Págs.

El manto de Turín o La Sabana “Santa

Mucho se ha hablado y escrito, en todos los tonos, sobre la Sábana Santa de Turín; si ella sirvió, o no, de mortaja al cuerpo de Cristo mientras éste yació en el sepulcro; pero no conocemos ni uno de esos escritos que se atenga únicamente a lo que dicen, sobre este tema, los Evangelios, que, después de todo, fueron escritos por autores que sabían mejor que nadie lo que allí pasó en relación con dicha Sábana, por haberlo visto, o por haber hablado personalmente con quienes fueron testigos oculares de la muerte, embalsamamiento y entierro de Jesús; quienes también vieron la mortaja del cuerpo de Jesús después de la resurrección de éste.

Entre tantas opiniones sobre la mencionada Sábana, hallamos una del papa Juan Pablo II, quien dice:

“Y también la Catedral de Turín, el lugar donde, desde hace siglos, se encuentra la Sábana Santa, la Reliquia más espléndida de la Pasión y de la Resurrección” (L´Osservatore Romano, 27-IV-1980).

¿Es cierto, según los Evangelios, que Jesús estaba envuelto en esa Sábana cuando resucitó? Sigamos esto siguiendo el orden cronológico de los acontecimientos y fundándonos únicamente en los Evangelios; es decir, hagamos la reconstrucción de los hechos relativos al entierro y la resurrección de Jesús. Primero veremos lo que dicen los Sinópticos, y después consideraremos lo que reseña el Evangelio según Juan.

Desde la cruz al sepulcro.

Sobre esta etapa, los Sinópticos dicen:

Mateo 27:59-60: “Y tomó José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue”.

Marcos 15:46: “José...compró una sábana, y quitándolo (de la cruz), lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro”.Lucas 23:53: José de Arimatea, “...quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto nadie”.

Solamente Lucas, entre estos tres evangelistas, dice lo que vio el apóstol Pedro en el sepulcro después de resucitar Jesús (Lucas 24:12); se trataría de unos “lienzos”.

Como Lucas no explica nada sobre esos “lienzos”, no podemos saber, por su relato, a qué lienzos se refiere. Por consiguiente, el relato de los tres Sinópticos deja muy claro que José de Arimatea quitó el cuerpo de Jesús de la cruz, lo envolvió en una sábana, lo dejó en el sepulcro (con la sábana, pues no se dice que se la llevara), cerró el sepulcro y se fue. Según todas estas afirmaciones, el cuerpo de Jesús quedó envuelto en dicha sábana dentro del sepulcro (sin ninguna clase de embalsamamiento), y el entierro fue realizado sólo por José de Arimatea.

Lógicamente, cuando se produjo la resurrección, de acuerdo con estos tres relatos del entierro de Jesús, éste tuvo que salir de esta sábana que lo envolvía. En este caso, la Sábana de Turín bien podría ser aquella que José de Arimatea dejó en el sepulcro envolviendo el cuerpo de Jesús, siempre según el relato de los tres Sinópticos relativo al entierro de Jesús; pero veamos lo que dice el apóstol Juan.

El embalsamamiento del cuerpo de Jesús.

Juan, a la hora de escribir su evangelio después de los otros tres evangelistas, se encuentra con la leyenda que corría entre los judíos sobre el robo del cuerpo de Jesús, inventada por los dirigentes judíos y propagada por los soldados romanos tras haber sido sobornados (Mateo 28:2-15)

Ante esa mentira propagada sobre el robo del cuerpo de Jesús, por una parte, y el relato incompleto de los Sinópticos sobre el entierro de Cristo, por otra parte, Juan va a reaccionar contando minuciosamente todos los detalles de cómo era la mortaja del cuerpo de Jesús, antes y después de la resurrección.

Ahora, Juan va a poner todo su empeño y sus conocimientos de testigo ocular de los hechos (pues no hay que olvidar que él es el único de los evangelistas, según el relato del mismo Juan, que estuvo al pie de la cruz de Jesús, y que vio la mortaja de éste después de la resurrección), para mostrar que fue imposible el hurto del cuerpo de Jesús.

Juan empieza por explicar que los soldados romanos se repartieron la ropa de Jesús (Juan 19:23-24). Por tanto José de Arimatea sólo dejó dos cosas en el sepulcro: La sábana y el cuerpo de Jesús.

Después de hablar de la muerte de Jesús, Juan se une al relato de los Sinópticos sobre el entierro de éste, para completar ese relato explicando cómo fue el embalsamamiento y la mortaja puesta al cuerpo del crucificado (Juan 19:38-42).

El relato de Juan dice que entre José de Arimatea y Nicodemo envolvieron en “lienzos con especies aromáticas” el cuerpo de Jesús, “según es costumbre sepultar entre los judíos”.

Por tanto, según Juan, para la mortaja del cuerpo de Jesús se usaron “lienzos” (en plural). Esta palabra, en griego, es “ozoníois” (en dativo plural), y significa “pedazos de lienzo” (Miguel Balagué: Diccionario Griego-Español).

Llegados aquí, aparece una pregunta: ¿De dónde sacaron los pedazos de lienzo para envolver el cuerpo de Jesús?; pues ya hemos visto que sólo llevó, al sepulcro, una sábana (que, en acusativo singular griego, es “sidóna”); pero, ningún evangelio dice que alguien llevara esos pedazos de lienzo.

Lo que había en el sepulcro después de la resurrección.

He aquí la explicación:

“Salieron Pedro y otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó” (Juan 20:3-8).

