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Nota del Webmaster: Agradecemos
a nuestro amado hermano
Alfredo Baca
Aguirre
por la aportación de todo el material que a continuación les
presentamos.
¿Qué
tipo de alabanza demanda Dios?
Por Alfredo Baca Aguirre
Desde tiempos remotos hasta
nuestros días, el hombre ha disfrutado de una “invención”
meramente divina, esto es, la música.
La Biblia menciona en
Ezequiel 28:13 : “…los primores de tus tamboriles y flautas
estuvieron preparados para ti en el día de tu creación”.
Este pasaje se refiere a la
creación de Luzbel (el diablo), y debo mencionar que,
contrario a lo que alguna gente cree respecto a que la
música e instrumentos musicales celestes se crearon
exclusivamente para la creación de Luzbel, debo decir que es
incorrecto. La Palabra de Dios menciona que fueron
“preparados”, y no “creados” estos instrumentos para dicha
ocasión.
Con esto digo que mucho antes
de la creación de luzbel la música ya existía en el cielo.
Después de haber dejado en
claro lo anterior, veamos lo siguiente.
Cuando Luzbel se rebeló
contra Dios y fue lanzado al abismo, recibió el nombre de
Satanás (engañador), y desde ese entonces se ha dedicado
precisamente a engañar al mundo entero.
Una de las mejores armas de
Satanás es la música. Él sabe el poder que existe en el
llamado “lenguaje universal”, que por ser precisamente un
lenguaje, puede expresar el mensaje que él quiera con un
alcance inimaginable.
Satanás ha usado siempre esta
“herramienta”para estorbarle al hombre en su encuentro con
Dios, ya sea a través de fiestas, celebraciones, o en
propios salones de baile (o en “antros”, como se les llama
ahora), a través de movimientos sensuales que combinados con
la música pueden producir placer y deseo sexual.
También a través de la
música, Satanás envía mensajes de odio, rebeldía, desamor,
tristeza, sexo, inmoralidades de todo tipo, y por si fuera
poco, mensajes de suicidio y muerte.
A Satanás no le interesa el
tipo o género musical, sino el que su mensaje destructivo
sea escuchado en cada rincón del planeta y así controlar la
vida de cada ser humano.
Ahora bien, veamos la otra
parte, ya que no todo es negativo.
El libro de los Salmos nos
habla de cantos dedicados a Dios; ya sea de adoración, de
agradecimiento, de clamor en medio de angustia, de
arrepentimiento, e incluso, salmos proféticos sobre el
Mesías.
Sus autores tales como el rey
David, Salomón, Moisés, los hijos de Asaf, y otros más,
expresaban a través de estos cantos las maravillas y
misericordias del Dios Altísimo, y lo hacían a través de la
música e incluso con la danza.
El salmo 150 menciona:
“Alabad a Dios en su
santuario;
Alabadle en la magnificencia
de su firmamento.
Alabadle por sus proezas;
Alabadle conforme a la
muchedumbre de su grandeza.
Alabadle a son de bocina;
Alabadle con salterio y arpa.
Alabadle con pandero y danza;
Alabadle con cuerdas y
flautas.
Alabadle con címbalos
resonantes;
Alabadle con címbalos de
júbilo.
Todo lo que respira alabe a
Jehová”.
Como podemos ver, este salmo
habla de alabar a Dios con todo tipo de instrumento musical,
lo que nos lleva a pensar que es correcto alabar a Dios con
todo género musical.
Hasta aquí lo único que hemos
visto es que tanto el diablo como el hombre pueden usar la
música así como los distintos géneros musicales que
resulten. Ambos lo usan, pero con propósitos diferentes:
el diablo para destrucción, y el hombre, debe usarlo para
adorar a Dios.
Existe una corriente
evangélica que dice que “no debe alabarse a Dios con música,
ya que el nuevo testamento no hace mención ni de la música
ni de instrumentos musicales, que eso es mas bien en el
antiguo testamento”.
Lo curioso de esto es que en
el nuevo testamento Pablo dice: “hablando entre vosotros con
salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y
alabando al Señor en vuestros corazones”. (Efe. 5:19); y
algo similar en colosenses 3:16 que menciona: “…cantando
con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e
himnos y cánticos espirituales”.
