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Biólogos ante el Evolucionismo

RECONOCEMOS que la mayor parte de los biólogos modernos han adoptado la filosofía evolucionista de los orígenes como su explicación de los datos reales de la biología. De hecho, muchos han llegado a insistir en que la evolución misma es un hecho de la ciencia. Pero esta afirmación no ha sido nunca demostrada y, de hecho, por la misma naturaleza de las cosas, no puede ser sometida a prueba. Deberíamos también reconocer que en la actualidad existe un número significativo de biólogos y de otros científicos que están convencidos de que la creación específica ofrece una filosofía de orígenes más razonable y satisfactoria que el evolucionismo. Sin embargo, casi siempre es necesario, antes de que se acepte oír el alegato en favor de la creación específica, señalar las falsas pretensiones que los evolucionistas utilizan para apoyar su creencia. Así, ellos mismos, de sus mismos escritos, nos presentarán el alegato en contra del evolucionismo.

Presuposiciones

G. A. Kerkut, catedrático de bioquímica en la Universidad de Southampton, afirma lo que sigue en su libro Implications of Evolution (Implicaciones de la Evolución):

Antes que uno decida que la Teoría de la Evolución sea la mejor explicación de la existencia del presente mundo de formas vivas, se deberían examinar todas las implicaciones que pueda tener tal teoría.

Hay, sin embargo, siete presuposiciones básicas que frecuentemente ni son mencionadas durante las discusiones de Evolución. Muchos evolucionistas ignoran las seis primeras presuposiciones, y tan sólo consideran la séptima. Estas presuposiciones son como siguen:

(1) La primera presuposición es que la materia viva se originó en base de la materia inerte; esto es, se presupone que hubo una generación espontánea.

(2) La segunda presuposición es que la generación espontánea tuvo lugar sólo una vez.

(3) La tercera presuposición es que los virus, las bacterias, las plantas y los animales están todos interrelacionados.

(4) La cuarta presuposición es que los Protozoos dieron origen a los Metazoos.

(5) La quinta presuposición es que los varios phylum de invertebrados están interrelacionadas entre sí.

(6) La sexta presuposición es que los invertebrados dieron origen a los vertebrados.

(7) La séptima presuposición es que dentro de los vertebrados los peces dieron origen a los anfibios, los anfibios a los reptiles, y los reptiles a las aves y a los mamíferos. Algunas veces esto se expresa en otras palabras: esto es, que los modernos anfibios y reptiles tuvieron un grupo ancestral común, etc.>> (op. cit. pág. 6).

En su prefacio se refiere él al tratamiento que en la actualidad se da a estos temas, que son aceptados como si se tratara de hechos demostrados. Dice él:

La mayor parte de los libros acerca de la Evolución tratan estas presuposiciones con arrogancia como parte de un antiguo debate histórico ya resuelto, o bien evitan considerar las presuposiciones, y, en lugar de ello, tratan de las partes más científicas y matemáticas de la Evolución. (pág. VII.)

La mayoría de los que apoyan la teoría evolucionista mantienen que estas siete presuposiciones son válidas, y que constituyen la Teoría General de la Evolución. A todo esto, Kerkut afirma:

Lo primero que quisiera decir acerca de ello es que estas siete presuposiciones son, por su propia naturaleza, incapaces de verificación experimental. (pág. 7; énfasis añadido).

No es posible, dentro de los límites de este pequeño artículo, examinar de una manera exhaustiva cada una de estas presuposiciones. Será suficiente decir que se puede mostrar que las dos primeras son <<incapaces de verificación experimental>>, y que las otras cinco que siguen pueden también mostrarse lógicamente como inverificadas por los métodos experimentales.

El Origen de la Vida

En respuesta a la cuestión del origen de la vida o de la generación espontánea de la vida, o abiogénesis (todos estos términos están siendo extensamente empleados en la actualidad), sólo podemos señalar aquí que el estudio de los orígenes no es, hablando estrictamente, ciencia. No había observadores científicos cuando la vida se originó, ni cuando vinieron a existir los diferentes tipos de organismos. Estas cosas no están teniendo lugar ahora en nuestro mundo presente, por lo que el problema de los orígenes, sencillamente, no se puede solucionar por medios científicos. La pretensión del origen espontáneo de la vida no es más capaz de prueba científica que el que la vida se deba a una creación específica. Estas dos filosofías de orígenes, evolución y creación específica, son las únicas que están en la actualidad a disposición de los hombres de ciencia. Cada uno tiene que tomar su postura en base de una de estas dos.

