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La Deidad
de Cristo
La cuestión de la divinidad de Cristo ha sido el continuo
caballo de batalla en la historia del cristianismo. En las
Escrituras aparecen ya los primeros intentos de negarla
durante el período neotestamentario, y raro ha sido el siglo
desde entonces en que no haya surgido un movimiento que, de
una u otra manera, no haya cuestionado la plena divinidad de
Cristo. Desde los ebionitas a los Testigos de Jehová pasando
por los arrianos o los socinianos, los grupos sostenedores de
esta tesis se cuentan por docenas.
Aunque algunas sectas, como los mormones o los adventistas, se
adhieren formalmente a la doctrina de la divinidad de Cristo
[Que esta adhesión es sólo formal queda de manifiesto cuando
descubrimos que los adventistas afirman que Cristo era el
arcángel Miguel (Questions of doctrine, pp.71-83), y
que los mormones sostienen que los hombres salvados se
convierten en dioses (Doctrinas y convenios, 132:37), y
que Jesús fue el hijo de Adán, el único Dios con el que
tenemos que tratar los habitantes de este planeta (Diary of
Hosea Stout, 9 de abril de 1852, vol. 2, p. 435)], lo
cierto es que la mayoría de ellas la niega de una manera u
otra. Tal es el caso de los mooníes, los Testigos de Jehová o
los Niños de Dios. En este capítulo trataremos de examinar las
objeciones tomadas de la Biblia que presentan contra esta
doctrina, la enseñanza bíblica al respecto, algunos ejemplos
del pensamiento rabínico sobre la divinidad del mesías y la
opinión de los primeros cristianos.
1. Las objeciones contra la divinidad de Cristo
Históricamente la pobreza de los argumentos aducidos contra la
divinidad de Cristo es tan considerable, que podemos decir que
los consignados a continuación constituyen la práctica
totalidad. Como tendremos ocasión de ver, ninguna de las citas
manejadas por las sectas vulnera en absoluto la enseñanza
bíblica de la Trinidad y, en su mayor parte, arrancan de una
falta de conocimiento preciso acerca del contenido de ese
dogma. Pasemos ahora a los textos:
a) Marcos 13,32, o Mateo 24,36.
La interpretación de los antitrinitarios pretende que en este
pasaje se demuestra tajantemente que Cristo no era Dios,
puesto que no era omnisciente. Se incurre con esto en un error
que veremos repetido en varias ocasiones: la incapacidad de
distinguir entre la naturaleza humana y la naturaleza divina
de Jesús. Es obvio que la primera era, como humana, limitada:
Jesús se cansaba, tenía sed, padecía el dolor, su conocimiento
era limitado, etc. Ahora bien, como Dios, era omnisciente.
Veamos algunos ejemplos de la Escritura: "Ahora sabemos que
sabes todas las cosas y no necesitas que nadie te interrogue.
En esto creemos que salimos de Dios" (Jn 16,30) (VNM). "De
modo que le dijo: Señor, tú sabes todas las cosas" (Jn 21,17)
(VNM). "... Cristo. Cuidadosamente ocultados en él están todos
los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Col 2,3). Ni
para Juan ni para el autor de la carta a los Colosenses, Jesús
era un personaje privado de omnisciencia. Todo lo contrario:
sabía todo y en él estaban, sin excepción, todos los tesoros
de la sabiduría y del conocimiento.
b) Juan 14, 28.
La interpretación sectaria de este pasaje adolece también de
un desconocimiento de fondo del dogma trinitaria. Insistimos
una vez más en que la persona del Hijo, la segunda de la
Trinidad, tiene una naturaleza humana y otra divina. La
humana, lógicamente, es inferior a la divina del Padre; pero
ambas personas divinas, la del Padre y la del Hijo, son
iguales. Es precisamente por eso por lo que el evangelio de
Juan recoge la información de que los judíos del tiempo de
Jesús deseaban matarle, porque se hacía igual a Dios: "A causa
de esto realmente los judíos procuraban con más empeño
matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que
también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a
Dios" (Jn 5,18-19) (VNM).
c) Apocalipsis 3,14.
La interpretación antitrinitaria de este pasaje (uno de los
más utilizados por los arrianos en su día) pretende que aquí
Cristo es presentado como el "primer ser creado". Lo cierto es
que tal afirmación sólo demuestra una ignorancia absoluta del
sentido del término arjé (traducido aquí como "principio"). En
calidad de título, como aparece aquí, la palabra arjé tiene en
multitud de ocasiones el significado de "príncipe" o
"principado". En tal sentido aparece, por ejemplo, en Rom
8,38; Ef 1,21; 3,10; 6,12; Col 1,16; 2,10; Tit 3,1, etc).
Ahora bien, en el libro de Apocalipsis, arjé es un título que
se aplica única y exclusivamente a Dios; v.gr., Ap 21,6, en su
calidad de fuente (principio) de todo. Por tanto, el pasaje no
dice que Cristo fue el primer ser creado, sino que fue la
fuente, el origen, el principio de que emanó la creación
divina; es decir, que es el mismo creador, como tendremos
ocasión de ver en el apartado que sobre ese tema hay en este
capítulo.
d) Colosenses 1,15.
De nuevo nos hallamos ante una interpretación errónea de un
texto en base a la ignorancia terminológica de las sectas.
Éstas interpretan la palabra "primogénito" en el sentido de
"primer creado"; Cristo, pues, sería una simple criatura.
Ahora bien este análisis del pasaje es erróneo por las
siguientes razones:
1a. Primogénito (protótokos en griego) no es lo mismo que
primer creado (protiktos en griego). Si realmente Pablo
hubiera deseado expresar que Cristo era un ser creado, hubiera
empleado el verbo "crear" lo que no hizo.
2a. El término "primogénito" no equivale en lengua hebrea
tanto al primero en nacer como al que posee ciertos derechos
de gobierno, herencia o realeza. Así la Biblia contiene
diversos ejemplos de "primogénitos" que no fueron los
primeros. Así, en Sal 89,27 (VNM) se anuncia que David sería
nombrado "primogénito". David no lo era familiarmente (de
hecho sabemos que era el menor de su familia), ni tampoco fue
el primer rey de Israel (que fue Saúl), pero sí iba a contar
con una supremacía, con una "primogenitura". Otro ejemplo de
la palabra "primogénito" utilizada en ese sentido se halla en
Jer 31,9, donde se denomina a Efraín como "primogénito". Ahora
bien, si leemos el relato de Gén 48,13-14, vemos que realmente
Efraín era el menor y Manasés era el primogénito. Un ejemplo
más de este empleo de la palabra "primogénito" lo hallamos en
Éx 4,22, donde se aplica tal título a Israel. Lógicamente, no
se pretende señalar aquí que Israel fue la primera nación
creada (lo que no sería verdad), sino que Israel gozaba de una
primacía a los ojos de Dios. Por lo tanto, Pablo no está aquí
diciendo que Cristo es un ser creado, sino que tiene la total
supremacía sobre la creación; en otras palabras, que es el
mismo creador.