Pablo nos dice que las
alabanzas que cantemos sean de corazón y con propósitos
espirituales, y que no cantemos solo por cantar, pero en
ningún momento prohíbe el uso de la música en la alabanza.
Jesús mencionó: “Dios es
Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es
necesario que adoren”. (Jn 4:24)
De este pasaje podemos
aprender que Dios lo que demanda es que le adoremos “en
espíritu y en verdad”; sea que cantemos con música o sin
ella, la actitud hacia Dios debe ser la misma.
La alabanza tiene tres
principios fundamentales:
1- Dar
gloria a Dios por sobre todas las cosas (Salmo 150)
2- Ser
de edificación propia y crecimiento espiritual (Col. 3:16)
3- Ser
de bendición para los oyentes (Hch. 16:25)
El primer punto debe hablar
de la fidelidad, el amor, la misericordia, la grandeza y el
poder de Dios, así como todo aquello que ponga a Dios en un
nivel por encima de todo lo existente.
El segundo punto debe hacer
ver que mi vida está siendo tocada por el Espíritu Santo a
través de la alabanza, es decir, que el Espíritu Santo me
edifique con cantos que me inviten a consagrar totalmente mi
vida a Dios.
Finalmente el tercer punto
debe hablar del amor de Cristo a aquellos que no le conocen
e invitarlos a entregar sus vidas a Él.
No necesariamente un canto
pueda incluir los tres puntos, pudiera darse uno o dos, pero
el propósito de toda alabanza es inalterable:
Engrandecer el reino de los
cielos
Así que mientras que la
alabanza que cante o ministre cumpla con lo anterior, sabrá
que Dios escuchará y aceptará como olor fragante dicha
alabanza, sin importar el instrumento musical ni género ni
ritmo, si es que lo hace con un corazón y un espíritu
dispuesto a engrandecer el nombre precioso de Dios.
DISCIPLINA ESPIRITUAL VERSUS DISCIPLINA CARNAL
Por Alfredo Baca Aguirre
En algunas congregaciones
cristianas es común escuchar que tal o cual hermano fue o ha
sido “disciplinado” por haber incurrido en alguna falta. Ya
sea que haya quebrantado una regla de la iglesia, o bien,
haya estado en desacuerdo con alguna disposición, dicho
hermano recibe una “disciplina”.
Pero, ¿qué significa
“disciplinar” a alguien? ¿Se aplica Bíblicamente o según el
criterio de alguien más?
Yo siempre he dicho que si la
Palabra de Dios es más cortante que espada de dos filos,
debemos tener mucho cuidado al usarla, ya que podemos
lastimarnos y lastimar a los demás.
Toda congregación debe tener
principios y normas necesarios para el buen desarrollo de
sus servicios y ministerios, para mantener el orden y
armonía entre sus miembros, y para guardar la reverencia a
Dios en cada culto que se celebre. Ahora bien, en algunas
ocasiones dichas normas o reglas se convierten en leyes que
ocupan un lugar igual o más importante que la propia Palabra
de Dios haciendo con esto un “fariseísmo colectivo” entre
gran parte de los miembros.
Desafortunadamente muchas
iglesias hoy en día presumen de una supuesta
“espiritualidad” basada en el cumplimiento de esas reglas y
principios que son leyes para ellas y creen que por
cumplirlas están bien delante de Dios. El problema comienza
cuando uno de sus miembros quebranta una de estas “leyes”,
ya que la “espiritualidad” de la iglesia (o del Pastor)
queda en entredicho, y por supuesto es motivo de
indignación.
El “pobre hermano” que no
pasó al altar a orar cuando fue la invitación, o que aplaude
durante el período de la alabanza, o que danza glorificando
a Dios, o no se viste de tal manera, o expresa su
descontento u opinión sobre algo que no está bien, o está en
desacuerdo con disposiciones de los líderes de la iglesia
que a veces (no siempre) son necedades, o que tiene
alguna relación de amistad con personas contrarias al
Pastor, y etc., etc., recibirá un “juicio” de parte de la
congregación y tendrá una disciplina que por lo general
consiste en lo siguiente:
1)
Se le deja de hablar
2)
Se le pide se vaya de la iglesia
3)
Se suspenden sus ministerios
4)
Se le tacha de rebelde
5)
Se considera un “infiltrado de Satanás”,
etc., etc.