Vemos que, al hablar Juan de lo que había en el sepulcro después de resucitar Jesús, dice que, en el sepulcro, estaban los “lienzos”, que es la misma palabra (en plural “neutro”), que ya hemos explicado que significa “pedazos de lienzo”. Juan agrega que también está allí “el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús”. El sudario (en griego “suadrion”, es una palabra neutra en singular) se ponía “sobre la cabeza” del difunto; pero enrollado alrededor de ésta, cubriendo el rostro; se trata de una pieza de pequeño tamaño; pues esta palabra se usaba también para referirse a un “pañuelo”, como se comprueba en Lucas 19:20. Por tanto, Juan dice que había, en el sepulcro: Los pedazos de lienzo y el sudario; pero no dice que, además, también estuvieron allí la sábana; tampoco dice que alguien se llevara la sábana. Por otra parte, tampoco se puede decir que la palabra “sidona” (sábana) sea el equivalente a la palabra “ozoníois” (pedazos de lienzo) más el “sudario”.

La imposibilidad del robo del cuerpo de Jesús.

Juan no se limita a decir que estaban, en el sepulcro, los pedazos de lienzo (en realidad tiras de lienzo usadas como vendas) y el sudario, sino que, además, dice cómo estaban colocados, tanto los unos como el otro. Explica que los “lienzos” estaban “puestos allí”; la palabra puestos es, en griego ”keimena”, y significa “yacentes”, “aplanados”, etc. Esto indica que, al ser envuelto el cuerpo de Jesús (cada miembro y el tronco) con las tiras de lienzo y las especies aromáticas (de carácter resinoso), estas tiras se habían pegado una con otra, y todas sobre el cuerpo de Jesús, formando una especie de caparazón (como una segunda piel pegada sobre la primera).

Cuando Jesús resucitó, salió de ese “caparazón” (como después entró donde estaban los apóstoles con la puerta cerrada) sin deshacerlo, dejándolo hueco; así, las tiras de lienzo quedaron “yacentes” o “aplastadas” en el mismo sitio donde habían sido “puestas” envolviendo el cuerpo de Jesús. El sudario no estaba “puesto” (keímenon: “Yacente” o “aplastado”) junto con las tiras de lienzo, “sino enrollado en un lugar aparte”; es decir, cuando dejaron el cadáver de Jesús depositado sobre un banco de piedra que corría a lo largo de una pared del sepulcro, la cabeza con el sudario enrollado estaba apoyada sobre un punto (un lugar) y el cuerpo estaba apoyado en otro lugar; o sea, la cabeza y el cuerpo estaban apoyados en dos puntos (o lugares) diferentes, aunque entre ambos sólo hubiera una mínima distancia; eso es, cada parte de la mortaja estaba en el lugar donde había sido colocada en el cuerpo; pero “aplanada” porque, al faltar el cuerpo que estaba dentro, y quedarse vacía, se había hundido la parte alta. Es decir, cada parte de la mortaja estaba en su lugar y guardaba su compostura; pero el cuerpo de Jesús no estaba dentro de ella; había desaparecido.

Esto demostraba que el robo del cuerpo de Jesús era imposible; porque sólo podían haber sucedido dos cosas:

1- Que alguien hubiera llevado el cuerpo con la mortaja pegada a él; pero no había pasado, pues la mortaja estaba allí.

Que alguien se hubiese llevado el cuerpo sin la mortaja; pero, en este caso, tenían que haber desenrollado las tiras de lienzo, que envolvían el tronco y los miembros, con lo cual habría deshecho el caparazón formado por estas tiras pegadas unas a otras; pero esto tampoco había sucedido, porque la mortaja estaba intacta.

Sólo había una explicación: Jesús había desaparecido de dentro de su mortaja por medio de su resurrección. Por esto cuando Juan entró en el sepulcro, “vio y creyó” (Juan 20:8); porque Jesús había dejado, en su mortaja, una prueba irrefutable de su resurrección; y este testimonio de Juan tenía (y tiene) un valor apologético a favor de la resurrección de Jesús, y en contra de la fábula del robo del cuerpo; pero, a los inventores de aquella fábula, les convenía propagarla, porque eso sería para sus intereses; como ahora conviene también, a los intereses de otros, el hecho de mantener el cuento fabuloso de la Sábana Santa, a pesar de que esto va en contra de la mismísima Biblia.

Conclusión:

La sábana que regaló José de Arimatea sirvió para sacar los lienzos que envolvieron el cuerpo del Señor Jesucristo. De manera que cuando las mujeres y los apóstoles entraron al sepulcro no encontraron ninguna sábana, sino los lienzos con los que había enrollado el cuerpo del Señor. Concluimos, pues, que tal “sábana santa” no es más que una fábula útil para adormecer la conciencia de personas amparadas en una religión y no en la fe gloriosa en la persona del Señor Jesucristo.

Artículo Aparecido en la revista “En la Calle Recta” – Año XXXI, Número 157, Páginas 10-13.

 

Adoracion Racional

Hace un tiempo leímos en una revista norteamericana un comentario acerca de cierto predicador que se ha vuelto popular porque hace reír a sus feligreses. Su congregación ha crecido muy por encima de su número original, y los que asisten salen de allí convencidos de haber pasado por una experiencia espiritual profunda y significativa.

Pero no creamos que el predicador mencionado hace reír a su congregación por los medios habituales que nos podríamos imaginar. La risa que sacude y convulsiona a los fieles en esa iglesia y otras que han adoptado una modalidad semejante de culto, es más bien un fenómeno psíquico, que no se explica por chistes o comedias. Es una reacción descontrolada y mayormente involuntaria. Algunos observadores la comparan con el estado que sobrecoge a los médiumes espiritistas en las religiones de misterio.