3a. El contexto indica que Pablo considera a Cristo no un ser
creado, sino el mismo creador: De hecho esto es tan claro, que
la VNM ha falseado el original griego, incluyendo palabras
entre corchetes para ocultar esta revelación. Dice así, por
citar un ejemplo, La Santa Biblia, de Ediciones
Paulinas: "Porque por él mismo (Cristo) fueron creadas todas
las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible
y lo visible, tanto los tronos como las dominaciones, los
principados como las potestades; absolutamente todo fue creado
por él y para él; y él mismo existe antes que todas las cosas
y todas subsisten en él" (Col 1,16-17). Este fragmento del
himno cristológico del capítulo primero de Colosenses no puede
estar más claro: Cristo es no un ser creado, como pretenden
las sectas, sino el creador de todo. Por eso existe antes de
todo lo creado, ya que si él hubiera sido una creación no
hubiera podido tener vida antes de toda la creación, sino sólo
de la parte posterior a él mismo. Como era de esperar, la VNM
falsifica este texto para amoldarlo a su torcida teología y
traduce (?) así: "Porque por medio de él todas las (otras)
cosas fueron creadas... Todas las (otras) cosas han sido
creadas mediante él y para él. También él es antes de todas
las (otras) cosas y por medio de él se hizo que todas las
(otras) cosas existieran". No puede ser mayor la diferencia
entre el texto griego original y la VNM: Cristo ya no es el
creador ("por él mismo"), sino un instrumento de la creación
("por medio de él"). Tampoco es ya el creador anterior a todo
lo creado, sino un ser creado anterior a "todas las otras
cosas creadas". El hecho de añadir palabras en el texto para
cambiar radicalmente el significado que quiso darle el autor
de la carta a los Colosenses es algo que no parece haber
pesado en la conciencia de la Wachtower y que la mayoría de
sus adeptos ignoran. Pero ¿qué amor puede tener la Wachtower a
la Biblia cuando no sólo no busca honestamente su enseñanza,
sino que además tergiversa una traducción para dar base a sus
doctrinas?
e) Proverbios 8,22.
Dice así la VNM: "Jehová mismo me produjo como el principio de
su camino, el más temprano de sus logros de mucho tiempo
atrás". Según la especialísima exégesis de la Wachtower, que,
quizá sin saberlo, es sólo un eco de la de Arrio, el texto de
Proverbios estaría hablando aquí de Cristo, simbolizado bajo
la imagen de la sabiduría, y enseñaría que fue creado
("producido"). No obstante, tal exégesis es por muchas razones
descabellada:
1a. El pasaje no dice en ningún momento que esté hablando del
mesías; se trata de un hermoso poema en el que se utiliza la
prosopopeya, es decir, la personificación de una cualidad para
crear un efecto literario. En este caso se personifica a la
sabiduría, pero no se menciona en ningún pasaje que ésta sea
el mesías.
2a. El contexto niega que se pueda referir a Jesús: las
profecías mesiánicas (como Is 52,l3ss.) contienen siempre
referencias que podemos reconocer en la vida de Jesús. Ahora
bien, aquí se nos dice que la sabiduría edificó una casa (Prov
9, 1a), que ha labrado siete columnas (Prov 9, 1b), que
dispuso la mesa mezclando el vino y degollando carne (Prov
9,2), etc. Está claro que nada de esto tiene relación con la
persona de Jesús; pero sí tiene sentido si se interpreta como
una personificación poética de la sabiduría.
3a. La traducción "me produjo" no es correcta; pero, por si
fuera poco, el pasaje, como es habitual cada vez que la
Wachtower se ocupa de traducir, está penosamente traducido. La
palabra hebrea que se vierte por "produjo" es qnh, que
significa "poseyó" o "poseía", como han traducido la versión
Reina Valera (RV) o la Nácar Colunga (NC). En algún caso este
verbo puede tener un significado secundario de "engendrar", y
así han vertido el pasaje la Versión Popular (VP) y la Versión
Moderna (VM), pero no parece que en este contexto sea la
traducción más adecuada.
Intentar, pues, desprender del pasaje de Prov 8,22 que Cristo
fue creado no tiene un fuerte fundamento exegético.
f) Juan 1,18.
La tesis de la Wachtower es que, puesto que a Dios no lo ha
visto nadie y a Cristo lo vieron, este último no puede ser
Dios. Ahora bien, este pasaje no está hablando de una visión
física de Dios, sino espiritual. De hecho, el Antiguo
Testamento registra varios casos de visión física de Dios,
como el recogido en Is 6,lss. o el de Am 9,1, que pueden
comprobarse en la misma VNM. Lo que aquí se nos dice es que a
Dios nadie lo ha visto como para poder explicarlo de manera
cabal, pero Cristo sí lo ha explicado.
Por otro lado, aunque el pasaje implicara una visión física de
Dios, tampoco estaría indicando que Cristo no era Dios, ya que
lo que vieron sus discípulos fue su envoltura humana, y no su
naturaleza divina. En ese sentido podría decirse que a Dios,
con toda la grandeza de su gloria, no lo ha visto nadie,
porque cuando se encarnó en Cristo la humanidad servía de velo
a aquélla.
g) Jesús es Miguel, el arcángel. Esta doctrina de los
Testigos no pertenece originalmente a ellos. Se origina en una
doctrina idéntica sostenida por los Adventistas del Séptimo
Día (Questions of Doctrine, pp 71-83). La razón es que
inicialmente buena parte de los autores adventistas sostenían
una visión de Cristo de corte arrianizante. Cuando, con el
paso del tiempo, este enfoque varió, optando por un
reconocimiento formal de la Trinidad, quedaron resquicios de
arrianismo en la teología de las secta capitaneada por Ellen
White, de donde los ha tomado la Wachtower.
En realidad, esta objeción carece de la más mínima base.
Sencillamente: no hay un solo pasaje en la Biblia donde se
diga que el arcángel san Miguel es Cristo.
h)
Jesús habla con el Padre. La tesis de la Wachtower
pretende que Cristo no puede ser Dios, puesto que se ve
claramente cómo se dirige a Dios. Tal afirmación sólo revela
un desconocimiento profundo de la doctrina de la Trinidad.
Ésta no enseña que el Hijo, el Padre y el Espíritu Santo son
la misma persona, sino que son tres personas distintas y un
solo Dios verdadero. El diálogo entre el Padre y el Hijo, por
lo tanto, no contradice la doctrina de la Trinidad, sino que
la confirma.
i) Jesús es el Hijo de Dios, y no Dios.
A este respecto recomendamos repasar lo señalado arriba en
relación con el texto de Jn 5,18.
j) Salmo 2,7.
Según la teología de la Wachtower, este pasaje indicaría que
hubo una época en que el Hijo no existió y posteriormente sí;
luego se trata de un ser creado. Además, el término
"engendrar" debe entenderse como "crear". Lo cierto es que la
fórmula que se recoge en este salmo parece ser que se
utilizaba en la coronación de los reyes de Israel. Con ella se
pretendía indicar que el monarca pasaba a ser "hijo de Yavé"
de una manera muy especial.
Ahora bien, en el caso de este salmo, el Nuevo Testamento nos
ha conservado la interpretación que del mismo hacía la Iglesia
primitiva. Veamos: "Pero Dios lo levantó de entre los muertos,
y por muchos días se hizo visible a los que habían subido con
él de Galilea a Jerusalén, los cuales son ahora testigos de él
al pueblo. De modo que nosotros estamos declarándoles las
buenas nuevas acerca de la promesa hecha a los antepasados,
que Dios la ha cumplido enteramente para con nosotros los
hijos de ellos al haber resucitado a Jesús, así como está
escrito en el Salmo segundo: Tú eres mi hijo, este día he
llegado a ser tu Padre" (He 13,30-33).
Para Pablo, el salmo 2 no enseñaba que Cristo fuera un ser
creado, sino que contenía la afirmación de que resucitaría un
día. Naturalmente somos muy libres de preferir la
interpretación de la Wachtower a la del apóstol de los
gentiles.
Digamos, finalmente, que el término "engendrar" ni significa
"crear" ni es contrario a la enseñanza de la Trinidad. De
hecho, el credo trinitario de Nicea afirma que la persona del
Hijo fue "engendrada y no creada, de la misma naturaleza que
el Padre". Los que creemos en la Trinidad creemos asimismo que
Cristo fue engendrado desde la eternidad de la misma
naturaleza que el Padre, pero que no fue creado. Este texto
apoyaría precisamente esa tesis, puesto que en él no se dice
que el Hijo fuera creado, sino engendrado.
Hasta aquí hemos podido ver el nulo fundamento que tiene
afirmar que la Biblia niega la divinidad de Cristo. Ahora
bien, el que no haya argumentos en contra no significa
necesariamente que los haya a favor. ¿Existen pruebas en el
Nuevo Testamento de que los primeros cristianos creyeran que
Cristo era Dios? A examinar esa cuestión dedicaremos las
próximas páginas.
