
las peregrinaciones acostumbradas y visitar los lugares sagrados.
Sin embargo termina horrorizado al ver la corrupción generalizada
que se vivía en Roma.
Tiempo después obtiene el título de doctor en teología. Además
adelanta mucho en cuanto al reconocimiento de su capacidad y
devoción. Es entonces cuando halla la tan ansiada paz de su alma
al apropiarse de las palabras del apóstol Pablo: "Mas el justo por
la fe vivirá". Encuentra un gozo indescriptible y más decidido que
nunca se dedica a la enseñanza y predicación de las escrituras.
El mes de octubre de 1517 pega en la puerta de la iglesia de
Wittenberg las 95 tesis contra el valor de la indulgencias. En
este documento proclama que el hombre es salvado por Dios de
manera gratuita por la fe en su Hijo Jesucristo. A pesar de no
tener previsto que su proposición tendría mucho efecto, esta
inunda Europa y poco tiempo después hace temblar los cimientos de
Roma.
Al realizarse algunos debates con autoridades reconocidas de la
época como el doctor Juan Eck, se notó que la ideas que exponía
Lutero no eran simples diferencias de doctrinas sino que removían
los cimientos en los cuales se basaba la iglesia católica para
afirmar su derecho de gobernar las almas y cuerpos del mundo
entero. Además sacaban a la luz verdades tan importantes que
hacían la diferencia entre un cristiano y un pagano o apóstata..
Las consecuencias de esto sería el reconocimiento de la verdad
divina expresada en las escrituras.
Lutero fue excomulgado por el Papa León X y el emperador Carlos V
le impuso un edicto de pena de muerte el cual nunca llegó a
cumplirse por la protección de Dios y la ayuda de algunos amigos
como el elector Federico de Sajonia.
Escribió aproximadamente 180 libros. Tradujo la Biblia al alemán.
Y como predicador destacó notablemente. En Zwiekau predicó a un
auditorio de 25 mil personas.
Se casó con Catalina de Bora a quien amaba profundamente. Tuvo
tres hijos.
A los sesenta y dos años predicó su último sermón sobre el texto:
"Escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las
revelaste a los niños". Ese mismo día le escribió a su querida
esposa Catalina: "Echa tu carga sobre el Señor, y el te
sustentará. Amén."
Sus últimas palabras fueron: "voy a entregar mi espíritu". Luego
alabó a Dios en voz alta: "¡Oh, mi Padre Celestial! Dios mío,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, en quien creo, a quien prediqué
y a quien confesé, amé y alabé… Oh, mi querido Señor Jesucristo, a
ti encomiendo mi pobre alma. ¡Oh, mi Padre Celestial! En breve
tiempo tengo que abandonar este cuerpo, pero sé que permaneceré
eternamente contigo y ¡que nadie podrá arrebatarme de tus manos!"
Luego después de recitar tres veces Juan 3:16 dijo: "Padre, en tus
manos entrego mi espíritu, pues tu me rescataste, Dios fiel",
entonces cerró los ojos y durmió.
Fue sepultado en la iglesia de Wittenberg en donde había predicado
durante tantos años. Su amigo Felipe Melancton y el pastor
Bugenhagen, pronunciaron sendos discursos.
"Caminando por el desierto de este mundo, paré en un sitio donde
había una caverna; allí me acosté para descansar. Pronto me quedé
dormido y tuve un sueño. Vi a un hombre cubierto de andrajos, de
pie y dando la espalda a su habitación, que llevaba una pesada
carga sobre los hombros y en las manos un libro".
A pesar de que sus padres eran muy pobres, consiguieron que
aprendiera a leer y a escribir. El mismo se llamó "el principal de
los pecadores".
Se casó con una joven cuya familia entera eran cristianos
fervorosos. Bunyan era hojalatero y por lo tanto pobrísimo. Ella
no poseía ni un plato, ni una cuchara, solamente tenía dos libros:
"El camino al Cielo para el hombre sencillo" y "La práctica de la
piedad", obras que le dejó su padre al fallecer. Bunyan solo
encontró en los cultos la convicción de ir camino al infierno.
Había leído una obra de los "Ranters" y entonces cuenta que oró
fervorosamente: "Oh Señor, no sé juzgar entre el error y la
verdad. Señor, no me dejes solo en esto de aceptar o rechazar esta
doctrina ciegamente; si es de Dios, no me dejes despreciarla; si
es obra del diablo, no me dejes abrazarla"- y alabado sea Dios por
haberme guiado a clamar desconfiando de mi propia sabiduría, y por
haberme guardado del error de los "Ranters"-.
Bunyan cuenta por sí mismo lo siguiente:
"Durante el tiempo en que me sentí condenado a las penas eternas,
me admiraba de cómo los hombres se esforzaban por conseguir los
bienes terrenales, como si esperasen vivir aquí eternamente... Si
yo hubiese tenido la seguridad de la salvación de mi alma, cómo me
sentiría eternamente rico, aun cuando no tuviese para comer más
que frijoles".
"Busqué al Señor, orando y llorando, y desde el fondo de mi alma
clamé: 'Oh Señor, muéstrame, te ruego, que me amas con amor
eterno'. Entonces escuché repetidas mis palabras, como en un eco:
'Yo te amo con amor eterno'. Me acosté y, al despertarme al día
siguiente, la misma paz inundaba mi alma. El Señor me aseguró: 'Te
amé cuando vivías en pecado; te amé antes, te amo después y te
amaré siempre'.