La réplica

Es necesario saber que la mejor contestación a todo el tema del evolucionismo se halla en el lugar en el que uno no lo esperaría, en la Edición del Centenario de El Origen de las Especies de Darwin (edición en inglés de la Everyman's Library). Con una retadora introducción, el Profesor W. R. Thompson, F.R.S., anterior director del Instituto de Control Biológico de la Commonwealth, de Ottawa, Canadá, vuelve del revés el adulador veredicto que escribió Sir Arthur Keith 25 años antes acerca de Darwin y de su obra. Dice el doctor Thompson:

Como ya sabemos, existe una gran divergencia de opinión entre los biólogos, no sólo acerca de las causas de la evolución, sino incluso acerca del mismo proceso. Esta divergencia existe porque la evidencia es insatisfactoria y no permite llegar a ninguna conclusión cierta. Por ello, es justo atraer la atención del público no científico a los desacuerdos existentes acerca de la evolución. Pero algunas afirmaciones recientes por parte de algunos evolucionistas muestran que creen que esto es irrazonable. Esta situación, en la que hay científicos que se lanzan a la defensa de una doctrina que son incapaces de definir científicamente, y más incapaces aún de demostrar con rigor científico, tratando de mantener su crédito ante el público suprimiendo críticas y ocultando las dificultades, es anormal e indeseable en el campo de la ciencia. (pág. XXII; énfasis añadido).

Sería difícil encontrar una réplica más decisiva que ésta a todo el problema de la evolución como <<hecho>> científico aceptado. La dificultad reside en que son tan pocas las personas que saben que existe una respuesta tan adecuada. Cualquier persona que disponga de esta introducción a El Origen de las Especies de Darwin quedará advertida antes de aceptar algunas de las conclusiones que se hallan en esta obra.

Es la firme convicción del presente escritor que si el público estuviera mejor informado, la doctrina evolucionista sería reconocida por lo que es: un esforzado intento de explicar el origen de todo el mundo de lo viviente desde una postura filosófica que excluye de entrada al Creador. Éste punto lo expresa bien el cosmólogo materialista C. F. von Weizsäcker en su obra La importancia de la ciencia:

No es por sus conclusiones, sino por su punto de partida metodológico por lo que la ciencia moderna excluye la creación directa. Nuestra metodología no sería honesta si negase este hecho. No poseemos pruebas positivas del origen inorgánico de la vida ni de la primitiva ascendencia del hombre, tal vez ni siquiera de la evolución misma, si queremos ser pedantes.

Todavía no entendemos demasiado bien las causas de la evolución, pero tenemos muy pocas dudas en cuanto al hecho de la evolución; ... ¿Cuáles son las razones para esta creencia general? En la última lección las formulé negativamente; no sabemos cómo podría la vida, en su forma actual, haber venido a la existencia por otro camino. Esa formulación deja silenciosamente a un lado cualquier posible origen sobrenatural de la vida; así es la fe en la ciencia de nuestro tiempo, que todos compartimos.

Esto es, no se cree en el Evolucionismo debido a que existan unas pruebas positivas reales que lleven a tal postura como conclusión científica. Más bien, el hombre <<moderno>> toma su punto de partida en un rechazo de toda posible revelación de Dios, e interpreta todo el mundo que le rodea en términos de una filosofía que de entrada rechaza a Dios. Así, el Evolucionismo y la mentalidad racionalista atea no son una conclusión necesitada por el estudio de la realidad, sino la filosofía de partida en base de la que se interpreta la totalidad de la realidad, y que toda persona reflexiva hará bien en examinar cuidadosamente.


SUPLEMENTO

El doctor John N. Moore, profesor de ciencias naturales en la Universidad Estatal de Michigan, escribe así:

La única evidencia de cambio que puede ser considerada apropiadamente como el resultado de la aplicación del método científico es la evidencia de la variación genética dentro de los límites de los tipos o formas de las plantas. El tipo perro, el tipo caballo, y el tipo humano existen; el tipo liquen, el tipo helecho, y el tipo de planta fanerógama existen. No hay evidencia de ningún tipo, empírica, repetible, reproducible, predecible, de experimentos de reproducción, de que existan conexiones entre estos tipos, ni existe tampoco evidencia alguna en la principal fuente histórica, el registro fósil, de ninguna conexión real en secuencia de estos tipos.

Dice el doctor William J. Tinkle, genetista graduado en la Universidad Estatal de Ohio:

Las cosas vivas, dejadas a sí mismas, no tienden a mejorar a través de sucesivas generaciones, ni tampoco tienden a deteriorarse excepto cuando tienen lugar accidentes tales como las mutaciones.

La genética ... describe a genes que se reproducen fielmente excepto cuando mutan, y en este caso lo que tiene lugar es o bien la muerte o bien la pérdida de vigor.

Sobre este extremo, afirma el eminente zoólogo francés Pierre P. Grassé:

La genética es la ciencia de la herencia, de la conservación del patrimonio específico; sus relaciones con la evolución no son conocidas más que a través de teorías, lo que es bien poco.