2. Según la Biblia, Cristo es Dios, y no
un dios
Contra lo que piensan la mayoría de las personas (y es error
muy repetido en diversas publicaciones), los Testigos de
Jehová no niegan la divinidad de Cristo, sino su plena
divinidad. Es decir, para ellos Cristo es un dios (o el
arcángel san Miguel), pero no es Dios. Nosotros intentaremos
mostrar en las siguientes páginas cómo la Biblia indica
específicamente lo contrario: Cristo es Dios, y no un dios.
Las razones, entre otras muchas, son las siguientes:
Cristo tiene títulos en el NT que sólo son aplicables a Dios
Dios.
La teología de los Testigos, en realidad, es politeísta. Parte
de la base de que existe un gran Dios increado (Jehová),
seguido por un dios inferior y creado (Cristo) y por multitud
de dioses de una categoría aún más ínfima, como el diablo y
los ángeles.
La enseñanza de la Biblia, por otra parte, es naturalmente
monoteísta: sólo hay un Dios, no ha habido ninguno antes ni lo
habrá después.
"Ustedes son mis testigos -es la expresión de Jehová- aun mi
siervo, a quien he escogido, para que sepan y tengan fe en mí,
y para que entiendan que yo soy el mismo. Antes de mí no fue
formado Dios alguno y después de mí continuó sin que lo
hubiera" (Is 43,10) (VNM).
Este pasaje, conocido de memoria por todos los adeptos de la
Wachtower, ya que de él derivan su nombre, contiene en su
segunda parte una afirmación que contradice tajantemente las
enseñanzas de aquélla. No enseña que hay un gran Dios
(Jehová), otro inferior y creado (el mesías) y una pléyade de
dioses a continuación, sino que sólo hay uno y ninguno más.
"Esto es lo que ha dicho Jehová, el Rey de Israel y el
Recomprador de él, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero
y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios" (Is 44,6) (VNM).
La afirmación es clara y contundente; pero choca frontalmente
con la teología de la Wachtower, que enseña la existencia de
varios dioses.
"Yo soy Jehová, y no hay ningún otro. Con la excepción de mí
no hay Dios..., no hay ningún otro; no hay otro Dios" (Is
45,5,14) (VNM).
Naturalmente, los primeros cristianos creían lo mismo que
enseñó Isaías, y no la teología de la Wachtower, que establece
que hay varios dioses. Y no sólo es que creían en un
monoteísmo estricto (un solo Dios y ningún otro más), sino que
además afirmaron que Cristo era ese Dios. Como esto resulta
tan claro y equivale a reconocer que la teología jehovista es
una farsa, los dirigentes de la Wachtower no han tenido el más
mínimo inconveniente en alterar la traducción de la mayoría de
los pasajes donde se dice que Cristo es Dios. A analizar
algunos de éstos vamos a dedicarnos ahora.
a) Romanos 9,5. Dice la versión del texto griego: "El Cristo
según la carne, el cual es Dios bendito". Pablo afirma tan
claramente que Cristo es Dios bendito, que la VNM no ha tenido
el menor reparo en introducir una palabra entre corchetes en
el texto para desvirtuar tal afirmación. Dice así: el Cristo
según la carne: Dios, que está sobre todos, (sea) bendito para
siempre. Basta quitar de la VNM el sea entre corchetes para
tener una afirmación clarísima de la divinidad de Cristo.
b) Filipenses 2,5ss. "... Cristo Jesús, el cual existiendo en
forma de Dios no se aferró a ser igual a Dios".
Pablo lo expresa con claridad: Cristo era igual (no inferior)
a Dios, pero no se aferró a ello, sino que se vació (ése es el
significado literal del término griego kenosis) para hacerse
hombre y redimirnos en la cruz. Pues bien, veamos cómo esta
afirmación clarísima ha sido desvirtuada en la versión del
Nuevo Mundo añadiendo de nuevo palabras que no están en el
original: "... Cristo Jesús, quien aunque existía en la forma
de Dios, no dio consideración a una usurpación, a saber: que
debiera ser igual a Dios".
Basta comparar la VNM con otras traducciones para comprobar lo
viciado y lleno de prejuicios que ha sido su método de
trabajo, método que sólo buscaba defender a la secta, y no a
la enseñanza de la Biblia.
c) Colosenses 2,9. "Porque en él habita la plenitud de la
divinidad corporalmente".
Contra lo que enseña la Wachtower, Pablo afirma aquí que
Cristo no es un dios o un mini-dios, sino que en él habita
corporalmente la plenitud de la divinidad. Veamos cómo la VNM
ha intentado velar esta gloriosa verdad: "Porque en él mora
corporalmente toda la plenitud de la cualidad divina".
Ahora bien, esta subversión del texto, a fin de cuentas, sólo
a medias consigue su objetivo, porque sólo Dios puede tener
cualidad divina; y hemos visto en Isaías que sólo hay un Dios.
Si en Cristo mora toda la plenitud de la cualidad divina, es
que es Dios, y no un dios, como pretende la Wachtower.
d) Tito 2,13. "Esperando la feliz esperanza y manifestación de
la gloria del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo".
El texto es diáfano como el cristal. Pablo habla de la
maravillosa esperanza del creyente cristiano que aguarda la
venida de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo. De nuevo la
VNM ha introducido palabras en el texto para privar a Cristo
de su plena divinidad: "Mientras aguardamos la feliz esperanza
y la gloriosa manifestación del gran Dios y del salvador
nuestro, Cristo Jesús".
Con un descaro inexcusable, la Wachtower ha introducido una
palabra que no está en el texto griego, para dejar a un lado a
Dios y a otro al salvador Jesucristo, cuando lo cierto es que
el original prodiga los dos atributos (Dios y salvador) a
Cristo.
e) Hebreos 1,8. "Con respecto al Hijo: El trono tuyo, oh Dios,
por el tiempo del tiempo".
Este texto reviste una especial relevancia porque en él es el
propio Padre el que se dirige a la persona del Hijo; y no lo
hace para denominarlo Miguel (como los testigos o los
adventistas) ni un dios, sino Dios de manera plena. Como
imaginará el lector, también en esta ocasión la VNM altera el
texto añadiendo palabras: "Pero respecto al Hijo: Dios es tu
trono para siempre jamás".
En el fondo, sin embargo, esta burda falsificación dice lo
contrario de lo que pretende; porque, ¿quién es mayor, el
trono o el que se sienta en él? Pues bien, si Dios es el trono
del Hijo, éste debe ser, al menos, tan grande como Dios.
f) 2Pedro 1,1. "... En justicia del Dios nuestro y salvador
Jesucristo".
Como en Tit 2,13, de nuevo nos hallamos ante una afirmación de
que Cristo es Dios. Veamos cómo vierte el pasaje la VNM: "Por
la justicia de nuestro Dios y del salvador Jesucristo".
Una vez más, añadiendo una palabra que no está en el original,
se altera todo el sentido de la frase, privando a Cristo de la
atribución que Pedro le hace de su divinidad plena. Sin
embargo, es curioso que en el versículo 11 de este mismo
capítulo de la primera epístola de Pedro aparezca la misma
construcción gramatical; pero esta vez la Wachtower la ha
traducido bien ("de nuestro Señor y salvador Jesucristo"),
porque no une a Cristo con el título de Dios. Resulta
vergonzoso el contemplar cómo puede haber personas con tan
pocos escrúpulos morales como para alterar el texto sagrado a
fin de defender con más facilidad sus doctrinas.
g) Juan 1,1. Sin duda, es ésta la falsificación más conocida
de todas las que pueblan las páginas de la VNM. Dice así: "En
(el) principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios y
la Palabra era un dios".
Basta ir al texto griego original para comprender que se trata
de una burda artimaña, consistente en intercalar una palabra
que no está en el evangelio de Juan a fin de negar la
divinidad de Cristo.
"En principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con el
Dios y Dios era la Palabra".