Esto ocurre cuando una
persona cae de la “gracia” de la congregación (o de alguien
mas), pero, ¿qué ocurre cuando verdaderamente algún hermano
que no ha sido instruido correctamente, o bien, ya con
algunos años de cristiano incurre en uno o más pecados
poniendo realmente en peligro su propia vida espiritual y la
de toda la iglesia?
¿Qué dice la Biblia?
“Hijitos míos, estas cosas os
escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado,
abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.
(1ª Jn. 2:1)
En otro pasaje, el apóstol
Pablo mencionaba que si se tenia problemas con algún miembro
de la iglesia, el asunto se tratara en privado; si el
hermano no entendía, se hiciera con testigos la
amonestación; y si insistía en su mala conducta, se le
tuviera como “gentil y publicano”, es decir, alguien que
necesita de Cristo, ya que su conducta refleja la falta del
amor y de la Palabra de Dios en su vida.
Pablo nunca dijo: “Si no
entiende, ridiculízalo; o búrlate de él. Ya no le
prediques, ni ores, ni intercedas por él”. Pablo menciona
que no nos juntemos con aquél que “disfrazado de
oveja siendo un lobo” quiera destruir la obra de
Dios; pero con aquél que es débil, que le falta ser
discipulado, debemos restaurarle pronto.
Gálatas 6:1-2; 10 menciona:
“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta,
vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de
mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú
también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de
los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Así que, según
tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a
los de la familia de la fe”.
Basado en este pasaje, las
recomendaciones que me permito hacer para aplicar una
disciplina son las siguientes:
1) Orar
pidiendo sabiduría y discernimiento para enfrentar y
resolver el problema
2) Orar
por la persona en conflicto
3) Tratar
el asunto discretamente
4) Mostrar
amor y buena voluntad con la persona en conflicto
5) Hacerle
ver el pecado y sus consecuencias a quien lo haya cometido
6) Mostrar
una buena solución después de haber orado juntos
7) La
persona debe arrepentirse y confesar su pecado a Dios
8) No
consentir a la persona, pero tampoco rechazarla
9) Cuidar
que no se convierta en chisme la situación de la persona
afectada
Hermanos, restauremos a los
caídos, porque usted puede ser “juez” ahora, pero
mañana…quizás sea el acusado. Dios les bendiga.
La Anatomía de los Profetas
Falsos
Hemos de ser
celosos por la verdad del llamamiento profético. Si la
iglesia está edificada sobre el fundamento de apóstoles y
profetas entonces nunca podremos ser lo suficientemente
cautelosos al considerar este tema. ¿Nuestros profetas de
hoy en día hablan desde sus propios corazones y espíritus?
¿Vienen a hablarnos después de haber estado en el lugar
secreto con Dios? ¿Con qué formación proporcionada por
la relación con los miembros del Cuerpo de Cristo vienen
estos profetas? ¿Han sido nutridos apropiadamente, no
sólo por el don, sino por el carácter de hombres proféticos,
antes de que ministren a la iglesia? ¿Por cuánto tiempo y
qué tan bien han sido parte de una iglesia o comunidad
local? ¿Han sido ellos enviados por dicha comunidad en un
envío que es más que un asunto ceremonial? Es más, ¿sabemos
lo que es un envío verdadero?
Los profetas
falsos se validan entre sí, donde uno aplaude, afirma y
establece al otro, pero no es una comunidad lo que los ha
avalado. Ellos no han sido levantados por el trabajo
orgánico de Dios, como en la iglesia de Antioquía. En lugar
de eso, ellos rinden tributo y cumplidos a sus colegas,
especialmente a aquellos que están fluyendo en lo mismo.
¿Cuál es la fuente de su hablar profético? ¿De dónde
obtiene el profeta su palabra? Si no es del concilio de
Dios, el lugar secreto, ¿cómo puede ser la palabra de Dios?