"Cierta mañana, mientras yo oraba temblando porque pensaba que no
obtendría una palabra de Dios para consolarme, El me dio esta
frase: 'Te basta mi gracia'.
"Mi entendimiento se llenó de tanta claridad, como si el Señor
Jesús me hubiese estado mirando desde el cielo a través del tejado
de la casa y me hubiese dirigido esas palabras. Volví a mi casa
llorando, transportado de gozo, y humillado hasta el polvo".
"Sin embargo, cierto día, mientras caminaba por el campo, con mi
conciencia intranquila, repentinamente estas palabras se
apoderaron de mi alma: 'Tu justicia está en los cielos'. Con los
ojos del alma me pareció ver a Jesucristo sentado a la diestra de
Dios, que permanecía allí como mi justicia... Además vi que no es
mi buen corazón lo que mejora mi justicia, ni lo que tampoco la
perjudica; porque mi justicia es el propio Cristo, el mismo ayer,
hoy y para siempre. Entonces las cadenas cayeron de mis tobillos:
quedé libre de mis angustias y las tentaciones que me acechaban
perdieron su vigor; dejé de sentir temor por la severidad de Dios
y regresé a casa regocijándome con la gracia y el amor de Dios. No
encontré en la Biblia la frase: 'Tu justicia está en los cielos',
pero hallé: 'El cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría,
justificación, santificación y redención' (1 Corintios 1:30), y vi
que la otra frase era verdad".
"Mientras así meditaba, la siguiente porción de las Escrituras
penetró con poder en mi espíritu: 'Nos salvó, no por obras de
justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia'.
Así fui levantado a las alturas y me hallé en los brazos de la
gracia y de la misericordia. Antes temía a la muerte, pero después
clamé: 'Quiero morir'. La muerte se volvió para mí una cosa
deseable. No se vive verdaderamente antes de pasar a la otra vida.
¡Oh, pensaba yo, 'esta vida es apenas un sueño en comparación con
la otra!'.
Después de su conversión sintió un deseo grande de predicar el
evangelio a todos los hombres necesitados, pues había comprendido
el gran valor de los tesoros que Dios les ofrece a los hombres a
través de su gracia.
En su ministerio empezó a cosechar éxitos y sus problemas con el
enemigo de nuestras almas comenzaron, primero al atacarlo con la
tentación de la vanagloria y al no dar resultado estos ataques se
empezaron a esparcir rumores por todo el país de que Bunyan era un
hechicero, jesuita y contrabandista, y además que vivía con una
amante y tenía dos mujeres y que sus hijos eran ilegítimos.
A pesar de estos grandes ataques Bunyan no desistió de la
predicación del evangelio y la búsqueda de la salvación de los
hombres. Entonces inició el ataque más fuerte del maligno. Bunyan
fue acusado de no observar los reglamentos de la iglesia oficial.
Debido a esto las autoridades civiles de Inglaterra lo
sentenciaron a prisión perpetua, hasta que jurase que no volvería
a predicar nunca más.
Un año antes de caer preso Bunyan hizo su oración principal: "Fui
guiado a orar, a pedirle a Dios que me fortaleciese 'con todo
poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y
longanimidad, con gozo dando gracias al Padre'. Además fue llevado
a considerar seriamente el pasaje "Pero tuvimos en nosotros mismos
sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos,
sino en Dios que resucita a los muertos".
En la prisión se fortaleció en el poder de Dios de manera que
estaba dispuesto a sufrir cualquier castigo por la causa de
Cristo. Veía que con toda probabilidad que en cualquier momento
podía ser azotado o torturado en una picota. Temía el destierro,
que lo llevaría a ser separado de sus seres queridos; su esposa y
sus hijos. Especialmente sufría por la suerte que correría su
hijita ciega.
A pesar de todo meditaba en el horror del
castigo eterno que correrían aquellos que se negaran a glorificar
a Cristo y de su deber de dar testimonio de Cristo a pesar de
todo. Más pensaba en la gloria que Cristo prepara para aquellos
que con amor, fe y paciencia daban testimonio de El. Cuando le
ofrecían su libertad a cambio de que nunca volviera a predicar el
contestaba: "Si hoy saliese de la prisión, mañana comenzaría a
predicar, con la ayuda de Dios".
Bunyan pasó 12 años en la cárcel. Un cuáquero llamado Whitehead
consiguió que lo liberaran con la ayuda de Dios, Después de ser
liberado continuó predicando con gran éxito en varias ciudades de
Inglaterra. Continuó su ministerio fielmente hasta la edad de
sesenta años, cuando fue atacado de fiebre y murió.
Algunas de sus obras escritas son las siguientes: "Gracia
abundante para el principal de los pecadores", "Llamado al
ministerio", "La conducta del creyente", "La gloria del templo",
"El pecador de Jerusalén es salvo", "Las guerras de la ciudad de
Alma
humana", "Vida y muerte del hombre malo", "El sermón del
monte", "La higuera estéril", "Discursos sobre la oración", "El
viajero celestial", "Gemidos de un alma en el infierno", "La
justificación es imputada" y el libro más vendido después de la
Biblia "El peregrino".
Sección
2
En esta sección te presentamos breves biografías de
cristianos.
Carlos Finney John Wesley George Whitefield Savonarola Martín Lutero Juan Bunyan
Nota
El diccionario de la Lengua Española define
biografía como: "la historia de la vida de una persona."
Esperamos
que estas biografías te sean de inspiración para seguir
con fe en el caminar cristiano.