Naturalmente, el pasaje en griego es tan claro que la
Wachtower se ha visto obligada a recurrir al poco airoso
método de inventarse una regla gramatical para justificar la
barbaridad lingüística y teológica que implica su traducción.
Según la Wachtower, en griego no existe palabra para indicar
la idea de "uno", y, por lo tanto, cuando una palabra no lleva
el artículo determinado (jo, je, to, en griego;
el, la, lo, en castellano) debe colocarse delante la palabra
"un, una". Esta regla es falsa; pero lo peor es que ni
siquiera la Wachtower (pese a ser su inventora) la sigue:
a') En griego sí hay palabras para expresar la idea de "uno,
una" sin que tenga que suplirlas el traductor. Una de ellas es
eis, mia, en (uno, una, uno), que Juan utiliza
repetidas veces; v.gr.: Jn 1,40; 6,8.22; 70,71; 7,21.50; 9,25;
10,16.30; 11,49-50.52; 12,2.4; 13,21.23; 17,11.21.22.23;
18,14. 22.26.39; 19,34, etcétera; la otra es tis, ti
(uno-a-o ó alguno-a-o), que también es utilizada repetidas
veces en el Nuevo Testamento. Si Juan hubiera deseado decir
que la Palabra (Cristo) era un dios, hubiera recurrido con
toda seguridad al empleo de eis o de tis.
b') La ausencia de artículo determinado ni siquiera es suplida
por "un" en la misma Wachtower. Fijémonos a título de ejemplo
en el mismo capítulo 1 del evangelio de Juan. En el versículo
6 se nos dice que un hombre (Juan el Bautista) fue enviado por
Dios, y esta palabra va sin artículo determinado; no obstante
la Wachtower no ha traducido "representante de un dios", sino
"representante de Dios". En el versículo 12 se nos habla de
cómo llegar a ser hijos de Dios. Ahora bien, la palabra Dios
va sin artículo determinado; pero la Wachtower no ha traducido
"hijos de un dios", sino "hijos de Dios". En el versículo 13,
una vez más, la palabra "Dios" va desprovista de artículo
determinado; pero la Wachtower no traduce "voluntad de un
dios", sino "de Dios". Podríamos aducir más ejemplos; pero
sinceramente éstos nos parecen suficientes para mostrar que la
"regla" citada por la Wachtower no sólo no existe, sino que
incluso no es aplicada por ella misma para no caer en el
ridículo más absoluto.
c') La construcción poética de Jn 1,1 no permite traducir "un
dios". Los dieciocho primeros versículos del evangelio de Juan
formaron en su conjunto un canto (muy posiblemente antifonal)
que se utilizaba en las reuniones de la Iglesia primitiva.
Tenía por ello una estructura (muy clara en los tres primeros
versículos) de especial belleza, puesto que cada frase
terminaba con la misma palabra con que empezaba la siguiente:
"En principio era la Palabra, y la Palabra era con el Dios, y
Dios era la Palabra".
Esta construcción además hacía girar su encanto (y su
impresionante vigor) en torno al hecho de que la palabra con
que concluía una frase y comenzaba la siguiente tenía el mismo
valor, contenido y significado. Por esto el "Dios" del final
del versículo 1 nunca podía ser "un dios", sino la palabra
"Dios", con su mismo contenido y fuerza con que concluía la
frase anterior.
Examinado el texto de Jn 1,1, en la VNM se descubre, por lo
tanto, no sólo una falta de conocimiento mínimo de la lengua
en que se redactó el Nuevo Testamento, sino también una
carencia de honestidad por la que no ha tenido reparo, una vez
más, en alterar la Escritura para hacerla encajar en sus
posiciones doctrinales preconcebidas.
Vamos a concluir con lo referente a este texto. Antes, no
obstante, desearía hacer una breve referencia al origen de
esta traducción penosa del glorioso pasaje de Jn 1,1. Cuando
los testigos intentan mostrar que no son los únicos en haber
traducido el pasaje de Jn 1,1 de esta manera sólo pueden (y es
normal) citar un Nuevo Testamento no editado por ellos que
contenga una versión similar. Me estoy refiriendo al Nuevo
Testamento de Greber.[Este Nuevo Testamento de Johannes Greber
aparece citado por la Wachtower para apoyar su traducción, por
citar algún ejemplo, en el libro Asegúrense de todas las
cosas, Brooklyn 1965, 489, y en el folleto La Palabra
¿quién es él? Brooklyn 1962, 5.]
¿Quién era Johannes Greber? La Wachtower lo ha presentado a
sus adeptos como un sacerdote católico, pero esto es sólo una
verdad a medias. Greber fue efectivamente un sacerdote
católico; pero abandonó la Iglesia Católica para entrar en
círculos espiritistas. Su propio Nuevo Testamento está cortado
sobre la base de la teología espiritista y, según dice la
introducción del mismo, fueron los espíritus los que le
dijeron cómo traducir. Cito de la misma: "Muchas
contradicciones entre lo que aparece en los rollos antiguos y
el Nuevo Testamento surgieron y fueron tema de sus (de Greber)
oraciones constantes pidiendo guía, oraciones que fueron
contestadas y las discrepancias clarificadas por el Espíritu
mundial de Dios... Su esposa (la de Greber), una médium del
Espíritu mundial de Dios, fue a menudo el instrumento para dar
las respuestas correctas de los Mensajeros de Dios al pastor
Greber". [De hecho, yo sostengo la tesis de que la VNM no es
sino una copia descarada de la traducción espiritista de
Greber, como puede verse con facilidad comparando ambas
versiones. La de Greber puede obtenerse solicitándola a la
Johannes Greber Memorial Foundation, 139 Hillside Avenue,
Teaneck, NJ, 07666. USA]
No deja de ser curioso que el único autor que tradujo Jn 1,1
como la Wachtower fuera un ex-sacerdote que colgó la sotana
para casarse con una médium y que dejó una versión del Nuevo
Testamento que no se basaba precisamente en el estudio de los
textos, sino en las instrucciones que recibía en sesiones de
espiritismo.
¿Sabe esto la Wachtower? La respuesta es afirmativa. En la
Atalaya del 15 de febrero de 1956, páginas 110-111, se
afirma en el párrafo 11: "Está muy claro que los espíritus en
los que el ex-sacerdote Greber cree lo ayudaron en su
traducción". Una afirmación similar se contiene asimismo en la
Atalaya del 1 de abril de 1983, página 31. [Existe un
argumento de tipo histórico-teológico adicional en favor de
que Juan quería señalar la plena divinidad de Cristo al
escribir el primer versículo de su evangelio. Me estoy
refiriendo a la utilización del término "Palabra" para definir
al Cristo preexistente. Este mismo término era utilizado en
los targumim (comentarios interpretativos del Antiguo
Testamento) en arameo para referirse a Yavé. De manera que
para decir que Yavé creó los cielos y la tierra se indica que
Memra (la Palabra) creó los cielos y la tierra, etc. Ese mismo
Yavé, según Juan, era el que se había hecho carne para
salvarnos.]
Cabría preguntarse qué clase de dirigentes tiene la secta de
Brooklyn. No sólo porque están dispuestos a tergiversar el
texto sagrado añadiéndole palabras que no aparecen en el
mismo, sino porque también se atreven a inventar reglas
gramaticales que no existen y que ellos mismos no respetan,
buscando como único apoyo una versión del Nuevo Testamento
carente de base científica y que, según confiesan en sus
publicaciones, es obra de espíritus. Todo esto, no lo
olvidemos, para negar la grandiosa verdad de la encarnación de
Dios en la persona de Cristo a fin de redimirnos. ¿Realmente
se puede confiar en una organización así?
Podríamos presentar ahora más textos falseados; pero vamos a
citar sólo dos más en los que la Wachtower, sin darse cuenta,
ha permitido que en la VNM los apóstoles llamaran Dios a
Jesús. Nos referimos a Jn 20,28 y 1Jn 5,20. "Dijo entonces a
Tomás: Pon tu dedo aquí y ve mis manos, y toma tu mano y
métela en mi costado, y deja de ser incrédulo y hazte
creyente. En contestación Tomás le dijo: Mi Señor y mi Dios" (Jn
20,27-28) (VNM). "... Jesucristo. Este es el Dios verdadero y
vida eterna" (1Jn 5,20) (VNM).