Si los hombres afirman tener una comisión, tenemos el
derecho de pedir evidencia que lo confirme.
En Jeremías
capítulo 23, Dios nos brinda una poderosa declaración acerca
de los profetas verdaderos y los falsos. Es una cosa el
tener una acusación contra Israel, pero cuando se comienza a
acusar a los profetas de Israel, lo mejor y lo más
noble, entonces debe de tratarse de un símbolo de la baja
condición de la nación antes de su juicio.
“Porque tanto el
profeta como el sacerdote son impíos; aun en mi casa hallé
su maldad,” dice Jehová
(v.11).
Es notable cómo
este asunto de servirse recíprocamente se manifiesta en los
líderes de movimientos, comunidades o iglesias locales y los
profetas falsos, y cómo están a gusto uno con el otro y cómo
se afirman entre sí. La gente tiene una aprobación no
declarada para con sus ministros: “Ustedes nos presentan un
mensaje bíblico. Nosotros pagamos las cuentas y tendremos
un servicio el domingo que mantendrá nuestras vidas libres
de cualquier clase de demanda que verdaderamente
toque nuestros más importantes intereses y tesoros. No
deseamos un mensaje que vaya a confrontar aquello en lo que
nuestro corazón realmente está.” Como es el
sacerdote, así es el pueblo. Como es el pastor o el
predicador, así es la congregación. En esa clase de
situaciones debemos ser proféticos—¡y muy probablemente
apedreados!
“Por tanto, su
camino será como resbaladeros en oscuridad; serán
empujados, y caerán en él; porque yo traeré mal sobre ellos
en el año de su castigo,” dice Jehová
(v.12).
Eso implica que no
hay un juicio inmediato, sino un tiempo señalado en el cual
Dios juzga a aquellos que profanan su casa—incluso a
aquellos que originalmente tuvieron llamamientos auténticos
y santos. Bien pudiera ser esa la razón por la cual el
Señor sigue permitiendo que continúe aquello que es llamado
profético y que es tan popular, pero para ellos, así como
para los sacerdotes y profetas de antaño, habrá un año de
visitación o un tiempo cuando Dios les ponga un alto.
En los profetas de
Samaria he visto desatinos; profetizaban en nombre de Baal,
e hicieron errar a mi pueblo de Israel
(v.13).
Hay una
consecuencia para el ministerio profético falso. Afectará a
la nación entera y por lo tanto a la iglesia entera si se
sigue el mismo principio.
Y en los profetas
de Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y
andaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malos,
para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron
todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra
(v. 14).
Su perspectiva de
la verdad y de Dios está corrompida por su forma de vida
sensual e impía. Caminar en mentiras y cometer adulterio
van de la mano. Si vas a cometer adulterio, entonces hay
una forma en la cual debes de justificarte internamente, y
eso es solamente posible a expensas de la verdad de Dios.
También en el hecho de que fortalece las manos de los
hacedores de maldad. No hay nada en su proclamación que
cause arrepentimiento, sino una condonación para aquellos
que están en un lugar de oposición contra Dios. Se trata de
algo como con los jueces hoy en día que no pueden enunciar
una sentencia contra los transgresores. No pueden traer la
severidad de la ley contra el delincuente, porque su propia
vida es en sí una trasgresión.
Por tanto, así ha
dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He
aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de
hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la
hipocresía sobre toda la tierra. Así ha dicho Jehová de los
ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os
profetizan…
(vs. 15-16a).
¡Nótese que Dios
todavía los llama profetas! La razón es que los dones y
llamamientos de Dios son irrevocables. Ellos todavía
retienen su título
oficial, pero lo
que están llevando a cabo bajo ese título es una abominación
a los ojos de Dios. No hay algo más profano que lo sagrado
que no es auténticamente sagrado. Cuando tomamos la frase
“Así dice el Señor” y la empleamos meramente como un
artificio para ganarse la atención de nuestra audiencia,
estamos profanando lo sagrado. Si lo hacemos así, ¿qué
podemos esperar? Si no somos semejantes a un pueblo de
sacerdotes que enseña la diferencia entre lo santo y lo
profano, ¿qué esperanza tiene el mundo?