El doctor Bermudo Meléndez, anterior catedrático de paleontología en la Universidad Complutense de Madrid, admite lo siguiente acerca de la naturaleza del registro fósil:

La amplitud de la evolución realmente comprobada por los datos paleontológicos es bastante restringida, y lo mismo puede decirse de las experiencias de genética en el laboratorio. Ésta es la que se suele llamar microevolución, que abarca, desde luego, la evolución intraespecífica y la que, traspasando los límites específicos, queda limitada a los géneros y, en algunos casos, a las familias.

El principal motivo de incertidumbre está en que ya desde los restos fósiles más antiguos conocidos, están perfectamente individualizados todos los <<tipos>> de organización de los Invertebrados, que aparecen aislados entre sí, sin formas intermedias conocidas; y en cierto grado, también las <<clases>> aparecen en las mismas condiciones. El <<tipo>> Vertebrados también aparece individualizado, desde el primer momento, sin que a ciencia cierta se pueda decidir cuáles podrían haber sido sus antecesores.

Y Stephen Jay Gould, profesor de geología y paleontología en la Universidad de Harvard, concuerda con los anteriores acerca de la naturaleza del registro fósil:

Todos los paleontólogos saben que el registro fósil contiene bien poca cosa en cuanto a formas de transición; las transiciones entre los grupos principales son característicamente abruptas.

La extrema rareza de las formas de transición en el registro fósil persiste como el secreto profesional de la paleontología. ... Nos imaginamos ser los únicos verdaderos estudiosos de la historia de la vida, y sin embargo para preservar nuestro favorito relato de evolución por selección natural consideramos que nuestros datos son tan malos que nunca vemos el mismo proceso que profesamos estudiar.

El doctor Heribert Nilsson, profesor de botánica en la Universidad de Lund, Suecia, llegó a esta conclusión tras una vida de estudio:

El resultado final de toda mi investigación y estudios, o sea, que la idea de la evolución, puesta a prueba mediante experimentos acerca de especiación y ciencias relacionadas, lleva siempre a contradicciones increíbles y a consecuencias conducentes a la confusión, por todo lo cual debería ser abandonada, encolerizará indudablemente a muchos. Y con más razón encolerizará a muchos mi conclusión de que la teoría de la evolución no puede en absoluto ser considerada como una filosofía natural inocua, sino que constituye una seria obstrucción a la investigación biológica. Obstruye --como se ha visto en repetidas ocasiones-- la consecución de resultados coherentes, incluso a partir de un material experimental homogéneo. Porque en último término todo se tiene que retorcer para que concuerde con esta especulativa teoría. Por ello, no se puede erigir sobre ella una biología exacta.


NOTAS AL ARTÍCULO

1. Huxley, Julian, <<Introduction>> a The Origin of Species de Darwin (New York, New American Library, 1958). También en la colección de libros <<paperback>> de Mentor Books, MD 222.)

2. Kerkut, G. A., Implications of Evolution (Londres, Pergamon Press, 1960).

3. Thompson, <<Introduction>> a The Origin of Species (Londres, J. M. Dent & Co., 1956).

4. Weizsäcker, C. F. von, La importancia de la ciencia (Barcelona, Ed. Labor, Nueva Colección Labor n(o) 27, 1972), pág. 125.

5. Ibid., pág. 131.

 

NOTAS AL SUPLEMENTO

1. Moore, J. N., <<Evolution: Requirement or Optional in a Science Course?>> Journal of the American Scientific Affiliation, Sept., 1970, pág. 87.

2. Tinkle, W. J., Heredity (Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1970), pág. 51.

3. Ibid.

4. Grassé, P. P., La evolución de lo viviente (Madrid: H. Blume Ediciones, 1977), pág. 20.

5. Meléndez, B., Paleontología, tomo I (Madrid: Paraninfo, 1977), pág. 155.

6. Ibid., pág. 156.

7. Gould, S. J., <<The Return of the Hopeful Monsters>>, Natural History, vol. 86(6), June-July 1977, pág. 24.

8. Gould, S. J., Natural History, vol. 86(5), May 1977, pág. 14.

9. Nilsson, H., Synthetische Artbildung (Lund: C. W. K. Gleerup Publishers, 1954), pág. 11.

por Dominique Tassot

Traducción del francés:
Santiago Escuain

© Copyright SEDIN, 1996

 

LA FIESTA DE LA NAVIDAD

La fiesta de Navidad fue instituida por la Iglesia en el siglo IV y es originaria de la Iglesia latina y más propiamente de la Sede Apostólica de Roma. Dada la falta de certeza absoluta de la fecha y en vistas a asestar un golpe más al paganismo que celebraba la fiesta del Sol invicto, en honor al dios Mitra, el día 25 de diciembre (coincidente con el solsticio de invierno), según lo indicado por el calendario Filocaliano, la Iglesia romana separó de la Epifanía la memoria del Nacimiento del verdadero Sol de Justicia, Jesucristo, y la trasladó definitivamente a esa fecha que se mantuvo a partir de entonces hasta nuestros días.