La experiencia de la resurrección corporal de Jesús (que
también niegan los testigos) significó un auténtico impulso
espiritual para sus desolados discípulos. Tomás, el que había
dudado, supo desde ese momento que el galileo con el que había
compartido los años anteriores era Dios y Señor. Lo mismo
afirmaba el apóstol Juan años después.
Ahora bien, todos los apóstoles eran judíos. Conocían las
Escrituras y las palabras de Isaías en el sentido de que sólo
había un Dios. 0 bien se equivocaban al afirmar que Jesús era
Dios y le denominaban así cuando sólo era un dios (y en ese
caso la Wachtower tendría razón doctrinalmente hablando) o
bien tenían razón al identificar a Cristo con el Dios del que
habló Isaías: el único Dios, antes del cual no hubo ninguno y
después del cual tampoco habría otro. Si los apóstoles tenían
razón, lo cierto es que la Wachtower está equivocada
trágicamente. El autor de estas líneas no se avergüenza en
decir que cree en los apóstoles, aunque eso signifique
considerar a la Wachtower y sus doctrinas una farsa total.
3. Jehová.
Precisamente como los primeros cristianos vieron en Jesús al
Dios del Antiguo Testamento encarnado, no dudaron en referir
al mismo multitud de textos cuyo protagonista en el Antiguo
Testamento era Jehová. [Como seguramente sabrá el lector, la
vocalización "Jehová" es totalmente incorrecta. El
tetragramaton (o cuatro letras: YHVH) de uno de los nombres de
Dios en el Antiguo Testamento (no el único, como pretenden los
testigos); posiblemente se debiera vocalizar con "a" y "e",
dando como resultado la forma "Yahveh". Lo que sí es seguro es
que no se pronunciaba Jehová. Aquí hemos respetado esta
errónea vocalización para conservar la fuerza de los
argumentos en relación con los adeptos de la secta de la
Wachtower.] Como en otros casos del libro, un análisis en
profundidad del tema requeriría una extensa monografía; pero
vamos a intentar al menos mencionar alguno de los pasajes a
título de ejemplo.
a) Cristo es Jehová vendido por treinta monedas de plata:
"Entonces les dije: Si es bueno a sus ojos, den(me) mi
salario; pero si no, absténganse. Y procedieron a pagar mi
salario, treinta piezas de plata. Ante aquello, Jehová me
dijo: Tíralo al tesoro... el valor majestuoso con el cual he
sido evaluado" (Zac 11,12-13).
Sabido es que el Nuevo Testamento aplica este pasaje a Cristo
como una profecía cumplida en él. ¿Se equivocaban los primeros
cristianos al decir que Cristo era el Jehová de Zacarías
evaluado en treinta monedas de plata, o yerran los testigos de
hoy al negarlo?
b) Cristo es Jehová precedido por Juan el Bautista: "Escuchen.
Alguien está clamando en el desierto: Despejen el camino de
Jehová. Hagan recta la calzada para nuestro Dios a través de
la llanura desértica" (Is 40,3) (VNM).
La profecía de Isaías era clara: una voz aparecería en el
desierto para ser precursora de la venida de Jehová Dios. Los
evangelistas vieron en el texto del profeta judío una profecía
que se cumplió cuando Juan el Bautista precedió a Jesús. Si
Juan fue la voz en el desierto, Jesús debía ser Jehová Dios.
¿Se equivocó Isaías al profetizar la venida de Jehová, cuando
en realidad vino solamente un dios? ¿Se equivocaron los
apóstoles al considerar que la profecía se había cumplido,
cuando en realidad no era así, porque en vez de Jehová vino un
dios, o se equivoca la Wachtower porque no se equivocó Isaías
ni los primeros cristianos, y, efectivamente, quien vino fue
Jehová Dios precedido por Juan el Bautista?
c) Cristo es Jehová traspasado: Zac 12,10 constituye uno de
los pasajes más enigmáticos de todo el Antiguo Testamento.
Yavé (o Jehová) se está dirigiendo al profeta y de pronto le
anuncia algo que suena realmente extraño: le traspasarían y en
tal situación le contemplarían los hijos de Israel; Jehová
traspasado: "Y mirarán a mí, a quien traspasaron".
Es sabido que los primeros cristianos vieron en este pasaje
una referencia a Cristo alanceado en la cruz. Ahora bien, ¿se
equivocaban al considerar que el Jehová traspasado era Cristo
o lo hace la Wachtower al negarlo? Mucho nos tememos que si
alguien se ha equivocado no fueron los apóstoles; y es que en
la mente de ellos seguramente sonaba la profecía gloriosa de
Is 35,4: "Dios mismo vendrá y os salvará".
Lástima que verdad tan gloriosa haya sido sustituida en la
teología de la Wachtower por el espectáculo de un arcángel que
se hace hombre para salvar a la humanidad.
Salvador
Y es que de aceptar que Cristo no es Dios nos encontraríamos
con el problema de que tenemos dos salvadores: Jehová y
Cristo. Nada más lejano al pensamiento bíblico. Precisamente
la Escritura nos dice: "Yo... yo soy Jehová, y fuera de mí no
hay salvador" (Is 43,11).
Pues bien, los autores del Nuevo Testamento dicen que nuestro
salvador es Cristo (2Tim 1,10). Para los que creemos que
Cristo es Dios no hay contradicción; pero para la Wachtower es
cuestión de explicar si Isaías se equivocó o si lo hicieron
los primeros cristianos..., a menos que reconozcan que son
ellos los errados.
El primero y el último
Otro título de Jehová que los autores del Nuevo Testamento no
tuvieron ningún problema en aplicar a Jesús fue el de "el
primero y el último", que en el Antiguo se dirigía a Jehová (Is
44,6). Así se nos dice: "Yo soy el Alfa y la Omega, el primero
y el último, el principio y el fin. Felices son los que lavan
sus ropas largas, para que sea suya la autoridad (de ir) a los
árboles de la vida, y para que consigan entrada en la ciudad
por sus puertas. Afuera están los perros y los que practican
espiritismo y los fornicarios y los asesinos y los idólatras
y todo aquel a quien le gusta la mentira y se ocupa de ella.
Yo, Jesús, envié a mi ángel para darles a ustedes testimonio
de estas cosas para las congregaciones" (Ap 22,13-16).
¿Mentía y se equivocaba (y además blasfemaba) el autor de
Apocalipsis al atribuirle a Jesús un título de Jehová, puesto
que Cristo es solo un dios, o es la teología de la Wachtower
la equivocada al respecto?
El creador
Desde luego, si los primeros cristianos se equivocaban en su
evaluación de quién fue Jesús, su error llegó a alcanzar cotas
de delirio, porque lo identificaron con el único creador del
universo; y eso cuando el Antiguo Testamento señala que Dios,
sin ningún tipo de colaboración, creó todo. Veamos:
"Esto es lo que ha dicho Jehová, tu Recomprador y el Formador
de ti desde el vientre: Yo, Jehová, estoy haciendo todo,
extendiendo los cielos, yo solo, tendiendo la tierra. ¿Quién
estuvo conmigo?" (Is 44,24) (VNM).
"Yo mismo he hecho la tierra y he creado aun al hombre sobre
ella. Yo..., mis propias manos han extendido los cielos" (Is
45,12).
Los apóstoles eran judíos, conocían estos pasajes, sabían que
Dios no había utilizado ayudantes, instrumentos o
intermediarios en su obra de creación. Si Cristo no era Dios,
¿por qué afirmaron que había creado todo?
"En el principio existía aquel que es la Palabra, y aquel que
es la Palabra estaba con Dios y era Dios. El estaba en el
principio con Dios. Todo fue hecho por él, y sin él nada se
hizo... Y aquel que es la Palabra se hizo carne y habitó entre
nosotros" (Jn 1,1-3.14a) (EP).