No cabe duda de que esta forma de religiosidad es extraña, por no decir otra cosa. No se encuentra en el Nuevo Testamento ninguna descripción de alguna reunión religiosa en la cual los creyentes se hayan dedicado a reír hasta perder el control. Tampoco encontramos en la vida de nuestro Señor Jesucristo ningún incidente ni enseñanza que permita suponer que una práctica así está dentro de lo que Dios se agrada de ver en nuestra relación con él.

¿Por qué surgen fenómenos como éste en el mundo religioso? ¿Será posible que a Dios no le importe cómo le adoremos? ¿Qué mensaje contienen para el creyente las rarezas y extremismos que parecen multiplicarse hoy en el ambiente religioso mundial?

Sin duda que podemos estar de acuerdo en un hecho preliminar. La búsqueda de cosas nuevas indica descontento con las cosas viejas. En el ambiente religioso, es evidente que hay individuos a quienes las experiencias habituales no los satisfacen, y por eso buscan algo nuevo, algo diferente con lo cual calmar su sed de variación, su hambre de alimento más sólido, más sustancioso.

Frente a este cuadro, debemos preguntarnos qué es lo que busca la gente en la religión. ¿Por qué las modalidades habituales de culto no los atraen o no los inspiran?

La verdad es que si una religión sólo ofrece rituales vacíos de significado, y conceptos despojados de una conexión sólida con la experiencia cotidiana del creyente, es fácil comprender que sus practicantes la abandonen o intenten introducir cambios profundos en su manera de adorar a Dios. En esos casos, el descontento es muy comprensible. Pero si el motivo es superficial, si es sólo un deseo de novedad, de variación, de experimentar nuevas sensaciones y emociones, entonces tenemos que reconocer que el camino se vuelve muy peligroso, y debemos mirar muy bien dónde ponemos nuestro pie.

La idea de que a Dios no le importa lo que hagamos cuando nos presentamos ante él, no tiene apoyo en la Sagrada Escritura. El Dios de la cristiandad no es indiferente a la conducta de sus hijos. Todo lo contrario, se interesa hasta en los más pequeños detalles de nuestra vida. Y tiene que ser así, puesto que la diferencia entre el Dios creador y Señor del universo y las divinidades paganas es tan grande, como la que separa la luz de las tinieblas.

En la mayoría de las grandes religiones se da por sentado que el propósito final o ulterior de ellas es unir o relacionar al hombre con Dios. Se reconoce que los seres humanos, en su condición original, estamos separados de Dios, despojados de su gloria, y que necesitamos cubrir esa brecha. Y aquí es donde los caminos del pagano y el cristiano se apartan uno de otro.

El paganismo, tanto en sus formas tradicionales como en su disfraz pseudocristiano conocido como la Nueva Era, enseña que la forma de entrar en contacto con la divinidad es por medio de rituales y técnicas como el hipnotismo, las drogas, la meditación mística o ciertas disciplinas corporales. En general predomina un concepto de Dios que es sumamente ofensivo para el cristiano. Se describe a la divinidad mayormente como una fuerza impersonal e indiferente a los sentimientos humanos. Las diversas técnicas de meditación, las drogas alucinógenas y los rituales del ocultismo son otras tantas formas de inducir estados receptivos, que permiten aprovechar los poderes sobrenaturales que los dioses poseen, y que pueden ser compartidos por quienes los adoran.

Si vamos a la base de esta filosofía de la religión vemos que, según ella, la separación entre los seres humanos y la divinidad no tiene ninguna connotación moral. Por el contrario, es de origen puramente mecánico. Es decir, cualquiera, no importa si es santo o criminal, puede salvar la brecha y hacer contacto con la divinidad, si usa las técnicas correctas de acercamiento. Además, cualquiera que aprenda a manipular las fuerzas cósmicas paranormales que caracterizan la divinidad, las puede usar con cualquier fin que le plazca, bueno o malo. Este es el fundamento de la magia y otras técnicas del ocultismo. Es también el modo de pensar que sume a muchos cristianos en las profundidades de la superstición.

Es un error y un tremendo peligro creer en una divinidad impersonal, indiferente y que el hombre pueda controlar. A un Dios tal que no le interesan nuestros gozos ni desdichas. No le importan el crimen, la violencia ni la injusticia. No tiene intención alguna de intervenir en los asuntos de los hombres para poner fin al sufrimiento y la muerte. Nuestras lágrimas y ruegos caen en oídos sordos. En su presencia, lo mismo da llorar que reír. A dicho Dios del antiguo y el nuevo paganismo poco y nada le importan tu presencia o tu destino.

Amigo lector, hoy te ofrezco un Dios mejor que éste, un Ser todopoderoso, lleno de misericordia y bondad; un Dios de amor, comprensivo, personal, lleno de sabiduría, y fuente inagotable de perdón y vida eterna. Es el Dios supremo y plenamente digno de nuestra adoración humilde y respetuosa. Es el Dios de la Santa Biblia, el Libro Sagrado por excelencia, incomparable e irrefutable.

Este Dios maravilloso y santo, ha tenido que soportar junto con nosotros los sufrimientos provocados por el pecado, pero ha establecido un plazo definido para terminar con el mal en todas sus manifestaciones. Para salvar el abismo que abrió entre él y nosotros la rebelión de nuestros primeros padres, se encarnó en la persona de Jesús de Nazaret, llegando a ser uno con nosotros. Así lo pudimos conocer, y viendo su carácter en acción, hemos llegado a comprender su mente y corazón. Así abrió para nosotros el camino para reunirnos con él y eliminar de nuestra vida y de nuestro mundo las consecuencias terribles de la separación.

El Dios de la Sagrada Escritura es un ser moralmente perfecto. No soporta junto a sí la contaminación. Por lo tanto, nos ha dejado su ley, tan justa, perfecta y eterna como él mismo. Por su medio llegamos a conocer nuestra verdadera condición. Luego, al aceptar la muerte de Cristo como nuestro substituto, somos capacitados para separarnos del pecado y despojarnos de la maldad inherente a nuestra naturaleza.