Os alimentan con
vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de
la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me
irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda
tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal
sobre vosotros
(vs. 16b-17).
Ésta debe de ser
la quintaesencia de lo que es un profeta falso, poniéndole
nombre, el dar una falsa seguridad de paz que no tiene en
cuenta la verdad de las condiciones que deben de
enfrentarse. Es una indisposición a traer una palabra
dura. Las cosas que se profetizan son normalmente
aduladoras y suaves para la carne, en lugar de ser
amenazantes o llamar a una confrontación o reto.
Históricamente, los profetas falsos han hablado de paz
cuando no hay paz. ‘No nos sobrevendrá calamidad alguna’
es desgraciadamente la clase de declaración profética
que se hace todos los días, especialmente en Israel. Estos
hombres están dando un consuelo engañoso a aquellos que no
están correctamente alineados con Dios. Humanamente
hablando, no veríamos a estas personas como quienes
desprecian a Dios. Dios los ve, sin embargo, como quienes
le desprecian a Él, y nosotros necesitamos ver las
cosas como Dios las ve. Los profetas falsos traen consigo
una palabra de aliento y ánimo para aquellos que están
presentemente fuera de una relación correcta con Dios
y les dan la garantía de que su relación con Dios está en
orden.
Porque ¿quién
estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra?
¿Quién estuvo atento a su palabra y la oyó?
(v. 18).
Aquí está el verso
clave. Cualquier cosa en Dios, en el último análisis, se
trata de un asunto de relación. Él nunca otorgará nada
independientemente de la relación. Cuando Dios llamó a
Moisés al monte para recibir las tablas de la ley para que
las enseñara, Moisés tuvo primeramente que subir y estar
allí. ¿Cómo es que los que no hemos estado en el concilio
de Dios y escuchado Su palabra nos atrevemos a decir, “Así
dice el Señor”? Creo que es imposible par un ministro dado
a buscar su propio beneficio y a ganarse a su audiencia por
encima de todo lo demás, pueda siquiera estar en ese
lugar. Para poder estar en el concilio de Dios, se requiere
de humildad verdadera, de quebrantamiento verdadero, de
dependencia ulterior hacia el Señor, de capacidad genuina
para esperar y de separación del interés propio, fama,
fortuna y reconocimiento. Hombres abandonados a esas cosas
no
pueden
estar en el concilio del Señor, ¡y aún así son los primeros
saltar y decir, “Así dice el Señor!”
La característica
predominante de los ministros hoy en día es su inclinación a
separar el ministerio de la relación. Hemos hecho del
ministerio una cosa en sí misma. Hablamos de adorar al
Señor, pero de alguna forma hacemos solo una actuación. La
relación no es la clave solamente para el otorgamiento de
dones o para recibir las tablas de la ley, sino también para
obtener la habilidad de enseñar esa ley correctamente. Una
vez que se secciona la relación del ministerio, se está
maniobrando sobre terreno sumamente peligroso. El
ministerio fluye de la vida y la vida fluye de la relación,
y si rompemos esa conexión e independizamos el ministerio de
ella, entonces tendremos un ministerio que Dios no
reconoce, honra o emplea.
Porque ¿quién
estuvo en el secreto (concilio) de Jehová…?
Esta frase implica
una cercanía a Dios. ¿Cómo es que, entonces, estos profetas
quienes hablaban tan pródigamente a la nación con gran
influencia guiándola al mal, no estaban en ese lugar?
¿Por qué no obtuvieron la palabra de Dios en su secreto
(concilio) y en Su presencia? ¡El que haya un pequeño
momento de titubeo para contestar esta pregunta dice
muchísimo acerca de nosotros! Ellos eran adúlteros y
caminaban en mentiras, y por tanto, ¿cómo podrían estar
en el concilio de Dios? Éste Dios es santo y no
es posible acercarse a esa presencia en esa
condición. Ni siquiera hay deseos de acercarse a ese
lugar en esa condición. Esa es la razón por la que
obtenemos nuestras palabras de otros o inclusive de dentro
de nuestras propias cabezas. Pararse delante de Dios
requiere de santificación. Requiere algo de nuestra propia
condición que permita esa clase de relación íntima.