"Porque por él mismo fueron creadas todas las cosas, las de
los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible,
tanto los tronos como las dominaciones, los principados como
las potestades; absolutamente todo fue creado por él y para
él; y él mismo existe antes que todas las cosas y todas
subsisten en él" (Col 1,16-17) (EP).
¿Disparataban Pablo y Juan al afirmar que Cristo era el único
creador del universo, el Jehová creador, del que escribió
Isaías, o más bien disparata la Wachtower al negarlo?
El "Yo Soy"
De hecho, esta conciencia que tenían los primeros cristianos
de que Cristo era el Dios revelado en el Antiguo Testamento al
pueblo de Israel no arrancó de su especulación personal, sino
del recuerdo de las propias enseñanzas de Jesús. Quizá una de
las afirmaciones más categóricas de éste al respecto fue la de
apropiarse la denominación con la que Yavé se presentó ante
Moisés cuando le encomendó su misión de liberar a Israel de la
esclavitud de Egipto. Examinemos el texto directamente:
"Moisés dijo a Dios: Bien, yo me presentaré a los israelitas y
les diré: El Dios de nuestros padres me ha enviado a vosotros.
Pero si ellos me preguntan: ¿cuál es su nombre?, ¿qué les
responderé? Dios dijo a Moisés: Yo soy el que soy. Así
responderás a los israelitas: Yo soy me ha enviado a vosotros"
(Éx 3,13-14)(EP).
El texto aparece claro en cuanto a la descripción del
episodio. Moisés interroga a Yavé sobre el nombre con que debe
presentarle a los hijos de Israel, y Dios le responde que ese
nombre es "Yo soy".
Pues bien, Jesús se aplicó ese mismo apelativo: "Ya os he
dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis
que yo soy, moriréis en vuestros pecados" (Jn 8,24) (BJ)
(Tanto la traducción de Ediciones Paulinas como la Nueva
Biblia Española han vertido: "que yo soy el que soy" lo que
recoge a la perfección el sentido del texto original desde mi
punto de vista).
La afirmación de Jesús era impresionante: si no creían que él
era el mismo Dios que se apareció a Moisés anunciándole la
liberación, morirían en sus pecados. No es de extrañar que
aquella pretensión dividiera a sus oyentes de manera radical,
unos creyeron (Jn 8,30), otros intentaron matarlo (Jn 8,59).
Naturalmente, los pasajes mantienen entre sí una relación tan
evidente que la Wachtower sólo podía alterarlos en la VNM. Así
el "Yo Soy" de Éx 3,14 es vertido: "Yo resultaré ser", aunque
el hebreo dice hyh, es decir, Yo soy. De la misma
manera, en la VNM, Jn 8,24 es vertido como "yo soy ése",
aunque el griego dice ego eimi, es decir, "Yo Soy".
¿Puede alguien dudar de que no nos encontramos ante la
casualidad, sino ante una política seguida metódicamente para
extirpar de la VNM todas las señales de que Cristo es Dios?
El Señor
Otro de los títulos ligados a Yavé en la tradición de Israel
fue el de "el Señor". Tan estrechamente estaba en la mente de
los judíos que sólo había un Señor y que era Yavé, que en la
traducción del Antiguo Testamento al griego conocida como la
Biblia de los Setenta o Septuaginta Yavé es sustituido siempre
por la palabra griega kýrios (Señor); y lo mismo sucedía en el
servicio sinagogas en hebreo, donde en vez de Yavé se
denominaba a Dios Adonai (Señor). Con este trasfondo es fácil
adivinar cómo entenderían los judíos contemporáneos de Jesús
la afirmación de que éste era el Señor.
Tan claro también ha quedado para la Wachtower el alcance de
esta afirmación por parte de los autores del Nuevo Testamento,
que ha cometido el impensable despropósito de sustituir la
palabra original kýrios (Señor) por la de Jehová en docenas de
textos. Que con esto se ha perseguido privar a Cristo de la
gloria que merece su plena divinidad quedará de manifiesto con
el texto de la VNM que, a título de ejemplo, reproduzco a
continuación. Dice así: "El que observa el día, lo observa
para Jehová (en el original, la palabra es kýrios = Señor).
También, el que come, come para Jehová (en el original kýrios
= Señor), pues da gracias a Dios; y el que no come, no come
para Jehová (en el original kýrios = Señor), y sin embargo da
gracias a Dios. Ninguno de nosotros, de hecho, vive con
respecto a sí mismo únicamente, y ninguno muere con respecto a
sí mismo únicamente; pues tanto si vivimos, vivimos para
Jehová (en el original kýrios = Señor), como si morimos,
morimos para Jehová (en el original kýrios = Señor). Por
consiguiente, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos a
Jehová (en el original kýrios = Señor). Porque con este fin
murió Cristo y volvió a vivir otra vez para ser.... (aquí
esperaríamos que dijera "Jehová", cambiando la palabra kýrios
del original, como ha hecho en los versículos anteriores; pero
dice: ... ) Señor tanto sobre los muertos como sobre los
vivos" (Rom 14, 6-9) (VNM).
No es, pues cierto, como pretende la Wachtower, que al
sustituir "Señor" por "Jehová" en el Nuevo Testamento realiza
un intento de restaurar la pureza del texto original. No lo es
porque ni un solo manuscrito del Nuevo Testamento contiene la
palabra Jehová. No lo es porque no se ha hecho siempre y de
manera consecuente (en el caso citado arriba diría, por
ejemplo, que Cristo es Jehová, y una afirmación así conmovería
hasta sus cimientos la teología de la Wachtower). No lo es,
porque lo que se persigue realmente es ocultar el efecto
impresionante que tiene en el Nuevo Testamento denominar a
Jesús con el título de kýrios (Señor), el mismo que en su
época se daba a Yavé. Por lo tanto, la Wachtower no ha buscado
que entendieran los lectores de la VNM el mensaje del Nuevo
Testamento de manera clara, sino ocultarles de forma
consciente y metódica la maravillosa buena nueva de que el
Dios de la historia se ha encarnado en Cristo para salvarnos.
El nombre salvador
¿Qué tiene, pues, de extraño que, contra lo que pretenden los
adeptos de la Wachtower, los primeros cristianos fueran
conocidos no como "jehovistas" o "Testigos de Jehová", sino
por el nombre del que ellos creían que era Dios encarnado:
Cristo?
Tampoco resulta extraño el hecho de que consideraran que el
nombre salvador era el de Cristo (y, no obstante, no
mencionaran nunca el de Jehová, como pretende la Wachtower).
El mismo Pedro, el primero de los apóstoles, lo dejó bien
claro cuando se vio conducido ante las autoridades religiosas
de Israel: "Jesucristo el Nazareno... Ésta es la piedra que
fue tratada por ustedes los edificadores como de ningún valor,
que ha llegado a ser cabeza de ángulo. Además, no hay
salvación en ningún otro, porque no hay otro nombre debajo del
cielo que se haya dado entre los hombres mediante el cual
tengamos que ser salvos" (He 4,10-12) (VNM).
Quizá Pedro se equivocaba, quizá no era cierto que el nombre
de Jesús es el único por medio del cual podemos salvarnos,
quizá no es cierto que no hay salvación en otro salvo en
Cristo, quizá ... ; pero para el autor de estas líneas la
autoridad doctrinal de Pedro es incomparablemente superior a
la de los dirigentes de la Wachtower.
Podríamos continuar todavía con otros títulos y atributos de
Jehová que los primeros cristianos aplicaron a Cristo, pero
creo que con lo ya expuesto queda suficientemente probada la
tesis que deseábamos demostrar.
4. En la Biblia Cristo es adorado no
como un dios, sino como Dios.
Por todo lo que hemos visto en el apartado b), no es de
extrañar que la reverencia, adoración y gloria que los
primeros cristianos dirigían a Jesús fueran las de] mismo
Dios, y no las de un dios. Veámoslo.
Es adorado
En el pensamiento del Antiguo Testamento la idea de adorar a
un ser que no fuera Dios resultaba sencillamente abominable.