El apóstol San Pablo expresa la idea de este modo: "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte con el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva... sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él... Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 6:3-11).

¡A este Dios sí que vale la pena adorar! Un Dios personal, compasivo, eminentemente lógico, cuyo amor es tan fuerte y tan real que lo llevó a igualarse con nosotros en nuestra condición de seres caídos de su gracia y despojados de su gloria, sólo porque no podía soportar la idea de estar separado de nosotros para siempre, y vernos morir sin esperanza de redención.

En presencia de un Dios como éste, es inevitable comportarnos con reverencia, olvidándonos de nosotros mismos. Su sabiduría apela a nuestro razonamiento, ilumina nuestro intelecto con luz irresistible. Es fácil comprender el sentir que expresa el apóstol San Pablo en estas palabras: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12:1, 2).

Aquí el apóstol nos presenta un cuadro conmovedor. Dios es un ser lleno de misericordia, que se agrada de que lo adoremos racionalmente presentando nuestros cuerpos como un sacrificio vivo y santo, es decir, que dediquemos nuestro ser al servicio de él y no de nuestros sentidos o nuestras pasiones. Esto, a su vez, produce en nosotros una transformación constante, fruto de la renovación de nuestro entendimiento. Así podemos llegar a comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

No es desagradable servir a un Dios como éste. Su voluntad no es caprichosa ni cambiante, sino perfecta y perdurable. Los fieles que vivieron hace dos, tres o más milenios, desarrollaron el mismo tipo de carácter que el Señor nos pide que desarrollemos hoy. En el cielo habrá una compatibilidad perfecta entre todos los salvados, puesto que el carácter de cada uno de ellos será un reflejo fiel del carácter de nuestro Señor Jesucristo. Nadie se podrá quejar de que los demás no lo comprenden. Nadie dirá que es incompatible con los demás habitantes del mundo renovado. Unidad en la diversidad; comenzando aquí, en esta vida, ésa será la experiencia de los que se entreguen al Dios verdadero, al Creador y Salvador de la humanidad.

A la presencia del Dios único y verdadero no llega nadie que tenga malas intenciones, nadie que pretenda apropiarse del poder divino para lograr sus propios fines. Dios exige de nosotros que reconozcamos nuestra pecaminosidad, y que le confesemos a él nuestros pecados. Nuestra relación con Dios tiene bases profundamente morales. Por consiguiente, no tiene nada de mecánico, nada de automático. Ni los rituales, ni la oración, ni las buenas obras tienen el fin de obligar a Dios a que nos acepte. El nos acepta libremente, por amor a su Hijo único, Jesucristo, que se hizo nuestro hermano mayor.

Entrégate hoy, sin demora, en las manos de este Dios razonable, personal y lleno de amor por cada uno de nosotros. Rechaza toda superstición, toda sombra de paganismo. Que tu adoración sea razonable, lógica, y que esté de acuerdo con el carácter sabio, justo y amoroso de aquel Ser Supremo que nos ha concedido el maravilloso privilegio de llamarlo nuestro amante Padre celestial.

 

Algunos Pensamientos De Advertencia Sobre El Presente Avivamiento

Artículo tomado del Boletín de Ben Israel – Primavera de 1995

Apreciaría su interés mientras intento presentar un tema que actualmente se encuentra dividiendo en campos defensivos y opuestos a una gran mayoría del pueblo de Dios. Uno es puesto en un lugar incomodo, y hasta peligroso, cuando se formulan advertencias básicas que aparentemente están opuestas a lo que a los ojos de muchos es santo y del Espíritu de Dios. Santos preciosos y maduros que conocemos testifican de la indiscutible bendición que están seguros han recibido. Lejos esté de nosotros el discutir o denigrar aquello que es de Dios. Sin embargo, por la fidelidad que tenemos a nuestro llamado y por la responsabilidad que tenemos delante de Dios y de Su pueblo y después de muchas reflexiones, oración y discusiones entre nosotros, ofrecemos lo siguiente para que sea considerado con meditación y oración.

Me aventuro con algo de temor a formular algunas preguntas sobre un fenómeno que en el presente se encuentra confundiendo a muchos. Contrario a movimientos previos de Dios tal como el Avivamiento de Gales, cuyo carácter santo fue notorio desde su comienzo, el presente avivamiento es una mezcla de reportes que van de entusiasmo sin igual a aquellos que son dudosos, críticos y completamente refutables. Más de  una fuente de información lo compara con una falsificación carnal paralela a lo que es autentico y dado por Dios. Lo que yo pude observar a través de un video, cuya fuente es evidentemente principal y original, fue enteramente repugnante. Había ministros de la Palabra que aparentemente se encontraban tan "ebrios en el espíritu" que eran incapaces de ser coherentes y que posteriormente colapsaban de aturdimiento. Encontré esto enteramente inapropiado a la dignidad de su supuesto llamado y sentí que la palabra predicada fue denigrada por chistosas referencias de los débiles resultados obtenidos en comparación a los resultados conseguidos en la actualidad por las experiencias de ‘poder’ de las cuales ellos testificaban. ¿Sería mi imaginación la que, al ver a algunos que impotentemente convulsionaban de risa, me hizo sentir que lo que se había apoderado de ellos estaba alarmantemente fuera de su control y que de hecho les estaba causando dolor físico? Sería una pregunta debatible si alguien describiera esto como ‘santo.’ Al contrario, esto parecía no solo irreverente sino de hecho también demoníaco e infernal.