A pesar de ser una fiesta instaurada en la Iglesia latina, a fines del siglo IV, San Juan Crisóstomo la implantó en Antioquía, y de allí pasó a Constantinopla. A mediados del siglo V se celebraba ya en Jerusalén y por el año 430 en Alejandría desde donde se extendió a otras Iglesias orientales. No obstante, las Iglesias llamadas Ortodoxas, nunca adoptaron absolutamente la fecha del 25 de diciembre, sobre todo luego del cisma del 1059 en que se separaron de Roma.

EL PESEBRE

La tradición de representar el nacimiento del Señor se remonta entre los cristianos al siglo XIII. Tal iniciativa se debe a San Francisco de Asís quien para aprovechar espiritualmente mejor el misterio de la Natividad pensó en reproducir el lugar donde había nacido el Redentor. Se cuenta así que armó un establo llevando animales y el mismo se ubicaba en los diversos lugares de los personajes, la Virgen, San José, los pastores y hasta los animales, y meditaba sobre cual sería su actitud frente a ese Niño-Dios que se había hecho hombre para salvar a los hombres.

A partir de esto, comenzó la idea de utilizar figuras para armar la escena del nacimiento, sobre todo en Italia y que luego pasó al resto de Europa y a todo el mundo cristiano. Desde entonces es una costumbre que quedó solamente entre los católicos y que los protestantes no siguieron después de la Reforma del siglo XVI.

También, los Pesebres, tomaron sus características según las regiones, por ejemplo los Pesebres Napolitanos, cuyos personajes están vestidos a la usanza campesina del sur de Italia, o bien el hecho de ser objeto sus figuras de verdaderas obras de arte como el Pesebre de tamaño real realizado en madera tallada policromada por los artesanos de Oberammergau, Alemania, que fuera obsequiado al Papa y que se arma todos los años dentro de la basílica de San Pedro.

LA CANCIÓN NOCHE DE PAZ

La canción navideña mas popular: Stille Nacht (Noche de Paz), cumple este año el 180o aniversario de su estreno. Fue cantada por primera vez en la Misa de Nochebuena del año 1818 en la iglesia de San Nicolás de Oberndorf, una pequeña aldea a 10 km. al norte de Salzburgo (Austria).

La creación surgió a partir de la idea de componer una canción para la Navidad para ser ejecutada en la Iglesia del pueblo el día de la Fiesta.

El autor de la letra fue el Padre Joseph Mohr, coadjutor de la iglesia de San Nicolás entre los años 1817 y 1819, y la música se debe al Profesor Franz Xaver Gruber, maestro de escuela en el pueblo de Armsdorf y organista de la iglesia de San Nicolás.

La noche del 24 de diciembre de 1818, "Noche de Paz" se interpretaba por primera vez. El Padre Mohr canto como tenor y acompañó con guitarra, Gruber en la voz de bajo, mientras que el coro hacia el "ritornello" de los dos últimos versos. La partitura definitiva de Gruber data del año 1855 y fue compuesta para soprano y contralto con un "silencioso acompañamiento de órgano". El texto autógrafo se encuentra el Museo "Carolino Augusteum" de Salzburgo.

A fines del siglo XIX, el templo de San Nicolás sufrió un terrible incendio dejándolo en un estado tan precario que se hizo  necesario demolerlo en 1906 por razones de seguridad.

En el mismo sitio donde se encontraba la antigua iglesia se levantó en una pequeña capilla conmemorativa del Stille Nacht inaugurada el 15 de agosto de 1937 para recordar el lugar en donde se cantó la célebre canción navideña y en honor de sus autores.

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

El árbol de Navidad, un abeto frondoso y cargado de adornos, según los investigadores, tiene su origen en el paganismo centroeuropeo, pues rendían culto a sus dioses en los bosques o en determinados sitios donde se alzaba algún árbol significativo. San Bonifacio, uno de los grandes misioneros de la evangelización de Europa, se dedicó a destruir estos hitos paganos y entre sus historias se cuenta que derribaba árboles cultuales.

No obstante, el árbol que recuerda el nacimiento de Jesús, entre los pueblos germanos cristianizados, simbolizaba el árbol del Edén, pero no ya aquel del fruto prohibido que fue el comienzo del pecado en el hombre sino el que conmemora el Fruto de la salvación, de allí el carácter de sus adornos y decoraciones.

El uso del árbol de Navidad, proveniente de la tradición germánica, se comenzó a utilizar mas propiamente en el siglo XVII en la ciudad de Estrasburgo (Francia), difundiéndose hacia el norte de Europa.