El mandato divino establecía que sólo se podía adorar a Yavé (Dt
6,13; 10,20), y así se lo repitió Jesús al diablo cuando éste
le pidió que le adorara (Lc 4,8). La palabra utilizada en este
texto para indicar adoración es el verbo griego proskyneo.
Como era de esperar, la Wachtower ha traducido proskyneo por
adorar cuando se refiere al Padre, v.gr.: Lc 4,8; pero cuando
iba referido a Cristo lo ha vertido "rendir homenaje" para
ocultar el hecho de que éste fue adorado por los primeros
cristianos. Así, Mt 28,17 dice: "Y viéndole le adoraron (proskýnesan)".
Y Lc 24,52 señala: "Y ellos, adorándole (proskynésantes,
volvieron a Jerusalén".
Otros ejemplos de ese empleo del término "adorar" (proskyneo)
en relación a Jesús los tenemos, por ejemplo, en Mt 2,2.8 y
11, o Jn 9,38. En todos los casos, la Wachtower ha vertido por
"rendir homenaje", ocultando la adoración de Jesús.
Hemos tenido ocasión de ver antes cómo las propias artimañas
de la Wachtower no siempre son perfectas y que se les había
pasado por alto un par de textos (Jn 20,28 y 1Jn 5,20), en que
se dice que Cristo es Dios. Lo mismo sucedió en el pasado con
una cita en la que se habla de adorar a Jesús. Me estoy
refiriendo a Heb 1,6. La VNM traducía así: "Pero cuando
introduce de nuevo a su primogénito en la tierra habitada,
dice: Y que todos los ángeles de Dios le adoren".
Tan claramente dejaba de manifiesto el texto que los mismos
ángeles adoraban a Jesús, que en la edición de la VNM de 1987
el texto se cambió. Ahora dice: "le rindan homenaje".
Conductas como éstas dejan bien de manifiesto que no hay error
de buena fe o simple ignorancia en la actuación de los
dirigentes de la Wachtower. Existe un propósito firme y
premeditado de negar la plena divinidad de Cristo, aunque para
ello se tenga que recurrir a la mentira, al fraude de
traducción o al Nuevo Testamento de un espiritista. Una
conducta así, desprovista de toda ética, no puede pretender
sinceramente que procede de gente sincera y cristiana que ama
la Biblia y que se somete a las enseñanzas de la misma.
Es honrado como el Padre
No se puede aducir (como han pretendido algunos autores) que
la honra y adoración que se prodigaba a Jesús era algo que
arrancaba de mentes calenturientas que no le habían
comprendido bien. El evangelista Juan señala que tal conducta
partía de las mismas palabras de Jesús. Leemos en Jn 5,23:
"Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha encargado todo
el juicio al Hijo, para que todos honren al Hijo así como
honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre" (VNM).
La expresión griega que la VNM traduce por "así como" es kazós,
que equivale a "de la misma manera", "exactamente igual". Pero
¿cómo sería posible esto si Cristo es sólo un dios, y el Padre
es Dios? ¿Acaso no será porque precisamente no es así, porque
precisamente el Padre y el Hijo son Dios? Creemos que eso es
lo que se desprende no sólo del texto, sino del contexto del
Nuevo Testamento.
Ante él se dobla la rodilla
Por ello no debería extrañarnos que se doble la rodilla en el
Nuevo Testamento no sólo ante el Padre (Ef 3,14) sino también
ante el Hijo: "... para que en el nombre de Jesús se doble
toda rodilla de los (que están) en el cielo y de los (que
están) sobre la tierra y de los (que están) debajo del suelo"
(Flp 2,9) (VNM).
Recibe gloria
En el fondo de toda esta visión de profunda adoración de
Cristo que caracteriza al cristianismo neotestamentario lo que
subyace, pues, es la consciencia de que Cristo es el mismo
Yavé, y por ello es digno de recibir la gloria que sólo se
puede tributar a aquél. Que esta gloria no podía tributarse a
nadie más se desprendía con claridad del Antiguo Testamento:
"Yo soy Jehová. Ése es mi nombre, y a ningún otro daré yo mi
propia gloria, ni mi alabanza a imágenes esculpidas" (Is 42,8)
(VNM) "... a ningún otro daré mi propia gloria" (Is 48,11) (VNM).
Lo cierto, sin embargo, es que Juan afirma que la gloria de
Jesús es la misma que la de Jehová. Veámoslo: "... Jesús habló
estas cosas y se fue y se escondió de ellos. Pero aunque había
ejecutado tantas señales delante de ellos, no ponían fe en él,
de modo que se cumplió la palabra de Isaías el profeta, que él
dijo: Jehová, ¿quién ha puesto fe en la cosa oída por
nosotros? Y en cuanto al brazo de Jehová, ¿a quién ha sido
revelado? La razón por la cual no podían creer es que otra vez
dijo Isaías: Él les ha cegado los ojos y ha hecho duro su
corazón, para que no vean con los ojos y se vuelvan y yo los
sane. Isaías dijo estas cosas porque vio su gloria y habló de
él. Con todo, hasta de los gobernantes muchos realmente
pusieron fe en él, pero a causa de los fariseos no lo
confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga" (Jn
12,36b-42) (VNM).
El evangelio de Juan intenta en este pasaje explicar por qué
muchos de los judíos no llegaron a creer en Jesús. Su tesis es
que tal hecho ya estaba profetizado por Isaías, que, cuando
vio la gloria de Jesús, anunció que los corazones de los
judíos se cegarían y su corazón se endurecería. Ahora bien, el
pasaje a que hace referencia Juan es el de Is 6,1-10, en el
que Isaías vio... al propio Jehová. Caben dos posibilidades: o
bien Juan se equivocaba al decir que la gloria de Cristo era
la de Jehová y además cometía un error blasfemo porque le
atribuía algo que no le correspondía (en cuyo caso la
Wachtower tendría razón), o bien Juan era consciente de lo que
estaba escribiendo, ya que identificaba a Cristo con Jehová y
no veía dificultad en atribuirle la misma gloria. En tal caso,
empero, la Wachtower estaría equivocada. El autor de estas
líneas cree, en su modesto entender, que Juan el evangelista
es mucho más digno de confianza que la Wachtower.
En buena medida, la experiencia de Juan fue como la de Tomás.
Él había visto morir a Jesús de cerca, muy de cerca, porque
fue el único de los doce que no se ocultó y que permaneció al
pie de la cruz con María y otras mujeres. Pero también asistió
luego a su resurrección, y pudo comprobar que las afirmaciones
de Jesús en el sentido de que él mismo se resucitaría se
cumplían fielmente: "... Jesús les dijo: Derriben este templo
y en tres días lo levantaré... pero él hablaba del templo de
su cuerpo. Sin embargo, cuando fue levantado de entre los
muertos, sus discípulos recordaron que él solía decir esto; y
creyeron la Escritura y el dicho que Jesús dijo" (Jn 2,1922) (VNM).
¿Quién podría morir como hombre para luego levantar ese propio
cuerpo de entre los muertos? ¿Acaso un dios creado, un
arcángel, un mini-dios, o sólo el propio Dios creador de la
vida?
Citemos, finalmente, un pasaje más en el que la Wachtower ha
pretendido privar a Cristo de su gloria. Se trata de 2Cor 4,4:
"En los cuales el dios del mundo este cegó las mentes de los
incrédulos para que no brille la luz del evangelio de la
gloria del Cristo, que es imagen de Dios".
El pasaje reviste una especial importancia por varios
aspectos. En primer lugar hay que señalar que Pablo indica un
plan diabólico, que consiste en que Satanás, al que el mundo
en realidad ha convertido en su dios, ha cegado la
mente de los incrédulos para que no vean la luz que
proporciona el evangelio. Este evangelio trata acerca de la
gloria de Cristo. Pues bien, la traducción del NM quita la
gloria a Cristo para dársela a las buenas nuevas: "Entre
quienes el dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes
de los incrédulos, para que no pase (a ellos) la iluminación
de las gloriosas buenas nuevas acerca del Cristo" (VNM).