Otros, a consecuencia de reuniones como estas, reportan beneficios inconfundibles, liberaciones instantáneas de la depresión, de profundos desordenes de personalidad y de incapacidades al momento de recibir la ‘bendicion.’ No estamos en la posición de categóricamente condenar como engaño los aparentes beneficios de los cuales muchos dan testimonio. Dios siempre está en la libertad de bendecir a quien Él quiera bendecir. Pero nuestro punto es que si el enemigo tiene éxito en hacer que la Iglesia contemple el beneficio como el determinante a través del cual algo es juzgado como proveniente de Dios, entonces lo más probable es que hayamos sido llevados al terreno mismo del engaño.

Por lo que a mi se refiere, escogería permanecer lejos de tal fenómeno, confiando que cualquier cosa de la que me esté perdiendo no es mas que lo que estoy protegiendo y valorando y que el Señor no estaría ofendido por una precaución que pueda errar como celo por Su santidad en vez de arriesgarme a degradar aquello que Él me ha dado como puro y verdadero (lo poco que queda de lo santo que es el conocimiento de Dios, obtenido a través de la obediencia y la comunión, valorado y protegido durante los años). ¿Qué creyente podría, después de haber estado una vez en aquella Presencia, tolerar la atmósfera de entretenimiento y carnaval que prevalecía en el video citado anteriormente? Aun no me he recuperado, y confío que nunca lo haga, de una tenebrosa experiencia hace algunos veinte años. ¡Me encontraba en una conferencia internacional en medio de cuerpos que caían (supuestamente ‘cayendo en el Espíritu’) donde el sentir de la presencia de Dios era completamente ausente! La demostración visible de poder sin el correspondiente sentir de Dios en medio de chillidos carnales de emoción y de luces de cámaras fue más de lo que pude tolerar. Sin importar las consecuencias de falta de educación ministerial y de relaciones ofendidas, me tuve que ir.

Es extraordinario que a pesar de que somos explícitamente advertidos a cerca de “milagros y prodigios mentirosos,” (2 de Tesalonicenses 2:9; Mateo 24:24) nos imaginamos que esto es aun futuro e ingenuamente nos entregamos en nuestra ambición por experiencias, por poder o por liberaciones, a dudosas personalidades que han cautivado la atención del público en una increíble popularidad de la noche a la mañana. Respeto profundamente el uso que hace Dios de lo débil y lo insensato, pero por esto no puedo de ninguna manera aprobar aquello que es deslumbrante, barato y vulgar. “Santidad al Señor” sigue siendo el estándar de la Casa de Dios aun cuando esto no sea espectacular y pretencioso a los ojos del mundo o a los nuestros.

Ciertamente, con toda la asombrosa aprobación del presente fenómeno de avivamiento-renovación, el creyente prudente no hará omisión de esta modesta y, si es posible, redentiva voz de advertencia.  Quizás una de las características mas peligrosas de esta hora es la nota de advertencia que está siendo tocada sobre aquellos que tienen algo de reserva y que los señala como ‘obstaculos,’ ‘enemigos,’ o ‘amenazas’ de este derramamiento de Dios. La invitación parece ser la de abandonar toda moderación (‘La barra está abierta’)- ¡zambúllanse o apártense del camino de otros si no pueden hacerlo! Estoy seguro de que Dios es lo suficientemente capaz no solo de proteger sino de perfeccionar lo que le pertenece (Colosenses 1:28). No me queda otro camino que pensar si es que son los intereses del hombre lo que se está tan vehementemente defendiendo o de que nos encontramos en el comienzo de lo que en últimas será finalizado con la advertencia de que “cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. (Juan 16:2).

Insertaría aquí una advertencia dada por T. Austin Sparks, mas apropiada ahora que cuando fue dada décadas atrás, al hablar de la tendencia de los Corintios hacia las ‘evidencias sensacionalistas.’ Cuanto de esto hará referencia a que hoy en día estemos recogiendo  lo que fue descuidada e ingenuamente sembrado en las décadas del Movimiento Carismático. La inmadurez de muchos fue animada con ‘decisiones’ fáciles, indolencia que evitaba la cruz, vida indisciplinada, la emocionada adoración de personas y con la superficialidad, levedad y ligereza de nuestras reuniones.

“Estamos hoy en ese tipo de era. Cada vez se vuelve más y mas una era psíquica. Es una era donde el alma se derrama por todas partes, afirmándose a sí misma, tomando control de todo en el cristianismo al igual que de todo lo demás-una era del alma… Sea cuidadoso de no estar deseando de nuevo esta posición. ¿Está usted detrás de la evidencia? Cómo he visto a valiosos cristianos postrándose, gimiendo y llorando, casi gritando por evidencia-este cuento de las ‘señales’… Cristianos y valiosos hombres de Dios, que han sido grandemente usados, están creando una situación emocional y psíquica donde involucran a cristianos simples en cosas que, tarde o temprano serán una gran desilusión y un tropiezo. Esto traerá ‘el ofenderse’ con el Señor, que es precisamente detrás de lo que está el diablo.” (Called Unto the Fellowship of His Son, p. 46, published by Emmanuel Church, 12000 E.14th St., Tulsa, OK 74128)

Personalmente, creo que soy alguien que está listo para arriesgarlo y entregarlo todo para el Señor, pero ciertamente no por una ‘bendición’ o por una dudosa ‘experiencia’ que solo exhibe algo que parece ser bueno. Lo que yo preferiría, y creo esto de la Biblia, es buscar la raíz de la depresión de acuerdo a la Palabra (que usualmente son desobediencias no detectadas). Esto será llevado a cabo principalmente a través de aquella parte del Cuerpo a la cual tengo que dar cuentas y con quien estoy auténticamente unido (Efesios 4:15). Cuando una ‘experiencia’ como una alternativa ‘temporal’ es preferida en vez de estas disciplinas, nos colocamos en un lugar de peligro espiritual. ¿No está el Señor cerca de todos los que le buscan? ¿Dónde está el beneficio duradero cuando, después de simplemente recibir algo de alivio a los síntomas que fueron ocasionados por serios defectos de carácter, regresamos con estos defectos aun presentes? Cualquier cosa que el presente fenómeno de avivamiento revele en el futuro será, y esta la mayor consecuencia de ellas, el profundo arrepentimiento de miles de quebrantados al reconocer lo vulnerables que fueron hacia el engaño, su falta de discernimiento básico y su ansiedad de correr tras demostraciones de poder en ambientes que son tan contrarios al conocido carácter y santidad de Dios.