Es estando
en el consejo de Dios y estando en la presencia de
Dios que la palabra puede venir, pero el hacer de la palabra
y su obtención la razón y la condición para entrar en esa
presencia, ya hemos salido de la tierra santa. Se trata de
un acercamiento en un espíritu utilitario y no en el
espíritu de devoción a Dios por lo que Él es. ¡A
Moisés se le dijo que subiera al monte y que permaneciera
ahí, no por el beneficio de lo que obtendría por el
hecho de subir, aún tratándose de beneficio ministerial,
sino simplemente por que Dios es Dios! Él es el Creador y
nosotros su creación. Se requiere que estemos ahí, y
si no hay palabra, entonces no hay palabra. Si acudimos
buscando una palabra en ese sentir utilitario que tenemos,
entonces ya no es tierra santa. Se trata del espíritu del
mundo y su premisa no escrita de que uno debe de hacer
esto para obtener aquello. Sencillamente no
conocemos qué significa ‘hacer’ o ‘estar’ por amor a Él
solamente. Si nunca hemos llegado primeramente al lugar
donde Dios está, ¿cómo podremos salirles con eso a los demás
hombres? Por
tanto, existe un
desvarío en todo lo que hacemos y decimos que no tiene
origen en la presencia de Dios, a donde no puede entrarse en
el espíritu utilitario.
La búsqueda de
Dios es algo extraordinariamente difícil de llevar a cabo y
pocos son los que tienen la iniciativa. Se trata de un
sufrimiento, y de hecho, si hemos de ser rudamente honestos,
es la muerte. Vivir en la tierra, en la carne, en el tiempo
y en el mundo, y tener compañerismo y comunión con Dios es
un logro inigualable. Si puedes alcanzarlo, entonces
mantenlo, pues no querrás tener que volver a comenzar desde
cero. Estamos hablando de algo crítico. ¿Qué diremos
entonces de ese gran número de profetas que se han levantado
en un período tan corto en años recientes? ¿Están hablando
lo que escucharon en el Secreto de Dios? El juicio de parte
de Dios para los que fracasan en obtener Su palabra en el
lugar indicado es severo:
He aquí que la
tempestad de Jehová saldrá con furor; y la tempestad que
está preparada caerá sobre la cabeza de los malos
(v. 19).
La palabra ‘malos’
(más correctamente ‘perversos’) se usa casi exclusivamente
para referirse a aquellos quienes deberían de conocer
mejor. Se trata de quienes profesan conocer a Dios y que
debieran conocer a Dios y aún así, intencionalmente, actúan
incorrectamente. Eso es maldad.
No se apartará el
furor de Jehová hasta que lo haya hecho, y hasta que haya
cumplido los pensamientos de su corazón; en los postreros
días lo entenderéis cumplidamente
(v. 20).
Nótese que el
juicio es demorado. No es inmediato, pero sobrevendrá luego
a causa de aquello que constituye una ofensa para Dios
ahora, poniéndole nombre, las concesiones de Sus profetas y
la manera en la que ello ha afectado a la nación.
No envié yo
aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas
ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi
secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo
habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus
obras
(vs. 21-22).
Es posible
saber cuándo la palabra viene del secreto de Dios por
sus efectos salutíferos. Afectará a la nación o la
comunidad para que se vuelva a Dios, en lugar de hacer que
se alejen de Él, y hará que dejen sus malos caminos y
obras. Hablando en términos generales, cuando los hombres
invocan la frase, “Así ha dicho el Señor,” es casi un
testimonio del hecho de que el Señor no ha dicho nada.
Si Él ha dicho, entonces no tenemos que ornamentar la
declaración para hacerla legítima. La declaración misma
vibrará con la verdad de Dios y el sentir de Dios. ¿Es una
declaración
avivada por Dios
de un tipo original que necesitamos escuchar en el lugar de
crisis en el que estamos, o es alguna clase de ornamentación
para darle una aprobación carismática a nuestras reuniones?
¡Si es lo segundo, tendrá el efecto de abaratar la
integridad de aquello que es profético y lo convertirá en
una cosa trivial y grosera que cualquiera puede y ofrece a
voluntad!