En 1841, el príncipe Alberto (1862), consorte de la reina Victoria I (1837-1901), lo introduce en Gran Bretaña y luego pasará a los Estados Unidos por medio de los inmigrantes ingleses que también lo llevan al resto de los lugares a donde emigraron.

Con el correr de los años, el árbol de Navidad, como símbolo del nacimiento del Señor, pasará también al orbe católico, y desde hace ya mucho tiempo, en la Plaza de San Pedro en Roma, junto al Pesebre se alza un enorme abeto decorado profusamente que es regalado todos los años al Papa por diversas comunidades católicas de los países centroeuropeos.

PAPA NOEL

El actual Papa Noel tiene su origen en la veneración de que era objeto San Nicolás, obispo de Mira (Turquía), cuyo culto se expandió en todo occidente a partir del siglo X. Su historia cuenta que protegía de las tormentas a los marinos, defendía a los jóvenes y niños, y daba regalos a los pobres. A partir de ello quedó la tradición de los obsequios del generoso San Nicolás.

Este santo, llamado Sankt Nikolaus en Alemania y Sanct Herr Nicholaas o Sinter Klaas en Holanda, aparecía a veces representado con esquíes o bien a caballo con vestimentas de obispo y acompañado por Black Peter (El Negro Pedro), un elfo que castigaba a los niños malos.

La fiesta de San Nicolás es celebrada por la Iglesia el día 6 de diciembre. Después de la Reforma, los alemanes protestantes promovieron la veneración del Christkind (Cristo Niño) considerándolo el regalo dado a los hombres el día 25 de diciembre. Esta iniciativa no prosperó y prevaleció la tradición de San Nicolás, pero su actividad de generoso dador de presentes fue llevada  definitivamente al día 25 vinculándolo así con la Natividad del Señor.

Otros países, siempre relacionado con la Navidad, han adoptado y adaptado el personaje de San Nicolás, al que dieron diversos nombres: Pere Noeel y Father Christmas (Papa Navidad) en Francia e Inglaterra respectivamente, y Julenisse en los países escandinavos.

La versión americana de Papa Noel proviene del Sinter Klaas de Holanda y su aparición data del siglo XVII en Nueva York.

Los holandeses establecieron en el Nuevo Mundo algunas colonias: en la costa Este de América del Norte, en islas del Mar de las  Antillas al Norte de Venezuela y en la Guyana al Noreste del Brasil. La colonia de América del Norte tuvo su asentamiento a partir de 1613 y la llamaron Nueva Holanda, extendiéndose cerca de 300 km. a lo largo del curso del río Hudson. En 1614 fundaron un fuerte en la parte superior del río con el nombre de Orange, y en una isla frente a la desembocadura la ciudad de Nueva Amsterdam. La colonia pasó a manos inglesas en 1664 y el fuerte cambio su nombre por Albany y la ciudad por Nueva York.

En 1773, Sinter Klaas apareció en un periódico, y no se sabe porque, con el nombre "St. A Claus" y de allí derivó Santa Claus. Pero es el escritor Washington Irving quien da un relato detallado acerca de la versión holandesa de la leyenda de San Nicolás a través de su Historia de Nueva York, publicada en 1809 bajo el seudónimo de Diedrich Knickerbocker, y que describe la llegada del santo sobre un caballo blanco, mas sin la compañía de Black Peter.

El proceso de "americanización" de Santa o Saint Nick, como también se lo llama, continuó en 1823 con el poema A visit from Saint Nicholas (Una visita de San Nicolás), mas conocido bajo el nombre The night before Christmas (La noche antes de Navidad) de Clement Clarke Moore, incorporando numerosos detalles: el trineo tirado por ocho renos especificando sus nombres (el  noveno reno, de nombre Rudolph, con una gran nariz roja, es un agregado que data de 1939), las típicas risotadas y saludos, las entradas por las chimeneas, etc., y con características mas de un duende que de un santo obispo, sea por su personalidad como por su típica vestimenta: chaqueta, pantalones y gorro rojos con vivos de piel blanca y grandes botas negras. El dibujante Thomas Nast, realiza una serie de diseños de este Santa Claus "americanizado" para los números de Navidad de la revista Harper's entre los años 1860 y 1880, añadiendo otros elementos a la leyenda como ser el hecho de tener su taller de regalos en el Polo Norte y el poseer un lista de niños buenos y malos de todo el mundo. Otra versión de Santa Claus se debe a la campaña lanzada por The Coca-Cola Company en 1931, siendo quizás la imagen más popular que conocemos del mismo.

 

La Reencarnación

Una conocida actriz, hace no mucho tiempo, declaraba en el reportaje concedido a una revista: “Yo soy católica, pero creo en la reencarnación. Ya averigüé que ésta es mi tercera vida. Primero fui una princesa egipcia. Luego, una matrona del Imperio Romano. Y ahora me reencarné en actriz”.