Evidentemente, hay un poder en operación. La pregunta es, ¿de quien? ¿Quien es el que está mediando un gozo alternativo e inferior hacia los inmaduros, los carnales y los que no saben discernir? Ya estamos preocupados al saber de la pérdida de interés y aun el repudio de la visión apostólica que alguna vez tuvieron aquellos que recibieron ‘la bendición’- ¡como si el uno fuera de alguna manera contrario u opuesto al otro! Asumiendo que nuestros temores sean exagerados y que el presente fenómeno es de Dios, aunque solo manchado por algunos excesos, ¿de qué manera serán diferentes en el futuro las ‘señales y prodigios mentirosos’ de aquello a lo que presentemente nos estamos enfrentando? ¿Bajo qué criterio serán estas diferencias identificadas? ¿Nos encontramos actualmente en el nivel de madurez y discernimiento a través del cual se pueden hacer estas distinciones? ¿Por qué medio podremos llegar a este lugar si ahora somos propensos a señalar como ‘enemigos’ a aquellos que solo están haciendo preguntas? La censura y ridiculización llevada a cabo por los defensores de este avivamiento hacia los que intenten hacer esto hacen sospechosas las mismas declaraciones que están apoyando. El hecho de que algo se manifieste como bendición, desatadura o liberación no es una evidencia segura ni una garantía de que sea de Dios (Mateo 24:24). ¡Las mismas potestades de la oscuridad que han causado las opresiones por un estilo de vida descuidado o inmundo pueden también fácilmente aliviarlas-aun restaurando relaciones que ellas mismas destrozaron e hicieron miserables-para así poder llevar a cabo un mayor engaño!

Aun el mas eufórico ‘amor de Dios’ puede ser una pseudo-sensación producida por espíritus sobre los indiscriminados y perezosos que no están dispuestos a los sacrificios de buscar en la verdad el rostro de Dios. ¿Es de hecho esto el ‘hambre por Dios’, o el hambre por una experiencia de Dios que lo único que hace es crear un sentido de seguridad para el alma insegura de que están siendo conocidos y aceptados por Dios? ¿No será este el motivo oculto que hace que muchos clamen detrás de profetas con la esperanza de una palabra ‘profética’ de este tipo? ¿No anima esta tendencia a promover la inmadurez de estos en vez de animarlos en la fe de los hijos? ¿No preferimos ser fácilmente ‘tocados’ de forma milagrosa-en lugar de buscar a Dios diligentemente en base a la promesa de Su Palabra? “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” (Jeremías 29:13)

¿No son estos los últimos días de los cuales hemos sido advertidos del engaño y donde nos han exhortado a probar todos los espíritus? (1 Juan 4:1; 1 de Tesalonicenses 5:21). Cuales son nuestras expectativas escatológicas-¿los fundamentos de nuestra fe? Con seguridad estas perspectivas afectarán nuestras tendencias a cualquier nueva cosa que prometa bendecirnos o establecernos en esta presente vida y robarnos al mismo tiempo del sentido de alerta que de hecho debe ser nuestro. ¿Debemos ignorar la prevaleciente ‘adoracion’ que nos rompe los oídos, las exitosas ofrendas, las calculadas técnicas teatrales, el ambiente vulgar de carnaval, los estremecientes chillidos y gritos que interrumpen los procedimientos, la evidente ausencia de la palabra predicada (de pronto quizás a manera de cuña), los persistentes testimonios que aburren al espíritu y que son una afrenta a la dignidad de Dios-que son dados casi en un estado de inconciencia e incoherencia por ministros de la Palabra? Ni por un momento hubiera sido tolerado tal ‘fenomeno’ en el histórico Avivamiento de Gales donde se tomaban todas las precauciones para evitar aun el uso de música instrumental o de cualquier intrusión humana-las mismas cosas que ahora están siendo celebradas y utilizadas. Aquel avivamiento fue santidad hacia el Señor por el tiempo que aquellos estándares fueron mantenidos.

¿Ha cambiado Él de ser el Dios que insistía en que Sus sacerdotes caminaran por una rampa hacia el altar y no por escalones para que ninguna carne fuera expuesta? (Éxodo 20:26) ¿Quien los hacia utilizar la diadema de oro continuamente sobre sus frentes (el mismo lugar que tan rápidamente dejamos asequible para aquel toque que trae la ‘bendicion’) que decía ‘Santidad a Jehová’? ¿Quiénes participaban del aceite de la unción del cual no ‘hareis otro semejante’ y el cual jamás sería derramado ‘sobre carne de hombre’? (Éxodo 30:32-38). Nuestro dolor es para que ‘Santidad a Jehová’ sea imputada fresca sobre las frentes de hombres y mujeres sacerdotes que representarán a Dios en esta era de degradación y vulgaridad y que aun amenaza con introducirse en la Casa de Dios. Es el clamor de Isaías 52:11, “Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová.” Ciertamente, “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” (2 de Corintios 7:1). Al ver al mundo tambaleándose en violencia, en guerra, en catástrofe de terremotos, en hambre, inundaciones, en fuego, en el presente estado patético de superficialidad y falta de preparación de la Iglesia, ¿no deberíamos mas bien nosotros ‘afligírnos, y lamentar, y llorar? ¿Dejando que nuestra risa se convierta en lloro, y nuestro gozo en tristeza? (Santiago 4:9). Perdónenos si estamos siendo demasiado prevenidos. Estaríamos siendo ingenuos al pensar que el engaño es solo miedo hacia lo carnal y sensual. Los engaños de los últimos días serán espirituales “porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” (2 de Corintios 11:14) “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. (1 de Pedro 4:7).