Cuando los
profetas de Israel dijeron, “Así dice el Señor,” entonces
sabemos que lo que sigue a continuación será un juicio
terrible, donde Dios confirma las palabras usadas para
comunicarlo, porque son palabras de un juicio ulterior. Por
lo tanto, debe de quedar claro desde el principio del
mensaje que el profeta no está hablando de sí mismo. Hemos
heredado la profecía escrita, como aquella que afectó la
historia de Israel. Pero tratándose de profecía hablada
contemporánea, necesitamos discernir si es en efecto el
Señor quien está hablando, y la marca de agua para verificar
su autenticidad no es que nos la presenten etiquetada, sino
su unción y autoridad.
El llamamiento al
profeta es el llamamiento a la Cruz. Es una forma
frecuente, si no es que continua, del más tremendo y
exquisito sufrimiento. ¿Es posible decir, “Así dice el
Señor” sin articular esas palabras o sin hacer que estén
implícitas en nuestra declaración, a menos que nuestras
palabras vengan a través de la Cruz? Es a través de una
muerte. No es nuestra propia palabra, sino la Suya, la cual
solamente puede provenir de un lugar en el que la Cruz sea
el epicentro. Eso era verdad para los profetas antes del
advenimiento de la Cruz. Elías precedió la Cruz
históricamente, pero conocía la muerte inherente a ella
cuando dijo, “…no habrá lluvia ni rocío en estos años,
sino por mi palabra.” Jesús conoció la Cruz antes de
pender de ella. La Cruz solamente ejemplificó e hizo
visible aquello a lo cual Su vida estuvo siempre sumisa.
¿Se ocultará
alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no vea? ¿No
lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra? Yo he oído lo
que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi
nombre, diciendo: Soñé, soñé
(vs. 24-25).
El corazón de la
ofensa que constituye ser falso delante de Dios es que todo
ello toma lugar como si Él no estuviera viendo, ni
entendiera, ni se enterara de lo que se está haciendo. Es
una presunción enorme, la cual Dios nota. De hecho, se
trata de una completa ausencia del temor de Dios o de la
reverencia a Dios como Dios. ¡Aquellos que lo hacen
realmente creen que están escuchando de Dios y que lo que
están comunicando es el secreto de Dios! Han llegado
a tal engaño, que están persuadidos de ello y de que cuando
dicen, “Así ha dicho el Señor,” es por cierto Dios quien
habla. Podemos llegar a esa condición a través de una
erosión gradual, un poquito cada vez, tal sutilmente que no
se posible notarlo, de tal forma que cuando el proceso
concluye, no solamente se es falso, sino que se piensa
que se es
genuino. Se requiere de vigilancia continua sobre los
asuntos del corazón para que el engaño no culmine su obra,
en donde el hombre engañado piensa que está en lo correcto
mientras guía a muchos a la perdición. Esta es la razón por
la cual Dios nos insta a exhortarnos los unos a los otros
diariamente mientras todavía hay tiempo, porque mañana será
demasiado tarde.
…hacen que mi
pueblo se olvide de mi nombre con sus sueños que cada uno
cuenta a su compañero…
(v. 27a).
En otras palabras,
se comunica un sentir de Dios que no es de Dios, y hace que
aquellos que lo escuchan piensen que es Dios porque viene
etiquetado con el nombre de Jesús. Las cosas proféticas
falsas y las cosas que son engañosas afectarán la manera en
la que la gente percibe y entiende a Dios, especialmente
cuando éstas los confirman en su superficialidad. Dios no
puede sino sufrir pérdida. Profetizan “en el nombre del
Señor,” pero ya que es falso, el efecto es que la gente
“olvide Su nombre,” les hace perder el sentir de Dios como
Dios, de lo que Él es majestuosamente en Él mismo.
Podemos saber si
la palabra es de Dios cuando ésta es como la que se expresa
en el verso 29:
¿No es mi palabra
como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la
piedra?
En otras palabras,
“Mi palabra irrumpe hasta lo profundo; derrumba y
consume.” Si quieres distinguir entre la palabra profética
que viene de Dios y entre la palabra profética de los
hombres, salida de su propia mente e imaginación, y que es
falsa, aquí está la diferencia: La palabra de Dios es como
fuego. Su palabra consume y es como un martillo que hace
pedazos la roca. Es devastadora y tiene un efecto que
contiene el poder para romper y quemar hasta lo profundo.