Resulta, en verdad, asombroso comprobar cómo cada vez es mayor el número de los que, aún siendo católicos, aceptan la reencarnación. Una encuesta realizada en la Argentina por la empresa Gallup reveló que el 33% de los encuestados cree en ella. En Europa, el 40% de la población se adhiere gustoso a esa creencia. Y en el Brasil, nada menos que el 70% de sus habitantes son reencarnacionistas.

Por su parte, el 34% de los católicos, el 29% de los protestantes, y el 20% de los no creyentes, hoy en día la profesan.

La fe en la reencarnación, pues, constituye un fenómeno mundial. Y por tratarse de un artículo de excelente consumo, tanto la radio como la televisión, los diarios, las revistas, y últimamente el cine, se encargan permanentemente de tenerlo entra sus ofertas. Pero ¿por qué esta doctrina seduce a la gente?

Qué es la reencarnación

La reencarnación es la creencia según la cual, al morir una persona, su alma se separa momentáneamente del cuerpo, y después de algún tiempo toma otro cuerpo diferente para volver a nacer en la tierra. Por lo tanto, los hombres pasarían par muchas vidas en este mundo.

¿Y por qué el alma necesita reencarnarse? Porque en una nueva existencia debe pagar los pecados cometidos en la presente vida, o recoger el premio de haber tenido una conducta honesta. El alma está, dicen, en continua evolución. Y las sucesivas reencarnaciones le permite progresar hasta alcanzar la perfección. Entonces se convierte en un espíritu puro, ya no necesita más reencarnaciones, y se sumerge para siempre en el infinito de la eternidad.

Esta ley ciega, que obliga a reencarnarse en un destino inevitable, es llamada la ley del “karma” (=acto).

Para esta doctrina, el cuerpo no sería más que una túnica caduca y descartable que el alma inmortal teje por necesidad, y que una vez gastada deja de lado para tejer otra.

Existe una forma aún más escalofriante de reencarnacionismo, llamada “metempsicosis”, según la cual si uno ha sido muy pecador su alma puede llegar a reencarnarse en un animal, ¡y hasta en una planta!

Las ventajas que brinda

Quienes creen en la reencarnación piensan que ésta ofrece ventajas. En primer lugar, nos concede una segunda (o tercera, o cuarta) oportunidad. Sería injusto arriesgar todo nuestro futuro de una sola vez. Además, angustiaría tener que conformarnos con una sola existencia, a veces mayormente triste y dolorosa. La reencarnación, en cambio, permite empezar de nuevo.

Por otra parte, el tiempo de una sola vida humana no es suficiente para lograr la perfección necesaria. Esta exige un largo aprendizaje, que se va adquiriendo poco a poco. Ni los mejores hombres se encuentran, al momento de morir, en tal estado de perfección. La reencarnación, en cambio, permite alcanzar esa perfección en otros cuerpos.

Finalmente, la reencarnación ayuda a explicar ciertos hechos incomprensibles, como por ejemplo que algunas personas sean más inteligentes que otras, que el dolor esté tan desigualmente repartido entre los hombres, las simpatías o antipatías entre las personas, que algunos matrimonios sean desdichados, o la muerte precoz de los niños. Todo esto se entiende mejor si ellos están pagando deudas o cosechando méritos de vidas anteriores.

Cuando aún no existía

La reencarnación, pues, es una doctrina seductora y atrapante, porque pretende “resolver” cuestiones intrincadas de la vida humana. Además, porque resulta apasionante para la curiosidad del común de la gente descubrir qué personaje famoso fue uno mismo en la antigüedad. Esta expectativa ayuda, de algún modo, a olvidar nuestra vida intrascendente, y a evadirnos de la existencia gris y rutinaria en la que estamos a veces sumergidos. Pero ¿cómo nació la creencia en la reencarnación?

Las más antiguas civilizaciones que existieron, como la sumeria, egipcia, china y persa, no la conocieron. El enorme esfuerzo que dedicaron a la edificación de pirámides, tumbas y demás construcciones funerarias, demuestra que creían en una sola existencia terrestre. Si hubieran pensado que el difunto volvería a reencarnarse en otro, no habrían hecho el colosal derroche de templos y otros objetos decorativos con que lo preparaban para su vida en el más allá.

Por qué apareció

La primera vez que aparece la idea de la reencarnación es en la India, en el siglo VII a.C. Aquellos hombres primitivos, muy ligados aún a la mentalidad agrícola, veían que todas las cosas en la naturaleza, luego de cumplir su ciclo, retornaban. Así, el sol salía par la mañana, se ponía en la tarde, y luego volvía a salir. La luna llena decrecía, pero regresaba siempre a su plena redondez. Las estrellas repetían las mismas fases y etapas cada año. Las estaciones del verano y el invierno se iban y volvían puntualmente. Los campos, las flores, las inundaciones, todo tenía un movimiento circular, de eterno retorno. La vida entera parecía hecha de ciclos que se repetían eternamente.