 

Fenómenos de los últimos tiempos

Hace años, leí en algún lugar unas palabras del Obispo Gerald Kennedy. Este clérigo de la iglesia Metodista, refiriéndose a la sucesión de modalidades en la iglesia, decía que las modas vienen y las modas van, pero la Palabra de Dios permanece para siempre.

En los últimos años nos ha tocado ser testigos de toda una gama de fenómenos en el culto de la iglesia. Recuerdo que en las primeras décadas de mi vida cristiana la iglesia era más constante y estable en lo que ocurría en su culto. Las congregaciones servían con sobriedad al señor. La competencia de quién presentaba lo más espectacular era desconocida. Ahora grandes segmentos de la iglesia han sido invadidos por una especie de teatro religioso, donde periódicamente aparece alguien con la última novedad.

¿Por qué esa sucesión de modas en la iglesia? ¿A qué obedece la necesidad de algunas iglesias y líderes de tener siempre algo novedoso? ¿Por qué para algunas congregaciones no es suficiente el estudio bíblico responsable, coherente, bien informado, la oración y la evangelización, sin el elemento histriónico?.

En mi opinión, la respuesta la tiene la psicología del desarrollo. A cierta edad, la capacidad de concentración del niño es muy limitada y a intervalos breves hay que cambiar el entretenimiento. Esto es completamente normal para la mente infantil, pero anormal en una mente adulta. Hay cosas de niño y cosas de adulto. Pablo dice: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”.

Lamentablemente, un porcentaje alarmante de la población de la iglesia se mantiene en un nivel infantil, su edad cronológica y su edad sicológica no corren paralelas como sería lo saludable.

En lo que se refiere a madurez, grandes segmentos de la iglesia actual están en la condición de la iglesia de Jerusalén y la iglesia de Corinto en la época en que se les dirigieron las cartas que aparecen en el Nuevo Testamento. A los hebreos se les dice: “Porque debiendo de ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las Palabras de Dios”. Las palabras dirigidas a los corintios fueron: “De manera que yo, hermanos no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo, porque aún sois carnales”. La definición de carnal que da el apóstol es sinónimo de “niño”. El infantilismo en la iglesia es cosa grave, pues su traducción es carnalidad.

La pretensión de los protagonistas de los espectáculos que padece la iglesia, de que lo que ocurre es expresión de poder espiritual, no tiene base. En realidad lo que ellos reclaman y ocurre es contradictorio. El histrionismo que padece la iglesia es una manifestación de su estado infantil, de carnalidad, según la definición del apóstol. La espiritualidad no puede expresarse carnalmente. En lógica, la ley de contradicción establece que cuando dos proposiciones se contradicen una de las dos tiene que ser falsa. Una iglesia espiritual no se comporta carnalmente (infantilmente). Una iglesia carnal (infantil) no se comporta espiritualmente.

En una proporción impresionante, la iglesia de nuestros días es infantil; muestra fiel de una sociedad compuesta por niños y niñas con cuerpos de hombres y mujeres, con edades cronológicas y sicológicas que no corresponden.

Para mí, la explicación que tiene que haya pastores que constantemente se rompen la cabeza inventando nuevos programas, para que la gente no se les vaya; siempre detrás de lo novedoso, de lo espectacular, como ocurre en los centros de entretenimiento de este mundo, es que trabajan con una iglesia infantil. O, lo que es peor, ellos están a ese nivel.

Otra explicación, grave desde el punto de vista ético, es que son pastores sin la preparación para serlo, o quienes para manipular la audiencia siguen principios de mercadeo y dicen y hacen lo que la gente quiere y no lo que la gente necesita. Una iglesia adulta, consciente de su misión y recursos para cumplirla, no necesita de estos mecanismos.

En este artículo me referiré a una moda de los últimos tiempos.

Risas en el Espíritu

Como punto de partida se tiene que decir que El Espíritu Santo no produce risa. La risa es la reacción a un estímulo. Diferentes personas pueden reaccionar de distintas maneras al mismo estímulo.

El fenómeno de la risa espiritual es la más reciente de las novedades en la iglesia. Aunque ha ocurrido en más de un lugar, el caso que más se ha divulgado es el de una iglesia en Toronto, Canadá, reportado como “La Bendición de Toronto”. Hasta allí personas de varias partes del mundo han peregrinado para presenciar el fenómeno.

¿Qué significado tiene la Bendición de Toronto desde un punto de vista bíblico? Ninguno. Un caso de risa que se reporta en la Biblia tiene que ver con la incredulidad de Sara cuando el ángel le dice que tendrá un hijo. El otro caso es el del salmo dos donde se nos dice que Dios se reirá de los que se le oponen. En el primer caso, la risa es expresión de incredulidad, en el otro de burla.

La Biblia no reporta ninguna experiencia religiosa donde la risa esté presente. Aunque el precedente bíblico no es criterio para la formulación de la doctrina, lo otro que también está ausente, y esto si es fundamental, es la enseñanza.

No hay ninguna base bíblica para la risa como experiencia de adoración o de desarrollo cristiano. La risa tiene valor terapéutico pero no teológico. La risa colectiva que se produce en algunas iglesias es, en la opinión del que escribe, un fenómeno de psicología de masas.