Decididamente, la Wachtower no sabe cómo alterar el texto
sagrado para privar a Cristo de su divinidad y gloria, tarea
que Pablo en este pasaje atribuye al mismo Satanás.
En segundo lugar, este pasaje reviste relevancia porque es
utilizado por la Wachtower para probar que Cristo es un
dios..., al igual que lo es también el diablo. Ahora bien,
este texto no pretende que el diablo sea un dios, sino que
este mundo lo ha convertido, consciente o inconscientemente,
en tal. De la misma manera, Pablo dice en Flp 3,19 que muchos
tienen a su vientre como Dios; pero eso no indica que el
vientre sea un dios, sino que algunos lo han convertido en tal
con su conducta. Por lo tanto, intentar utilizar este pasaje
como base sobre la que apoyar la existencia de muchos dioses
es una imposibilidad exegética.
Por último, el pasaje hace referencia a Cristo como imagen de
Dios, algo que la Wachtower, siempre ansiosa de llevar el agua
de la Biblia al molino de sus prejuicios, interpreta en el
sentido de que Cristo es una imagen, pero no el mismo Dios. Lo
cierto, sin embargo, es que en el griego koiné, en que se
escribió este pasaje, el término eikon indica no
representación plástica, sino "manifestación autorizada". Es
decir, lo que el apóstol pretende enseñarnos es que Cristo es
la única manifestación autorizada y legítima de Dios que
conocemos. Precisamente eso mismo creemos los que confesamos
el dogma de la Trinidad: que Cristo no es un dios, sino la
manifestación real de Dios.
5. El mesías-Dios en el judaísmo.
El cristianismo significó un choque emocional y espiritual de
magnitudes incalculables para el pueblo de Israel. Jesús, su
familia, sus primeros discípulos, fueron judíos. Él pretendía
ser mesías, pero de una manera que cuestionaba hasta su misma
raíz la existencia del status religioso judío, porque Jesús
también decía que "Dios era su padre, haciéndose así igual a
Dios" (Jn 5,18).
Apenas muerto Jesús, los conflictos entre cristianismo y
judaísmo comenzaron a recrudecerse de nuevo. Unas décadas
después, los judíos que eran cristianos eran expulsados, de
forma generalizada esta vez, de las sinagogas, y la propia
teología judía experimentó una profunda revisión precisamente
para privar de argumentos al cristianismo. De esta manera, el
judaísmo arrojó por la borda multitud de corrientes e
interpretaciones que había en su seno (la de que el mesías
sufriría, la de que el mesías sería Dios, etc.), y el
cristianismo, como reacción, empezó a delimitar su oposición
al judaísmo. [He delimitado este conflicto en mi artículo,
escrito en colaboración con Pilar Fernández Uricel, titulado "Anavim,
apocalípticos y helenistas", en homenaje a José María
Blázquez, Madrid 1990. Un estudio más a fondo del tema en J.
Jocz, The jewish people and Jesus Christ, Grand Rapids,
1979, donde queda de manifiesto cómo el judaísmo -tal como se
forjó en la época de la redacción del Talmud- fue
principalmente un intento de los judíos de oponerse
sólidamente al cristianismo.] No obstante lo anterior, se han
conservado algunos vestigios que indican cómo la idea de que
el mesías sería Dios era algo corriente en la época en que
surgió el cristianismo, y que, además, aunque apagadamente,
tal idea se conservó en algunos círculos poscristianos. Veamos
algún ejemplo: "Dios le llamó (al mesías) con seis nombres que
él dice en relación consigo mismo: Porque un niño nos ha
nacido, se nos ha dado un hijo; y el gobierno estará sobre su
hombro; y su nombre será maravilloso, consejero, Dios, fuerte,
padre eterno, príncipe de paz (se está citando aquí Is 9,5-6).
De manera que lo llamó Dios de una manera distintiva" (Iggereth
Teman; rabí Moisés ben Maimón escribiendo a Jacob Alfajumi).
"¿Cuál es el nombre del rey mesías? A esto respondió el rabí
Abba bar Kahana: Yahveh es su nombre" (Midrash Echa
1,51)
"Dios llamó también al rey mesías con su propio nombre (el de
Dios)" (Midrash Thillim 21,2).
No deja de ser paradójico que estos textos rabínicos, escritos
por personas que negaban que Jesús fuera el mesías,
contuvieran una concepción más correcta en relación con el
mesías que la que propaga la Wachtower, que se pretende
cristiana.
El mesías-Dios entre los cristianos primitivos
No hace falta decir que también el cristianismo primitivo tuvo
la absoluta certeza de que Cristo era Dios; y no sólo no se
abstuvo en proclamarlo, sino que insistió en ello. Resulta
imposible mencionar todas las citas del primer siglo e inicios
del segundo, no bíblicas al respecto, pero vamos a dejar
constancia de algunos ejemplos:
a) Ignacio de Antioquía (muerto entre el 98 y el 117): "Un
médico hay, en la carne hecho Dios, hijo de María e hijo de
Dios, Jesucristo nuestro Señor" (Ef 7,2).
b) Segunda epístola de Clemente (entre 100 y 150 d.C):
"Debemos sentir de Jesucristo, que es Dios, que es juez de
vivos y muertos" (1,1)
c) Justino mártir (s. II): "Cristo preexiste como Dios antes
de los siglos" (Diálogo con el judío Trifón 48,l) (en
realidad los capítulos 48 a 108 están dedicados a mostrar con
el Antiguo Testamento que el mesías es Dios y debe ser
adorado).
d) Atenágoras de Atenas (segunda mitad del s. II): "Admitimos
a un solo Dios... Dios Padre y Dios Hijo y Dios Espíritu Santo
que muestran su potencia en la unidad y su distinción en el
orden" (Súplica en favor de los cristianos, 10).
6. Conclusión.
Como tendrá ocasión de comprobar el lector que se adentre en
el resto del libro, este capítulo es con mucho el más extenso
del mismo, y es que hay razones para ello. La confesión de que
Cristo es Dios constituye la piedra fundamental sobre la que
se asienta el cristianismo. A diferencia de otras religiones,
como el Islam o el budismo, el cristianismo pretende que su
fundador fue el mismo Dios. El ataque a esta clave de la fe ha
sido una constante en la historia de la Iglesia. Lo hicieron
los ebionitas en el s. I, los gnósticos en los ss. II y III,
los arrianos en el IV, y desde entonces, los cátaros, los
socinianos, los unitarios, los primeros adventistas, los
Testigos de Jehová, los Niños de Dios, los mooníes, etc, etc.
Pese a todo, la fe de la Iglesia se ha mantenido
inquebrantable. El Dios que creó el mundo, que inspiró las
Escrituras, que liberó al pueblo de Israel del yugo de Egipto
y que guió a los profetas, se encarnó en una humilde virgen
judía para morir en una cruz y con su sangre preciosa
redimirnos. A esa cruz de la que colgó nuestro Dios encarnado
en un carpintero Galileo miramos conmovidos por su amor, que
no retrocedió ante nada para obtener nuestra salvación. Han
pasado casi dos milenios desde entonces y no deja de seguir
siendo un gran misterio que el Señor de la gloria, al que
adoraron los ángeles y los apóstoles, se humillara como un
esclavo para padecer en favor nuestro. Quizá es que el amor
siempre tiene algo de misterioso e inexplicable; y el de Dios
no es una excepción a ese principio, sino una confirmación.
Cristo, según nos enseñan las Escrituras, no fue un dios o el
arcángel Miguel enviado por Jehová a la tierra a cargar con el
peso de la obra de la redención; tampoco fue el Mesías
fracasado, cuyos errores tiene que corregir el reverendo Sun
Myung Moon. No; en aquel cuerpo lacerado latía Dios y latía su
amor por nosotros. A nosotros sólo nos queda adorarlo
humildemente y rendirle la gloria de que las sectas intentan
desposeerlo.

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