Esta constatación llevó a pensar que también el hombre, al morir, debía otra vez regresar a la tierra. Pero como veían que el cuerpo del difundo se descomponía, imaginaron que era el alma la que volvía a tomar un nuevo cuerpo para seguir viviendo.

Con el tiempo, aprovecharon esta creencia para aclarar también ciertas cuestiones vitales (como las desigualdades humanas, antes mencionadas), que de otro modo les resultaban inexplicables para la incipiente y precaria mentalidad de aquella época.

Cuando apareció el Budismo en la India, en el siglo V a.C., adoptó la creencia en la reencarnación. Y por él se extendió en la China, Japón, el Tíbet, y más tarde en Grecia y Roma. Y así, penetró también en otras religiones, que la asumieron entre los elementos básicos de su fe.

Ya Job no lo creía

Pero los judíos jamás quisieron aceptar la idea de una reencarnación, y en sus escritos la rechazaron absolutamente. Por ejemplo, el Salmo 39, que es una meditación sobre la brevedad de la vida, dice: “Señor, no me mires con enojo, para que pueda alegrarme, antes de que me vaya y ya no exista más” (v.14).

También el patriarca Job, en medio de su terrible enfermedad, le suplica a Dios, a quien creía culpable de su sufrimiento: “Apártate de mí. Así podré sonreír un poco, antes de que me vaya para no volver, a la región de las tinieblas y de las sombras” (10:21-22).

Tampoco el rey David

La creencia de que nacemos una sola vez, aparece igualmente en dos episodios de la vida del rey David. El primero, cuando una mujer, en una audiencia concedida, le hace reflexionar: “Todos tenemos que morir, y seremos como agua derramada que ya no puede recogerse” (2 Sm 14:14).

El segundo, cuando al morir el hijo del monarca exclama: “Mientras el niño vivía, yo ayunaba y lloraba. Pero ahora que está muerto ¿para qué voy a ayunar? ¿Acaso podré hacerlo volver? Yo iré hacia él, pero él no volverá hacia mí” (2 Sm 12:22.23).

Vemos, entonces, que en el Antiguo Testamento, y aún cuando no se conocía la idea de la resurrección, ya se sabía al menos que de la muerte no se vuelve nunca más a la tierra.

La irrupción de la novedad

Pero fue en el año 200 a. C. cuando se iluminó para siempre el tema del más allá. En esa época entró en el pueblo judío la fe en la resurrección, y quedó definitivamente descartada la posibilidad de la reencarnación.

Según esta novedosa creencia, al morir una persona, recupera la vida inmediatamente. Pero no en la tierra, sino en otra dimensión llamada “la eternidad”. Y comienza a vivir una vida distinta, sin límites de tiempo ni espacio. Una vida que ya no puede morir más. Es la denominada Vida Eterna.

Esta enseñanza aparece por primera vez, en la Biblia, en el libro de Daniel. Allí, un ángel le revela este gran secreto: “La multitud de los que duermen en la tumba se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la vergüenza y el horror eterno” (12:2). Por lo tanto, queda claro que el paso que sigue inmediatamente a la muerte es la Vida Eterna, la cual será dichosa para los buenos y dolorosa para los pecadores. Pero será eterna.

Para el Antiguo Testamento, pues, resulta imposible volver a la vida terrena después de morir. Por más breve y dolorosa que haya sido la existencia humana, luego de la muerte comienza la resurrección.

 Ahora lo dice Jesús

Jesucristo, con su autoridad de Hijo de Dios, confirmó oficialmente esta doctrina. Con la historia del rico y Lázaro (Lc 16:19-31), contó cómo al morir un pobre mendigo llamado Lázaro los ángeles lo llevaron inmediatamente al cielo. Por aquellos días murió también un hombre rico e insensible, y fue llevado al infierno para ser atormentado por el fuego de las llamas.

No dijo Jesús que a este hombre rico le correspondiera reencarnarse para purgar sus numerosos pecados en la tierra. Al contrario, la parábola explica que por haber utilizado injustamente los muchos bienes que había recibido en la tierra, debía “ahora” (es decir, en el más allá, en la vida eterna, y no en la tierra) pagar sus culpas (v.25). El rico, desesperado, suplica que le permitan a Lázaro volver a la tierra (o sea, que se reencarne) porque tiene cinco hermanos tan pecadores como él, a fin de advertirles lo que les espera si no cambian de vida (v.27.28). Pero le contestan que no es posible, porque entre este mundo y el otro hay un abismo que nadie puede atravesar (v.26).

La angustia del rico condenado le viene, justamente, al confirmar que sus hermanos también tienen una sola vida para vivir, una única posibilidad, una única oportunidad para darle sentido a la existencia.