En una entrevista que Christianity Today hizo a John Stott y que apareció en la edición  de enero 8 de 1996. Una de las preguntas tiene que ver con la “Bendición de Toronto”. En su respuesta el conocido escritor inglés manifestó algunas preocupaciones. Según Stott el fenómeno es antiintelectual. El dice haber escuchado una grabación de la primera persona que llevó la “Bendición de Toronto” a Gran Bretaña. Esta persona decía: No analice, no haga preguntas. Simplemente reciba.

Es mi opinión que las instrucciones a que se refiere Stott son diametralmente opuestas a las de la Biblia con relación a cualquier ocurrencia que se atribuya al Espíritu Santo.

Las instrucciones de la Palabra de Dios son: “Y los demás juzguen”. La capacidad intelectual del hombre expresa la imagen de Dios en él. Un obrar de Dios que pusiera como condición no analizar sería desde la perspectiva bíblica, una contradicción. El obrar de Dios puede, en algunos casos, superar la razón pero nunca inhibirla.

El otro aspecto que preocupa a Stott es el de los sonidos de animales que están relacionados con la risa. Los informes que vienen de Toronto hablan de personas imitando a animales.

Una experiencia que convierta al hombre en animal sería una evolución a la inversa. Las experiencias religiosas, si son cristianas, tienen la finalidad de enriquecer al hombre, de mejorarlo, de hacerlo más semejante al que lo creó, nunca de hacerlo retroceder. El fenómeno de los animales, aun como simbolismo, es absurdo..

En una reciente visita al sur de Suecia comenté lo de la risa de Toronto con un pastor y me dijo que eso era ya viejo. Lo que está ahora de moda es hacer como los pollos. Mi amigo, para ilustrar, hizo unos movimientos con la cabeza imitando a un pollo picando maíz. Me dijo que hacen eso hasta que se golpean la frente en una de las picadas y quedan como en éxtasis. También me dijo que rugen como león, imitando al león de la tribú de Judá atacando a las milicias espirituales.

Con relación al fenómeno de la risa algunas preguntas deben plantearse. ¿Afirman que la experiencia es normativa? Seguido a la experiencia ¿Se producen cambios positivos permanentes en la conducta de quienes las tienen? ¿Es la calidad del servicio cristiano superior después de la experiencia?

Si la respuesta a la primera pregunta es negativa, y las respuestas a las últimas son afirmativas, no creo que deba prestársele mucha atención al fenómeno, sino mirarlo como una curiosidad religiosa más. Las modas vienen y las modas van, pero la Palabra de Dios permanece para siempre. Busquemos lo que en realidad importa, edifica y lleva a la madurez espiritual. Dejemos las cosas que satisfacen lo carnal, lo de niño, cosas que al pasar la emoción del momento, dejan el espíritu vacío. La vida en Cristo es mucho más grande que una mera experiencia pasajera.

Al finalizar incluimos los puntos del famoso sermón de Jonathan Edwards: “Cómo saber que una obra es del Espíritu Santo”.

Jonathan Edwards  (1703-1758), en el gran avivamiento espiritual que corrió por las colonias americanas, tuvo que tratar con unas grandes y variadas “manifestaciones espirituales”. Haciendo un llamado a “probad los espíritus”, predicó su famoso sermón: Cómo saber que una obra es del Espíritu Santo, basado en 1 Juan 4:1-6. Enseñó que las manifestaciones extraordinarias no son necesariamente pruebas de la presencia y obra del Espíritu Santo. Estas  tienen que ser verificadas por enseñanzas claras de la Biblia. Dice que se sabe que una obra es realmente del Espíritu cuando el creyente:

* Ya no sigue viviendo en el pecado, ahora busca la pureza.

* Ya no es autoguiado, sino que se ha convertido en espíritu-guiado.

* Ahora coloca a la Biblia como algo prioritario en su vida.

* Jesucristo llega a ser lo más importante en su vida.

* Ahora lucha en contra de los intereses mundanales.

* Con la Biblia en mano, sabe distinguir entre la verdad y el error.

* Ahora ama de forma visible y real a Dios y al prójimo. Ya no vive para complacerse a sí mismo, ahora se goza en su “adopción como hijo” y busca la gloria del que abraza como “Abba Padre”.

Concluimos diciendo: Que siempre encontraremos un sinnúmero de argumentos para respaldar cualquier doctrina que querramos creer por la razón que sea. Al analizar los fenómenos que se propagan y defienden hoy día, la pregunta fundamental es si en verdad se conforman a las normas de la Biblia, en lugar de fijarnos en los argumentos que se usan para justificarlos.                     

Extracto de un Artículo aparecido en la "Guía Pastoral" Autor: Lic. Gerardo De Ávila.


Google
Web Busca en nuestra página
 

 

Apologética

                     Sección 10

  El manto de turín
  Adoración racional
  Algunos pensamientos...
  Fenómenos de los últimos....

                     Nota

Apologética: Viene del idioma griego "apologia", que significa defensa. Se usaba para defender una idea, filosofía o creencia.

El diccionario Larousse dice: "parte de la teología que tiene por objeto defender la religión cristiana contra los ataques de sus adversarios."

  El apóstol Pedro la usa en tal sentido, cuando escribe: "...Y estad siempre preparados  para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que  hay en vosotros" (1 Pedro 3:15).  

::  Portada   ::      ::   Anterior   ::      ::   Subir    ::      ::   Siguiente    ::

Copyright © 2005 www.hermanosunidosencristo.org. All rights reserved. Un ministerio de la Iglesia Hermanos Unidos en Cristo de Burbank, CA. Estados Unidos