Nunca será la jalea inocua que nos confirma en el lugar
donde estamos, especialmente cuando nuestra vida es sucia y
débil. Su palabra ha de abrasar el corazón, revelando su
verdadera condición, y no la que nosotros pensamos que
tiene.
Toda palabra
genuina hace una demanda, y si no respondemos, significa que
no hemos escuchado realmente. “Si oyereis hoy Su voz, no
endurezcáis vuestros corazones (He. 4:7b).” Si hemos
escuchado, debe de haber una respuesta de nuestra parte. No
responder es endurecerse. No existe tal cosa como
neutralidad. Cuando la palabra de Dios es la palabra
de Dios tendrá consecuencias para bien o para mal. Jamás
debemos ignorarla o permitirla pasar y asentir con la cabeza
diciendo, “Sí, eso fue una palabra buena e interesante.
Hasta me gustó.” Demandará y obtendrá algo de nosotros o
nos endurecerá, y esa es la razón por la cual encontramos
tanta gente endurecida, y es entonces cuando Dios llegará al
extremo de usar un clamor
profético, el cual
tiene que ser como un martillo golpeando contra la roca,
rompiendo hasta que haya arrepentimiento y liberación.
Por tanto, he aquí
que yo estoy contra los profetas, dice Jehová, que hurtan
mis palabras cada uno de su más cercano. Dice Jehová: He
aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus
lenguas y dicen: Él ha dicho. He aquí, dice Jehová, yo
estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los
cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con
sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún
provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová
(vs. 30-32).
Existe cierta
atmósfera casual que prevalece en las conferencias y
sesiones donde hombres que no han sido enviados por Dios,
han tenido la oportunidad de hablar como si hubieran sido
enviados de Dios. Lo triste es que grandes cantidades de
cristianos en el mundo jamás han escuchado una palabra
profética genuina hablada en la autoridad de Dios, y todo lo
que han escuchado lo suponen como la norma. No tienen
plataforma para hacer una comparación. Sin embargo,
escuchar tan solo una vez esa palabra, es ser
arruinado para siempre por cualquier cosa que sea menos que
ella. Por tanto, hay una gran necesidad de que esa
palabra y esa autoridad lleguen a la tierra, de tal
forma que la iglesia pueda ser “arruinada” y que sus
miembros sean candidatos para la verdad. Se trata de la
palabra que se ha convertido en un “evento.”
Los profetas
falsos roban las palabras de Dios los unos de los otros, y a
menudo hablan idénticamente. Si analizamos los últimos
treinta y cinco años, ¿no ha habido una sucesión de
novedades, modas y panaceas a las que nos apegamos? Hay una
manera en la que uno puede hacer un análisis alzando el
índice y diciendo: “¿En qué dirección está soplando el
viento? ¿Qué es lo corriente? ¿Qué es popular en éste
momento? Sé que si hablo acerca de la fe, a la gente le va
a encantar; o de oración o de alabanza o del crecimiento de
la iglesia, o de evangelismo.” Parece que tenemos la
tendencia de pasar por períodos en donde ciertos temas han
alcanzado un lugar de popularidad, y uno simplemente se
adapta; entonces tomamos lo que otros están diciendo, y
luego uno comienza a decirlo. Es mucho más fácil
escuchar la palabra de otros hombres y repetirla, sabiendo
que ésta ha sido aceptada y aprobada. Necesitamos escuchar
desesperadamente del corazón de Dios; y el único que puede
comunicárnoslo es aquel que está en estrecho contacto con
Su corazón a través de comunión consistente. Hay una
puerta de muerte a la reputación, nombre y aceptación, y es
la misma que nos lleva al lugar del secreto de Dios; pero
es solamente en ese lugar que la palabra de Dios será
otorgada—y en ningún otro lado.
Nota:
Si desea comunicarse con el hermano
Alfredo, hágalo a través de su
correo electrónico.
baca7321@yahoo.com.mx

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