La suerte del ladrón

Cuando Jesús moría en la cruz, cuenta el Evangelio que uno de los ladrones crucificado a su lado le pidió: “Jesús, acuérdate de mí cuando vayas a tu reino”. Si Jesús hubiera admitido la posibilidad de la reencarnación, tendría que haberle dicho: “Ten paciencia, tus crímenes son muchos; debes pasar por varias reencarnaciones hasta purificarte completamente”. Pero su respuesta fue: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23:43).

Si “hoy” iba a estar en el Paraíso, es porque nunca más podía volver a nacer en este mundo. San Pablo también rechaza la reencarnación. En efecto, al escribir a los filipenses les dice: “Me siento apremiado por los dos lados. Por una parte, quisiera morir para estar ya con Cristo. Pero por otra, es más necesario para ustedes que yo me quede aún en este mundo” (Fil. 1:23-24). Si hubiera creído posible la reencarnación, inútiles habrían sido sus deseos de morir, ya que volvería a encontrarse con la frustración de una nueva vida terrenal.

Una total incoherencia

Y explicando a los corintios lo que sucede el día de nuestra muerte, les dice: “En la resurrección de los muertos, se entierra un cuerpo corruptible y resucita uno incorruptible, se entierra un cuerpo humillado y resucita uno glorioso, se entierra un cuerpo débil y resucita uno fuerte, se entierra un cuerpo material y resucita uno espiritual (1 Cor 15:42-44).

¿Puede, entonces, un cristiano creer en la reencarnación? Queda claro que no. La idea de tomar otro cuerpo y regresar a la tierra después de la muerte es absolutamente incompatible con las enseñanzas de la Biblia. La afirmación bíblica más contundente y lapidaria de que la reencarnación es insostenible, la trae la carta a los Hebreos: “Está establecido que los hombres mueren una sola vez, y después viene el juicio” (9:27).

Invitación a la irresponsabilidad

Pero no sólo las Sagradas Escrituras impiden creer en la reencarnación, sino también el sentido común. En efecto, que ella explique las simpatías y antipatías entre las personas, los desentendimientos de los matrimonios, las desigualdades en la inteligencia de la gente, o las muertes precoces, ya no es aceptado seriamente por nadie. La moderna psicología ha ayudado a aclarar, de manera científica y concluyente, el porqué de éstas y otras manifestaciones extrañas de la personalidad humana, sin imponer a nadie la creencia en la reencarnación.

 La reencarnación, por lo tanto, es una doctrina estéril, incompatible con la fe cristiana, propia de una mentalidad primitiva, destructora de la esperanza en la otra vida, inútil para dar respuestas a los enigmas de la vida, y lo que es peor, peligrosa por ser una invitación a la irresponsabilidad. En efecto, si uno cree que va a tener varias vidas más, además de ésta, no se hará mucho problema sobre la vida presente, ni pondrá gran empeño en lo que hace, ni le importará demasiado su obrar. Total, siempre pensará que le aguardan otras reencarnaciones para mejorar la desidia de ésta.

Solamente una vez

Pero si uno sabe que el milagro de existir no se repetirá, que tiene sólo esta vida para cumplir sus sueños, sólo estos años para realizarse, sólo estos días y estas noches para ser feliz con las personas que ama, entonces se cuidará muy bien de maltratar el tiempo, de perderlo en trivialidades, de desperdiciar las oportunidades. Vivirá cada minuto con intensidad, pondrá lo mejor de sí en cada encuentro, y no permitirá que se le escape ninguna coyuntura que la vida le ofrezca. Sabe que no retornarán.

 El hombre, a lo largo de su vida, trabaja un promedio de 136.000 horas; duerme otras 210.000; come 3.360 kilos de pan, 24.360 huevos y 8.900 kilos de verdura; usa 507 tubos de dentífrico; se somete a 3 intervenciones quirúrgicas; se afeita 18.250 veces; se lava las manos otras 89.000; se suena la nariz 14.080 veces; se anuda la corbata en 52.000 oportunidades, y respira unos 500 millones de veces.

 Pero absolutamente todo hombre, creyente o no, muere una vez y sólo una vez. Antes de que caiga el telón de la vida, Dios nos regala el único tiempo que tendremos, para llenarlo con las mejores obras de amor de cada día.


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Apologética

                     Sección 13

  Biólogos ante el...
  La navidad
  La reencarnación

                     Nota

Apologética: Viene del idioma griego "apologia", que significa defensa. Se usaba para defender una idea, filosofía o creencia.

El diccionario Larousse dice: "parte de la teología que tiene por objeto defender la religión cristiana contra los ataques de sus adversarios."

El apóstol Pedro la usa en tal sentido, cuando escribe: "...Y estad siempre preparados  para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que  hay en vosotros" (1 Pedro 3:15).

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